Miguel Capítulo 37

DANIEL.

Lo único que quería en este momento era que llegara luego el viernes, inicio de las vacaciones, para poder salir de este internado de una buena vez… No es que irme a mi casa fuera el mejor panorama del mundo, pero al menos tendría privacidad y evitaría las miradas de reproche que la mitad de los alumnos del internado me lanzaban. Nico era popular…  todos querían al rubiecito altanero… Alex no me había buscado para pelear o pedirme explicaciones como yo esperaba… aunque había sido peor… había terminado para siempre con Nicolás y se había encargado de contar la historia, remarcando lo estúpido que Nico había sido… Casi sentía ganas de buscarlo yo a él… pero ¿Cómo diablos podía yo defender a Nico??…    

Todo resultó solo en un gran dolor de cabeza que no dejó feliz a nadie…  

Estaba sintiendo el peso de la estupidez que había hecho y también estaba sintiendo la soledad… no me imagine lo mucho que estaba echando de menos a Coque.  No me había vuelto a hablar… ni a mirar… nada… me había borrado de su existencia como si nunca hubiera estado… ¿Qué acaso no me echaba de menos?… porque yo si… si, maldición… lo extrañaba y estaba enojado.   Estaba muy acostumbrado a hablar con él todos los días, a pasar nuestro tiempo juntos. Después de la discusión… cuando me dijo que no quería saber más de mi, pensé que al día siguiente se le iba a pasar y volvería a ser como antes… no me podía imaginar a mi tierno pecoso enojado en serio conmigo. Me equivoque rotundamente.   No se le pasó ni al día siguiente ni ninguna de las veces que intenté hablar con él. De pronto, mi chico dulce y sonriente se había transformado en un bloque de hielo duro…  ¿de dónde le venía esa actitud??… yo siempre lo vi tan cariñoso y dulce… Ahora me ignoraba… completa indiferencia y yo necesitaba de su cariño y su comprensión…

Estábamos en el recreo cuando de pronto lo vi conversando con uno de sus compañeros, cerca del lugar donde normalmente solíamos juntarnos. Dejé a mis compañeros y me dirigí a Coque.

– Hola… ¿podemos hablar?- 

Mierda!! ¿De dónde me salía este tono de voz tan tímido y asustadizo?…

Coque me miró con total indiferencia. Me dolía ver su carita mirarme así

– No

Su amigo hizo el intento de retirarse pero él lo retuvo

– Necesito hablar contigo

– No me interesa lo que tú necesites. Yo no quiero hablar contigo

Se alejó junto al otro chico… había sido así ya muchas veces… no gritaba, no me recriminaba… tampoco me escuchaba ni me dejaba explicarle… aunque no sabía cómo diablos podía explicarle lo que había hecho… solo sabía que quería  que todo fuera como antes… lo necesitaba… lo… (respiré profundamente) si,… lo necesitaba mucho.

Coque tenía un efecto mágico sobre mi y no supe darme cuenta hasta ahora que, con suavidad y dulzura, era finalmente él quien había manejado nuestra relación… estúpido de mi… imagine que era yo solo porque soy más alto y grande… hablo más fuerte y no sonrío tanto…  mientras que él… se ve tan suave, tan dulce, pequeño… siempre creí que era débil y necesitaba de mi protección… ahora me doy cuenta que fue siempre al revés… fui yo el que me cobijé en su cariño y en su dulzura para calmar las heridas con las que llegué sangrando a este lugar… si no hubiera sido por él no sé cómo habría soportado o qué habría hecho para calmarme y desahogar la frustración y la rabia que tenía cuando llegué aquí.

