M&M 13

Capítulo 37

SANTIAGO.

Amaneció tarde en su cama…  no recordaba bien cómo había vuelto desde el acantilado… solo tenía fragmentos borrosos de recuerdos… como si hubiera estado completamente borracho aunque no había bebido una gota de alcohol. 

Apretó los ojos, le dolía todo el cuerpo. Y las manos!!! Se las miró recién notando lo que se había hecho. Las tenía hinchadas, sangre reseca, moretones, cortes, arena… un desastre.

-. Maldición…

Luego de una ducha, que lavó la mayoría de las costras en sus manos, comenzó a sentirse persona. Se vistió  aguantando el dolor en sus dedos que apenas podía doblar. Iría a buscar su desayuno… Volvió la vista justo antes de abandonar el dormitorio… le hacía falta Mati… siempre tomaban desayuno juntos…

Inesperadamente, los ojos se le llenaron de lágrimas y apretó fuerte la boca hasta que fue una línea blanquecina

¿Cómo estaba?.. ¿Qué… qué le habría hecho Adamir?…

Cerró fuerte la puerta haciendo sangrar una de sus manos nuevamente.

Al llegar al comedor buscó directamente a Olga y le pidió ayuda para preparar una bandeja. 

-. Mejor desayune aquí para poder ayudarle– le dijo la mujer, espantada, al ver el estado de sus manos

-. No. Ayúdame a llevarla a mi dormitorio, por favor

Olga caminaba tras él con la bandeja.

Santiago tenía el rostro serio aunque por dentro disimulaba una sonrisa.   Necesitaba hablar con ella a solas.

A media tarde Santiago se dio cuenta que no podía continuar, necesitaba ayuda con lo que se había hecho en sus manos.

-. ¿Cómo se hizo esto? – pregunto la enfermera  Celis examinando contra la luz las radiografías que le había tomado a pesar de la oposición de Santiago. 

– Tienes dos fracturas… aquí y acá – señalo puntos en sus dedos – por suerte son pequeñas…

-. Ya le dije… resbalé y me golpee – mintió

La mujer, obviamente, no le creyó… pero evitó seguir preguntando para no molestar a Santiago. Era el favorito de Adamir y su hombre más cercano,  mejor tenerlo de su lado siempre. Además, estaba acostumbrada a tratar las heridas y daños misteriosos que se producían en los esclavos… quemaduras, cortes, fracturas, golpes e incluso mutilaciones… nada la escandalizaba.

Solo que siempre sucedía en los sumisos… nunca en los amos.

Inmovilizó los dedos fracturados, curó las heridas en la otra mano y vendó completamente ambas manos en contra de la opinión de Santiago.

Estaba terminando su trabajo cuando la puerta de la sala médica se abrió y entró Adamir.

Santiago se puso tenso inmediatamente… lo miró un instante para luego desviar sus ojos… no soportaba pensar que había tocado a su niño…

-. Necesito algo fuerte para el dolor de cabeza- pidió Adamir hablando a la mujer… se detuvo cuando se dio cuenta quien estaba sobre la camilla

-. ¿Qué le pasó a tus manos?- preguntó acercándose a Santiago y tomando una de sus manos vendadas para examinarla de cerca

-. Nada… fue un pequeño accidente- tuvo que mirarlo para responder.

– ¿Pero, qué?- insistió

-. Me quemé

Sus verdaderas heridas estaban ocultas bajo los parches y vendajes. La enfermera Celis lo miró pero mantuvo silencio. Jamás intervenía a menos que le preguntaran directamente. Tenía cientos de secretos muy bien guardados y había aprendido el valor de mantener la boca cerrada.

Adamir parecía impresionado mirando las manos vendadas de Santiago.

-. Aquí tiene

la mujer le entregó un par de pastillas blancas que Adamir se echó a la boca junto a un vaso de agua

– ¿Es serio?- preguntó a la enfermera refiriéndose a las manos de su amigo

-. Estará mejor en un par de días- respondió sin dar detalles.

-. ¿Y a ti?… ¿qué te sucede? – preguntó Santiago queriendo desviar la atención de sus heridas… aunque en realidad, no quería saber… pero Adamir muy rara vez solicitaba una medicina, era una persona muy sana… dolor de cabeza?? Mati?? No..  no quería que le dijera nada…

Adamir se demoró en responder… estaba buscando las respuestas en el aire… parecía ausente, como si recordara algo que no le agradaba

 -. A veces las cosas no resultan como uno espera… y provocan dolor de cabeza-respondió misterioso con su vista fija en la nada…

¿Qué era lo que no había resultado bien?.. ¿había dañado a Mati?!!!… Dios!!! ¿Qué pasaba???!!…

Santiago no pudo aguantarse más

-. ¿Pasó algo con mi esclavo?

no se dio cuenta de lo ansiosa que sonaba su voz y la desesperación en su mirada. 

Adamir volvió sus ojos, sorprendido de escucharlo preguntar con tanta vehemencia

-. No. El esclavo está bien- respondió lentamente extrañado de tanto interés… Santiago había despertado su curiosidad… -. ¿Deseas ir a buscarlo? 

Se conocían bien… habían sido amo y sumiso y los juegos de simulación eran difíciles entre ellos… Santiago entendió que Adamir lo estaba poniendo a prueba…

-. Cuando tú digas lo iré a buscar  

Si, si… maldición si… por favor, devuélveme a Matías ahora mismo…

Adamir mantuvo la vista en Santiago y su rostro se fue volviendo más serio.

-. Ven conmigo. Vamos a buscarlo

Abandonaron juntos el recinto de enfermería.

La enfermera Celis los miró alejarse… no tenía claro que había pasado pero los siguió observando con una sensación extraña… algo estaba tirante entre ellos.

Llegaron en pocos minutos. No habían vuelto a hablar, Santiago no pudo hacerlo. Solo tenía cabeza para pensar en volver a ver a Matías y llevárselo de vuelta lo antes posible… la ansiedad se lo estaba comiendo vivo y tenía sus energías puestas en tratar de disimularlo frente a Adamir

Dentro del dormitorio estaban los dos chicos… Matías esperaba sentado en uno de los sillones, tal y como lo había dejado Adamir antes de salir.

Maximilian había vuelto a ser esposado en el rincón antes que Adamir saliera del dormitorio.  Esta vez no supo explicarse porque lo estaba esposando… tal vez porque los esclavos nunca se quedan juntos a solas… tal vez porque no deseaba correr ningún riesgo… tal vez porque quería asegurarse de que estuviera ahí para él…  maldición!!!… a quién diablos le importaba porque lo hacía. Había querido hacerlo y punto.

Cuando los dos amos ingresaron al dormitorio, Matías sintió que se llenaba de alegría… Santiago había venido por él!!!… se lo había prometido… que estarían juntos nuevamente muy pronto. Su primer impulso fue levantarse y correr para arrojarse en sus brazos… deseaba tanto abrazarlo… lo había echado mucho de menos… pero su autodisciplina pudo más… aunque sus ojos brillaron animados y una leve sonrisa alcanzó a dibujarse en el rostro que rápidamente agachó escondiéndose del Amo mayor.

Adamir alcanzó a detectar sus gestos…

Parpadeó asombrado…

Se giró completamente para ver a Santiago…

Miraba al chico con igual alegría… no sonreía ni nada parecido… pero él lo conocía mejor… todo su cuerpo estaba inclinado hacia el menor… sus ojos se habían iluminado… su respiración se había acelerado y, evidentemente, estaba ansioso…

Adamir se quedó quieto unos minutos… miraba y pensaba.  De pronto, frunció el ceño…

-. Matías, vete con tu amo- la orden fue dada con frialdad.

Los ojos de Adamir siguieron sigilosamente cada movimiento de amo y esclavo…

Santiago no lo tocó… solo dejó que el chico se acercara a él… sumiso y obediente. Entonces, se despidió de Adamir con un breve movimiento de cabeza y abandonó el dormitorio seguido del pequeño esclavo. 

Adamir los miró marchar…

Extraño. Santiago no le había preguntado su opinión sobre el comportamiento del esclavo…

El chico se había alegrado al ver a Santiago…

Santiago estaba ansioso por recuperar a su esclavo…

Se había asustado cuando pensó que le podía haber pasado algo…

Se quedó en silencio pensando…

Sus alarmas se habían encendido…

Algo estaba sucediendo que era diferente a lo normal…

El dolor de cabeza aún no disminuía lo suficiente como para permitirle pensar claramente…

El sonido de cadenas que hizo Max al moverse lo distrajo. 

Max…

Tenía un nuevo motivo para castigarlo…

Su dolor de cabeza era exclusivamente culpa de Max… se lo había provocado de tanto pensar… ya sabía la respuesta a las inquietudes que lo habían atormentado durante las últimas semanas… esos sentimientos… no había podido quitarse de la cabeza lo que había descubierto… era, quizás, lo más extraño e intenso que había sentido en su vida, hasta ahora… un sentimiento nuevo, que no sabía cómo manejar…

Sintió una nueva punzada en su sien derecha… se llevó la mano al rostro y la pasó delante de su cara tratando de despejarse…

Max…

Max…

Cerró los ojos dejándose caer en uno de los sillones.

Nunca antes se había sentido así…

No podía controlar esto que sentía… y eso no le gustaba…

¿En qué momento había sucedido?… ¿cuándo crecieron esos sentimientos en él?…

Las imágenes de un Max decidido y luchador desfilaron en una rápida sucesión por su mente… todas imágenes hermosas… una fiera agresiva, con el pelo castaño cubriéndole el rostro y los ojos brillantes de furia… su cuerpo precioso y tan deseable… Dios!!hermoso y excitante como ningún otro…

Entonces recordó el beso de la noche anterior…

Toda molestia y enojo se disipó como por arte de magia…

Los labios de Max buscándolo y su mano sujetándolo… atrayéndolo para fundir el calor de sus cuerpos…

Sonrió como idiota sin darse cuenta, sintiendo un intenso calor interno que lo llenaba de bienestar y alegría… algo circulaba vigoroso y agradable por sus venas dejándolo en un estado maravilloso de dicha.

