Miguel Capítulo 38

Capítulo 38

 

LIDIA

 

Lidia estaba muy contenta. Todos los hombres de su vida estaban cerca de ella ahora… en todo sentido… Andrei, Daniel, Gonzalo, su padre… se enorgullecía de la relación que había logrado “reparar” con Gonzalo, volvía a quererlo y a respetarlo.   Daniel había llegado tarde el día anterior. Ella misma se había ofrecido para ir a buscarlo a la estación. Lo abrazó en cuanto lo vio, traspasándole todo el cariño que había guardado para él y lo llevó de inmediato a la casa. Daniel se veía cansado… el viaje, quizás?.  Aunque hablaban a menudo por teléfono no era lo mismo que verse en persona. Daniel había cambiado y eran cambios profundos. Lo supo en cuanto comenzaron a hablar. Recordaba al Daniel que se había ido de casa hacía varios meses atrás… un niño enojado y asustado, furioso y desesperado… el que había regresado ahora estaba diferente. Más tranquilo y maduro, más silencioso y observador…  pero faltaba la espontaneidad y la dulzura que lo caracterizaban. Lidia trato de averiguar más pero el viaje se les hizo corto. Llegaron a la casa demasiado rápido. Todo fue saludos y abrazos. Claudio, su hermano pequeño no soltaba a Daniel, feliz de tenerlo en casa nuevamente. Su papá llegó también a verlo. El único que no estuvo presente fue Gonzalo. Lidia pensó en llamarlo e insistirle para que viniera… pero recordó que Gonzalo no estaba bien… solo aparentaba estarlo, los demás no lo notaban pero ella si.  Posiblemente necesitaba mucha  energía para ver a Daniel luego de lo que había pasado entre ellos. Gonzalo se había refugiado en el trabajo luego de la partida de Miguel. Solo Andrei lograba traspasar la  aparente frialdad de Gonzalo y conseguir que le hablara un poco de lo que sentía. Con ella no quería hablar del tema ni tampoco sabía bien que podía decirle para animarlo… Le habría gustado poder simplemente acompañarlo… abrazarlo… darle cariño… pero Gonzalo no estaba para compañía ni arrumacos tampoco… no le gustaba que lo compadeciera o sintieran lástima por él… ahora su vida eran solo el trabajo y dormir… no había nada más por ahora. Gonzalo había hecho casi todo lo que ella le había dicho… Había sido paciente con Miguel y habían logrado volver a comunicarse… lo último que le dijo fue que Miguel necesitaba espacio y libertad para decidir… Gonzalo, milagrosamente, se los había dado. Ahora solo quedaba esperar.

 

Lidia tenía, además, otras preocupaciones… una en particular que la estresaba más que las otras… Tony… y Miguel. Sabía que habían estrechado mucho su relación y que se veían a menudo. No tenía la confianza suficiente con Tony como para preguntarle y aunque había hablado con Miguel un par de veces, tampoco conseguía traspasar el muro que este había levantado alrededor suyo. Era amable y educado con ella, cariñoso como siempre…  pero se negaba a hablar o a escuchar de Gonzalo. Rehuía quedarse a solas con ella… Lidia se daba cuenta.

Esperaba, con todas las energías de su ser, que ellos no hubieran iniciado una relación… sería… Dios!! Mejor ni siquiera lo pensaba… Gonzalo no la perdonaría nunca… Para tranquilizarse recordó lo que tantas veces le había repetido Andrei “No sé de qué te preocupas Lidi… Esos dos no pueden estar separados por mucho tiempo… Miguel solo está siendo porfiado y orgulloso”… ojalá ella tuviera la mitad de la confianza que tenía Andrei.

Pensó también que ella estaba distinta… el amor de Andrei era mágico y había sanado con besos y caricias todo el dolor que tenía… se había ido… ya no había más dolor… solo las continuas ansias de más de su amor y su compañía y la tranquilidad de saberse amada y correspondida. A veces sentía ganas de rebelarse y gritarle su amor a medio mundo… se sentía preparada para defenderlo contra todos… pero Andrei la sujetada, la contenía… ella esperaba pacientemente. Por Andrei, ella haría cualquier cosa.

