M&M 14

Capítulo 40

EL AMO Y EL SADICO

Tercera Parte

Adamir apareció mas tarde a responder sus preguntas. Le explicó en qué consistía todo aquello, le habló más sobre las relaciones entre amo y sumiso y en qué consistía su trabajo.

Santiago  se sorprendió muchísimo. A sus 19 años no alcanzaba a imaginar la existencia de estos acuerdos… iba entendiendo de a poco el mundo paralelo en el que estaba ingresando y le gustaba. Era increíble saber que había personas como él, que disfrutaban causando dolor, pero también había otros que disfrutaban sintiendo el dolor y la humillación. Era una revelación mágica… existían los masoquistas y la mayoría de los sumisos que Adamir entrenaba, lo eran.

El futuro lucía brillante al lado de este hombre, la culpa se diluía en su interior… quería más de todo eso.

A esa noche le sucedieron muchas otras. Santiago esperaba con impaciencia que Adamir fuera a buscarlo en algún momento del día. Siempre iba en persona. Jamás envió a nadie por él. Cada vez la relación entre ellos se volvía más cercana no solo en términos de confianza sino también en términos de proximidad corporal. Santiago se estaba acostumbrando a sentirlo cerca y a aceptar la mano de Adamir sobre su cuerpo. 

Una vez en el cuarto de entrenamiento, Santiago se transformaba. Obedecía todo lo que Adamir le ordenaba, sin cuestionar, ni preguntar pero también adquiría una personalidad distinta… el sádico dominaba completamente. La mayor parte del tiempo estaba desnudo, excitado y permitía que el amo lo tocara, no se lo habría permitido a nadie más, pero, de alguna manera especial, el amo parecía saber donde y cuando Santiago necesitaba ser tocado o estimulado.  A veces Adamir lo hacía en su zona íntima, siempre brusco y directo, con los ojos clavados en él, haciéndole sentir su superioridad y sin darle espacio para preguntar o protestar. Santiago no supo en qué momento comenzó a excitarse con ese toque áspero y rudo… a esperarlo como parte de lo que sucedía en ese cuarto… las manos de Adamir sobre él pasaron a representar una parte importante del placer…

Santiago estaba deslumbrado por todo lo que Adamir ponía a sus pies, por la forma en que su vida había cambiado para mejor y por el enorme placer que sentía al poder dar rienda suelta a su lado sádico… Después de cada sesión quedaba eufórico, acelerado y encantado.  La mayor parte de las veces, Adamir le permitía tomar al sumiso aunque a veces no era necesario para alcanzar el orgasmo.

Habían transcurrido ya varias semanas y Santiago estaba cada vez más confiado, sin sentimientos de culpabilidad y aprendiendo a dar libertad a sus sentimientos, atreviéndose cada vez a llegar más lejos en sus actos de sadismo, alentado y vigilado de cerca por el amo.

Estaban logrando un nivel muy alto de entendimiento entre ellos… se desplazaban por la sala en silencio, entendiéndose con miradas y pequeños gestos; Adamir le permitía más autonomía a Santiago pero siempre mantenía muy claro que era él quien dominaba la situación. Santiago esperaba atento… disfrutaba y aprendía.

Le encantaba observar a Adamir en acción con los sumisos… su miembro se endurecía cuando veía la seguridad y el dominio que el amo ejercía sobre los chicos… como manejaba sus miedos y los inducía a relajarse, cómo los introducía en un nivel muy alto de entrega para luego hacer con ellos, entre los dos, todo lo que deseaban…llevarlos a sus límites y forzarlos a llegar un poco más allá en la búsqueda del placer…

Lentamente, el sumiso paso a representar una forma de comunicación entre ellos… una especie de obsequio que Adamir le ofrecía y Santiago aceptaba… Se creaba una dependencia… nacía una relación torcida y extraña que les encantaba a los dos… satisfacía sus más oscuros deseos y los volvía cómplices y cercanos.                                                                                                   

El sumiso de aquella noche era diferente, según le explicó Adamir. Era un chico muy joven el que estaban preparando, muy hermoso y asustadizo, inexperto. Su verdadero amo había puesto una condición que debían respetar. Podían hacer con él lo que desearan para volverlo dócil y obediente, excepto ser penetrado por uno de ellos. Ese placer se lo reservaba su verdadero amo solo para él, aunque excluía de la prohibición el uso de dildos o dilatadores.

Las luces estaban muy tenues como siempre. El sumiso inmovilizado tenía una belleza angelical… era inexperto, casi un niño…  un verdadero placer para la vista.  Como concesión especial para Santiago, Adamir había omitido la venda en sus grandes ojos. Se daba cuenta de lo importante que era para Santiago ver el dolor en los ojos de quien dañaba.

Adamir le hablaba ordenándole relajarse y calmándolo mientras introducía un dilatador de bolas en su ano, sus tetillas eran estimuladas con un aparato de ondas eléctricas y el chico tenía grandes problemas para mantenerse su miedo en silencio y controlar su erección y sus ganas de eyacular…  las lágrimas caían de sus ojos y sollozos callados morían en su garganta…

Santiago estaba en un punto muy alto de excitación…

El chico no solo era hermoso sino que la forma en que reflejaba el dolor en su rostro era tan increíble… lo miraba cautivado… cada sonido y cada lágrima aumentaban un poco más su deseo. Sus ojos fijos en cada detalle del chico. No se dio cuenta cuando Adamirse alejó del chico y se detuvo a su lado. Abrió frente a él la caja de agujas

-. Enséñame-

Primero reaccionó con desconcierto… solo excitación y calentura en su mente afiebrada…  ¿enseñarle?… ¿las agujas?…

Pero entonces entendió lo que Adamir ordenaba. Le enseñaría como hacerlo… usarían la piel de ese chico como zona de ensayo. Tomó la caja y a punto de dirigirse hacia el sumiso, Adamir lo detuvo del hombro

-. Es demasiado joven y está muy angustiado ahora. No lo resistiría

-. ¿Entonces?

No entendía… para qué le había pasado las agujas si no podían…

Adamir abrió los botones de su camisa, se la quitó con calma y sin responder. Hizo lo mismo con su pantalón y el resto de su ropa hasta quedar completamente desnudo… sin una gota de vergüenza… se veía magnífico.

-. Enséñame-  volvió a pedir señalando su cuerpo

Santiago tembló de pies a cabezas, perdiendo la respiración…

Una cosa era usar las agujas en cualquier persona… pero en Adamir??.. no podía… era… …  … impensable

-. No – respondió devolviéndole la caja de agujas en un gesto simbólico.

Adamir no las recibió. Su rostro se volvió más serio y su mirada más fría. No le gustaba que lo contradijeran. Menos en esta habitación cerrada dónde él era el amo y señor de todo lo que sucedía dentro. Empujó la caja contra el cuerpo de Santiago.

-. Marca mi cuerpo con tus agujas

La orden no admitía negación. El cuerpo de Santiago estaba a punto de explotar… el deseo impetuoso de arriesgarse a atravesar la piel de Adamir lo hacía llenarse de calor y agitación… pero por otro lado, Adamir representaba el dominio para el también… era la única figura superior que Santiago tenía en su vida… el ser más alto…

No le dio tiempo para pensarlo. Adamir caminó hasta otra camilla y se tendió esperándolo, llamándolo con sus ojos fríos.

Trago saliva para poder seguir respirando… tenía un nudo en la garganta y otro peor en el estómago… más abajo… todo ardía y quemaba…

Sacó la primera aguja del sobre… cerró los ojos para dejar de temblar… estaba sudando… ¿dónde iba a ponerlas?… respiraba rápido y nervioso… era Adamir!!!..

El amo sonrió. Era la reacción que esperaba. Se habría desilusionado mucho si Santiago no se hubiera asustado frente a su petición. Lo vio dudar y temblar. En un movimiento rápido detuvo en el aire la mano de Santiago tomándolo por la muñeca.

-. Cálmate

Ordenó. Los ojos se cruzaron como tantas otras veces lo habían hecho… se comunicaban se esa manera…

-. Si

Respiró profundamente un par de veces recobrando el control… recorrió, observando con cuidado, el magnífico cuerpo… sus sentidos más estimulados por la perfección de los músculos y la figura… piel… solo era piel… una magnífica piel que dibujar con dolor. Inspiró profundamente… la piel de Adamir… sintió un agradable calor

-. Estoy tranquilo

Adamir soltó su muñeca y lo dejó continuar. Sin embargo su mano quedo extendida a solo unos centímetros del miembro de Santiago…

esto será interesante…” pensó Adamir ocultando una sonrisa

Siguió cada uno de los movimientos, ahora seguros y controlados, de Santiago… cuando levantó su piel… cuando el piquete de las agujas atravesar su ingle… estaba preparado para el dolor y su rostro apenas cambió. Lo sorprendió una vez más la rapidez y el dominio en los movimientos de Santiago. Le impresionaba cómo el sádico se dividía en dos personas… una, era pura mente, clavaba agujas y sus ojos se movían expertos buscando el ángulo perfecto, el trocito de piel indicada… pero, el cuerpo de Santiago tenía vida aparte… no dominaba el poderoso estímulo que recibía y su pene se alzaba enhiesto, cada vez más duro e hinchado… su cuerpo respondía visiblemente…

Eso era algo que fascinaba a Adamir. Espero a que terminara de clavar la aguja y movió su mano hasta tocar el miembro de Santiago en un poderoso contacto.