Era martes… faltaban solo tres días para alejarnos por el periodo de vacaciones y no veía que podía hacer para lograr hablar con él… que me escuchara… al menos explicarle que nunca fue mi intención dañarlo… no sé en qué estaba pensando cuando decidí enredarme con Nicolás… no, un momento… eso no es del todo verdad… si sé en quién estaba pensando… en alguien que toma lo que quiere sin importar a quien dañe, estaba intentando ser como Gonzalo… tener a mi disposición todo lo que él solía tener… quería imitar su forma de hacer las cosas… manejar a las personas a mi antojo… pero… pero…Gonzalo nunca tuvo a su propio Coque… de pronto ese pensamiento revolucionó completamente mi mente… era cierto… sentí un chispazo de electricidad recorrerme al darme cuenta de algo muy importante… Gonzalo nunca tuvo a su propio Coque!!! No tuvo un amor de verdad!!! Tuvo cientos… habían chicos diferentes cada noche… pero no había ninguno de verdad… Gonzalo no sabe lo que es amar…  tiene el poder… pero no tiene nada más… Gonzalo no sabe qué se siente tener sentimientos fuertes por otra persona… ni compartir la alegría, las caricias de verdad… Diablos!!! Gonzalo no sabe nada de eso… ¿nunca lo ha experimentado?… no sabe… no ha sentido… ¿Qué era entonces lo que había estado envidiando tanto de mi hermano?… Me alegré… sentí un peso desaparecer… comencé a sonreír…. Después de todo yo había tenido más que él… yo había tenido sentimientos, los había compartido… con Miguel, con Coque… era lindo e intenso sentir de esa manera… no cambiaría lo que sentí y siento por nada del mundo… poder?.. si… él tiene poder, pero ya sé que puedo conseguirlo… aprender a manejarlo… pero Gonzalo nunca había sentido amor…  ¿alguna vez alguno de esos chicos lo había amado?… había tenido sexo con muchos… seguramente seguía teniendo una buena variedad de chicos a su disposición…  pero no era capaz de llegar a sentir emociones… sentir amor… sólo eran relaciones de un rato…  pasajeras, efímeras… dejé de reírme… un curioso sentimiento de pena me asalto… Gonzalo no conocía nada de eso??? no era su culpa… era… era solo que desde chico se había metido a actuar en un mundo de grandes… no había tenido tiempo para ser feliz…  feliz de verdad… enamorarse y compartir su vida con alguien… se me quitó la sonrisa  y por primera vez en mucho tiempo sentí que ya no quería ni necesitaba ser como él… prefería ser a mi manera… no quería una larga lista de “Nicolás” en mi vida… demasiado vacío… triste… quería una lista muy corta de parejas… pero con las que hubieran sentimientos de por medio… volví a reír… estaba alegre… había encontrado una de las respuestas importantes que cambiarían mi vida… ya no quería ser como Gonzalo… no podía ser cómo él… Somos diferentes… para mí los sentimientos son importantes… y quiero que sigan siendo importantes… no quiero vivir teniendo un “Nicolás” diferente cada noche… como Gonzalo… sé que él tiene cualidades valiosas que enseñarme sobre cómo manejar el negocio y todo eso… la forma fría y calculadora en que a veces reacciona… supongo que es importante que aprenda un poco de él…  pero Gonzalo no tiene en su vida algo que para mí es vital… yo quiero y necesito sentir amor…   Sentí nuevas energías en mi… algo estaba cambiando… por primera vez sentí que mi hermano no tenía todo en este mundo y que no necesitaba envidiarlo más.

Con renovadas energías decidí hacer el último intento… no podía dejarlo ir así nada más… mi pecoso… tenía que insistir una vez más. Le escribí la carta más sincera que pude. No la llené de frases cursis ni de ruegos…  en esta carta quise explicarle todo lo que muchas veces me había preguntado pero nunca quise contarle… era difícil escribirlo… pensarlo… recordar todo aquello… le expliqué lo que había hecho y la estúpida razón que me había impulsado a hacerlo… le hablé de mi hermano y de cómo había tratado de actuar imitándolo y me había equivocado. Le escribí lo que sentía por él y lo importante que era en mi vida… como lo necesitaba y extrañaba.

El día jueves, justo antes de entrar de vuelta a clases lo esperé frente a su sala. Entró de los últimos. Venía con otros dos chicos. Me miró y quiso seguir de largo pasando rápido por mi lado

– Coque…

No me importó que el resto de los chicos siguieran ahí… que todos me miraran

– ¿Ahora qué quieres?