 

Llamó a Gonzalo en la noche, le contó que Daniel había llegado. Escuchó su voz sombría y preocupada al otro lado de la línea.  Lidia se había auto impuesto la misión de acercar a sus hermanos… recordaba el enorme desastre de la última vez… le aterraba pensar que pudieran volver a pelearse… eran sus hermanos, los quería a ambos… entendía tan bien a Gonzalo ahora… amaba a Daniel como si fuera su propio hijo… no quería volver a verlos peleados… ahora no podía tomar partido por ninguno… necesitaba que ambos estuvieran bien… ella estaba bien por primera vez después de tantos años y quería que todos estuvieran igual… sentía que ya no podía decidirse por uno solo de ellos… su corazón no era capaz de tomar partido por ninguno.

Pasadas las siete Gonzalo abrió la puerta de la casa de sus padres. Hacía tiempo que visitaba poco la casa… La primera en salir a saludarlo fue Lidia. Estaban casi todos reunidos en el salón. Lo abrazó con cariño

– ¿Cómo estás? – preguntó solo para él

– Bien

– No tienes que mentirme a mí, Gonzalo

– Esta noche estoy bien Lidia… tengo que estarlo

– De acuerdo… ven. Vamos a saludar

Daniel estaba conversando con su hermano menor pero al verlo fijó su vista en Gonzalo. Se puso de pie… ambos se miraron fijamente. Gonzalo fue el primero en acercarse.

– Daniel… ¿Cómo estás?

Fue a estirar su mano… Daniel se enredó por un segundo… tenía sentimientos tan confusos respecto de su hermano mayor…  por un lado reconocía la vida difícil que le había tocado desde niño, lo que lo hacía ser así como era…  pero por otro lado las fuertes imágenes de la pelea entre ellos volvían a aparecer en su mente una y otra vez… pena, rabia… no terminaba de decidirse que sentir. Estrechó la mano… era la primera vez que se saludaban así, antes siempre fue con abrazos y besos cariñosos…

– Bien… y tú?

– Bien también

Lidia le entregó una copa a Gonzalo y se quedo junto a ellos

– Daniel tuvo excelentes notas

Supuso que la conversación entre ellos no iba a ser fácil… quería llevarlos por el camino de la paz…

– Te felicito Daniel… espero que el internado haya estado bien

En verdad quería saber si el lugar al cual lo había enviado había sido muy terrible.  Daniel lo miró detenidamente… no había rastros de burla en su hermano… estaba preguntando en serio

– Si, fue una buena elección… después de todo. Se cumplió todo lo que me dijiste

Gonzalo recordaba lo que le había dicho… “encontraras muchos chicos con los cuales divertirte”… o algo parecido.  Sin poder evitarlo Gonzalo sonrió… tal vez ya no estaba enojado con él por haberlo enviado lejos… tal parecía que Daniel no había perdido el tiempo… ¿significaba que tal vez iba a dejar a Miguel tranquilo??… Dios!! Suspiro aliviado… No supo la tensión que había acumulado hasta que la sintió desaparecer de sus hombros…  siguió sonriendo de frente a Daniel… el otro comenzó a sonreír también

– Te lo dije

Llevó la copa a sus labios

– Tenías razón

Estaba ganándole la razón y la  tranquilidad… Gonzalo ya no se veía tan feroz…  se parecía un poco al hermano de antes… tenía un largo verano a su lado…

– ¿Qué fue lo que le dijiste?

Preguntó Lidia sintiendo que se había perdido algo importante.

– Nada que quieras escuchar tú

Gonzalo aún sonreía. Le dio un beso a su hermana en el pelo y salió en busca de sus padres para saludarlos. Su semblante era diferente al que tenía al entrar.

– ¿Qué fue eso? – preguntó Lidia a Daniel sin terminar de entender que era lo que había pasado

– Nada que tú quieras saber

Lidia se quedó en el más absoluto desconcierto… se habían puesto de acuerdo hasta para responderle lo mismo??!! Estaba aliviada… parecían haber hablado sin problemas pero la habían dejado fuera… idiotas!! ¿Qué les pasaba??!!!

