M&M 19

CAPÍTULO 55

Mario había sido dado de baja del ejército antes de unirse al personal de la isla. Había sido llevado allí por uno de los guardias en servicio quien lo presentó con Adamir, única forma de ingresar a trabajar como miembro de su exclusivo personal.  Era un buen profesional. Le gustaba lo que hacía, sobre todo el jugoso cheque de pago que cada mes engrosaba su cuenta bancaria. Había aprendido a bucear en el ejército. No era su especialidad pero podía hacerlo sin ponerse nervioso. Llevaba dos días internándose en el mar intentando encontrar alguna pista del paradero de Santiago. Parecía una misión imposible… el océano era tan grande y en constante movimiento…

– Una vez más antes que oscurezca– ordenó el supervisor.

Volvió a descender sintiendo algo de cansancio. Buceaba justo en la zona donde se suponía habría caído Santiago. Nadie que supiera de buceo se acercaba mucho a la pared de rocas del acantilado; la fuerza con que reventaban las olas y circulaban las corrientes podía ser traicionera. Quiso encender la linterna que portaba en su frente cuando descendió a profundidad que no le permitía ver con claridad, pero el aparato no funcionó. Molesto, Mario la golpeó fuertemente, distrayéndose por tan solo unos segundos…  muy tarde se dio cuenta que el pequeño descuido lo había hecho entrar en una de las corrientes… sintió como era succionado y su cuerpo arrastrado justo hacia la pared de piedra, como si fuera una marioneta… el pánico lo invadió… si se estrellaba a esa velocidad iba a morir.  Desesperado trató de nadar fuera de la corriente… hacia abajo… solo hacia abajo disminuía la presión pero no era suficiente para alejarse de las rocas… le quedaban segundos de vida y no sabía qué hacer… cerró los ojos y pataleo con todas sus fuerzas hundiéndose más y más… De pronto todo fue horrible oscuridad y silencio… las condiciones alrededor de él habían cambiado, podía percibirlo aunque estaba en medio de la más absoluta oscuridad… sus sentidos muy alertas… no sabía a qué se enfrentaba… si no fuera un completo disparate, Mario pensaría que había sido tragado por una enorme ballena… Estaba aterrado… no alcanzaba a ver ni sus manos… ¿había muerto?… tocó despacio su frente y comprobó aliviado que la linterna seguía ahí… su cuerpo avanzaba empujado por el agua pero no sabía hacia dónde… con cuidado movió el aparato en su frente hasta que finalmente logro encender un fuerte rayo de luz… pestañeó varias veces mirando a su alrededor pero el agua lo impulsaba a bastante velocidad… rocas… paredes de roca sólida a su alrededor… filosas, cortantes… peligrosas… cuando se repuso de la impresión pudo pensar. Estaba viajando a través de una cueva de solo unos pocos metros de diámetro… Por todos los cielos!! Una cueva submarina!!!…  Antes de que su mente pudiera procesar la información, la cueva llegó a su fin y se abrió en un espacio mayor… su cuerpo fue violentamente arrojado por una ola, rebotando contra la pared…  el golpe lo aturdió un poco pero la gran cantidad de adrenalina circulando en su organismo le permitió reaccionar de prisa… la ola se retiraba… igual que si estuviera en una playa… su cabeza salió a flote y sintió aire frío a su alrededor… por fin tuvo  tiempo de mirar donde se encontraba y tranquilizarse… estaba en medio de una burbuja en la roca que formaba el acantilado…   flotaba en el agua salada que cubría la parte inferior de una cueva submarina… giró la linterna hacia arriba… no era demasiado grande.. unos cuantos metros… la volvió hacia los costados, investigando. Se extendía por uno de los lados hacia una cueva mayor… siguió avanzando con su vista hasta que encontró una forma particular que no pertenecía al entorno… ladeó la cabeza varias veces hacia ambos lados antes de atreverse a decidir que era exactamente lo que estaba viendo un par de metros delante de él…

La cueva era más ancha en su parte superior lo que permitía que se formara un leve borde parecido a una estrecha playa de rocas… ahí, sobre esa superficie, asomaba  de espaldas la parte superior del cuerpo de una persona…

– Santiago…

Mario se acercó de prisa sorprendido, olvidando por un instante donde se encontraba y como había llegado. Con razón no encontraban ningún rastro de él… ¿estaba vivo?… ¿seguía el resto de su cuerpo conectado con la mitad superior?… pensó en las filosas rocas del túnel por el cual había viajado…

Se sujetó con cuidado de las rocas mojadas y logró salir completamente del agua. Cortó el suministro de oxigeno y se quito la escafandra y los guantes…  el aire estaba muy frío pero era respirable… profundamente nervioso y sorprendido, tocó el cuerpo inerte cerca del hombro…

– Santiago!! Santiago!!!

No hubo ninguna respuesta. Se acomodó de mejor manera sobre las rocas y haciendo un esfuerzo logró girarlo para ver su rostro…  el color era  una mezcla de cenicientos, morados y azulosos… los ojos cerrados… tenía cortes en las mejillas y parte del cráneo… Mario puso su oído muy cerca del rostro hasta que pudo sentir como exhalaba  aire por su nariz…  Respiraba!!!… Estaba vivo!!!… aunque no por mucho tiempo más.

La llegada de una nueva ola a la cueva remeció por entero el cuerpo de Santiago quien no reaccionaba ante ningún estímulo… Mario pensó con rapidez. Tenía que sacarlo del agua con muchísimo cuidado… llevaba demasiado tiempo sumergido y su piel estaba reblandecida y delicada. No fue tarea fácil… menos aún considerando que era un peso muerto, parte de su pecho estaba morado y una de sus piernas estaba rota justo sobre la rodilla.  Después de varios intentos y de sortear las olas que entraban, lo colocó de espalda sobre la pequeña superficie de rocas… a duras penas cabían los dos en el área tan reducida… solo entonces tuvo tiempo para llevarse las manos a la boca y contener el miedo y las nauseas…  Santiago estaba vivo de milagro pero se veía muy mal… debió prestar mejor atención a las clases de buceo y enfermería… Su situación era grave, la de Santiago peor aún. Si no hacía algo pronto ambos morirían. Lo primero era controlar el creciente pánico que sentía y pensar en sus posibilidades.

No tenía radio y, aunque la tuviera, dudaba que  funcionara aquí dentro… era inútil esperar que vinieran a rescatarlos… nadie sabía de la existencia de esta cueva ni él la habría encontrado jamás si no hubiera sido llevado por la corriente y se hubiera puesto a nadar sumergiéndose mas y mas para escapar del peligro… Seguramente eso había sido lo que pasó con Santiago… cayó cerca de la pared de rocas y la fuerza del impacto lo empujó hacia el fondo…

Necesitaban ayuda. No podría sacarlo de ahí dentro él solo

Su oportunidad de sobrevivencia se reducía  a una sola opción. Tenía que salir de la cueva en busca de ayuda para luego rescatar a Santiago con las personas y  elementos necesarios.  ¿Cuánto tiempo había pasado?… no sabía. Pero recordaba que ya era tarde cuando recibió la orden de bucear una vez más. Seguramente ya era de noche. Dentro de la cueva no había luz y era imposible distinguir el día de la noche. No portaba reloj.  Se recostó contra la pared y cerró los ojos. Dejaría pasar unas cuantas horas… era mejor que hubiera alguien allá afuera para ayudarlo cuando intentara salir y sortear la corriente.

