M&M 21

CAPITULO 61

Un suspiro tembloroso, mezcla de temor y alivio, salió de lo profundo de Sergio al darse cuenta que era parte del juego… no era que Nazir se hubiera molestado en verdad… no?

-. No te alegres – amenazó Nazir como si hubiera leído su mente – Voy a castigarte

¿Qué le pasaba?… el hombre estaba hablando de castigarlo y su pene estaba cabeceando como si le hubieran dedicado un premio… su cuerpo ardía de felicidad y anticipación…

-. Aquí, sobre mis piernas – sentenció Nazir sin una gota de sonrisa en su rostro.

Sergio obedeció de prisa y se acomodó nervioso en espera de lo que vendía. No era necesario que lo castigara de todas maneras. Nunca volvería a hablar sin su permiso y jamás volvería a pedir lo que deseaba. Aprendería a pensar solo en Nazir y en lo que él deseaba.  Quería complacerlo más que nada en el mundo. Se sentía bien sobre sus piernas separadas, el calor de la piel de Nazir traspasaba la ropa y llegaba a su cuerpo… Su propio descaro al mostrarle su cuerpo aumentaba la excitación.

Nazir le tomó una de sus manos y la pasó por detrás de su espalda; la otra abrazada a su pierna por sobre el pantalón. Resultaba difícil moverse en esa posición.

-. ¿Recuerdas tu palabra de seguridad?

-. Si, Amo

-. ¿Y sabes por qué voy a castigarte?

-. Si, amo. Por hablar sin su permiso, pensar en mi y no llamarle Amo

-. Puedes gritar, pero no puedes moverte

Gritar… ¿entonces iba a golpearlo?… respiró de prisa muy agitado… expectante… su pene duro desde hacía demasiado rato comenzaba a doler y sus testículos colgaban pesados, llenos… la ansiedad de lo inesperado corroyéndolo. Esperaba los golpes… ¿lo haría con su mano?… ¿iba a doler en serio?… Nazir se movía…   sintió las cálidas manos masajeando sus nalgas, moviéndose en círculos lentos… aaahhh, suspiró profundamente… cada movimiento le provocaba ganas de ronronear como un gato y volvía más dura y necesitada su erección.

-. ¿Estás listo?

No esperó respuesta y aplicó el primer golpe con sus manos sobre el glúteo izquierdo haciéndolo saltar en sus piernas a pesar de que era más bien una caricia brusca… luego el derecho… fue subiendo en intensidad calentando la piel de Sergio hasta que comenzó a enrojecer…

Nazir estaba muy atento a las reacciones de su sumiso novato. Sabía que estaba nervioso y excitado. Él no estaba muy lejos de esos mismos sentimientos. Tenía en su mente al niño asustado que había encontrado llorando en el closet tan solo unos días antes. Cuando hubo golpeado varias veces y su culo tenía un hermoso color rosado, notó que el dolor comenzaba a notarse en Sergio y decidió que era el momento de detenerse. Se sorprendió por desear terminar el castigo a pesar de que lo mucho que lo excitaba. Generalmente le gustaba tener a sus sumisos rendidos y totalmente sometidos aunque tuviera que usar la fuerza. Tal vez era porque detectaba en ellos algún tipo de resistencia o lucha. Sergio era diferente.  Le había hecho entrega total de su cuerpo y su obediencia. Más de lo que él había pedido. No necesitaba quebrar ninguna resistencia en él…  solo necesitaba poseerlo, conocerlo, explorarlo, llegar a su alma y adueñarse de todo…  estar dentro de él… Diablos!! Lo deseaba con tantas ganas pero no quería dañarlo ni asustarlo. Le provocaba una desconocida sensación de ternura y protección.

“Paciencia” se recordó a sí mismo al sentir su miembro duro apretado contra la tela.

-. ¿Estás bien? – sus manos lo acariciaban

Sergio volvía de un corto viaje en que el dolor y la excitación se habían unido por primera vez para dejarlo alterado, ansioso… y deseando mucho más. Se había rendido a Nazir antes de empezar. Estaba iniciando el camino de descubrir el placer de su mano. Le tomó unos segundos conectarse con la realidad.

. Si, amo

Nunca volvería a olvidar llamarlo “amo”. Nunca olvidaría lo que acababa de sentir

-. Bien… no te muevas

Nazir detuvo los besos y caricias. Su propia necesidad rugiendo. Sus dedos  reptaron por los glúteos enrojecidos, tocando  delicadamente la piel castigada y separando sus nalgas. Tenía un objetivo…

Sergio jadeo intensamente al entender hacía dónde iba… Cerró los ojos al sentir que moría de vergüenza y descaro…

-. No

Gimió casi ahogándose e instintivamente intentó enderezarse cuando el pulgar de Nazir masajeó suavemente alrededor de su ano.  La mano del amo lo retuvo firme en su sitio

-. Eso va a costarte otro castigo 

Anunció hablando bajo y con la voz cargada de puro deseo, sin detener su avance.

Los ojos de Sergio se humedecieron… frustración y deseo urgiéndolo… vergüenza de cómo estaba expuesto y martirio ante la necesidad de que continuara haciéndolo y lo usara a su gusto…  un líquido frío y gelatinoso alrededor de su entrada… se tensó, cerrándose, al sentir los dedos de Nazir que intentaban abrirse paso en él

-. Sshhh… tranquilo  ¿te duele?

-. No, señor – respondió en un timbre de voz que le resultó desconocido

-. Entonces déjame entrar en ti

Nazir estaba absorto en lo que hacía… contemplando  como Sergio no podía mantenerse tranquilo y los sonidos escapaban desordenados de su garganta… el cuerpo sobre sus piernas.. tenía el poder de volverlo loco y lo estaba haciendo… quería hacerlo conocer el placer… empujó aplicando un poco más de fuerza y calmándolo con palabras suaves hasta que uno de sus dedos estuvo dentro de él… vio como su cuerpo se tensaba… volvió a repetirle palabras que le brotaban del corazón para calmarlo… no sabía de donde le salía esa cosa tierna tan impropia de él pero no quería que Sergio estuviera asustado… le importaba mucho…  estaba deslumbrado por el cuerpo que tenía sobre sus piernas… tan bien hecho que parecía increíble que se mantuviera inocente hasta ahora, un culo firme, sin rastros de vellos… su dedo insertado en medio de las nalgas era excitante… era suyo y no podía esperar para poseerlo. Un segundo dedo siguió al primero arrancando de Sergio otro grito ahogado en un jadeo que rebotó directamente en su entrepierna. Dejó más besos sobre su piel y se preocupó  de moverse con suavidad masajeando y dilatando hasta sentir que la tensión cedía y el dolor quedaba atrás.

-. Te ves muy bello desde esta perspectiva… – murmuró cerca de su oído acercándose… – quiero hacerte cosas prohibidas

Parecía que no podía mantener su boca alejada de la piel de Sergio. Por Dios!! le fascinaba tenerlo sometido y  esperando…Nazir había tenido muchos sumisos en su vida, sin embargo sabía que Sergio era especial y eso lo hacía sentirse poderoso y seguro a la vez que tierno y protector… ¿era la inocencia del chico lo que le despertaba esos instintos?  ¿Era su cuerpo excitante de piernas torneadas y piel reluciente?

Lamio el espacio entre su hombro y cuello conociendo el sabor de Sergio y lo sostuvo con firmeza al ingresar un tercer dedo minutos después… el largo gemido de Sergio se fue apagando de a poco… notó el dolor que le producía por la forma en que su cuerpo se volvía rígido y se resistía…

-. Déjame entrar… necesito poseerte 

Mitad orden mitad ruego. El dolor era fuerte pero Sergio estaba embriagado de erotismo y sensaciones desconocidas…

-. Sé que duele, pero te prometo que muy pronto dejará de hacerlo… confía en mi

Escuchaba cada palabra y le creía… respiro muy profundo e intentó relajar sus músculos… abriéndose para dejar paso a los dedos de Nazir… imaginar lo que le estaba haciendo era suficiente para llevarlo al límite… permitió que el dolor lo atravesara y siguiera de largo… cambiara en otro tipo de sensaciones…  comenzó a emitir gemidos que no tenían relación con el dolor… demasiados gemidos… se movía y buscaba fricción… Sergio estaba a punto del orgasmo

“No. No debes correrte”  pensó Nazir pero por alguna razón más poderosa la frase jamás salió de su boca… permaneció mudo mirándolo… expectante… quería que Sergio estallara en un orgasmo provocado por sus dedos y su estimulación… quería verlo en estado puro de placer

-. ¡Señor!!

Nazir se detuvo porque entendió la causa del grito… reacomodó su postura, lo alzó de prisa envolviendo su miembro entre sus manos para sentir las olas que lo sacudían… liquido tibio en sus manos…  pudo ver el placer reflejado en su rostro y en todo el movimiento sinuoso de sus músculos. Por un segundo se olvidó de respirar… Sergio resplandecía; ojos vidriosos, boca abierta jadeando, cuello expuesto… la viva imagen del gozo. Era tan hermoso. Se sacudía lleno de las emociones que él le había provocado…Nazir estaba a punto de alcanzar un orgasmo sin haber sido tocado…

-. ¡Sergio!! – gimió acogiéndolo en sus brazos -¡Dios!!! Sí que eres hermoso – sintió los pequeños temblores que aun recorrían el cuerpo de Sergio… – Me vuelves loco  

Tan joven… bello y honesto como ninguno que hubiera conocido. Sergio era la respuesta a todas las preguntas…  nunca se cansaría de admirarlo y sentirlo. Quería estar mil veces con él. Cada vez más maravillado. Deseaba cuidarlo, resguardarlo de la crudeza del mundo, que nada ni nadie lo tocara jamás… hacerlo suyo un millón de veces y aprenderse su cuerpo de memoria.

Un sentimiento grande de posesividad comenzaba a aflorar… Suyo… de ninguna otra persona. 

El deseo lo estaba llevando al límite de su resistencia. A pesar de la urgencia lo mantuvo acunado en sus brazos un instante más mientras Sergio se recuperaba…   Esto era tan extraño… tenía sentimientos de ternura y protección que ni siquiera sabía que era capaz de albergar… algo grande y cálido le flotaba en el centro del pecho junto a la excitación… algo totalmente nuevo.  Pero si ni siquiera le molestaba que se hubiera corrido sin su permiso!!!  al contrario. Había disfrutado mirándolo… sonrió con ternura y deseo. Le buscó la boca y lo besó sin poder contenerse… incitante y seductor… exigente. Sergio entendió.  La ropa de Nazir desapareció en pocos minutos, lo arrastró hasta la cama sin soltarlo en ningún instante. A pesar del temor, Sergio se abrió para recibirlo… aguantó el dolor hasta que fue remplazado por emociones más fuertes y primitivas.

