M&M 12

Capítulo 34.

Maximilian sintió que algo rozaba su pierna y perturbaba su sueño…  no… no quería despertar… estaba muy cómodo… la movió para  alejar lo que fuera que lo molestaba…

Tuvo un instante de lucidez cuando algo volvió a tocar la piel sobre su estómago.

Abrió los ojos bruscamente sintiendo que todo estaba mal…

Adamir lo miraba fijamente de pie al borde de la cama.

Tenía una fusta en su mano.

La pasaba lentamente sobre el cuerpo de Max… dejando un estela fría.  Trago saliva… una fusta…

Sus ojos dorados lo miraban fijamente, serio… imperturbable… gélido.

Max ni siquiera se atrevió a respirar. Algo enorme y glacial le recorrió el cuerpo… miedo…  lo miró y al instante desvió sus ojos… ¿qué había hecho?

– ¿Sabes qué hora es Maximilian?

Hora??… no..… No tenía reloj cerca…  sintió que desesperaba… debía ser muy tarde…  miró hacia la ventana y vio que afuera estaba oscuro… mierda, mierda.. mierda. Se había quedado dormido!!!¿cómo pudo ser tan descuidado?…

Estaba tendido en la cama, solo con sus bóxer y apoyado sobre uno de sus codos…

Adamir continuaba moviendo la fusta sobre su cuerpo… muy lentamente…

– Desobedeciste mi orden

– Lo siento, amo. Quería descansar, solo unos minutos

Esta vez la palabra “amo” salió sin ningún problema de su boca…

¿Tenía sentido explicarle que estaba exhausto? ¿Qué su cuerpo estaba adolorido? ¿Qué mentalmente no descansaba ni un instante?… sintió la fusta deslizarse en su brazo… inmóvil… helado… no pudo seguir hablando… sabía que lo castigaría sin importar la explicación que pudiera darle.

– Me has decepcionado. No estuviste listo para tu amo

Max era valiente… pocas veces sentía miedo de la manera en que lo sentía ahora… no se atrevía a replicar… a pelear o a defenderse…  la forma en que Adamir lo miraba y se movía le indicaba que estaba muy molesto con él…   era injusto!! Solo quería descansar…  

– Ponte de pie

Lo miró queriendo suplicar… sabía que lo iba a castigar… NO!!! era la primera vez que se olvidaba de algo!!! Y era solo porque estaba cansado!!!… no fue intencional…

Apoyó ambos pies en el suelo. Sus rodillas no estaban tan firmes como de costumbre… quería hablarle pero en verdad no se atrevía…  cientos de imágenes terribles pasaron por su mente.

– Ven conmigo – álgido… distante.

– Amo.. yo..

El Amo se volvió bruscamente y le dedicó una mirada que lo hizo tragarse todas sus palabras e intenciones. Estaba enojado.

Adamir se adelantó a él y caminó sin mirarlo, hasta llegar frente al  mueble donde guardaba todos los instrumentos.

Max lo siguió en silencio pero temblaba. Odiaba esa zona del dormitorio… la camilla le producía pavor… volver a sentirse amarrado en ella le hacía querer salir corriendo aunque le costara al vida… era más de lo que podía aguantar… su corazón latía tan fuerte… lo sentía en la garganta…

– Desnúdate- ordenó

Le temblaban las manos… tuvo que sujetarse de la camilla para poder hacerlo de prisa… una vez que estuvo desnudo se sintió más vulnerable. Dobló la prenda de ropa como le había enseñadoAdamir y la dejó sobre un mueble. Su cara reflejaba la aflicción que sentía…

– Posición de exhibición, esclavo

No lo miró. Solo habló claro y fuerte mientras abría las puertas del closet y buscaba algo…  tan seguro de que Max obedecería

Max estaba a punto de gritar… desmayarse o morir… no podía manejar el temblor interno que sentía, el grito desbocado de miedo que rugía en su garganta… sus ojos buscaban frenéticamente una solución… Adamir estaba casi dentro del closet… no lo estaba mirando…  lo pensó seriamente… ¿tendría seguro la puerta?… si corría y conseguía abrirla y luego escapar… escaparía de los guardias… de todos… correría por su vida… ¿qué más habría al otro lado de la isla?… ¿viviría alguien más en este lugar?… su cuerpo se estaba acomodando para comenzar a correr…

– No se te ocurra

Adamir ni siquiera se volvió a mirarlo… le habló desde donde mismo estaba… lo hizo quedar congelado… ¿cómo se había dado cuenta?… el desconcierto lo hizo perder todo el aplomo que había alcanzado a juntar

– Me está molestando más que no obedezcas de inmediato

Max apretó todos los músculos de su cara dándose cuenta que estaba vencido… respiró muy de prisa… ¿Qué iba a ser de él ahora?… Dios!!.. ¿Qué diablos iba a hacerle ahora?…  Dejó caer las rodillas al piso casi derrumbándose… exhibición… tenía que recordar la maldita posición… su tronco recto, las caderas hacia adelante exhibiendo sus genitales… levantó sus brazos para entrelazar sus manos en la nuca… su boca y ojos muy abiertos… se sentía tan vulnerable e indefenso… en manos de un hombre enojado…. Un hombre peligroso.

Adamir salió del closet sosteniendo algo.  Max bajó la cabeza de inmediato… quería ver pero tenía más miedo de seguir desobedeciendo…  Adamir se detuvo muy cerca de él… Max tenía todos sus sentidos en alerta… lo escuchó moverse y un ruido que parecía algo metálico… cadenas??.. No..noo… iba a encadenarlo..

La mano de Adamir tiró fuerte de su pelo hacia atrás exponiendo su piel. Sintió que le ajustaba algo frío en el cuello… olor a cuero… un collar de cuero con sonidos metálicos.

Adamir medía el tamaño del collar en el cuello de Max. Lo ajustó bastante apretado y trabó la hebilla con un candado. Lo observó un momento. Se dio cuenta del temblor en el cuerpo de Max…

Estaba bien que temblara. Que tuviera miedo.

Estaba muy enojado y se lo haría pagar caro.

Jamás un esclavo había despreciado de tal forma una orden suya. Quedarse dormido no estaba permitido. Era una clara muestra de desconsideración y subestimación del poder de su amo. No toleraba que Max minimizara su poder… como si en realidad no le importara tener un amo y deberes para con él. ¿Qué era lo que pretendía Maximilian?? ¿lo hacía a propósito?

Esta vez se había equivocado gravemente. ¿Quería guerra?… pues ya la había encontrado.

Del collar pendía una cadena. La tiró bruscamente obligándolo a moverse. Cuando Max se fue a levantar, Adamir estiró su pie y lo empujó fuertemente hasta que lo dejó tendido en el suelo. Su pie se mantuvo sobre la espalda desnuda de Max.

– Los animales no caminan en dos patas-

Volvió a tirar de la correa. Max estiró su cuello lo más posible para evitar el brusco dolor. Como pudo, comenzó a seguirlo afirmado en su manos y rodillas, torpemente, completamente desnudo.

Adamir avanzó rápido por el dormitorio hasta la puerta. Sostenía la correa de cuero en una mano y la fusta en la otra. Se notaba toda la tensión en su cuerpo…

Max hacía todo lo posible por seguirle los pasos. Cuando lo vio cruzar la puerta y salir, creyó que moriría de la impresión. Escondió su rostro y siguió avanzando, cual perro al lado de su amo.

Es de noche”… pensó..” no debe haber nadie

Se movía de prisa en sus manos y rodillas a pesar de las molestias y rasmilladuras que se iba dejando en la piel. Se sentía expuesto y vulnerable.  Quizás la vergüenza no era el factor principal en ese minuto… era, si, la rabia que estaba acumulando…

“Debí correr” fue su último pensamiento antes de cruzar la puerta de un lugar al que no había entrado nunca. Solo lograba ver el cuidado piso. Una nueva puerta y ruido de otras personas que llamó poderosamente su atención. No pensó en que alguien más lo vería tal como estaba…  “Hay más personas”… casi le produjo alegría. Mas personas siempre significaban una esperanza de encontrar alguien cuerdo en este gigantesco manicomio… significaba que Adamir no se atrevería a castigarlo delante de otros… no sería capaz… alguien lo ayudaría…

Aun con la cabeza gacha movió sus ojos para poder ver…  el impacto lo dejó mudo. Todas sus esperanzas murieron de un solo golpe.  Una nueva sacudida en la correa lo forzó a moverse. Alcanzó a ver a tres chicos desnudos y en posición de espera. Apenas alcanzaba a ver el rostro de uno de ellos… de los otros solo veía sus cuerpos en perfecta posición y con las manos extendidas sobre los muslos. No hablaban, no miraban a Adamir. No le importó su propia desnudez… “son esclavos!… son esclavos!!!” gritaba por dentro… nadie iba a ayudarlo.

Pasaron cerca de los chicos que permanecieron inmóviles. Al final del cuarto, una escalera… Max la bajó con cuidado de no lastimarse con su torpe avanzar en cuatro patas, pero Adamir lo apuraba y terminó golpeando sus rodillas y piernas con el canto de los peldaños… dolía… pero estaba seguro que eso sería lo de menos comparado con lo que le esperaba.

El lugar al que llegaron era grande, estaba oscuro, frío… silencioso. No le gustó.

– Detente

Adamir soltó la cadena que cayó frente a él haciendo un ruido que se multiplicó en el vacío del lugar.

Max no resistió el miedo y la necesidad de saber. Levanto los ojos. Solo veía sombras de puertas y un corredor

Adamir presionó unos interruptores y se iluminó el lugar. Un pasillo largo, muchas ventanas gigantes y al otro lado sillas… como si fuera pequeños escenarios … puertas cerradas… y demasiado silencio. ¿Qué diablos era todo esto?… no quería quedarse a averiguar. La cadena estaba frente a él… tomarla y correr… tendría que correr con la cadena… no tenía la llave del candado que cerraba el collar en su cuello…

El brusco ruido que hizo Adamir al abrir una de las grandes puertas de vidrio lo asustó.

– Acércate– ladró. Su expresión era intimidante… la fusta seguía en su mano… si buscaba asustarlo, lo estaba consiguiendo de maravilla.

Max avanzó temeroso. Tragó saliva… estaban solos… nadie vendría a ayudarlo… estaba a completa disposición de Adamir. La cadena producía un sonido horrible al arrastrarse tras él… sentía que avanzaba hacia algo peor que la muerte.

Adamir tomó la cadena y lo guió.