– ¿Ya estamos todos?- preguntó su mamá entrando al salón del brazo de Gonzalo

– No… aún no – respondió el padre.

Todos lo miraron esperando una respuesta… nadie sabía de qué hablaba… la cena de los sábados siempre era algo familiar…. Muy rara vez había algún invitado. El timbre sonó en ese momento. El menor fue a abrir pero el padre lo detuvo.

– Yo abro, Claudio- dijo con toda su autoridad.

Eso provocó aún mayor misterio… se quedaron en silencio en la sala… en espera de resolver sus dudas sobre el misterioso invitado. Escucharon los pasos antes de verlo. En el marco de la puerta de la sala estaba Andrei, vestido con un impecable terno.

– Estoy seguro que conocen a nuestro invitado

 

Lidia cayó sentada en el asiento que estaba más cerca de ella. Gonzalo sonrió satisfecho… por fin…  aceptado plenamente de vuelta. Miró a su hermana… ella estaba haciendo un gran esfuerzo para no llorar. Esta vez quiso ser él quien estuviera a su lado. Se acercó y pasó el brazo sobre su hombro dedicándole una leve sonrisa…

– Todo está bien Lidia… tranquila– le dijo despacio, solo para ella. Lidia estiró su mano y acarició la de Gonzalo… agradecida de saber que estaba a su lado.

Daniel y Claudio gritaron y corrieron a saludar a Andrei, lo mismo que su madre… lo querían mucho, había sido de la familia por tantos años.

Fue una cena diferente y alegre. Daniel y Gonzalo no volvieron a hablar, pero el hielo se había roto entre ellos de una manera totalmente inesperada. Quedaba mucho por arreglar pero al menos ya habían dado el primer paso, tenían todo un verano y, quizás, hasta la voluntad para arreglar la situación entre ellos.

Lidia fue la única que estuvo distinta durante la cena… ella, que siempre tenía mucho que hablar y opinar, optó por quedarse tan callada y tranquila que estaba irreconocible… posiblemente aún le costaba asimilar que Andrei estaba en su propia casa, cenando con su familia… todos en la misma mesa… se veía tan bien… Voy a matarlo…pensó, sintiendo chispazos de electricidad, risa, deseo y ganas de gritar… Andrei debería haberle advertido y no tomarla así de sorpresa… en verdad iba a matarlo… no, posiblemente no… estaba demasiado feliz y si estaba callada era solo porque al abrir la boca iba a comenzar a llorar y no podrían detenerla ni calmarla.

 

DANIEL

 

El fin de semana pasó rápido. Me dediqué más que nada a descansar, jugar videojuegos con Claudio y dejarme consentir por Lidia y mi mamá. Tuve muchas ganas de llamar a Coque… pero no sabía que decirle más que volver a repetirle que lo echaba de menos… Nada había cambiado hasta ahora… solo que seguía extrañándolo mucho. No lo llamé, pero pensé en él y en lo que habíamos hablado.

 

El lunes temprano partí con mi padre a la oficina.

 

– Gonzalo se encargará de enseñarte este verano – estaba comunicándome su decisión.

 

Guardé silencio. Acepté callado. Sabía que tenía muchas cosas que aprender de él. Intentaría no causar problemas y… llevarme bien. No sabía si lo había perdonado por todo el daño que me causó… pero ya tendríamos ocasión de hablarlo… no estaba dispuesto a dejar pasar el tema. Necesitábamos conversar de aquello.

 

Llegamos temprano y me fui directamente a su oficina. Me sorprendió encontrarlo detrás del escritorio y con aspecto de llevar bastante rato trabajando. Se puso de pie al verme. Fue instintivo en ambos… olvidamos el estúpido saludo protocolar anterior y volvimos a saludarnos como siempre…

– Será mejor que te pongas listo Daniel… no soy muy paciente, pero voy a tratar de enseñarte lo mejor posible. Cuando no entiendas algo pregúntamelo… primera regla, no decidas nada sin consultarme… ¿entendido?

– Si, de acuerdo 

– Te convertirás en mi sombra. Las preguntas me las harás cuando estemos a solas y si algo no te gusta te quedarás callado… ni siquiera un gesto…  puedes decírmelo después pero jamás delante de mi gente

– Entiendo… tengo una pregunta

– Dime

– ¿Por qué hablas de “mi gente”… diferente a la de papá?