Le había fascinado sentir a Max entregándose en sus brazos, erotizado y hambriento de su boca…

Lo que sentía era algo nuevo… algo diferente a todo lo demás… no podía detenerse… Quería más… quería todo…

Volvió sus ojos sobre Max… vio que estaba agotado. También había sido una noche larga para él… 

Algo se agitó en su corazón al verlo encadenado sobre la colchoneta…

Su guerrero…

Un sentimiento nuevo y urgente apareció, arrasando con todo vestigio de cordura.  Se acercó rápido a Maximilian, liberó sus brazos de las esposas. En silencio tomó una de sus mano y la apretó entre la suya sintiendo el contacto con su piel. Las muñecas de Max tenían marcas rojizas a causa de las esposas.  Tiró de él en silencio… quiso darle una orden para que lo siguiera pero se dio cuenta que no estaba seguro de la firmeza de su voz… estaba lleno de emociones, sobrepasado…

Respiró profundo…

La cercanía de Max lo conmovía???…

Tenía que ser una broma. Esto no podía estarle pasando a él… 

-. Siéntate –  no fue una orden… fue casi un ruego

Buscó en el gabinete algo para aliviar las muñecas dañadas de Max. Limpió y empapó la piel rojiza inflamada con un medicamento… sostenía las manos con firmeza… sus ojos fijos en las líneas de sus dedos, en la preciosa mano de piel firme y dedos largos… sus uñas… sus muñecas heridas… tenía entre sus manos la piel de la persona que se le había metido en el corazón… quería besar su mano… entrelazar firmemente sus dedos con los de él… lamer despacio la piel, pegarla contra su mejilla y quedarse ahí, quietecito… no lo hizo… no entendía lo que le pasaba y estaba asustándose…  sus emociones demasiado a flor de piel… iban a escapársele por algún lado… Siguió la línea del brazo hasta llegar al hombro de Max y entonces se detuvo bruscamente… respiró agitándose…

¿Qué le estaba pasando?.. por todos los cielos!!! Que le sucedía???…

Por un segundo… solo por un gigantesco segundo estremecedor, Adamir sintió miedo de mirar los ojos de Max…

Había sido algo instintivo… no lo había alcanzado a racionalizar… solo fue un chispazo en su interior… pero por un segundo tuvo miedo de mirar sus ojos y ver odio… rabia… desprecio.

Se sobrepuso de inmediato. Llevaba toda una vida manejando mocosos y sabía cómo hacerlo. Más calmado y en control, levantó la cabeza y fijó sus ojos dorados en el rostro de Max…

Se sintió decepcionado al ver que no le devolvía la mirada… Max tenía la cabeza baja y sus ojos miraban al suelo…  como él mismo le había enseñado.

-. Mírame Maximilian

quería verlo… quería sentir su mirada… por sobre todas las cosas del mundo, Adamir quería ver la misma mirada de la noche anterior… esos ojos llenos de deseo y lujuria… por él. Quería que Max lo deseara, que lo mirara y le hablara de la forma dulce, tierna y sonriente en que lo había hecho con Matías…

Max levantó los ojos siguiendo su instrucción…

Adamir no encontró nada de lo que buscaba…

Sintió un vacío… algo que se parecía remotamente al dolor… Fue un lento grito en su mente…

Noooo… nooooo… 

¿Dónde estaba la pasión?…

¿Qué había hecho con Max?…

 MAXIMILIAN

 Había seguido con inquietud todos los movimientos de Adamir aunque él no se diera cuenta que lo espiaba… estaba actuando raro… caminaba inquieto,  se llevaba la mano a la cabeza como si le doliera… nunca lo había escuchado quejarse, pero su rostro cambiaba de expresión a cada momento lo que significaba que estaba pensando mucho… ¿qué?… ¿Qué era lo que estaba pensando?…  el cambio había comenzado la noche anterior cuando me pidió que tomara a Matías… no… en realidad fue unos minutos antes… cuando me besó… ese beso fue el primer cambio que note en él.

Debó ser un soberano idiota… pero me gustó su forma de besarme. Fue diferente a las veces anteriores que siempre eran con violencia y prepotencia, demostrándome que él es el amo y tiene que controlarme, rebajarme y someterme… siempre tiraba de mi pelo, me sujetaba y hacía su voluntad conmigo, saqueando mi boca…

Pero anoche no fue así…

No puedo explicarlo… no sé cómo… pero durante todo el tiempo que interactuamos anoche, Adamir se bajó de su pedestal de amo supremo de todo el maldito universo y fue alguien diferente… no hubo autoridad ni arrogancia… fue como si en verdad quisiera estar ahí… con nosotros…

¿Enloquecí?… ¿ya perdí todos los tornillos?.. debe ser eso… de qué otra manera me explico lo que está pasando??

¿Fue la presencia de Matías?… ¿eso lo volvió más humano?…

La idea me dejó un gusto amargo… ¿Qué tenía él que provocaba ese cambio en Adamir?… Quizás si lo fue. Matías es un chico muy especial… no podría sentir rabia o molestia contra él. La simpatía y dulzura de Matías estaba por sobre cualquier otro sentimiento… Era especial… Había sido un verdadero agrado conocerlo y hacer lo que hicimos… toda lo que paso anoche había sido diferente y especial…

Mis pensamientos se detuvieron confundidos…

Anoche… había sido… ¿feliz??… ¿en verdad feliz!!!??…

Extraña la capacidad de los seres humanos de encontrar la felicidad en las situaciones más extrañas…  Matías estaba siendo violado, obligado a recibirme y tratado como un esclavo; Adamir me forzaba a tener sexo con el chico mientras él me violaba… Mirado de esa manera resultaba aberrante.

Sin embargo…  mis sentimientos al recordar lo que habíamos hecho no eran desagradables… La sonrisa encantadora de Matías… sus quejidos y la forma en que parecía disfrutar de nuestro contacto… las chispitas de sus ojos verdes cuando me sonreía… tan suave y cautivante… participando activamente en lo que hacíamos… yo estaba completamente seducido por él… verlo con Adamir me había llevado a un punto altísimo de excitación y saber que podía tomarlo y actuar en forma normal durante una noche fue… mágico.

Lo que pasó con Adamir… no sé cómo explicarlo.

Tal vez debo suponer que fue causado por toda la experiencia que tiene y pues… cómo sabe estimularme para llevarme hasta donde él quiere… anoche no fue la excepción. Hemos tenido sexo en muchas ocasiones… pero no como anoche.  ¿Estoy enloqueciendo?… eso debe ser… no me reconozco. Fue demasiado estímulo sobre mi cuerpo… fue… fantástico, aunque me duela el alma admitirlo…

Ya sé!!… Estoy pensando todo esto a raíz de lo que me dijo Matías… eso debe ser… porque de otra manera, no me lo puedo explicar.

MATIAS.

Mati había despertado temprano. Unas cuantas horas atrás, se había hecho un ovillo en el sofá grande de la habitación luego de que Adamir alzara a un Max exhausto y lo llevara a su propia cama diciéndole al menor que durmiera “en cualquier parte”. Habían jugado mucho y estaban todos agotados, especialmente los más jóvenes. Se habían dormido de inmediato.

Levantó la cabeza tratando de ubicarse. No estaba en  su dormitorio con Santiago.

Entonces, los vio juntos en la cama. Adamir abrazaba a Max en forma protectora. Mati ladeó su cabeza para observar mejor  y esbozó una sonrisa. No sabía porque tenía la tonta idea de que Max odiaba a su amo y no era feliz… le daba gusto darse cuenta que estaba equivocado… el comportamiento de anoche y lo que veía en la cama ahora le demostraban lo contrario. El amo mayor le había permitido algo especial a Max al dejar que tuvieran sexo ellos dos; luego,  lo había tomado con cariño y se habían besado muchas veces… como lo hacían él y Santiago. Tenía una idea equivocada del amo mayor… no había sido brusco con él ni lo había tratado mal… a decir verdad, ahora que lo pensaba detalladamente… el amo mayor no lo había tomado mucho en cuenta… solo había tenido ojos para Max, se le notaba lo que sentía.

Adamir despertó en ese instante y se levantó de la cama de inmediato retirando sus brazos con cuidado para no despertar a Max.

Matí escuchó el agua de la ducha. Deseaba ir al baño pero esperó pacientemente a que Adamir terminara para pedir su permiso.  Max despertó también. Se miraron a escondidas y sonrieron, algo ruborizados. Se sentían cómplices.

La mañana pasó rápido. Desayunaron y ordenaron.  Adamir impartía instrucciones precisas sobre lo que quería que hicieran. Mati esperaba que en cualquier momento Adamir le ordenara hacer algo de corte sexual, pero el amo mayor parecía ausente, sumido en sus pensamientos.  En un par de ocasiones, Matías lo descubriendo siguiendo a Max con la mirada fija mientras este hacía algo, sin darse cuenta que era observado. Matías sonreía escondiendo el rostro. ¿También tenían una relación como la de él y Santiago?…

Los chicos cruzaban sus miradas cada vez que podían y sonreían a escondidas. No se hablaron pero se comunicaban con gestos disimulados.

Pasado el almuerzo, Adamir salió un momento del cuarto dejándolos solos. Para Mati resultó raro ver que  Adamir tomaba la mano de Max y lo llevara hasta la colchoneta para ponerle un par de esposas y encadenarlo. No dijo nada… pero la expresión en su cara agachada era de horror.

Santiago jamás le haría eso… ¿verdad que no?

-. No te muevas de ahí hasta que vuelva– se dirigió a Mati justo antes de salir.

-. Si, amo– respondió apresurado.  La puerta se cerró y quedaron solos. Matías se mantuvo sentado sin moverse

-. Matías- llamó Max

Levantó la cabeza y lo miró con la carita llena de sonrisa.

