M&M 2

CAPITULO 4

A Adamir le gustaba mucho el día en que tenía que revisar a los nuevos productos… significaba la continuación del éxito del negocio… el proceso era sencillo; tenía que revisar que sus cuerpos y sus características físicas fueran y funcionaran correctamente, medir tamaños, resistencia, capacidad, definir quién de sus empleados de rango superior se haría cargo de cual chico e indicar que esperaba que le enseñara a cada uno de ellos en particular. Era agradable anticipar cuales serían los resultados e imaginar todo lo que sucedería hasta que estuvieran listos para ser subastados. Era uno de los mejores días de cada mes.

Los productos nuevos nunca eran muchos… había que tener cuidado con levantar demasiadas sospechas al “cosechar” los productos… recoger demasiados chicos de un mismo lugar podía ser peligroso, pero para ello contaba con un cuidadoso equipo de selección que, hasta ahora, nunca había cometido errores. Todo muy bien elegido, sin relaciones cercanas y que difícilmente serían extrañados o provocarían conmoción al desaparecer.  Con los otros era diferente… su segundo servicio consistía en “entrenar” productos que ya tenían un dueño… como había sido al principio, y eran estos mismos dueños, con el consentimiento del esclavo o sumiso,  los que solicitaban su entrenamiento.  Con ellos siempre era más fácil, nunca eran tan jóvenes ni impetuosos como los primeros y llegaban aquí accediendo a ser preparados de mejor manera… al menos al principio. Siempre sucedía que alguno de ellos, a mitad del entrenamiento, se desesperaba y solicitaba regresar donde su amo… pero Adamir  jamás consentía en ello, cada vez que se comprometía a preparar un esclavo lo tomaba totalmente en serio y cobraba de acuerdo a esa seriedad que ofrecía. Todos los sumisos y esclavos salían de la isla perfectamente preparados para ser una delicia para sus amos y complacerlos totalmente.

La sala de exámenes era una serie de salas más pequeñas, cada una preparada con todo lo necesario para realizar un examen o para algunos procedimientos médicos. Ya durante los días anteriores el equipo de selección le había informado en detalle sobre los chicos y luego había tenido una conversación con la enfermera jefe del lugar, la Sra. Celis, que le había contado más detalles sobre la personalidad de los nuevos.  Vistió el impecable delantal blanco y acompañado de sus dos empleados más cercanos, Santiago y Exequiel, ingresó a la primera sala.

Leyó brevemente el historial que portaba en las manos: Matías, 12 años 10 meses, huérfano, personalidad extremadamente tímida, baja autoestima, muy dócil y fácil de intimidar.  A veces, solo eso bastaba para saber que ese chico era un estupendo candidato a esclavo… sólo necesitaba de un buen amo.

– Matias… Soy Adamir… el amo de este lugar 

Curioso respecto del lo que veía, reparó en las anotaciones de la enfermera Celis.  El chico no había dado ningún problema, se había sometido dócilmente a lo que le habían hecho. Esa era la razón de que tuviera solamente una correa sujetando su cintura en la camilla y otra en cada una de sus piernas.

Mati seguía en un estado de miedo tal que no le permitía reaccionar, ni siquiera hablar o preguntar… estaba esperando despertar de esta pesadilla o que al menos terminara pronto… miró con sus preciosos ojos verdes al hombre que se presentaba como el amo del lugar… era alto, con el pelo castaño, largo y liso, muy hermoso, casi irreal. A través del delantal blanco se dibujaba un cuerpo bien formado y la forma de moverse y hablar demostraba un completo dominio de su persona y de todo el lugar. Tenía unos profundos ojos claros, de un color que casi llegaba al dorado y lo miraba traspasándolo… intensamente. Quería saber, quería preguntar que hacía ahí, que era todo esto, por qué él estaba en esta situación… pero no se atrevía a hablar.  Le habían dicho antes que debía esperar a que le otorgaran permiso para hablar… ¿sería en serio todo esto?… estaba muy asustado. Lo habían amarrado a la camilla, su cuerpo de lado, vestido con una bata que apenas lo cubría.

– Tu vida ha cambiado completamente Matías

El amo lo miraba directamente… se asustaba de la intensidad de esos ojos y aunque la voz era suave, sin esfuerzos, se notaba que no estaba ahí para discutir y llegar a acuerdos sino que estaba informándole de hechos ya consumados

– De hoy en adelante voy a darte una vida mejor, vas a ser entrenado para que aprendas a complacer a tu futuro dueño. Mientras dure tu proceso de preparación tendrás un amo en este lugar a quien debes obedecer en todo momento… ¿me estas entendiendo Matias? 

Adamir se detuvo a mirar al chico… sus ojos verde claro eran preciosos y su rostro muy agradable…le llamó particularmente la atención la delicadeza de la piel de Matías… muy clara y terciopelada… lisa, perfecta…  tenía una expresión mansa y asustada… el equipo había elegido bien. 

– Puedes responderme

Lo miró enmarcando una ceja

– No señor… no entiendo – su voz temblaba

Bien, al menos el chico no era tonto y era sincero. La mayoría se los niños, asustados, respondían a todo que “si” pero en realidad no entendían nada.