– Sube

Se parecía al caballete sobre el cual había sido violado la primera vez. Adamir lo apuró y Max subió los dos peldaños, Luego, tiró de la cadena, dejando el torso de Max doblado y pegado al caballete. Sujetó la cadena al frente de forma que no pudiera moverse. El Amo actuaba rápido y seguro. Sus movimientos denotaban lo molesto que estaba. Sujetó las piernas y tobillos de Max.

Con el culo expuesto nuevamente… inmovilizado y asustado.

– Pon tus manos sobre el caballet

Obedeció sujetándose de la pieza de madera y ya haciéndose una idea de lo que le esperaba. Apretó los dientes y su cuerpo se puso en tensión. Le dejaba los brazos y manos libres….   Daba igual… no podía mover el resto de su cuerpo. 

Perdió de vista a Adamir… solo había un horrible silencio… iba a golpearlo… tenía rabia y miedo… Va a golpearme. Maldito hijo de puta…

En alguna parte del cerebro de Max existía una esperanza de venganza… se aferró a esa pequeña llamita de ilusión… algún día le haría pagar todo lo que le hacía… algún día lo iba a matar con sus propias manos… despacio… dolorosamente…

La idea de dañarlo le dio fuerzas. Seguía teniendo miedo del dolor que vendría pero había dejado de temblar…

Dolor… es solo dolor… no es tan importante… 

Sus manos se aferraban desesperadamente al grueso pedazo de madera. Se estaba preparando para recibir el castigo

Adamir se demoraba a propósito… sabía que Max estaba asustado y la incertidumbre solo aumentaba su temor.  En verdad no entendía a Max… a veces lo hacía tan bien… era tan imponente en su belleza y juventud.. su rostro y expresiones.. preciosas.. justo en el momento de máximo placer… sus gemidos contenidos y la forma en que movía su cuerpo cuando la excitación le ganaba… a veces parecía que Max estaba aprendiendo e iba a cambiar… y entonces.. salía con esto… quedarse dormido… como si le importara un bledo su amo y las instrucciones que él había dejado…  si.. Max estaba cansado… respiro profundamente… él también estaba cansado… pero aunque fuera capaz de entender su agotamiento lo enojaba que Max no demostrara tenerle ese miedo que siempre veía en los otros chicos…

– Aprenderás a respetar mis órdene-

El golpe de la fusta llegó con un silbido en el aire, quemando sus glúteos… muy fuerte y violento… puro fuego y dolor.

Le quitó el aire de los pulmones y un sonido murió retenido en su garganta…  abrió la boca pero fue tan dolorosa la impresión que no dejó salir ningún sonido…

El segundo golpe lo siguió, muy rápido… tres, cuatro… cinco…  sus ojos derramaban lágrimas incontenibles de puro dolor y sus manos se volvían blancas de tanta fuerza que hacia al sujetarse de la madera… Sentía que su trasero ardía en llamas vivas…  esa maldita fusta era peor que el látigo que había usado la vez anterior… dolía como los mil demonios… a pesar de las lágrimas incontenibles no quería gritar… no quería demostrarle cuanto lo dañaba…

Los cinco golpes habían sido muy rápidos… uno tras otro sin detención…

Escuchó la respiración agitada de Adamir más cerca de él.

Pensó que había terminado, el dolor era más que suficiente… pero se equivocó.

Adamir solo se acercó para poder golpearlo de manera diferente… quizás no tan espectacular como los golpes de fusta a la distancia… pero la sucesión de golpes seguidos y cortos, creaba un nivel de dolor casi intolerable.  Miraba como los cinco primeros golpes dejaban marcas que comenzaban a enrojecer e inflamarse…

No le bastaba con eso… quería dejar marcas mayores… quería que a Max nunca más se le ocurriera desafiarlo e ignorarlo… era el amo… no debía ser subestimado.

Levantó la fusta y la dejó caer muy rápido y seguido…  quería gritos, llanto y súplica… quería escucharle pedir su perdón… suplicarle que se detuviera… uno, otro… otro más… sin detenerse mientras los glúteos se volvían una serie de líneas rojas, purpuras y violetas y la piel comenzaba a abrirse dibujando líneas de sangre.

Max no aguantó más… el dolor escapaba en forma de gritos de su garganta… aunque quisiera no podía contenerlos… le habría gustado ser más valiente y permanecer silencioso, aparentando esa indiferencia que molestaba a Adamir… pero dolía demasiado… sus nalgas eran puro suplicio… un tormento difícil de soportar.

De pronto Adamir se detuvo…  fue entonces cuando el aire se llenó del sonido de los sollozos de Max… sintió vergüenza de escucharse llorar.. pero no podía detenerse. “Dios!.. ya basta.. por favor ya es suficiente…” repetía solo en su mente… se mordería la lengua antes de ser capaz de pronunciar una súplica en voz alta…

Para Adamir no era suficiente aún… su enojo no se calmaba… Max no le suplicaba…

Cinco nuevos golpes despiadados le rompían las nalgas… un grito desgarrador por cada uno de ellos…  Max sentía que iba a desmayarse… estaba mareándose del dolor y el cuarto comenzaba a perder sus contornos…  nuevos golpes cortos y rápidos lo revivieron… le dolía la garganta de tanto gritar… solo era capaz de sentir dolor… nada más existía… sus glúteos golpeados eran una llaga ardiente…

Adamir estaba como loco… solo  una palabra rogándole habría bastado… pero no… Max lloraba y gritaba… para sí mismo… no le pedía nada… se aguantaba… lo desesperaba.

Con toda su molestia viva le propinó un último golpe…  el más despiadado de todos… la fusta se estrelló sobre las horribles marcas anteriores, cruzándole las nalgas con un sonido brutal. Pura crueldad.

Adamir se detuvo… estaba fuera de sí… su mano aun sostenía muy apretada la fusta… estaba sudando del esfuerzo empleado en golpear a su esclavo… miraba lo que había hecho…  los hermosos glúteos estaban marcados por diferentes tonos de rojos con algunas líneas moradas y casi violetas… la piel se había roto en un par de partes y había sangre… 

Era el peor castigo que había dado jamás… y Max no había dicho ni una palabra para pedir que se detuviera… 

Tiró la fusta con rabia.  Max lloraba… el llanto y su propia respiración agitada eran ahora los únicos sonidos en la habitación…  estaba cansado y se sentó para observar lo que había hecho… el hermoso cuerpo de Max se sacudía… las marcas comenzaban a inflamarse… aún no estaba satisfecho… romperlo… someterlo…  ¿Qué le hacía Max que no soportaba su rebeldía? Quería golpearlo con sus propias manos… sacudirlo hasta… hasta qué??… qué quería??

– No he terminado contigo

Su voz estaba agitada.  Seguía sintiendo que, a pesar del potente castigo, no era suficiente… no había suplicado…

Se levantó y comenzó a liberarlo de las ataduras.

Max no lo escuchaba… apenas estaba consciente… dudaba que pudiera ponerse de pie o siquiera arrastrarse… era una pura masa de dolor. Le daba lo mismo donde… solo quería un lugar para echarse y calmarse, llorar a gritos hasta caer en la inconsciencia… encogerse para recuperar sus pedazos dispersos que Adamir pisoteaba.

No tuvo tal privilegio. Adamir tenía planes diferentes para su esclavo.

– No volverás a estar de pie en mi presencia 

Tiraba de la cadena y casi lo arrastraba.

A Max no le importaba nada… no tenía fuerzas para levantarse o moverse… apenas si, podía moverse.

Se detuvieron y Adamir tiró de un paño grande y negro que cubría algo aún más grande. Una jaula de gruesos barrotes de fierro. Abrió la puerta y lo empujó hacia dentro sin ningún cuidado… Max tenía los ojos cerrados y agradeció quedarse tranquilo,.. solo quería dormir… ojalá no volver a amanecer… dormir para siempre.

No supo cuanto tiempo había pasado. Despertó confundido…  atontado…  la garganta seca y una horrible sensación de malestar y dolor… pestañeó rápido,  varias veces, pensando que tal vez seguía durmiendo… estaba muy oscuro, no alcanzaba a ver absolutamente nada… ni su propia mano.  Tal vez habría sido mejor que siguiera durmiendo. El intenso dolor de los golpes lo atacó bruscamente y le recordó de inmediato lo que había pasado.  Quiso tocar sus nalgas pero sintió miedo de hacerlo… ardían y dolían. Había humedad.. sangre??… ¿Dónde estaba?… ¿Por qué no había luz?… comenzó a preocuparse…. apenas podía moverse… no es que quisiera hacerlo tampoco porque le iba a doler… pero llevaba demasiado tiempo encogido en una misma posición y necesitaba  estirarse… Con mucha lentitud y consciente de su dolor, intentó girarse… el collar en su cuello lo lastimaba y las cadena estaba atada impidiéndole moverse demasiado…  sus rodillas lastimadas chocaron contra algo muy duro… no supo que era y estiró sus manos para tocar… una barra dura y fría… metal… uno… otro… otro… Dios!!!… otro más!!! Su mano se deslizaba tocando la realidad que lo rodeaba… gruesos barrotes de fierro por los lados y arriba.. abajo, una plancha de metal..

Estaba en una jaula… como un animal… herido y adolorido… solo… a oscuras… su corazón comenzó una loca carrera amenazando con descontrolarse… ¿estaba Adamir con él en la oscuridad?… había alguien más?

– Hola?… holaaaa…

Pensó que esta gritando pero su voz no tenía fuerzas… apenas algo más que un susurro

Max cerró los ojos fuertemente para evitar entrar en pánico… odiaba la oscuridad…  la falta de sonidos era horrible… angustiante… calmó su respiración… 

Volvería… tenía que volver a buscarlo… no lo iba a dejar morir olvidado en este lugar

“No volverás a estar de pie en mi presencia”

Eso es!! La jaula era parte de su castigo… pero volvería a liberarlo.

Puedo hacer contigo lo que quiera”… “tu vida me pertenece”…

No… no… no lo iba a dejar aquí… no…

Se movió con cautela adaptándose a una nueva posición. El collar restringía su accionar y dejaba su cuello tirante.  La jaula no era muy grande, no alcanzaba a estirarse completamente… pero le permitía un poco de movimiento, sin lastimarse demasiado…

Se quedó agazapado esperando… no sabía cuánto tiempo hacía que estaba en esa jaula y en soledad… el dolor de su trasero no era una buena indicación del tiempo… le iba a doler por varios días…  ¿Cuántas horas habrían pasado?.. minutos quizás?… Días??

