Miguel Capítulo 17

DANIEL

Lidia llegó cuando estábamos comenzando a cenar. La miré ansioso esperando ver en su rostro el reflejo de alguna noticia sobre Miguel… con solo mirarla comprendí que no sabía nada nuevo… No pude demostrar ni la pena ni la frustración que sentí porque estaba mi familia cerca.

Más tarde me contó que fue a la dirección que le indiqué pero no había nadie en el lugar.

– Seguiremos buscando chiquito,  vamos a encontrarlo

– Sé donde estudia

– Si, también podemos intentarlo en el instituto

Tengo que avanzar pequeños pasos hasta encontrarlo, necesito saber que está bien… la última vez que hablamos no sonaba bien… quiero verlo aunque sea unos minutos, hablarle.  No saber nada me está matando. Juego con el brazalete en mi brazo pensando en lo que voy a hacer cuando lo encuentre… tengo mucho que cambiar en mi vida.

Más tarde, doy otro paso más en este nuevo plan que he tramado.

– Papá, ¿Puedo hablar contigo? 

Son raras las ocasiones en que mi papá se encuentra en casa y más raro aún es encontrarlo solo en su escritorio, sin guardaespaldas, ni reuniones de negocio o algún socio.

Mi papá es un hombre lleno de vitalidad y energía, es mayor pero aún conserva su atractivo, el pelo ligeramente canoso y un aspecto de caballero siempre correcto. No parece lo que realmente es; se ve amistoso, simple y acogedor, sus ojos, verdes como los míos,  generalmente vivarachos e inquietos siempre están observando hasta el más mínimo detalle de lo que sucede a su alrededor.  Ahora me miran desde detrás de su escritorio. Deja de lado los documentos que tiene al frente y se acerca a mí-

-. Daniel! su saludo es cariñoso. Lo he tomado por sorpresa – por supuesto, pasa… pasa –  nos sentamos y me mira expectante – ¿De qué quieres hablar?-

No sé por dónde empezar pero estoy decidido a hacerlo.

-. Papá… tus negocios… de la familia, son muy grandes, ¿verdad?

Su rostro nunca revela muchas emociones pero ahora está intrigado

– Si, bastante… ¿quieres saber de los negocios?-

 Sibueno … es que, quiero aprender-

– ¿Aprender?- repite mis palabras y sus ojos verdes me miran inquietos, tratando de entenderme.

– Quiero aprender sobre los negocios de la familia… quiero que me enseñes… como – (diablos!!) – como a Gonzalo

Papá me mira fijamente, se reclina un poco en el sillón, pasan unos segundos antes de que vuelva a hablar

– Recién cumpliste…17? Cierto…  ¿por qué quieres aprender ahora, tan súbito interés?-

– No, no es de ahora papá… es que lo he estado pensando mucho, Gonzalo a mi edad ya trabajaba contigo… yo también soy tu hijo, también quiero aprender

 Se produce un silencio que no interrumpo porque sé que lo está analizando.

– Me parece bien tu interés Daniel. Pero tendrías que esforzarte mucho y trabajar duro

– Estoy dispuesto a hacerlo papá

– Vas a partir de cero… te ocupará mucho tiempo… tendré que hablar con tu madre  

Ya ha aceptado, le gusta la idea.  Se pone de pie y me estira su mano…  se la estrecho sonriendo, luego me abraza fuerte

– No sé en qué momento creciste hijo… parece que ayer nada más eras un muchachito que jugaba con sus aviones-

– Es inevitable crecer – le respondo pensando en las causas que me han llevado a esto

– Muy cierto hijo– vuelve a su escritorio- empezaras mañana mismo. En mi oficina en cuanto termines el colegio

– Si señor!… Gracias papá

Me acerco y le doy un cariñoso abrazo que me devuelve.

– Me gusta Daniel… me gusta mucho que quieras aprender

Son tan pocas las veces que he escuchado a papá decirme algo bueno que me siento muy feliz.  Salgo de la oficina pensando en las pocas horas que me quedarán para ir al gimnasio, pero… también lo hago por ti Miguel, también necesito crecer por mí y para ti.

Por primera vez en varias noches dormí un poco más tranquilo sintiendo que he comenzado a hacer los cambios en mi vida que me permitirán ser más fuerte y adquirir las armas y conocimientos que me permitan recuperar a Miguel y acercarme a mi padre, entre otras cosas.