– Tu cuerpo ya no te pertenece Matías… ahora es propiedad de tu amo y puede usarlo como quiera. Tú vas a aprender y a esforzarte por complacerlo. Si tu amo está contento contigo tendrás una vida muy buena y tranquila, si disgustas a tu amo tendrás muchos problemas –

Mati lo miró… escuchó sus palabras… cada una de ellas, pero no entendió nada… ¿su cuerpo no le pertenecía?… ¿tenía un amo?.. ¿por qué?…

– Voy a examinarte ahora. Te sugiero que sigas todas mis instrucciones-

Uno de los acompañantes acerco un carrito hasta Adamir. Levantaron la bata dejando el cuerpo de Matías desnudo y expuesto. Un cuerpo hermoso, con esa piel clara y aterciopelada… suave al tacto.  Matías quiso protestar pero tenía demasiado miedo… solo se estremeció… le hubiera gustado hacerse un ovillo, pero estaba amarrado.

Lo primero que hizo Adamir fue pasar sus manos por esa piel… se sentía muy bien. Con sus ojos recorrió completamente la silueta de Matías notando cada detalle, un pequeño lunar, la curva del cuello, los hombros, los pequeños huesos y músculos que necesitaban desarrollarse. Mantenía su mano, apoyada en la pequeña cadera del chico y lo acariciaba muy despacio, con tranquilidad, sintiéndose el dueño absoluto de esa piel.  Lo segundo que hizo fue abrir un sobre que contenía un bastoncillo con un supositorio uretral. El propósito de su uso era conseguir una erección rápida para poder medir el tamaño del pene en estado eréctil, forzar una eyaculación  y además comprobar el grosor y estado de la uretra. Más adelante, cuando los productos nuevos ya habían aprendido el uso de este supositorio sabían que debían orinar justo antes de introducirlo para facilitar el proceso, pero ahora, era muy difícil conseguir que los chicos, nerviosos y ansioso lo hicieran, así es que optaba por bañarlo en un lubricante especial antes de introducirlo. Con el bastoncillo en una mano tomó directamente el pene de Mati quien se estremeció y abrió los ojos asustado. Nadie lo había tocado ahí jamás

– No! – fue el grito  del chico… al sentirse tocado y ver aquello acercarse…  parecía terrible y doloroso.

Los dos hombres se acercaron, evidentemente dispuestos a sujetarlo en caso de que opusiera resistencia…

– No te muevas

Ante la mirada de los ojos felinos y la voz de mando, Matías optó por quedarse tan quieto que ni siquiera respiraba y esperar lo peor… el bastoncillo ingreso en su uretra sin provocarle más que una leve molestia… el amo presionó la parte superior del bastón y una pequeña perla penetró en su miembro. Retiró el aplicador y lo descartó. Adamir mantuvo en sus manos el pene  y lo masajeó suavemente… agradablemente, repartiendo calor por todo su largo y disolviendo el medicamento recién ingresado. Matías, a pesar del miedo espantoso que tenía, sintió excitación al contacto de las manos de aquel hombre con su miembro.  Era la primera vez en su vida que alguien lo tocaba así. Se atrevió a levantar sus ojos y mirarlo… era un hombre muy hermoso y poderoso… cautivador. Adamir se sintió observado… fijó su vista en el chico… los ojos verdes tenían miedo… pero a la vez estaban excitados… era muy fácil poder saber lo que el chico sentía al mirar sus ojos.Adamir sonrió.

– Bien…  muy pronto hará efecto –

Soltó su pene y dio la vuelta a la camilla. Una vez detrás, tomó un guante del carro y lo puso en su mano. Sus dedos largos y delgados eran perfectos para esta parte del examen. Untó sus dedos en el lubricante.

– Matias… vas a pujar y abrir tu ano para que pueda examinarte 

No era una petición sino una orden… que Matías no sabía cómo cumplir… ni siquiera se atrevía a respirar muy fuerte. Una mano separó sus nalgas… estaba muy asustado

– Ahora Matías

Adamir subió la voz asustándolo aún más… en un acto reflejo Matías empujó abriendo su canal… pero este involuntariamente reaccionó cerrándose al sentir el contacto con los dedos…

MATIAS

Me pedía que pujara y me abriera para meter sus dedos dentro de mi… el impresionante hombre que me aterraba, tan hermoso, tan frío… quise hacerlo, quise obedecer pero no sabía cómo hacerlo. Cerré los ojos y comencé a llorar muy despacio…

– Ahora Matías

sentí un fuerte azote en mi nalga. No debía hablar, mucho menos gritar… eso me había dicho el hombre de negro y que era mejor que obedeciera… mi cuerpo saltó instintivamente frente al dolor del golpe y un grito involuntario escapó de mi boca… me asustó su voz… que forma más fría de hablar, ordenaba y esperaba que se le obedeciera… eso hice. Empuje abriéndome para dejar pasar sus dedos, sentí lágrimas anticipar el miedo de lo que me iba a hacer… sabía que me iba a tocar y no debía volver a cerrarme… su dedo húmedo con algún líquido ingreso limpiamente y comenzó a moverse dentro de mí, tocando y palpando… esto estaba mal, muy mal… me dolía y era muy incómodo, agravado por hecho de sentir un calor muy grande acumularse en mi pene… sabía lo que era una erección…  a veces despertaba con mi miembro totalmente duro en las mañanas pero lo que estaba sucediéndome ahora era mil veces peor

– Es demasiado estrecho. Hay que fortalecer estas paredes 

Luego de un rato de tocar mi  interior por todas partes quitó sus dedos. Yo seguía llorando muy bajito, incapaz de moverme o pensar. Tenía una notoria erección. Estaba muy avergonzado