-. Eres hermoso, eres mío… dime que lo eres

-. Soy suyo, amo.. todo suyo

Ssonreía y gemía al mismo tiempo… Nazir lo llenaba no solo físicamente sino que desaparecían los espacios de temor en su mente y era reemplazados con la única respuesta segura; Nazir… le pertenecía. Había encontrado un nuevo y maravilloso sentido para su vida. Un nuevo orgasmo lo sorprendió mientras Nazir lo embestía. Se aferró a su espalda  y segundos después sintió como el semen tibio entraba en su organismo… se quedó apretado contra él, sin desear nada más en la vida… todo estaba perfecto… Nazir estaba satisfecho y el… él era el tipo más feliz de todo el universo.

Durante los meses siguientes, Nazir fue aprendiendo una nueva forma de relacionarse con su sumiso especial, una que iban creando juntos a medida que se encontraban cuatro, cinco y hasta seis veces a la semana en el mismo cuarto del Club. Sergio era, en casi todos los sentidos, un sumiso perfecto y complaciente, siempre alegre y dispuesto. Cuidaba de su persona con mucha dedicación y eso complacía enormemente a Nazir. Con el paso de los meses su cuerpo ya hermoso se había vuelto más atractivo. Nazirtenía una loca fijación con las piernas perfectas de Sergio… pasaba horas acariciándolas y recorriéndolas con su boca y manos. Sergio había aprendido a mantenerlas libres de vellos y suaves sabiendo que a su amo le agradaba sentirlas enroscadas alrededor de su cintura cuando Sergio las separaba para dejarlo entrar en él.

Durante todo ese tiempo Nazir sintió que algo diferente había reemplazado la necesidad de dominio y control estricto que siempre le había gustado ejercer. A Sergio no tenía que domarlo ni  recurrir a los castigos puesto que lo complacía incluso antes de que expresara lo que deseaba. Era un hombre fuerte y dominante pero Sergio había desarrollado la capacidad de entenderlo sin necesidad de palabras; sabía cuando deseaba solo sexo o ternura o risas y cuando Nazir estaba atorado de problemas y necesitaba desahogarse y ser escuchado. Se volvió su confidente y lo escuchó hablar de todo; desde los secretos más privados de sus negocios hasta su enojo por tener que asistir a reuniones sociales, la mala calidad de la televisión o sus comidas favoritas.

Nazir se deleitaba descubriendo lo que significaba tener no solo un exquisito amante sino un compañero con quien reír, conversar y apasionarse. No sabía que nombre ponerle a lo que había entre ellos. Era diferente a todas lo que conocía y él andaba feliz por la vida.

Sergio no lo hacía nada mal tampoco. En cosa de meses había cambiado para mejor. Aprendió a superar sus temores, a abrir su alma y a entregarle su cuerpo con absoluta confianza. Su amo no le fallaba jamás. Tenía más placer y bienestar del que jamás había soñado. Recibía un buen sueldo y estaba aprendiendo a disfrutar de su trabajo.

Nazir le había ofrecido comprar un lugar mejor y muy cómodo para sus padres pero Sergio lo rechazó sin desear ofenderlo. Las razones eran simples y buenas; Sus padres habían vivido en esa casa más de la mitad de sus vidas y no se acostumbrarían en otro lugar, con otros vecinos, así es que, lo que en verdad deseaba, era mejorar la misma casa donde vivían. Lo haría de a poco, con el sueldo que le pagaban cada mes.

 Nazir sonrió ante la dulce inocencia de su chico. Le tomó la cara entre las manos y lo besó hasta dejarlo sin respiración.

-. Yo me encargaré – dijo sorprendido ante la lógica de la respuesta de Sergio. Amaba y cuidaba de sus padres con mucho cariño y eso era admirable.

-. Pero… amo, yo prefiero…

Nazir fijó en él su mirada seria.

Sergio calló. Si seguía hablando iba a tener problemas

-. No me contradigas

Deseaba hacerlo feliz

-. No, amo

Agachó la cabeza apretando los ojos. Agradecido y emocionado.

Durante la siguiente semana una cuadrilla de operarios arregló completamente la casa de Sergio, convirtiendo el lugar en una estancia cómoda, bonita, aislada de las temperaturas exteriores y perfectamente adecuada para las necesidades de dos adultos mayores. Ellos estaban orgullosos de su hijo y del buen trabajo que había encontrado que hasta le permitía reparar y acondicionar su casa. Pasó a ser la mejor casa del barrio y orgullo del par de viejos. Había ahora una mujer que acompañaba a su madre a diario preparando los alimentos adecuados, las medicinas ya no faltaban y de las cuentas se encargaba Sergio a tiempo cada mes.

En su trabajo había descubierto que tenía habilidad para los números. Tenía un cierto grado de amistad con dos de sus compañeros de trabajo con quienes almorzaba todos los días y compartía durante las horas de trabajo. Todo su tiempo, fuera de la oficina, le pertenecía al hombre que le había transformado la vida.

De su relación con Nazir no hablaba con nadie. Ni siquiera con él mismo.  A veces tenía cientos de preguntas dando vueltas en su cabeza pero no sabía por dónde empezar a preguntar… Tampoco sabía si al amo le gustaría que le preguntara. ¿Qué tipo de relación tenían, exactamente? ¿Le gustaría conocer a sus padres? ¿Por qué solo se encontraban en el Club?.. no es que se quejara pero le habría gustado salir a un cine, una plaza, un restaurant, una exhibición o simplemente caminar por una avenida en flores. Nunca en todo el tiempo que llevaban juntos, se habían encontrado en un lugar distinto. ¿Cómo era la casa de su amo? ¿Con quien vivía?… ¿Cómo dormía?… a veces se dormían abrazados por un rato luego del sexo y era uno de los mejores momentos de su relación.Nazir se apoyaba confiando en él manteniéndolo apresado entre sus brazos y Sergio suspiraba absolutamente feliz y relajado. No había mejor lugar en el mundo que ese. Se acurrucaba piel con piel y era para ambos una reparación de sus almas, un intercambio de energías que les hacía muy bien.  

Llevaban casi 6 meses de intensa relación cuando a Nazir se le escapó un tema del que jamás había hablado.

Llegó puntual al club. Sergio esperaba desnudo en perfecta posición. Siempre lo recorría un temblor de excitación al verlo. Se alegró de haber acudido.  Ese día Nazir estaba realmente complicado y había estado a punto de faltar a su cita pero su necesidad de estar con Sergio pudo más. Necesitaba de él para reunir fuerzas y afrontar el problema familiar que tenía.

Sergio notó la preocupación en cuanto lo vio. Nazir se abrazó a él como si necesitara consuelo. Solo entonces Sergio se atrevió a preguntar que le sucedía.

-. Mi mujer chocó esta mañana. Mi hijo menor tiene una fractura

Nazir ni siquiera pensó en lo que decía… habló abiertamente desde la enorme preocupación que había sentido cuando lo llamaron para comunicarle.

Sergio perdió el habla, el aire y el latir de su corazón.

Sus sentidos quedaron anulados por dolor helado que lo travesaba en medio del pecho… se dobló sintiéndose débil y ahogado…

Mujer?… hijo menor?

Se alejó necesitando urgentemente un poco de espacio para volver a respirar… Dios!… no le entraba el aire…. se llevó las manos a cubrir su boca para controlar un grito que se atoraba en su garganta

Nunca le había preguntado…

Jamás hablaron del tema…

El dio por supuesto que era libre…

Se giró a mirarlo y descubrió a Nazir observándolo en silencio culpable… recién se daba cuenta de lo que había confesado…

-. Sergio

Se puso de pie acercándose lentamente

El aire volvió a entrar en sus pulmones de Sergio demasiado de prisa. Hiperventilaba

Tenía esposa e hijos… oh Dios.. Dolía muy fuerte…

-. Sergio

Reconoció el tono de voz y estuvo a punto de arrodillarse… pero no podía. El dolor no lo dejaba

-. No voy a dejarte. Mi mujer sabe sobre ti

Y eso… ¿era mejor o peor?…

-. Es un matrimonio arreglado. Estamos juntos por intereses económicos y por nuestros hijos

Algo detenía a Nazir y le impedía acercarse a tocarlo.

Miedo.

Miedo a que Sergio echara a correr y no quisiera volver a verlo nunca más…

Él, que manejaba cientos de personas a diario, imponía su voz en los negocios y tenía enorme experiencia como amo estaba asustado de perderlo…

Nazir no aguantó y avanzó de prisa el espacio que los separaba, rodeándolo con fuerza. Por primera vez, Sergio opuso resistencia e intentó liberarse

-. No voy a dejarte. Eres mío

Manoteaba y golpeaba contra la solidez de Nazir… era imposible ganarle… solo podía llorar…

-. Escucha… escúchame por favor… ella no significa nada

 Tú sí. Tu eres todo para mi”

-. He cumplido todo lo que te ofrecí

Esa frase detuvo a Sergio en su afán de escapar…  se calmó lo suficiente para mirarlo a los ojos… Nazir sintió el golpe al ver la inmensa tristeza que albergaba Sergio… la admiración que siempre encontraba en sus ojos se había vuelto opaca…  Le dolió el sufrimiento de Sergio.  

-. No es importante. Lo que hacemos no tiene relación con ellos!!!

Ahí estaba su respuesta del porque las citas eran ocultas y nadie podía saberlo…  nunca habría paseos a ninguna parte ni caminatas de la mano por la calle y mucho menos una visita a la casa de Nazir… jamás conocería a sus padres… el era un pasatiempo que mantenía escondido… solo sexo… nada más que eso.

Estaba enfermando de pena… podía sentir como se trizaban sus esperanzas

-. Nada va a cambiar – insistió Nazir

“¿nada va a cambiar?” pero si ya había cambiado todo… el creía que eran una pareja y que podían ser felices juntos… y solo era un pobre sustituto del sexo… que bajo había caído… seguía llorando con los ojos apretados y el cuerpo adolorido

-. Sergio, mírame– pidió sin ordenar

Para Nazir era difícil explicarlo y, en realidad, nunca le había tomado el peso hasta que vio la reacción de Sergio. Su mujer sabía. De que otra forma podía explicar su ausencia casi diaria de la casa familiar? A ningún sumiso anterior le había importado si era o no casado.

