M&M 22

CAPITULO 64

Cuando el guardia intruso del corredor fue sacado de la casa, el lugar volvió a quedar en silencio.

Sergio abrió la puerta lentamente, inseguro respecto de qué iba a encontrar dentro del cuarto. El hombre extraño y armado había llegado con Adamir,  pero…  ¿a quién custodiaba en su propia casa?… Terminó de abrir la puerta. El cuarto estaba iluminado por el sol que entraba a raudales a través de la ventana abierta. Barrió rápidamente el cuarto con la vista. Sus ojos se detuvieron de inmediato en el chico sentado en uno de sus sillones antiguos de brocato que lo miraba con la misma cara de sorprendido que él tenía… ladeo la cabeza, intrigado… asombrado… Dios!! era hermoso… pensó que el chico parecía pertenecer al decorado de su habitación… era como uno de esos personajes de las novelas antiguas… bello, renacentista… irreal.

Se miraron en silencio durante varios segundos…

-. Hola…

Sergio rompió el silencio y avanzó dentro del cuarto. Pudo sentir como el chico se tensaba al ver que se aproximaba

– Soy Sergio… ¿Quién eres tú?

El chico estaba asustado… ¿Quién era?, ¿qué hacía solo en un cuarto de su casa, vigilado por un guardia armado? 

A Sergio no le gustó sentir como su presencia lo asustaba así es que se detuvo a una distancia prudente. Vio los ojos de Max deslizarse rápidos hacia la puerta que él mismo había dejado abierta tras él. Ese simple gesto, sumado a la vestimenta blanca y actitud temerosa de Max, fueron suficientes para que Sergio entendiera de golpe frente a quien se encontraba…

Su corazón se aceleró, su boca se abrió sin permiso y su mirada se volvió intensa y a la vez compasiva…

Por Dios!! Era uno de los chicos de su cuñado… uno de esos niños esclavos de la isla!!! 

Tragó saliva, momentáneamente sin habla…

Por eso el guardia en la puerta…

Tenía un chico esclavo en la casa!!!   En su propia casa!!!

Solo habían bastado segundos para que Sergio entendiera…

-. No tengas miedo… – las palabras le nacieron del corazón

La mirada de Max se endureció y lo miró con incredulidad. Era un animal acorralado, asustado y listo para echar a correr.

Sergio sintió una profunda compasión al verle el miedo pintado en la cara… que chico tan lindo… claro!!… Adamir los elegía para venderlos… tenían que ser hermosos… Ay Dios!!Por qué había traído la perversión hasta su casa??!! ¿Por qué Nazir le había permitido hacerlo?

No le cupo duda de lo que tenía que hacer.  Su naturaleza de buena persona no le dejaba otro camino. Se aproximó muy despacio y comenzó a sonreír amistosamente intentando infundirle tranquilidad y confianza…

-. Me llamo Sergio… estas en mi casa…

Justo en el momento en que Sergio iba a sentarse al lado de Max, vio al chico levantarse y correr hasta la puerta con una rapidez asombrosa

-. No! Espera!!!…

Pero ya era tarde. Max había desaparecido del cuarto y solo escuchaba sus pasos alocados descendiendo rápidamente por la escalera.  Sergio salió tras él.

-. Detente!. No voy a dañarte!!

Sergio corrió de prisa pero no alcazaba a verlo, solo escuchaba la loca carrera. 

Max desaparecía por los corredores y salones buscando desesperadamente una salida. Se le iba el alma en ello. Abría puertas y cruzaba salones, atropellaba muebles preciosos y delicadas piezas de adorno crujían al partirse en el suelo.  Avanzaba a ciegas por los pasillos.   Finalmente, encontró una sala cuyos grandes ventanales estaban abiertos hacia el jardín. Ni siquiera lo pensó. Atravesó el umbral y se encontró en el jardín, al aire libre. Se detuvo un segundo buscando la salida… miró de prisa hacia todos lado, el jardín era muy grande… no sabía qué dirección tomar hacia la calle. Los gritos detrás de él lo obligaron a decidirse.  No se quedó a esperar. Echó a correr hacia cualquier parte… ya encontraría un lugar por donde escapar…

Sergio alcanzó a verlo moverse erráticamente por su jardín… parecía un alma en pena intentando escapar del infierno. Un chico tan joven y bonito preso del miedo más puro… Se sintió atacado por un súbito golpe de  tristeza que le arrebató la energía.  Llegó caminando hasta las puertas por donde Max saliera al jardín y se quedó mirando y esperando… 

No había forma de salir o entrar a su casa sin que los guardias, el sistema de vigilancia o las fuertes rejas de protección lo permitieran. 

Su casa estaba protegida de manera increíble.

Todo había sido culpa de la familia de Nazir; sus padres y sus tíos habían intentado atacarlo en varias oportunidades. En vista de ello,  Nazir había ordenado la instalación de los mejores sistemas de seguridad, contrató personal altamente entrenado y había dado un ultimátum a su familia que había cesado con las hostilidades hacía ya un par de años. La paz se mantenía en forma precaria, nadie aceptaba o reconocía a Sergio como su pareja aunque llevaran tanto tiempo juntos.

La protección continuaba por si acaso.

Inquieto y preocupado por el chico, se sentó en la terraza a esperar…

-. Señor

Un par de guardias aparecieron a su lado

-. No lo vayan a dañar – advirtió Sergio con voz firme – Tráiganmelo. Es mi invitado

Los hombres movieron la cabeza en señal de entendimiento y desaparecieron entre las plantas, tan sigilosamente como habían llegado. Todos ellos tenían como primera prioridad obedecer las órdenes de Sergio, aún por sobre las de Nazir.

Diez minutos después, Sergio lo escuchó antes de verlo.

-. Suéltenme gorilas… no tienen derecho… soy una persona libre!!.. suéltenme!!!

Dos hombres grandes sostenían los brazos de Max  quien pateaba, gritaba y se retorcía intentando liberarse.

De pronto estaba de vuelta en la terraza frente a Sergio.

-. Suéltenlo – ordenó él, suavemente, sin moverse de su asiento y mirando a Max con compasión. Quiso recibirlo con una sonrisa pero estaba abrumado por la pena

Los hombres dudaron un segundo pero lo soltaron.

Max respiraba agitado

-. No puedes escapar. No hay por dónde- dijo Sergio hablando tranquilo y encogiendo los hombros, dándole a entender a Max que eso era una realidad inalterable.

-. Que es este lugar??!! Otra prisión de Adamir??!!

Las palabras de Max y el modo de expresarlas, con odio y miedo al mismo tiempo, calaron hondo en Sergio…  no podía creer que tenía frente a él a uno de los chicos de su cuñado…  alguien a quien habían robado de su familia y planeaban vender como animal de feria… un chico tan joven… sabía algo de lo que sucedía en la isla… Nazir participaba de ello de alguna manera y protegía a Adamir aunque nunca lo habían discutido.   El lo desaprobaba desde lo más profundo de su corazón pero nunca había tenido que expresar su opinión ni ser parte de ello…  las actividades de su cuñado  pertenecían a otro mundo… uno que no tenía nada que ver con su realidad… así es que… ¿Qué demonios hacía este chico aquí?.. ¿Cómo iba a calmar su miedo?… qué dolor sintió al mirarlo.

