M&M 4

MAX

Max abrió los ojos muy lentamente… recordaba la pesadilla… tenía que haber sido una pesadilla… enfocó sus ojos esperando ver algo familiar… el aire escapó de sus pulmones y un peso enorme cayó sobre él… Dios! No era una pesadilla!!… todo lo que recordaba había sido real… podía sentir el dolor en cada parte de su cuerpo. Se levantó demasiado rápido y se sintió mareado… quiso llevarse la mano a la cabeza y solo entonces se dio cuenta que estaba desnudo y que ambas manos estaba sujetas por una esposa y una cadena fija a la pared… tironeó inútilmente… recordó a Adamir… recordó haber sido violado… le había dicho que volvería a hacerlo cuando quisiera… que mejor aprendiera a aceptarlo. El mareo pasó rápidamente… sus sentidos en alerta… observando a su alrededor.

-. ¿Ya despertaste?

Se volvió bruscamente hacia el lugar de dónde provenía la voz que escuchó.  En el otro extremo de la habitación, detrás de la amplia cama, sobre un improvisado escritorio, Adamir tecleaba en su computador. Se había detenido completamente al notar que el chico por fin despertaba. Había dormido muchas horas… agotado por todo lo que había pasado. Lo había dejado dormir acomodándolo sobre una colchoneta pero se había asegurado de ponerle un buen par de esposas. Él había estado entrando y saliendo del cuarto a lo largo del día y no quería más sorpresas por hoy.

– Dios, No!!! Suéltame imbécil!- Gritó Max tirando aún con más fuerza de las esposas y cadenas – Quítame estas cosas!!

Adamir se acercó. Estaba escuchando la voz de Max por primera vez… tenía una voz agradable, no parecía la voz de un chico…  le gustaba como se veía enojado y belicoso… con los ojos brillantes, el cuerpo en tensión y el pelo rebelde cayéndole por la cara… Apenas había despertado y la guerra ya comenzaba…

– Deja de hacer eso!- ordenó con voz tan fría y fuerte que Max se paralizó un momento para mirarlo. – Voy a soltarte – estaba al lado de Max –pero no volverás a hablarme de esa manera

Su mirada y su voz daban miedo… Max se asustó solo un segundo…

– Ah si??… ¿Y quién mierda te crees que eres?

Furioso, Max dio un paso acercándose más a Adamir… a él nadie le decía como tenía que hablar…  la mano del amo cruzo su cara de manera tan violenta que Max volvió a caer al piso…

-. Soy tu Amo… no lo olvides

Se quedó de pie observándolo… le había gustado la pequeña rabieta del chico pero no podía permitirle continuar… la violencia no era la mejor forma pero al parecer era la única manera con Max por ahora… es lo único que entiende, pensó Adamir sin terminar de gustarle la idea.

– Levántate!!- ordenó.

Quería llevar al chico a comer. Había dormido casi todo el día y necesitaba alimentarse… pero no se lo estaba poniendo nada fácil

– Cobarde!!… eres una mierda!!  me golpeas porque me tienes atado

No cedía ni un poco… a pesar de encontrarse en el suelo y su labio sangrando levemente.

Adamir reaccionó con rapidez. Sacó las llaves de una cadena que colgaba en su cuello y en un movimiento rápido le quitó las esposas.

Max saltó como un rayo al sentirse libre… se alejó un par de pasos pero se volvió dispuesto a golpearlo de vuelta y cobrarse el dolor y la humillación… era menor, lo sabía, pero había vivido una buena cantidad de peleas en la calle y tenía ganas de matarlo…  se lanzó con furia contra el hombre. Adamir evitó todos y cada uno de los golpes de Max moviéndose apenas… tenía mucha práctica y entrenamiento, sabía de combate cuerpo a cuerpo luego de haberlo estudiado y practicado por muchos años, era algo que exigía a todos quienes trabajaban con él.  Max estaba a punto de perder el control. Intentaba patearlo, darle un par de combos, cachetadas, agarrarlo del cuello… hasta intentó colgarse de su pelo largo y arrancárselo de la cabeza… enceguecido por la rabia y la humillación de tener frente a él al hombre que lo había violado y que se llamaba a sí mismo “su amo”… pero ni siquiera lograba tocarlo… se movía como una sombra, ni siquiera se agitaba al moverse, tan solo era escurridizo como el agua… su enojo crecía más cada segundos hasta que gritando de la rabia se lanzó con todo su cuerpo directo contra Adamir… solo para sentir que los brazos del amo, con solo un par de movimientos, lo sujetaban y lo dejaban con sus propios brazos cruzados por delante de su cuerpo, como una camisa de fuerza, y no podía moverse. Bufaba de enojo e impotencia… gritaba como si de ello dependiera su vida

-. Suéltame concha de tu madre!!!… te odio malnacido… voy a matarte… en cuanto te descuides, voy a matarte huevón…  animal de mierda… te odio!!!…

Adamir lo retuvo, evitando sus patadas y descontrol durante largos minutos hasta que Max, cansado y sin aliento, dejó de gritar… no estaba logrando nada… a Adamir ni siquiera se le había agitado la respiración… solo lo sostenía esperando a que se calmara. Max se quedó en silencio… esperando… derrotado por ahora, sintiendo su desnudez y su falta de experiencia

– Bien. ¿Ya terminaste?