Mario no pudo dormir más que a ratos. Despertaba con el agua que súbitamente trepaba hasta donde ellos se encontraban y encendía la luz para comprobar que la marea no subiría hasta ahogarlos. El frío tampoco le permitía descansar. Mirar a Santiago le producía pena y temor.  Lo cambiaba de posición con cuidado pero no era mucho lo que podía hacer. Tenía temor de que la siguiente vez que lo tocara estuviera muerto.   Estaba desesperando dentro de aquella cueva. Cuando calculó que había pasado tiempo suficiente, Mario se arriesgó a tomar el camino de vuelta. Dejó a Santiago apoyado de la mejor manera posible

– Volveré a buscarte. No te estoy abandonando

Sabía que no le iba a responder pero, si en alguna parte de su mente estaba consciente, quería que supiera que no se daba por vencido con él.

Se lanzó al agua. Esperó el momento en que el agua se retiraba de la cueva y se sumergió.

ADAMIR

Había dormido muy pocas horas a pesar del cansancio. Cada hora que no estaba en la playa buscándolo le pesaba como si hubiera abandonado a su amigo una vez más. El y Max fueron los últimos en dejar la zona de búsqueda cuando ya era noche.

Estaba en la cama, apoyado sobre el respaldo. Max dormía a su lado y eso estaba bien. Había participado en la búsqueda las mismas horas que él y necesitaba descansar. Le dedicó una larga mirada triste y pasó sus dedos acariciando su pelo… solo tenía a Max ahora… no le quedaba nadie más con quien compartir en este lugar… todos sus planes para el futuro se volvían borrosos… Santiago estaba en cada uno de sus proyectos… lo habían hecho todo juntos desde el principio… ¿qué haría ahora?… ¿cómo podría seguir sabiendo que le había fallado tan miserablemente?…

Los minutos pasaban y sabía que tenía que dormir, pero el sueño andaba de paseo… en el cuarto solo se escuchaba su respiración y la de Max… tan suave y acompasada… su pecho subía y bajaba rítmicamente… Max se había portado bien… había obedecido cada una de las órdenes sin poner ninguna cara, había corrido incansablemente entre el complejo y la playa todas las veces que fue necesario… había estado allí cada vez que necesito buscar su mirada…

Despacio, impulsado por una nueva necesidad, Adamir se fue resbalando hasta quedar acostado…  deseaba tocarlo y olerlo… abrazar el cuerpo cálido de Max. Se movió hasta acomodarse junto a él y pasó sus brazos para atraerlo… se sintió mejor…  inhaló con ganas sintiendo  que los sentimientos de tristeza volvían a él. Movió sus dedos muy lentamente sobre la piel de Max sin ninguna intención más que la de tranquilizarse… saber que estaba ahí…  Cerró los ojos alejando sus pensamientos y concentrándose solo en Max… Se durmió pegado a él, reteniéndolo muy junto, cobijándose en su calor y olor…

La desaparición del buzo hizo que redoblaran sus esfuerzos por encontrar a los perdidos.Adamir estaba en la playa desde muy temprano. Max cooperaba con el equipo de rastreo.

Alrededor de las nueve de la mañana todos en la playa escucharon la algarabía en uno de los botes. Rápidamente, se congregaron en la playa en espera de noticias.

– Encontramos al buzo, señor. Tiene noticias

Mario se veía agotado. Había luchado contra la corriente al salir de la cueva y, afortunadamente, había logrado subir y flotar hasta que fue visto por uno de botes.  Había llorado de la emoción al ser rescatado minutos atrás y ahora se encontraba semidesmayado y casi sin habla. Pero tenía que usar sus últimas energías. Alguien más lo necesitaba de urgencia.

– Lo encontré señor… Santiago… está vivo

Todas las miradas se dirigieron a Adamir… el único de ellos que no había perdido las esperanzas.

No supo que sentir… le decía que Santiago estaba con vida… era como si su pecado fuera perdonado y se le concediera una segunda oportunidad de hacer las cosas bien… Estaba vivo… alguien en alguna parte había escuchado sus plegarias por Santiago…  vivo…

De entre todos los pares de ojos que miraban la reacción de Adamir, a él solo le importó buscar y detenerse en uno de ellos… sonrió esperanzado y lleno de sentimientos cuando encontró los ojos de Max… y como la alegría es contagiosa, Max devolvió la sonrisa… duró solo unos segundos… pero fue suficiente para que todos se dieran cuenta del momento de intimidad que habían compartido.

– Está mal herido señor… muy mal

Mario entregó toda la información. Los buzos más experimentados se pusieron a planear el rescate a la brevedad.

Adamir estaba sobrepasado por la emoción pero tenía que controlarse. Necesitaba ser eficiente ahora.  Sin perder tiempo, se dirigió de vuelta al complejo y comenzó a repartir órdenes por doquier

– Enfermera Cellis,  debe esperar a Santiago en la playa con todo el equipo del que disponemos. Prepárese a viajar al continente

– Piloto, prepare el avión. Despegaremos dentro de unas horas.

– Exequiel, quedas a cargo de todo. Llevo a Santiago a la ciudad

Lo siguiente fue una llamada a su hermano. Luego de los saludos protocolares y de la alegría de escucharse, Adamir le explicó la delicada situación de Santiago

– Necesito una ambulancia en el aeropuerto. Mueve todos tus contactos, Nazir. El mejor hospital y los mejores médicos, por favor. Volveré a comunicarme desde el avión para informarte su condición

Max había seguido a Adamir hasta la casa. Cuando todos entraron, él se coló entre el montón de personas. Nadie reparaba en él. Había estado muchas veces en la casa, normalmente en calidad de mueble o atado con alguna cadena y tratado como objeto. Se sintió extraño sin saber que hacer así es que busco el sitio más apartado y procuró hacerse invisible resbalando por la pared, recogió sus rodillas y se quedó sentado en el suelo observando la frenética actividad de Adamir.

Se alegraba de que Santiago estuviera vivo… no le parecía una mala persona… no demasiado al menos… Había sido bueno con Matías y se había ganado su cariño, lo había defendido y hasta lo había enviado fuera de la isla… quien sabe dónde. Tal vez, cuando estuviera bien, podría preguntarle.

Adamir pasaba cerca suyo dando órdenes en el teléfono. Actuaba como si hubiera recibido una inyección de energía. La actitud derrotista que había arrastrado durante el día y las horas anteriores había desaparecido… volvía a ser el amo enérgico y autoritario

– ¿Qué haces ahí?

Adamir lo miraba fijamente, recién notando su presencia.

Max se puso de pie de un salto y no supo que contestar…

– Yo… no..

– Ve a preparar un bolso con ropa. Te vas conmigo a la ciudad – pasó de largo sin volver a mirarlo continuando con su conversación telefónica…

¿La ciudad?… ¿y se lo decía así tan de golpe?… ¿podía caminar solo hasta el dormitorio?… aún estaba aturdido pensando cuando Adamir volvió frente a él

– Date prisa. Te espero en la playa.

Acto seguido, salió de la casa y todos se fueron con él…

Max miró a todos lados… no quedaba nadie… buscaba fantasmas que lo vigilaran… una trampa… ¿en verdad lo había dejado solo en su casa?… recorrió el cuarto con sus ojos… lo había visto en detalle las veces anteriores cuando había estado atado y su única ocupación consistía en mirar las paredes y la decoración pero ahora observaba con ojos diferentes… el pasillo que llevaba hacia el resto de la casa y la habitación de Adamir se veía tentador… pero recordó la afición de su amo a colocar cámaras de seguridad en todas partes…

Despacio… como si caminara sobre hielo quebradizo, Max comenzó a caminar fuera de la casa y por los corredores hacia el dormitorio. Los edificios parecían desiertos. Todo el personal estaba en la playa. Cuando pasó frente al edificio de la Sala de Esclavos tuvo la loca idea de correr a contarle a Min Kim… nuevamente las cámaras… mejor no se arriesgaba a ninguna tontera… no ahora que Adamir lo iba a llevar a la ciudad… ciudad con calles, ruido, tráfico, personas, policías… y muchas posibilidades de escapar. Se sintió repentinamente alegre y animado. Corrió el corto trecho hasta su dormitorio. Encontró un bolso pequeño en el closet y echó unas cuantas prendas de ropa, todas blancas, todas iguales. Eran lo único que vestían los esclavos en la isla. No tenía nada realmente suyo en este lugar.