Los ojos se cruzaron y las miradas encendían chispas entre los dos…

-. Continúa- ordenó el amo muy suavemente, sin quitar su mano. 

Tocarlo en el centro del placer era su forma de decirle que aunque él clavaba las agujas, el poder seguía estando en sus manos… que lo deseaba… bajo sus términos.

Santiago abrió la boca… respiraba jadeando… todo su cuerpo cosquilleaba… tomó la aguja e hizo un esfuerzo para concentrarse…  clavar… piel… aguja… no… imposible…  lo que estaba sintiendo lo sobrepasaba… era demasiado intenso… la mano en su miembro se movía lenta, frotando y enviando ondas de placer… el deseo quemando… el orgasmo amenazaba con desbordarse sin su autorización

Adamir reconoció los movimientos. Se levantó y pasó su mano libre atrayendo la cara de Santiago hacia su boca. Alcanzaron a mirarse una vez más antes de unirse en un beso violento… salvaje… irracional.

Ambos de pie, Adamir tenía su mano cerrada alrededor del miembro de Santiago. Lo dominaba con su cuerpo y su autoridad. Se buscaban y tocaban sin que hubiera nada amable ni tierno… solo deseo y sexo en su máxima brutal expresión… se atraían demasiado y habían retrasado mucho el encuentro…  Sin haberlo conversado jamás, ambos sabían que terminarían así en algún momento… todas esas miradas y roces anteriores eran la preparación para este momento.

Súbitamente, Adamir se movía, sin olvidar las 3 agujas que Santiago alcanzó a clavar en su ingle. Se pegaba a la espalda de Santiago… lo sujetaba y recorría con las manos y la boca tocándolo como si desde ya le perteneciera… le gustaba mucho el cuerpo de Santiago… quería sentirlo en toda su extensión…

Santiago deseaba resistirse… se movió intentando girarse pero Adamir lo sujetó con fuerzas… entre besos, mordiscos y caricias rudas, Adamir buscaba inmovilizarlo… Santiago sabía… desde hacía varias semanas sabía que todo iba a terminar así y aunque su mente no lo aceptaba totalmente su cuerpo cada vez se resistía menos a la idea…

-. Tranquilo… voy a tratarte bien… conmigo vas a estar seguro… abandónate en mis manos…

Las frases eran murmuradas con palabras llenas de pasión y deseo… entre besos bruscos y caricias violentas

Santiago dejó de luchar… el deseo era más fuerte. Adamir ganaba… siempre supo que iba a ganar… 

Sintió los dedos de Adamir abrir su ano. Santiago recurrió a su autocontrol… lo necesitaba ahora, tanto para aceptar lo que le estaba haciendo como para no correrse de inmediato… su cuerpo sumido en una entrega agresiva que Adamir iba suavizando con palabras y besos…

-. Voy a enseñarte, Santiago… no tengas miedo… voy a cuidarte… eso es… asi…

El chico sumiso olvidado en la camilla miraba esta escena boquiabierto… su cuerpo se estremecía de excitación al verlos en esta lucha por el placer… era muy incitantes verlos tocarse casi con violencia… besarse estampando los labios y procurando el control… perdió todo el poco control que le quedaba y desobedeciendo las instrucciones que le habían dado se mojó varias veces…

Santiago se rindió… no podía luchar contra su mentor… lo deseaba aunque fuera de esta manera. Una vez rendido, le facilitó el accionar a Adamir… le ofreció su cuerpo para que, juntos, encontraran placer… deseaba sentir todo lo que Adamir tenía para entregarle… ya que había aceptado ser su pasivo, procuraría aprender a ser el mejor y de paso, a disfrutarlo.  Confiaba en las promesas que le había escuchado… Adamir conocía todas sus debilidades… quería ser cuidado y protegido… tratado con cariño en su mente y brusquedad en su cuerpo… sentir la seguridad que nunca había tenido… y poder seguir disfrutando de lo que él le ofrecía tan generosamente… además… ¿Por qué no admitirlo?… lo deseaba… solo a él… cada vez que entraba a este cuarto su mente se excitaba con él… Adamir era muy atractivo y lo admiraba mucho… deseaba que hiciera con él lo que le había visto hacer con los chicos sumisos…

Se habían calmado un poco mientras Adamir efectuaba el trabajo de prepararlo y se quitaba el mismo las agujas… unos breves minutos de tranquilidad entre medio de la locura. Abría su ano para facilitar su ingreso aunque no lo hacía de la manera habitual… Sabía del autocontrol de Santiago y su alta resistencia al dolor. Por ello, cuando consideró que ya era suficiente lo penetró sin delicadezas. 

Se abrió paso en su canal estrecho y virgen con un delicioso sentimiento de triunfo… le gustaba mucho el cuerpo de Santiago… lo deseaba desde hacía semanas y se había aguantado solo porque no estaba seguro de su reacción cuando quisiera tomarlo… no deseaba romper el lazo con él… además, sexo podía tener cuando y donde quisiera… pero el juego de miradas incitantes, de poder y autocontrol que sostenían, era muy estimulante.

Santiago, a pesar de su joven edad, 19 años, tenía una carga emocional de una persona mucho mayor y sus exigencias era altas. Pero Adamir las conocía bien y creía saber cómo satisfacerlas. Lo sintió entrar y se puso tenso… algo se quebraba en su interior… algo se volvía dócil y se sometía a la superioridad de Adamir… sintió cada centímetro y cuando terminó de entrar, terminó también su pequeña guerra… se rendía ante él… lo reconocía como amo.

Adamir embistió su cuerpo con fuerza, Santiago no deseaba delicadezas… sus dedos incrustados sujetándolo con firmeza en sus caderas. Se hundía en él chocando con sus nalgas y abriéndolo más… gozaban ambos de esta posesión…

Santiago aguantaba todo… el dolor que le producía el miembro de Adamir en su recto y la extraña mezcla de humillación y excitación que le nublaba los sentidos, hasta que de pronto el placer le hizo temblar las piernas y fue mayor que cualquier otra sensación… Se corrieron los dos en oleadas de placer que los dejaron exhaustos.

Cuando Adamir se calmó lo suficiente y volvió a tener la cabeza fría, miró a Santiago de esa manera que le traspasaba hasta el alma

-. Me perteneces – anunció

Santiago no atinó a decir nada… ¿era bueno pertenecerle?… ¿Qué significaba?… ¿sería como uno de esos sumisos?…

Pero entonces el amo tuvo un gesto que le llegó directo al corazón, venciendo cualquier resistencia que aun pudiera anidar en su interior

Pasó su mano despacio acariciando el rostro cansado de Santiago… sus dedos recorrieron la línea de la mandíbula y su voz se volvió cálida e intima

-. Voy a cuidar de ti. Tu vida va a ser buena de ahora en adelante ¿entiendes?

-. Si, entiendo

-. Si, amo – corrigió Adamir

-. ¿Quieres que te llame “amo”?

Adamir sonrió

-. Es lo que soy ahora. Tu amo. Eres mío. Nadie volverá a dañarte ni a hacerte sentir inferior

Suspiró agradecido de escuchar esas palabras. Podía ser el sumiso de Adamir… podía ser lo que Adamir le pidiera si su relación seguía proporcionándole tranquilidad, bienestar y placer.

-. Si, amo

-. Te enseñaré a ser feliz, Santiago

Se abrazaron… un contacto cercano, agradable y necesario para ambos… En ese abrazo reconocieron el cariño que comenzaba a nacer entre ellos… habían dado un paso importante. No sabían que tan lejos los iba a llevar pero los dos querían seguir. Iniciaban algo juntos.

Santiago creyó cada una de las palabras de Adamir y suspiró agradecido. Recordó a Clara… nunca había vuelto a hablar ni a saber de ella… deseaba contarle que estaba bien y que aprendería a ser feliz… pero Clara pertenecía al pasado… no había espacio para ella ni para nadie de su familia en la nueva vida que comenzaba. Adamir no sabía de la existencia de Clara ni de nadie de su familia.