Adamir estaba enojado

Max no respondió. Adamir tiró un poco más fuerte de sus brazos ocasionándole un fuerte dolor

-. Pregunté si ya terminaste – repitió con frialdad

No le iba a responder así le quebrara los brazos

Sintió un golpe seco en la parte posterior de sus piernas que lo obligó a caer fuertemente al suelo… el ruido seco de sus rodillas al chocar contra el piso… luego sus brazos estaban a punto de quebrarse y dolían como el infierno

– ¿Terminaste? – repitió

-. Si… – murmuró vencido por el dolor…

Solo quería que lo soltara… le dolía mucho más todo su cuerpo ahora… quería llorar de la impotencia y la rabia acumulada… se había dado cuenta que Adamir no necesitaba amarrarlo ni esposarlo para dominarlo… el animal ese sabía lo que hacía… no había logrado tocarle ni un pelo… quería gritar y llorar de la frustración que sentía… nunca había sentido tanta impotencia antes… pero primero muerto que parecer débil delante de él… recordó que horas antes había llorado y se había quebrado en su presencia… se sintió avergonzado y más enojado aún al recordar que Adamir lo había consolado y acariciado como si fuera un niño pequeño… y eso había sido después de violarlo y meterle todo tipo de cosas en sus agujeros… sentía la ira viva dentro de su organismo… una masa caliente que lo consumía.

Adamir lo soltó despacio… molesto con él… ahora tendría heridas y moretones en las rodillas y se había buscado más dolor en su propio cuerpo… no era necesario que fuera así… maldito mocoso.  Lo levantó y lo acercó nuevamente a la pared

-. Extiende tu brazo- ordenó

Max miró con horror como volvía a tomar el extremo de la cadena y esperaba a que el mismo le extendiera su propio brazo para volver a esposarlo

-. No… no…- gimió despacio.

Odiaba estar amarrado… no era un animal, la esposa en su mano lo molestaba más que cualquier otra cosa

-. Perdiste el derecho a pedir algo 

Tomó bruscamente su muñeca y en un segundo la esposa estuvo nuevamente aferrada a su delgado brazo.

– No quiero volver a escucharte decir garabatos Max. No me gustan

Max era un animal acorralado que lo miraba con odio… se mantenía de pie pero ya no intentaba golpearlo. De sus rodillas caían hilos de sangre.  Adamir buscó en uno de los cajones

-. Siéntate

Se miraron fijamente hasta que Max entendió que si no se sentaba por sí solo Adamir iba a obligarlo. Se dejó caer despacio al suelo. Ya sabía que él podía sentarlo sin problemas.

Abrió la caja y sacó lo necesario para limpiar y arreglar las rodillas heridas. Max no entendía nada. Parecía tan preocupado por sus heridas sin embargo era capaz de dañarlo de manera peor… estaba más confundido

– Quiero mi ropa– pidió Max

– No

– Pero.

– No

Lo iba a tener desnudo??… se sentía vulnerable y expuesto. No le gustaba sentirse así.

– ¿Tienes hambre?

Pensó en no responder… pero ya sabía lo que pasaba si no lo hacía

– No- respondió mintiendo, obviamente.

Se estaba muriendo de hambre y de sed pero si dejaba de comer a lo mejor sucedía algo tan bueno como morirse y desaparecer.

– Estas mintiendo- lo dijo con la misma tranquilidad y seguridad de siempre.

Terminó de curar sus rodillas y salió de la habitación.

Max quedo solo. La cadena a la cual estaba sujeta la esposa no era demasiado larga pero alcanzaba para que pudiera moverse un par de pasos y mirar bien el lugar dónde se encontraba. En lo primero que se fijó fue en lo que estaba más cerca suyo… ese extraño caballete de madera al cual lo había sujetado para violarlo… no quiso detenerse mucho rato en mirarlo… sintió un escalofrío al recordar, mas allá una equis de madera muy grande…  la miró intrigado sin entender qué era hasta que notó los brazaletes sobresaliendo en la parte superior e inferior… entendió de inmediato que allí iban los brazos y las piernas atadas… respiró agitado imaginándose a sí mismo en esa posición, a continuación una puerta de lo que supuso era el baño… una camilla cubierta por una tela blanca, un par de closets y mas allá había una sala… miró los sillones deseando poder estar descansando sobre uno de ellos y no sobre esa dura colchoneta… le dolían las rodillas también… el televisor, la cama… era una habitación grande y fresca, parecía agradable pero no lo era. No para él.

El silencio y la soledad empezaron a molestarle rápidamente… aún sentado, comenzó a mirar el brazalete que amarraba su muñeca… sus manos y brazos eran delgados… intentó quitársela de muchas maneras pero era imposible. Recordó haber visto una película en la que alguien esposado se rompía intencionalmente el dedo pulgar para poder pasar su mano a través de la esposa… se preguntó si eso daría resultado y cuanto dolería romperse el hueso del pulgar. Con su mano libre tomó el pulgar de su otra mano… estaba tocando y sintiendo el tamaño del hueso, pensando si tendría la fuerza y el coraje suficiente para romperlo. Escuchó la puerta abrirse más rápido de lo esperado.

Adamir entró portando él mismo una bandeja con comida. Con solo un vistazo a Max comprendió de inmediato los pensamientos del muchacho

– No te serviría de nada – le dijo al tiempo que dejaba la bandeja sobre la mesa – no podrías abrir la puerta ni las ventanas… y aunque lo hicieras no tendrías a donde escapar.

Max se sonrojó al darse cuenta que Adamir había leído sus intenciones. Tendría que esperar por ahora. Separó sus manos. Observó la bandeja… la comida olía bien pero él no pensaba comer.

Adamir tomó un plato de la bandeja y se acuclilló frente a Max dejando el plato en el suelo.

– Cuando aprendas a comportarte podrás comer en la mesa

-. No quiero tu comida

Adamir iba a levantarse pero volvió atrás al escucharlo. Lo quedó mirando fijamente y por alguna extraña razón sonrió levemente

– Te la vas a comer por tus medios o me encargare de que llegue a tu estómago de todas maneras

Max tragó saliva… imaginó las formas que tendría para hacer que los alimentos ingresaran a su organismo y sintió miedo… ahora creía cada una de las amenazas deAdamir que seguía mirándolo con extrema frialdad y una sonrisa apenas de autosuficiencia… ¿sería capaz de forzar la comida en su cuerpo?… que pregunta idiota, por supuesto que era capaz de eso y mucho más.  Optó por callarse y desviar su vista. Adamir se levantó, volvió a la bandeja y luego puso frente a él un vaso grande lleno de ese mismo líquido verde asqueroso que no se había tomado en la mañana.