-. Es mi casa. No es una prisión ni le pertenece a Adamir

Pudo ver como la incredulidad aparecía en el rostro del chico.

Eso es mentira pensó Max frustrado y desafiante, en un taimado silencio. “Este lugar le pertenece al hermano de Adamir”  Lo había escuchado mientras venían en el auto. Era la casa del hermano. No sabía quién era el joven que estaba frente a él pero estaba mintiéndole. Tampoco le importaba mucho. Solo quería escapar.

-. Se llama Nazir. Es mi esposo– la voz de Sergio seguía sin alterarse – y esta si es mi casa –

Esas cortas frases dejaron a Max con la boca abierta y la mirada fija en Sergio… viéndolo con un nuevo interés

-. Ven – Sergio indicó un sillón a su lado- siéntate conmigo

Max no salía de su asombro. No fue capaz de mover ni un solo músculo… un poco, producto del impacto de saber quien decía que era y, por otro lado, su natural rebeldía le impedía ceder de buenas a primeras…

-. No voy a hacerte daño. Lo prometo– dijo Sergio dirigiéndole una mirada amistosa acompañada, finalmente, de una sonrisa

Ni que pudieras dañarme”… pensó Max mirándolo de diferente manera y viéndolo en verdad por primera vez… ese hombre joven y amable decía que era… El esposo deNazir?? Ahora si estaba intrigado. ¿Qué clase de familia era la de Adamir?… ¿todos locos de remate??? Primero se enteraba de la existencia de un hermano, padres, familia,,, y ahora ese hermano tenía un esposo…  No salía de su asombro.

-. Debes tener hambre… o sed… ¿quieres algo?- ofreció Sergio amablemente, siguiendo en su intento de calmarlo.

La mención de comida y bebidas hicieron que la boca de Max se relamiera inconscientemente…  no cambiaba su posición desafiante, a pesar de saberse completamente perdido…  Estaba desconcertado…  esperando a saber más para decidir qué hacer…

Observó como Sergio se giraba hacia uno de los hombres y ordena con la misma tranquilidad en su voz

-. Llame a Simón, por favor

-. Si, señor

El hombre obedeció de inmediato y eso casi hizo reír a Max. Su curiosidad aumentaba por segundos… ¿Cómo era que ese joven delgado y de aspecto tan suave e inocente era obedecido así?… La situación le pareció divertida y Max se planteó si tal vez era verdad que estaba frente al “esposo” de Nazir y esta si era su casa.  Lo seguía mirando con incredulidad y ahora, con un leve gesto divertido

No se dio cuenta del momento en que abandonó su posición rígida y sus músculos se relajaron.

-. Vamos. Siéntate conmigo – insistió Sergio. El si se había dado cuenta del cambio en la postura del chico.

Max avanzó despacio, desconfiado,  y mirando a todos lados, esperando y preparado para cualquier cosa.

Sergio sonrió para adentro.  El chico era extremadamente desconfiado… No  quiso pensar de donde le nacía esa desconfianza… un chico secuestrado, domesticado y quien sabe que más. Dios!!! Mejor ni lo pensaba.

-. ¿Cómo te llamas?

La pregunta devolvió a Max a la realidad

-. Max – respondió luego de pensarlo varios segundos

-. Soy Sergio. Ya te lo había dicho– le dedicó otra sonrisa -. ¿Qué haces en mi casa?

No había ni un tinte de reproche en la pregunta de Sergio sino, más bien, pura curiosidad.

Max se demoró un momento pensando… analizando…

-. Adamir… el amo me trajo – se corrigió a sí mismo. No podía llamarlo por su nombre… no debía – fue por lo de Santiago… el amo Santiago- volvió a corregirse

Sergio observó con atención la contención con que Max hablaba, como se corregía y su nerviosismo… ¿Qué le habían hecho?… No le gustó  imaginar lo que podría haberle pasado a Max. Recordó lo que era sentir temor de otra persona. No era bueno… no le gustaba que nadie se sintiera así… menos bajo su techo… su casa, su refugio.

La aparición de Simón, el mayordomo, evitó que su molestia siguiera aumentando. Luego de ordenar bebidas y alimentos, volvió su atención a Max. Estaba tan intrigado como lo estaba Max. Quería saber sobre él, pero le pareció inoportuno comenzar a preguntarle tan directamente. Eligió otro tema para iniciar una conversación.

-. ¿Qué le pasó a Santiago? 

Sergio lo había visto un par de veces hacía años atrás con Adamir y sabía quién era.

Max dudaba antes de hablar… no tenía claro frente a quien estaba ni hasta donde podía llegar

-. Vamos… puedes decirme lo que sea– lo animó Sergio

-. Cayó al mar…

-. Cielos!! ¿Cómo cayó?

La sorpresa y alarma que Sergio demostró le dieron algo de confianza a Max.  Sergio no parecía una mala persona.

Comenzó a contar pausadamente lo que había visto el día en que Santiago había decidido terminar con su vida y como, finalmente, lo habían rescatado de la cueva subterránea

-. Eso fue un milagro

El mayordomo apareció en ese momento con una bandeja de bebidas y bocadillos. Los dejó en una mesa frente a ellos.

-. Gracias Simón

Sergio sirvió jugo en los altos vasos y extendió uno hacia Max quien dudó en tomarlo… 

-. Es jugo de frutillas. Está muy bueno

Sergio levanto el otro vaso y bebió unos cuantos tragos para demostrarle que no era nada envenenado ni malo…

Max entendió.  Tomó el vaso y bebió despacio…  Vaya!! Tenía un sabor delicioso que hizo que los gestos de su rostro se dulcificaran…

Sergio lo miró complacido… Sin mediar palabras, hizo lo mismo con uno de los bocadillos; lo mordisqueó y tragó, alentando a Max a tomar uno y hacer lo mismo.

Los bocadillos en la bandeja parecían muy ricos y Max estaba hambriento… Se movió con cuidado y se atrevió a tomar uno… mordió apenas para probarlo y descubrir que no se había equivocado…  tenían un sabor excelente.

De pronto, estaban los dos masticando sus bocadillos y bebiendo jugo mientras se estudiaban con calma…  Max se fue relajando a medida que su estómago se llenaba…

Sergio, aplicando su sabiduría, decidió que no era aún el momento de hacer más preguntas. Se echó hacia atrás en su asiento y se limitó a seguir mordiendo y tragando mientras compartían miradas que ya no eran hostiles… 

Max había dejado atrás los hombros tensos y se acomodaba también, abandonando la actitud desafiante de querer salir huyendo…  Sergio era una persona diferente… se veía amable…

-. ¿Quieres otro? – preguntó Sergio al ver que Max acababa el suyo

Su estomago opinaba que si… quería otro bocadillo. Max miró hacia todos lados antes de tomar un nuevo bocadillo de la bandeja…  era tan difícil confiar en alguien

Sergio nunca comía a deshora. Era muy estricto con su alimentación pero había hecho ahora una excepción porque supo que eso le ayudaría a lograr acercarse a Max.