El día siguiente, después del colegio, me voy directo al edificio donde se encuentran las oficinas de papá.

-. Vas a pasar un tiempo con Andretti, él te va a enseñar lo primero que debes aprender

Lucio Andretti es un hombre mayor, alrededor de los 65 años. Trabaja con papá desde que tenía 20 años, me cuenta él mismo y es quien está a cargo del control general de las empresas.

– ¿Las empresas?

– Son varias Daniel, ven conmigo, iré mostrándote poco a poco todo lo que abarca este holding

Las horas que paso con Lucio se vuelven cada vez más interesantes. Ahora entiendo mejor la rabia de Lidia contra mi padre… son tantas las cosas que posee y sin embargo no le permite a ella participar

– ¿De qué se encarga Gonzalo? – pregunto sin poder evitarlo, quiero saber.

– ¿Gonzalo?… tu papá lo ha puesto a cargo de algunas cosas

Su respuesta es evasiva, no me dice nada concreto, lo que despierta de inmediato mi curiosidad.

 

 

GONZALO.

En silencio, casi al mismo tiempo en que el sol apenas comenzaba a bañar la ciudad con sus rayos de luz y calor, Gonzalo se encontraba reclinado sobre la pared, cerca de la puerta de entrada al dormitorio. En su mano, una taza de café recién preparado por él mismo, los ojos y la mente completamente puestos en el chico que aún dormía en su cama…  como un niño…  los ojos cerrados y el pelo castaño desordenado cayendo algunos mechones sobre el hermoso rostro, suave, dulce, con esa piel tan perfecta y luminosa y esa expresión de serenidad que nunca mostraba cuando estaba despierto… miraba el subir y bajar de las sábanas que lo cubrían recordando las formas de su cuerpo…  se estaba preguntando tantas cosas a las que no encontraba respuesta… ¿Qué es lo que le gustaba tanto del mocoso?, ¿Por qué no podía quitárselo de la mente ni un instante para concentrarse en las otras cosas de su vida?, ¿Qué tenía la risa de Miguel… lo había hecho caer bajo un hechizo?… cuando Miguel reía, se le iluminaban los ojos y a él se le aligeraba el alma… “No es posible”, se recrimino a si mismo Gonzalo… “ni siquiera son las 6 de la mañana y estoy pensando idioteces que parecen…románticas???!!. La sola idea de él pensando cosas románticas le resultó divertida, hechizo?, alma?… ¡mierda! Tal vez el sexo de la noche anterior había estado demasiado bueno y lo había dejado sensible… o muy feliz… pero no se movió, siguió reclinado contra la pared, vestido solo con sus jeans oscuros, bebiendo el café en sorbos lentos sin quitar sus ojos de la delgada figura que reposaba en su cama.

El despertador sonó exactamente a las 6:30

Miguel se estira con ganas en la cama, a mi lado, pero se arrepiente inmediatamente de haberlo hecho… su cuerpo le duele como si lo hubiesen molido a palos de la cintura hacía abajo…  me mira solo para saber si me he dado cuenta.

-Hola – su voz aun dormida

Con movimientos suaves tomo sus brazos para examinar sus muñecas que exhiben dos gruesas marcas violáceas producto del cinturón con que lo había atado, muevo ese brazalete, que no se quita nunca, para poder ver mejor.  He aprendido los  “movimientos suaves”, es algo que tengo que recordar; Miguel reacciona muy mal cada vez que mis movimientos para tocarlo son bruscos o rápidos e instintivamente busca defenderse usando las técnicas que conoce, pero si me acerco despacio, con las manos extendidas donde pueda verlas, entonces me acepta sin problemas.

-. ¿Te duele?

Se mira las muñecas y con un gesto de su cuerpo me indica que no tienen ninguna importancia. El día comienza.

Salimos juntos del departamento, muy temprano. Hoy Miguel me acompaña a desayunar. Generalmente tomo desayuno leyendo el diario o revisando los correos en el celular,  pero hoy estoy con Miguel y es diferente. Conversamos sobre cualquier cosa… me cuenta de una nueva clase que le gusta mucho y lo tiene muy entusiasmado. También está preocupado por cambiarse luego al departamento con su familia

– ¿Necesitas mi ayuda? – le ofrezco.