– Tienes 15 minutos Max. Quiero que termines todo esto

Ajustó la alarma en su reloj y lo dejó solo frente a la comida.

Miró la comida y sintió un rugido en su estómago… pero el grito de su orgullo era más fuerte…se debatía entre comerla ahí mismo o seguir dando batalla… Adamir había vuelto a su computador y aparentemente no le prestaba atención… lo miró fijamente sin importarle que se diera cuenta. Como sería verse obligado a tragar todo eso?…  los minutos pasaban y sabía que le quedaba poco tiempo…  él iba a cumplir su amenaza… despacio estiró la mano.

Adamir solo pretendía estar trabajando en el computador… antes lo había hecho pero ahora, la pantalla que Max no alcanzaba a ver, le mostraba todos los movimientos del chico a través de una pequeña cámara instalada en el techo de la habitación… lo vio dudar… miraba la comida y se agitaba… ¿Qué iba a ser Max?… te alimentas o te alimento?… alimentar a alguien por la fuerza no era uno de sus panoramas favoritos pero lo haría con Max, si no se comía todo… le había dado una orden y esperaba que la cumpliera… y ya le quedaban solo 10 minutos. Lo miró como por fin se decidía… despacio tomó un pedazo y se lo llevó a la boca… ¿pudo más el hambre que el orgullo?… acercó la cámara, las mejillas de Max estaban mojadas de lágrimas… había ganado el miedo a ser alimentado a la fuerza pero su orgullo estaba llorando… siguió detenidamente el trayecto de un de las lágrimas… bajó despacio por su piel, pasó cerca de su nariz, resbalando hasta llegar a la comisura de sus labios… vio los labios del chico abrirse, cerrarse, moverse lento mientras masticaba… le gustaba, su piel, sus labios… sus movimientos… tenía algo especial… tal vez debería intentar algo diferente con Max… otro tipo de acercamiento aunque significara saltarse unas cuantas reglas que ya luego tendría que rectificar… después de todo tenía un carácter endiabladamente difícil.

 – Veo que comiste casi todo

– Suficiente- respondió huraño.

El vaso seguía intacto. Adamir lo tomó y se lo extendió.

– Dije que terminaras todo

 Max no hizo caso

– No voy a tomarme esa asquerosidad– gritó dando suelta al enojo que sentía por haberse visto obligado a comer.

– Bien… tú te lo buscaste- sacó la llave, soltó su muñeca

– ¿Qué??!!! ¿Qué haces?… no quiero!!!- lo llevaba a la fuerza hasta la camilla… Dios, iba a obligarlo a tragar esa cosa… sintió miedo

– Espera!! Espera!!!

Pero Adamir no se detenía. Como pudo, Max tironeó tan fuerte que logró soltarse acosta de un fuerte dolor en su brazo… lo suficiente para correr de vuelta, tomar el vaso y llevárselo a la boca…Adamir se quedó quieto a su lado… observándolo. El líquido pasaba viscoso por su garganta… le costaba tragarlo… en realidad no le sentía un sabor particularmente malo pero la textura era simplemente horrible… se demoró un par de minutos en los que nunca despegó el vaso de su boca ni los ojos de Adamir… al terminar, tuvo la intención de arrojar el vaso lejos para que estallara en muchos pedazos, pero los ojos de Adamir lo detuvieron.

– Déjalo sobre la mesa-

Se miraron unos cuantos segundos mientras Max sopesaba la situación. Dio la vuelta y dejó el vaso sobre la mesa. Al caminar pasó del frio suelo de cerámica a una mullida y suave alfombra… el contacto bajo sus pies se sintió bien… no recordaba haber pisado antes algo tan suave… se demoró intencionalmente jugando con sus pies

Adamir se dio cuenta. Caminó hasta sentarse en uno de los sillones, cerca de donde estaba Max.

– No sé si estar complacido contigo… aunque finalmente te comiste todo- lo miraba fijamente esperando una reacción – ¿Quieres sentarte?

Desconfiado se sentó sobre el sillón más cercano a él mismo. Seguía moviendo sus pies sobre la alfombra sin darse cuenta, el contacto se sentía delicioso… ¿de que material estaba hecha?…

Adamir abrió un cajón de la mesa más cercana y sacó algo parecido a un cigarro, lo encendió y aspiró profundamente.

– Háblame de ti Max… no sé mucho más excepto que vivías en la calle y que tenías problemas con la ley… que te cuesta seguir órdenes y usas muchas malas palabras-

Max se relajó un poco y sonrió apenas… esa descripción calzaba perfectamente con lo que él era.

– No hay mucho más… soy lo que acabas de decir

– ¿Dónde dormías?… ¿de qué te alimentabas?… ¿tenías amigos?… ¿Qué hacías aparte de robar y pelear?

Volvió a aspirar… luego muy despacio soltaba el humo… Max no supo que contestar… nunca hablaba de sí mismo, nadie le preguntaba jamás… se encogió de hombros… desconfiado… ¿a qué olía ese cigarro?

– Dormía en cualquier parte… siempre había un lugar, en verano daba lo mismo… en invierno… era más difícil

No hablaba mucho pero Adamir pudo percibir toda lo duro que debía haber significado vivir de esa manera… Max miraba su pitillo de manera especial… en un acto muy extraño Adamir le extendió el cigarrillo…  mantuvo la mano estirada hacia él con el pitillo humeando, esperando a que Max se acercara…  se movió despacio, pensando si era una trampa, sin quitar sus ojos, completamente alerta… rápido, lo tomó entre sus delgados dedos… sonrió un poco más confiado. No era primera vez que tenía un cigarro entre sus manos, quizás a los 8 o 9 había fumado por primera vez. Aspiró y de inmediato se dio cuenta que esto era diferente… tosió

Adamir se rió, mirándolo

– No es tabaco

Sonreía al tiempo que se levantaba y se sentaba a su lado… moviéndose con mucha cautela

– Debes hacerlo así

Le mostró como debía hacerlo, reteniendo el humo en sus pulmones un rato antes de expulsarlo… Max lo intentó y esta vez sí le resultó

– ¿Marihuana?- pregunto curioso…

La había visto muchas veces pero nunca la había tenido en sus manos… era demasiado cara. Adamir no respondió pero hizo otra pregunta.

