Miguel Capítulo 6

Daniel

Muy bien, Me lo busqué. Estoy castigado. Se suspenden todas mis garantías constitucionales hasta que mi mamá decida que ya tuve suficiente. Solo se salvaron mis clases de música y, gracias a la intervención de mi padre, las de defensa personal, pues considera que son una necesidad básica.  Durante el almuerzo intenté explicar mi retraso pero no resultó. Ahora tengo que andar con chofer que me trae y me lleva sin demorar en ninguna otra parte. Mi mamá puede ser exasperante cuando se lo propone. Al menos puedo ir al gimnasio… no me importa tanto el resto.

Estoy encerrado en mi dormitorio. Tengo dos aviones pendientes por armar. Dejo las piezas sobre la mesa de estudio, las separo y las clasifico una a una. Mi mente no esta aquí. Estoy pensando en Miguel.

Gonzalo abre la puerta y entra sin preguntar siquiera. Me pongo tenso de inmediato. No me gusta tenerlo cerca. Está feliz hoy día, puedo leerlo en sus movimientos. Él, que generalmente viste de oscuro, hoy esta vestido diferente. Su rostro generalmente serio tiene una sonrisa. Se acerca y me besa la mejilla mientras alborota mi pelo. Odio que me toque.

– ¿Dónde te perdiste ayer? – me pregunta amistoso

– Ya lo dije… me demoré en el gim….

 

– Si, si  claro

Se ríe. No me cree. Y tiene razón. No estoy diciendo la verdad. Toma una silla y se sienta a mi lado. – Dani – OH NO! ¿va a ser una de esas conversaciones de hermano mayor a hermano menor? No tolero que él, precisamente él, se atreva a darme ningún tipo de consejo.

– Estas en una edad en que es fácil ser rebelde y querer desobedecer las reglas. Lo entiendo.

¿en serio? Claro que si, tu las desobedeciste todas, no? Estúpido.

– Pero mamá nos pide una sola cosa… ella tiene una sola regla y tienes que intentar respetarla, son solo un par de horas – me concentro en las piezas…no quiero pelear con Gonzalo. Algún día voy a decirle todo lo que pienso de él pero no hoy día. Gonzalo se calla. Puedo sentir que ahora está molesto, seguramente porque no lo miro ni le presto atención

– Daniel!

 

– ¡¿Qué?!

 

– Te estoy hablando

 

– Ahórrate tus consejos, gracias

Gonzalo me mira enojadísimo, Si no fuera su hermano creo que me golpearía por hablarle así.

-¿En qué momento te volviste insolente y mal educado?

No le contesto. Solo quiero que se vaya y me deje tranquilo. Se pone de pie pero no se va. Al contrario se acerca aún más a mí.

– Dos cosas hermanito, no vuelvas a faltar a las cenas de los sábados y segundo… como vuelvas a hablarme en ese tono, no sales nunca más de estas cuatro mugrosas paredes

 

Me besa en la mejilla y se va.  Me quedo furioso, ¡¡quien se cree el idiota!!. Si antes estaba molesto ahora estoy completamente furioso. Perdí todo el interés en el avión. Quiero salir. No quiero estar en la misma casa con mi hermano.

Le pido al chofer que me lleve al gimnasio. Aunque es domingo, y no hay clases sé que esta abierto todo el día. Al menos puedo practicar y salir de este encierro. Mi suerte cambia al llegar al gimnasio. Al primero que veo al entrar es a Miguel. No esta practicando, esta conversando en la oficina del profesor. Hay muy pocas personas en el gimnasio hoy domingo.   Me quedo trabajando cerca, para verlo y para que me vea. Mis ojos lo buscan a cada instante. Pasado un rato Miguel se para y se dirige hacia la sala donde estoy.  Me ve y su rostro se alegra.

– Hola Daniel – me saluda amistoso. Me extiende su mano. Puedo ver que la tristeza de ayer no esta. Miguel está tranquilo hoy día. Me alegro por él.

– ¿Trabajamos? – le pregunto. Quiero que se quede conmigo.

– Bueno – comenzamos a practicar. Nos reímos ante las equivocaciones. Hoy no solo está tranquilo. Creo que hasta podría decir que esta alegre.