A las 11 de la mañana comenzó la operación de rescate. Seis buzos más un traje extra para vestir a Santiago, elementos para inmovilizarlo, cuerdas, luces… llevaban todo lo que creían necesario de acuerdo a la información de Mario.

Sobre la playa, un gran despliegue de personas y equipos.

 En un rincón, apartado de todos, esperaba Adamir.

“No está consciente… no responde a ningún estímulo, su piel está muy dañada, su pierna quebrada, tiene cortes en la cara y el cráneo… respiraba apenas… moretones en el pecho”

Repasaba en su mente el recuento de daños que el buzo le había dado…

No importaba. Tenía que salir bien… no podía suponer que la divinidad le concedía una oportunidad de corregir las cosas y se la fuera a arrebatar antes de salvarlo. Lo llevaría al mejor centro de atención. Repararían los daños y Santiago volvería a ser el mismo de antes…

No soportaba estar con nadie en este momento… los nervios lo traicionaban y su  mente imaginaba lo que el buzo había descrito… su amigo roto, dañado, a punto de morir… Santiago era fuerte y joven. Sobreviviría. No podía pensar otra cosa ni esperar un resultado diferente. Miró hacia el grupo de gente en la playa. Le daría lo mejor de todo… lo salvaría  como diera lugar. No iba a fallarle nuevamente. Nunca más.

Volvió a recorrer la playa con su vista… no sabía qué buscaba hasta que lo vio llegar con un pequeño bolso en la mano. Suspiró tranquilo. Todo estaba funcionando bien.

El bote regresó a la playa una hora y media más tarde, con su valiosa carga. Adamirestaba en primera fila esperándolo.

La enfermera Cellis se hizo cargo de inmediato. Lo primero fue quitar el traje especial con mucho cuidado. Al hacerlo, el rostro ceniciento y la piel dañada quedaron al descubierto. Adamir solo alcanzó a verlo un momento antes que la enfermera lo cubriera con sábanas blancas. Entra varios levantaron la camilla y lo llevaron hasta la pista de despegue.

El avión se elevó con 6 pasajeros a bordo. Adamir apretaba los puños, inquieto y mantenía su mirada fija de la camilla que transportaban.  Santiago no se veía nada bien. La fractura expuesta mostraba parte de su hueso y su respiración era muy débil. Entre la enfermera y él se turnaban para sostener la mascarilla de oxigeno. Imposible dejarla puesta sobre su rostro por lo dañada de la piel. Lo habían limpiado, sedado y vendado. Santiago no daba indicios de sentir algo.

Era el primer viaje en avión para Max. Estaba entusiasmado y nervioso en igual medida. Nadie le señaló un asiento en particular pero eligió el más apartado, al final del pasillo. Creyó que le gustaría volar pero solo unos segundos después de elevarse, había cambiado de opinión radicalmente. Le faltaba el suelo firme bajo sus pies y su estómago bailoteaba junto a la turbulencia del vuelo. Al mirar por la ventana la cosa empeoró. Se sujetó firme al asiento y cerró los ojos deseando que no fuera muy largo.

Aterrizaron en una pista privada, propiedad de la familia de Adamir. Muchas personas y vehículos esperaban la llegada del avión. Nazir había movilizado un buen número de personas.

Personal especializado ingresó al avión y estuvieron preparando a Santiago durante un rato, antes de bajar la camilla, subirlo a una ambulancia y desaparecer a toda prisa.

Adamir lo miró alejarse con el corazón apretado. Dio instrucciones al piloto de regresar con la enfermera, sin embargo el guardia se quedaba en tierra, con ellos.

Solo entonces Adamir se dirigió a Max.

-. Ven. Tú te quedas conmigo.

CAPITULO 56

Salieron del avión. Una gran explanada… casas al fondo del paisaje, vehículos y personas al final de la escalera.

-. Bienvenido aunque sea en esta triste situación

Un hombre un poco mayor y muy parecido a Adamir se acercó a saludarlo con un abrazo que él correspondió. Max se sorprendió al notar el cariñoso intercambio de saludos entre ellos. ¿Quién era ese hombre?

-. ¿Dónde lo llevan?- preguntó Adamir señalando la ambulancia que se alejaba

-. Es un hospital nuevo. El mejor de la ciudad

Entonces Nazir reparó en la presencia de Max que espera cerca de ellos junto al guardia que no se movía de su lado

-. ¿Vienen con nosotros?

-. Maximilian, ven aquí

Obedeció  y caminó hasta donde lo llamaba. Adamir lo sostuvo como si lo estuviera exhibiendo. Esta vez no solo fue su amo quien lo miró de arriba abajo sino también el otro hombre. Lo examinó como si fuera un animal de feria

-. ¿Un niño?… estás loco

Pero el comentario de Nazir fue seguido de un ligero movimiento de cabeza y una sonrisa. Se notaba que ambos estaban felices de verse.

Adamir guardó silencio frente a las palabras de Nazir. Agradecía que no le pidiera más detalles y le preguntara la razón de por qué Max lo había acompañado. No tenía una explicación… no tenía una razón. Solo podría decir que necesitaba que Max estuviera cerca de él…

-. Vamos- sugirió Nazir

Subieron a un vehículo con chofer. Max estaba impresionado.  Nazir y Adamir no paraban de hablar y ponerse al día con las noticias. Por fin Max pudo deducir quien era ese hombre. Cuando comenzaron a hablar de “papá y mamá”, Max entendió que eran hermanos… hermanos!!!  le resultaba difícil pensar que Adamir tenía padres y hermanos… era más fácil suponer que era un ser venido de la nada y sin lazos de sangre con otras personas… nunca lo había imaginado como el hijo de alguien o el hermano de otra persona… este hombre que creía conocer tan bien y que ahora hablaba de manera diferente y se reía demostrando su alegría de ver al hermano y escuchar de su familia… era… bueno…  era distinto… no se parecía a su amo en la isla…

El paisaje fue cambiando lentamente; unas pocas casas aisladas que luego se transformaron en calles y poblaciones para finalmente ser una ciudad… Max suspiró animado mirando atentamente el movimiento fuera de la ventana… una ciudad… personas, autos, vitrinas, cafés, aceras, vehículos… mucho ruido, mucha gente.  Cada vez que el vehículo se detenía en un semáforo, Max miraba alrededor analizando sus posibilidades de abrir la puerta con rapidez… sabia como correr a perderse… podría desaparecer entre las calles y personas en tan solo unos pocos segundos… lo había hecho muchas veces en su ciudad anteriormente cuando escapaba de quienes lo perseguían… era bueno para escabullirse… sabía dónde esconderse para que nunca lo encontraran…  pero estaba sentado entre el chofer y el guardia… si hubiera estado al lado de la puerta se habría perdido para siempre hacía 3 semáforos atrás…

Las posibilidades se diluyeron cuando el auto se desvió y entró a un camino precedido de una gran reja y portón eléctrico. Un jardín muy cuidado y una casa grande enclavada en un costado de un cerro con una vista magnífica hacia la bahía.

Max siguió a Adamir dentro de la casa. El lugar parecía un palacio… El guardia no se separaba de él.

-. Esperen aquí

Indicó una habitación. La orden fue dada por Nazir con la misma voz autoritaria de su hermano.

Max estaba nervioso… muy nervioso. Nunca había estado en un lugar tan elegante. Se sentía desorientado… un pez fuera del agua.  Seguido del guardia, entró al pequeño salón que le indicaban. La puerta se cerró y quedaron ambos aislados en su interior. Rápidamente Max estudiaba la habitación.  Lo desconocido lo intimidaba y alertaba su carácter rebelde. Lo hacía sentirse inseguro y un poco violento.  El hombre no apartaba sus ojos de Max hasta hacerlo sentir incómodo. Preso de su rebeldía y con la intención de molestar, Max comenzó a pasearse por el cuarto investigando su contenido… tomaba los adornos y los estudiaba, simulaba mirar los cuadros de la pared o el jardín a través de la ventana… cada vez que él daba un paso el hombre lo seguía.