Veo su expresión de sorpresa y luego el silencio

– No, ya está bien con todo lo que has hecho

– No me cuesta nada ayudarte– insisto porque sé lo orgulloso que es

– No… Yo me las arreglo  

Esta bien. No vuelvo a insistir aunque él no sabe lo fácil que me resulta disponer de un camión de mudanzas o personal para ayudarlo a empacar, pero lo entiendo.

– ¿Ya le hablaste a Analía del colegio?

– Si, algo. Está entusiasmada también- su voz vuelve a ser la de antes

– ¿Quieres que veamos el colegio más tarde?… hoy terminas tus clases temprano

– Si… pero no sé donde aún

– ¿Qué tipo de colegio quieres?

– Uno donde nadie la moleste ni se les ocurra faltarle el respeto o ponerle un dedo encima– me contesta muy seguro.

– ¿Qué tal un colegio solo para chicas?- le propongo. La cara se le ilumina ante esa idea y me regala una de sus escasas sonrisas

– Me parece excelente!!!

– Sé de uno muy bueno. Vamos a verlo después de almuerzo-

– ¿En serio?… quiero decir, ¿No tienes clases o alguna otra cosa importante que hacer?

– No- a decir verdad tengo varias cosas importantes que hacer pero… quiero ir con Miguel a ver el colegio para su hermana en vez de estudiar o ir a la oficina.

Terminamos el desayuno y muy pronto Miguel se pierde camino a su instituto en el barrio universitario mientras yo me voy a cumplir mi horario de clases, bastante distraído.

MIGUEL

Al terminar la clase de las 11 salí del barrio universitario camino al mall más cercano. Desde hace unos días acostumbro echar ropa extra en mi mochila pero definitivamente nada apropiado para una entrevista en un colegio, sobre todo si voy a ser el responsable de mi hermana. Con la tarjeta en la mano recorro varias tiendas hasta quedar vestido de forma presentable; pantalones de tela, cinturón de cuero, camisa y una chaqueta ligera, de excelente corte y marca. Por primera vez en mi vida dejo de lado las zapatillas tenis y me calzo zapatos… se sienten raros pero son bonitos y elegantes.  Al mirarme al espejo de la tienda no me reconozco y me causa risa ver esta nueva persona. La vendedora, una mujer joven que ha sido muy amable y paciente conmigo, sonríe divertida un momento y desaparece para volver con un par de preciosos lentes de sol, de marca

– Pruébatelo- le hago caso y sonrío satisfecho

– Me lo llevo todo, puesto

– ¿No quieres ver otras camisas para variar el conjunto?

Entusiasmado le hago caso y compro otras dos camisas a juego

– Te vez muy bien jovencito. ¡Tendrás que cuidarte de las chicas!

Sonrío y pago una cantidad ridícula sin sentir ni una pizca de culpa. Salgo de la tienda sintiéndome diferente. Es primera vez en mi vida que me compro ropa en una tienda elegante y que me atrevo a gastar una suma exorbitante en mí. Cuando voy saliendo del mall suena mi teléfono

– ¿Dónde estás?

Gonzalo está molesto. Lo sé por su tono de voz – ¿Por qué no estás en tu clase?

– Voy camino al Instituto. Llego en unos minutos

Me toma pocos minutos llegar hasta donde está Gonzalo. Sin dudarlo abro la puerta y me subo pero su cara de sorpresa es tal que me asusta…

– Pero qué..!!! Miguel??!!

Entonces me doy cuenta que con las gafas y la ropa no me había reconocido. Me quito los lentes y lo miro algo avergonzado. Sus ojos no me dejan de observar de pies a cabeza

– ¿Qué hicis… de donde…?

– ¿Te gusta?

Pregunto en una sola frase coherente, interrumpiendo su parloteo sin sentido. Sonriendo estira sus manos y toca mi ropa, abre la chaqueta y desliza sus dedos por sobre mi camisa nueva

– Voy a ser el responsable de Nali en el colegio…

Le digo por toda explicación. Sin dejar de mirarme y sonreír nos alejamos en dirección al nuevo colegio.