– Dame un número 6

Pidió la voz de hielo. Volvió a separar mis nalgas. Esta vez algo más duro y frío me tocó presionando suavemente. Me giré a mirar. Sobre la mesita que traían había una serie de falos de diferentes tamaños… uno de ellos estaba en su mano, cerca de mi entrada. Apreté fuerte los ojos… no quería mirar, no quería saber… la erección estaba convirtiéndose en algo molesto y doloroso y ese falo presionando en mi ano… de seguro me iba a doler. Quise gritar que no, que  esto no se hacía, que yo también era un hombre y no me gustaba eso… que no quería, pero esos hombres no estaban jugando. Se tomaban su ocupación muy en serio. ¿Qué era un número seis?…

 – Ábrete Matías

con el instrumento tocando mi ano me obligaba a pujar y a abrirme para hacerlo ingresar… sentí que las lágrimas acudían en mayor cantidad… no quería llorar pero no sabía que más hacer. Hice fuerza una vez más… no quería que fuera a enojarse.

– Mantenlo abierto niño

Presionó el falo contra mi ano, sentí la piel estirarse… me dolía mucho… casi tanto como la urgencia y calentura que tenía en mi pene… lloré con un poco más de fuerza… me dolía pero el Amo seguía metiendo esa cosa en mi cuerpo… fue puro instinto el que me hizo mover mi cuerpo alejándome de él. No me di cuenta… estaba tan concentrado en evitar el dolor y no llorar a gritos que no vi el pequeño gesto que hizo Adamir a Santiago. 

—— 0 ——

Santiago tenía 27 años y llevaba 7 años trabajando con el Amo. Era su hombre más cercano y se tenían absoluta confianza, aparte del lazo de dominación que Adamir tenía sobre él. No había nada en este mundo que Santiago no estuviera dispuesto a hacer por su Amo y amigo. Él lo había rescatado y ayudado cuando estaba a punto de hundirse en las drogas y la pobreza… le había dado una vida nueva y mejor… la mejor de todas.   El nexo que los unía era fuerte y poderoso… se entendían con simples gestos y la mayoría del tiempo que estaban juntos podían ambos adivinar las necesidades y sentimientos del otro.Era con el único de los habitantes permanentes de la Isla que Adamir podía relajarse y sonreír. Lo sentía muy cercano y especial. Como una muestra de su amistad, Adamir le permitía llamarlo por su nombre. Hacía ya cierto tiempo que no existía sexo entre ellos, su amistad era más importante, pero ambos recordaban con cariño que cuando existió fue, sin dudas, el mejor de todos. Liberar a Santiago del sexo con él fue una decisión difícil pero necesaria para que pudiera sentirse amo y entrenar a sus nuevos productos. Su relación era más que especial, totalmente única.

Santiago tenía el pelo y los ojos oscuro, un rostro muy atractivo con facciones muy marcadas. Su nariz recta era uno de sus mejores atributos junto a su cuerpo, bien trabajado y cuidado. Se acercó al chico y se acuclilló hasta quedar a su altura. Matías lo miró asustado, distrayéndose levemente del aparato que se insertaba en su ano,  del molesto calor que se acumulaba en su pene y de la necesidad que sentía de tocarse…

– Hola Matías

Santiago acarició levemente el pelo de Matías, con una leve sonrisa que lo hacía increíblemente atractivo

– ¿estás bien? 

Al escuchar esas palabras dirigidas a él con dulzura, Matías comenzó a llorar con más ganas, casi abandonándose al puro miedo y dolor

– Sshhh… tranquilo, ya va a terminar-

– Es.. que.. me… duele… mucho – contestó también bajito atragantándose entre sollozos callados.

Los ojos oscuros miraban fijamente la belleza y la hermosura de los ojos verde agua… Dios!! Si que eran lindos los ojitos de este niño… Santiago disfrutaba con el dolor de sus esclavos… sentía profundo y genuino placer al ver el dolor reflejado en el rostro de los chicos que había entrenado… pero cuando el dolor se mezclaba con miedo…aahhh… entonces era 10 veces mejor. Lo siguió mirando hipnotizado… sintió punzadas de excitación en su vientre… fuertes ramalazos de deseo en su sexo. Con la mirada recorrió rápidamente el cuerpo del chico viendo el falo que estaba a medio camino hacia su interior volviendo de inmediato a leer sus ojos que expresaban el miedo y el dolor que estaba sintiendo. Recordó que Adamir estaba presente y que tenía un trabajo que hacer.

– Dame la mano – Matías, obediente a pesar de todo,  levantó con dificultad su mano y estrechó las del hombre frente a él. Santiago apretó la pequeña mano entre las suyas y sintió la necesidad de acercarse más al chico… quería sentir muy de cerca su miedo y su dolor… era una droga poderosa para él. Matías gimió muy despacio… sentía que se rompía por atrás y que ardía por delante…

– Mírame – ordenó Santiago acariciándolo con la otra mano

Matías fijo sus ojos en los del hombre, estaban muy cerca, quería que lo sacara de allí, que terminara pronto esta tortura de dolor y sensaciones desconocidas… y la vergüenza que todo esto le producía.

– Quiero que hagas algo por mi Matías, ¿Puedes?

El chico no contestó pero asintió con la cabeza, a punto de perder el control y comenzar a gritar y a llorar

– Matías, mírame fijamente… respira profundo… eso es… otra vez… bien– sonreía y lo acariciaba con cariño cada vez que el chico le obedecía – quiero que te relajes y dejes de llorar… ya sé que duele un poco, pero puedes soportarlo… eres valiente, verdad?