-. No voy a salir de aquí. No tienes para que seguirme tan de cerca

Por supuesto el hombre no respondió y eso lo irritó aún más.

Pasados unos minutos la puerta se abrió. Un hombre mayor, desconocido,  vestido de manera impecable con un traje oscuro y de corbata, se dirigió a ellos

-. Sígame señor, por favor – habló dirigiéndose a Max

Max abrió la boca pero no dijo nada… No se movió.  Primero por efecto de la impresión, porque no sabía quién era ese que le hablaba mirándolo y si se había equivocado al dirigirse a él…  y luego porque… porque… porque…. mierda!!  porque no era Adamir y él solo le hacía caso al idiota de su amo… En alguna parte de su mente, Max había racionalizado que las órdenes provenían solamente de Adamir y ahora que pisaba un terreno tan inseguro necesitaba de él. No cumplir sus órdenes equivalía a un castigo… pero nadie le había dicho nada sobre obedecer órdenes de personas extrañas con aspecto respetable.

El hombre esperó pacientemente en la puerta…

Max miró al guardia pero el hombre parecía tallado en piedra…

-. Si me hace el favor, señor…

Volvió a repetir el hombre de manera respetuosa dirigiéndose a él. ¿Qué favor?… ¿qué quería este caballero?… ¿por qué lo miraba a él?.. no había hecho nada.. apenas tocó un par de cosas y ya… Max no atinaba a reaccionar…

Los minutos pasaban en un tenso silencio…

-. ¿Qué sucede?

Adamir apareció detrás del hombre que seguía esperando en actitud respetuosa

-. Espero al joven, señor Adamir

Adamir se dirigió directamente a Max. Se veía diferente… mas… alegre?… como si se hubiera quitado un peso de encima y caminara más ligero

-. Sígueme

Avanzaron los tres, incluyendo al guardia, precedidos por el hombre mayor. Luego de pasillos y escaleras, se detuvo frente a una puerta

-. Esta es la habitación del joven, señor Adamir

-. Gracias Simón. Yo me encargo

-. Traeré lo que solicitó de inmediato – respondió el tipo llamado Simón.

Adamir abrió la puerta y le señaló el camino a Max. A un gesto suyo, el guardia retrocedió unos pasos y se estacionó fuera del cuarto.

El cuarto era hermoso. Grande, luminoso y decorado en un estilo antiguo bastante lujoso. Max nunca había estado en una habitación de este tipo. Una imponente cama con dosel y pilares era el centro de atención.

-. Te vas a quedar aquí mientras voy a ver a Santiago.

El cuarto era bonito y acogedor, pero Max quería ser parte de la acción… no quería quedarse en este lugar con gente extraña que no entendía y que lo ponían más nervioso aún… además, quería saber de Santiago, quería ruido, calles, gente y ciudad.

No dijo una palabra pero su mirada cambió y Adamir lo percibió…

Por un instante Adamir no supo qué hacer o decir al ver el semblante desilusionado de Max… unos días atrás no le habría importado o quizás le habría molestado igual pero… algo había cambiado…

No sabía que lo había impulsado a traer a Max. Solo tenía claro que necesitaba tenerlo cerca y que la desilusión que expresaba no le gustaba. Le miró los ojos de pena y varios pensamientos acudieron de golpe a su cabeza…

Max había estado muy cerca de Santiago cuando había caído… seguramente estaba impresionado y choqueado… claro! Tenía 14 años… no se había ocupado de él… ¿qué clase de amo era?…

El chico no se había separado de él ni un momento mientras buscaban en la playa… codo a codo con su tiempo y energía… sin que se lo ordenara… Max lo había hecho por su cuenta… de hecho, sólo ahora Adamir venía a reflexionar que Max había correteado libremente entre el complejo y la playa todo ese tiempo… había dispuesto de libertad que no recordaba haberle otorgado y… seguía a su lado sin que nadie tuviera una palabra mala que decir contra él… había sido su mirada y su abrazo lo que lo reconfortó cuando estaba desesperado…  fue a él a quien buscó para compartir la felicidad de haber encontrado a Santiago…

Un momento… ¿Qué hacía pensando todo esto???!!!

¿Qué demonios hacía con los sentimientos extraños que estaban pasando por su mente y corazón?… Era su esclavo, no? Su propiedad…  lo mismo de siempre… si?.. era… ¿Qué era exactamente, ahora?

¿Qué era lo que había cambiado?… podía sentirlo… tal parecía que últimamente Max se especializaba en dejarlo sin palabras y sin saber que hacer… 

Simón eligió exactamente ese momento para golpear la puerta

-. Adelante – respondió Adamir casi agradecido de la interrupción que lo liberaba del torrente de pensamientos confusos

-. Lo que solicitó, señor

Simón entró ceremoniosamente y dejó una caja sobre una de las mesas. Se retiró dejándolos solos nuevamente. Adamir miró la caja pero no se acercó a ella.

-. Esta es la casa de mi hermano. Se llama Nazir

Pasó frente a él caminando hasta la ventana

-. Ven. ¿Ves esos edificios allá abajo, al lado del mar? Es la empresa de mi familia

Max se acerco y Adamir lo tomó de los hombros acercándolo al ventanal para mostrarle lo que quería que viera… se enorgullecía de la amplia empresa naviera familiar… de pronto fue consciente de sus manos tocando los hombros de Max… tan cerca suyo que podía sentir su olor. Intensificó el agarre de sus dedos y se movió para perder su nariz en el pelo de Max… sus brazos se cruzaban para estrecharlo en un abrazo

-. Voy a ver a Santiago. Volveré pronto –  murmuró en su cuello dejando un beso ligero… como si fuera un amante cariñoso despidiéndose momentáneamente de su amor…

-. Hablaremos cuando vuelva

Adamir escuchó su propia voz… No se entendía… no sabía por qué le hablaba así a Max cuando nunca le había dado explicaciones a nadie… tampoco es que fuera a explicarse con Max… no!!  era solo que… bueno…  Max había estado ayudándolo y esa mirada desilusionada no le había gustado… mierda!! ¿Qué demonios le estaba pasando???

Caminó de prisa hacia la salida. Cruzó la puerta sin volver a mirar atrás y la cerro muy fuerte.

Max saltó de la impresión al escuchar el ruido. Se giró para comprobar que efectivamente estaba solo… por la ventana nuevamente miró los edificios que le había indicado como propiedad de su familia… ¿cuál de todos era? Había muchos edificios iguales allá abajo… y barcos y maquinas y cosas que no distinguía…

Estaba solo en una casa que lo asustaba… pero estaba solo!!!… su mano se dirigió de prisa a la manilla de la ventana y forcejeó con ella hasta que logró abrirla. Se asomó con el corazón latiendo de prisa y retrocedió de inmediato… la casa estaba enclavada en uno de los altos cerros de la costa. No había suelo firme fuera de la ventana hasta muchos metros más abajo…

Retrocedió lentamente. No era posible intentar escapar por la ventana… no por esta al menos. La única forma de salir del cuarto era a través de la puerta… la misma que custodiaba el guardia. Se dejó caer molesto en uno de los elegantes sillones y su mirada vagó inquieta… se detuvo en la caja que había dejado Simón.  Sin dudarlo la tomó y levantó la tapa… El contenido lo dejó asombrado…

Varios juegos de esposas, cadenas y cordeles…

Escalofríos en su espalda… Odiaba todo eso… ¿Adamir lo había pedido?… ¿para él?… por supuesto que era para él… entonces… ¿por qué no lo había usado?… por puro instinto miró sus manos y pies y los movió… libres… Podía caminar por toda la habitación como se le diera la gana… sin restricción… odiaba las amarras… era como retroceder en el tiempo… volver a la esclavitud de la isla… ¿por qué quería volver a atarlo?… NO!!… porque sabía que intentaría escapar… Adamir sabía lo que estaba pensando… lo había leído en sus gestos… lo conocía muy bien…

-. Nooooo….

