DANIEL

Muy bien. Me lo busqué. Estoy castigado. Se suspenden todas mis garantías constitucionales hasta que mis padres decidan que ya tuve suficiente. Solo se salvaron mis clases de música y, gracias a la intervención de mi padre, las de defensa personal, pues considera que son una necesidad básica.

Durante el almuerzo intenté explicar mi retraso, pero no resultó. Mi papá decidió de inmediato. Ahora tengo que andar con chofer que me trae y me lleva sin demorar en ninguna otra parte. Mi mamá puede ser exasperante cuando se lo propone. Al menos puedo ir al gimnasio… no me importa tanto el resto.

Estoy encerrado en mi dormitorio. Tengo dos aviones pendientes por armar. Dejo las piezas sobre la mesa de estudio, las separo y las clasifico una a una.

Mi mente no está aquí. Estoy pensando en Miguel.

Gonzalo abre la puerta y entra sin preguntar siquiera. Me pongo tenso de inmediato. No me gusta tenerlo cerca. Está feliz hoy día, puedo leerlo en sus movimientos. Él, que siempre viste de oscuro, hoy este vestido diferente. Su rostro generalmente serio tiene una sonrisa. Se acerca y me besa la mejilla mientras alborota mi pelo. Odio que me toque.

– ¿Dónde te perdiste ayer? – me pregunta amistoso

– Ya lo dije… me demoré en el gim….

– Si, si claro – se ríe.

No me cree. Y tiene razón. No estoy diciendo la verdad. Toma una silla y se sienta a mi lado.

– Dani… quiero hablar contigo

¡OH NO! ¿va a ser una de esas conversaciones de hermano mayor a hermano menor? No tolero que él, precisamente él, se atreva a darme ningún tipo de consejo.

– Estas en una edad en que es fácil ser rebelde y querer desobedecer las reglas. Lo entiendo.

¿En serio? ¡Claro que si! Tú las desobedeciste todas, ¿no?

.- No puedes desaparecer. Tu sabes las reglas en esta familia. Menos si andas solo. No todo el mundo nos quiere

¿Y por qué no nos quieren? Yo no le hecho nada malo a nadie… en cambio tu…

–Además, mamá nos pide una sola cosa… tiene una sola regla y hay que respetarla, son solo un par de horas

Vuelvo a concentrarme en las piezas…no quiero pelear con Gonzalo. Algún día voy a decirle todo lo que pienso de él, pero no hoy día. Gonzalo se calla. Puedo sentir que ahora está molesto, seguramente porque no le presto toda la atención que desea

– ¡Daniel!

– ¡¿Qué?!

– Te estoy hablando

– Ahórrate tus consejos, gracias

Gonzalo me mira enojadísimo. Si no fuéramos hermanos creo que me golpearía por hablarle así.

-¿En qué momento te volviste insolente y mal educado?

No le contesto. Solo quiero que se vaya y me deje tranquilo. Se pone de pie, pero no se va. Al contrario, se acerca aún más.

 – Dos cosas hermanito: no vuelvas a faltar a las cenas de los sábados y segundo, como vuelvas a hablarme en ese tono, no sales nunca más de estas cuatro paredes de tu cuarto.

Me besa en la mejilla y se va.

Me quedo furioso, ¡¡Quien se cree el idiota!! Si antes estaba molesto ahora estoy completamente furioso. Perdí todo el interés en el avión. Quiero salir. No quiero estar en la misma casa con mi hermano.

Le pido al chofer que me lleve al gimnasio. Aunque es domingo, y no hay clases sé que está abierto todo el día. Al menos puedo practicar y salir del encierro.

Mi suerte cambia al llegar al gimnasio. Al primero que veo al entrar es a Miguel. No está practicando, está conversando en la oficina del profesor. Hay muy pocas personas en el gimnasio hoy domingo.   Me quedo trabajando cerca para que me vea. Mis ojos lo buscan a cada instante. Pasado un rato Miguel se para y se dirige hacia la sala donde estoy.