-. Espero que Santiago pueda mejorar – dijo Sergio mirando hacia el jardín

-. Yo también – respondió Max hablando calmado por primera vez frente a Sergio – Es el único amo que es bueno…

Fue el turno de Sergio de tensarse al escucharlo hablar de lo que sucedía en la isla. La recordaba como un lugar muy bonito y tranquilo. Había estado allá un par de veces conNazir, pero sus visitas se limitaban a ciertas áreas de la isla y a pasarlo bien en compañía de su pareja. No era ciego ni estúpido. Sabía más o menos de que se trataba el negocio de Adamir aunque hubiera preferido no enterarse nunca.

-. ¿Sabes cocinar?- preguntó Sergio bruscamente

La pregunta, tan fuera de lugar, hizo que Max lo mirara sospechosamente y negara, moviendo lentamente la cabeza

-. Es que quiero preparar la cena… ¿quieres acompañarme?

Sergio se puso de pie y Max lo siguió sintiendo que podía ser algo interesante. Ya se había dado cuenta de la imposibilidad momentánea de escapar rápido de este maldito lugar… por ahora no tenía nada más que hacer

Se internaron en la casa y cruzaron habitaciones hasta llegar a una cocina grande y luminosa en la que trabajaban dos personas.

-. Quiero preparar algo especial hoy. ¿Acaso sabes cuál es el plato favorito deAdamir?

Sergio estaba entusiasmado

Max negó nuevamente moviendo la cabeza. No tenía ni la más mínima idea de qué diablos podría gustarle a Adamir y si lo supiera, no se lo diría tampoco.

Los siguientes minutos fueron una extraña pausa entre ellos dos.

Sergio sacó verduras del refrigerador y las puso sobre el mesón para comenzar a pelarlas.  Seguía parloteando sobre lo que iba a cocinar y cómo se preparaba el plato. Su voz era  alegre y hacía que la conversación pareciera interesante…

Max solo escuchaba y miraba con curiosidad. 

Cuando Sergio terminó de quitarles la cáscara a las verduras, las lavó bajo el chorro de agua fría y comenzó a trozarlas…

-. Vamos… ayúdame – pidió alegre, como si estuviera invitándolo a hacer algo divertido. Puso unas cuantas verduras frente a Max y un cuchillo pequeño…

Un cuchillo… Pequeño

-. Debes cortarlas así…

Sergio rebanaba en forma oblicua y cuidadosa, dejando todos los trozos del mismo porte…

Max tomó el cuchillo y miró a Sergio…  se fijó en la mirada tranquila y la sonrisa confiada…

Despacio apretó el cuchillo entre sus dedos…

Un cuchillo…

-. Te va a gustar este plato… vamos a agregarle carne de ternera y especias…

Los segundos pasaban y Sergio estaba inquieto esperando a que Max se decidiera pero sin demostrarle su preocupación…

Entonces Max se movió.

Con la otra mano, Max tomó las verduras y las sostuvo para poder cortarlas… pasó el cuchillo lentamente sobre las verduras, rebanándolos en trozos parecidos.

Sergio suspiró aliviado y agachó la cabeza para que Max no viera su alivio. Había corrido un gran riesgo porque no había ningún guardia en su cocina… pero parecía que todo estaba resultando bien… No sabía explicar porqué pero algo en su interior le decía que podía confiar en Max… que el chico necesitaba compañía y alguien con quien hablar, que estaba demasiado asustado y nervioso.

Media hora después, la cocina estaba invadida por un delicioso olor al guiso que hervía lentamente sobre el fuego y que ambos contemplaban como si fuese lo único interesante de este mundo…

Sergio sonreía internamente.

Max se había mostrado interesado participando de buena gana en la preparación.

-. Cocinar puede ser divertido…

-. Nunca había cocinado…

Sergio pensó en preguntarle por su familia,  su mama, ¿acaso no cocinaba ella? pero nuevamente se contuvo. Su curiosidad era inmensa pero quería conocer un poco mejor a Max antes de formular preguntas delicadas que podían ser dolorosas para el chico.

-. Vaya!! Te ensuciaste la ropa

Sergio tenía larga experiencia en la cocina pero para Max era la primera vez así es que, obviamente, su ropa blanca estaba llena de manchas…

Se miró y su reacción fue de preocupación… seguro que a Adamir no iba a gustarle nada que se hubiera ensuciado

-. Bah! no es problema. Sígueme

Fue tras Sergio, nuevamente por los pasillos.

-. Espérame aquí

Le indicó la puerta de un dormitorio. Max entró. Era tan bonito y arreglado como el anterior. Sergio desapareció en el cuarto vecino para volver unos minutos después

-. Toma. Puedes elegir lo que quieras

Sergio dejó un atado de ropa sobre la cama.

Max la miró como si fuera algo peligroso.

Sergio lo alentaba con la mirada y los gestos a que eligiera algo

-. No… es que no.. el amo Adamir… no…

Algo rebasó el límite de lo aceptable en Sergio…

-. Escucha Max, estas en mi casa y mientras estés aquí nada malo va a pasarte

Max escuchó atentamente… muy atentamente… de pronto se decidió a hablar

-. ¿En verdad es tu casa? En el auto, Nazir dijo que era su casa

Un suspiro de puro alivio escapó de Sergio… por fin Max decidía dejar caer una barrera y comenzar a ser real

-. Vivimos los dos aquí, pero la casa está a mi nombre. Él me la regaló y legalmente es mi propiedad

-. ¿Te la regaló? – los ojos de Max se abrieron grandes

-. Si. Es una historia larga, pero él es muy generoso conmigo – Sergio respondió sonriente

-. ¿En verdad es tu esposo? Es que… los dos son hombres…

La sonrisa de Sergio se ensanchó

-. Parece raro, ¿verdad? Pero los hombres también nos enamoramos de otros hombres… No. no estamos legalmente casados pero nos unen lazos más fuertes que un matrimonio

Sin darse cuenta, ambos se habían sentado sobre la cama y hablaban con tranquilidad.

Max era, en general, una persona que hablaba poco, pero la curiosidad sobre lo que sucedía en esta casa lo superaba y la actitud abierta y amistosa de Sergio lo invitaba a preguntar

Max retrocedió en su memoria hasta encontrar un recuerdo de su vida anterior.

-. Donde yo vivía antes, había un chico al que le gustaban los hombres…

“¿Dónde era eso?”.. ¿hay una familia que te espera, Max?”… Sergio contuvo sus preguntas

-. Ya ves… no es tan extraño

-. ¿Cuánto tiempo hace que estas con Nazir?