En un gesto incontrolable de rabia, Max tomó la caja entre sus manos y la arrojó con violencia por la ventana abierta…

SANTIAGO

Los recibieron en una de las salas privadas del hospital. Alguien se acercó a ofrecerles café mientras esperaban al médico. Llegó luego de bastante tiempo.

-. La condición del paciente es muy inestable y los daños son múltiples. Si sobrevive las próximas 48 horas podremos comenzar a intentar repararlo

-. ¿Cómo que si sobrevive?… Tiene que vivir- Adamir le habló duramente al médico… la idea de que Santiago pudiera morir, luego de que lo rescataran, resultaba intolerable.

-. Estamos haciendo todo lo que está en nuestras manos

-. Pero…

-. Los milagros debe hablarlos con Dios. Su estado es crítico – respondió el médico alejándose…

48 horas… ¿De dónde sacaba 48 horas de paciencia para esperar?

-. Tienes que calmarte. Están haciendo su trabajo. Santiago va a vivir  

Nazir entendía bien la relación entre su hermano y Santiago. Era uno de los pocos que los había visto juntos cuando eran amo y sumiso y luego como amigos

-. No puede morir… no puede – repitió como autómata

-. Ven. Vamos a casa. Aquí no podemos hacer nada. No podremos verlo hasta 48 horas más-

EL GUARDIA

Nazir le había informado a Sergio sobre la visita de su hermano Adamir  y  las razones y emergencia del viaje pero no habían tenido tiempo de encontrarse y saludarse ni mucho menos de contarle a Sergio que alguien más se encontraba en una de las habitaciones de huéspedes.

Sergio estaba entusiasmado. A pesar de las tristes circunstancias en que se producía el viaje de Adamir, le daba gusto tenerlo por primera vez en su casa y pensaba en la mejor forma de hacer que su estadía fuera menos difícil.

Subía las escaleras hacia los cuartos de visitas con un enorme jarrón de flores frescas que él mismo había arreglado hacía unos minutos. Seguía pareciendo un chico veinteañero delgado y atractivo, aunque muy inofensivo. Siempre flotaba alrededor de él un aire de dulzura y sumisión.  Al terminar de subir la escalera se sorprendió al ver a una persona completamente desconocida de pie frente a una de las puertas de los dormitorios. Un sujeto grande y musculoso plantado firmemente en el pasillo. Sujetó bien el jarrón que había estado a punto de resbalarse de sus manos y se dirigió de prisa hacia el hombre

-. ¿Quién es usted? ¿Qué hace aquí? – exigió con suave voz

El guardia lo había escuchado acercarse pero no se inmutó. Al contrario, le pareció gracioso el chico que se aproximaba con una explosión de flores tan grandes que apenas se veía.

-. No puede pasar – respondió el guardia con gravedad

La respuesta hizo que Sergio abriera la boca del asombro…

-. ¿Cómo dice?!!!

– Nadie puede entrar a este cuarto. Deje las flores en otra parte

Obviamente lo había confundido con el personal de servicio…

-. Pero cómo se… ???

-. Ya le dije. No puede pasar

Sergio tardó unos pocos segundos en reaccionar. La insolencia del hombre lo había impactado. Sin decir una palabra dio media vuelta, aún cargando las flores, y regresó por el mismo camino. No iba a dejar sus preciosas flores cerca de ese energúmeno. Menos aún considerando lo que iba a pasar dentro de pocos minutos.

El guardia lo miró alejarse y le causó risa ver el suave movimiento coqueto de su culo que se meneaba forzosamente debido al peso del florero…  el chico era una monada y a él le encantaba abusar del poder de su estatura para amedrentar… siguió sonriendo largo rato cuando ya había desaparecido escalera abajo.  La casa quedó en silencio y el hombre volvió a relajarse moviendo el cuello. Tenía un largo turno por delante vigilando a la otra monada en el interior del cuarto.

El sonido era tan fuerte que parecía que se acercaba un tropel de caballos galopando… el guardia se puso alerta y miró a todos lados preocupado, intentando identificarlo… cuando vio la primera cabeza asomar por la escalera se llevó la mano a la espalda, tomó su arma y le quitó el seguro… cuando volvió a mirar supo que todo era inútil… eran al menos 7 hombres de mayor tamaño que él que lo estaban apuntando con armas de mayor tamaño…

-. Arrójala al suelo!!! – ordenó uno de ellos

Lentamente dejó el arma en el suelo y levantó los brazos. Solo entonces vio al chico de las flores abriéndose paso entre el montón de hombres que se apartaban con respeto para dejarlo pasar… mierda!! ¿Quién era? ¿Qué había hecho?

-. ¿Dónde habíamos quedado?… 

Simuló estar pensando con un gesto teatral muy gracioso  

– Ah si! ya me acordé!!! ¿Quién eres y que haces en mi casa?

 

 

 

CAPITULO 57

LA HISTORIA DE SERGIO Y NAZIR

Parte 1

Caminaba arrastrando los pies y con pasos lentos, tratando de no resbalar en el barro y sorteando los charcos de agua lluvia apenas iluminados por las escasas farolas de la calle. Había llovido fuerte toda la tarde y estaba empapado de pies a cabeza. La chaqueta que llevaba le pesaba y el frío entumecía su cuerpo y hacia difícil avanzar. Su respiración formaba vahos en el aire. Se había gastado sus últimas monedas en tomar un café caliente antes de la entrevista para no caer desmayado… de eso hacía ya un par de horas.  Había oscurecido pero no tuvo más opción que caminar de vuelta exponiéndose a la dureza del invierno y a los malhechores… ¿Quién sería tan estúpido como para arriesgarse a asaltarlo si no tenía ni dónde caerse muerto?… si alguien lo hubiera hecho, Sergio se habría largado a reír hasta terminar llorando… lo único que tenía en sus bolsillos eran sus documentos y una imagen de la virgen que su mamá le había pasado antes de salir para que lo acompañara y protegiera. 

Tenía hambre además de frío… y cansancio, El centro de la ciudad estaba a una hora de su casa al menos.  

Por fin divisó la casa de sus padres… cerró los ojos queriendo llorar. Estaba a oscuras. Nuevamente les habían cortado la electricidad… malditos!!! ¿acaso les daba lo mismo que su madre muriera congelada?  Apuró sus pasos sin importarle chapotear en el centro mismo de las pozas de agua… ¿Por qué estaba todo a oscuras?… ¿Dónde estaba su madre?

-. Mamá!!  Mamá!

-. Aquí hijo – respondió una voz suave y agradable desde el dormitorio interior iluminado con velas.

Sergio suspiró agradecido. Se tranquilizaba al escucharla hablar. Su madre tenía diabetes avanzada y por ello le habían amputado una pierna a la altura de la rodilla y los dedos de los pies de la otra, restringiendo sus movimientos. Los tres habían llorado juntos aunque pronto quedó claro que nada ni nadie podía con el espíritu de la valerosa mujer que era su madre. A pesar de todo seguía sonriendo y  trataba de estar alegre pero su cuerpo se agotaba y enfermaba más cada día. Rara vez se quejaba.