Pero Sergio no era cualquier sumiso. A él si le importaba y por eso estaba asustado.

Pensar en perderlo le resultó imposible de tolerar.

No le gustaba lo que estaba pasando. Dar explicaciones no era su fuerte pero no dejaría que nada se interpusiera entre ellos

-. Estoy contigo

Era la frase que había usado con él aquella primera vez y aunque solo eran dos palabras transmitían todo lo que era importante.

Sergio pareció calmarse

-. Estoy contigo – repitió Nazir viendo que provocaba algún efecto

¿y su mujer? ¿los hijos?…

-. Estoy contigo – repitió por tercera vez sosteniendo su rostro con firmeza

Sergio trataba de calmarse y poder responder en forma normal pero estaba muy herido. Es verdad que Nazir había cumplido todo lo que le había ofrecido. Nunca le prometió nada más que lo que tenían. El resto habían sido ilusiones de su imaginación… ilusiones que tendría que dejar partir… ¿debería irse?… ¿salir por esa puerta y no volver nunca más?… ¿no verlo nuevamente?… ¿nunca?… ¿dejar a Nazir y todo lo que tenían juntos?

Se sujetó con desesperación al cuerpo de  Nazir hundiéndose en su pecho y clavando sus dedos en la espalda. Aspirando una gran bocanada del olor de su hombre…

-. Háblame de ellos, amo, por favor 

No podía ni quería vivir sin él. Estaba enamorado… enfermizamente enamorado.

Nazir soltó la dura tensión en sus hombros y cerró sus brazos en torno a él. Volvió a respirar con normalidad cuando la tranquilidad regresó al saber que se quedaría…

-. ¿Qué quieres saber, cariño?- preguntó lleno de ternura y agradecimiento, con la boca sobre su pelo, sintiéndose débil de felicidad. Se fundían los dos en ese abrazo

Sergio dejó de llorar… cariño… Nazir lo había llamado cariño y todo lo demás había dejado de importar…

 CAPITULO 62.

Saber que Nazir era casado, tenía dos hijos pequeños y una mujer que, aunque no amara, llevaba el título de su esposa, fue demoledor para Sergio y creó un serio desequilibrio en su auto estima. Nunca había sido demasiado seguro ni se tenía a sí mismo en gran calificación; pero saber la verdad lo dejó muy tambaleante:  no era la verdadera pareja de Nazir y nunca lo sería; lo que había entre ellos tenía más de relación secundaria cargada de sexo que de cualquier otra cosa… era el “otro”… era el tipo que mantenía escondido y con quien le era infiel a su mujer, la que sí llevaba el anillo en el dedo , criaba sus hijos y almorzaba los domingos con sus suegros.

Sin embargo, la idea de perder a Nazir dolía más que cualquiera de todos esos sentimientos de tristeza. Se culpaba a sí mismo de su debilidad al no ser capaz de dejarlo, recuperando su dignidad. Comprendió que estaba enamorado y no era capaz de alejarse. Con mucha tristeza por sí mismo entendió que sería uno de aquellas que aguantan el dolor y la humillación. Su actitud se volvió aún más sumisa.  Escondió el dolor de la mejor manera posible, se sacudió la pena e intentó parecer el mismo de siempre para su querido amo.

Nazir, por su parte, se daba perfecta cuenta de lo que sucedía con Sergio y su tristeza era motivo de preocupación y culpa. Tampoco era opción para él permitir que Sergio se alejara. No. Eso ni siquiera era discutible. Había buscado tantos años ese “algo” que faltaba en su vida y ahora lo tenía frente a él. Sergio llenaba su vida haciéndolo sentir completo, alegre, satisfecho… inyectaba vida en su vida.  Habían sido ya demasiados años de sentir que vivía para cumplir las expectativas que los demás habían creado para él; estudió, se perfeccionó, aprendió lo que le indicaron, se casó con quien le dijeron, tuvo hijos cuando correspondía y trabajaba más que todo el resto dando ejemplo a su familia y empleados…  Había cumplido con todos y sus familia lo miraba con orgullo… sin embargo, él seguía sintiendo un agujero grande en su interior que nada lograba llenar, ni siquiera sus hijos a quienes amaba mucho. Una necesidad mayor e inexplicable.  El vacío aquel solo desapareció cuando Sergio se instaló en su vida entregándole lo mejor y más valioso; su amor, su cuerpo, su alma… toda su hermosa persona.  

Continuaron su relación con algunos pequeños cambios; Sergio disimulaba su tristeza y desilusión al tener que olvidar los sueños que ya nunca cumplirían juntos; Nazir lo trataba con mayor dulzura y ternura sabiendo que lo había herido y no era posible reparar lo que causaba el daño.

Se juntaban en el club varias veces a la semana y las sesiones tenían tanto de sexo y placer como de compañerismo y largas conversaciones.

Al pasar los meses, Sergio dejó de obsesionarse con la vida de Nazir cuando no estaban juntos y puso esa información tras una cortina oscura en su mente; estaba ahí pero no quería recordarla. Sepultó sus esperanzas y se centró en disfrutar del presente, de cada sesión con Nazir… lo amaba con veneración y ese amor crecía un poquito cada día; a veces adquiría forma de admiración por sus habilidades, conocimientos y forma de ser tan seguro; otras veces enloquecía con la forma en que lo tomaba y lo llevaba a la cima del placer sabiendo el camino preciso para lograrlo. Conocía casi todas las fases deNazir y lo amaba en cada una de ellas.

 En ocasiones, cuando estaban acurrucados en la cama y solo había ternura entre ellos, Sergio casi podía sentir que era importante para Nazir… entonces, lo miraba ansioso… esperando… pero de la boca de su amo nunca salió una palabra que le confirmara lo que sentía. Tenía que conformarse con lo que obtenía de los gestos cariñosos de Nazir. Amaba como cada vez usaba con mayor frecuencia la palabra “cariño” para llamarlo. Le salía con tanta naturalidad que se acostumbró a escucharla y sentirla como una caricia dulce de su amo para con él.

La magia se rompía cuando las horas pasaban y tenían que abandonar la sala privada del club que Nazir había reservado en forma permanente para uso exclusivo de ellos. Cada uno partía en direcciones opuestas. Aunque su casa era bonita y temperada ahora, meterse solo en su cama era triste… evitaba pensarlo para no comenzar a llorar y se conformaba con recordar lo que había sucedido tan solo una hora atrás. Se dormía algo más tranquilo.

A las pocas semanas de comenzar su relación son Sergio su mujer le preguntó directamente y él respondió que sí. Había alguien más y era importante

-. ¿Qué tan importante? ¿Vas a dejarnos? ¿A mí y a los niños?

Por primera vez había preocupación en la voz de ella

-. No. No voy a dejarlos – respondió Nazir seguro.

El escándalo sería espectacular y además… solo llevaba unas semanas con Sergio… Estaba loco por él pero tal vez solo era producto de la novedad…

No volvieron a hablar del tema. Ella sabía dónde iba su marido cada noche pero también sabía que regresaba a la cama matrimonial mas tarde o temprano. No la tocaba pero amanecían juntos y pretendían que eran un matrimonio normal delante del resto.

Dos años más tarde, Nazir estaba más fascinado con Sergio que el primer día. Lo había hecho parte de su vida integrándolo completamente a sus sentimientos. Tanto así que comenzó a cometer algunos errores: bajar al piso de contabilidad a media mañana para compartir un café con los empleados y poder mirar y oler a Sergio aunque fuera desde lejos; llamarlo a su oficina cuando sentía que ya no daba más y necesitaba tocarlo y besarlo… El más importante de los errores fue presentárselo a su hermano Adamir. Lo pensó mucho puesto que él era muy joven pero deseaba ansiosamente que alguien más supiera de su relación y reconociera la existencia de Sergio como alguien importante para él. La reacción de Adamir fue inesperada. Nazir pensó que podría escandalizarse… enojarse… comenzar a odiarlo… decirle que era estúpido por tener un amante hombre… terminar su amistad como hermanos cercanos. No había esperado que Sergio despertara tantísimo interés en Adamir. Quiso saberlo todo sobre la vida que llevaba y el significado de ser amo o sumiso. Lo interrogó a fondo e intentó hablar con Sergio pero no lo permitió.  Nazir vio la pasión en los ojos de su hermano menor. Tener a otra persona bajo total dominio y control era un tema que había cautivado a Adamir y supo que estaba frente a alguien que seguiría sus pasos. Nunca lo autorizó a hablar con Sergio pero lo introdujo de lleno en el mundo del BDSM. Lo llevó a sesiones especiales y le enseñó diferentes técnicas. Adamir estaba fascinado y Nazir se alegraba de ser él mismo quien introdujera a su hermano en este submundo.

Fue durante una sesión de demostración que todo se complicó.

Adamir le había rogado muchas veces que le permitiera verlos a él y Sergio en alguna sesión pero Nazir se negó terminantemente. Tenía dos poderosas razones: su relación con Sergio era privada; nadie lo miraba ni mucho menos lo tocaba y segundo… no tenía nada que mostrarle de lo cual Adamir pudiera aprender. Su relación con Sergio apenas incluía el uso de algunos elementos extras… No castigaba a Sergio por placer. Sabía del miedo de su sumiso, que no le gustaba el dolor y que era dócil y obediente… si, tenía todo eso en cuenta cada vez que sus instintos sádicos más bajos lo asaltaban al ver a Sergio desnudo en posición de espera y deseaba descargar su látigo o alguna otra deliciosa tortura que lo hiciera gemir, suplicar, llorar y quebrarse se dolor frente a él.

La idea lo dejaba temblando de excitación…

La privación de sus instintos los volvía más atractivos y peligrosos…. Deseaba…

Pero se trataba de Sergio. SU Sergio… dulce, precioso, sometido y obediente.

No podía hacerle eso.