-. Son muchos años ya… alrededor de quince

Max no terminaba de sorprenderse… quince años juntos era mucho tiempo…

-. ¿Qué edad tienes, Max?-

-. Catorce

Sergio asintió callado pero sintió un aguijonazo en el pecho… catorce años… por Dios!!… tan chico…

-. Y hace… ¿Cuánto tiempos hace que estas con Adamir?

El cuerpo de Max se tensó al recordar…

-. Demasiado…

-. Ya…

-. Tu… ¿tú sabes lo que pasa allá en la isla?

Max vio como Sergio asentía lentamente con la cabeza pero con el rostro lleno de dolor…  comprendió que Sergio se daba cuenta y, por su expresión, no le gustaba

Lo que siguió fue un largo silencio…

-. Él cree que somos esclavos… nos trata como si no fuéramos personas…

“No” pensó Sergio… no quiero saber… era su cuñado pero no deseaba aprender a odiarlo…  Quería ayudar a Max, hacer lo posible para quitarle el miedo y que se sintiera tranquilo mientras estuviera en su casa, pero era incapaz de inmiscuirse demasiado en el tema porque le ocasionaría serios y graves conflictos con Nazir… problemas que quizás se volverían irreparables. Por su propia salud mental, Sergio no quería saber.

-. Max, yo sé muy poco de lo que sucede allá pero puedo asegurarte que mientras estés en MI casa, no vas a ser tratado como esclavo

Había enfatizado que era SU casa…

-. Es que tú no entiendes lo que sucede…

-. Lo entiendo muy bien. Nazir es mi amo

La declaración de Sergio hizo que Max reaccionara de un salto, alejándose

-. ¿Es tu Amo?

-. Pero no es como lo que tú has visto… Nazir es mi amo y yo estoy con él porque quiero. Nos amamos

Otro largo momento de silencio mientras Max procesaba las palabras de Sergio… costaba entender lo que le estaba diciendo

-. Y él.. Nazir..  ¿cómo es contigo?

Supo la respuesta antes de que Sergio hablara. La enorme sonrisa y el brillo en los ojos antes de responder le dijeron que Sergio era feliz

-. Es el mejor del mundo – respondió satisfecho

Max intentaba procesar lo que escuchaba… ¿Sergio era esclavo por gusto propio?… todo era nuevo y diferente… estaba almacenando la información en su mente… necesitaba pensar…

-. Te repito, nada va a pasarte mientras estés en mi casa y conmigo – afirmaba Sergio

-. Pero Adamir… el amo… puede ser muy…

-. En esta casa solo hay un amo, Max y no es Adamir

Súbitamente, Sergio se puso de pie y escarbó entre la pila de ropa, moviéndola y eligiendo

-. Mira, esto es bonito… Tú  eres más alto que yo pero me parece que te quedará bien… –

Extendió hacia Max un par de jeans relucientes y una sonrisa luminosa que lo alentaba a recibir la prenda de ropa

Se miraron directo a los ojos…

Max buscaba seguridad en los ojos de Sergio… quería creer desesperadamente en lo que le estaba diciendo…  un aliado… alguien que lo entendiera…  y en el fondo de los ojos castaños de Sergio encontró esa seguridad…  pudo ver la absoluta certeza de que todo lo que le estaba diciendo era verdad. Sintió una súbita sensación de alivio… ¿Era cierto lo que estaba pasando?… Max relajó sus hombros y suspiró con un indicio de descanso…  Estiró las manos y recibió los jeans…  Era algo casi simbólico… El y Sergio se estaban comunicando de una manera que era mucho más intensa que las ropas frente a ellos… y se estaban entendiendo.

Max asintió moviendo la cabeza… no solo estaba recibiendo la ropa… asentía por mucho más que eso…

Sergio entendió… ninguno de los dos dijo nada…

Max se quitó con rapidez la ropa blanca. Los jeans le asentaban de maravilla, resaltando su figura…

Vaya! Qué bien se sentía usar ropa de calidad!!!

-. Pruébate esto

Sergio le pasaba una camisa muy bonita…

Max la recibió… sonrió… Sergio respondió la sonrisa…

“Qué diablos!!! Al demonio con todo” pensó Max “si dice que estoy seguro en su casa puede que sea verdad y si no lo es, al menos disfrutaré de una rato de diversión”

-. Voy a arreglarte bien – dijo Sergio como si estuvieran sellando un pacto de amistad.

Capítulo 65

ADAMIR

-. Es un verdadero milagro que este hombre siga con vida 

– Eso ya lo sé! – respondió Adamir a gritos con la petulancia que desde hacía  horas lo estaba caracterizando. Lo enojaba que nadie fuera capaz de responder sus preguntas en ese hospital que se decía tan bueno y exclusivo. Estaba más que molesto porque lo ignoraban y trataban como a un ciudadano cualquiera.

-. Vamos a operar dentro de unos minutos. El estado  del paciente es crítico

Pero eso también lo sé!!!… llevan horas con el allí adentro.. es que no saben nada nuevo?

-. ¿Cuándo podrá decirme algo más concreto sobre su estado? – se le había agotado la paciencia

-. Espero que al terminar la operación

El médico tampoco estaba tranquilo. Adamir había insistido casi agresivamente en hablar con él en persona y esa  insistencia  lo había obligado a alejarse del paciente. Estaba apurado por regresar con él.  Tenía un lazo de amistad y negocios con Nazir y sabía con quien estaba tratando. Gente importante. Además, el caso de Santiago era único… nunca había visto nada igual Quería salvar la vida de Santiago pero necesitaba regresar a atenderlo. Sería una operación de vida o muerte y las posibilidades a favor no eran muy altas…

-. Volveré en cuanto tenga algo que informar

-. Esperaré aquí mismo –

Respondió Adamir arrogante

-. No es necesario. Esto puede tomar horas. Le avisaré cuando la operación haya terminado – respondió el médico haciendo uso de toda su fingida amabilidad.

Adamir lo miró con creciente molestia.

¿Quién se creía que era para decirle que hacer a él?

¿Dejar a Santiago solo?? No. No podía hacer eso después de todo lo que había pasado. Santiago era su responsabilidad. Nunca volvería a dejarlo solo y a fallarle… nunca más

-. Esperaré aquí – insistió  mirando al médico desde una altura imaginaria

El médico ajustó sus lentes sobre la nariz y luego de un leve saludo con la cabeza volvió a ingresar a urgencias dejando solos a los hermanos en la sala de espera. 

Nazir había estado observando atentamente a Adamir desde que bajara del avión… ahora vio la conversación entre su hermano y el médico con mucha preocupación. Su interés no iba ni en el médico ni en Santiago… Nazir estaba comenzando a preocuparse por Adamir. Estaba muy diferente a como lo viera la última vez… parecía como si le hubieran arrancado una buena parte de su energía y auto control… a ratos, demasiado estresado, casi al borde de un quiebre… ¿cuándo antes Adamir había estado así?…   Siempre había sido un tipo frío, controlado y dueño de su persona… incluso cuando era niño.    Intentó entender lo que pasaba por la mente de Adamir, ponerse en sus zapatos, y el resultado lo dejó aún más preocupado.