– Amo?…– su voz se perdió en el eco…

En su mente apareció la imagen de Adamir… la mezcla de sentimientos que le provocó fue muy fuerte… lo había castigado brutalmente… no había visto su rostro mientras lo castigaba pero podía imaginarlo…

Había recibido el castigo del mismo hombre que en las noches lo llenaba de placer, de las mismas manos que lo tocaban torturándolo hábilmente con caricias que lo llevaban a perderse… a experimentar un placer sublime aun en contra de sus propios deseos… un hombre que, a veces, tenía unos gestos increíblemente delicados y exquisitos… que lo miraba con los ojos dorados llenos de lujuria y deseo…  había sido capaz de castigarlo de esta manera…

Su mente era pura confusión y su cuerpo dolor…

Max no sabía de qué se extrañaba…

Siempre había sabido que Adamir era capaz de cualquier cosa para conseguir lo que quisiera…

Es solo que… ¿cómo era capaz de tocarlo hasta llenarlo de placer y luego, olvidarlo todo para castigarlo tan inhumanamente?… ¿acaso siempre estaba fingiendo?… ¿Qué clase de monstruo era?

No supo cuantas horas permaneció en la oscuridad, con los ojos bien abiertos intentando ver o escuchar algo…  solo un leve sonido parecido a la circulación de agua llegaba a veces a sus oídos… tenía sed y hambre… le dolía mucho su trasero… ¿Dónde estaba esa maldita mujer enfermera???… se encontró queriendo verla y que le curará de los golpes recibidos…

Las horas pasaban sin sentido para Max…  su única indicación de tiempo era el hambre y la sed… dormitaba a ratos y despertaba a saltos queriendo moverse, olvidando el collar, los golpes y la jaula…  chocando contra los barrotes, lastimándose el cuello y rozando sus heridas…

–  Alguien tiene que venir…

Necesitaba creer que volvería pronto… Nunca pensó que desearía ver a Adamir nuevamente…

12 horas en completo aislamiento y confinación.

La cámara infra roja dibujada apenas un espectro de luces en la pantalla que Adamir miraba atentamente… sabía que estaba bien porque observaba las sombras luminosas moverse… 

El sentimiento de insatisfacción aún no desaparecía. Necesitaba más de Max…  se estaba comenzando a preguntar qué diablos quería de su esclavo.

Max escuchó el sonido de pasos que se acercaban. Abrió los ojos y comenzó a buscar como loco en la oscuridad….

Lo primero fue una claridad que le llegaba a través de la pared de vidrio. Cuando se abrió, Adamir accionó el interruptor y la luz hirió sus ojos obligándolo a cubrírselos.

Max sintió ganas de llorar… sabía que iba a volver… ¿porqué mierda se había demorado tanto?? Ya quería salir de ahí… regresar al dormitorio le parecía maravilloso en este momento.

Adamir se detuvo a unos cuantos metros de la jaula. Llenó de agua un plato de aluminio que portaba y se acercó hasta Max. Dejó el plato sobre la jaula y miró a Max estudiándolo. Su rostro no había cambiado. Seguía teniendo esa expresión indescifrable y  poco amistosa.

Con la luz, Max pudo ver que la correa del collar en su cuello estaba firmemente atada a una gran argolla en la pared cercana…  jamás podría haberse liberado.  Estaba emocionalmente choqueado… los golpes, la cadena, la jaula… agradecía que todo llegara a su fin y poder regresar a lo habitual. Había aprendido… no volvería jamás a dormirse…  cumpliría todo de ahora en adelante…. Le había dicho que podía ser el mejor… lo sería… nunca más le daría un maldito motivo para castigarlo… de pronto quería ser el mejor.

Sus movimientos limitados y lo estrecho de la jaula no le permitían moverse, pero Max agachó su cabeza en señal de sumisión. Pensó en hablarle…

– ¿Cómo está tu culo?- su rostro inexpresivo y su voz tan fría

– Bien, amo

La voz le salía pastosa y ronca… la garganta reseca. Además, no era verdad. Le dolía mucho y ya no tenía ninguna forma cómoda que adoptar en esa horrible jaula. La cama deAdamir en el cuarto era como un sueño para relajar su cuerpo…  

Adamir extrajo una llave que colgaba de su cuello y abrió la jaula..

Max habría llorado de felicidad…

Adamir examinó rápidamente las heridas de Max. Todo estaba bien. Luego, tomó el plato sobre la jaula y lo puso dentro de la jaula. Caminó de vuelta hacia atrás, tomo otro cuenco de aluminio y lo puso cerca del agua. Max miró todo incrédulo… ¿por qué estaba haciendo eso?…  un estremecimiento muy helado lo recorrió…

NO!!! no… quería salir de ahí… Noooo…

Su respiración se agitó violentamente pero Adamir ya cerraba la jaula

– Amo!!.. – se atrevió a gritar… su cuello sintió el dolor del collar apretándolo… quiso moverse pero no pudo… estaba al borde de la desesperación…

Adamir se agacho hasta quedar cerca del rostro de Max…  estaba esperando que siguiera hablando… que le suplicara que lo llevara de vuelta…  lo veía dañado y la cara descompuesta… ¿eso era lo que quería?… ¿verlo dañado y quebrado?… ¿sangrando?…

Las palabras se atragantaban en la garganta de Max…  no podía dejarlo aquí… se iba a volver loco… iba a perder la cordura si volvía a pasar más tiempo solo y aislado en esa jaula.. no solo era su cuerpo sino todo lo que sentía, pensaba… sus temores…

– Espero que estés aprovechando el tiempo para pensar bien, Max

– Ya he pensado mucho, Amo- respondió de prisa

Adamir se demoró en responder. Entendía el apuro de Max… era su forma de pedir que lo sacara de ahí… pero no era la suplica que Adamir quería escuchar.

– Me parece bien que medites sobre la mejor forma de complacerme. Hasta ahora no lo has hecho muy bien. Te vuelves desechable

“Te complaceré mejor”… “ seré un buen esclavo”.. “sácame de aquí.. por favor.. te lo suplico”…todas las frases anteriores nacían en su mente pero no lograban pasar la barrera de su garganta… no era capaz de rogarle…

– Te daré más tiempo para que sigas meditando sobre ser un buen esclavo

Se ponía de pie… se iba a ir…

– Señor!!.. Amo!…

Adamir se detuvo sin girarse a verlo

– No te he dado permiso para hablar

– Lo lamento, Amo. Pido permiso para hablarte… por favor, Amo- su voz tenía un tinte de mucha angustia…

– Habla rápido

“Llevame!!!” “sácame de aquí”… por lo que más quieras… seré bueno… sácame de aquí!!!”

– Necesito ir al baño, Amo

Adamir entendió más allá de las palabras. Sabía que Max estaba suplicándole que lo liberara de la única forma en que sabía hacerlo… por un instante tuvo ganas de darse vuelta, abrir la jaula, tomarlo en brazos y llevarlo directamente a la habitación donde atendería él mismo las heridas que le había causado… lo besaría y reconfortaría… cruzaría sus brazos para sostenerlo… lo perdonaría y… suspiró profundamente…

– No- comenzó a caminar

– Amo!!

Cerró bruscamente la puerta de vidrio.

La oscuridad volvió y los pasos se alejaban…

– Amo… Amoooo!!!! Por favor, Amooo!!!

Cuando su estómago dolía de tanta hambre, Max se echó a la boca unas cuantas de las galletas del plato… sabían asquerosas pero necesitaba llenar su estómago con algo. Sintió nauseas después de comerlas… al moverse volteó el plato con agua… recogió la que quedaba y levantando el plato lo llevo hasta su boca… estaba bebiendo y comiendo en un plato para perros… estaba en una jaula… no dejaba de llorar…

Adamir seguía los movimientos frente a la pantalla…  su rostro tenía un gesto de preocupación. Habían pasado casi tres horas desde que lo dejara solo nuevamente…

¿Era esto lo que quería de Max?…

No. No le había gustado verlo dañado…

“Tiene que aprender”

Seguía sintiendo un extraño vacío en su interior… quería algo más de Max y no sabía que era… romperlo?  Someterlo?.. Si.  quería todo eso… pero… no le bastaba para dejarlo satisfecho… arrugó el ceño tratando de encontrar la respuesta…  Por primera vez en su vida, Adamir se encontró preguntándose a sí mismo que le pasaba… sin entender que buscaba o necesitaba… no podía dar forma ni nombre a lo que quería de Max…  solo sabía que requería de algo que Max tenía y estaba dispuesto a hacer lo que fuera para obtenerlo.

La siguiente vez que abrió los ojos estaba en el dormitorio de siempre. Descansaba en la cama blanda y cálida. El nivel de dolor había disminuido y se sentía bastante mejor.   A su memoria acudieron imágenes borrosas y de Adamir entrando al cuarto del sótano… llevándolo en brazos por las escaleras… agua… recordaba un baño… luego, algo frío y agradable calmaba su dolor… no tenía plena consciencia de que había ocurrido.

-. ¿Cómo te sientes?

La voz lo sobresaltó. Adamir estaba a su lado en la cama… era la expresión del Amo que llegaba en las noches a provocar placer…

Max intentó agachar su cabeza en un gesto de humildad, pero el amo lo tomó de la barbilla y levantó su rostro, obligándolo a enfrentar sus ojos.

-. Mírame… dime como te sientes 

Hablaba tranquilo

-. Yo… estoy bien, Amo

Confundido… agradecido de volver a estar en el dormitorio… decidido a que ese fuera el último castigo jamás… había aprendido una lección… no era la que Adamir quería enseñarle… pero le había quedado una férrea voluntad de no volver a equivocarse de nuevo. 

