Miguel Capítulo 36

MIGUEL

Durante toda la mañana quise contarle a Andrei pero no me salían las palabras. Anduve callado todo el rato, ausente, pensando en lo que había pasado la noche anterior, en lo que Gonzalo me había dicho… recordaba su rostro y sus palabras esta mañana…  tan sincero y triste… pero también me acordaba de lo otro… cuando su rostro era el de un loco demente… Se me partía la cabeza de tanto pensar y sentir.  Andrei me hablaba, pero yo no le prestaba mucha atención… cuando se dio cuenta me preguntó un par de veces que me pasaba pero no pude contarle. No es que no le tuviera confianza… es que… no podía hablar de ello todavía… necesitaba tiempo para digerir los cambios… ahora estaba en libertad de irme… de hacer lo que quisiera… ¿Qué quería hacer?…

– Andrei…. ¿puedo tomarme la tarde?

Mi pregunta lo sorprendió muchísimo… me miró esperando que le diera alguna explicación pero… nuevamente no podía hablar de lo que iba a hacer…

– Si… está bien

Tampoco me preguntó nada más.

Entré al departamento intranquilo, aunque sabía que Gonzalo no estaba a esa hora. El cachorro corrió a recibirme… lo tome en mis brazos y juntos fuimos a guardar mis cosas en la maleta que recién había comprado. No me demoré demasiado. Tenía más cosas de las que pensé. Toda la ropa que me había regalado Lidia… eran muchas cosas.  Cuando estuve listo, justo antes de salir, pensé en que ya no volvería a entrar a este lugar como si fuera mi casa… no era mi casa… aunque tampoco se sentía como si hubiera sido una prisión… ¿debería dejarle una nota?… No, que mierda podría escribirle en un papel?… me sentí extraño sacando mis cosas así del departamento… solo… me había acostumbrado a estar en su compañía…  a hacer todas las cosas juntos… Levanté al cachorro y crucé el umbral de la puerta… Ya me había ido.

Mi mamá me recibió feliz, no me había acordado de avisarle así es que la sorpresa fue grande cuando me vio llegar con maleta y cachorro.

– Estoy de vuelta mamá

Abrió sus brazos y me acogió…

– Bienvenido hijo

No me preguntó nada… entendí que mi mamá no quería saber… aceptaba los cambios, aceptaba vivir mejor pero no quería enterarse de los detalles de mi vida… creo que presentía que algo no muy correcto sucedía, pero se daba cuenta que no podía contra eso, era mucho más grande que ella.

– Voy a preparar tu dormitorio hijo 

Me dio sonoros besos y se fue al dormitorio arrastrando la maleta. Respiré tranquilo. Estaba con mi gente.

Nali llegó del colegio para encontrarse conmigo y mi mascota dentro. Luego de saludarme efusivamente, se enamoró de inmediato del perrito pero solo le permití tenerlo un rato pequeño… yo también estaba un poco loco por él

– ¿Cómo se llama?

Nombre?… no lo había pensado

– No tiene nombre

– Miguel!!, tienes que ponerle un nombre… no puede andar por la vida así nada más… ¿es macho o hembra?

Bueno… nunca lo había preguntado tampoco, pero conociendo a Gonzalo, seguro era un macho

– Macho- respondí sonriendo…  totalmente seguro.

Me quedé con ellas el resto de la tarde… seguro y tranquilo, sin ningún tipo de presión, sintiéndome cómodo, sin hacer nada especial.  Nali se fue a dormir temprano y entonces me quedé a solas con mi mamá. Ella miraba televisión pero sé que estaba más pendiente de mí que de la tele. Tenía que darle algún tipo de explicación aunque no me la estuviera pidiendo.

– Mamá…

Apago la tele de inmediato y me brindó toda su atención. Estaba esperando a que le hablara.

Me senté a su lado… me sentía un poco extraño… le tomé la mano y traté de explicarle un poco sobre mi nuevo trabajo… omití las partes complicadas que se relacionaban con violencia, armas o disputas… pero ella me entendió mejor de lo que yo esperaba… no en vano habíamos vivido casi toda nuestra vida en un ambiente donde lo que hago ahora se puede entender fácilmente. Lo que no le dije pudo imaginárselo sin problemas.