No era de extrañarse que el aparente intento de suicidio de Santiago lo sumiera en este estado emocional tan raro en él… su hermano vivía en una isla en la que se sentía dueño y rey de todo lo que sucedía… una especie de realidad paralela a la verdadera… el único contacto real con otro ser humano era el que tenía con Santiago, el resto de la gente en la isla eran sus extraños empleados o los chicos que consideraba productos comercializables… todos ellos lo obedecían pero no eran sus amigos ni sus pares…

Su hermano vivía en un mundo diferente al resto de los mortales y eso estaba empezando a pasarle la cuenta en este momento en que estaba sometido a un alto estrés y moviéndose entre las leyes que regían para todo el resto de los mortales.  

Nazir lo siguió con la vista mientras Adamir caminaba rígido e impaciente y se disponía a esperar por horas…

No quedaba casi ningún rasgo del joven entusiasta que había comenzado el negocio de los esclavos. Ahora era un hombre adulto… buena estampa y excelente estado físico… pero no estaba seguro de que ese adulto hubiera crecido para ser feliz… ciertamente no lo parecía en ese momento… el ceño fruncido, la impaciencia, el cansancio…

-. Es inaudito… llevan horas con Santiago allí dentro y no me puede decir nada más?…

-. Tranquilízate. Nos dirán algo en cuanto sepan

-. Tal parece que no les importa mi preocupación

No estás en tu isla”… quiso agregar Nazir “aquí nadie va a correr cuando tu des órdenes”

Se guardó sus pensamientos… ¿Cuándo había visto a Adamir feliz por última vez?… Si, lo recordaba claramente!! Había sido en la isla, cuando recién comenzaba el negocio pero hacía mucho tiempo de eso

-. ¿Cómo sigue el negocio? – preguntó acercándose a Adamir

-. Bien – fue la escueta respuesta

-. ¿Y, qué pasó con Santiago?

-. El muy torpe se encaprichó con uno de los chicos, lo ayudó a escapar y luego intentó suicidarse – respondió con exasperación al recordar lo sucedido

-. Espera ¿cómo que un chico escapó? –

¿Entendía su hermano el peligro que eso representaba para todos ellos?

Adamir le devolvió la mirada, fría, dura. Entendía.

-. Me encargaré del chico luego

-. ¿Sabes dónde está?

-. No. Pero Santiago si lo sabe

-. ¿Y crees que va a decírtelo?

Adamir no había tenido mucha cabeza para pensar en el fugitivo. Había concentrado sus energías en su amigo

-. Pues… yo.. creo que si

-. ¿Cómo escapó?

-. Solo hay una forma de escapar. Debió esconderse en el barco de suministros. No hay otra manera

-. ¿Y ya hablaste con el capitán?

No. No había hecho nada de nada. Estaba esperando a que Santiago se recuperar y entonces iba a actuar, pero la preocupación que mostraba Nazir ahora le recordó el peligro que todos ellos corrían si ese chico hablara y alguien lo escuchara y le creyera.

-. Vamos. No hay tiempo que perder. Volveremos luego a saber de Santiago – la voz de Nazir no admitía réplicas.  De mala gana, Adamir se dispuso a seguirlo.

Dejaron el hospital y se dirigieron a los astilleros, específicamente a la zona desde donde zarpaba el barco que llevaba suministros a la isla.  El desconcierto los embargó al enterarse que desde hacía unos días el antiguo capitán había dejado su puesto junto a su mujer y el nuevo hombre a cargo no tenía idea de lo que le preguntaron.

-. ¿Cómo es que tú no sabias esto?- preguntó Nazir

-. Si lo sabía. Lo había olvidado… no lo relacioné…  tiene que haber sido él. Todo coincide. Santiago debió convencerlo –

-. Tenemos que averiguar su paradero y encontrarlo

El resto de la tarde fue frustrante para ambos. Encontraron la dirección en los archivos de datos de la oficina pero al llegar al lugar descubrieron que el hombre y su familia habían desaparecido sin dejar señales desde hacía varios días. Nadie sabía su paradero ahora.  Quizás el chico estaba con ellos…

El asunto comenzó a sentirse urgente y peligroso. Lo único que los tranquilizaba un poco era saber que Olga, la anterior encargada del comedor y esposa del capitán, había participado por años en los procesos de la isla y era tan culpable como ellos.

Regresaron al hospital y Adamir, más que antes,  estaba deseoso de ver y hablar con Santiago.

Las noticias eran buenas. La operación había sido un éxito pero eso no significaba mucho. Solo habían arreglado lo más urgente pero había mucho más que reparar en el cuerpo de Santiago y tomaría bastante tiempo, semanas y quizás meses. 

En ese momento era imposible hablar con él pues estaba aun bajo los efectos de la anestesia. Lo mantendrían sedado y tranquilo varios días.  Era necesario para dar tiempo a que se recuperara la piel que había estado muchas horas en contacto con el agua. Era uno de los daños más importantes que tenía y un serio riesgo de infección.

Adamir escuchó el informe. Comprendía las palabras… claro que entendía todo lo que le decían pero continuaba pensando que era exagerado no permitirle verlo ni hablarle…

-. Puede volver mañana temprano, señor. El paciente seguramente estará despierto 

La enfermera era una mujer agradable y eficiente pero a Adamir le pareció odiosa y detestable. Hablaba de Santiago como si les perteneciera a ellos… como si fueran los únicos que sabían qué hacer con él…  

Nazir tuvo que intervenir y calmarlo.

Volvieron a la casa cuando ya era tarde. Ambos cansados y preocupados

-. Por cierto, el chico que trajiste…

Nazir sabía muy bien hacia donde iba su conversación. Estaba pensando en Sergio y en su posible reacción. Lo conocía bien y recordaba cada una de las promesas que le había hecho.

Adamir recordó que Max esperaba en la casa de su hermano. Cerró los ojos un instante y lo visualizó. La visión resultó agradable. Suspiró rendido, anticipando el encuentro.

-. Se llama Max. ¿Qué pasa con él?

-. ¿Por qué lo trajiste?

Ahí estaba. La pregunta que Adamir no quería escuchar y para la cual no tenía respuesta lógica.

-. Me ayudó con lo del rescate… – respondió pretendiendo estar distraído.

Nada pasó por alto para Nazir. Esa no era una respuesta que explicara el porqué había un chico de la isla por primera vez en su casa… la reticencia de Adamir a responder tampoco escapó de su atención.