El lugar es impresionante, un edificio señorial antiguo, grande, limpio, ordenado, con un jardín inmenso y muy cuidado, en el que se ven grupos de chicas con el uniforme del colegio.  La directora recibió a Gonzalo de inmediato. Una mujer de mediana edad, muy alta y delgada que conocía a Gonzalo de antes. Él le explicó y acordamos que Nali iría para una entrevista el lunes siguiente y si era aceptada podría comenzar de inmediato. Me preocupó lo de la entrevista. Puedo suponer que mi hermana, por asistir a un colegio estatal en un barrio más bien pobre, puede estar más atrasada que las chicas de este lugar. Sin embargo al despedirnos de la directora entendí que Nali iba a ser aceptada de cualquier modo.

-. Ha sido un gusto directora Newmann

Gonzalo de pie estrecha su mano. La mujer sonríe atenta y luego estrecha mi mano también.

– El gusto siempre es nuestro Gonzalo. Por favor dele mis saludos a su padre

– Por supuesto. Hasta el lunes entonces

Volvemos al vehículo y curioso pregunto

-. ¿Saludos a tu padre? ¿lo conoce?

Pienso que tal vez su familia tiene algo que ver con el colegio. Aún no entiendo las ramificaciones de los negocios de su familia

-Mi hermana estudió aquí– responde serio- además, mi familia coopero bastante con la construcción de algunas obras en el colegio– ahora sonríe y me giña un ojo

– ¿Crees que la van a aceptar?

– Estoy seguro que la aceptaran. Deja de preocuparte. Ahora solo habla con ella y tráela el lunes a la entrevista

¡Dios! Nali en este colegio… vuelvo mi cabeza hacia atrás para mirarlo bien nuevamente antes que desaparezca de mi vista. Es lo mejor que podría haber soñado para ella. Detengo mis ojos en Gonzalo un momento.

– Gracias nuevamente

– ¿Quieres agradecerme?- pregunta sonriendo

 Si, bueno…

– No me agradezcas así

– ¿Cómo entonces?

– Déjame pensar cómo voy a sacarte una a una esa ropa que te compraste sólo para provocarme

– No la compre por eso…- respondo de prisa sintiéndome enrojecer

– Seguro…

Son recién las 6 de la tarde, Conduce directo al departamento.

La ropa nueva terminó desordenada en distintas partes… algunos botones terminaron separados de la camisa lo que me hizo protestar

– Olvida la camisa… puedo regalarte diez si quieres

Una mezcla de sentimientos… no quiero sus malditos regalos… pero me alegra volverlo loco, tener un poquito de dominio sobre él…  al punto de tener que quitarme la camisa casi a la fuerza para poder acariciarme tranquilo

– No quiero tus regalos

Le digo encima de su boca mientras me sostiene desnudo bajo su cuerpo. Me mira con esa sonrisa de autosuficiencia y superioridad

– Tú quieres lo que yo te diga… y si te regalo algo, lo aceptas mocoso

Separa mis piernas y su miembro erecto y firme busca mi entrada. Pero lo empujo alejándolo.

– No…- protesto sin mucha energía, me mira preguntando – ya me cansé de los analgésicos… me duele idiota! 

Me siento terriblemente avergonzado de tener que reconocerlo pero es la verdad. Vuelve a sonreír aún con más ganas

– Razón equivocada, Miguel

Sus brazos envuelven mi cuerpo desnudo sosteniéndome muy fuertemente… despacio me penetra haciéndome morder fuerte mis labios para no gritar.  Es solo dolor lo que se expande por mi cuerpo haciéndome temblar y sudar.. Gonzalo no me quita los ojos de encima… disfruta con mi dolor…  me besa a pesar de que sigo mordiendo mi labio inferior… su lengua experta afloja mi mordida y la cambia por un beso húmedo y profundo. De a poco comienza a cambiar, cada una de sus embestidas me va cambiando la sensación hasta que solamente puedo sentir placer… mi cuerpo se relaja y se acopla a sus movimientos, placer inmenso que nace y se expande desde el mismo punto anterior. Es más fuerte que yo…  Se da cuenta de inmediato

– Te lo dije mi pequeño demonio

Sus manos dejan de sujetarme para comenzar a acariciarme…  ya me tiene totalmente rendido.