A partir de ese momento, la vida de Santiago sufrió nuevos cambios. El primero fue su lugar de residencia. Siguió en el departamento un breve tiempo más, pero ahora tenía la libertad de una puerta sin llaves y poder moverse por donde quisiera, a la hora que deseara. Su única limitante, era estar listo para Adamir cada vez que él apareciera. Adquirió nuevas obligaciones. Adamir lo obligó a prepararse, a aprender muchas cosas nuevas, a vestirse como el amo deseaba, a cenar en una mesa llena de cubiertos y platos sin equivocarse en el uso de cada uno… leer, ver televisión, hablar, etc… lo estaba preparando… no sabía para qué pero le gustaba aprender… hasta ahora, Adamir seguía cumpliendo todo lo que le había dicho.

Adamir no tenía claro hasta dónde quería llegar en esta “relación” que había comenzado con Santiago. Nunca había tenido un sumiso para él solo… tenía muchos y a la vez ninguno. Sentía una sana envidia de su hermano Nazir y la relación estable y permanente que mantenía con Sergio, su encantador sumiso.   A veces fantaseaba con la idea de tener un sumiso propio… alguien que fuera más que un simple proveedor de sexo… alguien que fuera un compañero, con quien compartir parte de su vida… no soñaba con el amor porque sentía que no era necesario en su vida… pero todo se quedaba en sueños y deseos… no había encontrado alguien así… hasta que apareció Santiago.  Era una joya en bruto… tendría que invertir tiempo y dinero… ya lo estaba haciendo… pero estaba seguro de que el resultado valdría la pena… Santiago le encantaba… sabía tan poco del mundo pero era rápido e inteligente… hermoso… fuerte… se sentía muy atraído por su cuerpo y cada día mejoraba notoriamente.

La primera vez que salieron juntos fuera del departamento fueron al club que frecuentaba Adamir. Llegaron como dos amigos normales, ni una señal de que Santiago era el sumiso de Adamir. Observaron y bebieron… Santiago no se separaba de Adamir. Más tarde se les unió Nazir. Adamir lo presentó simplemente por su nombre, sin agregar ninguna explicación dejando a Nazir con muchas dudas respecto al hombre que acompañaba a su hermano. Nunca antes había traído él a alguien. Cuando pasaron a un reservado, apareció Sergio, desnudo, como siempre se presentaba ante su amo, vistiendo solo un collar y en completa actitud de sumisión. Nazir le acarició la cabeza…

Adamir miraba atento la reacción de Santiago… ¿podría ser así alguna vez?…

Nunca… la mente de Santiago funcionaba a toda velocidad y los ojos fijos en Sergio que aún permanecía arrodillado cerca de Nazir, esperando su orden para levantarse… nunca podría él ser y actuar como lo hacía el chico que estaba con el hermano de Adamir… todo era excitante y vertiginoso… imaginarlo… pero llevado a la vida real… jamás podría arrastrarse y humillarse de esa manera en un lugar como ese club. Para Santiago, solo existía Adamir… no estaba dispuesto a mostrarse sumiso ni doblegado frente a nadie más… solo Adamir se había ganado ese privilegio.

Adamir comprendió lo mismo mientras lo miraba…  En su mente había imaginado a Santiago como un sumiso obediente y complaciente… ahora entendía su error… sonrió… lentamente su sonrisa se convirtió en risa… Que idiota!!! Santiago jamás sería un sumiso como Sergio… era solo para él y en la más absoluta privacidad…  Estiró su brazo y lo atrajo hacia él, tocándolo por primera vez en toda la noche… Santiago aceptó pero no correspondió… se dejó manejar por Adamir.  Le sujetó fuertemente la barbilla, levantándole el rostro y obligándolo a mirar sus ojos

-. Tú no, ¿verdad?- sonreía mientras preguntaba

Solo ellos entendían de qué estaban hablando

-. No. Yo no- respondió afirmándolo con sus ojos y toda su alma.

Adamir volvió a sonreír… lo había entendido y no sabía porque le gustaba que fuera de esa manera…

-. Pero eres mío- dijo sin sonreír

-. Lo soy, amo- respondió sabiendo que a Adamir le complacería el uso de la palabra “amo” en ese momento y en ese lugar.

Nazir y Sergio no se perdían detalle de lo que sucedía… los ojos de Nazir se abrían grandes…. ¿su hermanito se había encontrado un sumiso?… pues tal parecía que tendría que domesticarlo muy bien.

Santiago estaba dispuesto a hacer lo que Adamir le pidiera y así quedo establecido esa noche entre ellos. Pero Adamir tenía claro hasta dónde podía exigirle… siempre tenía en mente quien era Santiago y como era…

Se acostumbraron a salir y a mostrarse en público, no como pareja, sino como amigos cercanos y especiales.

Pronto, Santiago era conocido por todos en el club, algunos amigos especiales de Adamiry lo más importante para él, fue aceptado por Nazir y Sergio como la pareja de Adamir.

Su relación estaba basada en sexo, admiración y cariño… nunca hubo amor más que el de la verdadera amistad, pero si mucha comprensión y complicidad. 

Los sumisos en sus manos se convertían rápidamente en un juguete delicioso y apetecible… aprendieron a actuar en conjunto, entendiéndose con miradas y gestos… ofreciéndose placer mutuamente a través del uso del sumiso de turno… terminaban la sesión en privado… la excitación en su máxima expresión… toques de violencia y agresividad… Adamir sacaba a relucir su máxima capacidad como dominante para reducir y mantener a Santiago… siempre era un desafío lograr su obediencia y estirar sus límites. Cuando el sexo los dejaba satisfechos y tranquilos, podían pasar muchas horas hablando…

Para Adamir, tan reservado, Santiago se convirtió en la única persona capaz de escucharlo y aceptarlo tal como era… de a poco, le fue contando todo, su vida, sus inicios y sus planes para el futuro. Compartir su mundo privado y exclusivo con Santiago se volvió una adicción… era muy gratificante poder conversar sus cosas con alguien dispuesto a escucharlo y a entenderlo

Santiago, desde el principio había confiado en Adamir casi ciegamente. El representaba seguridad, compromiso y fortaleza. Hablaba de todo con él, lo escuchaba con verdadero interés y se convertían en los mejores confidentes y cómplices. Nunca se explicó porque mantuvo silencio sobre su hermana Clara. Ella era demasiado pura y buena… no había necesidad alguna de mezclarla en este mundo sórdido. Nunca la mencionó ni jamás la contactó. Solo pensaba en ella de vez en cuando añorando saber.

La relación creció firme y estable por varios años. Santiago dejó el departamento de prácticas de Adamir y se trasladó a vivir con él en su verdadero lugar de residencia; una hermosa casa frente al mar, con empleados que los atendían y todas las comodidades posibles. Adamir le hacía la vida fácil. Nunca hubo problemas serios en su relación… solo en la noche… cuando  el amigo se transformaba en el amo y estaban desnudos,  Adamir intentaba ir más lejos con él, sujetándolo y dominándolo, Santiago sacaba a relucir su faceta de dominante e iniciaban una lucha callada por el poder… aún sabiendo que nunca iba a  derrotar a Adamir… pero algo en él seguía negándose a dejarse controlar tan fácilmente… esa muda batalla agregaba un delicioso sabor a su relación… el sexo era mucho mejor.

Cuando tiempo después,  Adamir le habló a Santiago de sus planes sobre agrandar su peculiar negocio en una isla, él escuchó callado… no tuvo una opinión hasta varios días después.

-. Hagámoslo. Estoy contigo

Adamir lo abrazó con fuerzas… el cariño que habían desarrollado era muy importante y eso hacía que la opinión de Santiago le resultara muy valiosa.

-. Necesitaré toda tu ayuda

-. La tienes

Adamir le acarició el rostro con ternura. Comenzaba a despedirse de él… Necesitaba a Santiago mucho más que a cualquier otra persona. Sería su mano derecha en esta empresa, su hombre de confianza… para eso lo había educado y preparado durante tanto tiempo… pero tendría que dejarlo ir… devolverle su total libertad para que pudiera ayudarlo en la preparación de los chicos… no podrían seguir con la relación que tenían… Lo abrazó un poco más fuerte. Perdería al amante sumiso… pero siempre tendría al amigo y confidente.

-. Vamos a hacerlo

El día antes de llegar a la isla y comenzar con esta aventura, Adamir habló con Santiago. Era la última noche que pasarían juntos como amo y sumiso. No. no iban a separarse. Todo lo contrario. Seguirían juntos pero como buenos amigos. Le devolvía la libertad… ahora podría ser todo lo que realmente deseaba ser…

-. Serás un amo… prepararas a los esclavos

La idea le agradaba… Adamir había cumplido un rol muy importante en su vida… nunca le podría agradecer o suficiente todo lo que había hecho por él… pero no podía negar que a veces deseaba poder dar rienda suelta a su verdadero espíritu… ahora era Adamir mismo quien lo liberaba y le otorgaba una nueva oportunidad.