Había sido muy fácil controlarlo. Matías ya no lloraba, solo una mueca expresaba su dolor y seguía mirándolo sin quitar sus ojos verdes… Adamir terminaba de introducir el falo y el chico había soportado bien para ser su primera vez… luego vendría lo real. Santiago se removió un poco inquieto… esto no le sucedía nunca a él…  estaba demasiado excitado con este niño… su dolor, sus lágrimas, sus pestañas mojadas… su carita de súplica y temor… la piel suave y pálida… quiso tener en su mano los instrumentos que le permitirían dañar y torturar aquella hermosa piel… su especialidad eran las agujas y las manejaba con maestría y precisión… por su mente pasó la imagen de alguna de ellas insertándose en la piel de terciopelo de Matías… no le dejaría marcas… jamás… era demasiado hermoso… sería especialmente cuidadoso con él… La punzada en su bajo vientre se estaba convirtiendo en molestia… ¿Por qué estaba pensando eso ahora?... Adamir ni siquiera había decidido aún quien se haría cargo del chico este… entonces lo supo… lo quería  para él, quería ser él quien estuviera a cargo de este niño… su excitación creció y a la vez sintió temor de que pudiera hacerse realidad.

– ¿Por qué me hacen esto? – preguntó la dulce voz  sacándolo bruscamente de sus pensamientos y deseos

– Te estamos preparando para una vida mejor- respondió con absoluta seguridad.

Normalmente no se habría molestado en responder a una pregunta así de un producto…

Santiago mantuvo la mano pequeña apretada entre las suya durante todo el examen. Cuando Adamir volvió a tocar su pene duro y excitado, cuando introdujo la pequeña sonda uretral y Matías volvió a intentar llorar, tenía miedo y a pesar de ser una de las sondas más pequeñas igual parecía grande. Santiago tomó la pequeña cara con su mano…. Lo obligó a mirarlo… sintió las punzadas de deseo más fuerte aún… tenía que reconocerlo, este niño lo afectaba, sus ojos claros con el sufrimiento marcado en ellos… solo podía imaginar lo maravilloso que sería una vez que alguien lo hubiera entrenado y pudiera ofrecer su dolor para el placer de su amo… el chico dejó de llorar a pesar de lo que experimentaba, se estaba apoyando en él…  Adamir continuó insertando la sonda y comprobando el tamaño y chequeando que tan sano y apto para el placer estaba. Matías sentía una mezcla de placer y dolor que lo asustaba y lo aturdía. Su pene estaba completamente erecto, molesto, ansioso… quería que terminaran de una vez y lo dejaran tranquilo… pero a la vez sentía ganas de que continuara y lo llevaran hasta el final… sentía que algo se acumulaba y clamaba por que siguieran… Adamir quitó la sonda una vez hubo terminado el examen y anotó algunas cosas nuevas en la hoja de vida de Matías.

– Veo que te gusta –Adamir sonrió levemente dirigiéndose a Santiago – Es todo tuyo. Termina el examen

Santiago quiso gritar que no… que el chico tenía los ojos demasiado verdes… que el dolor y el sufrimiento se reflejaban demasiado dulcemente en sus ojos y en su rostro… que la piel era tan suave que invitaba a traspasarla, herirla y dañarla con sus maravillosas agujas… que podía enviciarse fácilmente con este niño… pero ya era demasiado tarde…Adamir había hablado y le había hecho entrega del chico de ojos claros. Ellos abandonaban la habitación dejándolos a ambos a solas. Ahora era su responsabilidad que esta criatura aprendiera a pedir y rogar por el dolor y el placer que solo su amo podía otorgarle. Sintió un leve escalofrío en su espalda… en sus brazos… en su sexo. El chico era suyo… para transformarlo en su esclavo.

– Gracias Adamir- alcanzó a formular tragando saliva fuertemente antes que se fueran. Debía agradecer las responsabilidades que le otorgaba Adamir, siempre.

Matías aún yacía en la camilla. Con los ojos cerrados, respiraba agitado, su cuerpo perlado de gota de sudor se movía rítmicamente con cada respiración… excitado y asustado. Santiago aún sostenía su mano.

Capítulo 5

SANTIAGO

Matías me miró. Había dejado de llorar pero aún había rastros de sufrimiento y miedo en su rostro. Sabía bien como se estaba sintiendo… muchos chicos han pasado por mis manos en todos estos años y se bien cómo sienten el primer choque con su nueva realidad… el poder estaba ahora completamente en mis manos; podía hacerlo feliz con solo tocarlo y acariciarlo o podía alargar su sufrimiento por meses… volví a estirar mi mano para acariciarlo. Necesitaba que  estuviera tranquilo para que pudiera entender lo que iba a decirle. Quise suponer que Matías iba a ser un chico fácil de enseñar… había demostrado ser dócil y se asustaba fácilmente… sólo tendría que recompensarlo de manera apropiada. Respondió de inmediato a mis caricias, calmándose un poco.

– Soy tu amo ahora… ¿sabes lo que eso significa?

– No… no sé

Desnudo sobre la camilla… el examen practicado por Adamir lo había dejado excitado, adolorido y agotado, física y mentalmente…  me miraba buscando compasión… parecía un cachorrito asustado… sus ojos… tan hermosos… me quedé en silencio sin saber bien donde estaba pisando por un segundo… ¿Qué me estaba pasando?… En todos mis años de experiencia no me había sentido así jamás… a veces uno se encariñaba con alguno de los chicos y llegaba a desarrollar algún tipo de sentimiento especial pero… este niño… dulce y obediente era un regalo precioso… quería tomarlo ahora mismo… mi instinto animal estaba gritándome por tomar posesión de mi propiedad… quería volver a ver esos ojos llenos de dolor y sufrimiento… pero esta vez quería que me lo ofreciera a mí, en silencio y sumisión.