– ¿Vivías con alguien?

Max negó con la cabeza…  recordando.

– Nahhh… es mejor solo, así nadie molesta

Aspiró nuevamente… se sentía mejor.

Adamir escuchó la tristeza y abandono detrás de aquellas palabras. Tomó el pitillo de las manos de Max moviéndose suavemente, el chico no se alejó, aspiro y  preguntó

– ¿Tenías amigos?

Max pensó… conocía mucha gente, se juntaba con ellos y juntos hacían fechorías y otras tonteras… tal vez en la época en que estuvo en una de las casas de acogida había tenido algo parecido a un amigo… un chico pequeño y pecoso que se había pegado a él como una lapa buscando cariño y protección… no recordaba su nombre.

Adamir volvió a pasarle el cigarro que Max tomó sin pensarlo esta vez…

– Sí, claro… siempre me juntaba con muchos chicos

Adamir siguió haciendo preguntas que el chico iba respondiendo cada vez con más calma y confianza… el mayor iba leyendo el mensaje detrás de cada respuesta…  Max no se daba cuenta de lo cerca que estaban, de cómo estaban compartiendo el pitillo, pasándolo de mano en mano,  y de cómo, poco a poco, estaba abriéndose a conversar con él, aunque siempre estaba alerta… era parte de la naturaleza de Max jamás estar desprevenido… por eso, después de un rato de hablar, cuando la mano de Adamir se acercó a su piel desnuda la vio venir de inmediato…

CAPITULO 11  

MAX

Era parte de la naturaleza de Max jamás estar desprevenido… por eso, después de un rato de hablar, cuando la mano de Adamir se acercó a su piel desnuda la vio venir de inmediato… lo miró directo a los ojos intentando leer sus intenciones… pero Adamir no miraba a Max sino que sus ojos estaban fijos en su cuerpo, excitado ante lo que tenía frente a él… le gustaba desde que lo había visto en la mañana… Dejó su mano quieta reposando sobre las costillas… luego comenzó a mover sus dedos acariciando, posesivo, sus ojos ahora en los suyos… Max podría haber saltado alejándose pero se quedó tranquilo esperando ver hasta donde llegaba esto… aguantando la respiración…  sabía que Adamir podía dominarlo con su fuerza física. El suave roce en su piel lo hizo estremecerse… Adamir se acercó, muy lentamente, un poco más a Max

– ¿Sabes que eres muy atractivo Maximilian?

No sonrió ni se sintió halagado por ese comentario… no sabía cómo debía sentirse… solo sabía que su piel se erizaba al paso de los dedos y no se sentía del todo mal… aún sin quererlo cerró los ojos sintiéndose agitado y echó su cabeza hacia atrás. Se sintió como una invitación a dejarse tocar… Pronto las dos manos de Adamir estaban sujetando su cuerpo, besaba su clavícula… muy lento… con suavidad, para no asustarlo… los hombros..su cuello y subía hacia… su boca!!…  abrió los ojos asustado y saltó del asiento… se quedó mirándolo como un león esperando atacar.

Adamir permaneció sentado… le había gustado mucho tocarlo, besarlo y que Max se dejara tocar… pero había durado poco. Ahora, lo quería de todas maneras… se sentía muy atraído por el chico.

– Max… ven aquí

Su voz era una orden suave, todavía amigable, pero Max no se convencía

– No… no quiero

– Sabes que puedo ir a buscarte y obligarte… ¿no prefieres venir sin necesidad de ninguna de esas cosas?

Max sabía que todo lo que decía era verdad… pero no podía aceptar…  había estado a punto de besarlo… en la boca… su boca… sabía que le había hecho ya mucho más que eso pero…

– No… no…

Negó con la cabeza, con la voz y con todo el cuerpo… agitándose demasiado… parecía que él mismo trataba de convencerse de que no quería… se sentía extraño

Adamir se movió un poco hacia Max y lo tomó nuevamente de la cintura, tirando de él para volverlo al asiento, a pesar de la resistencia de su cuerpo

– No… no…

Pero sus protestas no eran escuchadas.

Sobre el asiento, su cuerpo cubierto por el de Adamir quien lo tocaba como si fuera de su propiedad, haciéndole sentir cosas que eran muy agradables… dejó de quejarse y protestar… sabía que estaba mal…  las manos de Adamir subían por su pecho y se quedaban pegadas en sus tetillas… las tironeo despacio, luego su boca las chupó y las mordisqueó… las manos jugaban en su cuerpo haciéndole sentir bien… Max quería empujarlo y alejarlo pero lo que estaba sintiendo no lo dejaba reaccionar… estaba flotando en un mar de sensaciones nuevas e intensas…  Sintió como tocaba sus muslos y los separaba utilizando un poco de fuerza…

– No… ahí no de nuevo… por favor.. no…

– Shhh… no voy a dañarte… lo prometo

– Ya me dañaste…

Un par de curiosas lágrimas cayeron de sus ojos al recordar cómo lo había dañado… parecía que había sido hacía tanto tiempo y no solo un par de horas atrás

– No voy a dañarte ahora Maximilian

No tenía intención de volver a penetrarlo de nuevo… al menos por hoy. Ahora quería algo diferente… su nuevo intento de acercamiento estaba funcionando mejor de lo que había pensado… solo quería un poco más

– No me llames así

– ¿Cómo quieres que te llame?

Sujetó las caderas de Max acercándolo para poder tocarlo y acariciarlo a sus anchas… era delgado, esbelto… tenía un cuerpo muy bonito… tocarlo podía convertirse en una adicción con mucha facilidad…

– Max… solo Max

El contacto lo estaba agitando pero extrañamente ya no quería salir corriendo…

– ¿Solo Max?