Santiago se arrodilló frente a él, tal vez por última vez. Tomó sus manos y las besó…

-. Gracias, amo

-. Siempre serás especial

-. Y tú para mí también

En su noche de despedida hicieron el amor sin violencia ni agresividad por primera vez… … tan solo dos amigos entregándose placer.  Cuando el sol iluminó la mañana ya no existían el amo y el sumiso. Había dos amos dispuestos a llevar adelante un proyecto de locos.

Habían iniciado el negocio con la ayuda de Nazir. Aunque todo apuntaba a que era una verdadera locura, había resultado ser todo lo contrario… un negocio muy rentable, totalmente ilegal pero que les dejaba mucho dinero. Había muchas personas dispuestas a pagar por un esclavo bien preparado.

Santiago fue muy valioso desde el principio y por ello Adamir lo recompensaba con jugosos bonos anuales que se acumulaban en una cuenta en el banco que Santiago rara vez tocaba. Tenía de todo en la isla.. no necesitaba dinero.

La relación ente ellos continuaba siendo única. La confianza y cercanía que Adamir tenía con Santiago no se comparaba con nadie más.

La situación actual de Santiago estaba a punto de poner a prueba esa relación…

Capítulo 41

MATIAS

La fachada de tranquilidad que mantuvo frente a Adamir le duró a mi amo hasta que cruzamos la puerta de nuestro dormitorio y se cerró tras nosotros. Entonces se giró de prisa hacia mí y me encerró en una abrazo estrecho que terminó derribándonos a ambos sobre el piso. Mi amo tenía las manos vendadas y las movía con dificultad.

-. Mati… Mati… ¿Cómo estás?… te extrañé tanto…-  su rostro se hundía en mi cuello y su boca me cubría de besos por todas partes haciéndome cosquillas – Dios… ya estás aquí… se me hizo eterno

-. Estoy bien

No me había pasado nada malo… al contrario, venia contento de haber conocido a Max y de conseguirme un hermano. Nadie me había hecho daño…

Creo que mi respuesta y mi cara de felicidad no fueron del agrado de Santiago… detuvo sus besos y me sujetó de los hombros… No. Mi sonrisa al responderle no le había gustado.

– ¿Qué le pasó a tus manos?- pregunté sosteniendo una de ellas y deseando cambiar su expresión

-. Nada importante… pasará en unos días

No quería contarme… no insistí pero quedé preocupado…

-. ¿De verdad estas bien?.. ¿No te pasó nada… raro?- volvió a preguntarme

– No–  deje de sonreír para no molestarlo- nada raro-

¿Y tú?… ¿estuviste con alguien?… ¿hubo otro esclavo aquí contigo?..  No sabía que nombre ponerle a lo que estaba sintiendo pero tampoco me agradaba pensar que algún otro chico lo hubiera acompañado... quería preguntar pero tenía miedo de hacerlo… Me limité a devolverle el cariño que me entregaba tragándome las ganas de saber si había tocado y besado a alguien más…

-. No me gustó estar solo sin ti

Solo… había estado solo…

Apreté mi cuerpo contra el suyo con gran alivio y alegría. No había estado con nadie más.

Santiago me retuvo contra su cuerpo sin dejarme respirar de tan apretado. Le devolví el abrazo sintiéndome calentito y protegido, feliz… querido… Repetía mi nombre sin cesar… me daba gusto escucharlo. Cuando se calmó, me alejó un poco y sé que tuvo la intención de besarme en la boca… pero se detuvo bruscamente…

-. Ve a ducharte… entero, te quiero completamente limpio, por dentro y por fuera

-. Si, amo

No me costó mucho entender lo que me pedía… le molestaba pensar que sobre mi piel estaban aún los besos de Max.

-. Amo… ¿Quieres que te cuente lo que pasó?

Me detuve para preguntarle… no tenía ningún problema en contarle todo lo sucedido pero la respuesta de Santiago me sorprendió. Sus ojos se volvieron duros y fríos y su cara una mueca enojada

-. No. Te prohíbo hablar del tema. No quiero volver a escuchar una palabra sobre lo que te pasó anoche. ¿entendido?

-. Si, amo. Entendido

-. Esa noche nunca existió Matías… bórrala de tu mente

A veces Santiago me confunde. Creo que sería más fácil si él supiera lo que pasó pero ya no puedo contarle nada.

Mientras me duchaba y limpiaba por todas partes, Santiago tomó la ropa que me quité y la arrojó a la basura. No quería nada que le recordara la noche pasada.

Al terminar de ducharme me esperaba para secarme… despacio… examinándome, como si nunca antes me hubiera visto… con detención me fue recorriendo… ¿buscaba marcas en mi piel?… Suspiró satisfecho… no había nada. Solo entonces sujetó mi cara entre sus manos vendadas y su boca me ahogó en un beso apasionado… bajó por mi cuerpo repartiendo besos en cada parte de mi anatomía… permanecí muy quietecito… me gustaba mucho lo que me estaba haciendo…

-. Voy a hacer que olvides todo, Mati…

Volví a sentir ganas de contarle… Santiago seguía creyendo que algo malo me había sucedido.

Me vistió con ropa limpia… Con mucha ternura y dedicación, él mismo fue poniéndome cada pieza de ropa, atando cuerdas y cerrando botones con delicadeza y lentitud…  sus manos vendadas se movían con torpeza pero no nos importaba… no teníamos apuro… rozaba mi piel y me acariciaba sonriendo… sé que estaba feliz de que yo estuviera de vuelta… pensé en insistir, decirle que nada malo me había sucedido, pero no podía contravenir sus órdenes… Sentí pena de saber que se estaba preocupando demás.

Pasamos parte del día haciendo cosas agradables, fuimos a la playa, al gimnasio, descansamos en nuestro lugar favorito y al volver a nuestro dormitorio me sorprendió con algo inesperado.

-. Mati, quiero que aprendas algo

Esa frase siempre me provocaba emociones encontradas… ¿implicaba dolor lo que me iba a enseñar?…

– ¿Sabes qué es esto?- preguntó sacando un computador portátil de un cajón. Mi boca se abrió de sorpresa…

Los había visto alguna vez en la televisión y en algunas tiendas, en la oficina de la mujer que me atendía en la casa de acogida

-. Es un computador??? – murmuré asombrado acercándome  de inmediato… Santiago levantó la tapa de un computador de verdad y me indicó un botón para que lo encendiera… sus dedos torpes no podían hacerlo.  Las luces comenzaron a prenderse…

– ¿Tiene juegos?… ¿me vas a enseñar?.. ¿hay música?…¿cómo funciona?… ¿para qué sirve?

Mi curiosidad y entusiasmo no tenían límites… la nueva tarea que mi amo me imponía era maravillosa… estaba ansioso de aprender. Santiago me miraba y se reía de mí. Esta vez no había nada de dolor ni se sexo.

-. Chiquillo curioso… – revolvió mi pelo con su mano vendada y luego me abrazó con los ojos repentinamente tristes

– El computador tiene todo lo que quieres… pero te lo enseñaré después. Primero, necesito que aprendas otras cosas- me alejó para mirarme mejor y me habló muy serio – esto es muy importante Mati… muy importante

Claro que lo era!!!  Aprender a usar un computador… jamás me lo habría imaginado.

Comenzó a enseñarme. Los minutos se convirtieron en horas y muy pronto comenzaba a anochecer. Tuvo que ponerse serio conmigo para que me alejara de la pantalla y fuéramos a comer.

-. Te resulta fácil aprender – volvíamos tomados de la mano. Sostenía mi mano con cuidado entre los vendajes.  No había nadie en los jardines. Era tarde.

-. Es muy entretenido, amo

Había páginas para dibujar, escribir, hacer números y cuentas… me sorprendía más y más… era como una cajita mágica… todo se encontraba con solo apretar un botón. Llegar a los juegos me hacía mucha ilusión, pero mi amo insistió en que aprendiera a usar el correo electrónico primero. No me dejó abrir ninguna página de juegos hasta que le demostré que podía llegar yo solo hasta un correo electrónico con un nombre ficticio que habíamos creado hacia un rato atrás.  Me explicó que en realidad no podíamos enviar un correo verdadero pues no teníamos conexión a wifi en esta parte de la isla… pero deseaba que cuando la tuviera, supiera cómo hacerlo.    Cuando se dio cuenta de que podía enviarle un email a su correo, sin problemas, sonrió satisfecho y me abrió una página de juegos.

-. Media hora para jugar, ¿entendido?

Asentí deseando que fuera más tiempo…

-. Luego, quiero jugar yo, contigo

 sonrió y me demostró su cariño con una caricia muy tierna y un beso efusivo… por un segundo olvidé el computador al sentir su boca en la mía… sus besos…

-. Media hora- repitió alejándose.