-Me perteneces…- dije con la voz ronca, aún acariciando su pelo pero hablándole con mucha seriedad y seguridad –  de ahora en adelante eres mi propiedad y tú única función cada día será la de complacerme. Si me haces feliz, te permitiré ser feliz… si me desobedeces de cualquier manera, te castigaré. Sólo harás lo que yo te diga o te ordene, ¿me estas entendiendo? 

Suavicé la voz… el chico me estaba mirando de manera diferente… parecía… Dios!! Parecía feliz de escuchar lo que le estaba diciendo

-¿Te pertenezco? – había un cierto alivio en su voz

– Así es…

– Que bien… – respondió con una leve sonrisa en su rostro cansado.

Nunca antes un esclavo se había alegrado de pertenecerme tan rápidamente… a veces pasaba eso casi al final del periodo de entrenamiento…  pero este niño de los ojos verdes… había una conexión especial… Solté su mano y la deslicé por su cuerpo… desde hacía rato quería tocar su piel… preciosa piel… tibia y tan suave al contacto.

– ¿Cómo te sientes Matías?

Al ver que no me respondía, lo miré. El chico mordía sus labios e intentaba no mirarme en un claro gesto de vergüenza… volví mi vista a su sexo… su pene, duro desde hace rato a causa de la pequeña perla, seguramente estaba bastante adolorido

– ¿Vas a ser un buen esclavo Matías?

Mi mano detuvo su avance al llegar cerca de su ombligo.

– Si… seguro que si-  contestó rápidamente. Sonreí…  esperaba que siguiera pensando lo mismo dentro de un tiempo más.

– Cierra tus ojos – me miró fijamente preguntando pero al no responderle los cerró… asustado – no quiero que vayas a abrirlos… si lo haces te castigaré

– No lo haré- contestó con seguridad

Lo tenía completamente a mi merced… su cuerpo pequeño, precioso, virgen… demasiado dócil, demasiado obediente… nunca había tenido un esclavo así… Mi mano se cerró sobre su pene, estaba caliente y muy sensible… su boca se abrió para dejar escapar suaves gemidos de sorpresa y placer… mis ojos pendientes de si iba a seguir o no mis instrucciones… comencé a masturbarlo y a acariciar sus testículos… su respiración se agitó fuertemente… asustado y nervioso… quise probarlo…  atrapé la cabeza de su pequeño pene en mi boca y sentí su suave sabor en mi lengua… tenía el mismo gusto dulce que toda su persona… gimió con más fuerza… antes de un minuto Matías eyaculaba… sobre la bata y la camilla caían hebras de blanco semen… Sus gemidos, muy bajos ahora, tenían tanto de placer como de miedo y dolor.  No había abierto los ojos en ningún momento.  Sonreí complacido.

– Puedes mirarme Matías

El chico abrió los ojos pero desvió su vista de inmediato, completamente avergonzado de lo que recién había sucedido. Tomé su cara de la pequeña barbilla y lo obligué a mirarme

– Dije que me miraras

– Si.. yo.. es… que…- su rostro enrojeció violentamente

– Me desobedeciste… te has ganado un castigo

– NO… lo siento mucho.. no lo volveré a hacer

Había miedo en su voz… me volví a sentir complacido de escucharlo

– Me aseguraré de que así sea

Se quedó mirándome con los ojos grandes y tristes, sin atreverse a volver a hablar.

– ¿Te gustó? – pregunté con mi mano aún en sus testículos

Su rostro volvió a enrojecer y quiso desviar sus ojos pero lo pensó dos veces ante el recuerdo del castigo y siguió mirándome

– Si…- respondió muy despacio y avergonzado

– Es sexo Matías… te acabo de dejar correrte y disfrutarlo. No quiero que eso suceda nunca sin mi permiso. Solo podrás disfrutarlo si yo te autorizo, aunque estés solo… ¿entendido?

Pareció dudarlo… se quedó pensando en lo que le estaba diciendo… estaba recién comenzando a entender lo que significaría que su cuerpo me pertenecía a mi ahora… propiedad de su amo

Movió su cabeza afirmando y otro “si” muy despacio y algo apenado volvió a salir de su boca.

– ¿Puedes levantarte?

Comencé a quitar las correas para dejarlo en libertad de movimientos. Se me cruzó por la mente la idea de darle una primera brusca lección de entrada… lo deseaba… estaba excitado… tomarlo aquí mismo por la fuerza pero la deseché de inmediato…  Matías no calzaba con el perfil del chico rebelde que requiere quebrar su resistencia desde el comienzo…

– Si… creo que si

Con esfuerzo se enderezó, evitando tocar el semen que manchaba la camilla.

– Ten cuidado al bajar – lo sostuve con una mano. Me gusto sentir su cuerpo tibio pegado al mío… su pequeño brazo. Se apoyó en mí al poner sus pies en movimiento con total confianza. Estaba adolorido pero hacía un visible esfuerzo por moverse. Sentí que el primer paso del entrenamiento había sido demasiado fácil, el chico parecía confiar enmi…

– Vivirás conmigo – dije tratando de distraer mis propios pensamientos… la bata que usaba se abría a cada paso y dejaba a la vista su cuerpo de leche… intacto y precioso… era mi propiedad… para hacer con él lo que quisiera – ¿te gustaría eso?-

– Si… mucho

– Si Amo – lo corregí–  siempre debes responderme así… es tu primera lección Matías. Soy tu Amo y me debes respeto. Siempre responderás “Si, Amo”

– Esta bien…

Detuve mis pasos y lo miré fríamente. Sentí su desconcierto y su miedo… él también se detuvo. Un delicioso estremecimiento me recorrió… adoraba el sabor del miedo de Matías.