– ¿Entonces, si trabajas para Don Gonzalo?

– Si mamá 

– Miguel… ¿vas a cuidarte, no es cierto?, no quiero que nada malo te pase

Me abrazó… como necesitaba ese abrazo… me di cuenta que necesitaba su cariño… mucho cariño… nos quedamos así un rato, no quería soltarla… no sé bien que me pasaba… mi vida estaba cambiando de nuevo…

-Mamá… una cosa más… tenemos que mudarnos a otro lugar. Tengo que devolver este departamento

Me miró sorprendida. Le expliqué que a pesar de pertenecer a mi jefe, ahora ganaba suficiente dinero como para poder arrendar algo y no quería seguir abusando… me miro extraño… presentí que mi mamá esperaba más explicaciones… su mirada me las pedía… algo más personal?… sospechaba??… sabía??… nunca le había hablado ni demostrado nada que le pudiera hacer sospechar de mi condición sexual… me puse nervioso y decidí que estaba muy cansado y necesitaba dormir. Me encerré en el dormitorio. Hoy no me sentía con energías ni para enfrentar a Andrei ni a mi mamá… a nadie. Recordé a Lidia, la persona que sentía más cercana y con la que podía hablar de todo… pero creo que también le pasaba lo mismo con Gonzalo… también se habían acercado y confiaban el uno en el otro… eran hermanos… no era una solución.  Bien, Estaba solo… siempre había estado solo… hasta que apareció Gonzalo…  pero ahora ya no estaba y tenía que aprender a salir adelante. Eran nuevas responsabilidades, mas grandes, de hombre no de niño. Lo primero sería cambiarnos y dejar de recibir de Gonzalo lo que no me hubiera ganado. Me daba pena hacerlas pasar por una nueva mudanza… se notaba que les gustaba el departamento y se sentían cómodas aquí… pero ya no existía el acuerdo… ahora tenía que valérmelas por mí mismo.   No me asustaba. Podía hacerlo.

La primera semana de vuelta con mi familia fue de mucha tranquilidad. Durante los ratos que pasábamos juntos no hacíamos grandes cosas sino que compartíamos comida en la mesa, conversaciones, mirábamos tele… nada especial, pero a mí me hacía feliz pasar el rato así con ellas… libre de tensiones y sin tener que preocuparme de nada.   El cachorrito y yo nos habíamos vuelto inseparables… me seguía a todos lados o estaba permanentemente en mis brazos. Nali me insistía en nombrarlo de alguna manera, inventando muchos nombres… pero aun no había encontrado el nombre perfecto. Seguía pensándolo.

A ratos pensaba en ir a ver  a Lidia. Me había llamado un par de veces y quería verme… pero sabía que íbamos a llegar al tema de Gonzalo, así es que la evitaba, aunque la extrañaba mucho.  Además estaba Tony. También me había llamado por teléfono recordándome que había aceptado salir con él… le contesté que estaba ocupado ahora y que yo lo llamaría.  No sé porqué aún no lo llamaba de vuelta.

Con mi mamá habíamos empezado a buscar otro departamento y ya pronto podría devolverle el actual departamento a  Gonzalo.

Cada noche cerraba la puerta de mi dormitorio y la quedaba mirando antes de dormirme… sentía la tranquilidad de saber que no había ninguna amenaza ni presión al otro lado de la puerta.

En el trabajo no fue tan fácil. Andrei supo el mismo día que me fui del departamento de Gonzalo. Al día siguiente, en un momento de tranquilidad mientras almorzábamos, me habló del tema.

– Así es que volviste con tu familia

– Si…

– Sabes? lo conozco desde niños… sé muy bien como es y lo que está haciendo contigo no lo había hecho nunca antes 

No necesitaba nombrarlo, ambos sabíamos que se refería a Gonzalo

– ¿Y qué está haciendo?

– Dándote espacio y la opción de elegir… él siempre ha tomado, de buena o mala manera, todo lo que ha querido… es primera vez que lo veo hacer esto 

Así es que habían estado hablando de mi… ¿Qué intentaba Andrei?… ¿interceder por Gonzalo??