Me dejó solo con el computador… me acomodé frente a la pantalla… me temblaban los dedos de emoción… elegí un juego y mire la hora en la pantalla… media hora para jugar y luego… toda la noche jugar con mi amo…

Santiago se tiró sobre la cama a descansar… cerró los ojos. Supuse que había descansado poco la noche anterior… al poco rato sus ojos estaban cerrados y se había dormido profundamente.  

Cuando la media hora terminó, recordé sus instrucciones sobre cómo apagar el computador. La pantalla se oscureció.  Santiago seguía durmiendo.

Me quité la ropa y me acerqué hasta él completamente desnudo.

Yo ya sabía lo que él quería. Yo también lo deseaba.

Me arrodillé a su lado y adopté la posición de espera en completo silencio.  Seguía durmiendo y comencé a preguntarme si debía despertarlo o dejarlo tranquilo.  Su pecho subía y bajaba en forma regular… aprovechando el momento de paz lo recorrí de arriba abajo grabándome su cuerpo en mi cerebro… todo me gustaba de él… su pelo oscuro… la forma de su cara… su boca… su pecho tan fuerte y firme… sus manos… vendadas… no quería decirme que le había pasado… Entonces noté que una de las vendas comenzaba a levantarse. Cauteloso, me acerqué a arreglarla… supongo que sintió mi presencia tan cerca suyo porque justo en ese momento abrió los ojos…

-. Mati…– levantó la mano y me atrajo hacia él.

-. Tu venda se está saliendo, amo- dije para explicarme

Santiago sonrió.

-. Arréglala- extendió sus manos hacia mí y me miró hacer mientras volvía todo a la normalidad

-. ¿Vas a cuidar de mi, Mati?- preguntó sentándose en la cama

-. Si, amo. Siempre voy a cuidarte- no supe de donde me salió lo siguiente – incluso cuando seas viejito – agregue sonriendo…

Mi frase lo hizo reír…

-. Vaya… un esclavo insolente!- pero sus ojos y su voz seguían riendo ante mi ocurrencia…

Me levantó en el aire arriesgando sus vendajes… dio vueltas conmigo hasta finalmente detenernos cerca de la camilla… me dejó en el suelo… nuestros ojos anclados… repentinamente serios…

-. ¿Estás listo, Matías? – su voz ronca…

-. Si, amo- la mía, solo un suspiro…

Comencé a sentir los nudos en el estómago y mi respiración agitada

Pasó por mi lado sin decirme una palabra, directo al closet desde donde sacó las cuerdas…

Me iba a amarrar… inmovilizar…

Sentí mi cuerpo temblar… con similar cantidad de ganas y de miedo recorriéndome las arterias…

Después de las cuerdas siempre vienen las agujas…  dolían y me hacían llorar… sobre todo cuando las clavaba lentamente cerca de mis genitales… disfrutando cada uno de mis quejidos… de mis lágrimas… siempre buscando mi dolor… pero eso solo era el principio… después… era diferente.

-. Ven aquí, Matías 

Su voz era firme pero dulce a la vez. Caminé hipnotizado. Reconocía esa manera de llamarme, su forma de moverse y de tocarme cuando estaba así… Santiago deseaba demostrarme su amor de la manera más pura y brutal que conocía…

EL SUBESPACIO.

Santiago pensaba en el cuerpo tan delicado y frágil de Matías… lo había decorado con agujas en la zona de los genitales y, por primera vez, en la parte superior, alrededor de las tetillas…  Matías había gemido de asombro y dolor en forma tan placentera… el miedo había llenado sus ojos al ver que le haría algo nuevo… y luego el dolor cuando sintió las agujas traspasar la sensible piel de su pezón… ínfimas gotas de sangre que Santiago había limpiado con su lengua… el sudor bañando la piel de Mati… ni una palabra o gesto para impedir lo que Santiago le hacía… como adoraba a ese niño…

Matías aceptaba todo lo que el mayor quisiera hacerle… se abandonaba completamente, confiando en él con fe ciega…  había entendido que gritar o suplicar solo conseguiría rebajarlo ante su amo. Aceptar el dolor y ofrecérselo era, para Santiago, el regalo más precioso que él podía brindarle y se lo daba gustoso.  Matías estaba desarrollando un extraño sentimiento de orgullo…

Santiago había entrado en su vida como una revelación de lo hermoso que vivir podía ser cuando hay amor de por medio, le había mostrado una vida diferente que hasta ahora no le resultaba mala sino muy agradable… tenía un techo para protegerlo cada noche, una cama confortable con un hombre que lo amaba, comida y entretención… su compañía… se preocupaba de él… tenía mucho más de lo que jamás había soñado… Santiago era quien llenaba sus sueños.  

A estas alturas, Matías le habría permitido arrancarle la piel con sus manos si Santiago se lo hubiera pedido… tan niño, tan perdido… tan completamente entregado al difícil amor del amo sádico.

Santiago seguía trabajando sobre el cuerpo de Matías tan absorto que parecía estar en un pequeño trance… su amor por el pequeño esclavo se le desbordaba por los poros… se notaba en la forma reverenciosa que lo tocaba y admiraba… besaba su piel cada vez que insertaba una aguja… un rito que había iniciado hacía semanas… una forma de demostrarle amor… ese amor que lo había transformado todo… si no hubiera sido por Matías y lo que lo hacía sentir, Santiago jamás habría conocido este aspecto de la vida… se habría quedado para siempre con el sentimiento que llegó a albergar por Adamir… una intensa amistad pero nada parecido a lo que Matías desataba en él… el amor llegaba y arrasaba con todo lo que conocía…  lo volvía feliz… un sentimiento caliente y poderoso… se preguntaba cómo, este niño tan pequeño y dulce, lo había cambiado tanto… con esos ojitos verdes tan encantadores… su piel de terciopelo…  tan delgado que no parecía ser capaz de recibirlo por completo… pero lo hacía… Mati gemía bajito cada vez que su miembro se internaba con un poco más de fuerza dentro de él entre sus nalgas separadas… Santiago quería partirlo en dos, quería adentrarse tanto en él para que su recuerdo quedara grabado por siempre… sus grandes manos abarcaban toda su cintura y lo sostenía con fuerza impidiéndole moverse lejos de él… las cuerdas mantenían sus piernas separadas… y Santiago deseaba que esa noche no acabara nunca… perderse para siempre dentro de su niño esclavo…

Mati gemía de gusto y dolor… por minutos todo se transformaba únicamente en dolor que le recorría la ingle y la espalda y su gemido sonaba lastimero… pero de pronto, todo terminaba y bruscamente era puro placer el que lo hacía vibrar… se sentía una cosa pequeña y perdida, absolutamente dominado por el deleite que le recorría el cuerpo desde los dedos de los pies hasta la nuca…  las exigencias de Santiago… sentía todo el grosor de su miembro en su interior y le dolía cada movimiento… chocaba brusco contra sus nalgas… entonces, rozaba algo dentro de él que lo hacía olvidar todo el dolor… lo penetraba con movimientos estudiados, a ratos despacio y con ternura y al minuto siguiente con violencia y sufrimiento…

Mati cerró los ojos solo un segundo… sudaba copiosamente por el esfuerzo… lo necesitaba… un momento a oscuras consigo mismo… los abrió de inmediato para no contrariarlo… a su amo le gustaba mirarlo y ver sus lagrimas y el sufrimiento reflejado en ellos…  sabía que podía aguantar… quería aguantar…  en cualquier momento sucedería lo que le había pasado varias veces ya… lo deseaba tanto… mientras más fuerte el dolor, más rápido llegaba a ese estado especial…  se evadiría de la realidad actual, el dolor desaparecía para siempre y solo quedaba flotando en este paraíso de gozo infinito donde su cuerpo se transformaba en una maquina cuya  función era proporcionarle placer… era como ascender a otra dimensión…  el placer en el centro de sus genitales era la única y poderosa sensación que se expandía por todo su cuerpo e irradiaba hacia cada una de sus terminales nerviosas…  se extendía caliente y gozoso…   cuando estaba en ese lugar, todo era perfecto… sólo existían Santiago y él… el placer que lo aturdía en sensaciones que no controlaba y lo hacían temblar y sacudirse…  pedía más, quería más fuerza, más adentro, mas dolor, mas de Santiago… todo, absolutamente todo lo que pudiera darle era bien recibido… la sensación era extraordinaria… tan grande que no tenía palabras para explicarla…  ya no controlaba ni su cuerpo ni sus movimientos que respondían únicamente a los estímulos de Santiago… todo el dolor desaparecía para convertirse en placer…  el orgasmo llegaba en oleadas intensas que atravesaban su cuerpo pequeño y lo dejaban convertido en una gelatina, una ola tras otra…  lleno de dicha que a veces le duraba varios días… se volvía una droga… una adicción que lo mantenía feliz…  no podía olvidar la poderosa sensación de éxtasis y deseaba cada vez, volver a repetirla… con mayor intensidad. Sabía que no importaba nada más cuando se evadía de la realidad; Santiago estaba a cargo de él en esos momentos de infinito placer… él lo envolvía en sus brazos protectores y lo cuidaba aún de sí mismo cuando pedía más dolor, más agujas o más intensidad…  Mati no tenía nada que reflexionar… aunque lo intentara, no podía pensar cuando sentía tan intensamente y su cuerpo era pura electricidad… dejaba su mente en blanco… únicamente sensaciones intensas poblaban su mundo… flotaba en un mar de profundo placer que hormigueaba por todo su cuerpo… explotaba en miles de luces brillantes y todo era maravilloso. 