-. ¿Cómo estás?- preguntó Max

-. Bien… ¿y tú?- le chocaba verlo con esa cadena

Max respondió igual

-. ¿Por qué te encadena así?

Matías no se atrevió a levantarse del asiento pero le hablaba indicándole las esposas y cadenas.

Max se encogió de hombros aparentemente, restándole importancia al hecho de estar amarrado

-. No sé… casi siempre lo hace… está loco ¿a ti no te encadenan?

-. No… nunca. Mi amo es muy bueno conmigo

Escuchar esa confesión de los labios de Matías fue un golpe fuerte para Max… en su mente resonaron las palabras de Adamir… “si eres un buen esclavo y me complaces tendrás una buena vida”… ¿era eso lo que había pasado con Matías?… ¿siempre había sido un buen esclavo?…  y todos los castigos que él había sufrido…

-. Adamir es un animal – lanzó Max con rabia

Ahora fue el turno de Matías de mirarlo con incredulidad

-. Pero… te trató muy bien anoche

La mirada de Max exigía que Matías se explicar

-. Te permitió hacer… bueno… ya sabes… sexo… conmigo – había enrojecido hasta la raíz del pelo, sentía el calor en toda su cara

-. Eso fue porque él quería vernos – se defendió Max

-. Fue cariñoso contigo, te tomó y te acarició con amor y te beso con mucha……

– Hey!! Espera… ¿de qué hablas?

-. De lo que pasó anoche… el amo mayor estuvo pendiente de ti toda la noche… te miraba con amor, igual que lo hacía hace un rato atrás

La mirada de Max era de risa y total incredulidad… ¿de qué hablaba Matías?… amor???!! ¿estaba loco este niño?

-. ¿Cuándo me ha mirado así??!!…- se largó a  reír con amargura… si Matías supiera…

Mati sonrió con seguridad. El era muy observador.

-. Yo sé lo que vi. El amo mayor solo tiene ojos para ti… te sigue con la vista. Se le nota lo que siente

Matías habló con tanta convicción que la risa se borró del rostro de Max dando pasó al más completo desconcierto

-. Explícate… ¿Qué fue lo que viste?

Matías comenzó a hablar…

Max se fue quedando helado…

Cuando Matías terminó de hablar, Max no emitía sonido alguno… solo lo miraba directamente a los ojos verdes sin realmente ver… analizaba lo que Matías le había dicho… una y otra vez…  su cabeza era un torbellino de pensamientos y análisis.

-. Max!! MAX!!!-  Matías reía y le gritaba para volverlo a la realidad – ¿qué edad tienes?-

-. Trece… espera ¿qué fecha es?

Matías le indicó la fecha. Habían pasado ya varios meses en la isla. Maximilian había cumplido los catorce hacia semanas pero no se había dado cuenta

-. ¿De dónde eres?- seguía preguntando curioso el menor

-. Ah.. yo?..de…

Max mencionó el nombre de su ciudad y su país. Los ojos de Mati se llenaron de lágrimas cristalinas…

-. Somos de la misma ciudad… somos compatriotas

-. NO??!! En serio? 

Algo más los unía… además de la simpatía y complicidad entre ellos, ahora descubrían que sus orígenes eran iguales. Siguieron hablando entusiasmados dándose cuenta de las muchas similitudes entre ambos… conocían lugares en común… habían caminado por las mismas calles y sus historias tenían tanto  de semejantes… Con pesadumbre, hablaron del día que los habían secuestrado… también notaron la triste realidad… estaban solos, nadie los buscaba, ninguno tenía una familia o alguien que los quisiera lo suficiente como para preocuparse por ellos…

El ambiente se fue volviendo doloroso…  eras niños abandonados… no le hacían falta a nadie en este mundo…

-. Por eso nos eligieron… sabían que nadie nos iba a extrañar. Ni tú ni yo tenemos familia… nadie se preocupó de nosotros

No había dolor en la voz de Max… solo una profunda desilusión, La vida era injusta con él y con Matías…

La pena que envolvió a Mati era genuina… y le alcanzaba para compadecerse de Max y querer incluirlo en su vida. Él, que era el menor y supuestamente más débil, sintió ganas de proteger a Max… le dolía en el alma verlo encadenado y triste.

-. Tu y yo estamos solo en el mundo… podríamos acompañarnos– le dijo en un acto efusivo…- ¿quieres que sea tu familia?- su ofrecimiento brotaba del alma…

¿Quién podía resistirse a esa mirada verde y el rostro sonriente y ansioso?… a la necesidad de ambos de llenar los horrendos vacios de afectividad en sus vidas

-. Tú serás mi familia y yo seré la tuya Matías… eres como mi hermano ahora

La emoción los envolvió a pesar de la distancia que los separaba… había tanto sufrimiento que los unía y se necesitaban mutuamente.

En una acción totalmente loca e impulsiva, Matías desobedeció la orden de Adamir y se puso de pie para correr hasta Maximilian y abrazarlo. Cruzó sus bracitos delgados y se apretó al cuerpo de Max que no pudo devolverle el abrazo por estar esposado pero inclinó su cuerpo hacia el pequeño. Era tan reconfortante sentirse unidos… saber que aunque no pudieran hacer mucho, estaban unidos en su desgracia y se tenían el uno al otro en secreta complicidad. Solo el hecho de poder mirarse era un descanso al drama y al dolor. Había algo tan mágico y tristemente dulce en el momento que vivían.

-. Hermanos? –  sonrió Matías mientras las lágrimas resbalaban por sus mejillas

-. Hermanos – respondió Max profundamente emocionado. Sería estúpido quizás pero ya no se sentía solo y abandonado en el mundo… tenía un hermano…

Matías le dedicó a Max su más hermosa sonrisa y besó con cariño su mejilla. Luego, corrió de vuelta a sentarse donde mismo le había indicado Adamir.

OLGA Y SANTIAGO

-. ¿Cuántos años llevas trabajando con Adamir?- preguntó Santiago ofreciéndole un asiento a Olga mientras acomodaba su desayuno sobre la mesa. 

-. 8 años- respondió ella extrañada.

Tomó asiento y le ayudó con la comida. En los ocho años que llevaba en la isla, jamás había estado en el dormitorio de un amo más que dos o tres minutos… se sentía incómoda

-. Y ¿tú familia? – Santiago comía lentamente… Olga se tranquilizó… solo estaba buscando conversación casual mientras terminaba de desayunar… además, le gustaba que alguien se interesara en ella y quisiera saber de su familia. Nunca nadie le conversaba más que para temas relacionados con los alimentos.

-. Mis hijos están en el continente y mi esposo… lo veo una vez a la semana, cuando trae el pedido del barco

-. Debe ser difícil estar separados…

– Mucho… Extraño a mis niños pero ya me queda poco tiempo

-. ¿Cómo?

Olga sonrió… se le había escapado información confidencial… Sólo lo había conversado con Adamir hacía dos días…  pero Santiago era la mano derecha de Amo… no importaba.

-. Es que termino mi trabajo en la isla… nos volvemos al continente. Mis hijos y mi marido me necesitan y ya le dije al amo Adamir 

La boca de Santiago se abrió y sus ojos la miraron fijo… con alegría.

Esto era una señal!!!

A Santiago no le cupo ninguna duda de que esto era un mensaje divino o de algún ángel de la guarda que enviaba su ayuda… no podía ser de otra manera… su madre siempre le había dicho que la presencia divina se manifestaba manera inesperada cuando más se necesitaba…

-. ¿Hasta cuándo te quedas?

Había entusiasmo en su voz… veía una luz al final del túnel… sentía la energía despertar de su letargo… le recorría el cuerpo dejándolo lleno de optimismo… nacía una posibilidad de esperanza.

-. Me voy a fines del próximo mes… Leonora va a quedar en mi puesto, le estoy enseñando aunque ella ya sabe todo…

Olga siguió hablando de quien la reemplazaría pero la mente de Santiago estaba trazando planes… tenía que pensar en todos los detalles… El primero y más importante, sería convencer al marido de Olga.

Capítulo 38

EL AMO Y EL SADICO

Primera parte

Santiago creció en una familia de recursos limitados, enormes contradicciones y peligrosa ignorancia; por un lado su madre, de profundas convicciones religiosas y carácter débil, que solo ofrecía la oración como única solución a todos los males del mundo, incapaz de enfrentar a su marido o de proveer una solución real para los problemas terrenales de sus hijos. Por otro lado, su padre, un hombre fuerte, autoritario, abusivo cuando bebía un poco más de la cuenta y sin tiempo ni ganas de atender a sus hijos, tarea que recaía exclusivamente en las inoperantes manos de su mujer.

Era difícil recordar cuándo fue la primera vez que Santiago sintió gusto frente al dolor, pero parecía que había sido así siempre. Su madre y hermanas mayores no tardaron mucho en notarlo y culpar de ello a las tentaciones del mal… se lanzaron en picada sobre él para explicarle que tenía que rogar y pedir por su salvación o estaría condenado para siempre.

Santiago se asustó y rezó mucho para poder eliminar al demonio que llevaba en su interior. Desde que podía recordar, sentía que estaba dividido entre la vida que su madre esperaba de él y lo que le pedía el ser que habitaba dentro de su mente… ese que lo impulsaba a morder a sus hermanas aún siendo un bebé para luego morir de la risa y el gusto ante sus gritos de dolor y sus caras de horror, ni que hablar del gusto cuando lograba hacerlas llorar…  descuartizar bichos, romperlos, quemarlos o asfixiarlos.. en fin, toda una amplia gama de torturas con los indefensos animales, que disfrutaba con un placer inmenso que comenzaba desde el momento en que planeaba con frialdad lo que haría hasta cuando, finalmente, las ejecutaba en el patio de su casa, en la vereda de la calle o en la plaza frente a la escuela.