Esa noche dormí en mi casa y aproveché de hablar con mamá y Nali sobre el nuevo colegio. Ellas ya no dudan de nada que yo diga. Estuvieron de acuerdo y Nali muy nerviosa pensando en el examen que tendrá que rendir. Me habría gustado decirle que no tenía de que preocuparse pero solo la tranquilice, no quiero que crea que tendrá privilegios en el nuevo colegio. Cenamos juntos en un ambiente de alegría y expectativas. Me bombardearon de preguntas respecto al trabajo… no me gusta mentirles, pero ya he mentido tanto que invento fácilmente las respuestas que se les gustaría escuchar y me creen sin pensarlo. No me gusta pero no sé qué otra cosa podría hacer… ¿decir la verdad? Imposible!!.  Me he fabricado una vida nueva solo para poder mejorar la vida de ellas… así es que sigue valiendo la pena… es lo que me repito diez veces para poder dormir tranquilo.

Los días siguientes pasaron muy rápido…  tuve muy poco tiempo para mí; entre la mudanza, mis clases y el tiempo que compartía con Gonzalo apenas si me quedaban unas horas para estudiar o para descansar. Sentí que todo cambiaba tan de prisa…

Cuando llegó el viernes recordé lo que le había prometido a Daniel… habían pasado tan pocos días pero me sentía tan lejano como si hubieran transcurrido meses desde que lo vi por última vez. Esperé a que fuera tarde, sentí que la oscuridad me ayudaba a ocultarme. Con el teléfono en la mano dejé el departamento y me fui a la calle. Caminé de prisa hasta encontrar un lugar oscuro y tranquilo. Daniel…(sonreí feliz) Solo tenía que marcar su número y podía hablar con él… podía decirle que…  me quede en blanco. ¿Contarle todo lo que había cambiado mi vida gracias al dinero? ¿Decirle que disfrutaba del sexo a pesar de echarlo de menos en mi corazón?… mierda… ¿decirle que había descubierto que su ausencia podía ser reemplazada por el dolor y el placer que me provocaba Gonzalo?... entonces comencé a llorar. Recordé el cariño limpio y puro que tenía con él… recordé como aún me sentía bien conmigo mismo cuando estaba con Daniel, lo maravilloso que sentía cuando me abrazaba de esa forma que sólo él podía…  recordé lo orgulloso y confiado que estaba… y supe lo que había perdido… había perdido la capacidad de ser bueno, limpio y puro. Si había en mi cualquier esperanza de regresar con él alguna vez sentí que ahora se diluía y desaparecía. Ahora era otra persona… me sentí sucio, vendido, despreciable, indigno de su cariño…  ante él no podía mentir ni disfrazarme con una careta…  una verdadera mierda, alguien que solo contaminaría a Daniel. Contemplé por largo rato el teléfono en mi mano respirando dolorosamente… apreté las teclas y apareció el número de Daniel en la pantalla…  sólo tenía que presionar un botón más…  solo un pequeño toque de mi dedo y podría hablar con él.  Guardé el teléfono, me sequé los ojos y comencé a caminar de vuelta. Pero entonces recordé su voz la última vez que hablamos, estaba tan triste y preocupado. Me detuve en la mitad de la acera.  Daniel podría hacer una idiotez tal como buscarme si no lo llamaba. Volví mis pasos al punto anterior. Pensé cuidadosamente qué debía decirle… nunca antes había sentido esta presión para hablar con Daniel, con él siempre era fácil, pero esta noche era diferente porque iba a ser la última vez que hablaría con él. Ya lo había decidido. Cuando estuve totalmente tranquilo y seguro lo llamé. Me contestó luego del segundo llamado

– Hola, ¿Miguel? 

No estaba preparado… por mucho que lo hubiera practicado no estaba preparado para escucharlo. Alejé el teléfono de mi rostro y tome aire repetidas veces para controlar el loco zapateo de mi corazón y las terribles ganas de estar con él, de gritarle que lo amo y quiero verlo.

– Hola Daniel

– Miguel…  ¿Cómo estás?

Hay un gran alivio en su voz, alegría.

– Muy bien. Gracias, ¿y tú? 

Mi respuesta tan fría lo desconcertó

– Bien…  Me he acordado todos los días de ti, estaba desesperado porque llegara el viernes

Me cuenta con su voz ya recuperada. Quiero gritar…  morirme ahí mismo…  es tan bello Daniel, tan malditamente bueno.

– Solo te llamo porque te lo prometí

Trato de que mi voz suene firme y convincente. Daniel calla al otro lado de la línea

– ¿Qué quieres decir?