Adamir sostenía su rostro y lo forzaba a mirarlo… ¿Cómo es que se podía mantener tranquilo y preguntarle como si en verdad le interesara y estuviera preocupado?… él mismo le había causado todo el dolor…  la inquietud que veía en los ojos de Adamir era perturbadora…

Cuando pasó un plazo que el amo consideró prudente, Adamir en persona había ido a sacarlo de la jaula.  Lo trajo hasta la cama. Lo limpió y curó con dedicación… le dio algo para calmar el dolor, bajar la inflamación y con mucha paciencia limpió y aplico ungüento en cada herida… adoraba el culo de Max… no quería ninguna marca permanente…

Ahora, solo hay que esperar a que la piel se recupere” los ojos fijos en lo que hacía, tocaba con delicadeza y esparcía la crema acariciando…  pero tenía la mente aún trabajando en ese otro tema…

Qué demonios necesito de ti, Max” … miraba los ojos cerrados de su esclavo… sus facciones tan bonitas… el cuerpo que había golpeado… dormido se veía tan pacífico… sus labios llenos y deliciosos… “ si no conociera la fiera que hay dentro de ti, creería que eres un niño amable”… estudió sus facciones largo rato… aprovechando la quietud y la certeza de que Max permanecería dormido debido al medicamento…  acarició su pelo… recorrió la línea de las cejas… tocó su mandíbula acercando su boca para inhalar su aroma… besarlo apenas… pasó sus manos tocando su cuerpo… le gustaba Max… era un imán que lo atraía…  lo irritaba… lo volvía impaciente… lo enloquecía…

¿Qué tienes Max?… ¿Qué diablos te hace diferente?…

Capítulo 35

SANTIAGO

Desde hacía varios días Santiago estaba actuando de manera diferente con Matías: le daba muchas instrucciones juntas que al chico le costaba seguir, corregía excesivamente cada detalle de él, su postura, su forma de moverse, hablar y hasta respirar… por momentos parecía que no había forma de complacerlo y lo regañaba por todo… a los cinco minutos después, estaba abrazándolo y diciéndole que era el mejor del mundo mientras lo mecía entre sus brazos y lo apretaba como si no quisiera soltarlo jamás. Quería que fuera perfecto para cuando estuviera con Adamir y a la vez, quería que fuera tan mal, que el otro hombre no sintiera ganas de tomarlo…

Sabía que su forma de proceder estaba confundiendo a Matías… pero él mismo estaba tan aturdido con lo que iba a pasar…

La idea de Adamir y Mati juntos le provocaba ganas de morir…  Lo peor… tenía que decírselo al chico…

– Mati… vas a ir con otras personas

– ¿Con el Amo mayor? 

Matías había escuchado la conversación entre ellos cuando Adamir lo pidió… No conocía otra forma de referirse a Adamir así es que lo llamaba el “amo mayor”. Había notado que Santiago sentía respeto por él por lo tanto él también sentía un respeto mezclado con algo de miedo…  ese hombre alto y dominante le provocaba temor… no entendía bien a qué se refería Santiago cuando le decía que él iría con el amo mayor, pero sí conocía bien a Santiago y sabía, por la forma en que se refería al tema, que era importante lo que le estaba diciendo.

Estaban en su lugar favorito de la isla… el sector sobre la playa… pasaban muchas horas alejados de todos, en soledad. Santiago amaba esas horas robadas en las que podía ser completamente natural con Matías… un privilegio que ya pronto llegaría a su fin.

Aparentaba no sentir nada diferente… miles de cuchillos se le clavaban en el cuerpo con cada pensamiento… el intercambio…  luego la venta… se iría para siempre… sería propiedad de otra persona… Dios!! No!! No lo soportaba!!

Si todo salía bien durante el intercambio, los productos eran puestos a la venta pocas semanas después. Los que no pasaran la prueba, serían mantenidos en entrenamiento por otro periodo y así se repetía el ciclo hasta que, finalmente, todos los esclavos eran vendidos y llegaba una nueva partida de chicos que preparar…

Su Matías no tenía idea de nada…

Lo miraba jugar con la hierba… subirse sobre él y acariciarlo con tanta libertad… se acurrucaba en su pecho y miraba la forma de las nubes… se dormía confiado sobre él…

Santiago había derramado muchas lágrimas de impotencia en soledad y mantenía la rabia camuflada bajo una apariencia de tranquilidad. Desesperaba al pensar que perdería a su dulce niño.

Mati no sabía nada de lo que le esperaba  ahora pronto y Santiago sentía que debía prepararlo… nunca había sido tan difícil… las veces anteriores simplemente le comunicaba a su esclavo que sería tomado por otros hombres y que debía complacerlos, sin importarle su opinión… nunca antes había sabido con quien se iría su esclavo durante el intercambio. Ahora sabía que Adamir se encargaría de Matías…

Años atrás, su relación con Adamir había comenzado con él mismo aprendiendo a ser su sumiso…

Imaginaba a Mati haciendo con Adamir lo que él había hecho…  No era un amo cruel, pero sí muy exigente…

Dios!!!  Mati… respondiendo a las demandas de Adamir…

El pensamiento lo volvía loco… de celos… de dolor… de rabia e impotencia.

Faltaba solo un día

– Si Mati… vas a ir con el amo mayor y harás… – mierda!! las palabras se le atragantaban… – vas a hacer lo que él te diga

Mati lo miró abriendo mucho sus ojos verdes… comenzando a preguntarse si estaba entendiendo bien

– Amo… ¿Qué me va a pedir que haga?

A Matías no le estaba gustando esta conversación… comenzaba a sospechar lo que Santiago intentaba decirle.

Santiago detectó la mirada asustada de Matías. Era hora de ponerse su disfraz de amo y terminar con esto de una buena vez. Jamás sabría Mati cuanto le estaba costando todo esto.

– Vas a ir con el amo mayor y lo complacerás, como me complaces a mí. Harás lo que él te pida. Quiero… quiero que el amo mayor se sienta feliz contigo

Lo miraba fijamente, directo en los ojitos verdes… pero tuvo que desviar su mirada al ver la expresión de dolor que se pintaba en los de Mati… estaba herido… lo estaba ofreciendo a otro hombre y estaba herido…  miro al mar… a la línea del horizonte… deseo con mucha fuerza que ambos estuvieran tan lejos de este lugar

– ¿Tú quieres que yo lo complazca como a ti… en todo?

Su vocecita sonaba tan dolida y nerviosa…

No Mati… no, por el amor de Dios, no!!! no quiero que nadie te toque ni mucho menos que toques a nadie… quiero tomarte en mis brazos y sacarte de aquí… quiero… maldición.!!!… no quiero que nadie te toque…

Calló los gritos en su mente… estaba a punto de reventar.

– Es una prueba Matías. Si complaces bien al amo mayor habremos pasado la prueba 

… y serás vendido a un hombre con mucho dinero… y te llevaran lejos de mi para siempre…

Lo sostenía de los hombros. Matías asintió y su rostro se tranquilizó un poco. Santiago no resistió más y estrujó el cuerpo delgado de Matías entre sus brazos… sabía que esto iba a pasar… que en cuanto le pidiera que hiciera algo por él, Matías lo haría… aunque fuera entregarle su cuerpo a otra persona… él se lo estaba pidiendo y Matías lo obedecía… ¿qué podía hacer?… lo único que le quedaba era intentar que fuera lo menos penoso posible para Matías… no hacerle ver su dolor… convencer al chico de que todo estaría bien y rogar para que así fuera.

– Será solo por un corto tiempo, Mati

Apoyó su barbilla en el pequeño hombro del chico… reposó su cabeza sintiendo que se partía en dos… en cien… en mil pedazos. Nunca más volvería a ser el de siempre… lo que estaba a punto de pasar era insoportable.

Matías levantó sus brazos y lo abrazó… se sentía triste pero obediente. Era perfectamente capaz de sentir toda la angustia de Santiago.

– Si, amo. Haré lo que tú me pides

No le gustaba la idea de complacer a Adamir… había algo en el amo mayor que era duro y frío… le daba miedo, pero si Santiago se lo pedía, entonces no dudaba en obedecer como si fuese su mismo amo quien estaba frente a él… No entendía bien por qué Santiago le pedía hacer algo así… quería pertenecerle en exclusividad y no ser tocado ni tocar a nadie más… pero había dicho que era una prueba… y el amo mayor dominaba todo en la isla… Matías entendió que no podía elegir, ni él ni Santiago podían elegir esta vez, tenía que ser así. Apretó con más fuerza sus brazos alrededor de Santiago, quería tranquilizarlo.

– Lo haré bien, amo. Lo complaceré

Sus palabras, tan bien intencionadas, dolían como latigazos en el alma de Santiago…

ADAMIR

Max no había vuelto a dar un motivo de queja desde aquel último castigo feroz. Estaba siempre listo a la hora que su amo indicaba, obedecía todas sus órdenes y a veces, hasta se anticipaba a sus deseos. Se acercaba rápidamente a ser el esclavo perfecto que Adamir había vislumbrado en él…

Adamir lo miraba desde el sillón… la posición de Max era perfecta… desnudo, en cuatro patas sobre la alfombra… su espalda recta sostenía la cubierta de vidrio sobre la cual había depositado un florero, su vaso de jugo helado y un par de documentos que estaba ocupando mientras trabajaba en su computador. 

No podía concentrarse. Max lo distraía aunque ni siquiera se movía. Apenas si respiraba. 

Llevaba más de una hora sirviendo de mesa. Era un verdadero placer para la vista ver su cuerpo perfecto… demasiado perfecto… sabía que lo que estaba haciendo era cansador y esperaba que en cualquier momento el vaso se derramara, el florero cayera al suelo y los documentos volaran por el aire… pero no… todo seguía sin siquiera moverse un milímetro… Max podía llegar a tener un aguante excepcional cuando se lo proponía y era capaz de morir en esa posición antes de demostrar que estaba cansado o adolorido…Adamir sabía bien lo que era eso… los otros esclavos apenas aguantaban unos cuantos minutos en esa posición y con la cubierta derecha encima de ellos…

Max ni siquiera tenía un poco de angustia reflejada en su cara…

A decir verdad eso también le estaba molestando… desde que lo castigara por quedarse dormido, Max no había vuelto a quejarse ni a poner caras de dolor o de sufrimiento… más bien podría decir que la cara de Max ahora no reflejaba nada más que distanciamiento y orgullo, siempre tenía una expresión altiva aunque su rostro estuviera bajo y en posición de sumisión…

No sabía que estaba haciendo Max, pero lo que fuera, lo molestaba… lo encendía… lo desesperaba y agradaba de la misma manera

Tomó el vaso, dejó los papeles sobre el sillón y se levantó para dejar el florero en otra parte

– Ve a ducharte– sentenció sin mirarlo

– Si, amo- contestó de prisa sin preguntar por qué ducharse ahora o para qué.

Se quitó con cuidado la cubierta procediendo a dejarla donde debía quedar. Caminó pausado y elegante, a pesar de la cabeza baja…

¿Era su cuerpo el que se movía en forma tan altiva?…  ¿qué diablos era?… no tenía nada que corregirle… pero algo de Max lo molestaba… seguía queriendo encontrar en él más respuestas a todas las preguntas y necesidades que lo estaban enloqueciendo… pero por primera vez no sabía por dónde empezar…

Escuchó el agua de la ducha correr… eran las tres de la tarde. Aun faltaban cinco horas para las ocho… la hora en que comenzaban las lecciones de placer

– A la mierda!!!