No alzó la voz… me miró tranquilo… casi indiferente. Puse la carta en sus manos aunque no quería recibirla

– Sólo léela… por favor

Me miró decidiendo si aceptar o no… solo parecía indiferente… había pena en el fondo de sus ojos. Quise abrazarlo, consolarlo, devolverle la alegría que siempre tenía y ahora había perdido… por mi culpa

– Por favor

Volví a rogar.  Sostuvo la carta en su mano y sin contestarme entró a su sala.

Al terminar las clases me fui a mi cuarto y dormí casi toda la tarde. No tenía ánimos para salir de ahí. Desperté tarde, fui a comer. El ruido de cientos de alumnos hablando al mismo tiempo me pareció odioso. Todos estaban de buen humor esperando el fin del día siguiente… inicio de las vacaciones.    Estaba de mal humor, ansioso… deseando que llegaran las 10 de la noche. Coque no estaba en el comedor.  Lo busqué por todos lados pero no estaba ahí. Volví a encerrarme en mi cuarto. Carlos chateaba en el computador organizando las vacaciones con algunos de sus primos. Aún faltaban dos horas… A las nueve no aguanté más y bajé  a los jardines. Se supone que a esa hora todos deberíamos estar en nuestros cuartos pero yo necesitaba aire… necesitaba saber si Coque iba a venir… se lo había pedido en la carta… solo unos minutos, para hablar, nada más… que me escuchara… las 10 de la noche, en el viejo laboratorio.   Me quedé sentado bajo uno de los árboles grandes del jardín… mi sombra se confundía fácilmente con el tronco del árbol… nadie me molestó mientras esperaba… solo mis pensamientos… Gonzalo… Miguel… ¿Estaban juntos todavía??… ¿Seguía Miguel siendo el juguete de mi hermano… ese que “nadie debía tocar”?… ¿habían sido así todas las relaciones en la vida de Gonzalo?… Miguel… no quería recordarlo… no ahora cuando estaba esperando a Coque… Miguel seguía siendo un misterio en mi vida… y mis sentimientos por él eran fuertes… extraños… no sabía… no quise pensar más.

Entré al laboratorio un poco antes de las 10. Me senté en el suelo a esperar… tenía que venir.

MIGUEL

Tony me llamaba todos los días, tarde en la noche, y yo me sentía agradecido de que alguien se preocupara por mí… era algo nuevo… al principio me pareció incómodo, cargante… quería quedarme a solas con mis pensamientos… tenía mucho que pensar y decidir… la única compañía que quería era la de mi perro…  lo escuchaba en silencio sin hablar mucho pero de poco me fue ganando… Tony sabía cómo comunicarse conmigo… me entretenía, me hacía reír y ahora esperaba sus llamada… me gustaban.  Nos juntábamos un par de veces a la semana, al menos. Salíamos a lugares grandes e importantes… el mejor restaurant, el teatro de moda… un evento importante… lo que Tony acostumbraba hacer… su mundo, pero yo no me sentía cómodo… prefería la tranquilidad y el anonimato de los lugares pequeños y tranquilos, aunque en realidad, lo más importante entre nosotros era tener la oportunidad de conversar… hablábamos directo y sin disfrazar las palabras, así era cómo conversábamos.  Después de lo que le había contado sobre mí, Tony quedó muy impresionado y preocupado…   no sabía quiénes eran las personas involucradas en la historia  de mi vida… si hubiera sabido lo cerca que estaba cada día de quien me había dañado tanto…

– No debes volver a verlo jamás

Fue lo primero que me dijo

Sonaba fácil…  lógico… normal… alejarme de él para siempre y no verlo nunca más… supongo que es lo que cualquier persona con un par de dedos de frente había hecho… Solo que yo no podía hacerlo, tenía un compromiso de sangre, de lealtad… de por vida… estaba metido de lleno en la vida y la familia de Gonzalo… y me gustaba mucho ese lugar que me había ganado al lado de Andrei… pero no tenía por qué mezclar mi vida personal con el trabajo… ambas cosas no eran lo mismo… verdad?

-. Deberías haberlo denunciado… que pagara por el todo daño que te hizo… dejarlo abandonado en una cárcel de por vida

– Yo… yo también tuve mi parte de culpa

Me disculpé… ¿Gonzalo en una cárcel?…

– Pero que dices Miguel!!! Eso no es cierto!!!… no puedes andar golpeando y matando a quienes te engañan… imagínate entonces como estaría el mundo si cada pareja decidiera matar a quien lo engaña!!!