Santiago lo traía de vuelta lentamente a la realidad… lo acunaba y acariciaba despacio murmurándole palabras de amor en su oído… a veces, cuando volvía a la realidad, Mati lloraba por varios minutos sobrepasado por las poderosas emociones, abrazado a Santiago, que lo contenía y calmaba con palabras y caricias… otras veces no era capaz de articular ni un sonido y caía rendido en un sueño profundo sabiendo que él se encargaría de vigilarlo y que todo estuviera bien. 

Por eso Mati temblaba con anticipación cuando sabía que su amo iba a jugar fuerte con él… ya no le importaba tanto el dolor del inicio al sentir su piel traspasada por las agujas… la recompensa final era lo más hermoso e intenso que había sentido en su vida.

-. ¿Estás bien?- preguntó Santiago cuando horas después Matías abrió los ojos.

-. Si… ¿Por qué estas vestido, amo?

Era de madrugada. Santiago tenía que dejarlo un rato para hacer algo importante.

-. Vuelve a dormir- Lo besó en la frente sin explicar…

Matías lo miró alejarse y salir… sus ojos se cerraban… sonreía al dormirse… había sido fantástico aunque su cuerpo le doliera por completo.

SANTIAGO.

Oswald siempre había vivido cerca el mar. Desde niño, en las costas de su país natal, quiso que su destino estuviera ligado al océano. Nunca se preparó para nada más que no fuera el mar.

Se enamoró de Olga en su aventuras por el puerto de una ciudad y por amor a ella dejó todo de lado y se casó, formó una familia pero estaba desconforme con la vida que llevaban; no era justo ver a su mujer solo una vez por semana y que sus hijos se criaran con la hermana de Olga. Vivian todos juntos, pero le faltaba su mujer. Deseaba que Olga terminara pronto su trabajo con Adamir. No tenía nada contra él; siempre le pagaba a tiempo y generosamente,  cumplía lo que prometía… solo que necesitaba a su mujer en tierra firme. Cuando Olga dejara de trabajar volverían a su tierra natal. Quería que sus hijos crecieran en el mismo pueblo de su infancia.

Oswald pasaba la semana comprando y recolectando todo lo que tenía que llevar para la Isla. Siempre viajaba de noche saliendo y entrando de los astilleros de la familia de Adamir.  Llegaba muy tarde a meterse en la cama de su mujer luego de descargar el barco con el pedido. Durante el día siguiente disfrutaba con Olga y al anochecer, discretamente, cargaba lo que tuviera que llevar al continente y cuando ya era noche, desparecía en el horizonte por otros siete días.

Tanto Oswald como Olga sabían lo que pasaba en la isla pero no les importaba; ninguno de los dos tenía valores morales importantes… mientras  les pagaran por su trabajo, les daba lo mismo lo que hiciera Adamir y su gente.  El marino no era un hombre escrupuloso, tampoco era un hombre ejemplar. En su vida había pocas cosas buenas y honorables; el solo entendía del mar… la mayoría del tiempo, la vida de Oswald se regía por el dinero.

Santiago había escuchado esa frase en boca de Adamir muchas veces…  “A Oswald solo le interesa el dinero”… Esperaba que fuera así… caminaba rápido con pasos largos y decididos.

El barco recaló en el muelle de la isla a las 2 de la mañana. Había llegado más temprano porque viajaba liviano. Los hombres comenzaron a desembarcar dejando las bodegas limpias. Oswald no participaba de las tareas sino que supervisaba, ansioso de ir a ver a su mujer.

-. Buenas noches, Oswald

No lo conocía pero por su forma de hablar y moverse supuso que se trataba de alguien importante. Se quitó el cigarro de la boca y saludó.

-. Buenas noches, señor…?

-. Mi nombre es Santiago. Trabajo aquí en la isla con Adamir 

Al pronunciar el nombre del dueño de todo de manera tan casual le indicó a Oswald con quien estaba tratando

-. ¿En qué puedo servirle Don Santiago?

-. Verá… me gustaría hablar con usted. Necesito de sus servicios 

Santiago comenzó a caminar alejándose del muelle y Oswald lo siguió intrigado. En estos años al servicio de Adamir, jamás nadie le había pedido algo. El hombre era alto y fuerte. Tenía las manos vendadas.

-. Necesito enviar un paquete especial al continente

La petición era inusual. Santiago estaba arriesgando mucho. Oswald lo escuchaba… también consciente del rumbo delicado que tomaba la conversación

-. ¿Qué tipo de paquete?

-. Es algo muy especial y … delicado

-. No veo problema en llevarlo. Tráigalo y lo cargamos mañana temprano

– Ese es el problema… Nadie debe saber que el paquete va en su barco

Se quedaron mirando en silencio… midiéndose… entendiéndose más allá de las palabras..deduciendo…  Los minutos pasaban…  Solo se escuchaba fuerte el ruido de las olas

-. ¿Es un “paquete” peligroso?

Dios!! ¿Estaba aceptando??

-. No. No le va a causar ningún daño

Santiago no podía creer que fuera tan fácil… quizás necesitaba incentivarlo un poco…

-. Estoy dispuesto a pagarle bien por los riesgos que va a asumir

¿Y si el hombre le iba con el cuento a Adamir?… ¿y si le contaba a Olga y esta aAdamir?.. sería hombre muerto… él y el futuro de Matías…

-. Don Santiago… ¿Cuánto vale para usted ese “paquete”?

Los ojos del marino brillaban de codicia. Se retiraban de los negocios y necesitaba dinero para su jubilación.

Santiago respiró tranquilo. Se gastaría una buena parte de lo que había ahorrado durante todos los años al servicio de Adamir. Era todo lo que poseía en el mundo. Sus cuantiosos ahorros que nunca había necesitado y que guardaba para su futuro. Pero su futuro ahora estaba ligado a Matías. No había nada más urgente e importante que salir de esa isla.  Ya después se preocuparía de lo que hacían en tierra firme para vivir.

Santiago mencionó una cantidad de varios ceros… Oswald subió las cejas en un claro gesto de sorpresa. 

-. Eso es mucho dinero… ¿Qué voy a transportar?

Eso era un si… Dios!!  Oswald estaba accediendo a su petición… sintió sus hombros más livianos y un agradecimiento especial para el ángel que fuera que estaba de su parte.

-. Eso se lo diré cuando le entregue el paquete

Afinaron los detalles. La forma de pago y la fecha del “despacho”. No podía ser ahora mismo. La haría coincidir con el abandono de Olga y el retiro de Oswald… Aun tenía que preparar a Mati. Tenía mucho que hacer con él y el tiempo se le hacía poco… solo unas cuantas semanas más.

-. Nadie debe saber – repitió Santiago antes de marcharse

-. Mi cabeza corre tanto riesgo como la suya- respondió el hombre casi ofendido. Oswald creía en su palabra más que en ningún contrato o firma.

Santiago asintió casi a punto de dar las gracias. Dio media vuelta y desapareció en la oscuridad de la noche.

El viaje de vuelta se le hizo liviano.. Con ganas de correr y comenzar a gritar y reír…Mati… Mati!!! No vas a creer lo que está pasando… no vas a creer lo que estoy haciendo por ti… por nosotros!!!

Capítulo 42

ADAMIR

Se había dormido temprano debido al dolor de cabeza y por lo tanto, ya a las 6 de la mañana, estaba despierto, semi sentado sobre la cama, apoyado sobre un par de almohadones… siempre dormía desnudo… el pecho al descubierto, y el  pelo claro cayendo descuidado sobre sus hombros. No parecía la imagen del tipo de hombre que era… se veía más bien sexy… en su capa exterior, solo la falta de una mirada apacible en sus ojos dorados denotaba su preocupación y la maraña de pensamientos que llenaban su mente.   

Estaban sucediendo cosas extrañas y no estaba seguro de que le gustaran…  Adamirtenía un severo dominio sobre todo lo que sucedía en la Isla… desde lo más insignificante hasta lo vital, todo pasaba por sus manos…   sentía que su estricto control sobre todo lo que estaba pasando cada día en la isla estaba tambaleando en algún frente… había cosas que lo sorprendían y… no era bueno.