Su piadosa madre y hermanas mayores le repetían, una y otra vez, lo mal que estaba y le hacían ver que tenía que vencer al demonio que se había apoderado de su cuerpo; tenía que ser bueno y cambiar, no dejarse llevar por los deseos malignos que atormentaban su corazón

Santiago creció confundido, sin recibir cariño y ternura sino solo reproches y reprimendas, amenazas y gritos, con un gran sentimiento de culpa. Quería ser bueno y que su familia lo amara pero seguía sintiendo que dentro de él vivía otro ser imparable y oscuro que se apoderaba de su mente. Lo peor era que la culpa no lograba igualar la sensación de deleite.

El placer del dolor provocado por sus manos le causaba satisfacción al joven Santiago… aunque siempre opacado por la sensación de sentirse malo, sucio e indigno de ser querido… era malvado, estaba fallado… maldito.  Quería ser bueno y que su madre lo mimara con amor y cariño como hacía con sus hermanas, pero cuando el demonio reclamaba en su interior, no había fuerza capaz de sujetarlo.

Eran una familia de pocos estudios y muy escasos conocimientos… a nadie se le ocurrió buscar otra explicación para lo que sucedía con Santiago… la teoría del ser oscuro fue aceptada por todos y era deber de Santiago eliminarla. Hasta entonces, no era merecedor del amor de la familia.

Creció aislado y asustado dentro de su pequeño círculo familiar sin poder hacer nada frente a los deseos que no dominaba… ansiaba la atención de su madre pero ella lo rehuía. Sus hermanas, demasiado jóvenes aún, seguían el ejemplo que marcaba la mujer y se alejaban de él.

Con el paso de los años Santiago se volvió callado y frío. Se decía a si mismo que no necesitaba a nadie.

Poco antes de la adolescencia, su gusto comenzó a variar y de pronto, se encontró siendo él mismo objeto de su necesidad de dominio: le causaba placer controlar las necesidades de su cuerpo, con frialdad y disciplina; comer, ir al baño, dormir, hablar… todo era practicado y controlado con dolor y rigurosidad, hasta que lograba el dominio sobre su propia carne, de paso, volviendo locas a su madre y hermanas que veían con desesperación como se negaba a comer o dormir, no respondía en su época de silencio impuesto, aunque sus padres lo castigaran severamente. A los padres les parecía que Santiago sentía agrado ante los castigos y eso los asustaba y alejaba aún más. 

Cuando empezó a intentar controlar su respiración hasta desmayarse, intervino su hermana mayor.

-. ¿Por qué lo haces?

Una pregunta tan simple que nadie le había hecho

-. No puedo evitarlo

-. ¿Has tratado?

-. Si… muchas veces pero no puedo… es más fuerte que yo

La cara de aflicción y súplica de Santiago fue suficiente para que Clara se apiadara de su hermano. Aunque siempre habían vivido juntos, eran dos extraños… Se miraron a los ojos y se vieron realmente… tal y como eran. Clara sintió que quería llorar. Ella era 12 años mayor, muy mesurada y bondadosa. No había notado nunca todo el dolor que Santiago reflejaba en sus ojos.

Lo abrazó con ternura, entendiendo por primera vez el sufrimiento de su hermano. Conversaron toda una tarde y el menor vació todas las dudas de su alma en la mirada comprensiva y cariñosa de su hermana. Ella no supo darle respuestas. La familia era de escasos recursos y vivía sumida en la ignorancia, pero al menos pudo darle algo que para Santiago resultó ser  más valioso y necesario; Clara lo abrazó, lo escuchó,  le dio amor y ternura.

Se volvieron inseparables a partir de ese día. Clara pasó a representar todo lo que le importaba al joven Santiago de apenas 12 años.

El comienzo de la pubertad trajo cambios fuertes y dolorosos a la vida de Santiago; de pronto comenzó a dejar atrás su cuerpo de niño pequeño y se desarrolló muy rápidamente. La lucha en su interior se volvió peor que nunca.  El demonio despertaba con fuerzas y le pedía cosas que no alcanzaba a entender. Su cuerpo tenía necesidades que lo asaltaban de golpe, con violencia y lo asustaban de la misma manera en que amenazaban con complacerlo.

Santiago no quería estar cerca de nadie. El demonio  se volvía loco con todos los cambios hormonales; despertaba furioso y le exigía sacrificios… el monstruo quería sangre y dolor… solo de esa manera conseguiría el placer.  Santiago vivía un infierno personal que no sabía cómo manejar ni se atrevía a confesar; Clara veía la confusión en los ojos de su hermano menor pero él se negaba a hablar. Para Santiago, su hermana era la única bondad y belleza que conocía… se sentía tan indigno y sucio… no quería que su inmundicia contaminara a su hermana… si ella se asustaba y dejaba de quererlo, volvería a estar solo en el mundo.

En el colegio, la mayoría de sus compañeros lo habían aislado desde chico y, aunque era buen estudiante, no tenía amigos ni apoyo entre los profesores… su carácter frío, serio y callado no le ganaba simpatizantes… aunque no estaba totalmente solo; Santiago contaba con seguidores incondicionales; unos cuantos chicos de su edad o menores que, por ser tímidos o diferentes, habían caído fácilmente en su dominio y lo seguían como líder, obedeciendo sus órdenes y deseos. Santiago representaba para ellos una especie de protector frente a los chicos agresivos que intentaban dañarlos; los defendía y protegía y ellos lo adoraban… aunque detrás de todo ello Santiago tenía razones muy equivocadas… Nadie tocaba a su séquito, solo él podía dañar y humillar a sus seguidores.

Sin embargo, con la llegada de la adolescencia, las chicas volvieron a hablarle y a interesarse en él; se sentían atraídas por el atractivo físico que exhibía Santiago, por su rudeza y carácter dominante. Los chicos deseaban parecerse a él y ser sus amigos también.

Su primera experiencia sexual marcaría el resto de su vida.

Ella tenía 16 años y era una de las chicas más bonitas y fáciles del colegio. Se rumoreaba que había tenido sexo ya con varios chicos y ahora se había fijado en Santiago que en esos días era el chico de moda porque había crecido muy bien.

Ella vestía provocativamente y tenía un carácter muy fuerte. Un día, durante el recreo, descubrió a Santiago mirándola fijamente.  Aunque él tenía un físico sorprendente, era dos cursos menor, así es que ella se sintió molesta y le fue a reclamar. Se quedó sorprendida. Santiago le clavó los ojos y la puso nerviosa. Le respondió con frialdad y una sonrisa cruel que la dejó pensando varios días.

Menos de una semana después se encontraban a escondidas y ella le ofrecía su cuerpo. Santiago ansiaba tomarla… pero se hizo esperar. Sabía cómo controlar las urgencias de su cuerpo y deseaba todo de aquella chica… incluyendo su primera experiencia de causar dolor intencionalmente a otro ser humano; fue frío, cruel y calculador… La chica estaba asustada pero no lo reconoció hasta último momento; era vergonzoso reconocer que el mocoso de 14 años la asustaba.

Santiago nunca había experimentado un placer como este. Su mente se abría a algo nuevo y delicioso… el demonio en su interior rebozaba en placer y exigencias. Ella lloraba mientras él la penetraba brutalmente luego de haberla hecho suplicar y pedir, humillarla y avergonzarla, saquear su boca y sus pechos.  Ante él, se revelaba la maravilla del cuerpo humano y la infinidad de formas en que se podía tocar,  dañar, atormentar y complacer.  Santiago comprendió en poco rato que el orgasmo se podía alcanzar de mil maneras… y en algunas de ellas ni siquiera necesitaban tocar con su miembro a la otra persona.

La experiencia del placer con otro ser humano era sublime.  Santiago estaba sorprendido, impresionado.

Lo único muy malo fue que ahora el demonio no descansaba ni un instante. Deseaba sexo, dolor y placer a cada rato. Era una experiencia que lo había complacido tan grandemente. Más… quería mucho más.

Clara lo veía diferente y pudo suponer que sucedía tras escuchar algunos rumores. Tuvo miedo por su hermano. El demonio estaba ganando terreno y amenazaba con destruir la poca bondad que quedaba en Santiago. A pesar de su reticencia, ella le hablaba y le recordaba que fuera bueno… pero Clara estaba perdiendo su tiempo. Ya nada lo conmovía y los sentimientos de culpa quedaban aplastados por el placer nuevo recién descubierto.  Clara era su conexión a tierra y su estabilidad emocional, pero Santiago parecía necesitarla cada vez menos.  Se entregó al delicioso placer de conocer sexualmente y atormentar a todas las chicas que le sonreían y se acercaban a él… y debido a su aspecto físico, fueron muchas.

No había nacido homosexual pero luego de un par de años de experimentar se cansó de la debilidad del cuerpo femenino… demasiado suave, redondo y sensible… demasiados sentimientos involucrados, lágrimas, quejidos y explicaciones.

Santiago se había hecho una fama de cruel y las chicas lo rehuían; resultaba atractivo para otras pero luego de comprobar la verdad de los rumores, huían para no volver. Santiago buscaba algo más… el demonio siempre le pedía más. Se había vuelto un adicto al placer del contacto sexual con otro cuerpo.

Volvió su vista hacia quienes lo rodeaban;  Sus ojos chocaron con el grupo de chicos leales que lo seguían desde hace años.   Comenzó a experimentar con chicos, la calidad del placer era igualmente intensa pero la resistencia de un chico era mucho mayor… se dio cuenta que no le importaba si era un hombre o una mujer quien estimulaba sus sentidos… lo importante era la capacidad de su compañero sexual del momento para experimentar dolor y la forma en que lo manifestaba; eso era lo que lo alentaba.  

El mundo y las sensaciones seguían multiplicándose.

Curiosamente, fue el más pequeño, tímido y callado de sus seguidores quien le mostró algo diferente y adictivo.