Creo que Miguel se alegra de verme

– Hola Daniel – me saluda amistoso. Me extiende su mano. Puedo ver que la tristeza de ayer no está. Me alegro por él.

– ¿Trabajamos? – le pregunto.

Quiero que se quede conmigo.

– Bueno – comenzamos a practicar.

Estamos alegres al ubicarnos en el Dojo. Sonreímos con facilidad. Hoy no solo está tranquilo. Creo que hasta podría decir que esta alegre.

.- ¿Cómo estás?

Se encoge de hombros

.- Mejor… bien…

Durante varios minutos, el ejercicio fluye entre nosotros con precisión casi automática. Esquivo y bloqueo sus ataques sin saltar ni tambalearme. Miguel se mueve de igual manera… preciso y fluido. Sin embargo, por varios segundos me quedo absorto mirándolo… Él se da cuenta… y algo cambia sutilmente entre los dos.

La distancia que debemos mantener siempre es estricta pero ahora estamos cerca… más cerca de lo que deberíamos…   Al detener un golpe de puño de Miguel, mis manos no solo se desvían, sino que mis dedos se deslizan innecesariamente por su antebrazo. No retrocede… Yo tampoco. En la siguiente secuencia, Miguel avanza hacia mi, doy un paso extra hacia él y nuestras caderas quedan en contacto… pierde la concentración y yo aprovecho de sostenerlo en un amago de derribarlo que se prolonga por varios segundos. Puedo sentir mi respiración agitada directamente en su cuello… ninguno intenta retroceder. Nuestros ojos, antes enfocados en la perfección del ejercicio se cruzan de manera distinta… estoy sintiendo un magnetismo invisible e inevitable hacia él.

El lugar está casi desierto…

Comenzamos una nueva ronda. Ambos sabemos lo que estamos haciendo… Nuestras piernas quedan en contacto deliberadamente. No retiro mi mano de su espalda, sino que acentúo el contacto sintiendo el calor de su piel. Ya no estamos siguiendo ninguna instrucción… estamos inventando algo nuevo, provocador… vibrante. Hemos caído al suelo en una danza lenta… el pecho de Miguel sube y baja con rapidez a solo centímetros del mío. Intensifico el apriete de sus piernas entre las mías con intención deliberada que ya no tiene nada de competitiva. Inclino la cabeza, acortando el espacio entre nosotros

– Que haces… – pregunta muy bajito, sin moverse

No sé de donde me sale el valor para sostener su mirada y responder

– Practico… contigo

Mi intención claramente visible… Sus labios me atraen… tanto. Sus ojos me responden antes de formular ninguna pregunta

Si… si Miguel… yo también…

Sus labios se entreabren como si estuviera aceptando mí invitación… Se me olvida el mundo, donde estamos y hasta mi nombre. Es el quien reacciona deslizando su mano hacia mi pecho para empujarlo son suavidad

De pie nuevamente… estamos listos para continuar, conscientes de que hemos cruzado una línea imaginaria. Levanto los puños en un gesto que me parece completamente falso.

Los pasos del profesor que se acerca nos hacen soltarnos de inmediato. Nadie más sabe lo que acaba de pasar. Solo él y yo que podemos sentir la excitación subiendo y bajándonos por el cuerpo.

– Daniel, ven un momento

Maldigo por lo bajo que me haya llamado en este momento, pero obedezco sin protestar. El profesor me entrega una nueva rutina para practicar. Cree que debo subir de nivel. No nos demoramos más de cinco minutos, pero son suficientes para que Miguel desaparezca del salón.