Gonzalo me miro y respiro profundamente. Levantó el teléfono y pidió dos cafés. Creo que mi pregunta era más importante de lo que supuse

– Papá y yo trabajamos en áreas separadas… sus negocios son diferentes a los míos, aunque siguen siendo de la misma familia

– ¿Y cómo están separados?

Calló hasta que salió la secretaria luego de dejar los cafés sobre la mesa.

– Bien Daniel… los negocios de papá son sobre artículos o propiedades comunes, fáciles de adquirir, todos tienen un registro, es fácil saber sobre ellos, pagan impuestos, tienen garantías y hay caras visibles para cada uno de ellos… un gerente, un vendedor…

– ¿Y los tuyos?

– Nada de eso

Me tomé un momento para procesar toda la información que me estaba entregando

– Pero… eso… no es legal

Gonzalo me miró sin alterarse en lo más mínimo… yo lo miré esperando que me dijera que estaba equivocado. El se quedo en silencio esperando mi reacción. Creo que mi boca se abrió sola de asombro.

– ¿Tenemos negocios ilegales??!!

Casi grité… no cabía en el asombro

– Un momento… “tenemos” es demasiada gente. YO tengo negocios… diferentes… especiales…  Por alguna razón papá quiere que tú aprendas sobre ellos… pero no te creas con derecho a meterte en ninguno de mis negocios… solo voy a enseñarte

Miré a Gonzalo de nuevo con ojos diferentes… ¿acaso nunca iba a dejar de sorprenderme?? Tengo que reconocer que estaba un poco choqueado pero más que nada muy curioso sobre que era exactamente lo que manejaba mi hermano

– Y… ¿en qué consisten tus negocios?

Sonrió con un leve aire de suficiencia. Me dio un breve pincelado del tipo de negocios que efectuaba, donde y el alcance que tenía… mi boca volvió a abrirse varias veces… Gonzalo movía mucho dinero y mucha gente… en muchos lugares diferentes… no solo dentro del país sino también fuera… ¿cómo lograba hacer todo eso?… me di cuenta que tenía mucho más que aprender de él de lo que había pensado… sorprendido otra vez.

– ¿A quién le respondes?

– Solo a papá

– Y tú gente… ¿qué tipo de gente trabaja contigo?

– Quieres saberlo todo de inmediato, eh?…- se bebió el café rápidamente – Son todos especiales, yo mismo elegí a cada una de las personas que trabaja directamente conmigo. Confió en ellos

– ¿Cuántos son?

– Tranquilo Daniel… ya vas a conocer a la mayoría de ellos…

Sus ojos se clavaron en mi… estudiándome… no supe que estaba intentando decir o ver al mirarme de esa manera

-¿Qué pasa?…- me miraba demasiado insistentemente

– De hecho ya conoces a dos de ellos

Había algo extraño en su voz

– Si?

Mi entusiasmo fue inmediato… pensé rápidamente… Andrei!!, por supuesto… no supe quien más

– Andrei?

Asintió con la cabeza

– Es mi mano derecha

– ¿Quién es el otro?

– Miguel

Nos miramos en silencio… la fuente directa de nuestra pelea de hermanos… celos y rivalidad…  ¿Miguel trabajaba con Gonzalo?… ¿Qué diablos había sucedido aquí?…¿Miguel..??? quería hablar pero estaba atragantado con esa última información… habíamos llegado a este tema demasiado rápido y demasiado brusco…

– ¿Miguel trabaja contigo?…- traté de razonar

– Trabaja directamente con Andrei, pero si, trabaja para mí

Gonzalo ni siquiera parecía incómodo con el tema.

– ¿Quieres explicarme cómo es que… Miguel está trabajando contigo?

– No… no hay nada que explicar. Es bueno en lo que hace y punto.- tajante, cortante.

Nooo… había mucho que explicar aquí… muchísimo

– Gonzalo… estoy tratando de entender… con calma… pero necesito saber un poco más…

– ¿Por qué? – se puso de pie… de pronto se veía amenazante- ¿aún te interesa Miguel?