– Solo espero que lo que sea que exista ente ustedes no interfiera en tu trabajo Miguel… te lo dije al principio: lealtad hacia la familia y Gonzalo, a prueba de todo

Vaya!!! me había equivocado… nada de interceder por nadie

– Soy leal… no voy a comprometer mi trabajo… y no existe nada entre nosotros

Sentí la necesidad de aclararle. Andrei me miro serio y luego se largo a reír

– Claro Miguel…

Nunca lo había visto actuar de esa manera

– No existe nada!!!-

– Yo no he dicho lo contrario…

– Andrei!!!

– Iluso

 

GONZALO

– ¿Dónde mierda esta Miguel, Andrei?

Escuché a Andrei suspirar una vez más. Supongo que mi carácter durante esta última semana daba para que él quisiera arrojarme por la ventana de mi oficina… reconozco que mi amigo estaba soportando todo el peso de mi idiotez… era al único al que le permitía ver cómo realmente me sentía y estaba como nunca antes…  el hecho de que Miguel no subiera nunca hasta mi oficia no ayudaba mucho… antes siempre lo hacía… pensé que seguiría viéndolo todos los días… la verdad es que lo extrañaba mucho… y estaba enojado por ello. 

Andrei había quedado en medio de este fuego cruzado… Tenía que soportar mis arrebatos por un lado y la testarudez y orgullo de Miguel del otro lado

– Está abajo

– ¿Otra vez?

– ¿Qué quieres?!! Lo obligo a subir??

Andrei subió un poco su tono de voz… mierda! estoy volviendo loco a mi amigo también… pero verlo alterarse un poco me sirvió para tranquilizarme

– ¿Qué le pasa, Andrei?

– No le pasa nada

– ¿Por qué no sube entonces?

– No quiere verte… ya te lo dije ayer, y anteayer…

– Ya, ya… entendí… dime cómo está

– Inquieto, distraído, no se concentra. Ayer fuimos al polígono y erró la mayoría de los tiros. Se pone mal genio de la nada, suspira cada diez minutos y su actitud se parece mucho a otro que conozco…

Me miró de frente…  sonreí alegrándome. También estaba afectado por la separación

– ¿Te habla de mi?

– No… ni siquiera ha preguntado por ti

 Mierda… mocoso de mierda…

 Me dejé caer en la silla. La situación me estaba volviendo loco. Me costaba concentrarme en mi trabajo y a menudo me distraía pensando en él… entraba y salía de mi oficina muchas veces sin realmente ir a ningún lado… me sentía encerrado, enjaulado… inquieto todo el día… el mocoso se había llevado mi tranquilidad.  Andrei era el único con quien descargaba mi frustración… algo que no conocía y estaba sintiendo por primera vez. Hasta que apareció Miguel no tenía idea del significado de esa palabra. Ahora que la estaba viviendo no la toleraba…  siempre había tenido lo que había querido, siempre  me las había ingeniado para conseguirlo… darle libertad a Miguel y sentarme a esperar que volviera era… frustrante.

Andrei llegó a verme la noche del mismo día en que Miguel dejó el departamento. Lo dejé entrar sin decir nada. Nos conocíamos demasiado bien. Sirvió dos copas, me alcanzó una y se sentó frente a mí

– ¿Ahora ya quieres hablar?

No asentí, no negué…  me conocía lo suficiente para saber que era una respuesta afirmativa

– ¿Miguel se fue?

Asentí lentamente…

– ¿Él te contó?- pregunté

– No… lo supuse… me pidió la tarde libre

– Si… se… se llevó sus cosas

Cuando entré en la tarde sabía que él no iba a estar… sabía que el dormitorio estaría vacio… quizás, en algún estúpido rincón de mi mente albergaba la esperanza de que no fuera así… sentí fuertemente su ausencia… el silencio… su cuarto vacío… ¿Cuánto tiempo llevábamos juntos?… no importaba el tiempo… era lo que sentía lo que me costaba… me había acostumbrado a tenerlo a mi lado… aunque fuera en circunstancias difíciles, su presencia me alegraba… me motivaba… me gustaba verlo… odiaba sentirme así… necesitarlo de esa manera, tener que aguantarme las ganas de correr y traerlo de vuelta, con o sin su consentimiento…

– ¿Para siempre? – preguntó muy despacio sabiendo lo difícil que era preguntarme eso…  me puse de pié… camine, necesitaba moverme…

– No lo sé… depende de él ahora

Andrei me miro incrédulo. Le conté un resumen de la conversación que habíamos sostenido y como Miguel me había puesto esta “condición” y yo había aceptado. La cara de Andrei,  reflejaba cada vez, más y más, lo mucho que le estaba costando creerme. Por unos cuantos minutos permanecimos en silencio.