Molesto, excitado y frustrado me voy a las duchas. Me quito la ropa, me envuelvo la toalla en la cintura.   Al llegar a las cabinas de ducha, escucho el agua correr en una de ellas… ¿Miguel?   Me acerco despacio… el corazón me late muy fuerte. A través de los vidrios arenados veo su silueta, adivino que es él.  Por primera vez en mi vida siento algo extremadamente intenso recorrer mi cuerpo…no sé que estoy haciendo, pero no puedo detenerme. No estoy pensando… solo estoy sintiendo y actuando por instinto. Abro la puerta. Miguel está desnudo, el agua cae sobre su cara y tiene los ojos cerrados…su cuerpo es precioso… me mira asustado cuando se da cuenta que estoy ahí, con él

– Daniel ¡¿Qué…?!

Doy un paso dentro de la cabina y la cierro. Es pequeña pero suficiente para los dos. Me quiero morir del susto que tengo, pero no me detengo. No puedo. Estiro mis manos y toco su cara. Miguel no hace más que mirarme extrañado

– ¿Qué haces Daniel?

No está enojado… solo me pregunta.

Me demoro en contestarle. Estoy fuera de mi

– Quiero besarte – mi voz tiembla.

Durante unos segundos Miguel no dice nada, pero luego da un paso hacia mí. Nuestros cuerpos se tocan. A pesar del agua cayendo siento el calor que emana de su torso.

– Bésame, entonces

Mi boca busca la suya… uno mis labios con los de él… Miguel me devuelve un delicioso roce. Mis manos suben hacia su cabeza… lo sostengo con delicadeza… el contacto me marea… cierro los ojos y me siento morir de la emoción… Esto es maravilloso. Sus labios húmedos sobre los míos. Mi cuerpo reacciona al contacto. una corriente cálida me recorre y se instala en mis genitales… es mágico, excitante… Miguel se aleja un poco y me mira… su rostro es lindo. Sostengo su mirada, aunque el corazón late tan fuerte que me duele. Suavemente lo empujo contra la pared de vidrio… mi mano se detiene un instante antes de subir hasta su cuello.  ninguno de los dos se mueve… quiero besarlo una y otra vez… la intensidad cambia bruscamente, ya no es un suave contacto de mis labios sobre los suyos… lo beso con hambre, quiero más…

-. Miguel…

Miguel responde de inmediato, nuestras lenguas chocan…juegan… se tocan … estoy temblando. Él tiene tanta necesidad como yo. Mi cuerpo roza el suyo… Mis manos bajan por sus brazos mientras aún nos besamos, las suyas me abrazan…toca mi espalda, yo busco su piel…. me falta el aire

– Miguel…

Mi voz es un solo jadeo… estamos abrazados… el agua sigue cayendo. No dice nada…  … ¡Dios! siento mi erección rozar la toalla que me cubre… siento el calor del cuerpo delgado de Miguel bajo el mío. Su lengua entra en mi boca… es suave, caliente… me encanta.

Me acaricia mientras sus manos llegan al borde de la toalla. Miguel se detiene un momento y se mueve solo lo justo para que sus manos corten el agua. Luego se vuelve hacia mí y toma la toalla que me cubre. Sus ojos me buscan, preguntándome si puede… estoy perdido… su erección me llena la vista… hermoso. La toalla cae al suelo y siento los ojos de Miguel recorrerme de arriba a abajo. Estoy tan excitado como él. Lo toco, está caliente, duro… cientos de imágenes de lo que he visto hacer a Gonzalo vienen a mi mente … El instinto me hace reaccionar…

Nos quedamos mirándonos apenas un instante. Ambos estamos sorprendidos de lo que está pasando… entonces algo cambia…

Lo beso sin poder evitarlo. Me siento desesperar… Sus manos bajan y me tocan… electricidad pura…me encanta el contacto… no puedo evitar gemir, su otra mano envuelve mis testículos y los acaricia con cuidado… creo que no voy a aguantarme… Miguel está frotando mi pene mientras yo hago lo mismo con el suyo. Solo nuestros jadeos ahogados se escuchan en el baño… no hay más ruido.  Arrincono a Miguel contra la pared, separo sus piernas con mi rodilla y fricciono su pene con más intensidad…  Miguel arquea su cuerpo… su semen moja mis manos. Abre su boca y lo escucho gemir.  No puedo describir la sensación al ver su rostro lleno de placer … no se detiene… gimo y jadeo mientras eyaculo envuelto en una ola de placer … y un par de estúpidas lágrimas escapan de mis ojos…