Sabía claramente todas las razones para evitarlo pero igualmente sentía el poderoso llamado de su sadismo recordándole que era un amo y que ese exquisito cuerpo desnudo se vería aún más deseable si estaba bañado de sudor frío, marcas rojas entrecruzando sus nalgas y muslos, lagrimas de dolor y largos gemidos en esa boca de labios deliciosos…

Aahh maldición!!!… su dependencia de Sergio lo frenaba. Lo necesitaba más que a cualquier otra persona o cosa. Los pocos días en que no estaba con el por las tarde se volvía loco, andaba mal genio e insoportable. Odiaba cualquier actividad nocturna que no le permitiera estar abrazado con él, poseerlo y reclamarlo…

Bajo esas circunstancias, acudió aquella noche con Adamir a la sesión de demostración.

-. Mantén silencio – indicó Nazir a Adamir.

Tomaron asiento en medio de la oscuridad y junto a otras dos personas, a unos cuantos metros del lugar iluminado en que un amo estrenaba un instrumento para azotar a un chico muy joven y atractivo. El látigo silbaba en el aire y caía sobre la pálida piel del chico dejando una notoria marca que muy pronto se volvía de un rojo intenso. El chico era un masoquista neto. Gemía y se retorcía con evidente sensación de dolor pero también de genuino placer. Sus manos esposadas. Su culo al aire cruzado de marcas, su miembro erecto y bailoteando con cada golpe. Sus gemidos largos y obscenos… era una imagen impúdica y 100 por ciento libidinosa

Cada uno de esos gemidos entró hiriendo los oídos de Nazir como una ola espesa e incitante… excitante y caliente… despertando sentidos que creía apaciguados, que venía reprimiendo desde que conociera a Sergio.

Imaginó a su pequeño sumiso atado en el mismo lugar y su mano firme sosteniendo el látigo que lo castigaba por puro placer. Lo envolvió una inesperada oleada de lujuria. Su miembro sintió la fuerte descarga caliente.

Extrañaba causar dolor y la enfermiza fascinación que le provocaba. Deseo con demasiada fuerza ser el amo que sostenía el látigo… su brazo se movió impulsado por la necesidad arrebatadora de castigar y controlar…

El cambio en su respiración y movimientos fue repentino y muy notorio. Sintió la mirada de su hermano sobre él. Quería salir, alejarse de prisa pero era imposible interrumpir una demostración de este tipo.  Aguantó callado, sufriendo con cada sonido del látigo y del chico.  Cuando todo termino minutos más tarde, Nazir estaba en completo estado de agonía y muy poco autocontrol. Como pudo, se puso de pie y abandonó la sala a grandes pasos sin prestar atención a Adamir que se fue a conversar con el amo que hacía la demostración.  

Se dirigió a su cuarto en el club sin mirar a nadie. Cerró la puerta de golpe y se afirmó contra la pared  para sostenerse. Aun no se recuperaba del impacto que le había producido.  Por Dios!! Anhelaba el control, el castigo y el dominio por la fuerza… Apretó los ojos y los puños

No podía azotar a Sergio

El le tenía miedo al dolor…

Huiría y lo perdería para siempre…

Se asustaba con una doble penetración… que más sería si le decía que le iba a dar de latigazos hasta hacerlo sangrar por el simple placer de escucharlo lloriquear y gemir…

Caminó dando vueltas por el cuarto… Ahí seguían todos los implementos que necesitaba para dominar a alguien por la fuerza…  Tomó uno de los látigos cortos que no usaba desde hacía años y lo hizo bailar en el aire… no había perdido la habilidad… volvió a chasquearlo imaginando que Sergio recibía su ruda caricia… No. Moriría de terror y desaparecería en medio del llanto.

Suspiró vencido por la exigencia que lo urgía.

Necesitaba un sumiso a quien golpear para sacarse esa maldita ansiedad de encima. En ningún caso sería una traición a Sergio… era más bien una forma de protegerlo… solo sería un cuerpo al cual causaría dolor, escucharía sus gemidos asustados y agradecidos, se correría como poseído y todo terminaría en una abrir y cerrar de ojos. Como tantas veces lo había hecho antes.

Decidido, salió de cacería por el club. Siempre había muchos sumisos en espera de un amo que los deseara. Adamir aun conversaba animadamente con el otro amo, tenían tragos en la mesa y se veían cómodos. Terminaría antes de que Adamir se diera cuenta de su ausencia. Sería rápido. No buscaba nada más que un cuerpo que castigar para saciar su maldito instinto exacerbado por la demostración y la larga privación.  En el piso inferior los vio de inmediato.  Ahí estaban… afirmados en las paredes, coqueteando, paseándose ligeros de ropas… contoneándose al ritmo de la música y ofreciendo sus cuerpos para ser usados.  Avanzó buscando. Fue detectado de inmediato y sintió como le llegaban sus miradas, invitándolo, demostrando interés.  Devolvió miradas pero mantuvo la frialdad hasta que un poco más adelante encontró lo que necesitaba. Un chico que se movía en la pista de baile atrajo su atención. Tenía un leve parecido con Sergio… podía imaginar que era él… Se detuvo frente a él y, en menos de un minuto, el chico se había acercado. Sostuvieron las miradas breves segundos y entonces el chico bajó los ojos y su actitud se volvió sumisa

-. Ven conmigo

Pronunció las palabras mágicas. Pudo ver como los otros chicos se pintaban de envidia y decepción por no haber sido elegidos

-. ¿Cómo te llamas?- preguntó Nazir cuando entraban al cuarto

-. Jael, señor

-. Desnúdate Jael. No voy a ser amable contigo

Le agradó el jadeo emocionado del chico. Lo vio quitarse la ropa en cosa de segundos y adoptar la pose de espera correspondiente. Sabía. Bien. Mejor así. Con alguien que ya tenía experiencia.

De prisa, sujetó las manos de Jael tal como estaba el chico de la demostración. Los pies apenas alcanzaban a tocar el suelo. Preguntó por su palabra de seguridad y discutieron brevemente los términos del encuentro. Nazir se quitó parte de su ropa y mientras lo hacía recreó sus ojos mirando al chico. No era ni remotamente parecido a la hermosura de su Sergio pero no dejaba de ser atractivo con su pelo oscuro y su piel clara… Era muy joven, de músculos elásticos y flexibles… deseaba ver como esos músculos se agitaban y tensaban bajo las caricias ásperas del látigo corto.

-. Quiero escucharte – ordenó al tiempo que dejaba caer las hebras de cuero sobre la baja espalda del chico…  Jael gimió apenas, echando la cabeza hacia atrás y arqueando su cuerpo en respuesta al dolor. Tan solo un latigazo y el miembro del chico comenzabaa llenarse.

Nazir dejó caer otro golpe… y otro más.. uno más… cada gemido de Jael lo excitaba más… estaba entrando en un frenesí que no quería detener… daba rienda suelta al instinto que mantenía reprimido con Sergio… a él no podía dañarlo pero a Jael si.

Tan absorto en su tarea que no escuchó cuando alguien introducía la llave del cuarto y abría la puerta…

No fue un sonido. Fue el cambio de la intensidad de la luz en el cuarto lo que lo hizo volverse hacia la puerta, desconcertarse al encontrarla abierta y quedarse congelado al ver la silueta oscura de Sergio perfilada contra la luz del pasillo… petrificado… sin siquiera atreverse a respirar.

Su brazo perdió fuerza y dejó de escuchar los sonidos de Jael…

-. Sergio

El látigo cayó al piso y todo lo que estaba sintiendo fue reemplazado por una sensación muy, muy fría

Voló por encima de las cosas y llegó hasta donde estaba Sergio inmóvil… solo sus ojos bien abiertos indicaban que estaba vivo…

Nazir lo sostuvo de los brazos y lo sintió temblar…

-. Sergio, cariño

Entonces Sergio gritó y se entregó al dolor de lo que estaba presenciando…

-. Cariño. Déjame explicarte

Jael eligió justo ese momento para emitir un largo gimoteo atrayendo la atención de Sergio.

-. Es un niño…- fue lo único capaz de articular mirando a Nazir con horror – es un niño- repitió enloquecido

-. No. No lo es. Mira…

Las palabras quedaron atoradas en su garganta. Escucho el ruido seco y fuerte de la mano de Sergio estamparse en su mejilla antes de sentir el dolor del golpe… dos, tres veces lo golpeó y fue tanta la sorpresa y culpa de Nazir que no hizo nada para retenerlo

-. Es un niño!!!.. ¿Cómo pudiste?!!! Desgraciado!!!

Había tanta fuerza y dolor en los gritos de Sergio. Nazir se giró un segundo a mirar aJael y comprobar qué demonios estaba viendo Sergio… Dios!! parecía… pero estaba en el salón… no dejaban entrar menores al club…  aunque este ciertamente parecía uno…  no lo había mirado con detención hasta ahora… su confusión y alarma aumentaron

-. No es un menor – se defendió estúpidamente…

Sergio lloraba. Se sacudió bruscamente las manos de Nazir de sus brazos y lo empujó lejos

-. ¿Cuántos años tienes? – preguntó Sergio caminando decidido hacia Jael

El sumiso lo miró confundido sin entender nada de lo que estaba pasando…

-. Dieciseis – respondió con esfuerzo, aun bajo el efecto de su vuelo

Sergio no dijo nada pero el gesto de profundo sufrimiento era más que suficiente.

-. Ven. Necesitamos hablar

Nazir intentó acercarse a tomarlo del brazo. Tenía que aclarar esta situación pero no podía hacerlo con el chico colgado desnudo entre medio de ellos. Lo llevaría a otro cuarto y le explicaría todo… se confesaría y…

-. No me toques!!! – gritó Sergio al borde de la histeria

-. Cariño…- intentó insistir

-. No me vuelvas a tocar nunca más en tu vida

Había un límite para todo. Incluso para el amor oscuro y revuelto que sentía en su interior. Había aceptado una esposa e hijos, ser el amante por horas, vivir a escondidas, enterrar sus esperanzas y amarlo en silencio cuando le permitiera hacerlo… había dejado orgullo y dignidad para estar con él… pero lo que estaba viendo ahora era traición de la peor clase.

-. No quiero volver a verte

No le gritó ni se lo lanzó con histerismo. Lo miró detenidamente con los ojos  llorosos y le habló con seguridad. Totalmente convencido

 – Nunca más, Nazir

Lo había llamado por su nombre, despojándolo de su título de “amo y señor”.

Sergio arrojó las llaves del cuarto al suelo y se fue caminando de prisa. Con la frente en alto a pesar de que seguía llorando. Su vida cambiaba nuevamente.

CAPITULO 63.