– Está aprendiendo, Sabes?… anoche me manejó como quiso– comenté con un dejo de orgullo y tristeza

– ¿Vas a dejarlo tranquilo?

– Se lo prometí 

Ambos entendíamos que si le había hecho una promesa no iba a romperla. Esta vez fue el turno de Andrei de pararse y moverse…

– Te desconozco Gonzalo… pero me alegro por ti

– ¿Qué quieres decir?

– Estas haciendo lo correcto. Sabes que podrías haberlo obligado a permanecer contigo… y le diste la libertad de irse. Lo quieres de verdad

– Preferiría quererlo menos y que estuviera aquí

– No, eso no es cierto… ninguno de los dos estaba feliz de la manera en que estaban. Créeme, yo sé de qué se trata una relación de iguales… tienes que aprender y saber lo maravilloso que es eso

Finalmente Andrei soltó la tensión y sonrió. Una relación de iguales?  Una relación oficial, en serio?… Si, siii, maldición!! Si quiero una relación en serio con el pequeño demonio… lo quiero tener a mi lado todo el día… todos los días, quiero… necesito que vuelva a ser el de antes…  

– ¿Crees que va a volver? – pregunté, odiando sentirme tan inseguro

– No puedo responder a eso… solo Miguel puede hacerlo

Y aquí estaba, una semana después, irritando a mi amigo con mi mal genio.  Terminamos de conversar lo que se refería al trabajo. Estaba cansado y ya era hora de retirarnos. Bajamos juntos en el ascensor

– ¿Está esperándote abajo?

– Si

Me sentí como un adolescente mientras el ascensor descendía, el corazón latiéndome fuerte y la ansiedad por verlo.  Al abrirse las puertas lo vi de inmediato… la respiración se me aceleró. Hermoso, deseable… lo quería ahí mismo.  Apreté fuerte las manos empuñándolas por unos segundos. Ahí estaba el mocoso del que estaba perdidamente enamorado y al cual le había dado la libertad de hacer lo que se le diera la gana… sentí rabia… ahora mismo no podía hablarle, ni mirarlo ni mucho menos tocarlo…  Sentí su mirada… Me despedí de Andrei casi sin hablar y pasé por su lado saludándolo brevemente…  me forcé a seguir caminando sin volver a mirar atrás…

MIGUEL.

Durante esos primeros días evité cruzarme con Gonzalo… si Andrei subía a sus oficinas, yo preguntaba si podía esperarlo abajo, aunque fueran varias horas. No fue tan difícil ya que durante esos días tuvimos muchas cosas que hacer.

Sin embargo, el día viernes, una semana después de separarnos, yo estaba esperando abajo… Andrei y él salieron juntos del ascensor y nos cruzamos por breves segundos. No sé que sentí dentro mío pero fue muy fuerte… volver a verlo… Me miró… no parecía diferente al Gonzalo de todos los días… me saludó brevemente y pasó de largo sin dedicarme más tiempo… nada… fue… raro.

– ¿Qué le pasa a Gonzalo?- le pregunté a Andrei al subirnos al vehículo

– Nada que yo sepa… ¿por qué? 

¿Por qué??!! Porque apenas se percató de mi existencia!!! Porque no se detuvo a hablarme, ni a mirarme, ni a… no sé, cualquier cosa!!! Eso no es normal!!!… todo eso pensé enojado y molesto, sin embargo solo dije…

– No… por nada

 

Está bien. Me molestó mucho su indiferencia… me trató como lo que yo había pedido… un empleado más… solo eso.   Al llegar a mi casa aún seguía pensando en él… ¿no que estaba tan enamorado de mi?… imbécil!!! que se vaya al demonio con su idiotez!!!…  puedo cuidar que otros no le hagan daño y defenderlo con mi vida… pero si pudiera… le arrancaría yo mismo la cabeza, pedazo de imbécil…   

Esa noche, por primera vez desde que había vuelto con mi mamá, tuve serios problemas para dormir… abracé al cachorro que se escapaba de mis brazos al sentirse ahogado

– ¿Es un idiota, verdad?