Caminó de prisa hasta el baño y abrió bruscamente la puerta que no permitía que Max cerrara nunca… a través del cristal trasparente lo vio… el agua caía sobre su hermosa piel… su rostro directamente elevado hacia la ducha, la boca abierta y los ojos cerrados… las manos levantadas se revolvían el pelo… los pies firmemente plantados y los glúteos redondos y apetecibles…

Adamir respiró rápido… lo deseaba… cada instante… cada momento del día, deseaba estar en Max… poseerlo… controlarlo… manejarlo a su gusto… mirarlo hasta el cansancio… moldearlo para que lo complaciera… y cada vez que lo tomaba se quedaba con un vacio interior cada vez más hondo… no conseguía entender qué diablos era lo que le pasaba con este esclavo de los mil demonios… lo había hechizado y había terminado con su tranquilidad… no tenía tiempo ni ojos para casi nada más que no fuera él…

Se quitó la ropa desatando de prisa los nudos y botones y se metió a la ducha, desnudo…

Max lo sintió entrar y se quedó quieto frente a él… esperando sus instrucciones

– Arrodíllate

Se lo había enseñado hacía poco, corriendo un gran riesgo al pensar que Max podría haberlo castrado de un mordisco o al menos dañado seriamente… pero nada de eso había pasado. Max había seguido sus instrucciones al pie de la letra y aprendía a hacer una felación como correspondía…

Se arrodilló frente a él y entendió inmediatamente que era lo que Adamir deseaba…

El agua seguía cayendo sobre su piel levemente tostada…

Adamir lo sujetó enredando las manos en su pelo mojado… no necesitaba guiarlo pues Max sabía bien lo que tenía que hacer y cómo le gustaba… su miembro era lamido de la manera que le gustaba y luego ingresaba en la boca húmeda y caliente de Max…  se sentía bien… aún así, lo sujetó fuertemente y controló sus movimientos… había algo dentro de Adamir que no le permitía dejarlo en libertad ni siquiera para una cosa así… tenía que someterlo en cada movimiento que hacía… dominarlo… dirigirlo…  quizás de esa manera lograría por fin encontrar las respuestas al vacío que lo atormentaba… las sensaciones se multiplicaron al cabo de unos minutos… tiró suavemente del pelo de Max para indicarle que se levantara y se girara contra la pared.

Se despertó asustado en el medio de la noche y se sentó, encendiendo la luz de la mesa de noche. Maldición!!!  Otra cosa más que había comenzado a pasarle y de la cual culpaba a Max aunque no tenía ninguna explicación lógica para hacerlo… no sabía cómo podía culparlo de su sueño intranquilo, de las pesadillas que lo despertaban a media noche… se giró para mirarlo… Max dormía plácidamente a su lado… el pelo desordenado sobre la cara… su expresión por fin relajada y tranquila.  Hermoso… el esclavo más hermoso que hubiera estado en su cama alguna vez. Se apoyó en el respaldo de la cama hasta calmarse. Estaba sudando y muy agitado… Con los dedos quitó el pelo de Max que cubría su rostro… los dejo quietos sobre el pelo… le gustaba la suavidad del pelo de Max… le gustaba todo.

¿Qué diablos estaba soñando que lo había despertado?… intentó concentrarse en la pesadilla que había tenido pero el rostro dormido de Max era irresistible…  se fue relajando de a poco y sus ojos, fijos en la cara de Max, comenzaron a cerrarse. Se iba a acomodar para volver a dormirse cuando de pronto recordó la pesadilla que lo había despertado… su ceño se frunció y su rostro apacible se volvió tenso…

El intercambio… al día siguiente…

Había soñado una historia confusa… estaba con el chico de ojos verdes, el esclavo de Santiago, mientras veía como alguien más se llevaba a Max. Se alejaban y Max caminaba con ese aire de arrogancia que no podía identificar ni castigar… su rostro bajo, su posición de esclavo… pero aún así había una maldita arrogancia en su forma de desplazarse… entonces, el amo que acompañaba a Max se acercaba a él y le decía algo al oído… Max se detenía y escuchaba atento lo que el otro murmuraba en su oído y luego comenzaba a sonreír con los ojos brillantes… hasta terminar en una carcajada que hacía bailar su pelo y volvía su rostro hermoso y radiante…

Max se estaba riendo con alguien más…

Se reían juntos y entonces comenzaban a alejarse pero el otro amo lo había tomado de la mano luego de la risa y Max se la había cedido gustoso…

Era un sueño…

Una estúpida pesadilla… un sentimiento oscuro y desagradable

Estaba tan celoso como si hubiera sido absolutamente real… Max se reía y le daba la mano a otro hombre…

No lo soportaba… le indignaba que se riera con alguien más y le permitiera tocarlo…

Saltó de la cama completamente desvelado  ¿qué le pasaba?… Estaba actuando como un ser irracional… carente de toda lógica… seguramente estaba preocupado por el intercambio que se produciría dentro de unas horas más. Pero eso era estúpido… lo había hecho cientos de veces…

Pero nunca con Max…

¿Max??

¿Intercambiarlo???

Se detuvo en el medio de la sala y se giró a mirar la figura dormida en su cama… descansaba tranquilo y las cubiertas de la cama apenas se movían con su respiración… bajo las sabanas imaginó su cuerpo desnudo… tan deseable y hermoso… iba a pasarlo para otro amo… ¿Santiago?… ¿Exequiel?… ¿iba a permitir que uno de ellos lo tocara?… hundiera su lengua en la boca de Max??… escuchara sus gemidos??… le separara los  glúteos y lo penetrara???

Se descubrió respirando más rápido y cerrando los puños…

La vista fija en el cuerpo dormido…

Nadie más en su maldita isla iba a tocar a Max.  Mataría a quien se atreviera a hacerlo.

EL INTERCAMBIO

Matías había pasado un día especial junto a Santiago. Hoy no había aparecido mucho “el amo” hasta las horas finales… desayunaron entre risas… Santiago estuvo pendiente de él todo el resto de la mañana, hicieron juntos ejercicios, nadaron, vieron una película que le encantaba, rieron tirados sobre la cama y terminaron haciendo el amor de forma dulce y deliciosa… Santiago había estado particularmente sensible… lo miraba y acariciaba una y otra vez, mientras Mati sentía que su amo parecía una hoja a punto de caer de un árbol y estrellarse en el suelo…

– ¿Qué te pasa, amo?

– Nada… solo me gusta mirarte- estaba dentro de él y Mati lo cabalgaba – me gustan las caras que pones cuando sientes placer y te corres

Mati sonrió con dulzura y se movió sobre él.

– ¿Quieres… que ponga esas caras para el amo mayor?

La pregunta fue una palmada en el rostro… Santiago se quedó quieto… recuperándose del golpe… luego se movió bruscamente, saliendo de Matías y cambiando violentamente sus posiciones… de pronto Mati estaba bajo él y Santiago lo cubría con su cuerpo… lo sujetaba de los hombros contra la cama y lo miraba muy fijo y muy encima…

Mati abrió los ojos asustado…

– Matías… esas caras… son solo para mí

Hablaba con el aire escapando entre sus dientes apretados… quería golpear, gritar… la impotencia y la frustración lo estaban enloqueciendo de verdad…

– ¿Entiendes?-

Matías asintió moviendo la cabeza apenas… los ojos muy abiertos..

Santiago le separó las piernas y lo penetró de una sola profunda estocada…

Mati abrió la boca… no le había dolido pero lo había asustado…

– Tus caras son de placer… y eso solo lo puedes sentir conmigo… CON NADIE MAS!!!

La última frase fue una orden expresada en un grito que lo asustó a él mismo… estaba demente, chiflado, lunático… irracional… el rostro asustado de Matías lo trajo de vuelta a la tierra… lo abrazó apretándolo con todas sus fuerzas

-Lo siento Mati… lo siento, mi amor… no quise asustarte

Le besó la piel desnuda, acarició a Matías con sus manos… él estaba dentro del chico… sus piernas abiertas se cerraban sobre él en su espalda…

-. Mi amor… mi amor

Suyo… obsesivamente suyo… se desgarraba… tenía que entregarlo en un par de horas… no pensó en las palabras que pronunciaba.

– Lo siento, amo

– ¿Por qué lo sientes?

– Porque estas triste…

Terminó de derrumbarse… el deseo sexual desapareció completamente para dar paso a un intenso dolor… en forma inesperada no pudo contener las lágrimas que asomaron a sus ojos… se alejó un poco de Matías para componerse… en verdad estaba actuando como un demente.

– No te preocupes. Te estaré esperando aquí mismo cuando vuelvas– trató que su voz sonara lo más normal posible

– ¿Cuándo volveré?

Eso no lo sabía nadie… no existía una regla sobre el tema, pero normalmente los chicos eran devueltos a sus amos pasadas 24 horas… aunque a veces podrían pasar un par de días…

– Bueno… posiblemente los chicos sean devueltos a sus amos mañana

– ¿Los chicos?… amo… ¿tú también vas a estar con otro chico?

Santiago no fue capaz de notar el temblor en la voz de Matías… tan absorto en su propio sufrimiento.

– Si… siempre es así 

No pensó lo que estaba respondiendo… honestamente, a Santiago no le importaba si le pusieran por delante al chico más hermoso del mundo… él ya tenía su corazón entregado a Mati y nadie más podría satisfacerlo

El silencio se instaló en la habitación… se abrazaron juntando sus pieles desnudas y aún sudadas… cada uno sumido en sus propios pensamientos e interrogantes… Matías había juntado sus manos y se refugiaba en el cuerpo de su amo… protegiéndose, encogido…

Santiago miraba el minutero del reloj avanzar implacable… parecía hipnotizado por el movimiento de la barrita de metal…

– Ve a prepararte…- lo sacudió cariñosamente…

Matías se levantó obediente…  lo siguió con los ojos… el frío se instaló en el espacio que quedó desocupado al costado de su cuerpo… ¿sería así de ahora en adelante?… ¿Sentiría frío cada vez que Matías no estuviera con él?

Cruzaron la puerta de entrada a un nuevo salón.  Dentro, 5 amos con sus esclavos esperaban pacientemente el arribo de Adamir.  Los mayores se saludaban y conversaban. Los esclavos permanecían en silencio cerca de ellos. Pasados unos minutos, Adamir cruzo la puerta caminando enérgico y sonriendo. Venía solo.