Para practicar los ejercicios necesariamente debo tocar su cuerpo. Su cercanía me pone nervioso… me gusta demasiado…me gusta tocar sus músculos en tensión y sentir mil roces cuando nuestras piernas se enredan. Extiendo los dedos de mi mano y toco su brazo más tiempo de lo necesario… despacio… Miguel me deja. Mi mirada se clava en la suya a cada rato. Miguel se da cuenta que hay algo diferente en mi. Sus ojos me buscan preguntando, dudando… Los minutos pasan lentos…  Me mira diferente. Comenzamos un nuevo ejercicio… un par de golpes y nos quedamos entrelazados sin soltarnos… aunque ya deberíamos continuar… ambos sabemos lo que estamos haciendo… nos alejamos. Volvemos a comenzar otro ejercicio… y otro y  otro más… un roce suave… un contacto más allá de lo requerido…me golpea, caigo al suelo pero su brazo me sujeta justo antes de caer. Su rostro al lado del mío y mis manos sujetas en su cuerpo… es un baile, es un preciosos baile que ambos estamos danzando… me gusta tanto. No se de donde me sale el valor para sostener su mirada… miro sus ojos oscuros preguntándole… si… si Miguel… yo también.

El profesor se acerca y ambos nos soltamos de inmediato. Nadie más sabe lo que acaba de pasar. Solo él y yo que podemos sentir la excitación recorrernos el cuerpo.

– Daniel, ven un momento – maldigo por lo bajo que me haya llamado en este momento pero obedezco sin protestar. El profesor me entrega una nueva rutina para practicar. Cree que debo subir de nivel. No nos demoramos más de cinco minutos pero son suficientes para que Miguel desaparezca del salón.

Molesto, excitado y frustrado me voy a las duchas. Me quito la ropa, me envuelvo en la toalla.  Al llegar a las pequeñas cabinas escucho el agua correr en una de ellas… ¿Miguel?.. me acerco despacio… el corazón me late muy fuerte y mi cuerpo entero esta en tensión… a través de los vidrios texturados veo su silueta, adivino que es él… por primera vez en mi vida siento algo extremadamente intenso recorrer mi cuerpo…no se que estoy haciendo pero no puedo detenerme, no estoy pensando… solo estoy sintiendo y actuando por instinto. Abro la puerta. Miguel esta desnudo, el agua cae sobre su cara y tiene los ojos cerrados…su cuerpo es precioso… me mira asustado.

– Daniel!! ¿Qué…?!!! – doy un paso dentro de la cabina y la cierro. Es pequeña pero suficiente para los dos. Me quiero morir del susto que tengo pero no me detengo, no puedo. Estiro mis manos y toco su cara. Miguel no hace más que mirarme extrañado

– ¿Qué haces Daniel?- no esta enojado… solo me pregunta. Me demoro en contestarle… no sé que estoy haciendo sólo se que no puedo parar.

– Quiero besarte – mi voz tiembla. Durante unos segundos Miguel no dice nada pero luego da un paso hacia mí, nuestros cuerpos se tocan en la parte superior,  a pesar del agua de la ducha siento el calor que emana de su torso, yo aún estoy con la toalla en la cintura.

– Bésame entonces – Mi boca busca la suya… uno mis labios con los suyos, cientos de imágenes de lo que he visto hacer a Gonzalo vienen a mi mente… el instinto me hace reaccionar… Miguel me devuelve un delicioso roce. Mis manos suben hacia su cabeza, lo sujeto firme y lo acerco hacia mi…  el contacto me marea… cierro los ojos y me siento morir de la emoción… su sabor es maravilloso, delicioso. Sus labios húmedos sobre los míos. Mi cuerpo entero reacciona al contacto con el suyo, una corriente cálida me recorre y se instala en mis genitales… es mágico, excitante… Miguel se aleja un poco de mi rostro y me mira… su rostro es lindo. Sostengo su mirada aunque mi corazón late tan fuerte que me duele. Suavemente lo empujo contra la pared de vidrio… quiero besarlo una y otra vez… la intensidad cambia bruscamente, ya no es un suave contacto de mis labios sobre los suyos… lo beso con hambre, quiero más… no sé que quiero pero necesito más, abro mis boca… Miguel responde de inmediato, nuestras lenguas chocan…juegan… se tocan… estoy temblando, Miguel tiene tanta necesidad como yo. Mi cuerpo entero roza el suyo… Mis manos bajan por sus brazos mientras aún nos besamos, las suyas me abrazan…toca mi  espalda, yo busco su piel…. me falta el aire.

