Miguel 2 Capítulo 56

CAPITULO 56 – Libro Dos

Avanzaba despacio por el pasillo central. Los majestuosos arreglos de flores frescas adornaban todo el pasillo, la música sonaba grandiosa. No sonreía a pesar de que este debía ser el día más feliz de su vida. Se controlaba, pero los nervios amenazaban con jugarle en contra… se sujetó con más fuerza del brazo que le sostenía.  Miró de reojo los rostros de los invitados que repletaban la iglesia vestidos y perfumados con sus mejores galas… le sonreían de vuelta… no confiaba en sus sonrisas… Si hubiera podido elegir no habría invitado a ninguno de ellos… habría hecho una celebración pequeña con su familia y amigos…  pero no podía… el matrimonio involucraba la jefatura de una de las familia importantes… tenían que estar todos presentes.

Conforme fue llegando cerca del altar, los rostros continuaban sonrientes pero un helado escalofrío la recorrió… ahí estaban los jefes de casi todas las familias acompañados de sus hombres de confianza, incluso, habían algunas esposas e  hijos… la seguridad fuera de la iglesia era máxima.

Como echaba de menos a su padre… todo habría sido diferente si él hubiera estado a su lado apoyándola, pero se había ido hacía un poco más de un año atrás. Ella era la persona fuerte ahora… la que tomaba las decisiones.

La primera sonrisa confiada de María fue al ver el rostro de Lidia… suspiró como si fuera su salvación. No era su cuñada y por lo mismo se convertía en una amiga de verdad. Vestía el más hermoso vestido que Lidia había seleccionado para ella con verdadero cariño esta vez… se veía extraordinariamente hermosa, delicada, etérea, su pelo rojizo recogido a medias en un elaborado moño descuidado con algunas mechas deslizándose frente a sus ojos celestes… inspiró tranquilizándose.

Era su día.

Tenía que disfrutarlo a pesar de todo.

Volvió a respirar profundo y giró su rostro al frente, hacia el hombre que la esperaba al pie del altar. Esteban, flanqueado por uno de sus mejores amigos en un lado y al otro, estaba Daniel. Le sonrió agradecida. La presencia de Daniel al lado del novio era el más claro signo del apoyo a su familia por parte de la familia de Gonzalo. Estaban todos presentes, sentados en las primeras filas de la iglesia junto a su propia familia. Incluso Don Jaime había asistido a pesar de su delicada condición de salud. Era importante hacer notar que estaban de su lado.

Llegaron frente a Esteban que esperaba por su novia. Por un instante, María miró sus ojos y se olvidó de todo… el reflejo del amor en ellos tenía la capacidad de convertirla nuevamente en una niña enamorada…  Sonrió al hombre que hoy se convertía en su esposo… siempre estaba con ella… en las buenas y en las malas… el era su apoyo ahora.

Coque besó a su hermana antes de soltarle la mano y ella, pequeña pero imponente en su belleza y gravedad, se situó al lado de Esteban para dar inicio a la ceremonia.

Más atrás, cerca de 300 invitados repletaban la iglesia. Tal vez no había clase ni aristocracia presente, pero si había mucho dinero y poder.

El silencio solo era roto por las delicadas notas del coro ubicado en la parte superior del recinto.

Legalmente, María y Esteban ya eran esposos. El matrimonio civil se había efectuado el día anterior en casi total privacidad. Aparte de las familias de ambos novios, Daniel había sido el único invitado.

Su relación con Coque se mantenía firme a pesar del escaso tiempo que ambos tenían. Ninguno había vuelto al internado. Coque estudiaba en un colegio privado en el puerto y pasaba mucho tiempo con sus tutores aprendiendo a manejar el negocio; Daniel había vuelto a su antiguo colegio en la ciudad donde terminó sus estudios y ahora pasaba la mayor parte de su tiempo en las oficinas donde aprendía con Gonzalo y se hacía cargo ya de algunas cosas menores. Poco quedaba en Daniel del adolescente que había sido hasta hace muy poco tiempo atrás. Evolucionaba muy rápido convirtiéndose en un hombre decidido, alegre, amable, responsable y visionario. Aportaba ideas frescas e interesantes y se ganaba el respeto de sus hermanos. Gonzalo ya había dejado de mirarlo como a un niño. La relación entre los dos hermanos estaba en su mejor momento.