El cachorro me miraba con sus grandes ojos

–. Lo único bueno que ha hecho en su vida fue traerte a ti…

No me podía sacar su mirada fría e indiferente de la cabeza… estaba molesto… bien molesto!!!. Eran cerca de las 12 de la noche pero igual tomé mi teléfono y le mandé un mensaje a Tony

“salimos mañana?” 

Ya no tengo que darle explicaciones a nadie… soy libre de hacer lo que quiera y quiero salir con Tony.  A los pocos minutos me sorprendió la respuesta

“¿y ahora mismo?”   

Sonreí y respondí

“estoy acostado”

“Mejor aún”

“y donde quedó el caballero?”

“Okay… mañana

Me tranquilizó saber que tenía algo entretenido que hacer al día siguiente… una cita con Tony… una cita con alguien que no era de la familia.

Quedamos de encontrarnos en un restaurant muy conocido. Tony ya me esperaba cuando llegue, vestía uno de sus ternos oscuros que lo hacían lucir muy bien, se veía guapísimo.

– Hola!! –me saludó sonriendo – ya me estaba preocupando

– Lo siento, es que…

– No importa, ya estás aquí… ven vamos a cenar

Fue una cena deliciosa y una conversación entretenida… no recordaba nada parecido, libre de tensiones y de presiones. Tony es muy buena compañía. Me contó muchas de sus historias… cosas tan simples  pero que contadas en forma graciosa me hacían reír… hablamos de todo un poco… se interesó en saber más de mi, sobre todo cuando le conté que había vuelto a vivir con mi familia.  Habíamos terminado de cenar y caminábamos por una avenida sin destino a ninguna parte en especial… me había sugerido el cine, un club, cualquier cosa, pero no tenía ganas de ir a ninguna parte llena de gente… no todavía. Me sentía cómodo hablando con él.

– ¿Cómo es eso de que volviste con tu familia?… ¿Dónde vivía antes?

Suspire tragando mucho aire antes de responderle… no estaba decidiendo si le tenía confianza porque creo que si se la tenía… estaba más bien pensando si estaba en condiciones de hablar de… él.

– Miguel… puedes confiar en mí

Se había dado cuenta de que me costaba hablar…

– Lo sé- sonreí – Sé que puedo confiar en ti… no sé si confío en mi… – solté finalmente

Caminamos otro poco en silencio

– Tienes una relación con alguien, ¿verdad?

¿Tenía una relación con alguien?… no, oficialmente no tenía ninguna relación… ¿Por qué sentía que si la tenía?… Aún me sentía atado por un acuerdo que no existía… sólo era mi mente jugándome trucos sucios

– No… ya no

– ¿Terminaste?… ¿aún lo amas?

– Si a lo primero y no a lo segundo 

 Tony sonrió…

– Entonces… ¿Puedo intentarlo? 

Me miraba con cara de picardía y sus ojos, de por si hermosos, brillaban un poco más

– No… no puedes 

Negué pero sonreía. No sé que tenía Tony pero me sentía a gusto con él… creo que sabía mucho… tenía experiencia y conocimientos suficiente para entender las relaciones humanas.

– No veo el problema… eres libre y me gustas mucho

– No es tan simple, Tony

Eran alrededor de las 10:30 de la noche, la avenida estaba llena de luces y aún circulaba bastante gente debido a los restaurants y algunas  tiendas abiertas. Tony me tomó del brazo y nos sentamos en torno a una mesa ubicada sobre la vereda. Un café pequeño y acogedor… pidió dos copas.