No sabía que se podía llegar al cielo de esta manera…

Miguel resbala por la pared hasta quedar sentado en el suelo y tira de mi mano sin soltarme. Nos quedamos sentados frente a frente con las piernas entrecruzadas mientras nuestra respiración vuelve a un nivel normal. No estoy avergonzado… Estoy feliz. Quiero reír de la pura felicidad que siento.

Nos miramos, cómplices, y él sonríe al verme reír.  Como si Miguel tuviera un imán, acaricio despacio su pecho, sus brazos, sus hombros. Miguel cierra los ojos mientras recorro su pierna…

– Eres lindo – le digo despacio. Abre los ojos y sonríe

– Tú eres lindo… tienes los ojos más puros que he visto… ¿son de verdad?

Me río, lo beso, una y otra vez y él me vuelve a besar. Los minutos pasan.

Un ruido proveniente de la sala cercana rompe la burbuja en la que nos encontramos.

Con desgano, recojo la toalla y me voy a la cabina siguiente. Alguien más ha entrado al baño y se ubica en otra cabina.  Dejo el agua caer. Mi boca abierta aún sonríe.  Veo la silueta de Miguel al lado. De pronto sus dos manos están extendidas sobre el vidrio frente a mí, llamándome. Ubico mis manos sobre las suyas, el vidrio nos separa, pero sé que está ahí… pensando en mí. Suspiro profundo. Odio que el maldito chofer me esté esperando afuera. Quiero quedarme con él…

 

MIGUEL

¡Qué pedazo de atrevido!

No puedo dejar de sonreír… no recuerdo la última vez que me reí como idiota mientras caminaba por la calle… ¡agrandado!… ¡insolente!!… En mi cabeza busco todos los calificativos que se me ocurren para tratar de describir lo que Daniel y yo acabábamos de hacer en los baños.

¡Qué coraje el de Daniel para meterse en mi ducha así!

Sigo caminando de prisa, la noche empieza a caer y las primeras luces de las farolas de la calle se encienden.

Me siento feliz…lleno de energía.  Estuve con un hombre por primera vez en mi vida…

Empezamos jugando mientras practicamos los ejercicios… ahí fue donde sentí los primeros mensajes de Daniel. Es lindo… lindo de verdad, por dentro y por fuera.

Corro, estoy realmente excitado todavía. No me había sentido nunca tan … liviano.

Daniel, Daniel.

Todavía recuerdo como se sentía el contacto de sus manos en mi piel.  Nervioso, pero decidido… dulce, tierno.

Se tuvo que marchar rápido. Lo estaban esperando. Está castigado por desobedecer no sé qué regla en su casa.  Me habría gustado seguir más rato con él, pero no se pudo.

¿Cómo puede con esa cara de niño inocente, hacer lo que hizo?

Me pongo a silbar y sigo caminando alegre. A medida que me acerco a mi casa el barrio comienza a cambiar, la iluminación disminuye y ya se ha hecho de noche. Mis sentidos están más alertas a los sonidos y a los movimientos.  A pesar de todo, aún sonrío.

Mi mamá y mi hermana están en la casa. Mientras como algo mi mamá le recuerda a Nali que debe preparar sus cosas para el colegio pues mañana es lunes…

La comida se queda a medio camino en mis manos…

Lunes… ¡Gonzalo!

La sonrisa y todo lo que paso en la tarde se me borran de un plumazo para ser reemplazado por un estado de nervios y ansiedad.

Me parece increíble que hace solo unos minutos atrás estaba feliz pensando en lo que había sucedido con Daniel… Toda la felicidad se me desarma por dentro.