Lo único que entristecía a Daniel era la ausencia de Coque. Apenas tenían tiempo para verse. Hablaban todos los días pero extrañaban el contacto físico y la libertad que tenían cuando se conocieron. Entendían y aceptaban sus nuevas responsabilidades, pero se echaban mucho de menos, por eso es que aprovechaban cualquier mínima ocasión para verse y escabullirse a algún rincón solitario donde expresarse lo que les ardía en el cuerpo y el alma…

Coque cambiaba mucho cada día, maduraba a la fuerza, rodeado por un ejército de tutores, aprendía, se volvía fuerte… cambiaba… pero con Daniel volvía a ser el chico pequeño que se colgaba de su cuello y se enroscaba en su cuerpo… dispuesto a todo para complacerlo… gemía tan dulce cuando hacían el amor… Daniel estaba loco por él… lo sujetaba con fuerzas y lo besaba dejándole ver lo mucho que lo extrañaba y deseaba… lo apretaba con fuerzas intentando retenerlo… lo asustaban los cambios de Coque… tan rápidos, tan exigentes… temía quedarse fuera… ir a buscarlo un día cualquiera y encontrarse frente a un desconocido. Lo llamaba cada vez que ese sentimiento le mordía la confianza… Coque respondía casi siempre… todos sus tutores sabían que Daniel era importante, era el mejor amigo del futuro jefe y se llevaban muy bien.

Cuando finalmente se juntaban, Daniel difícilmente podía ocultar sus ansias de tocarlo y recordarle que era suyo. Ya no se escondían frente a sus hermanos… María, Gonzalo y Lidia sabían y lo aceptaban. Les había costado mucho atreverse a tocarse o a enlazar sus manos frente a ellos. Todo se fue dando de forma natural…  siempre era poco el tiempo que podían estar juntos y deseaban aprovecharlo al máximo… a veces tenían que compartir con alguno de ellos… un almuerzo, una conversación, algún viaje en la ciudad… sonreían avergonzados como niños pequeños sonrojados cuando alguno de ellos los molestaba con cariño.

Fue Daniel el que primero se atrevió a demostrar su amor delante de sus hermanos, en forma decidida.

Sucedió durante una de las raras ocasiones en que Coque se reunía con él en la ciudad. Almorzaban todos juntos en el comedor privado del restaurant habitual cerca de las oficinas. Alrededor de la mesa se encontraban Gonzalo, Miguel,  Lidia,  Andrei y ellos dos. Lado a lado… sin tocarse pero muy conscientes de la presencia del otro a su lado… casi dolorosamente conscientes…

Coque había llegado un par de horas atrás con sus tutores para participar de una conversación de negocios con Gonzalo. Daniel participaba de las reuniones. Se saludaban en forma discreta con un apretón de manos y un intercambio intenso de miradas que los dejaba temblando.  Apenas tuvieron tiempo se escabulleron al baño en forma disimulada… necesitaban darse unos cuantos besos apasionados, húmedos y ansiosos… ambos faltos de amor y contacto… de abrazarse y sentirse la piel… Daniel sujetaba con fuerzas a Coque, con sus dos manos en sus nalgas, su rostro perdido en su cuello… le encantaba su cuerpo tan dócil, su boca dispuesta, el olor de su pecoso…  los minutos pasaban… Coque gemía y le decía cuanto lo extrañaba en su oído, con esa vocecita que lo excitaba aún más… se besaban absorbiéndose hasta la última gota del otro… se acababa el tiempo… se separaban… tenían que volver… su nivel de angustia solo había aumentado…   continuaba la reunión.