Era un chico menudo y delicado al que los mayores molestaban por ser homosexual. Admiraba a Santiago en secreto y era un masoquista en potencia. Juntos fueron descubriendo como complacerse mutuamente, exigiéndose cada vez más y superando lentamente las barreras del miedo para convertirlo en placer. Asustados de lo que hacían y sentían… dichosos de lo que descubrían… del placer largo y tortuoso derivado del dolor.

Lamentablemente duró poco.

Los padres del chico descubrieron las marcas en el cuerpo de su hijo y el escándalo estalló en la pequeña comunidad; salieron a flote todas las historias ocultas de Santiago con las chicas, fue expulsado del colegio y de la vida social. Faltó muy poco para que terminara recluido en la cárcel.  Su madre, como siempre, corrió a la iglesia a pedir por la solución. Su padre, luego de golpearlo hasta el cansancio, amenazó con enviarlo al ejército, le buscó un colegio lejano, lo castigó para siempre y le prohibió hasta respirar sin su autorización. No podía mover un dedo sin que alguien lo estuviera vigilando.  La vida se había vuelto un infierno. Todos sabían la clase de monstruo que era y lo señalaban en la calle. 

La noche en que decidió huir solo se despidió de Clara. Se abrazaron muy fuerte y ella puso en sus manos un pequeño montón de billetes. A Santiago le habría gustado poder decirle que no lo aceptaba pues sabía todo el esfuerzo que significaba para su hermana, pero no podía hacerlo. No tenía nada. Solo las ganas de libertad, de escapar de todo.  Lo escondió con vergüenza entre sus ropas y la besó despidiéndose. Clara lo miró en silencio grabándose la cara de su hermano en la retina. Lo amaba como si fuera su hijo. No trató de detenerlo.  Entendía que alejarse era lo mejor para él pero tenía mucho miedo.

-. Hazme saber dónde estás… te lo suplico

Santiago cerró la puerta de su casa por fuera y sintió que cerraba una etapa desagradable de su vida. Tenía 17 años y nada más en el mundo. No sabía dónde iba ni que haría. Solo tenía claro que  ya no podía seguir ahí.

A los pocos días de vagar, pasar frío y hambre, llegó finalmente al puerto de la ciudad. Siempre se necesitaban manos para trabajar en esa zona y él parecía mayor. Ayudaba en los botes de pesca, en la descarga de productos, robaba cuando podía y corría muy veloz. Dormía en la calle pero durante el día conseguía unas cuantas monedas que le permitían alimentarse y subsistir. De a poco fue haciendo de esa zona su hábitat, conoció a la gente y empezó a distinguir lo malo de lo peor; lo bueno no existía en ese lugar.  Trabajó más duro, su físico se lo permitía. Necesitaba más dinero. El demonio lo urgía y Santiago había descubierto una casa donde se podía comprar otro cuerpo para obtener placer. Ese lugar pasó a ser el centro de su vida. Todo giraba en torno a reunir dinero para comprar placer en “La casa de Marie”.

ADAMIR.

Después de que Nazir lo llevara al club la primera vez, Adamir se volvió un visitante asiduo y muy pronto comenzó a ir por su cuenta; las puertas que su hermano había abierto para él cambiaron su vida. A pesar de su juventud, pronto lo reconocieron como un dominante neto; tenía todo lo que se requería, solo necesitaba práctica para desarrollar todas sus capacidades y aprender a ser mejor.  Siempre había más de un sumiso deseoso de ser dominado por un chico tan joven y tan guapo como Adamir; sorprendía su carácter fuerte, su forma de entender las necesidades de un sumiso o masoquista y su sabiduría al momento de hacer valer su papel de dominante.

Debido a que el club era un lugar exclusivo y de difícil acceso, al cabo de un par de años, Adamir conocía todo lo que el lugar podía ofrecer y comenzó a necesitar más, estaba limitado por las reglas del club y por no contar con todo el espacio que deseaba, quería ver y conocer más personas, quería experimentar cosas más fuertes… el mundo que conocía le estaba quedando chico… necesitaba expandirse pero su edad y falta de experiencia  en otros lugares lo mantenían limitado. Además, Nazir lo mantenía vigilado; le había prohibido estrictamente internarse en otros clubes o áreas que podría ser potencialmente peligrosas. 

Adamir deseaba hacerlo… los planes en su mente comenzaban a desarrollarse… ya comenzaba a vislumbrar lo que quería hacer en el futuro… pero necesitaba saber más de todo… tenía hambre de aprender.

Fue uno de los sumisos que conoció en el mismo club quien le indicó las puertas hacia nuevas aventuras.

Era un chico nuevo, muy joven, propiedad de un amo adinerado y mayor; apenas llevaba un par de días con él y Adamir había recibido el encargo de entrenarlo y prepararlo… el nuevo amo no tenía tiempo para dedicarlo a adiestrar a un chico inexperto y, al igual que muchos otros, prefería entregarlo en manos de Adamir. 

Con la ayuda de Nazir, Adamir había comprado un departamento en un lugar aislado y tranquilo, en el que llevaba a cabo su trabajo de preparación; lo había equipado adecuadamente y en el ambiente que frecuentaban se consideraba un lujo ser tomado bajo la tutela del joven Adamir y ser llevado a este lugar. Su fama había crecido con rapidez. El trabajo que Adamir efectuaba era exclusivo y muy bien pagado.

El chico yacía desnudo, completamente inmóvil.  Adamir lo estudiaba con detención… estirando sus límites y dándose cuenta claramente de cómo el chico lo estaba disfrutando a pesar de la mueca de dolor en su rostro… aún toleraba más… lo sabía. Separó un poco más sus piernas y de pronto se fijó en las pequeñas pintas rojizas que adornaban la ingle del sumiso… dos hileras perfectas de pequeños piquetes en cada lado de sus genitales… ¿Cómo se había hecho eso? Pasó sus dedos sobre las marcas… ¿Qué era esto?

-. ¿Cómo te las hiciste?- preguntó realmente intrigado – puedes responderme –agregó recordando que el sumiso tenía prohibición de hablar

-. Un… desgraciado… en… la costanera baja… me ató y me llenó… de agujas. Fue horrible, amo

Estaba adolorido… le costaba hablar… pero Adamir sabía que el sumiso estaba disfrutando del castigo que le imponía.

Agujas… agujas!!!

No se la había ocurrido hasta ese momento. Había visto muchas otras cosas, quemaduras, calor extremo, electricidad, frío, hielo azotes, cadenas… pero agujas?… abrió los ojos y se acercó para ver la perfección de las marcas perfectamente alineadas

-. ¿Dime exactamente dónde?

Estaba intrigado… quería aprender más… quería conocer al causante de las marcas en el sumiso.

EL ENCUENTRO.

La costanera baja era una zona de muy mala reputación en la ciudad; allí, cerca del puerto en el que recalaban barcos de gran envergadura, se reunía lo peor de la ciudad… estaba lleno de bares, prostíbulos, maleantes, traficantes y, con un poco de dinero, se podía comprar cualquier clase de perversión que uno deseara. Nadie que se considerara decente, se aventuraba por esos barrios de noche.

Adamir se había vestido para pasar inadvertido; su pelo claro, largo y liso, era demasiado vistoso y lo había amarrado y ocultado bajo un sombrero; no podía hacer mucho por su llamativa altura pero la ropa oscura lo ayudaba a disimular. Nada podía cambiar su manera segura de moverse y la penetrante mirada de sus ojos dorados. Adamir era un cualquiera solo hasta que alguien lo miraba a los ojos y escuchaba su voz. Entonces, todos sabían que esa persona frente a ellos era alguien importante.

Ubicó fácilmente el lugar que le indicara el sumiso. “La casa de Marie” se leía en un discreto letrero bajo una tenue luz. Desde fuera solo parecía una casa antigua venida a menos. No parecía ser el insólito lugar que le habían descrito. Adamir entró decidido.

Bien poco quedaba del joven atractivo que abandonó su casa llevándose la ignorancia y el demonio en su interior. Su cuerpo y su ropa estaban sucios y andrajosos, su pelo era una verdadera maraña que había perdido brillo y color, las ojeras muy marcadas en unos ojos inyectados de sangre y su cuerpo caído contra la mesa… abandonado a su suerte… a la horrible suerte de haber nacido con la maldad en su interior.

Santiago estaba en un rincón oscuro y olvidado del salón de la casa de placer. Nadie lo echaba porque cada vez que tenía dinero venía a gastarlo todo en este lugar… aunque fuera espantoso, era un cliente. Frente a él, un par de vasos ya vacíos, el contenido había ido a parar a su estómago y el alcohol se distribuía por su sangre… pero el demonio no se calmaba.  Hoy estaba especialmente irritable y no le quedaba más dinero para una dosis de esa droga que lo liberaba… en su rostro se reflejaba el sufrimiento…

Santiago tenía miedo del demonio que habitaba en él. Cada vez con más fuerza le pedía que hiriera y dañara… el demonio disfrutaba mirando como el sujetaba a una de esas mujeres acostumbradas al maltrato… la amarraba con lo que tuviera a mano hasta inmovilizarla, luego comenzaba el juego de asustarla y causarle dolor… las agujas eran la forma que más le agradaba y que funcionaba más rápido… el llanto y los gritos de terror que escapaban de la boca de esas mujeres eran una delicia para el demonio. Su cuerpo ya no le pertenecía y comenzaba a excitarse y a arder… el placer comenzaba a surgir desde las entrañas ocupando toda su mente y su persona… era delicioso dañarlas, escucharlas gritar y respirar aterradas, temblar de miedo, llorar, pedirle que las dejara… mientras más suplicaban, más placer le producían y más tiempo se tomaba en atravesarles la piel o derramar cera caliente en sus genitales o cualquiera otra lenta forma de dolorosa tortura que pudiera efectuar.

Lo malo es que duraba muy poco. Alguien venía en ayuda de la mujer o se desmayaban o se movían de tal forma que no podía hacerles lo que quería… el ser maligno quedaba frustrado y se ponía peor dentro de su mente… cuando no quedaba satisfecho, su vida se volvía un infierno. 