Demasiado cerca… su piel caliente, suave y húmeda…

– Si… si… si- le salía entrecortado

Adamir no supo a que se estaba refiriendo… su mano había apresado el pene de Max y comenzaba a frotarlo alternando suavidad con fuerza… su otra mano acariciaba toda la piel que lo rodeaba incluyendo sus testículos… sonrió sintiéndose a gusto… Max estaba comenzando a abandonarse y a disfrutarlo…  su cuerpo ya no peleaba, al contrario, arqueaba sus caderas buscando más contacto… No supo describir porque razón se sintió tan contento de tenerlo así… tranquilo, relajado en sus manos…  con los ojos cerrados, concentrado en lo que sentía y su cuerpo respondiendo sin limitaciones…  sonrió… era extraño… le gustaba tener el cuerpo de Max a su disposición… provocarle lo que le estaba causando y verlo dejar la agresividad de lado.

Max, en un acto extremo de tranquilidad, cerró los ojos y solo se dejó llevar por lo que sentía, sensaciones demasiado fuertes y nuevas, demasiado experimentadas las manos que lo tocaban, demasiado joven para saber cómo manejarlo, como resistirse. Adamir lo atrajo hasta tenerlo rozando su cuerpo… despacio se quitó la camisa y puso la mano de Max sobre su pecho… el chico no la quitó sino que movió despacio sus dedos sintiendo… tocando con cuidado esa piel firme y tibia…  jadeaba, gemía… agitado movía su sexo hacía esa mano que le causaba placer… Adamir volvió a moverlo con mucho cuidado hasta que estuvo semi-reclinado y su miembro quedó al alcance de su boca… Pasó su lengua sintiendo el sabor nuevo y agradable…sonrió con satisfacción. Max abrió los ojos en señal de sorpresa y quiso decir algo

– No.. no…

Era lo único que podía recordar ahora

Adamir quiso tranquilizarlo, le estaba gustando mucho lo que estaba pasando como para terminarlo ahora o volver a la fuerza bruta

– Sshhh… te lo dije… no voy a dañarte… 

Antes de que Max pudiera alejarse, Adamir sujetó su pene entre sus manos, lo metió dentro de su boca y chupo con ganas, su lengua tocaba y se movía con fuerza sobre la piel dentro de su boca…  Max solo recordó respirar… agitado… no podía moverse aunque quisiera… Adamir aumentó el ritmo… Max gimió con fuerza… no podía aguantar más el calor que se acumulaba en su sexo… necesitaba más.

Adamir lo soltó solo un segundo antes de que eyaculara… continuó con su mano y su mirada perdida completamente en la expresión de Max, en los sonidos que salían de entre sus labios abiertos y sensuales… como le gustaba su nuevo esclavo.

Eyaculó en sus manos… gimió y lo disfrutó, su cuerpo se movió en ondas espasmódicas de placer dejándolo agotado…

Despertó abriendo los ojos muy lentamente, como si tuvieran algún tipo de peso sobre ellos y le costara moverlos. Quiso llevar sus manos a los ojos pero solo una llegó a su rostro. La otra estaba sujeta al grillete que rodeaba su muñeca y a la cadena en la pared. Volvió a cerrar los ojos, no… no era verdad que estaba encadenado de nuevo… odiaba que lo amarraran y limitaran sus movimientos. Tironeó aún sabiendo que era completamente inútil. Sentía la boca seca y necesitaba urgentemente ir al baño… miró a su alrededor. No sabía qué hora era pero supuso que era pasada la medianoche. Estaba oscuro excepto por un pequeño reflejo de luz que entraba a través de una de las ventanas. Distinguió la figura dormida sobre la cama… Adamir. El recuerdo de lo que habían hecho se presentó de golpe y muy claro en su mente… se quedó inmóvil por la sorpresa… había dejado que lo tocara… no!! no podía ser cierto… él lo había tenido en su boca y lo había disfrutado… se había corrido en manos de Adamir!!! Lo había dejado tocarlo y lo disfrutó…  Tenía que ser culpa de lo que habían fumado… se dejó engañar… sintió lágrimas de rabia asomar en sus ojos

– ¿Por qué lloras ahora?

Adamir no estaba durmiendo

– Necesito ir al baño…- dijo despacio

Adamir no se movió… los segundos pasaron

– No me escuchaste??!! Necesito ir al baño- gritó enojado y dolido…

– Pídelo como debes y tal vez te permita ir… – respondió sin alterar su voz ni moverse

– Pero… eres idiota o qué???… necesito ir al baño!!!- volvió a gritar esta vez. 

Adamir siguió tumbado sobre la cama.

Max empezó a desesperar, sus sentidos volvían a ponerse alertas … no había ido al baño desde la mañana y ahora lo necesitaba con urgencia… ya estaba conociendo a Adamir… sabía que si no lo hacía como él quería lo iba a dejar ahí hasta que terminara empapado en su propia mierda… se movió nervioso… pensando cuanto más podía aguantarse… en su mente revivía en pequeños chispazos lo que había pasado hacía unas horas atrás… se había corrido y había sido muy bueno… sintió inmenso placer… no podía negar que había sido bueno… pero solo porque lo había engañado… mierda!! se dejó tocar y utilizar… ¿por qué era tan imbécil?!!  No volvería a suceder… no volvería a dejar que lo tocara así… Se sentó afirmando su espalda contra la pared pensando cuanto rato más podía aguantar. Pasaron unos 10 minutos de tenso silencio

– ¿Por qué me encadenaste de nuevo?

– porque quieres salir corriendo en cuanto puedas…

Si… era verdad… si tenía oportunidad escaparía… no se detendría jamás… tenía que haber alguna forma de salir de este loquero…

– ¿Me vas a dejar durmiendo en el suelo?

– Si

Se mordió los labios y empuño fuerte sus manos

– ¿Por qué?