La interrupción del almuerzo mandó a los tutores a otro lugar. Coque quedó en libertad para almorzar con sus amigos, aunque seguido de cerca por sus guardaespaldas que jamás lo perdían de vista. El comedor privado del restaurant no permitía el ingreso de los guardaespaldas. Lo esperaban afuera. Dentro, tomaban asiento y se preparaban para almorzar. Estaban lado a lado… era insoportable tenerlo tan cerca y no tocarlo…

Daniel no aguantó más…

Tomó la mano de Coque y le estampó un beso en la palma abierta.

– Te he echado mucho de menos, pecoso-

Coque lo miró retrocediendo y abriendo mucho los ojos… pero se encontró de cerca con los hermosos ojos verdes de Daniel transmitiendo tranquilidad y confianza… se sorprendió… solía ser él quien calmaba a Daniel cuando estaban en el internado… ahora Daniel era un hombre seguro… volvió a respirar. Su mano se apretó a la de Daniel. Ambos se emocionaron por lo que estaban haciendo… sus manos dolían de tan apretadas…

– Ya era hora –

Gonzalo sonreía burlón aunque en realidad esto lo alegraba. Le gustaba ver a su hermano enamorado. Alejaba sus celos y además… le caía bien el heredero de Don Lino, le gustaba la tenacidad y sabiduría que demostraba el chico a pesar de ser tan joven…

Daniel habló para todos pero no quitó sus ojos de Coque… lo miraba con tanta dulzura…

– ¿Ya saben que estoy loco por de este pecoso?- ternura en su voz…

– Lo sabemos, chiquito-

Lidia aún lo llama por ese nombre… Daniel, a sus 19 años era casi tan alto como Gonzalo, su pelo castaño oscuro tenía un corte moderno que  ayudaba a completar el cambio de su rostro de niño bueno por el de un hombre amable y cordial; se ganaba el respeto de sus mayores en el trabajo; se destacaba por su rapidez para aprender, conectar y sacar conclusiones acertadas… el poder no había afectado su natural amabilidad y alegría… era muy bueno en lo que hacía… Gonzalo le consultaba a veces y Daniel se llenaba de orgullo al ser tomado en cuenta… pero, para Lidia, sería siempre su hermano chiquito por el que sentía un cariño maternal.

El nombre usado por Lidia los hizo sonreír a ambos… aún siguen mirándose… relajaron el apretón de manos… ya no había miedo en los ojos de Coque… Daniel le estaba dado no solo toda la confianza que necesitaba sino además una razón para estar feliz… creer en ellos… tener esperanzas.

Una profunda emoción lo envolvió… ahora era reconocidos como pareja… Antes de desviar sus ojos se dieron un rápido beso en la boca.

– Yo también te quiero- murmuró Coque despacito…

Se abrazaron… los demás sonrieron… entendían tan bien… a ellos también les había costado llegar a poder expresarse libremente el amor que se profesaban.

– Te prestaría las llaves de mi antiguo departamento pero no creo que tengan tiempo…- Gonzalo seguía riendo

– Cállate – Daniel lo calló con una sonrisa perversa…  le gustaría… a decir verdad, le encantaría tener esas llaves y llevárselo volando al departamento… sin embargo lo que hizo fue entrecruzar sus dedos con los de Coque

– No quiero ocultarme más…- se encogió de hombros dándole a entender que no había nada más que hacer… lo amaba demasiado… no se aguantaba estar cerca de él y no poder tocarlo, sus obligaciones y sus estudios no les permitían dedicarse más tiempo.

– No tienen que ocultarse frente a nosotros, Daniel – Gonzalo asumió el papel de hermano mayor – Ya sabes que no nos importa – sus palabras adquirieron un sentido especial… la mano de Gonzalo se cruzó por la espalda de Miguel y lo acercó… no se besaron pero el intenso intercambio de miradas no dejó lugar a dudas sobre lo que había entre los dos.

Fue una aceptación extra oficial del status de pareja entre Daniel y Coque… algo que Gonzalo veía con mucha benevolencia… además de la felicidad de su hermano,  la familia de Coque era vital para el buen funcionamiento de sus negocios.