Nazir pasó aquella noche dando vueltas en la cama sin lograr tranquilizarse lo suficiente como para cerrar los ojos y dormir… se levantó varias veces y caminó por las habitaciones a oscuras…  algo desconocido se anidaba en su pecho…  un sentimiento que era horrible y que no quería sentir.

Jamás antes había sentido que perdía algo que le importaba tanto.

Pasaba del enfado a la ansiedad… de la culpa al dolor…  

Sergio no podía dejarlo.

La idea de no volver a estar con él de la forma en que lo venía haciendo resultaba intolerable…  su relación tenía años de solidez… No era cierto lo que le había dicho… no podía serlo… ¿no volver a verse? ¿ni tocarse?…  Ja!! Imposible…

Si tan solo lo hubiera escuchado. Ese chico solo era una forma de desahogo, no significada nada… nada de nada…

Se repitió eso mil veces durante la noche para tranquilizarse y no salir corriendo a golpear la puerta de su casa.

Sergio se calmaría y entonces podrían conversar. Le explicaría… solo la verdad ¿lo entendería?… ¿Pensaría que era un monstruo por desear causar dolor?… pero no quería dañarlo a él… es decir… si quería pero no lo haría… demonios!!  Sergio sabía lo que él era, lo conoció en el club y allí solo iban personas que…

No. Mierda.

Sergio no sabía de lo que él era capaz… no conocía toda la densa oscuridad que anidaban en su interior… ¿cómo podría saberlo si no se lo había dicho? Si nunca le había mostrado su faceta más oscura de dominante.

Volvía a alterarse y a dar vueltas como poseído…  la sala apenas iluminada por las luces exteriores. Ni siquiera en los momentos más complicados de los negocio se había sentido tan intranquilo. Deseaba resolver todo y recuperar la paz que poseía cuando Sergio estaba con él… Así, distantes, no era él mismo… volvía a ser esa persona perdida, sin ancla.

En medio de su angustia paseó su mirada por las salas y pasillos, su hogar… hermosos cuadros en las paredes, muebles de diseñador y decorados de muy buen gusto en los amplios salones… gruesas alfombras,… fotos sobre los elegantes muebles en los que él, su mujer, los niños y abuelos se veían como una familia feliz…

Todo le resultaba ajeno… Tan distante como si él perteneciera a otro lugar y solo estuviera allí de paso… un extranjero en su propia casa… 

Fue como una luz brillante encendiéndose en su cerebro…  desde hacía tiempo que allí no estaba lo que verdaderamente lo hacía sentirse en casa…

Sergio era su hogar, su refugio, su todo…   

Entender sus sentimientos lo hizo asombrarse y sonreír

Amor???

Apretó los ojos con fuerza al sentir que la emoción lo llenaba por entero y no podía contenerla…

Era increíble…

Lo que le pasaba era extraordinario…

Necesitaba decírselo a Sergio…  era urgente que supiera lo que sentía

Nunca había estado enamorado antes…

Por Dios!!! Estaba enamorado…  Enamorado completamente de su adorable sumiso.

Dejó que las lágrimas corrieran calladas…  reía y lloraba al mismo tiempo sentado solo en la sala a oscuras…

Tenía 29 años, poder y prestigio, títulos universitarios, una familia, dirigía la empresa familiar… pero estaba enamorado por primera vez y reaccionaba como todo aquel que se descubre enamorado.

Asombrado… maravillado… extasiado…

¿Cuánto tiempo llevaba sintiendo esto?… Quizás había comenzado cuando vio a Sergio llorar en el closet… o cuando lo escuchó reír por primera vez… o tal vez el sentimiento había ido creciendo lentamente cada día… No era algo del momento. La seguridad que tenía de saberse enamorado era total.

Cuando la sorpresa de entender sus sentimientos se  apaciguó, Nazir se preguntó si  era correspondido.  Encontró la respuesta al recordar los dulces ojos castaños de Sergio cuando lo miraba lleno de esperanzas… ahora entendía lo que expresaban… Esperaba una confirmación de que él también sentía lo mismo…

Amor…. amor… Oh Dios!! Si.  Amor!!!

Cambiaría. Sería diferente por él. Aprendería a necesitarlo solo a él… Dejaría los castigos y torturas en el pasado. Nadie ni nada se comparaba con Sergio.

La ansiedad se lo comía vivo. Quería hablar con Sergio ya mismo pero eran las 5 de la madrugada.

Volvió al dormitorio que compartía con su mujer y la contempló dormir… No pudo. Era una traición volver a la cama con ella después de saber lo que sentía. Sin remordimiento ninguno se dirigió a una de las habitaciones de huéspedes y se tendió en la cama.

Le diría lo que sentía. Sergio lo amaba. Arreglarían todo. Quería ser sincero con él. Nunca más, nadie ni nada que se interpusiera entre ellos. Se durmió intranquilo pero esperanzado.

Despertó tarde y preocupado. el sol brillaba desde hacía horas. A nadie se le ocurrió buscarlo en el cuarto de visitas. Llegó a la oficina un poco después de las 11. En vez de subir al último piso detuvo el ascensor en el tercero y se encaminó directo hacia el lugar donde encontraría a Sergio. Estaba vacío.

-. ¿No vino a trabajar?- preguntó al jefe del área

-. Vino muy temprano, señor y me dejó su renuncia.

El hombre levantó una carta escrita con letra de Sergio.

Nazir ni siquiera se molestó en llegar hasta su oficina. Se dirigió a toda velocidad a casa de Sergio. Lo había llevado muchas veces pero jamás había  entrado a conocer a sus padres.  Golpeó la puerta muy ansioso. 

-. Buen día señora. ¿Está Sergio?

No tuvo que preguntar quién era. Sergio hablaba mucho de su madre y la mujer que se sostenía en muletas y lo miraba con curiosidad calzaba perfectamente con la descripción.

-. ¿Quién lo busca? – preguntó ella con firmeza y amabilidad. Tenía ojos dulces como su hijo.

-. Disculpe usted señora. Soy… su jefe

Fue raro describirse a sí mismo como su jefe. Era mucho más que eso. Quería serlo.

Los ojos se la mujer se iluminaron con amabilidad pero sus palabras fueron un golpe inesperado

-. Sergio se fue de viaje… sus vacaciones. No dijo dónde iba. – informó categórica.

No… no… no…  

Tenía que encontrarlo… Necesitaba decirle que lo amaba.

Abandonó la casa de Sergio con el ánimo por los suelos…

Se había ido… escapó lejos de él…

Pasó los dos día siguientes distraído, mal genio y ansioso.

Al tercer día apenas aguantaba la tensión. No sabía dónde  buscarlo y no daba señales de vida… ¿no lo echaba de menos como él?…

-. ¿Qué te pasa? – preguntó su padre por tercera vez desde que había comenzado la reunión esa mañana

Nazir le devolvió una mirada ausente, recién conectando con la realidad a su alrededor.

-. ¿Estás enfermo? – volvió a inquirir su padre

¿Enfermo?.. Si!!! Enfermo de angustia. Si no lo encuentro pronto voy a enloquecer… ¿dónde estás Sergio?…

-. Discúlpenme

Se puso de pie bruscamente y abandonó la sala de reuniones sin dar explicaciones, dejando a todos con las preguntas en la boca…

Se encerró en su oficina paseando como animal salvaje enjaulado.

-. Sergio… – llamó inútilmente

Nazir se sintió perdido. El cambio lo estaba matando… los días y  noches sin él eran un infierno. No quería nada más que encontrarlo y aclarar todo. Volver a tenerlo entre sus brazos.  Una sensación rara le subía por la garganta.  Quería gritarle al mundo que amaba a Sergio y lo necesitaba… que no podía seguir adelante sin él… que le dolía respirar si Sergio no estaba cerca para sentir su olor… que extrañaba su carita de niño dulce, su sonrisa tierna, los momentos d intimidad que compartían…  deseaba abrazarlo, tocarlo, verlo… amarlo en todos los sentidos posibles… el mundo no tenía sentido si no estaban juntos… Dios… lo amaba tanto… estaba sufriendo… Comenzó a respirar agitado y de pronto su rostro se contrajo y  no pudo aguantar más. En la soledad de su oficina se quebró completamente…

Ahí quedaba botado el gran empresario con todos sus títulos y dinero…

Era solo un hombre desesperado porque no tenía a su lado a la persona que amaba…

Sergio había huido de él. Se estaba tomando unos días… Tal vez los necesitaba para tranquilizarse después de los que había visto… Volvería en cualquier momento a su casa y entonces hablarían… De acuerdo. Le daría el tiempo que quería… Esperaría…

No. Maldición. No podía ni quería esperar…

No se quedaría sentado esperando a que volviera. Tenía los medios y los usaría.

En la estación de trenes averiguó el destino de los  trenes que habían salido temprano el día anterior. Avisó a su padre y a su tío que necesitaba ausentarse. No lo entendieron. Tenía muchos compromisos pendientes y no estaba enfermo ni tenía una emergencia familiar

-. ¿Qué sucede? – su tío había dirigido la empresa hasta hacía pocos años atrás y aún exigía explicaciones a Nazir.

-. Tengo que hacer algo importante y debo hacerlo en persona

-. ¿Qué puede ser tan importante para dejar todo de lado? ¿Te vas corriendo detrás de una falda?- el hombre estaba furioso y casi escandalizado

-. No. No me voy tras una falda – río Nazir.

No estaba mintiendo. Sergio no usaba faldas… Dios!! Con esas piernas hermosas que tenía tal vez debería…

SERGIO

Dejó la carta de renuncia en el escritorio de su jefe junto con un pedazo enorme de su corazón roto. No dio explicaciones cuando el hombre le preguntó. Se despidió educadamente y caminó hacia la estación de trenes.

Algunas personas lo miraron con lástima y ahí se dio cuenta que iba llorando pero nada le importaba.