Para Tony resultaba incomprensible… odiaba la violencia. Vivía en un mundo diferente… sentí un poco de envidia… No había violencia ni reglas extrañas en su mundo.  Me callé… no quise explicar más… Tony conocía bien a Lidia… a su familia… no quería decir nada que pudiera hacerlo pensar.  Había reglas que solo funcionaban para nosotros… los que habíamos dejado atrás el mundo de la mayoría… Tony no sabía nada de eso. Tampoco quería que lo supiera. Me gustaba que me tratara como si todo fuera normal… él solo sabía que yo trabajaba con el hermano de Lidia y no relacionaba la historia trágica con él.

– ¿Y qué esperas ahora Miguel?

Cenábamos en un delicioso restaurant…  Tony me miraba expectante

– No sé… estoy bien así… tranquilo

– No puedes estar bien solo… menos aún saliendo de una relación tan tóxica y traumática-

– No estoy solo. Estoy con mi familia

– No me refiero a eso… tu sabes… necesitas compañía, creer de nuevo… darte el tiempo de tener una relación sana, que te haga feliz

Dejé el tenedor y el cuchillo sobre el plato… ¿una relación sana?… sin violencia??… sin miedo??…

– No lo sé…

Me encogí de hombros… no lo había pensado en serio… solo me estaba dando tiempo para mi… solo… acostumbrarme a no tener a Gonzalo a mi lado en todo momento.

– Estas herido, emocionalmente sensible

Tony cruzo su mano por sobre la mesa rozando levemente la mía… no era gran cosa… pero me sentí raro… no retiré mi mano.

– Estoy contigo Miguel…

Me miraba con ternura… sería fácil abandonarme… un amor sin problemas, ni miedos, un amor normal… pensé dejándome llevar por la imaginación…¿cómo se sentiría no tener que estar en guerra todo el tiempo?

– Tengo mucha paciencia, Miguel

Lo sabía… Alguien como Tony… paciente… cariñoso… divertido… diferente… sin presiones… lo miré y sonreí imaginando y pensando… Alguien que me quisiera sin pedirme nada más… sin llevarme al límite cada vez… bajarme de la montaña rusa y transitar por un tranquilo camino pavimentado…

– No sabes lo especial que eres…

– No soy especial… soy común y corriente

Nunca me iba a acostumbrar a que me dijeran cosas así… no me gustaba escuchar que era especial, o bonito…  nada de eso… me sentía incómodo…  no me lo creía tampoco.

– ¿Quieres que te diga lo especial que eres… para mí?

Tony me miraba fijamente… no estaba bromeando.

– No… – negué con la cabeza al mismo tiempo.

Tony pidió dos copas más.

– Déjame intentarlo Miguel… no quiero presionarte pero no quiero dejarte pasar… Quiero enseñarte cómo puede ser diferente

Sonreí mirándolo…  ¿era en serio?… ¿desde cuándo me pedían cosas así a mi?… era extraño escucharlo…

– Yo…

Suspiré pensando… no quería intentar nada con nadie… Gonzalo estaba demasiado presente en mi mente… pero… tal vez estaba actuando como un porfiado… miré detenidamente a Tony… era muy atractivo, elegante… un buen tipo, divertido y me estaba ofreciendo tratarme bien y hacerme sentir cariño… sin exigencias… me quedé en silencio… sin saber qué contestarle aún. La imagen de Gonzalo en mi mente.

– Esta bien… tengo tiempo para conquistarte…- sonrió mirándome con coquetería –voy a quedarme más tiempo en esta ciudad

– ¿En serio? pensé que  estabas a punto de terminar tu trabajo con Lidia e irse a otro lugar del mundo

– Si… así era, pero modifiqué mi agenda… hay algo aquí que me interesa mucho

Su sonrisa era confiada… segura. Creo que Tony estaba dando por hecho que yo iba a aceptarlo… mierda!! creo que yo, por solo un momento, estaba pensando lo mismo…

GONZALO.