-. Max no será un problema. Hay un hombre cuidándolo todo el tiempo

Esa frase, en vez de tranquilizar a Nazir, solo logró despertar aún más su curiosidad…Adamir no solo se había dado la molestia de traer a un chico sino que incluso se ocupó de traer a alguien que lo cuidara…  interesante… su hermano nunca se tomaba molestias por nadie…

-. ¿Es tu esclavo? – tenía que preguntar. Necesitaba saber quien estaba en su casa

Adamir no quería escuchar preguntas… mucho menos sobre Max

-. Si. Es mío – respondió en un tono nada amigable poniendo punto final a la conversación

Adamir miraba por la ventana tratando de distraerse de todas las preocupaciones que abrumaban su mente…

Nazir captó el mensaje … algo no estaba bien con su hermano… podía sentirlo.

El chofer condujo el auto hasta la entrada de la casa cuando el sol ya se había ocultado hacía rato.  Al abrir la puerta, un delicioso olor a comida remeció sus olfatos y les recordó que hacía muchas horas que no probaban alimentos.

Adamir siguió a Nazir a través del corredor directamente hasta la sala que ocupaban como estar. Les sorprendió escuchar música y una conversación salpicada de risas… ¿Con quién estaba Sergio?… no era habitual que tuviera compañía…

Nazir fue el primero en ingresar a la sala. Se dirigió directamente hacia su pareja, con una sonrisa.

Sergio conversaba y reía con su visita… estaban de buen ánimo y en la bandeja frente a ellos habían restos de bocadillos y bebidas. Al mismo tiempo que Nazir se inclinaba a saludar, dirigió una rápida mirada hacia la otra persona en la sala… no tuvo idea  quién podía ser el jovencito atractivo y bien vestido que estaba cómodamente sentado en el sillón, con las piernas enroscadas, sostenía un vaso, reía alegremente. Le devolvía la mirada con un pequeño dejo de inquietud…

-. Hola. Bienvenido – saludo Sergio

Sergio besó a Nazir sin perder la sonrisa aunque bajo aquella aparente tranquilidad estaba muy nervioso… En ese momento, su cuñado aparecía en la puerta de la sala

Adamir estaba agotado… había sido un día largo y lleno de momentos desagradables. Entendía que debía ser educado, saludar a Sergio y cenar con ellos, después de todo, era el único de la familia con quien Sergio se relacionaba…, pero en realidad, lo único que deseaba era subir corriendo a ver a Max, desnudarlo y tirarse en la cama con él pegado a su cuerpo. Hizo uso de la última gota de paciencia que le quedaba y entró en la sala para saludar a Sergio y a la persona con quien estaba. Los miró a ambos de reojo, rápidamente sin realmente verlos… Sergio estaba igual que siempre, un eterno chico de 20 años… los años no pasaban por él…  Le dio gusto verlo.

-. Hola, Sergio

Se acercó a estrechar su mano y abrazarlo…

-. Hola… – respondió Sergio saludándolo con alegría- bienvenido a nuestro hogar –

Nazir miraba interrogativamente a Sergio, esperando ser presentado a su joven visitante…

Sergio mantenía silencio…

Max no pudo evitar ponerse nervioso al ver a Adamir… habían estado conversando y riendo con Sergio… pero su paz y seguridad tambalearon en el momento en que vio aAdamir entrar a la sala.

Se puso de pie, nervioso

Entonces Adamir giró lentamente para saludar a la otra persona…

Los movimientos de su cuerpo cesaron… la sonrisa se le congeló en el rostro… ladeó la cabeza intentando reconciliar la imagen frente a él con la que estaba en su mente… pensando… y viendo… y…

-. Max?? MAX???!!

Nazir pestañeo rápidamente y sujetó a Sergio de un brazo, clavando sus dedos. El movimiento fue instintivo…

-. Max es nuestro invitado esta noche, junto contigo, Adamir. Me alegra mucho tenerlos a ambos en nuestra casa

Sergio habló sin que su voz reflejara como se sentía de nervioso… parecía alegre y tranquilo, sin embargo su mano se poso con seguridad sobre la de Nazir que apretaba su brazo, obligándolo a soltarlo y en una mirada le dio a entender que sabía bien  lo que hacía y necesitaba de él en ese momento. Sus miradas se cruzaron por solo unos segundos..

-. Que…??… por qué..??.. como…?

Adamir miraba a Max, luego a Sergio y volvía sobre Max… lo escaneó de arriba abajo repetidas veces… Max.. Max?… nunca lo había visto con ropa que no fuera la típica blanca de los esclavos en la isla… esos jeans ajustados y esa camisa que marcaba su cuerpo…  no parecía él.. se veía tan.. tan…

Adamir no se daba cuenta de los gestos que estaba haciendo con su rostro y sus manos indicando a Max… la ropa… ¿Qué se había hecho en el pelo?…

-. Tu… ¿Qué..?

-. Estuvimos cocinando – Dijo Sergio volviendo a tomar asiento y arrastrando a Nazira sentarse junto a él – Max se pasó a manchar la ropa así es que tuve que prestarle algo –

-. ¿Cocinando?.. ¿Cómo que estuvieron cocinando??!!- Adamir dejó atrás toda amabilidad –Nazir, ¿Qué demonios está pasando? – exigió a punto de gritar

Nazir sintió el apretón de Sergio en su mano… tantos años juntos les permitían entenderse sin hablarse ni mirarse

-. Estuvieron cocinando…

Rrepitió como si eso fuera a calmar a su hermano

– ¿Qué prepararon? – agregó a continuación mirando a Sergio y en aquella mirada dándole a entender que si, tal como le había dicho hacia años atrás, siempre iba a estar de su parte.

Sergio entendió. Una breve sonrisa entre ellos

-. Bueno, no sabía qué le gustaba a  Adamir así es que preparé tu plato favorito, amor-

Adamir miraba la escena como si fuera algo irreal… ¿es que nadie entendía nada?!!!

-. Espero que te guste, Adamir

Max miraba en silencio pero con el corazón apunto de escapársele por la boca y latiendo demasiado de prisa… la escena frente a él, entre Sergio y Adamir captaba toda su atención… comenzaba a sentir que todo, absolutamente todo lo que Sergio le había dicho, era verdad… incluyendo la parte de que mientras estuviera en su casa podía sentirse protegido… su rostro dejó de ser de preocupación para cambiar lentamente en uno de asombro y diversión…

-. Nunca había cocinado antes… – dijo muy bajito dirigiéndose a Nazir e ignorando aAdamir que parecía a punto de explotar, justo frente a él

-. Fue divertido, verdad? – respondió Sergio acomodándose junto a Nazir

-. YA BASTA!!!  explotó Adamir finalmente. Sus ojos se clavaron en Sergio – ¿dónde está mi hombre?

-. ¿Te refieres al hombre armado que custodiaba a Max?… lo mandé afuera con el resto. No es necesario que nadie vigile a Max dentro de esta casa. Él ya sabe que no hay por dónde escapar –

-. Eso es cierto – añadió Nazir – en este lugar no sales ni entras sin el permiso necesario. Es muy seguro

Adamir los miraba a todos como si se hubieran vuelto locos y él fuera el único cuerdo en la sala… las palabras de Nazir lentamente entraron en su cabeza… las de Sergio demoraron un poco más… estaba demasiado molesto y cansado para pensar…

-. ¿Intentaste escapar?!! 