– Buenas tardes. Lamento informarles que mi esclavo está enfermo y no podrá participar

No necesitaba dar una explicación. Era el amo y señor del lugar, pero era educado hacerlo.  Nadie cuestionó lo que decía y todos aceptaron que uno de ellos volvería solo a su dormitorio esta noche.

Los esclavos fueron puestos en una línea… los amos hablaban de ellos como quien expone un producto para ser apreciado… de sus habilidades y carencias, de alguna habilidad en particular. Solo unas pocas palabras entre ellos. Santiago fue quién menos habló… muy bajito… sin atreverse a cruzar sus ojos con los de Matías… tampoco fue capaz de mirar a Adamir…

– Bien… echaremos a la suerte quien queda solo esta noche

– No es necesario. Tengo algunas cosas pendientes y aprovecharé de terminarlas

Santiago habló tranquilo y pausado. Había ensayado mentalmente varias veces para no despertar las sospechas de Adamir.  Necesitaba estar a solas. No quería otro esclavo de compañía… quería volver pronto a su dormitorio y dar rienda suelta al malestar que lo embriagaba… necesitaba soledad ahora, gritar a gusto y golpear todo lo que encontrara.

– De acuerdo. Gracias

Los esclavos fueron asignados… Adamir llamó a Matías por su nombre y el chico caminó hasta su lado. Adamir posó una de sus manos en su hombro. Santiago cerró los ojos…  sentía nauseas… incontrolables ganas de tomar al chico y correr… gritar… golpear… protegerlo. Lo que sentía fue mayor que su autodisciplina y su rostro se desfiguró… tuvo que desviar la vista y girarse para no ver más.

“Por favor… que termine rápido”  suplicó mentalmente.

Concluyó luego de unos cuantos minutos. Los amos se despidieron y cada uno partió con un chico diferente a su lado.

Santiago fue el primero en salir casi violentamente del salón, caminó algunos pasos de prisa hasta que se alejó lo suficiente para empezar a correr… antes de salir no se volvió a mirar a Matías en ningún momento… tuvo miedo de lo que podría hacer si lo miraba.

Corría desesperado… Se sentía enfermo… iba a vomitar en cualquier instante… sacudía la cabeza borrando las imágenes que se formaban, conteniendo un grito que lo ahogaba… siguió veloz hasta alejarse del complejo… corría en completa oscuridad… no se detuvo hasta llegar a la zona sobre la playa, el lugar preferido de ambos… se dejó caer al suelo y comenzó a gritar desgarradoramente… golpeaba el suelo con sus puños que se herían y cortaban… no le importaba el dolor de sus manos… le daba la bienvenida… el nombre de su niño esclavo resonaba en el silencio de la noche.

Capítulo 36

MATIAS

El amo mayor abrió la puerta y me indico que entrara a su habitación. Pasé por su lado con mi cabeza baja y mi actitud de obediencia. Caminaba tranquilo pero por dentro estaba temblando y muy asustado. Ahora que estaba solo con él y lejos de Santiago me sentía verdaderamente nervioso. ¿Qué me iba a pasar aquí?… estábamos en su dormitorio… y yo había venido para complacerlo.

-. Desnúdate

Diablos!! Diablos!! Lo había olvidado completamente… tan asustado, que ni recordé que debía desnudarme en cuanto cruzáramos la puerta del dormitorio. 

Lo hice de prisa y en silencio. Doble la ropa y la deje ordenada sobre una mesa parecida a la que había en nuestro cuarto… nuestro… ¿qué estaba haciendo Santiago?… ¿había un chico que se desnudaba para él en este mismo momento?… ¿en nuestro cuarto?… Sentí como un pinchazo se me enterraba en el corazón y muchas ganas de llorar… si él me había ofrecido para estar con el amo mayor,  entonces bien podía estar con cualquier otro chico…

Adopté la posición de examen… de pronto no estaba tan seguro de qué era lo que tenía que hacer… me pregunté qué posición debía tener… me confundí pensándolo, pero supuse que como era una persona nueva, seguro querría examinarme… mi respiración se aceleró brevemente mientras levantaba mis manos y exponía mi cuerpo desnudo… otras manos diferentes a las de Santiago me iban a tocar… tenía que controlarme y aguantar… ser valiente.  No podía dejarle saber que me alteraba,  ni con mi respiración. Mi amo me había pedido que lo complaciera, que pasara esta prueba… todo tenía que salir bien para poder volver con él…

El amo mayor se acercó y caminó a mi alrededor… quería escucharlo decir algo… cualquier cosa que me tranquilizara un poco, pero se mantenía en silencio. Sus manos me tocaron directamente en los genitales…  luego los glúteos…  pasó las manos por mi cuerpo… tocando, examinando… apretando… no pude evitar que mi respiración se acelerara, pero permanecí inmóvil… Santiago… Santiago… pensaba en él… deseaba cerrar los ojos e imaginar que eran sus manos pero no podía hacerlo… todo lo que acudía a mi mente era el pensamiento de Santiago haciendo esto mismo con otro esclavo…

-. Eres muy suave… tienes una piel delicada y hermosa… ¿ya probaste las agujas de Santiago?

-. Si, amo

Lo escuché reír bajito… se alejó un par de pasos

-. Si. Él ama las agujas… Tal vez debiera probarlas contigo…

¿Quería clavarme agujas también?… trague saliva aumentando mi temor… el amo mayor se había alejado… ¿buscaba agujas acaso?…  Levanté muy despacio mi cabeza para mirarlo… no había nada que pudiera hacer si deseaba clavármelas… pensé que solo Santiago me haría eso… no sabía cómo podría soportar que alguien más me lo hiciera… la idea me estaba aterrando.

Pero entonces comprendí que no me había hablado a mi…

Mi sorpresa fue inmensa al descubrir que no estábamos solos. La impresión hizo que mi cabeza se irguiera olvidando mi correcta posición… mis dedos seguían entrelazados en la nuca… mis ojos fijos en  el chico que yacía en la colchoneta en una esquina de la habitación… el chico del amo mayor… el que había tratado de hablarme tantas veces… con el que nos reíamos a escondidas durante los desayunos en el comedor… estaba con ambas manos levantadas y sujetas con unas esposas de metal… El amo mayor hablaba con él… a pesar de estar esposado se veía tan bonito… salvaje… desafiante, con el pelo largo y desordenado cayéndole sobre el rostro y su cuerpo casi desnudo…

ADAMIR

Era solo una estúpida amenaza… quizás con otros esclavos habría probado los juegos de Santiago pero no me atrevería a atravesar la piel de Max con agujas… podría causarle marcas permanentes… no… quería seguir viendo por siempre su piel lisa y perfecta.

Había despertado molesto recordando la pesadilla. Max… mierda… no sabía cómo podía usar la lógica para culparlo de una pesadilla tan estúpida, de los sentimientos desagradables que despertó en mi, de una decisión sobre algo que desconocía, pero de alguna manera, Max era el culpable de todo.

Reconozco que estuve bastante exigente durante todo el día, lo corregí aunque no estuviera haciendo nada equivocado, y justo antes de partir al intercambio me había sentido más molesto aún recordando lo que sucedía en mi sueño… tan molesto que sin mediar ninguna provocación, sujeté sus muñecas con una esposa y me aseguré de que no pudiera moverse a ninguna parte mientras estuviera lejos de mi vista. 

Cuando todo concluyó, había vuelto con el chico de Santiago… un perfecto sumiso obediente… delicado, muy atractivo… bastaban sus ojazos verdes en esa cara inocente para provocar el deseo de poseerlo… quizás Max podría aprender de él… hasta ahora estaba demostrando tener modales perfectos de esclavo y Santiago había resaltado su obediencia y sumisión…  en mi interior, quería que Max observara lo que iba a hacerle al chico… quería que nos viera mientras poseía al pequeño esclavo y le hacía cosas bruscas sin que se resistiera o se quejara… quería demostrarle que no es el único, que puedo tener a quien se me de la gana… que él es solo uno más de los esclavos de esta isla… que no tiene importancia especial, que alguien más puede complacerme mejor que él.

En realidad, no había pensado qué iba a hacer con Matías, pero quería que fuera algo especial… demostrarle a Max lo que significa ser complacido por un esclavo completamente obediente.  Me volví para llamarlo

-. Acércate- pronuncié despacio y el chico obedeció al instante.

Matías miraba a Max sorprendido…  Recién se había dado cuenta de su presencia en el dormitorio… Los estudié a ambos… el rostro de Max también mostraba sorpresa. Pronto. Matías estuvo a mi lado y puse toda mi atención en el… diferente a Max… más suave, más pequeño… piel pálida en un cuerpo acinturado y bien formado… en verdad era un sumiso adorable.

-. ¿Qué deseas que te haga? – pregunté acuclillándome a su lado

-. Lo que tú desees, amo – respondió obediente, con su voz suave – Estoy para complacerte

Sonreí satisfecho… Santiago había hecho un buen trabajo con este niño.

– Ven aquí

Pasé mis manos bajo sus axilas y lo levante para depositarlo en la camilla… liviano… dócil… tan diferente al cuerpo y actitud de Max.

-. Mírame. Matías

MAXIMILIAN

Matías”… por fin sabía cuál era el nombre del chico de los ojos verdes… estaba muy sorprendido de verlo en esta habitación. Siempre estábamos solos. Matías era una agradable sorpresa… esperaba que también lo fuera para él… por un instante temí por Matías… estaba desnudo y en manos de Adamir.