La clases en la universidad habían terminado y tenía ahora más tiempo libre en mis manos… Trabajaba más horas que antes y mi padre me estaba dejando a cargo de más cosas aún… estaba bien que fuera así… necesitaba tener más trabajo para no tener esas horas desocupadas. Mis padres se sentían orgullosos de mi… había terminado la universidad y tenía mi título… era el primero en mi familia en obtener un diploma y para mi padre significaba mucho… Su regalo fue grandioso, un cheque con varios ceros a la derecha que me permitía comprar casi cualquier cosa, desde un auto lujoso hasta una casa en la playa…  Lo agradecí y lo guardé… A nada de eso le di mucha importancia… no sé qué me sucedía pero me estaba pasando desde hacía ya muchos días… nada me interesaba mucho, aparte de mis negocios… los de la familia. Me estaba dedicando de lleno al trabajo… solo aquí encontraba cierta paz… me quedaba hasta muy tarde sumergido en las cuentas, proyectos y revisiones… planeando y pensando cuidadosamente… había logrado solucionar varios problemas y organizar cosas que parecían imposibles… era en lo único que encontraba tranquilidad. Andrei me acompañaba la mayoría de las veces, aunque a veces se escapaba… Lidia, por supuesto… ella podía más que su lealtad para conmigo… Miguel no… él se iba cuando ya no quedaba más que hacer… ¿dónde iba? ¿Qué mierda hacía?… ¿solo?… Se lo había prometido… dejarlo tranquilo… no entrometerme… no espiarlo, no seguirlo, no nada… ¿por qué mierda le había prometido algo así?… deje de lado los papeles que tenía frente a mi… me pasaba a cada rato y cada vez más seguido… comenzaba a pensar en Miguel y me desconcentraba totalmente… ¿Qué hacía?… ¿Con quién estaba?… ¿con el imbécil ese de Tony?… Lo había conocido. Fui un día a la tienda de Lidia con un pretexto cualquiera solo para conocerlo… no era entrometerme… solo quería verlo. No le hice nada. El imbécil tenía buen aspecto… elegante y parecía agradable… pero ¿Qué diablos podía hacer Miguel con un tipo así?… ese no sabría cómo tratarlo, darle exactamente lo que le guste aunque ni él mismo sepa que lo quiere… Ese Tony no era alguien capaz de entender a Miguel ni mucho menos de hacerlo feliz.

– Gonzalo… ¿todavía aquí?

Mmi padre estaba en la puerta de mi oficina. Era tarde… casi todos se habían retirado ya.

– Si, ya me voy

– Tu madre te espera este sábado… no faltes. Cena especial

Me hizo un gesto indicándome que mejor no defraudara a mi mamá

– ¿Motivo?

– Tu hermano llega de vacaciones… y vuelve a las oficinas… trabajará contigo durante el verano… quiero que le enseñes

Daniel… Daniel de vuelta y trabajando conmigo… solo eso faltaba para terminar con mi poca cordura… Daniel… recordé las pulseras, la forma en que me gritó que él había sido el primero, como le hablaba a Miguel con ternura… y los golpes que le había dado… mierda!!! Daniel… esto iba a convertirse en un infierno aún peor… ¿Cuánto tiempo necesitas Miguel?… cuanto maldito tiempo…

DANIEL.

Un par de minutos después de las 10 escuché la puerta del laboratorio abrirse… respiré aliviado… agradecido… estaba mirando la hora y pensando que ya no iba a aparecer. De pronto Coque estaba frente a mi… solo… con la carta entre sus manos y su cara de niño bueno algo seria.  Salté del suelo y me quedé de pie frente a él. Se veía lindo

– Viniste…

Alivio y alegría en mi voz

– ¿Qué es lo que quieres explicarme?

Su voz tenía un matiz neutral… ni enojado ni interesado… ¿por qué nunca antes había visto este aspecto de él?… podía ser frío o indiferente… hasta duro pero sin jamás alzar la voz ni  gritar… tenía una clase de poder diferente… me encogí levemente… no quería darle mis explicaciones cuando estaba así… para mí era importante que me entendiera

– Coque… todo lo que hice fue una estupidez

Me acerqué un poco más… quería tocarlo, tomar su mano pero ni siquiera lo intenté

– Eso ya me lo habías dicho-

– Jamás quise  poner en riesgo lo que tenemos… tú eres muy importante..