Esta vez se dirigió a Max quien se sintió atrapado y retrocedió un par de pasos…

-. No!! Nada de eso. Max y yo solo estuvimos recorriendo la casa… – respondió Sergio restándole importancia a la pregunta de Adamir y ofreciéndole un escape a Max– ¿ya quieren cenar? – agregó

-. Si. Tengo hambre – respondió Nazir

-. Bien. Vamos al comedor entonces

-. Nadie se mueva!!!- dijo Adamir bruscamente, controlándose y levantando la manos indicándoles permanecer en sus lugares – ¿Qué crees que haces?… Max no es un invitado ni va cenar con…

-. Por supuesto que lo es!!!

Sergio salto de su asiento y se acercó a Max pasando por delante de Adamir

– Max es muy simpático y tenemos mucho que conversar aún 

Sergio enganchó su brazo en el de Max y lentamente comenzó a empujarlo para sacarlo de la sala con destino al comedor, mientras seguía hablando sin dejar espacio para queAdamir replicara

– Estamos recién empezando a conocernos y ya me cae bien

Adamir seguía mirando la escena con incredulidad…

-. ¿Nazir?

Era más que un simple llamado a su hermano. Le estaba pidiendo explicaciones…

-.¿Cual es el problema?

-. Como que cual es el problema.. Max no es un maldito invitado!! él es mi..

-. El chico no puede escapar de este lugar.. ¿eso es lo que te preocupa?

-. No!!. bueno si…

-. Nada malo va a suceder. Sergio sabe lo que hace

-. “¿Sergio sabe lo que hace?!!!” ¿Por qué le permites portarse así? Está desafiándome!!! Es tu esclavo, no? tu sumiso…

El rostro de Nazir se volvió de granito.

-. Adamir, estás hablando de la persona que amo y esta es su casa.

La voz dura de Nazir y la forma en que le hablaba lograron que Adamir retomara el control de su genio por sobre su enojo… Pudo sentir que Nazir estaba molesto por su referencia a Sergio y eso no le gustó…  su hermano… No. No podía enojarse con él. Nunca habían estado enojados, ni siquiera cuando niños. Siempre estaban del mismo lado… eran aliados naturales… y él tenía muy pocos aliados.

-. Sergio es mi pareja y puede hacer lo que quiera en esta casa.- se acercó aAdamir – Ya te dije que la seguridad es enorme y Max no puede escapar. Ya cálmate, si?  ¿Qué daño puede hacer que el chico cene con nosotros?

Tras decir eso, Nazir caminó decidido detrás de Sergio y Max dejando a Adamir solo en la sala…

Respiraba como animal embravecido…

Sergio estaba desafiándolo abiertamente al tratar a su esclavo como invitado…

El sabía lo que Max era… tenía que haberlo supuesto a estas altura… y aún así se atrevía…

Nazir le había recordado que estaban es su casa y se había puesto de parte de su sumiso…  Por un instante Adamir percibió como una traición que Nazir, su hermano, su propia sangre,  le hubiera hecho sentir que Sergio estaba por sobre él… “la persona que amo”…

Se marcharía ahora mismo a un hotel!!!

Demonios… ¿Cómo vigilaba a Max dentro de un hotel? Demasiadas oportunidades de escapar… mucha gente dando vueltas y además,  un hombre armado llamaría  la atención…

Era imposible. Descartó la idea.

Arrendar un lugar para ellos tomaría varios días y molestias, no tenía tiempo para perder… Maldición!!!…

Apretó sus manos hasta que los puños se volvieron tan rígidos que dolían…

Odiaba sentirse en una situación de este tipo en que no tenía el control de lo que sucedía.

Nazir… una de las pocas personas importantes para él en este mundo,  quien se relacionaba bien y por quien tenía sentimientos de cariño… su hermano…   Ahora que no estaba Santiago Nazir era demasiado importante… 

No podía pelear con él…  lo necesitaba para no quedar completamente solo y aislado en el mundo…

No había nada que pudiera hacer de momento.

Bien. Al menos tenía la certeza de que Max no escaparía. La casa era segura. Se lo habían dicho ambos…  Le seguiría el juego por ahora. Solo era una maldita cena. Llamaría al piloto y le pediría que se llevara a Max de vuelta lo antes posible.

Se dirigió al comedor. El sonido de la conversación amigable había vuelto. 

En obcecado silencio se sentó en el puesto que quedaba desocupado, justo frente a Max.  Escuchó a medias la conversación… había perdido el apetito y apenas se sirvió alimentos en su plato…  A pesar de su enfado, no podía evitar dar miradas a Max… primero fueron expresión de su molestia… miradas frías y de reproche… pero de a poco empezaron a cambiar… ¿Qué se había hecho en el pelo?… se le veía brillante y suave… parecía que le acariciaba las mejillas cuando giraba de un lado a otro para dirigirse aNazir y Sergio… incluso su rostro se veía distinto… Disimuladamente lo estudió… Max parecía alguien diferente vestido con esa ropa… como si fuera mayor… más seguro y atractivo…  la forma en que seguía la conversación con Sergio y soltaba algunas frases… la suavidad del movimiento de sus ojos y de su boca… Max sin agresividad… Era nuevo para él… verlo conversar y desenvolverse con otras personas…  La fascinación le fue ganando al mal genio… Max vestido con la ropa de Sergio era una deliciosa sorpresa… una que le provocaba sensaciones muy fuertes… sintió ganas de quitársela a tirones y tomarlo allí mismo sobre la mesa… lo habría hecho si estuviera en su isla…  No estaba acostumbrado a reprimir sus deseos…  eso también era algo nuevo… y desagradable. Se limitó a sentir como el calor lo invadía de golpe y el deseo de poseer a Max se volvía muy fuerte… Siguió los movimientos de su esclavo al tomar los cubiertos, servirse alimentos, conversar… sonreír… ¿Max sonreía con Sergio?… y  hablaba con Nazir!!!…

-. Yo pensaba que cocinar era aburrido…

-. Ah! Mañana vamos a preparar un postre, ¿quieres?

-. Claro!! Quiero aprender – Max estaba entusiasmado… le brillaban los ojos y desbordaba energía… tenía un aspecto adorable… un panorama tan simple lograba que pareciera un niño en navidad.