Bueno, habíamos llegado a la causa del problema en menos de media hora de conversación… mejor aclararlo desde el principio, no? Gonzalo había perdido todo rastro de simpatía y me miraba estudiando cada detalle de mi reacción.

– ¿Sigue siendo… todavía…?

Diablos!! ¿Cómo le preguntas a alguien si todavía tiene el mismo juguete sexual???

– ¿Sigues con él?

– Eso, a ti, no te importa

Dejó la protección detrás de su escritorio y se quedo de pie a mi lado. Me puse de pie también. Él seguía siendo más alto que yo…

– Sí me importa… dijiste que no tocara tus juguetes, no?… dime entonces si sigue siendo tu juguete para saber que hacer

Mi  tono de voz también se volvió más agresivo… un poco insolente.

Gonzalo respiró agitado, muy cerca…  muy molesto… conteniéndose, sentí su agresividad. Su mirada me taladraba pero no me empequeñecí ni en lo más mínimo… mejor dejar las cosas claras desde el principio

– No… ya no- Seguía muy enojado

– Bien… entonces ahora ¿sólo trabaja para ti?

– Miguel ha cambiado mucho Daniel… ya no es el juguete de nadie… que no se te olvide. Quiero que lo dejes tranquilo

– ¿Me estas prohibiendo hablar con él?

¿Qué diablos había pasado aquí?… ¿Por qué Gonzalo estaba conteniéndose?… ¿sólo su empleado? A la mierda con eso… Gonzalo estaba gritándome con su actitud y sin palabras que era mucho más que su empleado… no entendía nada de nada…

 

 

GONZALO

 

No podía volver a perder el control nunca más, ni con Daniel ni con Miguel ni con nadie… era una de las cosas que había aprendido y no iba a dejar que pasara de nuevo… Había puesto mucho en juego la última vez que me dejé llevar por mis más bajos instintos… pero por Dios que me estaba costando ser fiel a mis principios…. Retorcidos y todo… pero tenía que respetar lo que le había dicho. No teníamos un compromiso… Miguel y yo no éramos nada más que jefe y empleado en estos momentos… no iba a explicarle nada más a Daniel, ni lo que sentía ni lo que estaba esperando…  quería verlo lo más lejos posible de Miguel…  Volví a preguntarme como mierda había logrado Miguel convencerme de prometerle lo que prometí…

– No… no te lo estoy prohibiendo. Sólo quiero que no lo distraigas de su trabajo – que no te acerques ni a un metro de él, que no se te ocurra tocarlo ni mucho menos sonreírle…que no respires el mismo aire que él respira… que jamás vuelvas a mirarlo…

Daniel no llevaba ni una hora en mi oficina y ya había logrado hacerme perder la paciencia… dejarme preocupado y alterado pensando… supongo que le había dado autorización para que hablara con él… mierda… ¿todavía le interesaba?… ¿Qué hay de los chicos que conoció en el internado?? Cerré los ojos y respiré calmándome. Definitivamente no quería seguir hablando de Miguel con Daniel… Mi hermano… este mocoso chico y curioso frente a mi había sido el primero en llevar a Miguel a la cama… el primero en tener sexo con él… no tenían una relación cualquiera… los lazos entre ellos eran importantes. Odié los celos… odié sentirlos… tan baratos y mezquinos… tan corrientes… tan fuertes.

Borré todas las imágenes que se aparecían en mi mente.

Trabajo Gonzalo… concéntrate en el trabajo.

– Pon atención a lo que te voy a explicar

No volvimos a tocar el tema… la relación quedó algo tirante pero de a poco nos fuimos relajando al ir dejándolo atrás… ambos sabíamos que no habíamos cerrado el capítulo de Miguel, pero al menos habíamos superado una etapa y ninguno había perdido el control ni nos habíamos dañado… eso no evitaba que quisiera patearle el trasero de todas maneras. Daniel estaba diferente… quizás, después de todo, le había hecho bien irse a ese internado. Se veía más maduro y directo… ya no era un niño fácil de manejar. Hablaba directo, mirando de frente… Se había atrevido a enfrentarme. Supongo que tendré que acostumbrarme a este nuevo Daniel. Sólo espero no tener que alejarlo a patadas nuevamente…

Nos metimos de lleno en el trabajo. No hubo tiempo para conversar nada más personal y creo que ninguno de los dos quería hacerlo tampoco.