– Pero lo hiciste… y no solo me heriste a mí sino también a Nicolás- me dijo duramente

– Lo sé…

– ¿Sólo porque querías molestar a Alex?

– Suena muy estúpido, ¿verdad?

– ¿En qué estabas pensando Daniel?

– ¿De verdad quieres saberlo? 

Estaba dispuesto a contarle todo… solo necesitaba saber si le interesaba escucharme

Coque avanzó y se sentó sobre uno de los mesones.

– ¿Ahora vas a contarme todo? 

Me lo había preguntado muchas veces… siempre había querido saber más sobre mí, mi historia y mi familia… pero yo nunca le había contado más que brochazos de mi historia… él me había dicho casi todo sobre su familia, sus hermanos, su pasado… había confiado en mí plenamente.

– Solo si quieres escucharlo

Me senté a su lado pero sin tocarlo… asintió con un gesto.

– Te escucho…-

Comencé de a poco a pintarle la película de mi vida… le hablé de cómo me sentía diferente a mis hermanos mayores… mi padre me trataba diferente… luego llegué a Miguel… desde el momento en que lo conocí y como lo busqué hasta que nos involucramos… hasta la última terrible imagen que tengo de él en mi mente… omití intencionalmente las partes que no creí prudente mencionar… esas que quedan guardadas en cada familia…  le conté de mis ansias de poder y de aprender a manejarlo como mi hermano mayor… las palabras me salían rápidas y atropelladas… ahora que finalmente estaba contándole quería decírselo todo para que me entendiera… Coque mantenía una expresión difícil de leer… pero me observaba atento.

– Quería ser como él… no quería que Alex o nadie se sintiera con el derecho de mirarme y hablarme de esa manera… tendrías que ver como es Gonzalo… nadie se atreve a decirle algo ofensivo… mi hermana es muy parecida

Después de una media hora de hablar sin parar había terminado de contarle. Fue un alivio… compartir todo con él… podía confiar en Coque puesto que él me había contado todo de su vida también.

– Entiendo lo que me estás diciendo… Pero tú no eres así

– Lo sé… me di cuenta recién cuando… me dejaste…  yo ya no quiero ser así… no puedo ser como él… a mí sí me importa causar daño… no me gustó hacerlo y espero no volver a hacerlo nuevamente…

– Yo sé algo de eso Daniel… en mi familia es igual… el poder es algo que uno tiene que aprender a manejar… a veces tienes que dañar a otros para salir adelante o cumplir con algo… pero es un daño justificado… en este caso no tenías por que hacerlo… mejor hubieras ido y golpeado a Alex directamente… me habrías evitado mucha pena… a mí y a Nicolás

Nos quedamos unos instantes en silencio… quería pensar y sentir que me estaba perdonando… tenía miedo de averiguar si tenía o no razón

– ¿Vas a perdonarme?

Ambos estábamos sentados sobre el mesón… sin mirarnos

– ¿Por qué te interesa tanto que te perdone?… no somos nada más que amigos…

– Eso no es verdad… tú sabes que somos mucho más que eso

El silencio volvió por otro momento…

– Te echo mucho de menos…

– No sé Daniel… me sentí como un idiota

– No, perdóname por favor… tú no eres idiota

– Lo sé… sé que no lo soy y por eso odio que me hicieras sentir como si lo fuera… estabas persiguiéndolo a él mientras estabas conmigo… me mentiste

– Coque… Nicolás no tiene ninguna importancia

– También sé eso… pero fue la forma en que me trataste a mí…

– Dime por favor que hago para que me perdones…

Estaba dispuesto a cualquier cosa con tal de volver a tener su cariño… lentamente acerqué mi mano a la suya y la envolví… se sintió muy bien volver a tocarlo y que no me rechazara… suspiré aliviado…

– Mañana empiezan las vacaciones…  mejor lo hablamos de nuevo a la vuelta…

– No… nooo, por favor.. 