Adamir respiraba de prisa… empecinado en  mantener su silencio y sintiendo crecer el deseo y el apuro por llevarse a Max al dormitorio de una vez.  Allí no entraría nadie y podría hacer lo que quisiera con él. Recordó las esposas y cuerdas que había pedido temprano… las usaría para inmovilizarlos y no, no iba a quitarle esa ropa tan bonita, solo iba a sujetarlo y bajarle los pantalones…

-. … una receta de mi madre que queda muy rica. Estoy seguro que te va a encantar –

La conversación de Sergio lo volvió a la tierra

-. Me gustan los dulces

Max hablaba sin mirarlo a él… lo estaba ignorando a propósito… también le haría pagar por eso… ¿Desde cuándo le gustaban los dulces a Max? ¿Por qué él no sabía eso? ¿Qué le había hecho Sergio para que se viera tan diferente? ¿De dónde provenía esa ropa que parecía haber sido hecha especialmente para ajustarse al cuerpo de Max?… demonios!!Intentaba concentrarse en el plato de comida frente a él pero sus ojos se desviaban una y otra vez…

Nazir vigilaba sigiloso cada movimiento de Adamir… su hermano estaba molesto y le gustaría haber podido calmarlo… entendía que ya tenía suficientes problemas además del pequeño esclavo rebelde frente a él… pero no iba a ponerse en contra de Sergio… se lo había prometido y deseaba cumplirle, como siempre, aunque no podía sentirse en conflicto frente a la autoridad que estaba demostrando Sergio.

Nazir era una persona acostumbrada a tratar con empresarios y empleados, gran parte de sus negocios se hacían frente a frente y eso le había enseñado a conocer los gestos y reacciones de sus adversarios… ahora estaba poniendo mucho interés en los gestos y reacciones de Adamir…  era interesante ver como no podía quitar sus ojos del atractivo chico y como el ceño de Adamir cedía cada vez que Max sonreía o se movía…

La cena estuvo deliciosa…  para quienes comieron con apetito.  El tiempo avanzó de prisa.  Adamir aceptó el postre pero no tenía deseos de tocarlo. Estaba pensando en otro tipo de postre…   

Cuando Sergio ofreció café y Max aceptó gustoso, Adamir estaba a punto de ponerse de pie para retirarse y tuvo que volver a sentarse. 

El gesto no pasó desapercibido para Sergio. Era el momento oportuno. Esperaba la ocasión. Aún le faltaba jugar su mayor apuesta.

-. ¿Estás cansado, verdad?– preguntó dirigiéndose a Adamir

-. Todos lo estamos – confirmó Nazir desde el otro lado de la mesa

-. Si quieren retirarse está bien. Max y yo seguiremos conversando. Quiero mostrarle algunas cosas para que hagamos mañana…  Ah! Se me olvidaba! He dispuesto que Max duerma en otra habitación. Estoy seguro que así ambos estarán más cómodos

Sergio mantenía la sonrisa congelada en el rostro, su voz sonaba normal, sin dar indicios de los nervios que lo carcomían por dentro… Sabía que estaba jugando con fuego… fuego explosivo, del que quema y mata, rompe relaciones y hace añicos a las personas…  Su fortaleza era Nazir… a ciegas, estaba confiando en él como nunca antes, poniendo a prueba su apoyo.  Mantuvo la sonrisa en su rostro mientras veía como le cambiaba el semblante a Adamir

-. Ya es suficiente, Sergio. Max es mi esclavo y hará lo que yo diga – esta vez habló calmado. Tras las palabras de Adamir, el silencio fue pesado y muy tenso…

-. En esta casa no se acepta la esclavitud – replicó Sergio hablando exageradamente lento

La mirada con que Sergio respondía a la de Adamir era intensa. Sus palabras pronunciadas con suavidad pero firmeza. Nadie habría podido decir como temblaba en su interior.

Adamir se puso de pie. Desde su altura miró a Sergio con agresividad dispuesto a todo

-. Es cierto – habló Nazir de prisa, anticipándose a la guerra que se estaba declarando en el comedor de su casa.

Dejó el asiento para ubicarse al lado de su hermano. Tenía que contener esta incómoda situación antes que se escapara de control y se hiciera añicos la precaria relación entre su pareja y Adamir

– Es una promesa que le hice a Sergio cuando aceptó vivir conmigo. No habría esclavos en su casa

Nazir sabía lo muy alterado que Adamir estaba y, temiendo una reacción de lo peor, levantó su mano y la puso sobre el hombro de Adamir como una manera de pedirle que se controlara

Max observaba la situación con los ojos muy abiertos y con miedo hasta de respirar… los recorría a todos con la vista esperando a ver quién iba a doblar la mano de quien… y comenzando a entender que todo lo que Sergio le había dicho era verdad… era increíble… esperaba con el alma en vilo el resultado de la pequeña contienda…

-. Seamos justos, entonces – dijo Sergio y girándose hacia Max le preguntó – ¿qué prefieres? ¿dormir solo o acompañar a Adamir?

-. Solo – respondió de inmediato, sin creer que se había atrevido a decirlo

-. Ya está. No hay más que hablar  

Sergio levantó las manos dando a entender que la respuesta de Max resolvía el tema

Adamir sentía la presión de la mano de Nazir en su hombro… era lo único que lo contenía… su hermano mayor y el cariño que le tenía… las aletas de su nariz parecían moverse solas de pura indignación… Si no fuera por Santiago se marcharía en ese mismo momento. ¿En qué demonios estaba pensando cuando decidió traer a Max a esta casa?!!!  Ya se encargaría de él… cuando estuvieran solos…. Aunque por lo visto no iba a ser en este lugar.

Sergio aguantó estoicamente la mirada agresiva de Adamir que lo taladraba. Tenía ganas de salir corriendo y refugiarse en los brazos a Nazir, esconderse en su regazo y cerrar los ojos.  Nunca se había atrevido a tanto… jamás había desafiado la autoridad de otra persona de esta manera… pero era su casa y tenía sus reglas… Si querían quedarse en ella tendrían que respetarlas.  Dios!! si no fuera porque sabía que Nazir lo apoyaba jamás se habría atrevido… Max… pobre Max…  iba a ser fuerte por él. Nadie abusaría del chico mientras estuviera bajo su techo.

Cuando Adamir pudo volver a controlarse, pasó sus ojos de Sergio a Max… vio como su esclavo bajaba la vista pero mantenía una sonrisa de triunfo en la cara…

Solo. El maldito mocoso rebelde quería dormir solo.

Esto resultaba gracioso para él… Aaahhh Max… no estaremos aquí mucho tiempo y entonces… su respiración se aceleró y el calor lo inundó nuevamente…  deseaba a su maldito esclavo rebelde y no iba a poder tenerlo.

Furioso, gruñó un saludo de despedida y se retiró de prisa del comedor.

No alcanzó a escuchar el jadeo de alivio  con el que Sergio se derrumbo en la silla ni a ver la cara de divertido asombro en Max… la boca y los ojos muy abiertos… mirando a Sergio con un nuevo respeto. Ninguno de los dos se atrevía a romper el silencio.

Te espero en el dormitorio – dijo Nazir cuando pasaron varios minutos de calma, dirigiéndole a Sergio una de aquellas miradas serias.

-. Si señor. Le indico a Max su cuarto y voy de inmediato

Sergio supo que su amo estaba alterado… quizás enojado o tal vez no… Pronto lo sabría pero fuera lo que fuera, Nazir lo había apoyado frente a Adamir y lo amaba mucho más por eso.

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