Adamir no respondió. Max agudizó su oído para escuchar su respiración… ¿se había dormido?… no, no estaba durmiendo

– ¿Por qué voy a dormir en el suelo?… esta duro!!  Hey… sé que me estas escuchando…   respóndeme!!!-

Adamir se movió lentamente, levantando su cabeza y apoyándola en su codo… sin moverse de la cama lo miró.

– Eres mi esclavo… hago contigo lo que se me da la gana. No te debo explicaciones

– Ya basta!!! No soy esclavo de nadie… la esclavitud no existe!!! Suéltame de una vez… tengo que ir al baño!!

Max estaba desesperado… gritaba… a punto de perder el control… todo lo que había sucedido en solo 24 horas era demasiado para su mente de 13 años… era fuerte pero no tanto.

Adamir no se movió.

Max se mordió nuevamente la boca por dentro hasta sentir el gusto metálico de la sangre… le dolió pero era lo que necesitaba ahora… un golpe, un dolor fuerte o algo que lo hiciera retomar el control de su cuerpo… enfocarse en solo una cosa real como ese dolor… bien… así estaba un poco mejor.  Respiró varias veces hasta que se sintió entero nuevamente… esclavo… no era un esclavo, pero tenía que  lidiar con este loco que lo tenía atado y dominado

– Por favor… ¿puedo ir al baño?- preguntó muy despacio… casi llorando.

– Así está un poco mejor

Prendió una luz, soltó la cadena del grillete y lo llevó hasta la puerta cerrada. La abrió. Max se apresuró a entrar. Adamir dejó la puerta junta y se quedó de pie justo afuera… esperándolo. Cuando Max terminó, se lavo las manos, la cara. Refrescó su boca… se sentía bien el agua fresca. Salió y se encontró con la mirada directa de Adamir quien lo tomó de la mano y lo llevó de vuelta al mismo rincón donde estaba al despertar. Levantó su brazo y tomó el grillete… Max retrocedió instintivamente en un movimiento tan brusco e inesperado que se liberó de la mano de Adamir. Se quedaron frente a frente… mirándose fijamente

– Dame tu brazo

– No

– Max… no me obligues

En verdad no quería hacerlo por la fuerza… sabía que podía fácilmente doblegarlo pero esperaba que las cosas hubieran mejorado un poco entre ellos

– No quiero… no soy un animal… no me amarres

Algo en las palabras de Max entró en la mente y el corazón de Adamir…

– ¿Qué quieres?- preguntó sintiéndolo extraño… jamás había preguntado antes a un esclavo que era lo que quería

Max miró la cama… estaba agotado, solo quería descansar sin ser amarrado… podía prometerle que al menos por esa noche no iba a intentar escapar.

– Déjame dormir ahí

Señaló la cama… seguían mirándose como cazador y presa…

Adamir pensó un momento…

-. ¿En mi cama?…

– Es muy grande… ni siquiera sabrías que estoy ahí…

– No es eso… a mi cama solo llevo a quien quiero

Max tragó saliva… ¿quería que le rogara?… no pensaba hacerlo

– Además… en mi cama yo hago lo que quiero con quienes invito…- le sonrió en forma lasciva… los segundos pasaban…

– Olvídalo…

Respiro como animal acorralado, vencido. Se acercó caminando pesadamente y le estiro su brazo… su orgullo mordía y reclamaba, apretó los dientes y aguantó.

Adamir dudó…  solo fue un instante… un pensamiento loco y nada más… pero dudó… Tomó el brazo y lo sujetó a la cadena. Max apretó sus labios hasta que fueron una sola línea, dura y apretada. Levantó su cara y lo miró arrogante.

Adamir sintió la mirada llena de molestia… se la devolvió… no se movió de dónde estaba, al contrario, luego de unos segundos se acercó más hacia Max… lo cogió de la cintura con una mano sujetándolo con fuerza… sus ojos anclados en los de Max… ladeó levemente su cabeza y de un movimiento brusco acercó el cuerpo de Max al suyo… Max quiso resistirse pero la fuerza era mayor… su cuerpo desnudo quedo pegado al de Adamir… mirándose… los ojos dorados en los suyos… comenzó a excitarse… a pesar suyo, a pesar de odiarlo y querer matarlo, su pene comenzó a llenarse… quiso llorar de rabia… se sentía traicionado por sí mismo. Las manos de Adamir bajaron hasta sus nalgas… quiso gritarle que no, huir, pero estaba encadenado… lo único que podía hacer era echarse al suelo y llorar como una nena… no pensaba hacerlo… la respiración de Max se aceleró notoriamente… más sangre bombeaba en su miembro… Adamir lo acarició en forma brusca, apretando la carne de sus nalgas entre sus dedos… Max abrió la boca y comenzó a temblar… Adamir aprovechó el momento, la boca abierta de Max… lo besó con un poco de violencia aturdiendo sus sentidos, entró su lengua en la boca del chico buscando la suya y masajeándola con delicia cuando la encontró… apretó aún más sus nalgas empujándolo contra su cuerpo… Max sintió la erección de Adamir… eso fue lo que lo hizo reaccionar; levantó sus manos e intentó empujarlo pero estaba demasiado firme y seguro contra su cuerpo y su boca… solo se separó un poco cuando él dio por terminado el beso… pero entonces una de sus manos se fue directo a la erección de Max, imposible de disimular, y la aprisionó, moviendo los dedos suavemente para masajear la cabeza… Max se odió a sí mismo cuando gimió de la sorpresa… vencido una vez más…  sintió sus ojos llenarse de agua… no… ahora no podía llorar… por favor no… estaba odiando su propia debilidad. Adamir sonreía con total arrogancia

– Déjame

Quería gritárselo muy fuerte en plena cara… pero fue apenas un susurro tembloroso lo que salió de su garganta…

– Más te habría valido dejarte tocar en mi cama…- le dijo antes de alejarse y volver a tirarse sobre su cama.