 

Coque vivía todas sus horas rodeado de gente, acompañado de tutores, ya fuera en el colegio o en sus horas de aprendizaje del negocio familiar, permanentemente vigilado por guardaespaldas… el nivel de stress que soportaba era muy alto… no tenía tiempo libre y cada noche se dormía rendido para comenzar otra exigente rutina a la mañana siguiente. Incluso sus horarios para comer estaban medidos.  La compañía de Daniel era su mayor alivio… verlo le producía alegría, su corazón palpitaba fuerte… Daniel cambiaba… se volvía tan hombre… a veces sentía que él seguía siendo un enano pequeño lleno de pecas y Daniel maduraba y se convertía en un hombre estupendo…  el amor por Daniel era lo más fuerte que había sentido en sus 16 años de vida.

En la iglesia, el cura había comenzado la ceremonia.

Gonzalo observaba todo cuidadosamente. No tenía claro por qué sentía algo pesado en el ambiente. Lo buscaba con sus ojos pero solo encontraba rostros familiares y, aparentemente, amables. No estaba tranquilo.

Miró disimuladamente hacia atrás, al fondo de la inmensa iglesia en busca de sus hombres… quería confirmar que contaba con ellos. Ahí estaban… junto a muchos otros pertenecientes a las demás familias.

– ¿Qué pasa?-  fue un susurro… pero identificaba tan bien cada nota de aquella voz. Rozó apenas su mano… no se tocaban en público.

– No estoy seguro…- por un instante dejó de buscar en el aire y se fijó en los ojos de Miguel… tan solo un segundo… oscuros, apasionados… puro fuego… suficiente para distraerlo de todo lo demás, borrar las personas y el lugar… solo sus ojos… una corriente cálida invadió su cuerpo y la comisura de sus labios se curvó en una sonrisa inevitable… se forzó a mirar al frente para evitar buscarle la boca. Suficiente mareo con sus ojos.

Miguel había aprendido a conocer cada pequeño gesto de Gonzalo en este año que llevaban viviendo juntos. Estaba sentado a su lado y lo veía moverse inquieto… nadie más podría haber dicho que algo preocupaba a Gonzalo, pero Miguel estaba seguro.

 

Entre las personas que aguardaban discretamente al fondo de la iglesia se encontraba Karina vestida de etiqueta negra.

El año de experiencia en la ciudad había sido difícil. Vivir sola nunca fue un problema pero aprender a relacionarse con todos los hombres con quienes trabajaba y demostrar que por ser mujer, baja, pequeña y delgada no era menos valiosa, fue todo un desafío.

Al principio soportó las miradas duras, burlonas, atrevidas y el ambiente tenso; no sentía que era su obligación responder a los ataque no formulados ni demostrar a ciegas quien era y lo que podía hacer. El primer día que llegó al campo de tiro y demostró su habilidad con las armas cesaron las miradas y comentarios.

Luego, cuando Gonzalo la dejó trabajando cerca de la familia, empezaron a mirarla como a una más del equipo.  Solo entonces Karina comenzó a hablar con ellos… cuando notó que eran todos iguales.

Karina rotaba constantemente en lo que hacía cada día; la única constante era la de ser de absoluta confianza de los miembros de la familia; generalmente acompañaba a Miguel o a Andrei en sus salidas; otras veces custodiaba a Gonzalo o Daniel… hasta ahí todo funcionaba de maravillas… su problema… su único maldito problema era cuando tenía que acompañar a Lidia.

Se había criado con una madre prostituta y golpeada por cuanto borracho llegaba a su cama con un par de billetes en la mano… había aprendido a ser dura, desconfiada y letal. Recelaba especialmente de los hombres. Miguel era el único al que podría calificar de amigo… aunque últimamente Daniel la había comenzado a ganar con su amabilidad y trato afectuoso. Pero en su mente no podía hacerse a la idea de compartir su intimidad con un hombre… la sola idea la repugnaba… prefería quedarse  sola por el resto de su vida… no los necesitaba… no quería a nadie… nunca había necesitado a nadie.