Lo había alzado como si fuera una pluma y lo había depositado con cuidado sobre la camilla. Tenía un cuerpo delicado y muy bonito… en particular su piel, pálida y reluciente… fue extraño… me agradaba mirarlo aunque fuera un hombre. Matías no se resistía a nada y respondía muy participativo. Adamir estaba recorriendo su cuerpo detalladamente… primero con la vista y luego con sus manos… había algo… especial en los dedos largos de Adamir rozando la aterciopelada piel de Matías… los enredó en su cuello, en su pelo, sujetándolo, como hacía conmigo y bajó por su pecho en dirección a su sexo. Cuando pasó el ombligo comenzó a demorarse y a jugar a excitarlo… trague saliva… no sé por qué sentía como si sus dedos estuvieran en mi piel… yo había sentido muchas veces los dedos de mi amo…de Adamir, sobre mi cuerpo… sabía claramente como se sentían… no estaban sobre mí… pero… los sentía… estaba siguiendo su trayectoria como hipnotizado… Luego fue su boca… dejaba una estela de pequeñas caricias con sus labios sobre el torso del chico… se movía con precisión y seguridad, muy confiado en lo que estaba haciendo… le buscó las tetillas y la respiración de Matías se agitó y su cuerpo se arqueó levemente… se estaba comenzando a excitar… lo pude notar en su miembro que comenzó a aumentar de tamaño… entonces me di cuenta que yo también estaba respirando mas agitado y que… Dios!! que idiota!!… como podía excitarme mirándolos!!! Adamir sonreía calmado… le gustaba la extrema sumisión del chico… esa que yo no era capaz de entregarle… me quedé observándolo fijamente aunque recordé que no debía hacerlo… pero no podía despegar mis ojos de ellos… Matías reflejaba entrega y sumisión… estaba sintiendo todo lo que Adamir le hacía y respondía… y él… su rostro tenía una expresión satisfecha… Adamir se veía… bien… agradado… tranquilo… diferente a cuando está conmigo…

Matías se quedó muy quieto cuando Adamir lo dejó solo un instante para buscar algo del closet.  Entonces fue como si nos hubiéramos puesto de acuerdo… Matías giró su rostro despacio en la camilla y nuestros ojos volvieron a encontrarse… ya no tan sorprendidos sino felices… sonreímos al mismo tiempo, reconociéndonos, encantados de vernos el rostro, aunque fuera en estas circunstancias

-.” Hola”

Por supuesto no pronuncié la palabra… solo la dibuje muy marcada con mis labios pero sin sonido alguno. Matías buscó con los ojos a Adamir y cuando comprobó que aún estaba ocupado, se volvió hacia mí y me respondió el saludo moviendo sus labios también… volvimos a sonreír felices… cómplices de una travesura tan inocente… pude comprobar con alegría que entendía lo que le había dicho… ¿hablaba mi mismo idioma?.. ¿de donde era?… quería hacerle muchas preguntas… estábamos mirándonos y sonriéndonos,   la sonrisa de Matías era preciosa al igual que sus ojos.

Adamir volvió y cortamos el contacto visual antes que se diera cuenta… traía varias cosas en sus manos…  al verlas… sentí un golpe de calor en mis genitales… ¿Va a usarlas con Matías mientras yo observo?… ¿fue por eso que me puso las esposas?… ¿eso es lo que quiere?… ¿por qué siento como si fuera a hacérmelo a mi?.. ¿por qué me excita en vez de asquearme?…

Adamir le estaba hablando despacio… casi le susurraba, Matías respondía de igual manera cuando correspondía… le separó las piernas abriéndolas mucho… supe lo que iba a hacer… ahora mi respiración estaba más agitada aún… Tomó uno de los dildos que había traído… lo untó con mucho lubricante y lo introdujo en Matías con lentitud… lo recibió bien, gimió como un gatito… pequeños sonidos cortos que me atravesaban los oídos y me llegaban directo al bajo vientre… no parecía causarle molestias… Por suerte no era algo de gran tamaño… solo lo justo para dilatarlo

Mi boca se abrió en forma involuntaria…

-. Eres un niño obediente, Matías…

Lo acariciaba despacio… lánguidamente…  su mano sobre la piel de su cadera… la sentía … como si me estuviera tocando a mi… Adamir estaba haciendo con Matías algo parecido a lo que hacía conmigo… era… tan… excitante… reconocí algunos de los movimientos y caricias… Levantó la cabeza del chico y lo acercó a sus genitales. Sin dudarlo ni un momento, Matías comenzó a estimularlo por sobre la ropa… con movimientos seguros y precisos… mordía suavemente, chupaba y acariciaba…  Adamir cerró los ojos dejándose llevar por lo que el chico le producía… relajado… confiado… con los ojos cerrados… como no lo había visto nunca…

En el más idiota de todos mis pensamientos me sentí decepcionado… ¿Por qué le hacía a Matías lo que me hacía a mi?… ¿se excitaba más con él que conmigo?…. ¿confiaba más en Matías?… quise golpear mi cabeza contra la pared.. ¿Cómo?? ¿cómo diablos podía pensar y sentir algo así?… ¿por qué estaba comparándonos??

-. Date media vuelta y mantén eso en ti- le ordenó presionando el dildo en su ano.

Una vez que se giró, Adamir caminó hasta el frente y le pidió sus brazos… estiro sus brazos delgados y se los ofreció sin chistar… ató sus muñecas inmovilizando sus manos y brazos… su cuerpo… suave y tan bien formado… estirado sobre la camilla… en qué momento el cuerpo de un chico se volvió incitante para mi?… esto era nuevo… excitarme con el cuerpo de otro hombre… luego,  lo movió hacia el borde posterior y levantó sus caderas… Matías dobló sus rodillas… sentí calor… era muy estimulante verlo en esa posición… la visión del culo de Matías me excitaba…  se veía lindo, apetecible…

Adamir iba a tener sexo con él frente a mis ojos…

No podía explicar lo que estaba sintiendo… estaba  agitado, acalorado… y mucho… no podía quitar mis ojos del dildo dentro de Matías, imaginar sus sensaciones… sus piernas separadas y su culo abierto… su piel… estaba comenzando a sudar y me movía inquieto… mi boca estaba abierta, mirándolo.

Entonces lo sentí y me congelé…

Inmóvil… por unos segundos solo pude permanecer inmóvil…

Cerré los ojos y apreté los labios porque no sabía que más hacer… supe que Adamir me había descubierto mirando a Matías antes de verlo… había sido sorprendido rompiendo las reglas, algo que me había prometido no volver a hacer nunca más… pero la visión de él y Matías me había distraído… odié ser sorprendido in fraganti…

Me miraba fijamente…

Empezó a caminar hacía mi… tranquilo, seguro. Ya tenía un motivo para castigarme.

Comencé a sentir rabia y vergüenza… no tenía forma de disimular mi erección… ver a Matías así, verlos a los dos frente a mi haciendo lo que hacían, me había excitado… Esperé en silencio mi condena.

-. Vaya…

Me miró de arriba abajo… luego pareció meditar algo… volvió su vista un segundo sobre Matías en la camilla y luego nuevamente a mí. Sonrió en forma extraña y se acercó a mi rostro…

-. ¿Te excita el pequeño esclavo?

¿Cómo podía negarlo si la evidencia era rotunda?? ¿Que podía responderle para evitar enojarlo???… no supe que inventar

-. Si. Lo siento, amo

Me miraba en silencio… levantó su mano y me sujetó de la barbilla, acercándome a él.

-. No lo sientas… el sumiso es delicioso

Por unos instantes me atreví a mirarlo y nuestros ojos se cruzaron… mi mirada, sorprendida al saber que no estaba enojado ni castigándome, que estábamos los dos de acuerdos en que ese chico era excitante y hermoso… la suya… sus ojos… indescifrables… fijos en los míos… tan intensos que me distrajo de todo y por un segundo solo pude ver la profundidad de su mirada… sentí sus labios, bruscos, sobre los míos… Adamir estaba excitado, con Matías, pero su boca me estaba buscando a mí… sujeto mi cabeza con ambas manos y profundizó el beso sujetándome a su gusto, recorriendo mi cavidad con su lengua… su cuerpo pegado al mío… entonces, me sostuvo de las nalgas, hundiendo sus dedos con fuerza para acercarme más a su pelvis… sentí su dureza contra mis caderas… luego, volvió a mirarme de esa manera especial… tenía un brillo extraño

-. Ah.. Dios Max… – se movió de un salto enérgico y procedió a soltar mis manos– espero que aprecies lo que voy a regalarte-

No supe de que hablaba y no me atreví a preguntar… ese beso me había alterado aún más… estaba completamente erotizado… bajé mis brazos despacio volviendo a sentir la sangre circular… Adamir me tomó de una mano y tiró de mí hasta llegar donde estaba Matías

-. Tómalo

Me volví bruscamente a mirarlo olvidando todas las reglas… los ojos abiertos y una gran interrogante en mi cara…

Qué lo tomara??!!… yo?… pero… si yo …

-. Amo… yo… nunca…

– Lo sé… es tu primera vez y quiero verlo  

Pasó su mano por mi pelo hasta detenerse en mi cuello… su mirada seguía siendo  muy especial… me acercó a él y volvió a besarme de una manera diferente… no había esa agresión de otras veces… no sé porque me gustó como me besaba esta vez, sus labios se movían diferentes haciéndome sentir bien… mi excitación estaba creciendo por segundos… entre las estimulantes caricias de Adamir y lo que me pedía que hiciera con Matías.

Se alejó un par de pasos sin dejar de observarnos. Tenía una leve sonrisa satisfecha en su rostro…

-. Haz lo que desees… esta noche, Matías es para ti

Matías movió su rostro para mirarme y pude ver su expresión… no estaba asustado… apretaba la lengua entre sus labios y me pareció verlo asentir… comprendí que la perspectiva de que yo.. yo??!!…(mi respiración se agitaba de solo pensarlo) de que yo tuviera sexo con él le parecía mejor que la idea de que se lo hiciera Adamir… Sexo?… iba a tener sexo con Matías mientras Adamir nos observaba?… Dios!!! como puedo ser tan imbécil???!!  Por qué me excita aún más??

Me volví a buscar a Adamir… perdido… algo nervioso… necesitaba comprobar que me lo había dicho en serio… se había sentado cómodamente en un sillón a unos pocos metros… me alentaba con la mirada y sus manos…

-. Sabes lo que debes hacer, Max… es lo mismo que te he hecho muchas veces

Se acomodó ampliamente en el sillón… sus ojos iluminados con lujuria e interés…

ADAMIR

No recuerdo cuando fue la última vez que algo me  causó tanto entusiasmo en este negocio… conocía tanto y había visto de todo… pero nunca había tenido la oportunidad de ver a un par de chicos esclavos en su primera vez… había sido el primero en la vida de muchos, pero ver a uno de ellos en el papel de activo por primera vez… nunca…

Max, específicamente…

Vi el brillo en sus ojos cuando me acerque a besarlo… no esperaba ver a Max excitado con lo que el pequeño esclavo y yo estábamos haciendo… pero lo estaba… duro y caliente… ansioso…

Max excitado se vuelve aún más especial… tuve que probar su boca y sentir la dureza de su cuerpo…  

Entonces se me ocurrió… ¿por qué no dejarlo disfrutar de un rol diferente?… la sola idea resultaba altamente estimulante… quería ver a Max tomando al chico… esto posiblemente infringía todas las reglas que yo mismo había establecido… pero soy quien hace las reglas… y deseo ver a Max hacer esto… más que nada… más que tener yo sexo con ese esclavo… deseo verlo a él tomando al chico en su primera vez.