Capítulo 12

MATIAS

 La primera semana que pasé en esta isla fue, en general, llena de felicidad. Lo único que echaba a perder mi alegría de estar con Santiago eran esos óvolos que me ponía en las mañanas y en las tardes.  Después que me puso el primero de ellos, mi amo me dejó solo… caminando en cierta zona del cuarto y apretando los músculos como me había enseñado. Al poco rato ya no sentía molestias… no me había mentido, él me había dicho que pasaría pronto y así fue. Sonreí al comprobar que era cierto, pero no quería que se repitiera… me había dolido mucho. No sabía qué hacer ahora… mis piernas estaban todas chorreadas de una sustancia viscosa. Abrí la puerta del baño y decidí ducharme… quería esperarlo limpio. Se había ido hacía muy poco rato pero ya lo echaba de menos. Cuando estaba terminando de secarme, sintiéndome mejor y con ganas de verlo, el amo entró

– ¿Qué hiciste, Mati?

No estaba enojado… pero ya lo estaba conociendo… no le había gustado lo que había hecho…  me quedé inmóvil con la toalla a medio cubrir mi cuerpo… ya no me importaba tanto que el amo me viera desnudo… pero si me asustaba su enojo… él era muy dulce conmigo pero sabía que podía ser muy cruel también

– Me… limpié… es que estaba todo sucio.. y… lo siento amo… ¿qué fue lo que hice mal?

El amo me sonrió son ternura y me abrió sus brazos… corrí con desesperación a refugiarme en ellos… quería su perdón por cualquier cosa mala que hubiera hecho… me gustaba mi amo… no quería enojarlo.

– No sabes lo que hiciste, ¿verdad?- me preguntó acariciando mi pelo

– No.. no sé… amo

– Me privaste del placer de limpiarte yo, Mati… la próxima vez me esperas

Sus palabras, aunque expresadas con dulzura, me dejaron temblando… próxima vez?… o sea que habían más de esos óvolos entonces?.. me apreté a su cuerpo asustado y ya pensando en el dolor que me provocaban…  él percibió el cambio en mi cuerpo

– ¿Qué pasa Mati?

Me alejó de su cuerpo para poder mirarme…  me dio susto decirle lo que estaba pensando… había dicho que era por mi bien… que esos óvolos me ayudaban entonces no quería parecer quejón ni desagradecido

– No es nada, amo… nada

– Matías?

También conocía ya ese tono de voz y el que me llamara por mi nombre completo… se estaba molestando de todas maneras… tendría que decirle, pero me daba un poco de miedo

– Es que…  no me gustan… me dolió mucho, amo– dije enterrándome en su hombro para no ver su cara, sentía vergüenza y esperaba que no se molestara. Supe que no estaba enojado cuando su brazo cruzó por mi espalda, tomó con cuidado la toalla y la pasó despacio por mi piel, secándome los restos de agua que aún quedaban de la ducha

– Mati, sé que duelen pero tienes que creerme… será mucho peor si no los usas 

Si… ya sabía que me iba a decir algo así… no sé porque sería mejor o peor para mí… no entendí… pero si él lo decía… le creí. Me quedé quieto y con la mirada baja mientras él terminaba de secarme. De pronto me levantó en sus brazos como si yo fuera una pluma y me llevó hasta la cama. Se quitó su camisa y se puso sobre mí mirándome divertido

– Pero puedo ayudarte a que pase pronto el dolor mi pequeño esclavo

Sus manos me empezaron a tocar… olvidé todo el dolor.

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Sobre la cama, sus manos grandes cubrían gran parte del cuerpo de Mati… primero se detuvo en su tetillas, cada pulgar sobre una de ellas… primero Matías sonrió nervioso sintiendo algo parecido a las cosquillas… luego empezó a sentir algo diferente… Santiago no se detuvo hasta que comenzaron a doler de tan duras que se habían vuelto… el chico sentía las manos resbalar suavemente sobre su estómago hacia abajo… los ojos de Santiago en los suyos… lo alteraban… esa mirada tan fija y profunda… se quedaba pegado en ella y no sabía nada más… lo sentía en el interior de sus muslos… en sus genitales… Mati abrió su boca en un rápido jadeo… se estaba acostumbrando rápidamente a las fuertes emociones que Santiago le provocaba… tan placenteras, tan deliciosas… cosas que él ni siquiera sabía que existían hasta hace unos días atrás… y ahora su pequeño cuerpo se movía y retorcía en busca de sus manos y de lo que le provocaban… le gustaba mucho… era quizás, lo mejor de su vida hasta ahora, Santiago acariciándolo, excitándolo… se quedaba a su merced como una hoja movida por el viento.

Durmieron juntos. Mati, completamente exhausto después del día más intenso de toda su corta vida. Santiago lo atrapó entre su cuerpo y durmió con el niño pegado a él… el aire acondicionado evitó que sintieran calor… no podía separarse de Mati… estaba más que fascinado con él… no sabía explicar exactamente qué era lo que le gustaba tanto… en la oscuridad, respiraba el suave olor que emanaba de su cuello… recordaba sus ojos tan puros y grandes, su piel tan clara y suave… la forma en que se entregaba a él y lo buscaba… Dios!! Iba a ser un largo camino hasta que Matiestuviera listo…  pero valdría la pena esperarlo. Estaba seguro de eso. Mati se durmió rápido aún con las manos de Santiago moviéndose sobre su cuerpo… Santiago  se durmió un rato después… ambos tenían una sonrisa.