– Miguel… – mi voz es un solo jadeo… estamos abrazados… el agua sigue cayendo. No dice nada… quiero más. Vuelvo a buscar sus labios con fuerza, y mi cuerpo lo empuja fuerte contra la pared… ¡Dios! siento mi erección rozar la toalla que me cubre… siento el calor del cuerpo delgado de Miguel bajo el mío. Su lengua entra en mi boca… es suave, caliente… me gusta… me encanta. Me recorre por dentro mientras sus manos llegan al borde de la toalla. Miguel se detiene un momento y se mueve solo lo justo para que sus manos corten el agua. Luego se vuelve hacia mí y toma la toalla que me cubre. Sus ojos me buscan, preguntándome si puede… estoy perdido en su cuerpo, su erección me llena la vista… es hermoso. La toalla cae al suelo y siento los ojos de Miguel recorrerme de arriba a abajo. Estoy tan excitado como él. Lo toco, está caliente, duro… lo beso brutalmente, quiero morder sus labios, la piel de sus hombros y su cuello… me siento desesperar… Sus manos bajan y me tocan… electricidad pura…me encanta el contacto… no puedo evitar gemir, su otra mano envuelve mis testículos y los acaricia con cuidado… creo que no voy a aguantarme… Miguel esta frotando mi pene mientras yo hago lo mismo con el suyo. Solo nuestros jadeos se escuchan en el baño… no hay más ruido.  Arrincono a Miguel  contra la pared, separo sus piernas con mi  rodilla y  fricciono su pene con más intensidad…  Miguel arquea su cuerpo hacia mi… su semen moja mis manos, abre su boca y lo escucho gemir, me siento feliz al ver su rostro lleno de placer… no se detiene… gimo y jadeo mientra eyaculo como el mocoso de mierda que soy… y un par de estúpidas lágrimas escapan de mis ojos… nuestros cuerpos mojados de agua y sudor… Miguel resbala por la pared hasta quedar sentado en el suelo y tira de mi mano, nos quedamos sentados frente a frente con las piernas entrecruzadas mientras nuestra respiración vuelve a un nivel normal. No me siento avergonzado…me siento inmensamente feliz. Quiero reír de la pura felicidad que siento. Nos miramos, cómplices, y él sonríe al verme reír.   Mis manos, como si Miguel tuviera un imán, recorren despacio su pecho, sus brazos, sus hombros. No he terminado con él aun. Miguel cierra los ojos mientras mi mano recorre una de sus piernas…

– Eres lindo – le digo despacio. Abre los ojos y sonríe

 

– Tú eres lindo… tienes los ojos más puros que he visto… ¿son de verdad?– me río, lo beso, una y otra vez y él me vuelve a besar. Los minutos pasan.

Un ruido proveniente de la sala cercana rompe la burbuja en la que nos encontramos. Nos ponemos de pie. Recojo la toalla y me voy a la cabina siguiente. Alguien más ha entrado al baño y se ubica en otra cabina.  Dejo el agua caer sobre mi cuerpo. Mi boca abierta aún sonríe.  Veo la silueta de Miguel al lado. De pronto sus dos manos están extendidas sobre el vidrio frente a mí, llamándome. Ubico mis manos sobre las suyas, el vidrio nos separa pero sé que esta ahí… pensando en mí. Suspiro profundo. Odio que el maldito chofer me esté esperando afuera. Quiero quedarme con él… quiero estar con él… quiero más.

Miguel

¡Pendejo de mierda!… ¡lanzado!… no puedo dejar de sonreír… no recuerdo la última vez que me reí como idiota mientras caminaba por la calle… ¡agrandado!… ¡insolente!!.. En mi cabeza busco todos los calificativos que se me ocurren para tratar de describir lo que Daniel acaba de hacer conmigo en los baños, pero el que más se me ocurre es  rico, exquisito. ¡Que coraje el de Daniel para meterse en mi ducha así!  Sigo caminando de prisa, la noche empieza a caer y las primeras luces de las farolas de la calle se encienden. Me siento feliz…lleno de energía.  Empezamos jugando mientras practicamos los ejercicios… ahí fue donde sentí los primeros mensajes de Daniel. Es lindo… lindo de verdad, por dentro y .. por fuera, es más lindo aún. Corro, estoy realmente excitado todavía. No me había sentido nunca tan … liviano, alegre.. Daniel, … Daniel. Todavía puede sentir el contacto de sus manos en mi piel.  Nervioso, temblando pero decidido… dulce, tierno.  Se tuvo que marchar rápido. Lo estaban esperando. Esta castigado por desobedecer no se que regla estúpida.  Me habría gustado seguir más rato con él pero no se pudo.  ¿Cómo puede tener esos ojos tan lindos y no darse cuenta? ¿Cómo puede con esa cara de niño inocente, hacer lo que hizo?