Los chicos se miraban sin saber exactamente que hacer… mi presencia claramente los intimidaba pero yo era parte del juego

-. Amo… ¿puedo hablarle a Matías?

Ambos estaban rompiendo reglas al mirarme directamente… la incredulidad aun en sus ojos… ninguno se atrevía a tomar la iniciativa… esperaban que les reafirmara lo que les había dicho… entendí sus dudas… esto era excepcional… provocador… delicioso.  

-. Olvida las reglas por ahora, Max… haz lo que desees… quiero verte tener sexo con… Matías

Max asintió lentamente mirándome como si me viera por primera vez de manera distinta, convenciéndose de lo que yo esperaba de él. 

-. ¿Lo que quiera?… amo?

Asentí con la cabeza

-. Lo que quieras, Max- confirmé

Su primer movimiento me sorprendió, pero al pensarlo, era comprensible. Caminó hasta el frente de la camilla y luego de mirarme para pedir mi aprobación, soltó las manos de Matías. Lo dejé hacer…  mi mente ansiosa de conocer a Max de manera diferente… hambriento de verlo actuar por su cuenta.

-. Hola. Soy Max

Le dijo en un tono de voz que nunca antes le había escuchado… lleno de ternura y una sonrisa que le iluminaba el rostro… por un segundo recordé mi pesadilla… ¿estaba yo mismo provocando algo de lo que me iba a arrepentir?…

-. Hola…

Respondió Matías sobando sus muñecas y enderezándose en la camilla… 

No me atrevía a moverme… los chicos estaban interesándose en ellos y comenzando a olvidar mi presencia…

-. Tus ojos son muy bonitos

Mi rostro tenía que reflejar mi sorpresa… Max le hablaba con una dulzura que me resultaba desconocida… alzó su mano y acarició el rostro de Matías… se sonrieron mutuamente… entonces Max lo sujeto muy despacio de la espalda, moviendo su mano con lentitud por la espalda del chico… lo recorrió con la vista… comenzó a dejar besos y caricias…  trague saliva… podía notar su excitación no solo en la erección visible sino en todo su cuerpo…

Max deseaba a ese chico… sus movimientos de felino lo delataban… la ternura y atenciones que le dedicaba despertaron mi envidia… ahora que sabía de lo que era capaz, la quería para mi…

Le tomó las muñecas y llevó cada una a su boca… besándolas y sonriéndole… continuó acariciándolo cada vez de forma más atrevida… eran dos niños jugando… Matías respondía levantando sus brazos para acariciarlo de vuelta, ofreciéndole y entregándole su cuerpo. Me sorprendió ver a Max subir a la camilla para estar más cerca de Matías… sé que siente aversión por la camilla, pero ahora lo había olvidado… escuchaba el sonido de sus gemidos y jadeos… Max estaba sobre Matías… bajaba por su cuerpo como lo había hecho yo un rato antes… los dos tan jóvenes y hermosos… reían como lo que eran… niños jugando… ojos brillantes… hermosa piel en contacto… sus piernas y brazos se enredaban en caricias… el sonido de la risa de Max… me excitaba y me hacía sentir feliz… Max hundía su lengua en el pequeño ombligo del chico… ambos tan inmersos en conocerse y tocarse que habían olvidado que yo estaba observándolos… Se situó entre las piernas abiertas voluntariamente de Matías… de la mesa tomó un preservativo y sin dejar de sonreír se lo puso en su propio pene erecto… 

Sentí la dureza de mi propio cuerpo…

Max esparcía lubricante en su miembro… brillaba producto del lubricante… hermoso… sus nalgas duras listas para ejercer fuerza y penetrar a Matías… me habían olvidado completamente… concentrados en su propio juego… hipnotizado miré como el miembro de Max se hundía dentro del pequeño esclavo que gemía excitándolo aún más… el rostro de Max y su expresión de sorpresa… concentración y  placer… su boca semi abierta… sus ojos fijos en Matías… su cuerpo se movía… en sus brazos se marcaban los músculos cuando hacía fuerza sosteniendo al chico… su culo se hundía  cada vez que lo embestía despacio… disfrutando y cuidando de no dañarlo… reaparecía, completamente expuesto… abierto… invitándome… alcanzaba a ver su ano… no se en que minuto mi boca se abrió… mis piernas me pusieron de pie y comencé a caminar acercándome a él… deseaba tocarlo con locura… urgencia…  ser parte de lo que estaba haciendo y sintiendo… me quité la ropa de prisa… todo me molestaba… necesitaba mi piel desnuda para sentir el calor de Max

Me acerqué hasta estar a su lado… con una ansiedad desconocida… casi una necesidad física dolorosa de tocarlo, puse mi mano sobre sus nalga y le dejé un beso firme sobre la piel… respiré aliviado… emocionado… tenía que tocarlo… besar su piel… besarlo entero… tan perfecto y hermoso que casi dolía…

Max se volvió al sentirme y detuvo sus movimientos… no miré sus ojos pero con mis manos le indiqué que continuara… lo hizo… más despacio… nervioso pero decidido… Matías lo recibía con gusto… su manos libres tocaban a Max… me habían visto pero no detuvieron sus movimientos…

Unté mis dedos en lubricante y los enterré en su ano con un suspiro de alivio… enviciado en las ganas de tomarlo… dominado por el deseo… Max gimió con fuerzas al sentirme y su cuerpo se estremeció… su ano se cerró alrededor de mis dedos… completamente sobre-estimulado… el control que siempre mantenía, completamente perdido… pura excitación, puro deseo… me acomodé para poder penetrarlo… me pegué a su cuerpo húmedo, oliéndolo y lo sujeté de la cintura… me hundí despacio en él… disfrutando cada uno de sus largos gemidos en respuesta a tanto estímulo…

-.Max… Max..- no podía dejar de llamarlo y besarlo…

Max estaba en ese momento completamente perdido en lo que sentía… nada más importaba… cerraba sus ojos y continuaba moviéndose, recibiendo mis estocadas profundas en su culo mientras penetraba a Matías quien gemía bajito y se aferraba a él… su cuerpo se agitaba…

– Max…

Volví a pronunciar su nombre como un  hechizo acercándome a su oído…

Entonces, Maximilian se giró hacia mí, abrió sus ojos… jadeando… lindo, sudado… pura excitación… estiró su brazo y me atrapó por el cuello, tiró de mí hacia él y sus labios cubrieron los míos…

Max me estaba besando…  

Sosteniendo por el cuello… sus dedos enredados en mi pelo…

Completamente entregado…

La sorpresa del beso hizo que tardara un segundo en responderle… sus labios se movían y su lengua entraba en mi boca…  fue un rugido feroz de mi parte… devolverle el beso con  la misma intensidad y atrapar su nuca de igual forma en que él sujetaba la mía…

Había puesto su boca sobre la mía…

Me había buscado…

Su cuerpo abandonado en mi… entregado… mío…

No puedo explicar lo que sentí al ser besado voluntariamente por Max… que me atrajera sobre él… pero ahí, en ese instante, en ese bendito segundo, estaban todas las respuestas y el fin de la ansiedad… algo estalló dentro de mi dejándome una sensación tan grande de felicidad… un sentimiento profundo de bienestar…  la boca de Max en la mía… así… de esta manera, era el fin de todas las preguntas… su entrega eran todas y la única solución…

Max abrió la boca sobre la mía y gimió, mirándome directamente… puro placer… eyaculaba en Matías y su rostro nunca fue más hermoso que en ese momento… sobrecogedor… quise retener su preciosa imagen…

Se dejó caer sobre mí y lo abracé con fuerzas mientras mi cuerpo llegaba al clímax dentro de él… con hambre feroz volví a besarlo, queriendo robarle toda su esencia… retenerlo mío para siempre…

-. Max…- pronuncié adorando lo que estaba pasando…

Su nombre me liberaba… su cuerpo sobre mi… dándome cuenta claramente de una terrible verdad… algo que me alegraba y atemorizaba por igual… entendiendo por fin lo que me había estado pasando las últimas semanas… Cerré los ojos sujetándolo…

-. Max…- gemí despacio apretándolo contra mi… no lo iba a soltar…

SANTIAGO

Cuando su voz ya no pudo gritar más se quedó tendido, exhausto, sobre el pasto y las rocas… las manos cortadas y heridas de tanto golpearse… sangraban… no se movió por mucho rato… era un hombre adulto actuando como un demente… las lágrimas corrían por su rostro pero no se molestaba en secarlas.

Sentía algo peor que la muerte…

Había gritado hasta quedar sin voz y sin energías…

Escuchaba el ruido de las olas reventando contra las rocas, más abajo…

La luna iluminaba apenas el paisaje…

Todo era silencio y oscuridad…

Matías…

Dios!! dolía tanto… se partía… nunca volvería a juntar sus mil pedazos para ser él nuevamente…

Se le había roto el corazón… no tendría remedio.

Debió haber saltado con él y morir los dos juntos…  así nadie los habría hecho pasar por este dolor… Morir… descansar… juntos.

No… no podía negarle la vida a Mati.. tenía todo el derecho a vivir… un niño… solo estaba comenzando…

¿Vivir como esclavo?… ¿era vida?…

¿Qué estaba pensando?… ¿acaso estaba loco?.. Nunca antes se lo había preguntado, prefería cerrar los ojos a esa verdad y seguir con lo suyo… pero nunca antes había existido un Matías en su vida…

Merecía una vida plena…

Tanta belleza y dulzura… tanto amor y delicadeza… Matías… no era justo que alguien le cortara las alas y lo convirtiera en cautivo…

Se había sentado sobre la hierba…

Imaginó otra vida para Matías… un estudiante de colegio… una familia que lo ayudara… amigos… risas…

La pequeña luz que apareció sobre el mar atrajo su atención… sus sentidos se alertaron de inmediato… ¿Qué hacía un barco cerca de la isla?

Entonces recordó que no había peligro. Era el barco de abastecimiento que hacía el recorrido una vez a la semana trayendo provisiones a la isla.  El único medio de transporte fuera del avión que Adamir mantenía escondido en un hangar secreto…

Santiago siguió la luz del barco por mucho rato…

Entraba y salía de la isla una vez por semana

Siempre de noche…

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