-. ¿Cortaron la luz nuevamente? – preguntó llegando donde ella

-. Tu papá consiguió el dinero y fue a pagarla

-. Pero debió esperarme. Yo puedo hacerlo. Mira que salir con este frío

-. El vecino lo llevó en su coche…

Era lo que siempre inventaba para no preocuparla…

Sergio se afligía al pensar en su padre, hombre bastante mayor, caminando solo por las calles heladas y oscuras… pidiendo dinero prestado una vez más para poder pagar las cuentas… dejando su orgullo de lado en busca del bienestar de su mujer…

-. ¿Cómo te fue, hijo?

Abrió la boca para responder y no pudo… había tanta esperanza en los ojos de su mamá… habían sido unos ojos claros y alegres, llenos de vida y color… ahora estaban apagados y adoloridos… surcados de arrugas

-. Dijo que me avisaría… yo creo que bien- mintió sin ser capaz de contarle la verdad…

No le darían el trabajo…  tendría que empezar de nuevo…

-. ¿Quieres un té, mamá? – pregunto con cariño

Su madre asintió. No se atrevió a ofrecerle algo más. No sabía que otra cosa había en la cocina para alimentarse esa noche…

No eran sus verdaderos padres sino sus abuelos. Sergio había nacido cuando su madre tenía solo 15 años y sus abuelos lo habían recibido como a un hijo, a pesar de ser mayores.

-. Volveré por él – dijo Dalia, su joven madre, cuando se fue a trabajar a otra ciudad. No tuvieron noticias de ella en muchos años

Sus abuelos, padres para él, siguieron trabajando para poder pagarle la escuela. Ella limpiaba casas de personas con dinero y tenía la sonrisa más hermosa que Sergio hubiera visto en su vida. Era una mujer algo rellenita, de pelo oscuro y ensortijado, siempre con una palabra amable y un chiste para compartir. Conversaba con las vecinas, las cajeras del supermercado, la señora delkiosko y hasta la gente en la plaza. Repartía sabiduría y cariño a quien quisiera escucharla.

Su padre trabajaba en el puerto; era uno de los obreros que ayudaban en la descarga a tierra de los grandes barcos que atracaban a diario en el puerto. Llegaba a casa cansado todas las tardes pero su cansancio se esfumaba y sus ojos se iluminaban al ver a su mujer y su hijo. Un buen hombre, un marido cariñoso y un padre muy presente. 

Fue en una de las descargas del puerto, cuando una mala maniobra le dañó la espalda. Estuvo casi un mes en el hospital. Recuperó la movilidad pero no pudo volver a su antiguo trabajo. “Jubilación por incapacidad” decía su finiquito de trabajo.  A su padre nunca le gustó ese nombre. Él no era incapaz y para demostrarlo había salido a buscar otro trabajo a sus casi 70 años. Nadie lo contrató de manera permanente. Por cariño y por el recuerdo del hombre que había sido, conseguía trabajos esporádicos que le permitían mantener la cabeza en alto pero llenaban muy poco su bolsillo. Se deterioraba rápidamente.

Justo en aquella época la diabetes de ella empeoró y hubo que tomar medidas drásticas. Sergio estaba terminando la escuela y trabajaba de ayudante en el supermercado en las tardes por un sueldo muy pequeño. Los gastos de su madre eran muy elevados pero ni a él ni a su padre se les ocurrió quejarse o pensar en no darle todo lo que ella necesitaba. Se endeudaron. La pobreza se adueñó de sus vidas.

Sergio terminó la escuela y ese mismo verano, con apenas 17 años, solicitó trabajo en el puerto. Deseaba un trabajo con mejor salario.

-. ¿Qué sabes hacer?- preguntó desde detrás del escritorio el hombre del sindicato que daba los trabajos,

-. Lo que me mande hacer, señor- respondió nervioso. No tenía estudios más que la escuela pero estaba dispuesto a empezar de cero y hacer lo que fuera. No era alto ni musculoso pero podía aprender y sacrificarse.  Esperó ansioso pero el hombre se largó a reír muy bajito

-. ¿Qué trabajo podrías hacer tú? Si pareces una nena– se salió del escritorio mostrando su altura y peso, alisando su bigote mal cortado con una sonrisa perversa y torcida.

Sergio pensó en su mediana estatura y cuerpo delgado, el pelo oscuro caía largo y suave hasta sus hombros formando rizos desordenados que enmarcaban un rostro de niño bueno con ojos castaños alegres y una boca primorosa… es cierto… su aspecto no era demasiado masculino pero tampoco era una niña…

El hombre caminó hasta él

– ¿No serás una niña disfrazada?

-. No señor – negó de prisa

-. ¿Y harás lo que yo te mande?

La gruesa mano del hombre se deslizó rápido hacia la parte delantera de su entrepierna, buscando su miembro. Cuando lo encontró, lo sostuvo con fuerza y lo miró directo a los ojos… violento, desafiante y encendido.

El impacto de lo que sucedía dejó a Sergio sin voz ni movimiento… solo unas gotas de sudor en su sien y el temblor de su cuerpo, denotaban el temor que sentía… le dolía el apretón del hombre en sus genitales.

-. No… ya veo que no eres una nena…

Lo sobaba y exprimía con su mano aún en los genitales… se le acercó hasta que su rostro estaba a centímetros del de Sergio

-. ¿Sabes gritar como niña?

Recuperó la voz y el temor le otorgó fuerza suficiente para empujarlo dar media vuelta y correr como si lo persiguiera el demonio chocando con muebles y personas pero sin detenerse. Cuando se hubo alejado lo suficiente se detuvo afirmándose en una pared y lloró de rabia y miedo.  Nadie lo había tocado jamás. Nunca lo habían besado y él no tocaba ni besaba a nadie. El tema del sexo era tabú en su casa y especialmente en su mente donde se sentía aterrado del interés y excitación que le producían algunas personas…  personas que no eran… lo que deberían ser… no quería pensar en eso.

Se calmó lo suficiente como para regresar a su casa. Jamás se volvería a acercar al puerto.

Volvió cabizbajo al supermercado. Trabajó más horas y con más empeño. Su madre necesitaba cada centavo. Pero no era suficiente… tal parecía que nunca alcanzaba para satisfacer las necesidades básicas de ellos tres.

Salió a buscar otro empleo cuando escuchó que en un restaurant del centro buscaban meseros. Llegó temprano y esperó mucho rato para hablar con el encargado.

-. Pero no tienes experiencia… y eres demasiado joven

-. Tengo 18, señor. Puedo aprender…

-. No lo sé… deja tus papeles y te avisaré si hay algo – respondió el encargado con indiferencia

-. Por favor señor… en verdad lo necesito

-. Si, si. Todos necesitan un trabajo decente…

Preguntó en otros lugares. Volvió varias veces a recorrer las calles ofreciendo sus servicios… nadie contrataba a un chico sin experiencia… ¿pero cómo iba a adquirir esa famosa experiencia si nadie le daba la oportunidad?!!… lo veían tan pequeño y tímido, hablaba bajito y apenas levantaba la cabeza. Le costaba convencerlos de que en realidad tenía 18 años. Parecía de 14.

Se sentía derrotado…

Su padre llegó al rato después, congelado a causa del frío. Sergio corrió a prepararle un té caliente.

-. Ya está. La luz llegará en cualquier momento. ¿Conseguiste el empleo? – preguntó cuando estuvieron a solas

Negó con la cabeza sintiendo un nudo en la garganta

-. Ya, ya hijo. Nos arreglaremos – el abrazo cariñoso de su padre lo hizo soltar unos lagrimones

-. Escuché de un lugar donde buscan garzones mientras esperaba pagar… es en la calle de Cortez, cerca del hotel nuevo… es un club grande o algo así… unos chicos hablaban-

Una nueva esperanza. Sergio levantó la cabeza interesado. Tendría que intentarlo mañana muy temprano…

Se encontraba en una oficina dentro del Club. El señor al que llamaban jefe había accedido a verlo. Dos hombres lo miraban mientras un tercero leía el gastado papel que contenía su corto historial

-. No tiene experiencia – dijo uno de ellos

-. Pero es mono… nada más míralo- dijo el otro refiriéndose a él– es bonito- hablaban como si el no estuviera presente…

-. ¿Qué edad tienes? – preguntó el que leía el papel

-. Dieciocho, señor-

-. ¿Estás dispuesto a aprender?