Muy pronto las mujeres lo reconocían y comenzaron a negarse y a huir de él, ninguna de ellas quería entrar con él aunque tuviera dinero para pagarlo; cuando no eran las agujas, eran animales asquerosos que reptaban por sus cuerpos, o golpes de su cinturón o el calor de las llamas o cualquier otra cosa que el demonio deseara… Hubiera preferido pagar por poder usar el cuerpo de un hombre… sabía que su resistencia era mayor.

Santiago estaba al borde del suicidio… no podía con el peso que cargaba… la voz de su madre y su hermana diciéndole lo malo que era y como se pudriría en el infierno donde le harían lo mismo que él hacía con los seres que dañaba…. No le asustaba el dolor. Lo había experimentado, incluso provocándolo él mismo, y tenía una altísima resistencia… a veces incluso le agradaba mucho sentir dolor… pero lo asustaba la advertencia de soledad y aislamiento… no ser nunca perdonado y aceptado por su familia…  no recibir jamás un poco de afecto… es que simplemente no podía controlarlo… los deseos del demonio pesaban más y no lo dejaba en paz ni un minuto mientras estaba sobrio… A veces, cuando estaba demasiado drogado o bebido, el monstruo desaparecía unos minutos dejándole una sensación de paz tan agradable…  si tan solo pudiera vivir así más tiempo… pero siempre duraba muy poco…

Estaba sexual, física y mentalmente frustrado hasta decir basta… se volvía loco de la ansiedad, de la culpa y carencia de afecto, del hambre que se sentía como un gran vacío en su estómago, de la miseria en la que se arrastraba sin nadie que lo ayudara o entendiera… de ese maldito apetito por dañar y el placer culpable… del gusto por lágrimas y dolor en ojos ajenos… de la soledad y la falta de sentido… su vida no valía nada… era un pedazo de escoria con forma humana… lentamente perdía la cordura…

Capítulo 39

EL AMO Y EL SADICO

Segunda parte

Adamir no se demoró mucho en encontrarlo. Cuando mostró un billete de varios ceros y mencionó las agujas, todos los dedos apuntaron en dirección al hombre desparramado sobre una mesa…  su aspecto era terrible… no se había bañado ni afeitado ni peinado en varios días. Al mirarlo, dudaba seriamente de que un trabajo tan exquisito como la línea perfecta de pinchazos que había visto en el sumiso, hubiera sido hecha por ese remanente de humano que apenas respiraba.

-. ¿Eres Santiago?-pregunto acercándose a la mesa, rodeado por le pestilencia que exudaba el hombre y mirándolo con mucho escepticismo 

El hombre levantó la cabeza al escuchar su nombre y trato de que sus ojos enfocaran con más claridad la alta figura borrosa frente a él.

-. ¿Quién quiere saber?- su voz era arrastrada y enredada

-. Mi nombre es Adamir 

A pesar del rechazo que sentía en su interior, Adamir se sentó en la mesa con el hombre. A sus ojos, tenía una edad incalculable, bien podían ser 20 años como 40… no acertaba a descubrir a este personaje entre la mugre, el pelo desgreñado, la ropa de mamarracho y la oscuridad del lugar.

– Quiero hablar contigo

– Págame un trago y tal vez te hable

Santiago lo analizó mientras hablaba. Era un tipo grande y elegante, tenía ropa de buena calidad… seguro tenía dinero también. A él ya no le quedaba nada… el demonio lo había hecho gastar sus últimos billetes en una mujer que apenas si había aguantado algo para luego ponerse a chillar como loca… tenía sed, hambre, sus piernas temblaban y no era capaz de mantener los ojos abiertos por mucho rato. No recordaba cuando había comido o dormido por última vez ni estaba seguro de dónde pasaría la noche… si seguía así pronto enfermaría y moriría… si moría… ¿el demonio dejaría su cuerpo?… ¿podría muerto estar en paz?

Adamir pidió una botella entera y dos vasos. Comenzó a beber con él.  Santiago se reía de las preguntas que Adamir le hacía… no supo cómo fue contándole todo… a pesar de no querer hablar.

Adamir sabía cómo lograr que las personas hablaran con él. Santiago, borracho y drogado, era una presa muy fácil. Cuando comenzó a hablar no se detuvo más. Pudo deducir muchas cosas escuchándolo.  El pobre tipo parecía un muerto en vida…  le habló del demonio y Adamir de inmediato entendió que se refería a su alto grado de sadismo. No sabía cómo manejarlo y se sentía horriblemente culpable de poseerlo aunque no por ello podía controlarlo: disfrutaba pero a la vez se lo comía la culpa. Santiago era como un ser dividido en dos personalidades en conflicto; por un lado el niño que quería ser bueno y amado por su madre y sus hermanas y por otro lado este ser con necesidad de dañar y disfrutar del dolor que le carcomía el alma con placer y culpa. 

Adamir sonrió satisfecho luego de escuchar todo lo que necesitaba. Era un sádico, joven, sin trabajo ni ataduras… confundido hasta casi perder la razón en su ignorancia y su miedo… era justo lo que él necesitaba.

Santiago estaba tan perdido en su propio mundo paralelo que acepto el brazo que el amo pasó bajo su hombro y hasta se rió tontamente. Sus pies no obedecían pero Adamir tenía fuerza suficiente para llevarlo a la rastra con él.  Santiago se durmió en cuanto subieron al vehículo y nunca supo hacia donde se dirigían ni cómo llegó hasta el lugar dónde se durmió.

Despertó en un lugar desconocido, sobre una cama mullida. La habitación era elegante y Santiago no tenía la más puta idea de dónde podía estar ni como había llegado allí… hasta se preguntó si estaba soñando.  Se puso de pie, aun confundido, y buscó la puerta. No pudo abrirla. Estaba con llave.  Golpeó y grito un par de veces pero nadie respondió. Se acercó a la ventana. Un jardín extenso y cuidado al que no podía llegar debido a las rejas de fierro que  se lo impedían.

Comenzó a ponerse nervioso…  estar encerrado no era una buena idea.

Abrió otra puerta buscando una salida pero se encontró con un baño enorme. Su boca se abrió y su cara adquirió una extraña expresión… ¿Cuánto tiempo que no se bañaba?… recordó a su madre… cuando lo bañaba siendo un niño… caminó un par de pasos dentro del baño y miró la tina… una tina limpia… a pesar del miedo que sentía por no saber nada del lugar donde estaba, abrió el grifo del agua con cuidado… tibia!! El agua salía tibia… un lujo que había olvidado…  miró su aspecto en el espejo y sintió lástima de su propio reflejo.  Se quitó las ropas con rapidez  y casi con lágrimas de agradecimiento se metió en la tina con agua tibia. Santiago sonrió… se estiró largo y tranquilo… luego comenzó a reír y a usar todos los elementos que había cerca, jabón, shampoo, esponja… si alguien lo había dejado dormir en esta habitación  tan elegante no le molestaría que usara un poco de su agua y jabón.

Adamir observaba todo con satisfacción. Su huésped había dormido casi 12 horas seguidas y ahora había despertado tranquilo.  Reposaba alegre en la tina de su departamento con cámaras de vigilancia escondidas. No se había acordado del demonio, no era violento ni se había vuelto loco al saberse encerrado.

Cada minuto que pasaba le atraía más y más este vagabundo… había algo en su personalidad que resultaba intrigante. Un sádico… nunca había domesticado a uno… comenzó a pensar en las necesidades de un sádico y como podría él satisfacerlas… el desafío era emocionante. Quería estudiarlo y aprender más.

Adamir en persona se presentó con ropa limpia. Interrumpió en el baño con una toalla en la mano.

-. Sécate. Tenemos que hablar

No le importó para nada su desnudez ni su desconcierto. Hablaba autoritario y dueño de sí mismo.

Santiago tomó la toalla asustado. Recordaba vagamente el rostro de Adamir pero no tenía idea de porque estaba en su casa. No le dio tiempo para preguntas.

Se sentaron en el comedor. Santiago, limpio, parecía otra persona aunque su aspecto aún estaba desordenado. Pero al mirarlo Adamir pudo distinguir claramente su edad y el atractivo físico que se escondía detrás de todo aquel desastre. Le agradó descubrir su atractivo.

En palabras cortas y precisas le explicó quién era y lo que quería.

-. Quiero que me enseñes cómo funciona el “demonio” que te atormenta

Santiago lo escuchaba estupefacto. No había entendido ni la mitad de lo que había escuchado pero si comprendió lo que le pedía en ese momento… No!!!… no!!  Lo único que deseaba era huir del demonio y de este hombre de mirada de felino que lo asustaba. No quería seguir hablando del tema… su demonio era un tormento privado

-. No.. tengo que irme.. no puedo.. no..- se puso de pìe, tambaleando

-. No lo entiendes y te asusta ¿verdad? Tienes miedo de lo que sientes y piensas

-. ¿Cómo sabes eso?

Adamir había escuchado cada palabra que dijo Santiago la noche anterior y las había analizado hasta hacerse una idea clara de lo que le pasaba.

-. Eres un sádico. No tienes un demonio ni estás maldito. Solo eres un sádico. Hay miles como tú

Por fin, a sus 19 años, Santiago escuchaba hablar de su condición de forma casi normal a alguien que entendía y le podía aclarar las cosas… Se quedó quieto, con los ojos abiertos y deseando saber más. No sabía porque pero creía cada una de las palabras que Adamirle decía… tal vez por la forma segura y autoritaria en que lo decía… necesitaba tanto saber que era o que estaba mal con él.

-. Dime más- suplicó vencido

Adamir siguió hablando mientras tomaban desayuno. Luego pasaron al jardín. Entonces Santiago comenzó a hacer preguntas que Adamir respondió con tranquilidad y realidad.

-. ¿No estoy poseído?

-. No. Es tu mente que necesita causar daño para sentirte complacido

-. Mi mente?.. eso es malo

-. No. solo es diferente, pero no malo

-. ¿Se puede curar?