Las lágrimas amenazan con comenzar de nuevo así es que bruscamente me muerdo los labios con toda mi fuerza hasta sentir el gusto a sangre y el dolor que las aleja.

– No voy a volver a llamarte

Escucho como cambia su respiración…  Dios!! En verdad soy una porquería.

– Me lo prometiste!! grita angustiado

– Prometí llamarte y lo estoy haciendo pero es para decirte adiós

– ¿Por qué haces esto Miguel?…  no puedes haberme olvidado tan fácil… – Daniel se derrumba lentamente

– No hago nada… ya no tenemos más que hablar. Lo mejor es olvidarnos-

– NOOOO…  me dijiste que me amabas– grita al otro lado de la línea- te extraño tanto…  pienso en ti todos los días, te amo 

Me quedo en silencio… quiero decirle que no… que no lo amo pero no puedo.

– Fueron solo cinco días Daniel… olvídalos 

Me siento un canalla reduciendo nuestra relación solo a eso…  escucho su respiración agitada y el cambio en su voz, alterado, dolido… enojado

– ¿Los olvidaste tú?… ¿ya te olvidaste de lo que vivimos?

 nunca, jamás voy a olvidarlo

– Me tengo que ir. Adiós Daniel

– No Miguel… no va a ser tan fácil. Te lo juro!!!

Es Daniel quien corta primero el teléfono dejándome sorprendido, sumido en una tremenda pena sobrepasada por una inmensa preocupación. No se te ocurra buscarme… por favor Daniel… por favor. No tienes idea del peligro al que te expones… que nos exponemos. Me quedo mucho rato pensando en medio de la oscuridad. ¿lo llamo para decirle que no me busque? Que estupidez!!!… ¿lo vuelvo a llamar y me arrastro a sus pies para rogarle que me perdone? ¿Para qué?!!! Para qué si ya no volveremos a estar juntos… sólo para dañarlo más.  No hago nada… no sé qué hacer. Quisiera correr a contarle a mi mamá o a Emilio y que me ayuden a llevar todo este peso y dolor… quiero una mano que me acaricie y una voz que me consuele…  pero es imposible, no tengo a nadie… acabo de dañar y alejar de mí a la única persona que podría haberlo hecho.

Vuelvo al departamento caminando lentamente y justo antes de entrar respiro muy profundo y me pongo mi máscara de felicidad. No quiero que nadie note mi pena y me haga preguntas… me derrumbaría de inmediato.

Los días siguieron pasando de prisa. Metí el recuerdo de Daniel en un recoveco intrincado de mi mente y cada vez que algo me lo recordaba sacudía mi cabeza para borrar rápido su recuerdo, respiraba profundo y buscaba algo que hacer.  Mamá y Nali estaban felices como nunca antes las había visto… por primera vez no importaba cuanto costara… podíamos pagarlo; la mudanza, el departamento.. el colegio de Nali, el uniforme y los útiles. Ya había sido aceptada y estaba feliz pero asustada de conocer a sus nuevas compañeras. Cuando ya estuvimos instalados y el departamento parecía nuestro hogar, fuimos los tres de compras a un supermercado cercano… mi mamá seguía estudiando los precios de los productos y eligiendo solo lo justo y necesario… lo más barato. Me di el gusto de ir detrás de ella y poner en el carro cada uno de los productos que rechazaba por caros o por considerar que no eran necesarios

– Pero hijo…  te vas a gastar un dineral!! 

– Usted no se preocupe por eso 

Se sentía muy bien poder darle esa respuesta… se sentía estupendamente bien!!!.  Salimos con las manos llenas de bolsas y tomamos un taxi para que nos llevara solo un par de cuadras. Por supuesto ella protestó pero se subió agradecida al vehículo.  Después de haber terminado de acomodar todas las compras en la alacena y el refrigerador, mamá recorrió con la vista el lugar. La observé detenidamente… habían lágrimas en sus ojos. Se acercó y me dio un beso en la frente

– Gracias… eres un buen hijo Miguel

También me emocioné. Esto era lo que yo quería, por lo que me había vendido, por la tranquilidad de mi mamá y mi hermana me había vuelto lo que era.