– Me gustan las cosas complicadas Miguel… lo simple es muy poco chic… cuéntame tu historia

– Es muy larga y complicada

– Mejor aún

Levantó su copa y bebimos mirándonos… dejé el vaso sobre la mesa… mis dedos jugaban con él vaso sin soltarlo completamente… empecé a contarle todo… desde el principio, evitando nombres…  remontándome a la noche en que  conocí a Gonzalo, pasando por el barrio donde me crié, el tipo de vida que tenía… el acuerdo, la aventura con Daniel… la traición hacia Gonzalo… el castigo y el dolor…  Lidia… Lo único que no hice fue dar sus nombres… ya era suficiente con contarlo…  Dios!! Vacié mi alma y compartí el peso de llevar todo eso dentro yo solo…

Una hora después y dos copas más, aún seguía hablando… me costaba detenerme y dejar de liberar todo lo que sentía y temía. Tony me miraba sin interrumpir más que para darme a entender que estaba siguiendo el ritmo de mi historia y que estaba interesado en lo que hablaba… terminé llegando a la situación actual… había terminado de contarle… nos quedamos en silencio… de alguna manera me sentía más liviano… estaba preparado para que Tony me llamara estúpido, me gritara o me dijera que era una mierda y se mandara a cambiar… igual había sido bueno compartir mi historia con alguien. 

Tony se bebió de una sola vez el resto de su copa y pidió dos más al camarero antes de mirarme y hablar

– Bueno… esta si es una historia complicada

 DANIEL

Coque regresó al internado el día Domingo en la tarde, junto a muchos otros alumnos…  lo había echado mucho de menos y ahora solo tenía ojos para intentar localizarlo en medio de todos los estudiantes que regresaban a la misma hora. Me había sentido sólo. Nico se quedó en el internado pero no volvimos a hablar. Habíamos terminado en buenos términos nuestra corta… relación?… coqueteo? pero me di cuenta que no tenía nada más que compartir con él y tampoco me interesaba. Nico era un capítulo cerrado. Volví a mirar hacia la puerta de ingreso. Coque estaba despidiéndose de alguien que supuse sería uno de sus hermanos mayores. Sentí alegría al verlo y una especie de seguridad con tan solo mirarlo. Me acerqué rápidamente hasta él.

– No vuelvas a dejarme solo– saludé sonriendo

– Tú quisiste quedarte – contesto con otra sonrisa

– Nunca más… 

Tomé su bolso y lo acompañé a su dormitorio. Me estaba aguantando las ganas de tocarlo… había demasiada gente y demasiado movimiento a esa hora en el colegio. Pero caminar tras él y verlo moverse… no era fácil.

Dentro del cuarto de Coque estábamos solos. Cerré la puerta, deje el bolso en el suelo y lo atraje con lentitud, anticipando el placer del beso…  tan pequeño y delicioso… me besó de vuelta con igual entusiasmo. Volví a sentirme tranquilo… Nos sentamos en la orilla de su cama… aquí no podía hacerle todo lo que quería, cualquier persona podía entrar, especialmente sus compañeros de cuarto que también volvían a esa hora.

– Quiero verte… más tarde… en el laboratorio 

Pedí ansioso hablándole en su boca… él siempre me decía que si… nunca tenía problemas para estar conmigo cada vez que se lo pedía o me buscaba. Coque suspiro sonriendo y me atrajo un poco más hacia su cuerpo. Al ver su cara pude suponer todo lo que estaba pasando por su mente. Yo nunca había sido muy cariñoso con él como estaba siendo ahora… estaba siendo diferente, más real y sincero… estaba demostrando más mis sentimientos… sentimientos?… me quedé pegado pensando en las palabras en mi mente… ¿estaba correspondiendo a sus sentimientos?… ¿ahora sí estaba sintiendo algo por él?... Yo sabía que no tenía un pelo de tonto. Podía parecerlo por ser menor, sonreír todo el tiempo y estar siempre de buen humor… pero tras esa fachada tan simple, había un chico extremadamente inteligente y sensible; él sabía que nuestra relación se había iniciado como un juego… él hacía poco había terminado con su anterior pareja y yo aparecí de pronto en el colegio, a mitad de año, solo y buscando compañía. Él me la brindó… creo que a ambos nos pareció entretenido enredarnos… pero en algún minuto el juego cambió de rumbo y yo podía sentir que Coque estaba más enganchado de mi de lo que aparentaba… se esforzaba más por hacerme sentir bien, sacarme de ese estado de pena y confusión en el que me sentía cuando recordaba a Miguel o de rabia y frustración cuando recordaba a Gonzalo… Coque no sabía nada… un par de veces preguntó sin obtener respuesta pero luego me dijo que cuando estuviera listo le contara… no sé si alguna vez iba a tener el coraje o las ganas de hablar de ellos con alguien. Coque había tenido sexo con anterioridad, pero creo que nunca había experimentado mucho placer… yo, con él, podía ser dulce y delicado y otras veces brusco y fuerte…  a él parecía gustarle esta mezcla de formas de amarnos y entregarnos placer… solo que, en medio de todo esto, Coque comenzó a tener sentimientos más profundos hacia mí. Sé bien que él se da cuenta de mis silencios y miradas ausentes… de cómo, a veces, parezco perderme en mis propios pensamientos… creo que sabe que yo nunca me he entregado por completo… había puesto barreras que él aún no lograba traspasar y a veces lo mantenía a mi lado, pero en mi interior, me aislaba de él… mantenía mi mundo interior sin compartirlo y él solo conocía una parte de mi