-. Oh si, señor. Claro que si – el entusiasmo en su voz atrajo la atención del hombre que leía el papel…

-. ¿Sabes que es este lugar?

-. Es un Club señor – y muy elegante por cierto. Sergio estaba impresionado del tamaño y el lujo.. pero se guardó de mencionarlo

-. Es un Club especial – respondió el mismo hombre muy serio pero los otros dos rieron mirándolo – ¿te molestaría usar un uniforme? – los otros dos rieron pero Sergio no entendió porque lo hacían

-. No, señor.

-. ¿Qué opinan? – preguntó el hombre dirigiéndose a los otros dos

-. Es muy chico y no tiene experiencia – respondió uno más grave

-. Ay pero míralo… que importa que no sepa… aprenderá… pero esa carita y todo eso, no lo vas a encontrar de nuevo – rebatió el otro

-. Muy bien. Una semana a prueba. A la primera estupidez te vas calladito ¿de acuerdo?- decidió quien había preguntado

-. Si.. si, señor. Muchas gracias. Aprenderé rápido.. gracias, señor- el entusiasmo le brotaba por todos lados. El sueldo era muy bueno. No haría ninguna tontera. El podía aprender.

-. Unas cuantas reglas muchacho. Tratarás con respeto a todos los clientes y no harás preguntas, sin importar lo que veas. Tu trabajo es atender los pedidos a la brevedad posible y de manera eficiente. ¿Entendido?

-. Si, señor

Por supuesto que eso haría. El siempre trataba a todo el mundo con respeto y cortesía…

-. Yo te mostraré el lugar. Sígueme. Mi nombre es Ricardo–  habló el hombre que lo había defendido

-. Muchacho… ¿sabes que es un club bdsm? – pregunto el tipo serio antes que salieran del cuarto

El miedo se apoderó de él al escuchar la pregunta… no sabía… no tenía idea de que hablaba… ¿le quitarían la oportunidad por no saber?… ¿debería mentir?… los tres lo estaban mirando serio…

-. No tiene idea – respondió para sí mismo el hombre que había preguntado – no durará una semana – sentenció

-. Ya veremos – desafió el otro hombre…

Sergio caminaba detrás de Ricardo y pensaba ¿un club de qué había dicho?… Oh diablos!! Se le había escapado el nombre.. ssm?..bbm? que palabras había usado???

-. Este es el salón grande y estos los salones privados-

Había dejado de pensar para poner atención… pasaban de prisa por muchas partes diferentes, subiendo y bajando escaleras y avanzando por pasillos y salones. Ricardo explicaba muchas cosas a la vez.

-. Por aquí llegas a la cocina y al bar… esto es una locura de noche… aprenderás con uno de los más antiguos…

Lo siguió a través de una puerta…

-. Toma. Esta es una carta menú. Será mejor que la estudies y aprendas de prisa –

La cocina era enorme. Solo un par de personas a esa hora de la mañana

-. Empiezas a las 7 pero llega antes para que te pruebes el uniforme y te ambientes –

-. Si. Muchas gracias. Llegaré temprano. Gracias – no pensaba alejarse mucho. No tenía dinero para ir y volver. Esperaría por ahí cerca.

-. Sergio, un consejo. No seas tan serio. Si sonríes un poco te darán mejores propinas

-. Lo intentaré. Gracias.

Abandonó el club con ganas de correr y gritar… tenía un empleo y el sueldo era bueno!!… Don Ricardo le había dicho que las propinas podrían ser importantes… ay Dios!! Ay Dios!!  lo haría bien. Daría lo mejor de sí mismo.

Llegó a las 5 treinta al Club. Se sabía el menú de memoria. Lo había estudiado toda la tarde en la plaza aguantando el frío y el hambre.

Había más personas y movimiento que en la mañana.

-. Por aquí. Este es tu uniforme – Ricardo le entregó un pantalón negro elasticado de una tela parecida al cuero, lustrosos zapatos del mismo color. El resto era una serie de tiras de cuero y metal

-. No sé si te quedará bien. Nunca hemos tenido un camarero tan delgado. Pruébatelo

Ricardo no hizo intento alguno de moverse. Sergio sostenía la ropa en sus manos… esperaba privacidad para poder probarse la ropa.. también esperaba que le pasara el resto de la tenida

-. Ay no me mires con esa cara. He visto cientos de hombres desnudos así es que ya pruébate!!! Quiero enseñarte como se usa y saber si hay que ajustarlo- estaba apurado porque Sergio le hiciera caso

Sergio estaba confundido… nervioso.  Era muy celoso de su privacidad… quizás por la misma razón que no se abría con nadie respecto de sus preferencias… pero Ricardo continuaba apurando con la mirada. No podía dejar pasar esta oportunidad. Tendría que hacer un esfuerzo… recordó al hombre del puerto… ¿Ricardo no le haría nada, verdad?. Se quitó la ropa y se probó el pantalón. Necesitaba un cinturón para sostenerlo

-. Bien… si sigues aquí después de una semana lo mandaremos a ajustar –

– ¿Y la camisa… o chaqueta?- estaba rojo como la grana, semidesnudo frente a otra persona. Ricardo sonrió y comenzó a pasarle las tiras de cuero por el pecho abrochando en el frente y la parte posterior del pantalón.

-. Ahí tienes tu camisa. Mírate al espejo-

No podía con la vergüenza. De la cintura hacía abajo se veía como una persona normal.. no.. los“normales” no usarían ropa tan ajustada… pero su parte superior estaba desnuda a excepción de las tiras de cuero con tachas cruzadas al frente y en la espalda  un corbatín del mismo material anudado al cuello.

-. ¿Tengo que trabajar así?.. es ofensivo… digo, los clientes se molestarán si no… tengo… camisa…

Por detrás de ellos pasaron dos chicos apurados. Cada uno con igual vestimenta a la que lucía Sergio. No parecían tener ningún problema con su escases de ropa.

Ricardo sonrió ante la ingenuidad que demostraba el chico nuevo.

-. Sabes sostener una bandeja?… levanta la cara… mira a las personas a los ojos al preguntarles que desean beber o comer. Con esos ojos grandes que tienes seguro te querrán dejar dinero…muy bien, eso es…  ¿estás listo?

NO!!!.. no estaba listo ahora ni nunca lo estaría mientras tuviera que “usar” eso…

-. Si, señor- moría de vergüenza… pero sus padres valían más que esto

-. Sergio. Verás cosas sorprendentes allí afuera pero tu trabajo solo es servir bebidas y comida. No puedes aceptar ninguna propuesta de los clientes. Ninguna.

Se asustaba más cada minuto que pasaba. No entendía la mitad de lo que Ricardo decía

-. Si. Entiendo

Lo guio a través de los mismos pasillos de antes.

-. Clarence!

El aludido se giró hacia ellos. Un chico mulato de cuerpo espectacular y mirada felina

-. Es tuyo por hoy. No sabe nada. Enséñale

El tal Clarence lo miró de arriba abajo como se mira a un insecto

-. Bien- suspiró – si no hay más remedio

– Buena suerte chico

Limpiaban vasos, acomodaban mesas y sillas, ponían manteles limpios, pasaban el paño sobre las bandejas

-. Sostenla firme… pase lo que pase no debes dejar caer lo que lleven en la bandeja

La sujetó fuerte con ambas manos. La mayoría de los chicos la sostenía por lo alto con una sola mano…

A las siete en punto de abrieron las puertas del Club y todo estaba impecable adentro.  La gente comenzó a ingresar lentamente.  Corría tras de Clarence sin perderlo de vista, completamente enfocado en tomar nota mental de todo lo que escuchaba y veía.