Compró un pasaje, abordó el tren y esperó deseando que se pusiera en marcha lo antes posible. No quería estar en la misma ciudad que Nazir.  Respiró aliviado cuando comenzó a moverse. Cerró los ojos cansado. No quería amarlo. No. No era bueno para él. Nunca sería más que el amante escondido a quien Nazir podía engañar con un crío de 16 años… no le debía explicaciones… nunca se prometieron fidelidad…

Volvió a ver la imagen del chico amarrado y recibiendo azotes… Nazir con la mano en alto, listo para dejar caer el dolor sobre el chico…

Se llevó las manos a la cara para evitar gritar. No era estúpido. Había visto muchas cosas en su permanencia en el Club y ya sabía bien de que se trataba todo aquello. Entendía que el chico aquel posiblemente estaba feliz de recibir los azotes aunque fuera poco más que un niño…

Pero el hombre lleno de excitación y entusiasmo que sostenía el látigo era su Nazir…

El hombre que amaba estaba disfrutando intensamente lo que hacía… pudo verlo con claridad en los segundos que alcanzó a observarlo sin ser visto… No podía quitarse de la mente la imagen de Nazir  y como se complacía en levantar ese látigo y castigar…

Respiró profundo evitando pensar más en ello. Nazir se había cansado de él. Tenía otro. Bien. Muy bien.   Había decidido terminar todo e iba a cumplirlo. Alejarse por un tiempo le permitiría sufrir su ausencia sin tener que fingir delante de sus padres además de evitar la tentación de volver a ver a Nazir… Ay Dios!… No verlo iba a ser tan difícil…

Había partido sin un destino fijo… cualquier pueblo pequeño lejos de Nazir y del club estaba bien.

Se alojó en un hotel barato cerca del mar. Su nivel de energía era mínimo y lo gastaba todo en llorar y sufrir por lo que ya nunca podría ser… su sueños rotos… el amor que se sentía como una carga dolorosa en el medio del pecho.

Había aspirado a demasiado y se había dado de cara contra el piso.

Nazir podía tener a hombres mucho más hermosos e interesantes que él… si quisiera, podía tener un crío diferente para azotar cada noche de la semana…

El pensamiento le partía el corazón…  pero era real. Nazir, con su inteligencia, encanto y personalidad, resultaba atractivo para todo el mundo. Si le añadía el dinero que poseía… Quizás ya tenía un nuevo reemplazo en su cama…

Desperdició tres días pensando y llorando. Apenas se alimentó… solo pena y un agujero inmenso vacío en el centro de su pecho…   la falta de Nazir era como un malestar físico que le impedía funcionar.

El cuarto día se asomó lánguidamente a la ventana… tenía el mar solo a unos pasos y decidió que también podía llorar y sufrir al lado del mar o en la playa. Salió a caminar por la costanera, buscó dónde acomodarse y pasó a ser un espectador que contemplaba la vida de los demás… resultaba imposible no compararla con la vida que había soñado. Las parejas que caminaban de la mano  o abrazados lo hacían volver a llorar.

¿Qué hacía Nazir en las noches ahora que no se encontraba con él?… ¿buscaba un nuevo sumiso?… ¿o ya tenía otra pareja estable?… Quizás ese mismo chico se había vuelto su nuevo compañero. 

Los celos se mezclaban con la tristeza y la rabia.

Tenía que aprender a vivir sin él y era mejor que lo hiciera luego.

-. ¿Vale la pena?

Un desconocido,  joven y atractivo, se detuvo a su lado y le habló…

-. ¿Cómo dice? – casi agradeció la interrupción

-. Has estado llorando mucho rato. Espero que se merezca tus lágrimas – dijo el joven sentándose a su lado pero sin invadir su espacio personal.

 Guardó silencio un instante midiendo que tan terrible podía ser conversar con alguien extraño.

-. Lo valía… pero ya no

-. Bien. Entonces ya deja de llorar – el desconocido tenía una bonita sonrisa que removió un poco las barreras de Sergio – Me llamo Arturo

-. Sergio – respondió al saludo

-. ¿Qué haces aquí? – se interesó Arturo.

-. Vine de vacaciones

-. ¿Vacaciones? ¿A este lugar? – río Arturo

Sergio miró a su alrededor y entendió. No era un lugar turístico

-. Me bajé del tren porque estaba cerca del mar – confesó sin remordimientos.

-. ¿Escapando de quien te hace llorar tanto?

Debería haberle molestado la intromisión en su vida privada, pero llevaba muchos días solo y triste…

-. Algo así

-. Bien… ya que estas aquí será mejor que te enseñe donde esta lo bueno

Arturo era hijo de pescadores locales y conocía bien el pequeño pueblo y sus habitantes. Estaba feliz de haber visto a Sergio. No todos los días se encontraban chicos guapos y en el pueblo era bastante difícil encontrar compañía para alguien con sus gustos.  Lo llevó a mirar como volvía la lancha de su padre con la pesca del día. Después fueron a comer a un pequeño restaurant donde trataban a Arturo como si fuera de la familia y la comida estaba hecha en base a lo recién capturado… Los alimentos se deshacían en su boca y por unas cuantas horas Sergio se olvidó de su pena, comió con ganas y se entretuvo escuchando las historias de Arturo y sus parientes.  

Volvió al hotel sintiéndose diferente. Cruzaron juntos la puerta cuando ya era de noche.

-. ¿Te vengo a buscar mañana? – preguntó Arturo

Sergio iba a responder cuando una voz detrás de él se adelantó a contestar

-. No será necesario

Escuchar la voz gélida y posesiva de Nazir le produjo escalofríos. Se giró bruscamente para encontrarse de frente con él… Nazir

-. Qué haces aquí? – casi había perdido la capacidad de hablar

Arturo era un buen chico de pueblo. A pesar de conocer tan poco a Sergio pudo presentir que su nuevo amigo estaba asustado y su instinto le aconsejó protegerlo. Fue una muy mala idea. Puso ver como Nazir lo fulminaba con la mirada y su cuerpo se tensaba como un elástico. Era todo agresividad y celos

-. Vine a buscarte – respondió Nazir

Sergio negó con la cabeza… No. no debería estar aquí buscándolo. Todo había terminado entre ellos y no. NO. no quería verlo… no podía verlo porque comenzaba de inmediato a sentir esas terribles ganas de apretarse contra él y…

-. No tienes porque buscarme. Ya se terminó todo – ¿por qué su voz salía como murmullos estrangulados?… ¿por qué no era capaz de gritarle???

-. ¿Este es el culpable? – preguntó Arturo mirando a Sergio e indicando a Nazir

Respondió asintiendo con la cabeza

Nazir era una bomba de tiempo en ese momento. No le quedaba paciencia y apenas unas gotas de autocontrol. Ver a Sergio, SU Sergio, entrar al hotel acompañado de otro hombre y sonriendo era más de lo que podía tolerar.

-. Ven conmigo. Tenemos que hablar

A pesar del deseo loco de tomar a Sergio con posesividad como siempre lo había hecho, fue gentil al posar la mano en su antebrazo.

Sergio retrocedió ante el contacto. Chocó contra Arturo y este, por fuerza, tuvo que sujetarlo para que no cayera

Los límites de contención explotaron…

-. No lo toques

Amenazó Nazir hablando entre dientes… todo se le había vuelto negro y caliente… no podía soportar la mano de otro hombre sobre la piel de Sergio… Nazir sintió que podía matar a ese chico con sus manos… destrozarlo en pedazos y no le importaría…

Fue el tono de voz mezclado con la fiereza en la mirada y la agresividad en la actitud. Arturo pudo sentir que estaba pisando terreno muy peligroso. Se aseguró de que Sergio pudiera sostenerse de pie y quitó sus manos.

-. ¿Estás bien? – preguntó nervioso.

Era un simple chico de pueblo pero aun así podía reconocer que se encontraba frente a alguien que era mejor no desafiar.

-. Si

-. Te veo después

Aun dudaba en dejar a Sergio solo con ese hombre pero una nueva mirada a Nazir le confirmó que era mejor retirarse.

Quedaron solos en la recepción del Hotel. El recepcionista pretendía no escuchar y miraba un programa en un viejo televisor

-. Sergio…

Había cambiado de un momento a otro… su voz y actitud suplicaban ahora

-. No pierdas tu tiempo conmigo, Nazir. Vete a buscar a tu chico 

Dolía escuchar a Sergio llamarlo por su nombre…

-. No hay ningún chico

Se acercó a Sergio hasta casi rozarlo. Sus manos ardían por tocarlo… quería estrecharlo y perderse en el olor de su cuello, en su cálida piel, en él… Estaba haciendo un esfuerzo por contenerse.

-. Ah no??! y el que colgaba en nuestra habitación?

Sergio había ido subiendo el tono de voz.

-. ¿Podemos hablar en… otro lugar? – pidió  Nazir notando al recepcionista

-. No quiero hablar contigo

-. Por favor

En esas dos palabras Sergio escuchó dolor contenido… necesidad.  Sintió rabia. No era justo. Era él quien estaba dolido y triste… Nazir lo había engañado y no tenía porque estar aparentando tristeza ahora. Levantó la cara para buscarle los ojos y encararlo… iba a gritarle toda su furia, echarle en cara su traición y mandarlo al mismo infierno… pero se encontró con los ojos más tristes del mundo. Había una desesperanza tan claramente definida en los ojos de Nazir, algo que no había visto nunca antes y que le quitó de golpe toda la agresividad que pensaba echarle encima…  Sintió ganas de gritar de preocupación y preguntarle qué pasaba… por qué estaba así.

-. ¿Qué te pasa?

Fue tanta su sorpresa que dejó de lado todo lo demás…

Nazir tambaleo al escuchar preocupación en la voz de Sergio… preocupación por él… varias capas externas de protección cayeron al suelo revelando un poco más de su verdadera alma. Oh Dios… si no lo abrazaba pronto iba a morir.

-. ¿Podemos hablar en tu cuarto? – pidió hablando con mucha calma. Aun así, Sergio pudo escuchar el claro temblor en su voz.  Sin decir nada se dirigió a su cuarto. Nazir lo siguió.

 No había muebles excepto por una cama y una silla. Tampoco había demasiado espacio pero al menos había privacidad.

-. Tú dirás 

Sergio cruzó sus manos por delante del pecho y levantó la barbilla en una clara postura defensiva.  No esperaba lo que siguió a continuación. Los ojos de Nazir se nublaron. Se acercó despacio y, como si estuvieran en cámara lenta, fue envolviéndolo en un abrazo acompañado de un enorme suspiro tembloroso. Había hambre y necesidad en la actitud de Nazir.