– Si Amo, lo siento señor… Amo… lo siento

– Te daré un día para acostumbrarte a responder correctamente

– Si señ… Amo

– ¿Crees que podrás hacerlo?

– Si. Amo- respondió sin dudar, casi alegre de cumplir con lo que le había pedido… tal vez Matías merecía comenzar de manera diferente. Era demasiado obediente y dispuesto. 

Caminábamos juntos hacia mi dormitorio. Sonreí anticipando el placer que obtendría… esta vez, sería delicioso enseñarlo aunque tendría que irme con cuidado… ya había hecho varias cosas distintas con él… había respondido a su pregunta, no lo había tomado cuando sentí ganas y le había dado 24 horas para acostumbrarse a responderme como debía… demasiado tiempo… pero el chico me había pagado con creces estas pequeñas omisiones… anhelaba intensamente que me ofreciera ver nuevamente sus ojos verdes llenos de miedo y dolor.

CAPITULO 6

Adamir abrió la quinta puerta de las salas de exámenes. Era el último chico. Lo había dejado para el final a propósito.    El breve historial de Maximilian estaba notoriamente más lleno que el de los otros chicos; leyó primero sobre su vida anterior… problemas con la policía, robos, detenciones… violencia en general… luego, al llegar aquí había dado problemas desde el momento en que despertó… rebelde, difícil, insolente, prácticamente indomable.  Eran muchos los que ingresaban con características parecidas, pero, al igual que con los otros,  ya se encargarían de dejarlo manso y dócil. 13 años?… bien. Dejó de lado los papeles y observó al chico en la camilla, el pelo desordenado, la bata solo lo cubría en parte, señal inequívoca de que había estado intentando soltarse o al menos moverse, tenía varias correas extra sujetando sus brazos, piernas y torso… era innegable que el chico tenía un bonito cuerpo, proporcionado, firme, quizás un poco demasiado alto y desarrollado pero finalmente eso no era impedimento para ser un buen esclavo… entonces miró su cara… ladeó levemente la cabeza… le gustaba lo que veía… se acercó un par de pasos. Su boca estaba amordazada. Sus ojos eran muy bonitos, almendrados, grandes, de un color café común, pero con una expresión de furia y energía nada propias en un chico tan pequeño… a Adamir le gustaron de inmediato sus ojos furiosos y brillantes… despedían odio… la nariz  angosta respiraba indignación, la forma general de la cara… sincronía perfecta… enmarcada por el pelo castaño ondulado y levemente largo…solo 13??… pues su cuerpo parecía el de un chico un poco mayor, estaba bien desarrollado. Detuvo su vista en la clavícula… acercó su mano y tocó el cuello, los hombros… los pectorales… el chico se agitó… era   perfectamente hermosos… Adamir sonrió complacido. 

 Nuevamente había sido una excelente elección.

Exequiel, que había entrado junto con él, acercó el carro a una señal de Adamir. Fue a levantar la bata pero la mano del Amo lo detuvo. Quería hacerlo todo el mismo esta vez…

– Espérame afuera- dijo sin mirarlo. Exequiel abandonó la sala rápidamente, extrañado. Eran muy pocas las veces que Adamir solicitaba quedarse a solas con los chicos primerizos….pero, obviamente, no preguntó ni puso objeción alguna.

Adamir levantó la bata dejándola a un costado… sentía los ojos de Maximilian sobre él… sentía la energía brotar de ese cuerpo, escuchaba la respiración agitada… como los gritos de protesta del chico morían en su garganta. Con calma, pasó su mano sobre la piel de las costillas, suave, tibia… la cadera…  hasta llegar a su miembro, aunque aún estaba en desarrollo era bastante grande para su edad. Los testículos ya habían comenzado a crecer… estaba en la edad precisa. Las protestas del chico subieron de intensidad al notar cómo Adamir retenía su pene entre las manos

– Soy Adamir. El Amo de este lugar– lo miro fijamente. Su mirada era tan firme e intensa que a los pocos segundos Maximilian quedó en silencio, devolviéndole la mirada, con arrogancia y  sin despegarse… no había miedo en esos ojos, pero Adamir lo había hecho callar. El chico solo tenía furia. Volvió a sonreír apenas mientras buscaba el supositorio uretral… se preguntó si sería necesario usarlo con Maximilian… estaba seguro de que podría tomarse el tiempo y tocarlo hasta endurecerlo completamente… antes de romper el envoltorio, movió su mano sobre el miembro, sintiéndolo entre sus dedos y comenzó masturbándolo suavemente… No quitaba sus ojos del chico, pero este sí lo hizo… miró hacia su sexo, molesto, no le gustaba??.. no, no era eso, sí le gustaba, sólo que ahora si había algo de susto en esos ojos… bien… estaban comenzando a comunicarse como debía ser. Siguió frotando suavemente mientras hablaba

– Tu cuerpo ya no te perteneces.  De ahora en adelante vas a ser propiedad de tu nuevo amo y él podrá hacer contigo lo que desee. Tú vas a esforzarte por complacerlo. De ti dependerá el tipo de vida que tengas. Si tu amo está contento contigo, tu vida será buena pero si le das problemas, tu vida será muy difícil

Maximilian alternaba sus ojos inquietos entre mirarlo a él y seguir el movimiento de lo que hacía en su sexo. Había perdido el miedo nuevamente. No estaba escuchando lo que hablaba sino preocupado de sus movimientos. Adamir quitó sus manos y abrió la pequeña bolsa.