Me pongo a silbar y sigo caminando alegre. A medida que me acerco a mi casa el barrio comienza a cambiar, la iluminación disminuye y ya se ha hecho de noche. Mis sentidos están más alertas a los sonidos y a los movimientos.  A pesar de todo, aún sonrío.

Mi mamá y mi hermana están en la casa. Mientras como algo mi mamá le recuerda a Nali que debe preparar sus cosas para el colegio pues mañana es lunes… la comida se queda a medio camino en mis manos… lunes… ¡Gonzalo!. La sonrisa y todo lo que paso en la tarde se me borran de un plumazo para ser reemplazado por un estado de nervios y ansiedad. No quiero… no quiero aceptar… miro a mi mamá sentada en un sofá viejo mirando televisión en un aparato  viejo y gastado… Nali… tan bonita que me da pena que se pierda… te odio Gonzalo… en verdad te odio en este minuto. Te odio por dejarme abierta la posibilidad de soñar con un futuro mejor.

Ya no tengo hambre. Mal humorado me voy a encerrar en mi dormitorio. Se me agota el tiempo… tengo que decidir. Mis manos automáticamente buscan un block de dibujo y varios lápices de grafito. Sentado sobre la cama dejo que mis manos sigan su propio curso sobre el papel mientras trato de enfrentarme al miedo que tengo. Indudablemente las ventajas que me acarrearía aceptar su… su… propuesta son muchas… no se que tendré que inventar para que mi mamá y mi hermana acepten cambiarse a vivir en otro lugar pero estoy seguro que un lugar mejor será beneficioso para ellas… un colegio para Nali… más te vale que sea un buen colegio idiota… un lugar donde no solo tenga una buena educación sino que también tenga amigos nuevos, diferentes, mejores… me ilusiona mucho pensar en poder hacer algo así por ella… en mi mente la imagino con sus nuevos amigos, rodeada de un ambiente tan diferente al que actualmente tiene, sin el peligro de la droga, la violencia y las pandillas casi encima de ella, me imagino que a Nali también le gustaría  vivir en un lugar más seguro… y ¿que más dijiste imbécil?.. ah.. si, por supuesto, dinero… ¿Qué llamará Gonzalo una cantidad suficiente?… ¿será suficiente para que mi mamá deje de trabajar tantas horas y se preocupe un poco de su salud? Para dejar de pelear con las cuentas de agua y de luz… y no tener que restringirse tanto a la hora de comprar alimentos…. el corazón se me aprieta al pensarlo… es demasiado bueno para imaginarlo… tal vez para comprar ropa… hay que ver cómo me gustaría comprarles ropa y .. si, ¿Por qué no? Ropa para mi también… me gusta la ropa bonita, pero nunca tengo dinero suficiente para comprarla, me gusta mirarla en las tiendas, ropa como la que usan los chicos del gimnasio… o Gonzalo… Gonzalo…¿Qué es lo que quieres hacer conmigo?… me recorre un sentimiento de miedo por toda la columna vertebral…es sexo, lo sé.. pero ¿Qué buscas?.. ¿Cómo será… hacerlo contigo? Mi imaginación se dispara antes que pueda detenerla y me imagino a Gonzalo recorriendo mi cuerpo… miedo y… ¿en serio?.. excitado.. ¿estoy excitado de sólo pensar en que ese idiota me toque? NO, NOO tengo que pensarlo bien… no quiero enterarme demasiado tarde que es un sádico o un tipo violento… eso no sería nada gracioso. He visto lo que otros hacen a chicos de mi edad o menores…  entonces recuerdo que la primera vez me ayudó sólo por que si…  tengo que saber primero que es exactamente lo que Gonzalo quiere conmigo antes de tomar una decisión. .. ¿Qué tan difícil es venderse?… ¿Qué tan difícil puede ser estar con Gonzalo?.

Necesito asegurarme que Gonzalo no es un monstruo… ¡ya basta! No quiero sentir esta sensación de hormigueo en la parte baja de mi vientre cuando pienso en Gonzalo.

Me siento un poco mas seguro sobre lo que necesito hacer y decirle mañana, pero eso no evita que sienta mucha pena… solo me he imaginado lo que significaba aceptar…

Mi mente regresa a la realidad, al dormitorio y al dibujo que tengo frente a mi…¿Qué… ¡Dios!…¿que hacen los hermosos ojos de Daniel en mi block de dibujo??!!

 

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