– Se puede controlar si aprendes como hacerlo-

-. ¿Cómo?, ¿Dónde?

-. Un siquiatra, un sicólogo y mucho tiempo. Medicinas tal vez… pero, no es necesario que lo hagas. Yo puedo enseñarte algo mucho mejor

Adamir había despertado todo el interés de Santiago. Lo miraba boquiabierto y embobado. Este hombre sabía las respuestas y no lo juzgaba… no se asustaba ni lo miraba con horror.

-.¿Qué?… ¿Qué vas a enseñarme?

No se dio cuenta como, antes de saber, ya estaba aceptando lo que Adamir le proponía.

Adamir se detuvo y lo miró de frente, atreviéndose a tocarlo por primera vez. Santiago era un poco más bajo que él. Le sujetó la barbilla entre sus dedos, firmemente, con mucha autoridad.

-. Voy a enseñarte a ser feliz

Santiago le creyó. No estaba acostumbrado a ser tocado ni menos por un extraño… pero entendió de inmediato que con este  hombre no se podía discutir sino solamente acatar sus instrucciones.

En los días siguientes la vida de Santiago sufrió un cambio total; su aspecto físico mejoró enormemente luego de recibir la ayuda de las personas indicadas, alimentación y descanso normal, ropa nueva y un dormitorio decente que, aunque tenía una ventana con barrotes de fierro, era cómodo y agradable. Comparada con la vida que llevaba anteriormente, estaba en un palacio de lujo, recibiendo atenciones que superaban cualquier expectativa.

Santiago pensaba en su vida anterior y en su familia; solo extrañaba a Clara y le habría gustado hacerle saber que estaba bien. No se había comunicado nunca con ella. Tampoco le había mencionado a Adamir que tenía una hermana que lo quería. Lo guardo en su corazón. Clara solo era para él. Cuando Adamir preguntó por su familia, Santiago respondió que sus padres no lo querían y él no los necesitaba.

El proceso de desintoxicación era largo y doloroso, pero estaba con calmantes la mayor parte del tiempo. Adamir se hacía el espacio para ir a verlo y conversar con él cada día. Le trasmitía seguridad y le confirmaba la promesa de felicidad.

Luego de unas semanas, Santiago volvía a ser el de antes… al menos físicamente.

Aún no tenía claro que era lo que pasaba con su vida ni lo que tenía que hacer para Adamir, en qué consistía o que él deseaba. Hasta el momento, solo sabía que él venía y se sentaba a conversar con él, haciéndole preguntas y aclarando las dudas que tenía. Le había sugerido un par de libros y Santiago estaba aprendiendo de ellos. Le había dejado unas películas para que viera y lo habían impactado… era verdad lo que decía Adamir… había más personas cómo él… al mirar la pantalla sentía que era como verse reflejado en otra persona. Esos actores en las películas estaban actuando su propia vida y deseos. 

Adamir sabía. A su lado se sentía seguro y protegido… aunque no tenía idea quien era…. pero estaba bien. Por primera vez en mucho tiempo, el demonio… no.. no había un demonio… Le había dicho que era él mismo… bueno… solo estaba quieto, esperando… sin desesperar ni exigir.

Adamir le había prometido que sería feliz y estaba ansioso por serlo.

Se había quedado en el mismo departamento. Su espacio estaba limitado y solo abandonaba el cuarto cuando Adamir u otra persona se lo permitía y siempre en compañía.

Las semanas pasaron de prisa. Llevaba 7 noches descansando bien y durmiendo sin despertar a causa de las pesadillas o necesidad de droga. Su cuerpo se recuperaba y su mente se sentía más clara y despejada. 

Adamir apareció a buscarlo una noche.

-. Vas a venir conmigo. Harás solo lo que te diga aunque puedes observar si te quedas en silencio. No me desobedezcas porque voy a castigarte si lo haces

Asintió algo nervioso. No sabía que esperar. La palabra “castigo” sonaba extraña…

-. Una cosa más. No quiero preguntas- advirtió Adamir

No las haría… confiaba demasiado en Adamir.  Nadie más había hecho tanto por él.

Entraron a una de las habitaciones en el otro extremo del departamento, que siempre estaba cerrada. Todo estaba a media luz. Parecía un gimnasio lleno de extraños aparatos.  En el centro de la sala, sobre una camilla, estaba atado un chico joven, completamente desnudo.

Los sentidos de Santiago sufrieron un shock…

Atado, inmovilizado… con las piernas en alto, separadas y expuesto… hermoso… el demonio rugió despertando con toda la fuerza que lo mantenía dormido.

Se quedó paralizado cerca de la puerta sin saber que hacer o esperar… sintiendo miedo de sus propios instintos y deseos.

-. Ven. Acércate – Adamir se dirigía a él- es un sumiso. Solo obedece mis instrucciones

Sumiso?… Instrucciones?… no entendía nada… era un chico desnudo y él llevaba tantos días esperando por…

-. Toma esa venda y ponla sobre sus ojos

Santiago lo miró para comprobar que se dirigía a él. Con mucho miedo y nervios tomó la venda que le indicaba. Se acercó al chico que mantenía la vista al frente sin atreverse a moverse ni a mirarlo directamente. Era como si estuviera ausente.

Era un chico muy joven… sintió temor… sus manos temblaban… no sabía si todo esto era una broma y en cualquier momento iba a pasar algo malo…

-. Todo está bien. Haz lo que te digo- Adamir caminó hasta su lado. 

Santiago vendó los ojos del chico con manos temblorosas sin que él se resistiera… la excitación subía de intensidad.

El amo revisó que los ojos estuvieran correctamente vendados.

Adamir abrió una caja.

-. Dime, ¿cuales quieres usar?  

La vista de las agujas produjo un escalofrío de placer en Santiago… el pantalón le incomodaba y sintió de golpe que su miembro se  hinchaba y reclamaba… Adamir le estaba ofreciendo lo que había prometido.

Santiago no dudó… demasiado excitado y entusiasmado para poder detenerse a pensar… era la mejor oferta de su vida… un chico inmovilizado y obediente

-. Estas

Tomó unos cuantos sobres trasparentes… era un sueño hecho realidad… ¿en verdad podía hacerlo?… ¿podía clavar al chico donde quisiera?…

-. Dime que vas a hacer- pidió Adamir con voz grave

Santiago se volvió hacia el chico… dibujaría un círculo alrededor de la base de su pene… siempre había deseado hacerlo pero nadie se lo había permitido… luego, una línea perfecta a lo largo de su ingle… dibujaría el cuerpo entero… líneas curvas en sus antebrazos… atravesaría sus pezones… estaba tan excitado que le costaba hilvanar las palabras. 

Adamir le tomó la mano deteniendo su avance.

-. Dime que vas a hacerle

-. Un círculo… primero un círculo alrededor de su base…- lo señalaba… apuntaba al miembro del chico…

-. Está bien. Puedes hacerlo pero eso será todo por hoy. ¿Entendido?

-. Si… si… si..

Desesperado, Santiago comenzó a sacar una de las agujas de su sobre.

-. Un momento

Adamir extendió ante él un ungüento desinfectante y un puñado de algodón esterilizado

– No queremos infecciones

Santiago entendió. Empapó el algodón con manos torpes de ansiedad y se atrevió a pasarlo con delicadeza por la piel del joven.

Repentinamente, sus movimientos habían cambiado…

Suspiraba imaginando lo que haría… el placer lo comenzaba a envolver y dominar, sabía perfectamente qué hacer y cómo hacerlo… se sentía vivo y lleno de vida… seguro, entusiasmado y excitado.

Adamir estudiaba cada reacción en detalle… vio con claridad la transformación de Santiago; de un hombre tímido y asustado pasó a ser uno diferente al sentir el placer que le producía poder usar las agujas… observaba encantado. Lo vio volverse tranquilo y seguro,  levantar la piel del sumiso entre sus dedos, con maestría, y pasar limpiamente la primera de las agujas con una rapidez asombrosa, tan rápido que el sumiso reaccionó mucho después de que la aguja estuviera instalada en su piel… fue un quejido inevitable de dolor… el chico abrió su boca y movió su cuerpo…

-. Sshhhh… no te muevas 

Santiago era otra persona… calmaba al chico en una actitud que Adamir no había esperado y que lo sorprendía gratamente.  Se veía sereno y en control.

Adamir se alejó un paso para poder observarlo mejor.

La erección de Santiago  era notoria desde lejos pero el autocontrol que demostraba era increíble. Continuó con las agujas hasta tener 9 insertadas  formando un perfecto círculo en la piel alrededor de la base del pene.  Cada temblor, quejido y gemido del sumiso tenía un efecto directo en Santiago… para cuando terminó de clavar la última aguja, sus pantalones estaban mojados al frente y su cuerpo se había estremecido con un orgasmo inesperado pero aún así mantenía un perfecto dominio de su persona. 

Adamir estaba impresionado y encantado… no esperaba este cambio… al verlo actuar tan diferente y seguro comenzó a preguntarse si tal vez era verdad que existía ese demonio que se apoderaba de Santiago transformándolo en alguien diferente y atractivo.

Sin saber cómo, se encontró pensando en Santiago de forma diferente… le recorrió el cuerpo una vez más con la vista. Le gustó lo que vio, No quedaban rastros del personaje maloliente que había recogido en aquel lugar de mala muerte. En su lugar, había un joven muy atractivo y sugerente… un sádico de ojos brillantes y manos seguras… un desafío total… siempre había sometido a sumisos… jamás a alguien que le gustaba el control…

Adamir sonrió brevemente… una idea deliciosa tomaba forma en su mente.

Cuando Santiago terminó de clavar las agujas el sumiso seguía en la misma posición… curiosamente, su pene se elevaba como el mástil de una bandera y las lágrimas caían detrás de la venda en sus ojos…

Santiago lo miraba deseando poder continuar pero Adamir le indicó que se retirara unos pasos hacia atrás. Obedeció… ahora era él quien temblaba de excitación… completamente erecto y expectante.