– ¿Hay alguien más?

Me preguntó una vez luego de uno de mis periodos de silencio

– No, ya no-  respondí…  pero no estaba seguro de haber respondido la verdad

Ahora me sentía muy feliz de verlo frente a mi. Tal vez este fin de semana separados me había enseñado a apreciarlo más y a entender que también tengo sentimientos importantes por él

– ¿A las diez? – pregunto Coque sin dejar de abrazarme

– Falta mucho para las diez– me quejé. Se río

– Te eché de menos

– Yo también

Lo callé con un beso. Faltaban muchas horas para las 10… se me iba a hacer eterno el rato.

Un poco antes de las 10 hice el mismo recorrido que había hecho muchas noches anteriores. Con cuidado y en forma sigilosa. Llegué al antiguo laboratorio. Coque no había llegado aún. Me senté en el suelo, ansioso, a esperarlo. Los minutos pasaban y Coque no aparecía… ¿lo habían descubierto?… ¿se había quedado dormido?. Tomé mi celular y le envié un mensaje. “mensaje no recibido” apareció en mi pantalla… ¿tenía el teléfono apagado?… esperé más de media hora. Coque nunca llegó y no tenía forma de saber que le había pasado.   Frustrado y molesto me fui a dormir.

Al día siguiente no lo vi en el desayuno… lo busqué pero no estaba en el comedor. Empecé a preocuparme… ¿estaría enfermo?.  Esperé al primer recreo largo. Estaba bien seguro de que nos encontraríamos en los jardines… era lo que hacíamos todos los días. Salí al jardín y allí estaba él, mirándome fijamente, esperándome. Camine de prisa.

– Hola… ¿Qué te pasó?

Nunca nos tocamos en público pero permanecemos muy cerca uno del otro. Coque retrocedió un paso, alejándose de mí. Solo entonces lo miré detenidamente. Tenía los ojos claros hinchados y su rostro estaba demacrado, sin la sonrisa y la alegría habitual

– Un huracán

Contestó con su voz a punto de llorar

– ¿Cómo?… ¿qué pasa?-

– Me pasó un huracán y me dejó muy mal

– No te entiendo Coque… ¿Qué te pasa?

Me miro con una tremenda expresión de tristeza en su cara

– El huracán Nicolás me pasó por encima… me volteó, me tiró lejos y me dejó sin nada

Me quedé en silencio…sorprendido…  Eso era lo que había pasado. Coque se demoró solo un par de horas en enterarse de lo de Nicolás.

– No fue nada Coque

Lo tomé del brazo, sujetándolo… no podía creer que le estuviera dando importancia a la estupidez que pasó con Nico.

– ¿Nada?

– Ven, salgamos de aquí… tenemos que hablar

Sujetándolo firme lo llevé hasta el antiguo laboratorio. Coque no oponía resistencia, me dejaba llevarlo pero me di cuenta de lo afectado que estaba. Parecía un muñeco sin vida. No podía ser por causa de Nicolás… él no tenía ninguna importancia. Lo senté sobre la mesa del laboratorio y me quede frente a él.

– Coque… Nicolás no es importante

– Se quedó el fin de semana contigo…

– NO, conmigo no, no estuvimos juntos

– Vieron a Nicolás salir de tu dormitorio

Mierda!!!… esto se estaba enredando tontamente. Me sentí un poco agitado… no quería que pasara nada que complicara mi relación con Coque… y Nicolás no tenía ninguna maldita importancia

– Bueno, sí estuvo en mi dormitorio, pero no pasó nada

Que mierda de explicación… hasta a mi me sonó espantosa… necesitaba que entendiera. Levanté su cara y miré sus ojos

– Coque, él no es importante… te lo juro

Me volvió a hablar como si le costara gran esfuerzo hilvanar las palabras

– ¿Tú le enviaste la cesta de frutas? 