-. No te alejes de mi, por favor

Lo estrechaba con tanta fuerza que Sergio apenas podía respirar. El aliento de Nazir en su cuello absorbiendo hasta la última gota de su olor… su mano se había enredado en su cabello y lo sujetaba contra su pecho… estaba nuevamente atrapado en el cuerpo y el calor del hombre que amaba… Si, maldición!!! lo amaba a pesar de todo… su mente le exigía alejarse de él ahora mismo pero su cuerpo tenía leyes propias… era demasiado bueno saber que había venido a buscarlo, sentir su exigencia y cariño. Pudo sentir la fuerte emoción  que experimentaba Nazir… Sergio no fue capaz de levantar sus manos y corresponder al abrazo pero se quedó quieto y cerró los ojos dejándose abrazar… consumido por la emoción y la lucha… ya no tenía ganas de gritar ni de ser violento… quería reclinarse sobre él… no sabía que pensar…

-. No puedo estar sin ti

Nazir tenía que contarle, decirle lo que había descubierto… solo se estaba tomando un momento para calmarse y complacerse en tenerlo entre sus brazos nuevamente. Los días que estuvieron separados habían sido un verdadero infierno y ahora todo volvía a adquirir sentido… amaba a Sergio, cada pedacito de su preciosa persona. No sabía cuando había comenzado a amarlo… pero el sentimiento por él lo abarcaba todo.

Era maravilloso volver a estar juntos. Nada más importaba.

-. Te vi con ese chico. No puedes decirme que no me aleje o que no puedes vivir sin mi… te vi con otro!!!

Sergio levantó sus brazos y puso sus manos abiertas sobre el pecho de Nazir para intentar separarse pero no hubo caso. Nazir no iba a soltarlo. Lo miraba embelesado, como si no lo hubiera visto mil veces antes.

-. Déjame que te explique. Tengo muchas cosas que decirte

Sergio se preguntó si debería escucharlo… la lógica y los sentimientos en conflicto… 

Nazir comenzó a hablar antes de que tuviera oportunidad de decidir si quería o no escucharlo.

-. Escúchame hasta que termine de hablar. Te juro que todo lo que voy a decirte es la verdad

Nazir estaba actuando extraño… las ganas de escucharlo se apoderaron de Sergio… de pronto quería saber, quería escuchar la mejor de las excusas del mundo para volver a creer…

-. Soy un dominante. Te lo dije pero nunca te lo he demostrado. Soy capaz de hacerle a otro hombre todo lo que has visto en el Club y mucho más aún…

-. Pero…

Nazir levantó su mano y puso un par de dedos sobre los labios de Sergio para callarlo. Cometió el error de mirar su boca… sus apetecibles labios llenos. Suspiró vencido. Tenía que besarlo antes de poder coordinar cualquier otro pensamiento

-. Tengo que besarte – anunció casi encima de su boca. Unió sus labios a los de Sergio y en un santiamén su lengua se abrió paso apoderándose de todo. 

Sergio era la viva imagen de la confusión… Antes de poder quejarse el beso había terminado y Nazir continuó hablando.

-. No creas por un minuto que no soy capaz de hacer lo peor que puedas imaginar. Te dije mil veces que me gusta dominar y controlar. Lo que no te dije es que me gusta causar dolor al hacerlo 

Lo mantenía abrazado. Su voz sonaba fría y oscura.

-. No lo hago contigo porque sé que te asusta. No quiero causarte daño. Nunca – lo apretó un poco más para poder seguir – Pero eso no significa que no quiera hacerlo. Me he contenido todo este tiempo. Es por eso que fui a buscar a ese chico. Necesitaba hacerlo… causar dolor a alguien que no fueras tú

Sergio se quedó sin aliento. Lo escuchaba y comprendía todo. He ahí la razón de porqueNazir estaba disfrutando tanto de golpear al chico…  Sergio necesitaba liberarse del abrazo para sacudirse el temblor de hielo que sentía en su espalda… puro miedo recorriéndolo. Empujó despacio esta vez y Nazir lo soltó.

-. No significa nada. Nadie es importante. Solo tú

-. ¿Lo buscaste porque necesitabas castigarlo?… ¿dañarlo?-  había entendido… solo quería confirmar

-. Si

-. ¿Castigaste a ese chico porque no podías hacerme eso a mí?

Nazir cerró los ojos en un gesto de frustración antes de responder afirmativamente.

Sergio se dejó caer en la cama.  Entender era terrible.

-. No puedo dañarte. Te amo

Nazir estaba de pie frente a él, con la mirada más implorante que hubiera visto en su vida… sus manos abiertas y los brazos estirados hacia él… no dudo de su sinceridad…

Sergio dejó de respirar…

-. ¿Qué… dijiste?

-. Te amo – volvió a repetir con firmeza y emoción

Sergio unió sus manos y las apretó contra su boca porque necesitaba algún tipo de contención… ¿Qué estaba pasando aquí?… ¿acaso Nazir estaba jugando con él?… ¿cómo podía decirle eso?… ¿lo amaba?.. Dios… lo amaba… estaba diciéndolo mirándolo a los ojos. Lo vio acercarse y acuclillarse frente a él afirmándose en sus muslos…

-. Te amo, Sergio. No se te ocurra volver a alejarte de mi. Es un infierno estar sin ti

El gemido era suyo… lo había hecho él con sus cuerdas vocales que no podía controlar… tampoco las lágrimas… Hasta cuando iba a llorar!!! Se tapó los ojos con las manos. Se desbordó en emociones cuando Nazir lo acercó a él…

-. Te amo, te amo, te amo…– suaves besos en su mejillas, cuello, ojos mojados… en su boca abierta

-. No puedes amarme… tienes mujer e hijos

Sin embargo lo estaba abrazando y devolviendo los besos y caricias

– Si puedo

Sonreía Nazir recuperando la paz de su alma. Tiró de las piernas de Sergio hasta que ambos quedaron arrodillados en el suelo…

-. No voy a ser tu amante escondido

-. De acuerdo

-. ¿De acuerdo? – repitió Sergio con los ojos muy abiertos y sorpresa en la voz

-. Si. De acuerdo. Nada escondido 

Le podía prometer el mundo en bandeja y estaba dispuesto a cumplirlo. No había nada más precioso y valioso que el hombre que tenía por delante. No volvería a arriesgar lo que estaba recuperando.

– Te compraré una casa… Viviremos juntos

-. Qué? 

Nazir había enloquecido… y él quería contagiarse de esa maravillosa locura…

-. Tuya.. mía… nuestra. Viviremos juntos

-. Necesitamos hablar – Dijo Sergio poniéndose serio pero subiendo sus manos para tocarle las mejillas

-. Te lo vengo diciendo hace rato pero no me escuchas 

Nazir no podía permanecer serio. Tenía ganas de reírse a gritos. ¿Cómo pudo estar tan ciego?… Sergio significaba todo… Se sentía invencible con él entre sus brazos, dueño del mundo, eufórico, caliente… excitado. Su mirada cambió volviéndose más profunda y salvaje… los besos suaves y alegres se volvieron duros y calientes… posesivos y dominantes. Sergio respondió con la misma intensidad… un largo gemido de placer escapó de su boca acabando con el control de Nazir.

-. Eres mío. Nadie volverá a ponerte un dedo encima

Peleaba con la ropa de Sergio para quitársela a la vez que Sergio desabrochaba sus botones y buscaba su piel

-. Nazir.. yo… necesito… – le habló entrecortado… pegado a su piel y lamiéndolo

-. Si

-. Si, qué? 

-. Si a todo lo que quieras – dijo Nazir seguro y sonriendo.

Al fin estaban desnudos. Lo empujo despacio sobre la cama y la visión de su cuerpo lo hizo sentir borracho de placer… agradecido… Dios!! cuanto lo había extrañado…

-. Vamos a hablar después?

-. Vamos a hacer todo lo que quieras… después de hacerte el amor 

Nunca habían hecho el amor. Ni siquiera habían utilizado esas palabras. Sexo habían tenido mil veces, como amo y sumiso, pero hacer el amor era toda una novedad.

Nazir lo fue besando desde los tobillos hacia arriba… mordiendo y chupando, sus manos sujetaban a Sergio con fuerza de las caderas impidiéndole moverse, dejando su miembro expuesto y necesitado de roce y atención…

-. Amo… amo – gemía y lloriqueaba  

La palabra “amo” le había salido del subconsciente. Para Nazir fue como echar combustible a la hoguera… era suyo, su sumiso, su amor, su todo.

– Te eché tanto de menos, mi precioso amor

Deseaba devorarlo por completo. Llegó hasta su pene. Lamió con suavidad al principio para luego chupar el glande por entero.

-. Amo, tu nunca… ahh…

Las manos de Sergio estaban enredadas en su pelo en forma posesiva. Se atrevía a tocarlo sin consultar por primera vez desde que se conocieran. Gemía y ronroneaba disfrutando de una nueva libertad.  Se estaba atreviendo a hacer cosas que antes, como sumiso, consideraba prohibidas. Algo había cambiado…

Fue extraño para Nazir sentir como Sergio no se quedaba quieto, sino que participaba activamente, besándolo, buscándolo,  lamiendo, sujetando su pelo para buscarle la boca, mordiéndolo de vuelta, manifestando abiertamente su deseo de tocarlo, haciéndolo sentir querido y deseado.

Era increíble ser tocado con cariño y anhelo…

Las pequeñas manos de Sergio enterrándose en sus glúteos eran algo nuevo y cautivante, Sergio moviéndose por su cuenta era sensual y adictivo…  

Tanto sexo a lo largo de su vida, tantos hombres pero tan pocas veces se había sentido querido como Sergio lo estaba haciendo sentir.

Nazir adoró cada uno de sus movimientos… No representaba una amenaza para su dominio y control; él era más fuerte y Sergio respondía a cada uno de sus gestos de dominio en forma instintiva… además, lo había vuelto a llamar “amo” en medio de la pasión.  Era suyo. Tan suyo como nadie antes lo había sido.

La seguridad de saberlo entregado envió ondas de puro deseo por su cuerpo. Quería más, Hoy quería absolutamente todo de Sergio. Este encuentro marcaba el inicio de grandes cambios. Lo giró despacio recostándolo sobre el estómago. Sus manos agarraron las caderas de Sergio y él las levantó sin necesidad de que se lo indicara. Sus labios besando sus nalgas, mordiendo tentativamente para luego enterrar los dientes con fuerza… mezcla de dolor y placer…

Sergio iba a gemir de gusto al sentir las caricias cuando vino el dolor de sentir los dientes en sus nalgas… la intensa sacudida de su pene confirmó lo que había sentido…Nazir hundía en su ano sus dedos lubricados dilatándolo. Sergio se había quedado pegado en el efecto que el dolor tuvo para él… le había gustado.