Primero que nada, el maldito dolor de cabeza… Adamir se consideraba una persona muy sana y no le agradaba nada sentir su cabeza martilleando… no tenía una explicación… no estaba enfermo… pero algo lo hacía sentir ese malestar. 

También estaba  preocupado por Santiago y todo ese extraño intercambio de comunicación con su esclavo… había sido solo un momento que los observó… pero era algo muy íntimo y profundo…  la forma de entenderse entre ellos… solo un par de miradas y se habían dicho demasiado… ¿qué más fuera de lo acostumbrado había entre esos dos?

No le gustaba…  Santiago se sintió aliviado al ver a Matías… el chico se iluminó al verlo entrar… se comunicaban sin palabras en un lenguaje que él no entendía…

No le gustaba nada…

Santiago era suyo… su lealtad no podía estar en juego… Santiago era su aliado y su cómplice ante todo… lo compartía todo con él y lo consideraba incondicional… nunca le había fallado… lo sentía tan seguro.

Ahora, olía algo diferente en el aire…

Tenían que hablar…  de preferencia hoy día mismo y entender que sucedía ahí.  Intentó recordar algún acontecimiento especial las veces anteriores que los había visto juntos… alguna cosa no cuadraba… pero no sabía a ciencia cierta que era…  su instinto le decía que era importante.

Sacudió la cabeza despacio para evitar que volviera a dolerle… Hablaría con él más tarde.

Necesitaba ir despejando una a una las interrogantes y volver a retomar el control.

Control…

El sonido de la palabra lo hizo desviar la vista hacia quien dormía a su lado…

Control…

Cerró los ojos…   Max…

Aquí estaba el mayor de sus descontroles…

Anoche había sido la única vez, desde que Max se sometiera, que no lo había tomado… Cada noche, sin omitir ninguna, había tenido sexo con él como parte de su preparación, avanzando cada vez un poco más en su intención de someterlo y exigirle… educarlo… humillándolo… y disfrutando sobremanera el proceso.

Pero la noche anterior no lo había tocado…

Podía culpar al dolor de cabeza… pero sería engañarse a si mismo…

Pensó en hacerlo… era parte de su preparación. Se acercó a Max con la misma intención de cada noche pero no pudo avanzar hasta él.

De acuerdo a las instrucciones que Max tenía, lo estaba esperando desnudo y en la posición correcta para recibir a su dueño…  No había nada equivocado en su posición… al contrario…se veía hermoso y perfecto.

Sin embargo, Adamir se detuvo al sentir que algo se apretaba en su pecho mientras lo miraba…

Cerró los ojos conteniendo un sonido de su garganta… le molestó darse cuenta de qué era lo que lo hacía detenerse.

Quería al otro Max…

Deseaba con todas sus ganas a ese Max que lo había mirado de manera lujuriosa y se había entregado a él hasta el punto de atreverse a agarrarlo y besarlo…

No recordaba cuando había deseado algo con tantas ganas…

No quería a este que respondía en forma automática a las órdenes que le daba…  se sintió paralizado al darse cuenta… sin saber que seguía a continuación… siempre le ordenaba lo que deseaba, pero… ¿cómo le ordenaba que volviera al ser el chico apasionado y entregado?…

Lo miró largo rato decidiendo que hacer…   Max esperaba inmóvil a que Adamir ordenara

-. Vete a dormir 

Pasó por el lado de Max sin dirigirle la mirada y abandonó la habitación, caminando de prisa hasta la oficina en su casa.

Ni siquiera quería pensar en lo que había sentido…  No entendía lo que le estaba pasando y lo fuerte de los sentimientos

¿Cómo mierda le ocurría algo así a él?…

Sentirse confundido por lo que Max le provocaba…  no era un adolescente estúpido para andar “sintiendo cosas”. Era un adulto…  esto no tenía sentido alguno.

Era demasiado tarde en su vida para comenzar a tener estas sensaciones y deseos…

Se sentó frente al escritorio y se puso a trabajar en algunas cosas que tenía pendientes. Cada vez que su pensamiento volvía a traerle las imágenes de Max, lo descartaba de prisa y se concentraba aún más en lo que estaba haciendo, molesto… espantando de raíz las tonterías de su mente…

Esperó hasta estar muy cansado para volver al dormitorio.   Max dormía en su lado de la cama cubierto apenas por una fresca sábana. 

Evitando todo pensamiento inadecuado, Adamir se preparó y se acostó a su lado sin tocarlo. Cerró los ojos rápido y no volvió a pensarlo.

De madrugada, la luz del sol comenzaba a aclarar la habitación. Había tenido toda la noche para descansar. Pero no había despertado tranquilo. Seguía sintiéndose extraño.

Maximilian dormía profundamente a su lado, totalmente ajeno a los pensamientos y la observación de la cual era objeto…

Adamir apoyaba su espalda sobre un par de almohadas y no hacía más que respirar y mirarlo… como si no lo conociera de memoria… observaba su pelo claro desparramado suavemente por su cuello y parte de un hombro… los huesos redondeados de su hombro… la piel tibia que le gustaba tocar… su respirar tranquilo y la forma en que sus brazos se cruzaban bajo la almohada… su rostro… la tersura de su piel levemente tostada… las largas pestañas en sus ojos cerrados… la boca semi abierta que parecía invitarlo… esa boca que sabía besar por cuenta propia…

Adamir estiró la mano para tocarlo pero a medio camino se quedó quieto…

El corazón le latía de prisa… Max le  estaba causando nuevamente un sentimiento de urgencia… de una necesidad diferente… no se reconocía a sí mismo…  nada, nunca antes en sus más de 30 años, se había parecido a esto…  sintió curiosidad… pocas cosas tenían la capacidad de sorprenderlo… pero ahora quería saber…

Estaba solo… Max dormía y no tenía testigos de lo que estaba haciendo… ¿Por qué no, entonces?… ¿por qué no darse permiso para descubrir que era lo que Max le provocaba???…

Nunca había sido un cobarde y mucho menos se asustaba de un esclavo…  aunque fuera Max.

Se relajó bajando los hombros y aceptando lo que viniera…  sin frenos… sin límites… Quería saber a dónde lo llevaba esto que sentía.

“Nada mejor que conocer al enemigo para aprender a manejarlo”…

Sus ojos y mente se llenaron de Max…

En su mente volvió a escuchar su risa mientras estaba con Mati y lo trataba con cariño, la voz dulce y tierna con que le había hablado para calmarlo… la maravillosa expresión en el rostro de Max cuando eyaculó en el pequeño sumiso y se giró para abrazarlo y besarlo a él.

Los labios del amo, siempre serios,  comenzaron a curvarse en una sonrisa en la que se podía adivinar rastros de suavidad…

Suspiraba… Max le encantaba…

Lo hacía sentirse lleno de una sensación indescriptible que le provocaba bienestar, y a la vez intranquilidad… era como caminar al borde de un precipicio solo por placer… estar casi tocando la felicidad… un sentimiento cálido lo embargaba… no estaba consciente de lo bien que se sentía.

Adamir nunca analizaba sus sentimientos porque creía tener todo aclarado desde hacía ya mucho tiempo. Había descartado la idea del amor… lo consideraba un sentimiento secundario… pasaba de el… según su pensamiento, le bastaba con todo el placer obtenido de sus sumisos… era más felicidad de lo que la mayoría de los hombres jamás encontrarían. No necesitaba nada más.

Pero ahí se encontraba… sintiéndose alegre,  mirando a Max y sonriendo tontamente…

No se aguantó estar tan cerca sin tocarlo… Max, todo él, entero, era un magnetismo que lo atraía… con cuidado pasó su dedo muy despacio dibujando una línea imaginaria por sobre la nariz de Max…

En un gesto instintivo, Max arrugó la nariz sin despertarse…

Adamir sonrió… le había hecho gracia el gesto de Max… Volvió a repetirlo esperando ansioso la respuesta de Max, como un niño jugando a molestarlo…

Max  movió su mano y la pasó por su nariz para espantar cualquier cosa que lo estuviera importunando y buscó una nueva posición para seguir durmiendo.

Adamir sonrió abiertamente… estaba jugando con Max y esa simple estupidez lo hacía feliz.