Diablos!! ¿Por qué había hecho esa estupidez??… quería impresionar a Nicolás pero no quería mezclar a Coque con eso… no podía mentirle… creo que él ya sabía la respuesta.

– Si… pero…

Por su expresión supe cuanto le había dolido mi respuesta

– Me mentiste… te metiste con él estando conmigo

– No Coque… no entiendes… él no tiene nada que ver con lo nuestro 

Lo abracé fuerte… se quedó inmóvil como el muñeco de trapo que parecía ahora… sin energía… sentí un poco de pánico… no podía estar pasando esto… no lo iba a dejar irse así… era estúpido pensarlo

– Tú y yo somos diferentes… tú eres especial para mí

– Tendrás que explicarme mejor porque no entiendo Daniel…

Su pequeña mano me empujaba hacia atrás. El muñeco había cobrado vida y estaba molesto

– ¿estuviste o no con Nicolás en tu cuarto el fin de semana? 

– Si, pero…

– Solo respóndeme

– Tengo que explicártelo Coque… tienes que escucharme … por favor– estaba rogándole.

Me miro serio, dolido, triste… todo mezclado en su carita pecosa enojada… sentí una pena enorme de estar causándole dolor… él siempre tan alegre, haciéndome sentir bien… no era justo, alguien le había envenenado la cabeza con tonteras que no tenían importancia

– No quiero escucharte ahora Daniel… de hecho, no quiero escucharte nunca

Me alejó un poco más y brincó al suelo. Lo tomé de los brazos. No podía estar pasando esto.

– Coque… por favor 

Respiró tranquilizándose. Pareció tomar una decisión.

– Respóndeme lo siguiente y tal vez te escuche

– Si… dime

– ¿Lo besaste?

Mierda! como iba a explicarle si me estaba preguntando eso. Lo solté y me llevé las manos al pelo, a la cabeza… quería gritar de la rabia que sentía… ¿Cómo iba a entender que Nicolás había sido un juego estúpido?

– Fue un juego Coque… eso fue todo

– ¿Un juego? ¿lo besaste como un juego?

– Fue por Alex… Nico está con Alex… quería molestarlo, desafiarlo, hacerlo sentir mal

Hubo unos instantes de silencio mientras Coque procesaba lo que le había dicho

– ¿Te metiste con Nicolás solo por molestar a Alex?

Preguntó marcando muy bien cada palabra y esperando atentamente mi respuesta… sonaba estúpido, verdad?… Diablos!! Que tonto fui…

– Si… lo siento Coque… no quería herirte a ti… tú no tienes nada que ver con…

– Me das pena Daniel 

Sus palabras fueron un balde de agua fría

– No me vuelvas a buscar

NO, no… no era cierto que estuviera pasando esto… Coque comenzó a caminar decidido… Corrí tras él y lo sujete abrazándolo.

– No me dejes… te necesito… te quiero 

Se quedó quieto mientras lo abrazaba. Luego, despacio pero seguro, sus manos separaron las mías, deshaciendo mi abrazo

– Si me quieres ¿por qué me engañaste?

No se movió… esperando escuchar lo que tenía que decirle

– No fue un engaño… Nicolás no es nadie

Fueron otros tantos segundos esperando lo que tuviera que decirme

– Al menos con Alex sabía que podía esperar… Contigo nunca voy a saberlo… ni siquiera te das cuenta de todo el daño que has causado. Adiós Daniel.

Se alejó despacio, seguro.  No me atreví a ir tras él ahora. Me quedé inmóvil… tratando de entender cómo todo se había vuelto en mi contra de pronto… ¿Coque se había ido de mi lado por lo que había hecho con Nico?… pero…  pero si era un juego!!! Solo trataba de molestar al idiota de Alex… nunca sentí nada por Nicolás, solo era un desafío… en cambio Coque… ¿le dije que lo quería?… me acerqué a la mesa… necesitaba apoyarme en algo… dije lo que sentía, estaba seguro… ¿me había enamorado de Coque?.

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