Hicieron el amor con pasión que afloraba descontrolada por primera vez entre ellos.Nazir lo penetró con estocadas profundas, poseyó su boca con besos ardientes y sostuvo su cuerpo como si fuera lo más valioso del mundo

-. Te amo… – repitió mil veces en su oído para deleite de Sergio que no se cansaba de escucharlo.

La pasión crecía descontrolada. Sergio lo apremiaba pidiendo más. Era inaudito…

-. No quiero dañarte – advirtió Nazir

Pero el cuerpo arqueado expresaba su necesidad.  Nazir se atrevió. Con toda la experiencia que tenía, supo que Sergio, a pesar de ser delicado y sensible, era capaz de aguantar mucho más… La revelación fue inflamatoria. Sus embestidas se volvieron más dura y su agarre más firme.

Los gemidos de Sergio crecieron de intensidad… sintió que Nazir lo poseía de manera diferente y tuvo miedo de dejarse ir frente a un hombre que sabía tanto…

-. Dámelo todo – exigió buscándole los ojos

-. Si, amo – jadeó rompiendo la contención. No necesitaba aprender a confiar en él…  

No habían experimentado este juego antes. Nazir había sido siempre cuidadoso con él. El juego aumento de intensidad. Sergio se corrió en medio de un trato brusco en su culo, ásperas caricias en su miembro y un agarre firme que lo mantenía apretado contra su amo.

Nazir descargó su semen en el caliente canal en medio de una euforia nueva. 

Sergio respondía al dolor.

Permanecieron abrazados en el pequeño cuarto con vista al mar…

-. ¿Qué quieres de mi? – preguntó Nazir acariciando su rostro y dispuesto a concederle el mundo

-. Quiero ser al único que necesites…

-. ¿Entiendes lo que eso significa?

Sergio inspiró y aclaró su mente antes de responder. Si. Entendía y aceptaba.

-. ¿Me vas a enseñar de a poco?

Nazir cerró los ojos y suspiró aliviado de escucharlo…  Sergio sería el único de ahora en adelante… nadie más podía dejarlo con el alma temblando y el corazón lleno de dicha… lo amaba por completo.

-. Te voy a enseñar con amor…

Un nuevo lazo los unía. Uno que venía a completar la dicha de Nazir y la entrega total de Sergio

-. ¿Es verdad de lo de la casa?

Nazir asintió sonriendo…

-. Pero… todos van a saber… tú familia…

-. Voy a dejar a mi mujer. Quiero vivir contigo

Se miraban a los ojos mientras hablaban… los rostros muy juntos y las manos dibujando delicadas caricias en el cuerpo del otro…

-. ¿Será nuestra casa? – preguntó Sergio cuando se repuso de la emoción

-. Si  

Por Dios!! No podía dejar de sonreír como un bobo mientras imaginaba lo que sería vivir juntos. La vida ordenada y segura que conocía hasta ahora se desmoronaba y él solo podía sonreír…

-. No quiero niños sumisos… ningún menor de edad será abusado en mi casa. Nunca

 Era una condición que no estaba dispuesto a negociar.

-. Estoy de acuerdo…

Se extravió contemplando los ojos de Sergio… brillaban más hermosos que nunca llenos de ilusiones y sueños que comenzaban a nacer

– ¿Qué más?

-. Amo. No quiero que me trates como a un esclavo. En nuestra casa tendremos los mismos derechos

Nazir levantó una ceja

-. Quiero decir  que dentro de nuestro dormitorio podrás hacer lo que quieras conmigo, seré tu sumiso y tú mi amo y señor…  pero el resto de la casa… quiero poder hacer lo que desee – explicó de prisa.

La idea de un hogar junto al hombre que amaba se había apoderado de sus sueños… sus sueños!!!! Se convertían en realidad y ya no eran sueños… se aferró con fuerza a Nazir temeroso de que algo saliera mal, experimentando demasiada felicidad

– Quiero poder cocinar para ti, arreglarla a mi gusto y todo eso. Nunca he tenido nada mío y tú me estas ofreciendo un hogar…  – terminó la frase en un murmullo sofocado.

Nazir lo escuchaba, también emocionado.

-. Te voy a dar un hogar, mi amor, y la libertad e independencia de ser y hacer lo que quieras no solo en nuestra casa sino en todas partes.  Fuera de nuestro dormitorio, eres dueño de ti mismo y siempre voy a estar de tu lado

Había visto como Sergio era capaz de amarlo. No se conformaría con menos ahora. Quería todo lo que ya había experimentado y lo que pudiera venir. Quería amarlo y permitirle desarrollar todo su potencial. No quería nada menos que lo máximo de ese hombre. Estaba loco por él.

-. Pero detrás de las puertas cerradas de nuestro cuarto, te quiero a mis pies- no estaba bromeando

-. Si.. si, amo

Mas besos y caricias… lentas, pausadas… soñadoras

-. ¿Me vas a apoyar cuando tu familia se nos venga encima? – preguntó Sergio imaginando lo que sucedería cuando volvieran

-. Si. Siempre te apoyaré

-. ¿Siempre?

-. Siempre.- prometió dispuesto a cumplirlo

El pequeño cuarto de hotel fue testigo de cómo Nazir y Sergio se comprometieron con una sonrisa en la cara y completo regocijo en el alma. Nada los separaría nunca más. Sergio estaba aceptando ser su compañero y sumiso pero Nazir estaba entregándole toda su alma.

Su mujer no fue un gran problema. Quizás, si se hubiera tomado tiempo de pensarlo, se habría dado cuenta que para ella también era bueno terminar con un matrimonio que no la mantenía feliz. Acordaron amigablemente los términos de visitas de los niños. Nazir se mostró generoso con ella y sus hijos.

Su padre y su tío fueron un poco más complicados

. Sí. Es un hombre y lo amo

-. Te volviste loco!! Es una vergüenza para la familia!! 

En especial su tío

-. Bien, tenemos dos opciones: o me dejan seguir en paz o se buscan un nuevo gerente 

Estaba dispuesto a dejar la empresa familiar. Con sus conocimientos podría encontrar trabajo fácilmente.

-. Hijo, estas arriesgando tu futuro

-. No. Mi futuro está en riesgo si Sergio no está conmigo. Entiéndalo de una vez. No voy a separarme de él

Las “negociaciones” se extendieron más de un mes. Finalmente, ambos hombres se dieron cuenta que no había quien reemplazara a Nazir; Adamir era un adolescente que no demostraba ningún interés en el negocio familiar y su otro hijo no estaba preparado. Ellos eran mayores. Traer una persona de afuera resultaba absurdo cuando tenían dentro a alguien tan adecuado para el puesto.

La casa nueva… Sergio no tenía palabras para describirla.  Cuando Nazir habló de comprar una casa imaginó algo en uno de los barrios residenciales, quizás cerca de sus padres…

-. Nuestra casa… – dijo Nazir al entregarle las llaves y un documento a su nombre. Sergio lo leyó varias veces antes de convencerse.

Estaba ubicada sobre una de las colinas de la ciudad. Abarcaba una enorme extensión de terreno convertido en preciosos jardines y tenían tantos salones y dormitorios que le llevaría varios días aprendérselo todo. Había costado un montón de dinero. Quizás debería sentirse un poco culpable…

Mentira.

Todo lo que sentía era que tenía el cielo a sus pies y era el hombre más afortunado del mundo.  Nazir le abrió una cuenta bancaria con una cantidad de dinero casi increíble

-. No tienes que responderme por lo que hagas con el dinero

Sergio aprendió a ser libre e independiente fuera de su dormitorio. Nazir no administraba ni su tiempo ni lo que hacía. Al contrario, le gustaba que Sergio le contara sobre  las clases nuevas en las que se había inscrito y lo que estaba aprendiendo, como había discutido con el vendedor del auto que quería estafarlo y del tiempo que se había tomado en elegir el color exacto que deseaba para la pared de la sala…

Era dueño y señor de todo, excepto de lo que sucedía tras la puerta del dormitorio…

Era un dormitorio inmenso dividido en dos salas. En una estaba la cama que compartían, unos cuantos muebles, sus ropas y objetos personales. Todo elegido personalmente por Nazir.

La otra sala era la que usaban para jugar y estaba acondicionada de manera parecida a la sala en que se habían encontrado mil veces en el club.

Cada vez que Sergio y Nazir cruzaban la puerta del dormitorio ocurría un cambio importante. El chico seguro y decidido quedaba atrás y en su reemplazo, estaba Sergio desnudo, sumiso y en posición de espera. No tenía derecho a mover un músculo si su amo no lo autorizaba. 

La primera vez que Nazir tomó un látigo y lo usó con él, Sergio sintió que iba a morir del dolor… sentía su piel suave reventar bajo las cintas de cuero

-. Entrégame tu dolor, mi amor

Y Sergio dejó de combatir… aceptó el dolor como parte de la expresión de amor deNazir. 

Los primeros meses fueron muy duros pero nunca se quejó abiertamente ni le negó su cuerpo… ni siquiera cuando Nazir experimentó con él usando dildos y otros juguetes que parecían aterradores… Le permitía gritar, llorar y asustarse. Lo consolaba con cariño y paciencia. Sergio aprendía de prisa. Había decidido que él sería la única persona que Nazir necesitara y se sometió a todo cuanto él quiso hacerle.

Un día cualquiera comenzó a responder al dolor… el látigo sobre su piel ya no molía su carne sino que la acariciaba en forma violenta… era una brutal demostración de amor… las cuerdas y cadenas ya no lo herían sino que lo mantenían en posición para que su amo disfrutara de él… el placer llegó agresivo e implacable…los gritos de dolor se transformaron en gemidos de placer que lo dejaban agitado por días…

Fue un cambio importante…

El miedo de los primeros meses se tornó en alas de libertad…  aprendió a amar a Naziren todas sus  formas. Se sentía el ser más dichoso del mundo. Su timidez se transformó en confianza y aplomo. Era único para Nazir, sentía como su amor crecía cada día y estaba en la cúspide de la felicidad.

Nazir se volvió aún más loco por Sergio… parecía venerarlo… adoraba cada pequeña partícula de su cuerpo sometido y su mente libre

Tenían una unión férrea y obstinada. Nada traspasaba los muros de la solidez de su amor y la seguridad de su hogar.

A ese hogar llegó Adamir con Max.

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