Adamir se acercó al sumiso, comenzó a hablarle y al mismo tiempo, lo tocaba y excitaba como si el joven fuera de su propiedad.

Santiago miraba la escena sin perderse detalle… totalmente absorto… vio con la maestría que Adamir llevó al sumiso al orgasmo con sus manos, sin haberlo penetrado… el chico gemía y se abandonaba en manos de Adamir a quien llamaba “Amo”. Pedía y Adamirconcedía…  Estaba profundamente impresionado por la actitud y el dominio de Adamir… no entendía que pasaba pero era claro quién dominaba la situación.

De pronto, Adamir se volvió hacia Santiago y la orden fue para él.

-. Desnúdate

Se quedo de piedra un instante… mirándolo fijamente a los ojos y tratando de entender claramente si se lo había pedido a él… no había nadie más vestido en la sala… su respiración se aceleró a mil por hora y sus manos comenzaron a quitar la ropa de su cuerpo como si tuvieran vida propia… no se atrevió a desobedecer ni a preguntar… la mirada fija de Adamir era muy intimidante.

Completamente desnudo, demostró que aun tenía una erección… todo lo que estaba pasando era excitante… no podía evitarlo. Santiago llevó sus manos hacia el frente para cubrir su miembro erecto.

Adamir cerró la distancia entre los dos y con un fuerte y preciso golpe de su fusta le hizo quitar las manos

-. Tranquilo. Solo haz lo que te ordeno

Lo miró airado… lo había golpeado… Algo hervía dentro de Santiago… una poderosa mezcla emociones… no le gustaba que le diera ordenes ni que lo golpearan pero no podía evitar excitarse cuando las escuchaba… estaba desnudo en la habitación… igual que el chico sumiso… se contuvo.

Adamir se acercó un poco más… los ojos dorados anclados en los verdes de Santiago… de pronto los dedos de Adamir resbalaron suavemente por el pene de Santiago… lo sintió sobresaltarse ante su intrusión, Santiago quiso moverse pero los ojos de Adamir le impidieron hacerlo…

Santiago era un mar de duda y confusión… sin embargo, este nivel de excitación no lo había sentido antes… en ese momento primaban sus más básicos instintos animales… se quedo quieto… esperando para decidir… tan excitado que no podía pensar en nada más que en esa mano en su sexo.

Adamir seguía tocándolo muy suavemente con el dorso de su mano aunque no la movía, simplemente lo había rozado y había dejado su mano ahí, quieta… pero el primer paso estaba dado. Le había quitado a Santiago la posibilidad de rebelarse al tocarlo directamente en su masculinidad… le había dejado claro quién mandaba y quien obedecía… podía ver en sus ojos la lucha que mantenía Santiago decidiendo si enfurecerse o callar y aceptar.  Ah Diablos!!! amaba este desafío… le gustaba sobremanera sentir las dudas y confusión de Santiago… vencerlo lentamente… volverlo suyo de a poco.  Para sellar de una vez el asunto, Adamir abrió su mano y la cerró firmemente alrededor del miembro de Santiago haciéndole ver en su mirada el dominio que tenía sobre él. Fue una lucha callada… solo miradas… hasta que se supo vencedor. Ahora estaba todo claro.

Santiago emitió un gemido que le salió del alma… estaba dolorosamente duro desde hacía mucho rato y el juego de miradas fijas que sostenía con Adamir, más esa mano envolviendo su pene, comenzaban a llevarlo al orgasmo… no quería… se resistía a que fuera de esta manera… pero… no podía con todo lo que veía y sentía…

-. ¿Quieres poseerlo?- pregunto Adamir cerca de su oído indicándole al sumiso.

Santiago comprendió en un segundo…

-. Si

Adamir sonrió… ya tenía lo que quería. Lo supo por la mirada agradecida que recibió… Santiago sería suyo en corto tiempo. 

La idea le fascinaba.

Entendía que necesitaba poner más esfuerzo para conseguir la sumisión de Santiago pero el desafío era excitante.

Satisfecho y confiado, le indicó con un gesto que lo siguiera. Acomodaron al chico, que obedecía en silencio todas las instrucciones. Se tensó un poco cuando Adamir le dijo que una tercera persona lo penetraría pero como buen sumiso, no se atrevió a protestar…

Santiago se situó entre las piernas abiertas del chico. Siguiendo las órdenes de Adamir, se puso un protector y lo penetró con cuidado… nervioso pero muy necesitado.  El alivio fue muy gratificante en cuanto estuvo en él. Se movió despacio buscando el clímax… estaba muy excitado pero a la vez inquieto… todo era nuevo y extraño… sabía que Adamir estaba cerca de él, observándolo.

Los ojos de Adamir se llenaban del cuerpo de Santiago en movimiento. No había pensado jamás que esta noche dejaría de ser sobre el chico sumiso y se volvería completamente a favor de Santiago. Le agradaba mucho ser sorprendido de esta manera inesperada.

En silencio, se acercó nuevamente a Santiago que disfrutaba su relación. Muy cuidadoso, para no asustarlo ni distraerlo, Adamir apoyó y mantuvo su mano en el hombro desnudo de Santiago. Solo eso sería suficiente para hacerle saber que él era el amo, que él estaba a cargo del placer, que todo se lo debía a él y que no debía desobedecerlo, que incluso su cuerpo le pertenecía de ahora en adelante. Movió los dedos acariciando la piel de los hombros de Santiago con un gesto de propiedad… le gustaba pensar que sería dueño de esa piel dentro de poco.

-. Es todo tuyo. Hazlo sufrir– le susurró muy despacio en el oído

Santiago sintió que su sangre era un reguero de calor desparramándose por su cuerpo e inflamando sus deseos ante las palabras de Adamir. Lo había autorizado a hacer su real gana. Dejó atrás todo cuidado… fue brusco y violento… el chico comenzó a quejarse aunque intentaba contenerse pero no podía… abría su boca y buscaba más aire… le corrían lágrimas por las mejillas… Santiago explotaba en oleadas continuas de placer, se estremecía y se corría dentro del sumiso…  

La mano de Adamir siempre permaneció en su hombro, marcando su propiedad y comiéndoselo con los ojos. Su rostro impasible… solo un brillo especial en sus ojos que denotaba su gran interés.

Cuando Santiago terminó, Adamir acentuó la caricia moviendo su mano hacía el cuello y haciendo más notoria su presencia.

-. Satisfecho?

Lo sujetó de la nuca y giró su rostro para mirarlo de frente.

-. Si… si…

Fue singular como Santiago sintió que le faltaban palabras para responder… “ si , amo” tal vez?

Entonces Adamir realizó su siguiente movimiento. Se acercó hasta que su cuerpo entró en contacto con el de Santiago, logrando alterarlo.  Con mucha rapidez, tomó la mano de Santiago y la apretó entre sus dedos…

El desconcierto hacia presa de Santiago… los cuerpos en contacto y su mano aprisionada entre los dedos de Adamir… su intención era alejarse y quitar la mano de prisa… pero entonces Adamir  la dejó caer suavemente de vuelta, sobre la zona genital del sumiso

-. Quítalas

Ordenó señalando las agujas y  alejándose

Santiago se sintió torpe y confundido… había alcanzado a pensar que… tal vez… Adamir quería… pero no.

Quitó las agujas en silencio, con la misma habilidad que demostró para ponerlas. Estaba exhausto… satisfecho…

-. Vuelve a tu dormitorio- le ordenó Adamir a Santiago.

No quería irse. Quería saber más, ver qué otra cosa iba a suceder… pero Adamir lo miraba con sus ojos dorados y fríos y no pudo decirle nada. Agachó la cabeza y obedeció. 

Salió del cuarto y se fue derecho hasta el suyo. Cerró la puerta… los pensamientos se cruzaban veloces en su mente… ¿Qué era un sumiso?… ¿por qué el chico se dejaba hacer de todo sin protestar?… ¿estaba drogado?… ¿qué poder tenía Adamir?.. ¿Qué hacía?…eran demasiadas preguntas… necesitaba respuestas.

Entonces de pronto se dio cuenta de algo diferente ¿dónde estaba la culpa que siempre lo atormentaba después de hacer algo así?… Oh Dios!!! Dios!!! no había culpa… se sentía bien… muy bien.

-. ¿Esto era lo que me querías enseñar?- se pregunto a sí mismo

Si se hubiera atrevido habría gritado de alegría…

Adamir había cumplido… se sentía bien… el chico no había llorado ni gritado como a él le gustaba, pero había hecho algo mejor… se había dejado clavar y poseer sin protestar… sabía que le había dolido, vio las lagrimas correr por su rostro y la boca del sumiso apretarse en clara señal de sufrimiento… aunque a la vez, le había gustado… no había hecho intento de moverse… era tan excitante… ¿dónde había más chicos así?… ¿qué eran?… ¿por qué estaban con Adamir?… ¿qué hacía en este lugar?

AAHH!! Diablos… necesitaba hablar con él…  estaba lleno de preguntas y le urgían las respuestas… Adamir era como el dios de la salvación… en ese momento, su agradecimiento hacia él rayaba en lo absurdo.

Siguió pensando en Adamir… su existencia había cambiado el día que lo encontró… le había abierto los ojos a una realidad diferente y le había informado sobre lo que pasaba con su mente… le había dado las herramientas para entenderse y borrar la culpa y una vez sin ella, se había alejado de las drogas y el alcohol… ya no las necesitaba. Al mirarse en el espejo volvía a ver a un hombre sano y atractivo…

Adamir se revelaba ante él como un ser excepcional. Lo admiraba y le agradecía…  

Quería hablarle pero  tendría que esperar a que él viniera. Ahora, después de haberlo visto en acción, menos que nunca, se atrevería a desobedecerlo.

Santiago, sin darse cuenta, había aceptado el estatus que Adamir deseaba darle…

 

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