Hasta ese día que bajo del avión y vio a Lidia…

No se lo había confesado a Miguel con quien hablaba de casi todo… Lidia se le había metido en el cuerpo como una enfermedad… era tan bonita y elegante… a pesar de ser rica y poderosa, Lidia era amable… siempre le hablaba y se preocupaba por ella…  Karina no conocía adjetivos que pudieran clasificar lo que significaba verla y hablarle… admirarla… respirar el perfume que despedía su cuerpo y quedaba en el vehículo que ella manejaba a veces… La miraba como si fuera la reencarnación terrenal de una divinidad… Karina no sufría por este enfermizo amor que había desarrollado por Lidia, más bien se alegraba de haber descubierto a una persona que la hiciera sentir que el mundo valía la pena y no todo era defenderse o morir… Lidia representaba todo lo bueno y hermoso del mundo… la única persona que tenía la habilidad de callarla sin hablar, ponerla nerviosa y dejarla temblando como gelatina.

Había más… Karina no se daba cuenta de las maravillas que la vida en la ciudad había hecho por el desarrollo de sus habilidades innatas: ahora, rara vez utilizaba los cuchillos cuando no estaba entrenándose especialmente con ellos pero su capacidad para presentir y anticiparse a los acontecimientos era increíble… todas las distracciones, personas, vehículos, ruidos, olores, colores y sonidos de la ciudad representaban desafíos que superar… ya no la confundían ni la alteraban…  había desarrollado en forma increíble un instinto para percibir sensaciones en los ambientes y las personas; sin que nadie lo dijera expresamente…  se aislaba y se concentraba… sabía el estado de ánimo de quienes la rodeaban, del lugar donde se encontraba y actuaba de acuerdo a su intuición… siempre era la primera en advertir algo diferente y anticiparse a reaccionar… nunca se equivocaba.

Desde el fondo de la iglesia notó la mirada inquieta de Gonzalo al volverse hacia atrás y la entendió de inmediato. Ella también sentía la pesadez y una extraña tensión imposible de identificar… pero sabía que estaba en el ambiente.

 

El cura preguntaba a los novios… respondían que si… se amaban y estaban dispuestos a superar todo juntos.

Los primeros asientos de la iglesia estaban ocupados por la familia de la María y Esteban; el novio tenía pocos parientes así es que la mayoría eran los hermanos de María. Habían venido todos. Era la segunda vez que se juntaba con sus “hermanos traidores”, como los llamaban ella y Coque.

La primera vez fue durante el funeral de su padre. No se hablaron más que lo preciso. Ni Coque ni María querían establecer buenas relaciones con quienes habían hecho sufrir a su padre y despreciado el negocio familiar.

Sin embargo, se había visto en la obligación de invitarlos al matrimonio ante la insistencia de su madre y lo llamativo que resultaba su ausencia. Las peleas dentro de una familia eran grietas que debilitaban su fortaleza.

Ambos hermanos apreciaban mucho más la presencia de la familia de Daniel en esta boda. Estaban todos. Lidia destacaba por su belleza y elegancia en un vaporoso vestido esmeralda ajustado a su cuerpo y de amplio escote. Andrei sostenía orgullosamente la mano de su novia.  Desde que Don Jaime y Gonzalo aprobaran la relación, eran oficialmente una pareja. Su estatus había cambiado. Era la mano derecha de Gonzalo y su poder aumentaba.

Un poco más allá, estaba Don Jaime, envejecido y algo débil, su mujer y Claudio, el hijo menor de la familia. Todos vestían elegantemente.

Claudio no tenía ganas de asistir… estaba pronto a cumplir 16 años y prefería pasar el tiempo con sus amigos o, por último, solo en la casa… pero asistir a un matrimonio de personas mayores que apenas conocía no le parecía divertido.

No pudo contrariar la orden de su padre y su hermano mayor. Se vistió y estuvo listo a tiempo. Claudio rara vez ocasionaba problemas. Era un buen chico, inteligente y que se ganaba rápidamente la aprobación de las personas. Tenía mucho carisma. Su rostro se parecía al de su hermano mayor… era la versión más joven de Gonzalo, aunque sus ojos verdes eran más parecidos a los de Daniel.