Gonzalo fue extrañamente paciente conmigo durante esos días. No me presionó ni me exigió nada a pesar de que podía hacerlo. Nos veíamos todos los días pero solo pase una pocas noches con él. Seguía manejándome a su antojo en la cama y tanto él como yo terminábamos satisfechos y cansados cada vez que nos juntábamos. Sólo se molestó conmigo una vez; el día sábado cuando amanecí con el labio dañado a casusa de haberlo mordido tan fuerte cuando hablé con Daniel; tenía costras y no lo dejé besarme. Se enfureció, perdió la calma en cosa de segundos y me gritó que debía cuidarme mejor

.¿Por qué mierda te dañaste así? 

No supe que contestarle y eso solo lo enojó más. Como resultado de su rabia el sexo fue casi violento. Por primera vez uso un dildo conmigo… cuando lo vi acercarse a mí con ese aparato me quise morir de miedo… me siguen aterrando cada uno de sus malditos juguetes. Le pedí que no o usara pero eso sólo aumento su interés. Se sentó en el sillón y me sostuvo desnudo, en posición casi fetal, con mi trasero apoyado sobre sus piernas. Con una mano introducía el dildo perfectamente lubricado mientras que con la otra me friccionaba el pene…  él sólo observaba mi rostro y mi cuerpo, tremendamente excitado, sin permitirme tocarlo ni tocarme. Fue una experiencia muy fuerte… mi cuerpo reaccionaba a sus estímulos y muy pronto estaba excitado queriendo correrme, pero la mirada fría y el silencio de Gonzalo estudiando cada uno de mis movimientos y sonidos era chocante… fuerte, extraño.  Me corrí derramando mi semen sobre sus piernas. Sacó el dildo y levanto mi cara hasta dejarla muy cerca de su boca

 No vuelvas a dañar tu cuerpo. Me pertenece y solo yo puedo dejarte alguna marca ¿entiendes?

Luego se fue al baño y se encerró mucho rato.  Creo que de todas las veces que hemos estado juntos esta fue la vez que me sentí peor… usado como un juguete sexual, sin ninguna caricia ni una palabra de su parte… fue una especie de castigo por haberme mordido el labio. Me duche y me vestí. Por unos instantes sentí ganas de tomar todos los malditos aparatos que guarda en el dormitorio y correr a arrojarlos a la basura… pero no serviría de nada. Compraría nuevos y sería peor para mí.

Cuando salió del baño se había duchado y solo llevaba una toalla en la cintura. Yo estaba hecho una fiera de enojado por su indiferencia.

– ¿Y si me tropiezo en la calle?  ¿Si me peleo con alguien?… ¿Qué tal si choco con un poste o una pared?… Ah?…  ¿Qué tal si me quiebro una pierna?

Lo seguí intentando que me contestara. Se detuvo justo antes de abrir el closet. Se quedó quieto de espaldas a mí.

– No te gustaría para nada lo que te haría 

Se volvió hacia mí y vi que tan enojado estaba

– A veces no se puede evitar el daño!!! – le grite igualmente enojado.

Dio un paso hacia mí y me tomo por los hombros

– ESE DAÑO TE LO HICISTE TU MISMO!!! no fue casualidad…  ¿dime que te alteró tanto que tuviste que morderte así? – me quede mudo – Solo te muerdes cuando estas nervioso o asustado…  ¿qué fue lo que te asustó?  dime Miguel, ¿Qué cosa grave te pasó?

Seguí sin poder reaccionar…  ¿en qué momento me volví tan trasparente? ¿Cuándo aprendió a conocerme de esa manera? Me soltó casi empujándome

– Te guardas cosas Miguel…  no me gusta

– Esto es ridículo!!! – le contesté – No puedes controlar toda mi vida!!!

Al escucharme, me dedicó la más terrible de sus sonrisas casi al lado de mi rostro

– Si, si puedo, mocoso. Sólo tengo que proponerme hacerlo y no podrás dar un paso ni tener un pensamiento sin que yo lo sepa

Sostuve su mirada aunque estaba francamente asustado

– ¿Por qué querrías hacer eso?

Nunca me contestó. Solo se giró y comenzó a vestirse.

Gonzalo puede ser encantador cuando estamos vestidos, pero cuando estamos desnudos y embarcados en el sexo sigue desconcertándome y haciendo conmigo lo que se le antoja. Hay veces, como ese día, en que en verdad me asusta y no sé hasta dónde podría llegar.

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