¿10 semanas sin verlo ni saber de él?… apreté su mano con más fuerza y confianza. Me bajé del mesón y me paré frente a él… mi pecoso era demasiado bonito para estar tanto tiempo sin él

– Es demasiado tiempo…

Quise buscar sus labios… abrazarlo de nuevo y sentirme acariciado por él… pero movió su cara evitando mi beso…

– Es lo único que puedo responderte ahora… necesito pensarlo bien… 

Me miraba… Coque estaba tranquilo… creo que estaba forzándose a esa tranquilidad… pasé mis brazos alrededor de su cuerpo… no me rechazaba pero tampoco me correspondía… mi frente pegada a la suya…

– Es mucho tiempo Coque… por favor

 ¿Aún sientes algo por… Miguel? 

 ¿Cómo diablos…?… ¿por qué, de entre todo lo que podía preguntarme, tenía que salirme con esto?… amar a Miguel??…  era el juguete intocable de mi hermano…  pero no podía negar que me hacía sentir…

– No quiero mentirte…

– ¿Entonces?

– Fue el primero con el que estuve… no sé lo que siento por él…

Coque se alejó de mí un poco y puso su mano en mi pecho, empujándome

– Entonces está bien que nos demos un tiempo… así tu descubre que sientes por él y yo averiguo que siento por ti

– Eres importante para mi…

No quería esperar tanto… quería volver a verlo y pasar tiempo con él durante las vacaciones… el puerto estaba muy cerca de mi ciudad y podíamos juntarnos         

– Quiero verte en las vacaciones

– No creo que sea posible…  voy a trabajar con mi padre todas las vacaciones… tengo mucho que aprender

Se bajó del mesón y se alejó un poco más

– Yo también voy a estar trabajando con mi familia… pero me daré el tiempo para ir a verte– lo seguí

– No Daniel… deja que pase el tiempo… es mejor

Coque quería irse, terminar la conversación ahora mismo, pero yo no quería que quedara en el aire… tan vaga y sin nada definido. Me acerqué decidido y lo abracé… manoteó tratando de alejarme, pero lo retuve a la fuerza y levante su barbilla para encontrar su boca… se quedo quieto, no correspondió a mi beso… pero lo sentí quebrarse un poco y muy despacio las lágrimas brotaron de sus ojos… me sentí muy mal.

– Nunca quise hacerte daño… a ti menos que a nadie…

Su suave llanto me conmovió… él, que siempre es tan alegre, estaba llorando por mi culpa de nuevo.

– Pero me lo hiciste!!! 

Gritó por fin… ahora estaba sacando su enojo y desilusión… en medio de las lágrimas brotaba la rabia

– Yo te quería Daniel… de verdad te quería!!!

– Tienes que perdonarme… yo sé que aún me quieres

– No… NO!!… aún tengo la imagen de Nicolás caminando tan orgulloso frente a todo el colegio con ese canastillo que le regalaste… Tú!!.. fuiste tú… delante de todos…

– Coque… perdón…yo…

– ¿Cómo crees que me sentí al saberlo?!!!

Tampoco lo había creído capaz de expresar tanta rabia… sé que fue muy estúpido pero me encantó verlo tan furioso… se veía más hermoso que nunca.

– Fui tan tonto

– Si!!! Fuiste un tonto de remate.

Su voluntad se quebró definitivamente y se dejó caer en mi cuerpo… lo abracé fuertemente… Nos quedamos así un rato hasta que se tranquilizó… ambos nos tranquilizamos

– Daniel…

Había recuperado la compostura. Se separó de mi… por el tono de su voz supe que no iba a gustarme lo que estaba por decir.

– Coque… no, por favor

– Tienes que resolver lo que aún tienes pendiente con Miguel… Yo tengo claro lo que siento… cuando sepas lo que quieres, puedes llamarme y hablaremos… ¿está bien?

¿Cómo podía rebatirle eso?… tan pequeño y tan sabio… así era mi pecoso… tenía toda la razón… sabía que sentía algo muy especial por él… me había dicho que me quería y no fui capaz de contestarle lo mismo…  era muy injusto que siguiera insistiendo sin haber aclarado mi mente y mis sentimientos respecto de Miguel… egoístamente quería tener la seguridad de contar con él.

– Está bien – acepté.

Al menos era justo para ambos.

– Nos vemos

Me sonrió con tristeza, se acercó y me dio un beso muy ligero para luego desaparecer rápidamente…

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