ADAMIR.

Me gustaba la fiereza del chico, no daba su brazo a torcer fácilmente aunque estuviera en la posición en que estaba… completamente indefenso… Tomé nuevamente su pene con mi mano izquierda, estaba comenzando a volverse erecto por efecto del frote y ayudado por toda la energía que despedía Maximilian por sus poros.  Volvió a protestar gritos que morían antes de salir debido a la mordaza… intencionalmente dejé que viera bien el supositorio uretral… quería ver el miedo en sus ojos. Lo bañé en la pequeña fuente de lubricante y lo acerque despacio al orificio de su uretra… lo sentí intentar moverse y los sonidos en su garganta incrementaron. Con el supositorio tocando la entrada de su uretra me detuve y lo miré fijamente…

– Quédate tranquilo – respiraba agitado, asustado… sin embargo su garganta se quedó en silencio – voy a examinarte por delante y por detrás así es que deja de resistirte – sus ojos de fuego me miraban atentamente- Necesito saber si estas sano y apto para servir a tu amo- el miedo y el escepticismo habían aparecido en sus ojos al escucharme – te lo repito, tu cuerpo ya no te pertenece

Introduje el surtidor en su uretra… se quedó quieto, pero no me engañaba, solo estaba quieto por miedo al dolor que podía causarse teniendo el objeto insertado… en ningún caso había dejado de luchar. Presioné el aplicador y una pequeña perla descendió dentro del conducto. Sabía que no producía dolor, solo una molestia… pero la mayoría de los esclavos se sentían asustados cada vez que algo ingresaba en su uretra. Deseché el aplicador. Aún sostenía su miembro en una de mis manos. Tenía que masajearlo suavemente para ayudar a que la perla se disolviera más rápidamente o… podía dejarlo tranquilo y alargar el efecto en unos cuantos minutos. Lo solté y camine hacia el otro lado del chico. La vista de su trasero me hizo perder la concentración levemente… había visto muchos glúteos a lo largo de mi vida… de todos los tamaños y formas pero estos, frente a mis ojos ahora, estaban entre los más perfectos que había encontrado. Observé marcas rojizas en uno de ellos… la enfermera Celis ya había tenido problemas con… … nombre??…Maximilian!, recordé de pronto. Con los guantes en la mano me quedé mirando nuevamente su cuerpo desde un ángulo diferente… era bonito este chico, su espalda lisa y delgada se veía fuerte, tenía músculos levemente marcados, sus nalgas redondas y firmes terminaban en piernas largas, también muy bonitas. El color de su piel era un leve dorado pálido… Hacía tiempo que no teníamos un producto tan perfecto. Terminé de ponerme los guantes.

– Quiero que pujes y abras tu ano 

No podía ver su rostro desde donde estaba pero estoy seguro que estaba sorprendido. Obviamente no me hizo caso. Con una mano toqué la textura de su piel apretando suavemente uno de sus firmes glúteos… me sorprendió gratamente. Separé sus nalgas a la fuerza y tuve a la vista el pequeño orificio… rosado, apretado, sellado y perfecto. Mientras lo observaba sentí de pronto ganas de tocarlo con mi lengua… un chico virgen era una deliciosa novedad que duraba muy poco… lamer al chico hasta dejarlo húmedo y preparado… subí mis cejas en un claro gesto de no entender por qué había tenido ese pensamiento con este niño…

– Maximilian, voy a entrar de todas maneras. Si no quieres mayor dolor, entonces puja ahora

Esperé unos instantes pero definitivamente no iba a hacerlo. El chico era difícil, estaba claro. Ya aprendería obediencia… sería un verdadero gusto educarlo. Bañé mis dedos generosamente…  Maximilian estaba pidiendo a gritos aprender por la vía más dolorosa y complicada. Aún con el lubricante chorreando por mis dedos enguantados presioné su ano que se contraía firmemente intentando impedirme entrar…  inútilmente… mi dedo se deslizó dentro por la fuerza y los sonidos volvieron a nacer en su garganta, quizás con mayor desesperación que antes. Intentaba moverse pero las correas lo impedían… me gustaba su lucha… No soy amigo ni partidario de los gritos, el llanto y los quejidos, no me provocan más que rechazo y molestia… pero los sonidos desesperados y furiosos de este chico tenían algo diferente… algo que exaltaba mis sentidos… toqué sus paredes y músculos… estrecho como todos los chicos aún intactos, pero firmes y desarrollados para su edad. Hacía fuerza apretando mi dedo, intentando expulsarlo, lo que me permitió comprobar la firmeza de sus paredes internas… estaba listo para comenzar su entrenamiento. Había algo excitante en esta pequeña batalla, con este chico rebelde en particular, sus ojos brillosos, no de miedo ni dolor… sino de pura y genuina rebeldía… No era necesario, ni nunca antes lo había hecho, pero sentí el deseo de introducir otro dedo en su interior.  Quería desde ya empezar a enseñarlo.  El dedo del corazón acompañó al índice en este viaje al interior de Maximilian… esta vez el objetivo era diferente, estaba buscando el punto exacto en que mis dedos podían acariciar su próstata y hacerlo sentir algo distinto. Esta vez quería causarle placer.  Buscaba saber su reacción. Me estaba ganando la curiosidad por este niño… me entretenía como pocos lo han hecho alguna vez. Supe que iba a ser especial. Mi otra mano, que sostenía su nalga, inició una leve caricia sobre su piel acercándose a sus genitales… Su pene había comenzado a reaccionar con el medicamento volviéndose erecto y subiendo su temperatura… Mantuve mi mano tocando su miembro, moviéndola con lentitud suficiente para provocarle placer pero que no alcanzara para correrse… todavía no, Maximilian.  Encontré el punto exacto en su interior. Rocé su próstata. El sonido en su garganta cambió al sentir el roce de mis dedos… una y otra vez la toqué y masajee hasta que ya no hubo más protestas muriendo en su garganta sino un porfiado silencio… conteniendo otros sonidos que no quería dejar salir. Sonreí gratamente complacido…  Siempre hay una forma de dominar, Maximilian… siempre la hay, pensé satisfecho.  Seguí abusando del roce en su interior y el pausado frote en su pene… estudiando en silencio todas sus reacciones… su cuerpo se quedo quieto… hasta que sus ojos se cerraron, casi angustiado de sentir placer y los sonidos cambiaron de intensidad… su respiración también varió su ritmo… sentía intenso placer pero no alcanzaba para llegar hasta el final… me gustó su rostro, la breve expresión de placer que alcancé a observar… quité mis dedos, alejé mi mano.