No quiero… no quiero aceptar…

Miro a mi mamá sentada en un sofá viejo mirando televisión en un aparato antiguo…

Nali… tan bonita que me da pena que se pierda…

Te odio, Gonzalo… en verdad te odio en este minuto. Te odio por dejarme abierta la posibilidad de soñar con un futuro mejor

Ya no tengo hambre. Mal humorado me voy a encerrar en mi dormitorio.

Se me agota el tiempo… tengo que decidir.

Mis manos automáticamente buscan un block de dibujo y varios lápices de grafito. Sentado sobre la cama dejo que mis manos sigan su propio curso sobre el papel mientras trato de enfrentarme al miedo que tengo. Indudablemente las ventajas que me acarrearía aceptar su… su… propuesta son muchas… no sé qué tendré que inventar para que mi mamá y mi hermana acepten cambiarse a vivir en otro lugar pero estoy seguro que un lugar mejor será beneficioso para ellas… un colegio para Nali… más vale que sea un buen colegio, idiota… un lugar donde no solo tenga una buena educación sino que también tenga amigos nuevos, diferentes, mejores. Me ilusiona mucho pensar en poder hacer algo así por ella… en mi mente la imagino con sus nuevos amigos, rodeada de un ambiente distinto al que actualmente tenemos, sin el peligro de la droga, la violencia y las pandillas casi encima de ella. Me imagino que a Nali también le gustaría vivir en un lugar más seguro… quiero que crezca para tener una vida mejor… y ¿Qué más dijiste, imbécil? ah… si, por supuesto, dinero… ¿Qué será para Gonzalo una cantidad suficiente?… ¿Alcanzará para que mi mamá deje de trabajar tantas horas y se preocupe un poco de su salud? Para dejar de pelear con las cuentas de agua y de luz… y no tener que restringirnos tanto a la hora de comprar alimentos….

El corazón se me aprieta al pensarlo… es demasiado bueno para imaginarlo… tal vez para comprar ropa… hay que ver cómo me gustaría comprarles ropa y … si, ¿Por qué no? Ropa para mi también… me gusta la ropa bonita, pero nunca tengo dinero suficiente para comprarla, me gusta mirarla en las tiendas, ropa como la que usan los chicos del gimnasio… Todos ellos usan unas zapatillas que son bonitas… siempre parecen nuevas.

Gonzalo… Gonzalo… ¿Qué es lo que quieres hacer conmigo?…

Me recorre un sentimiento de miedo por toda la columna vertebral.  Es sexo, lo sé. pero ¿Qué buscas? ¿Cómo será… hacerlo contigo? ¿Qué clase de hombre es que me produce miedo y seguridad al mismo tiempo?

Mi imaginación se dispara antes que pueda detenerla y me imagino lo que podría ser estar con él… me recorre un escalofrío… Gonzalo es… diferente… No sé cómo explicarlo, pero tengo claro que no sería nada como lo que pasó con Daniel…

Tengo que saber primero que es exactamente lo que Gonzalo quiere conmigo antes de tomar una decisión. No quiero enterarme demasiado tarde que es un sádico o un tipo agresivo… eso no sería nada gracioso. He visto lo que otros hacen a chicos de mi edad o menores…  Entonces recuerdo que la primera vez me ayudó sólo porque si… tal vez no es un monstruo… no puede serlo si ya me ha ayudado dos veces.

¿Qué tan difícil es venderse?… ¿Qué tan difícil puede ser estar con Gonzalo?

¿Puedo sacrificarme por un futuro para mi hermana?

Necesito asegurarme de que no es un monstruo…

¡Ya basta! Hoy ha sido un día feliz. No quiero estropearlo pensando en él…

Me siento un poco más seguro sobre lo que necesito hacer y decirle mañana, pero eso no evita que sienta mucha pena… Solo me he imaginado lo que significa aceptar…

Mi mente regresa a la realidad, al dormitorio y al dibujo que tengo frente a mi… ¿Qué?… ¡Dios! ¡¿Qué hacen los hermosos ojos de Daniel en mi block de dibujo?!

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