Santiago fue el primero en despertar. Se ducharon y prepararon juntos. Santiago supervisaba todo lo que el chico hacía, lavarse los dientes, peinarse… y corregía cualquier detalle que no fuera de su gusto. Mati tomaba nota mental y aprendía. De la mano partieron a desayunar. Cuando entraron al casino no estaban solos… Había más… eran varios otros chicos los que desayunaban junto a sus amos… algunos todavía con los ojos llorosos, otros, que parecían mayores, en completa actitud de sumisión… uno de ellos desayunaba en el suelo y tenía una correa de la cual lo sostenía su amo… no parecía importarles que hubieran más personas observándolos. Los ojos de Matías luchaban por apartarse del chico de la correa que no levantaba nunca la vista mientras comía, pero le resultaba difícil… le costaba creer lo que estaba viendo… ¿alguna vez Santiago lo amarraría así?…

– Matías-

Bastó esa simple palabra pronunciada en voz baja, para que Mati volviera a concentrarse en su desayuno. En silencio se bebió el jugo verde sin poner ninguna cara esta vez. Estaba muy impresionado. Se dio cuenta que ninguno de los otros amos y esclavos sonreían como ellos ni se iban de vuelta tomados de la mano. Se alegró de ser diferente… Santiago también era diferente… él no le haría eso porque él era un buen esclavo.

En cuanto cerró la puerta del dormitorio, Matías se quitó la ropa y la dejó ordenada. Vio a Santiago abrir el mueble y sacar la caja de los óvolos. Su corazón latió más de prisa… asustándose, retrocedió sin querer unos pasos.  Santiago se sentó en el mismo sillón del día anterior.

– No me hagas llamarte Mati…- dijo sin mirarlo mientras sacaba uno de los óvolos de la caja.

Matías avanzó hacia él… con el estómago completamente apretado… el desayuno se le atragantaba en la garganta… iba a vomitar de puro miedo.

– Siéntate sobre mi y ponte como te indiqué ayer

Matías se quedó mirándolo… reticente… no queriendo hacerlo aunque sabía que tenía que hacerlo…  vio el tamaño de los óvolos en la mano de Santiago… eran muy grandes… estaba a unos cuantos pasos frente a él… pero no se movió. Comenzó a llorar muy bajito y con la cara agachada

– Matias!

Saltó al escuchar el tono de voz más fuerte y urgente

Caminó hasta llegar donde él. Santiago no se molestó en tomarlo y sentarlo… esperó pacientemente a que él mismo lo hiciera. Sintió sus dedos pequeños aferrarse a sus hombros y su cara directamente mirando la suya…

– Deja de llorar… aún no te he tocado– le dijo serio.

Matías hizo un esfuerzo pero no podía controlarlo… tenía miedo, era un niño y sabía que le iba a doler. Igual que el día anterior, los dedos lubricados de Santiago lo tocaron despacio… hundieron en él un supositorio de lubricante y luego… apretó fuerte los hombros de Santiago con sus  deditos y cerró los ojos, olvidando que el día anterior le había ordenado mirarlo… pero estaba muy asustado, esperando que comenzara el dolor.

– Mati… te estás poniendo tenso y solo vas a conseguir que te duela más aún… abre los ojos…  mírame

Los abrió. Santiago estaba tan cerca suyo… se acercó y sus labios se juntaron… despacio la lengua de Santiago buscaba en su boca… la punta del óvolo ingresaba en su ano… Mati quiso separarse para poder concentrarse en su dolor, pero los labios de Santiago lo atraparon sin dejarlo escapar

– Quédate en mi boca Mati… déjame sentir contigo

Sus bocas abiertas permanecieron unidas… Mati gemía de susto y dolor cada vez que el óvolo ingresaba un poco más. El dolor le llegó fuerte nuevamente a los pocos segundos cuando ya tenía casi la mitad adentro… ya no controló más sus lágrimas y dejó de resistirse,  abandonándose al consuelo de Santiago… el hombre lo sintió rendirse y entregarse… era suyo. Una ola de calor y triunfo lo recorrió entero. Terminó de introducir el óvolo absorbiendo cada bocanada de aire junto a Matías, cada lágrima y cada gemido.

– Ya está Mati… – lo abrazó fuerte… el pequeño cuerpo sudoroso de miedo y nuevamente inmóvil del dolor – tienes que moverte y apretar tus músculos… ya sabes lo que debes hacer…-

Se bajó a duras penas de sus piernas… quiso dar un paso pero gimió y no pudo alejarse de Santiago, el dolor lo consumía si no tenía a Santiago a su lado, solo con él  se sentía capaz… se sujetó fuerte de su cuello… Santiago entendió… si hubiera sido cualquier otro esclavo posiblemente habría soltado bruscamente sus manos del cuello y lo habría forzado a obedecer… pero era Mati… el hombre caminó con él, sosteniéndolo y hablándole con dulzura hasta que pasados unos minutos lo notó más tranquilo.

– Mejor?- preguntó bajando hasta quedar a la altura de su cara. Mati asintió… había dejado de llorar y ya no dolía tanto, igual que el día anterior.

– Eres mi niño valiente

Pasó su mano por detrás de la cabeza de Matías y acercó su boca a la suya… Matías se abrió entero para recibirlo… deseoso de sentirlo explorar en su boca… Santiago estaba excitado por todo lo que había pasado y su beso fue uno que le demostró eso a Matías… el chico no podía entender lo que el mayor sentía pero si pudo apreciar la diferencia entre este beso y los anteriores… más intenso y algo violento… las manos de Santiago se detuvieron en sus glúteos y lo atrajo hacia él… haciendo que sus genitales rozaran su pecho…

– Mati… Mati… me va a volver loco la espera 

– ¿Qué espera, amo?- preguntó curioso, a pesar del dolor y la incomodidad

Santiago lo miró y casi quiso reír de la ternura que la inocencia de Mati le inspiraba… era tan delicioso este niño… se sentía tan afortunado de tenerlo para él… era su regalo especial. Se alejó un poco  y le dio una suave palmada en el trate.

– Camina y haz lo que te enseñé… tienes que estar listo pronto o no sé que voy a hacer…

Aún riendo se fue a sentar lejos de él y lo siguió con la vista.  Hoy tenía algo más que enseñarle a Matías… no iba a ser fácil para el chico y lo tenía claro, pero también sabía que podía aprender… él ya le había enseñado a otros críos y aunque a algunos les costaba mucho, finalmente, todos eran capaces de aprender a hacer una buena felación.

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