Bajó la vista recorriendo el contorno del cuerpo apenas cubierto por una delgada sábana blanca… podía distinguir, ayudado por sus conocimientos en la materia, cada forma  del cuerpo de Max… su torso fino… la redondez de sus nalgas… sus piernas largas que ahora estaban desparramadas mientras dormía… los músculos en reposo…

Adamir estaba ahora, muy consciente de lo que estaba sintiendo…

Ahí, esa mañana, en la intimidad de la habitación, sobre la cama que compartían, estaba conociendo una sensación de bienestar que muy pocas veces había experimentado… una sensación de paz y satisfacción tan serena y preciosa… algo tan valioso que no sabía cómo calificar… solo sabía que le gustaba mucho… se dejaba llevar porque nadie lo observaba y se había dado permiso para experimentar algo nuevo…

Max le había atraído desde que lo había visto por primera vez. Eso no era ninguna novedad… pero hoy sus ojos estaban conectando la visión con los sentimientos y el resultado era increíble… Max era una maravilla.

Se le metía por los ojos y le llegaba al corazón… lo hacía elevarse en una sensación diferente que lo sorprendía… ¿Qué poder tenía para hacerlo sentir así?… ¿se había vuelto adicto a Max??… ¿por qué él y no ninguno de los otros?

Volvió a tocarlo… deseaba sentir la textura de su piel en la yema de los dedos… el calor del cuerpo de Max…  se metió un poco más dentro de la cama acomodando su cuerpo a la forma de Max y buscando su rostro.  

Se sentía tan bien… solo estar ahí al lado de él…  

Dejó volar su imaginación y soñó con que Max despertaba y sus ojos lo miraban directamente… sonrió fantaseando con un Max que le sonreía y se acercaba a besarlo… sin permisos ni instrucciones… lo besaba porque deseaba hacerlo, con la misma pasión del beso anterior…

Entonces su rostro perdió la sonrisa y la sensación de magia desapareció tal como se revienta una burbuja en el aire… dejándole una especie de frío desagradable en su interior…  se alejó…

Max no podía mirarlo ni mucho menos besarlo…

Un golpe de confusión lo dejó turbado…

Se pasó una mano por el rostro deteniéndola sobre su propia boca… ¿qué estaba haciendo soñando como un idiota en la cama con su esclavo???

Nada de esto estaba bien. Se estaba dejando llevar por tonteras… no valía la pena estresarse intentando entender ni darse permiso para nada… 

Sus pensamientos lo estaban confundiendo…

Max lo estaba confundiendo…

Max era su esclavo y lo estaba preparando para venderlo como a tantos otros chicos antes que a él… 

Un producto…  Su negocio…  solo uno más…

¿Qué era lo que quería entonces?… ¿Por qué deseaba tanto que lo mirara y lo volviera a besar?… ¿Qué tomara la iniciativa y lo buscara?…

Tomó aire, tranquilizándose…

Aquel beso…

Sintió un temblor de placer recorrerle el cuerpo y se quedó totalmente inmóvil disfrutando de la sensación causada por un pensamiento y la cercanía del cuerpo…

-. Max…

El nombre salió de su boca sin pensarlo… sin filtro ninguno… pero fue suficiente para que Adamir reaccionara al escuchar su propia voz llamándolo de esa manera… 

No le gustaba lo que estaba sintiendo…  parecía como si los sentimientos se apoderaran de él y lo controlaran…

Volvió a mirarlo dormir… Esta vez sin admiración ni ternura…

Max…

La causa de sus problemas…

Si no era su rebeldía era la capacidad que tenía para confundirlo… y vaya que lo estaba logrando.

Estaba todo mal…

Max era un chico especial pero asimismo lo eran todos los otros que se encontraban en la isla…

Max solo era más rebelde que el resto pero nada más que eso… Sería un gran esclavo cuando terminara de prepararlo. Le provocaba orgullo pensar en cómo había aprendido hasta ahora…  le haría ganar mucho dinero.. y…

Nuevamente sus ojos sobre él… Adamir estaba tratando de volver a ver al esclavo… a uno más de los tantos que habían pasado por su cama…

Por más que lo mirara… … … le provocaba algo diferente

¿Por qué se sentía tan bien estar ahí en la cama con él hoy día?… ¿por qué sentía que no quería moverse?… que no había ningún otro lugar en el mundo que fuera más tentador que cobijarse al lado de Max… justo ahora?

Deseaba un imposible…  sus ojos mirándolo sin miedo y acercándose a besarlo… sin obligación, sin instrucciones… ¿era esa la forma que tenía de saber que lo había doblegado completamente?… ¿era eso lo que deseaba??? ¿Qué Max deseara por cuenta propia acercarse a él?…

Adamir estaba en verdad confundido… la idea de tener sentimientos por Max seguía pareciéndole lejana y absurda… porque, después de todo, no podía ser posible… tenía a todos los chicos que quisiera y cuando deseara… no es que se fuera a fijar en solo uno… podía, en cualquier momento, salir del cuarto y follarse a 10 chicos cualquiera ahí afuera… todos chicos bonitos y serviciales… todos chicos instruidos y preparados… todos chicos atractivos… todos  listos para complacer… todos especiales…

Pero ninguno tenía esa piel de guerrero ni los ojos en llamas cuando se enojaba y protestaba… ninguno se había atrevido a mirarlo y besarlo…

Solo Max…

Y le había gustado tanto…

Cerró los ojos suspirando, cansado de sus pensamientos que lo estaban llevando de nuevo por el mismo camino…  el latido en sus sienes le indicó que el dolor de cabeza regresaba y no estaba sacando nada en blanco… no lograba aclarar ni una maldita cosa…

-. Suficiente– murmuró despacio entre dientes… suficiente de pensar sin sentido.

Se fue hacia el baño y en poco rato estuvo listo. Lo miró seguir durmiendo antes de salir. Max debería estar despierto y listo, a su lado, como buen perro faldero…  se acercó a la cama decidido a despertarlo temprano y… la figura de Max descansando tranquilo… el suave movimiento de su pecho… el rostro en paz… Max en calma era tan hermoso como enfurecido y listo para la batalla… ¿Qué sería si lo despertaba?… ¿ojos de furia o de cordero sumiso?…

Molesto consigo mismo, dio media vuelta y abandonó la habitación…

El dolor de cabeza había vuelto con ganas.

MATIAS

Matías despertó antes que su amo y se levantó de inmediato camino a la ducha. Se movía con calma y movimientos pausados. Sentía en su cuerpo las marcas dejadas por el juego nocturno con su amo… le dolía en varias partes, especialmente sus tetillas, que eran pequeñas y estaban sensibles luego de ser atravesadas por las agujas… aún así, Matías era capaz de sonreír internamente y sentirse feliz, como si guardara un secreto maravilloso. Cada puntada de dolor le hacía recordar que la causa era el amor de Santiago… con todo lo difícil que era soportar el dolor se sentía dichoso de esta relación… completamente sometido y obediente… haría lo que Santiago le ordenara sin pensarlo ni dudarlo…  anoche se había sentido desvanecer de placer inmerso en ese mundo alterno al que accedía por medio del dolor… Nada en el mundo era tan importante como complacer a su amo y ser merecedor del cariño y las atenciones que le brindaba.

Dejó que el agua fresca calmara su cuerpo y cuando estuvo listo se secó tocando su cuerpo con pequeños toques de la esponjosa toalla.  Se detuvo frente al espejo a observarse…

Había cambiado…

No es que hubiera crecido mucho, ni se hubiera vuelto más gordo o mayor…  seguía teniendo aspecto de niño, un cuerpo delgado y pequeño con piel suave y muy clara que ahora estaba decorada con unos cuantos moretones y enrojecimientos… no era eso lo que estaba diferente

Era su mirada y la forma de pararse frente al mundo…

No tengo miedo”, pensó de pronto.

Eso era lo que había desaparecido de su aspecto y lo volvía más atractivo, se paraba más derecho y confiado… su mirada era más firme y segura…

Es por él… me he vuelto más grande por él… sonrió con un cálido sentimiento interior

Ya no lo asustaba el espejo… todos los años de su vida había sentido miedo y soledad, abandono…  Esos oscuros sentimientos ya no estaban en él.

Avanzó un par de pasos y examinó con calma sus tetillas frente al espejo… solo unos puntitos rojos indicaban por donde habían entrado y salido las agujas… esas marcas tan pequeñitas se veían inofensivas… sin embargo, él sabía bien lo que en realidad eran… las marcas del amor de su amo. Tocó sus tetillas con orgullo… miró el resto de su cuerpo examinando los moretones… Levantó la frente y se sintió contento. Tenía en su cuerpo marcas que indicaban que era querido, que alguien lo adoraba y se preocupaba por él…

Terminó de arreglarse y sintiéndose feliz se dirigió al computador y comenzó a trabajar en los “deberes” que Santiago le había indicado. Si los terminaba todos, su amo le daría autorización para jugar y deseaba mucho volver a hacerlo.  Para Santiago era importante que Matías aprendiera a usar el computador y no quería defraudarlo así es que puso todo su empeño en hacer bien los deberes. Si había algo que le causaba verdadero dolor insoportable era la mirada de reprobación de su amo.

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