– Primera lección Maximilian– le dije en voz alta y mirándolo – el amo decide si puedes correrte y cuando

Sus ojos grandes suplicaban… pero aún no era el momento. Cuando entendió lo que le había dicho comenzó a despedir aún más odio por sus ojos.

– Tranquilízate… no hay nada que puedas hacer…- acaricié su mejilla… – excepto comenzar a portarte mejor y obedecer– respondió moviendo su rostro en clara señal de desagrado

Después de eso, Maximilian se quedó un poco más tranquilo… solo un poco. La intensa excitación lo había dejado algo aturdido… Se había dado cuenta que existen diversas formas de dominar y manejar… para él, a su edad… esta debe haber sido una experiencia fuerte.

Continué con el resto del examen… atento a sus reacciones… pendiente de sus ojos y movimientos… había algo diferente en él… no era normal que yo prestara tanta atención. Mi único indicador de lo que Maximilian sentía, por el momento, eran los sonidos en su garganta… fueron pequeños, cortos y nerviosos cuando introduje la sonda en su uretra… largos y suaves cuando masajee sus testículos buscando una inexistente malformación o tumor…

Solo me quedaba saber que tanta resistencia al dolor tenía y hasta que tamaño podía aguantar una penetración en su recto… siempre había que enseñarle a tolerar mayores tamaños pero necesitaba saber con qué comenzar… sus paredes eran firmes… el chico no tenía el típico cuerpo de los niños suaves y delicados… busque en la mesa uno que tuviera un tamaño adecuado… sentí la primera descarga de excitación al volver a separar su nalgas y observar su ano apretado y virgen… su anillo de músculos brillaba debido a los restos del lubricante que yo mismo había usado en él… tentador… muy tentador… me tomó un momento darme cuenta que durante todo el rato que duraba el examen había estado pensando en hacerlo yo mismo… quería domesticarlo y enseñarlo… entonces sentí nuevamente el calor en mi entrepierna. Hacía tiempo que no me sentía motivado y estimulado como ahora. El chico había logrado remecer mi sentido de dominación. Era extraño pues a mí me gustaban los esclavos perfectamente serviciales y dóciles, atentos y complacientes… ¿por qué estaba reaccionando con este niño rebelde?.

Dejé de lado el dildo en forma de pene que había tomado y que normalmente usaba para medir el aguante de los chicos… busqué algo diferente… Ya había tomado una decisión en mi mente… ahora ya sabía lo que quería hacer con él… estaba entusiasmado.

Era uno trasparente, de silicona dura… tenía tres bolas de diferentes tamaños… era un dilatador.  Maximilian no podía ver lo que sucedía a sus espaldas. Lo acerqué a su entrada, lubricado… me excité nuevamente pensando en la resistencia que de seguro me iba a poner…  había visto cientos de chicos y había entrado en casi cada uno de ellos… pero este me parecía especial, diferente… su rebeldía me atraía.

Comencé a introducirlo… el lubricante y la fuerza de mi mano hacía que ingresara fácilmente, a pesar de la resistencia que oponía…  totalmente inútil… miré extasiado como el anillo de músculos se abría y abrazaba la pequeña bola de silicona… como si la estuviera besando, antes de desaparecer en su interior… sentí otro golpe fuerte de excitación en la parte baja de mi vientre… nuevos gritos de su garganta e intentos de mover su cuerpo… me gustó saber que seguía luchando… resistiéndose. Una vez que entró la bola más pequeña me detuve un momento. Puse ambas manos en sus caderas y lo acaricié… iba a darle una oportunidad a mi nuevo y rebelde esclavo, después de todo hacía años que no entrenaba a un esclavo en forma personal y esta era una ocasión especial.

– Maximilian- dije muy cerca de él, dominándolo desde la altura y con la mirada – Estas de suerte hoy día. He decidido que voy a ser tu nuevo Amo.  Si me complaces todo estará bien para ti, pero si no me obedeces tendrás serios problemas-

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