-. Ahora pregunta tú – ordenó Clarence. Se acercó a la mesa donde recién se sentaban unos clientes y lo hizo. No le escucharon. Preguntó en voz más alta al grupo de hombres y mujeres levantando la cabeza para mirarlos…  fue como si todo lo que sabía se hubiera borrado de su cabeza… le hablaban pero no escuchaba… solo podía mirar fijamente a las dos mujeres casi desnudas que se encontraban arrodilladas y encadenadas a los pies de los hombres

-. Disculpe señor, es nuevo – el pellizco de Clarence en su brazo lo volvió a la realidad.

-. No vuelvas a mirarlos así!!! ¿estás loco? Te pudieron golpear por eso!!!-

-. Pero. Tu las viste, no?..  estaban atadas..  y vestidas..

Se atragantaba con las palabras y la respiración

-. Ay!! ¿Por qué siempre me tocan a mi??!!!. Es un Club bdsm!! ¿Qué nadie te advirtió donde ibas a trabajar??

-. Si.. pero…

-. Verás mucho más que eso pero no debes mirar fijamente ni mucho menos escandalizarte. No puedes demostrar que algo te choca, entendido?? Ahora ve a entregar esto y ya sabes –  La mirada era amenazadora

Volvió a la mesa llevando el pedido. Lo entregó como había visto a Clarence hacerlo. Lo hizo en forma eficiente y segura pensando en el dinero que necesitaba su madre.  No miró a las mujeres. No miró nada ni a nadie

-. Así es que eres nuevo, eh? – dijo el hombre que sostenía la cadena de una de las mujeres

-. Si, señor.. Lo siento.

-. Hahahaa… aquí tienes, chico- puso un billete entre las tiras de cuero de su pecho, muy cerca de la cintura… al hacerlo, la mano del hombre tocó su piel…

-. Si.. eh.. gracias – se alejó de prisa… temblando y con el billete enredado en las tiras de cuero

-. Vaya!.. tu primera propina!!

Clarence miró el billete con envidia. Era una generosa propina

-. ¿Es mío??!! – preguntó Sergio sorprendido… era casi igual al sueldo que ganaba mensualmente en el supermercado

-. Claro, tonto!!

Guardó el billete de prisa y sonrió con alegría. Siguió a Clarence durante otra hora. No volvió a cometer el error de mirar a nadie pero de reojo se escandalizaba con casi todo lo que veía… cuando vio al primer chico semi desnudo a los pies de un amo, también hombre, tuvo una fuerte reacción física… el hombre lo acariciaba corriendo su mano por el cuerpo del chico… a Sergio se le secó la boca y no pudo articular palabra… el corazón bombeaba como loco… y sus hormonas… Dios, Dios.. tenía que controlarse…

-. Te gustan los chicos, eh?… bienvenido al mejor lugar para observarlos – rió Clarence

Sergio no respondió… enmudeció mirándolo con los ojos muy abiertos… Si. le gustaban los hombre pero nunca se lo había confesado ni siquiera a si mismo… la vergüenza lo consumía.. nolo hablaba con nadie… y aquí estaban todos en este Club hablándolo, viviéndolo y tocándose como si no fuera terrible…

-. No tienes que asustarte, chico. Nada mas no se te ocurra tocar

-. No, señor

-. Soy Clarence, no soy tu señor

-. Si. Lo siento…

-. Ve a atender a esos de ahí. Estamos llenos hoy

Fue su primer pedido solo. Corrió al bar, surtió su bandeja y regreso a entregarlo. Recibió una nueva propina que agradeció con una amplia sonrisa y una mirada directa a los ojos del hombre

-. No vuelvas a hacer eso – sugirió Clarence en tono de advertencia

-. ¿Qué hice?

-. Tu mirada y sonrisa… se te van a venir encima como lobos si les sonríes así

No volvió a sonreír tan abiertamente. Aprendía de prisa… Las horas pasaron rápidas y Sergio trabajaba sintiéndose cada momento más a gusto y seguro. Sumaba en su mente las propinas que recibía y se sentía dichoso.  Evitaba mirar… todo era perturbador. Trataba de no pensar en ello… era un trabajo y tenía buena paga. Eso era todo lo que debía importarle.

Era de madrugada cuando el barman le entregó una botella de caro licor y varios vasos

-. Hey!, chico nuevo. Lleva esto al tercer privado.  No hagas ruido. Entras y sales sin hacerte notar

Sostuvo su bandeja con firmeza y partió hacia el tercer privado. Aún no había entrado en ninguno. Se detuvo un momento pensando en si debía tocar la puerta antes de entrar…

no hagas ruido”… recordó las palabras del barman.

Abrió despacio y entró con la vista baja intentando ubicar una mesa para dejar el pedido. Necesariamente tuvo que elevar los ojos ya que la penumbra del lugar no le permitía ver…

No pudo volver a dar un paso… se quedó petrificado asiéndose a la bandeja…

En el centro de la sala, claramente iluminado,  un chico desnudo sobre una tarima baja estaba en cuatro patas, vendado y atado con cadenas y grilletes.  Tras él, dos hombres también desnudos lo penetraban al mismo tiempo… el chico se quejaba y lloraba quedamente… no puso distinguir si eran quejidos de dolor o placer… o las dos cosas al mismo tiempo… 

A Sergio se le cortó la respiración… no podía apartar sus ojos de lo que sucedía en el centro… vio las dos pollas hundirse en el ano del chico al mismo tiempo, estirándolo… escuchó como emitía un gemido ahogado y su cabeza se levantaba.  Sergio comenzó a sudar y a sentir que el calor lo abrasaba por dentro…

De pronto una mano lo toco haciéndolo saltar…

-. Mi bebida? – Preguntó un hombre

Había espectadores!!!

Tres hombres cómodamente sentados en butacas esperaban sus bebidas… uno de ellos tenía el cierre abajo y se masturbaba mirando lo que sucedía, sin importarle la presencia de otras personas

La sorpresa lo hizo perder el equilibrio…  El contenido de la bandeja cayó estrepitosamente al suelo…

Todos los ojos se volvieron a mirarlo…

Comenzó a tiritar… no podía respirar ni pensar ni moverse…

Sergio se llevó la mano a la boca y gimió sin poder controlarlo…  acto seguido salió corriendo… no podía enfrentarse a lo que sucedía en esa sala… no… no podía… era más de lo que su mente toleraba…  corrió en dirección opuesta a la cocina… un pasillo largo y poco iluminado que no sabía a donde llevaba.  Buscaba un escape… estaba llorando profusamente… ese chico… eran dos hombres grandes… pobre chico… encadenado… lloraba… OH POR DIOS!!! lo había echado a perder todo… ni siquiera había durado un día…  Su mente era un remolino de pensamientos enredados. Encontró una puerta que parecía de servicio. La abrió para encontrar un closet lleno de sábanas, toallas y materiales de limpieza. Cerró la puerta y se refugió dentro. Le costaba calmarse… lloraba con sollozos… por Dios!! lo había arruinado todo… era un tonto sin remedio… tonto, tonto, tonto… se dejó caer hasta el suelo y se hizo un ovillo para seguir llorando…   sus padres dependían del dinero que llevara…  ese chico… eran dos hombres al mismo tiempo.. ¿Cómo podían hacerle eso??!!! Y esos hombres que miraban y se masturbaban… Dios!! Qué lugar de locura era esto y que gente era aquella…

Los minutos pasaban y seguía llorando… ya no sabía si lloraba de miedo, sorpresa, pena o que… solo lloraba sin poder calmarse…

Los suaves golpes en la puerta lo asustaron de muerte. Se quedó quieto esperando…  la puerta se abrió dejando entrar una suave luz y la silueta oscura de una persona… un hombre… un desconocido.

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