Le expliqué brevemente lo que estaba haciendo en ese momento, a qué tenía que poner atención y cómo debía hacer lo que le estaba pidiendo.  Daniel entendió de inmediato. Era rápido. Me sorprendió la facilidad con la que podía meterse de lleno en el trabajo. Sus preguntas eran inteligentes y lógicas. La mañana pasó de prisa.

 

Pasado el mediodía, Andrei apareció en mi oficina. Necesitábamos conversar de algunos temas pendientes… Se saludaron cariñosamente con Daniel y él se quedó escuchando nuestra conversación. Me costaba seguir el hilo de lo que estábamos hablando… Miguel estaba en el edificio… ¿Dónde estaba?… afuera de mi oficina?… posiblemente no… en el lobby?… estacionamiento?..  ¿Por qué la urgencia de verlo? Era a raíz de la conversación con Daniel?

– Ya está claro. Lo solucionaremos dentro de la tarde

Siempre me bastaban pocas explicaciones con Andrei… nos entendíamos muy bien y muy rápido.

– ¿Van a almorzar?

Andrei se dirigió a ambos.

– Almorzaremos más tarde – respondí presintiendo el problema e intentando inútilmente tapar el sol con un dedo

– Voy contigo – contestó Daniel.

Me miró desafiándome…sabiendo de qué se trataba

– Mierda!! – murmuré demasiado fuerte. Dejé los papeles de lado – Vamos – No pensaba quedarme cruzado de brazos… al menos que sintiera mi presencia…

Daniel sonrió levemente… iba a ser un largo verano.

 

ANDREI

La extraña atmosfera en la oficina de Gonzalo era tan tensa que se podía cortar con un cuchillo y Andrei la sintió nada más entrar. Gonzalo le había contado todo tiempo atrás, todo el problema y enredo… cómo había sido la discusión y golpiza con Daniel… pero durante la cena en casa de Lidia la relación entre los hermanos parecía… normal??. Él conocía a Gonzalo perfectamente y durante la cena había estado tranquilo. Muy diferente a como se veía ahora. Los ojos de Gonzalo volvían una y otra vez sobre Daniel, estudiando sus movimientos y aprendiendo sus nuevas características… quería mantenerlo bajo control, eso estaba claro nada más verlo… pero tendría que hacer un serio esfuerzo, Daniel no parecía el tipo de persona que se deja manejar tan fácilmente… era su hermano… no su empleado… aunque… Gonzalo estaba en su terreno, en donde mejor sabía moverse y el apoyo de su padre hacia Gonzalo era totalmente incondicional … Daniel tendría que aprender.  Pero el tema aquí, entre ellos, era otro… el tema era Miguel.  Andrei miró dos veces seguidas a Daniel recordando lo que Gonzalo le había contado… lo que tanto lo había enfurecido… ¿Daniel había sido el que le había robado la exclusividad con Miguel??… casi sintió ganas de reír… era poco más que un niño… aAndrei no le cupo duda alguna de que si eso había ocurrido había sido idea de Miguel… absolutamente seguro de ello. Buenos, sus motivos tendría… pero definitivamente había sido la cabeza de Miguel la que decidió eso… le habría gustado poder preguntarle cuales fueron sus razones… pero era entrometerse demasiado.

Preguntó por el almuerzo a propósito… la tensión entre los hermanos se sentía… Miguel y Daniel juntos nuevamente… quizás si él estaba presente lograría suavizar un poco las cosas… manejar mejor la situación… Gonzalo no debía perder el control, él podía ayudarlo… Miguel normalmente le hacía caso y Daniel… Daniel era hasta ahora un misterio… hace unos años atrás Andrei manejaba perfectamente al niño que era Daniel, pero ahora… no sabía bien qué esperar… en todo caso, tenía la seguridad que su presencia ayudaría a suavizar la tensión… además… bueno, se lo había prometido a Lidia… Dios!! Esa mujer lograba hacer cualquier cosa con él… ¿cómo fue que terminó aceptando… prometiéndole que no dejaría que los hermanos pelearan nuevamente?? Ah..si… ya recordaba… fue esa nueva ropa interior… de dónde sacaba cosas así tan…

– Andrei

La voz de Gonzalo lo distrajo de sus pensamientos. Estaban llegando a la planta baja. Las puertas del ascensor se abrieron. Gonzalo lo vio inmediatamente. Estaba sentado de espalda a ellos, leyendo… cerca de los ventanales del edificio.  Daniel se alejó de ellos rápidamente para acercarse a Miguel… también lo había visto. Se paró a su lado, sonreía entusiasmado, anticipando la sorpresa… a un par de metros de distancia. Miguel levantó la cabeza al sentirse observado… sus ojos se abrieron desmesuradamente.  En un gesto instintivo se llevó la mano al rostro para quitar los mechones de pelo de sus ojos…

– Daniel??!!- la sorpresa había sido total…

Dejó el periódico y se puso de pie… también había una suave sonrisa en su rostro, sus ojos brillaban de emoción, al igual que los de Daniel. Daniel acortó la distancia entre ellos y sin dudarlo, abrió sus brazos para estrecharlo en un abrazo… Miguel estaba un poco confundido… No esperaba ver a Daniel ni tampoco esperaba ser abrazado… pero le agradó mucho… extendió sus brazos y lo abrazó de vuelta… Daniel estaba bien, se veía bien… respiró aliviado.

– ¿Cómo estás?- Daniel hablaba atropellándose, sonreía con verdadera alegría – supe que trabajas con Andrei… voy a estar aquí todo el verano… ¿tu familia?…

No lo soltaba, su mano seguía sosteniendo a Miguel del brazo en un gesto cariñoso y a la vez posesivo. Miguel bajó la vista… sonreía algo avergonzado… Estaba feliz de verlo pero recodaba su último encuentro… ahora que lo veía desde lejos le resultaba muy vergonzoso recordar cómo había sido aquello

– Bien… trabajo con Andrei… me gusta… ¿cómo estás tú?… no esperaba encontrarte… Calló… su rostro cambió. Se quedo en completo silencio… Gonzalo los miraba directamente tan solo a unos cuantos metros de distancia, los ojos fijos en ellos y el rostro imposible de leer.

– ¿Dónde quieres almorzar?- lo distrajo Andrei.

Gonzalo no quitó sus ojos de Miguel… escuchó claramente la pregunta de Andrei y adivinó la intención tras la pregunta

– Vamos a un lugar donde sirvan un plato venenoso– contentó sin sonreír, los ojos aún sobre ellos.

– Entiendo tu idea, pero no, creo que mejor vamos al restaurant de siempre

– No tengo hambre

– Lo sé, pero vas a venir igual, verdad?

Andrei comenzaba a caminar… Gonzalo por fin se movió siguiéndolo

– ¿Qué estás haciendo Andrei?-

– Tengo instrucciones de evitar que se vuelvan a pelear

Caminaban hacia la salida… Daniel y Miguel aún no se movían… seguían hablando

– Tus únicas instrucciones son las que te doy yo- respondió molesto

– Dile eso a tu hermana

Antes de salir del edificio Andrei se volvió y llamó a Daniel y Miguel… ambos comenzaron a caminar hacia ellos… no dejaban de hablar poniéndose al día de sus respectivas vidas. Se notaba la familiaridad y la cercanía… sobre todo en Miguel que normalmente no compartía con muchas personas y era arisco y distante… pero con Daniel era diferente… le permitía acercarse, invadir su espacio privado, sonreírle y hablarle con los ojos chispeando de alegría.

Caminaron un par de cuadras hasta el restaurant, Andrei y Gonzalo delante, seguidos de los menores varios metros más atrás que hablaban y reían… Gonzalo no volvió a hablar ni se giró a mirarlos. Cuando estuvieron los cuatro cerca, Gonzalo fijo nuevamente su vista en Miguel

– Hola – murmuró Miguel apenas dirigiéndose a Gonzalo… algo cohibido… sintiéndose extraño… No estaba haciendo nada malo pero se sentía como si estuviera. Gonzalo contesto con un sonido tan leve como el que había hecho él.

Daniel se sentó y lo tiró del brazo para sentarlo a su lado… juntos volvían a ser dos adolescentes… hablaban y sonreían como tales.  Fue Andrei el que salvó la situación, preguntando a Daniel sobre el internado, sus notas y otros pormenores… introducía algunas frases en la conversación…  intentaba crear una atmosfera donde los 4 pudieran hablar, pero Gonzalo permanecía en un obstinado silencio. Solo le dirigió un par de frases a Andrei relacionadas con el trabajo.

En verdad era casi imposible que pudiera expresar una frase lógica en ese momento… lo que estaba viviendo le quemaba por dentro, sostenía el tenedor y el cuchillo apretándolos entre sus dedos con demasiada fuerza. La familiaridad entre ellos dos… la facilidad con la que Miguel le hablaba y le sonreía a Daniel… se enredaban hablando al mismo tiempo… se tocaban casualmente… estaban demasiado cerca… compartían recuerdos que no lo incluían… puedo con esto, pensó Gonzalo… puedo con este par… solo espera a que vuelva a tenerte en mis brazos… voy a cobrarte cada una de estas…

 

Miguel había bajado un poco de revoluciones… le alegraba mucho ver a Daniel, quería reírse y hablar con él como lo había hecho siempre… pero la mirada de Gonzalo se lo impedía… ni siquiera tenía que mirarlo para saber que estaba sobre él… podía sentir sus ojos… sabía, tan claro como el agua… sabía lo que Gonzalo estaba sintiendo… él tampoco se sentía cómodo… hubiera preferido encontrarse con Daniel en otro lugar, en otras circunstancias… sin Gonzalo cerca… poder hablar y sonreír tranquilo… Daniel no paraba de hablarle y preguntarle…

Muy pronto el almuerzo llego a su fin. Andrei y Miguel tenían trabajo que hacer, ellos también.

– ¿Tienes el mismo teléfono?- pregunto Daniel a Miguel

– No… ya no

Ese celular había quedado roto y en mil pedazos por la furia de Gonzalo…

– Dame tu número

Miguel evitó la mirada de Gonzalo al darle el número. Daniel tecleo rápidamente en su celular. Se despidieron. Andrei y Miguel se alejaron primero. Gonzalo y Daniel volvieron caminando en silencio a las oficinas.

“Estoy actuando como un idiota”… pensó Gonzalo mientas caminaban de vuelta… “Él sabe que es mío… no importa todo lo que diga o haga… ese mocoso es mío y ambos lo sabemos… es sólo que… me estoy cansando, Miguel… me estoy cansando de esperar”.

 

Daniel caminaba siguiendo el ritmo apurado que marcaba Gonzalo… estaba, si era posible, más desconcertado ahora que hace un rato atrás… Había conversado con Miguel… estaba diferente… estaba lindo… muy lindo… más hombre, más atractivo…  le dio gusto verlo, pero había mucho más que eso. Miguel había cambiado, tal como él… le gustaba mucho más el Miguel de ahora, tenía un aura de misterio, de decisión… aunque era menos espontaneo y alegre… quería volver a conversar con él y ser amigos como antes… pero… ¿Qué demonios pasaba con Gonzalo?… él no era estúpido aunque no se necesitaba ser un genio para ver lo obvio… había notado cada una de las miradas fijas de Gonzalo sobre Miguel… tenía claro que Gonzalo estaba molesto porque ellos estaban hablando… pero luego… las reacciones de Miguel?? Gonzalo parecía dominarlo solamente con la mirada… ¿seguían siendo pareja??? ¿Qué clase de comunicación había entre ellos?… ¿Qué tipo de relación?.. ¿Por qué Gonzalo le dijo que solo eran jefe y empleado cuando claramente no eran solo eso???… AAhhh Diablos!!! Se moría de la curiosidad… quería saber que terreno estaba pisando… lo llamaría más tarde… tenía muchas preguntas y quería saber las respuestas… además,  Miguel estaba más lindo que antes…

 

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