El mal ánimo de Claudio fue cambiando cuando entraron a la iglesia… era impresionante ver a todos los jefes… saludaban a su padre y hermanos con respeto… eran hombres imponentes… sin importar su estatura o su facha… bastaba verlos moverse y escucharlos hablar para entender que eran la esencia misma del poder y la autoridad. A Claudio le gustaba el poder… admiraba a esos hombres y quería llegar a ser uno de ellos. Era un chico tranquilo, observador y lógico. Aspiraba a mucho.

Cuando tomó asiento, muy cerca del altar, sus ojos inquietos comenzaron a mirar a todos lados tratando de identificar a quienes conocía…

Se detuvo al verla… no sabía quién era.

Sentada cerca de Gonzalo y Miguel había una chica muy bonita… debía tener una edad parecida a la suya, el pelo largo, oscuro, brillante… apenas alcanzaba a verle la mitad del rostro… pero se veía dulce y acogedor.

Ella sintió la mirada intensa de Claudio después de unos segundos ya que giró su rostro y lo enfrentó directamente…

Era más linda de frente…

Claudio se quedó pegado en sus ojos oscuros… suaves… lindos…

Ella insinuó apenas una sonrisa tímida y se giró de vuelta hacia el altar y los novios.

Todo duró solo unos segundos… pero habían sido suficientes para que el corazón de Claudio latiera un poco más acelerado y se preguntara quien era y como haría para conocerla…

Nunca había tenido una novia… a decir verdad, ni siquiera había pensado en eso todavía… hasta hace muy poco tiempo todavía pensaba que las chicas eran molestas y odiosas… apenas si tenía por amigas a algunas de sus compañeras de curso… no le había pasado antes algo parecido a lo que sintió al mirar a la chica del pelo largo en la iglesia…

Volvió a buscarla con los ojos… era linda con ganas, delgada, grácil, femenina… llevaba uno de esos vestidos delicados como los que Lidia tenía en su antigua tienda y se mantenía quieta y compuesta… quería conocerla. Estaba al lado de su hermano y de Miguel… ¿la conocería?  ¿Se la presentarían?.. Miguel!!.. tenía que conseguir que Miguel le dijera quien era… quería hablar con ella.

Claudio, al igual que la madre de Gonzalo, había conocido a Miguel a la semana siguiente luego de que llegaran del norte.

La madre de Gonzalo seguía esperando que sus hijos se reunieran todos los sábados al atardecer para cenar con ella… la famosa cena familiar.  Ni siquiera la enfermedad de Don Jaime había suspendido el ritual.

Gonzalo recibió la llamada de su  madre. Era una de las pocas personas que aún tenían la capacidad de ordenarle hacer algo.  Ahora que su padre aún estaba en la clínica su presencia como jefe de la familia era importante.

– No estoy solo mamá –

Ella permaneció en silencio… no tenía que preguntar si era hombre o mujer… era su hijo y lo no le cabía duda alguna de que Gonzalo estaba acompañado de un hombre… le estaba imponiendo su presencia… no supo si eso le molestaba o le agradaba… su hijo se había enamorado… era la única explicación… nunca antes habló de traer a alguien a la casa familiar.

– Los espero a cenar a los dos –

– Mamá…  Se llama Miguel- 

Ahí estaba la confirmación…

La mujer comprendió que su hijo deseaba enfrentar el tema de una vez por todas

– Me lo presentarás cuando vengan-

Miguel escuchó la conversación totalmente incrédulo…

Entrar en la casa de Don Jaime a cenar con su familia era el gesto que indicaba que Gonzalo estaba totalmente loco… había perdido todo rastro de cordura…

– No… no voy a ir- retrocedió un paso…

– No te pregunté si querías ir-

Esperaba una reacción negativa pero confiaba en hacerlo cambiar de idea.

– Gonzalo… no voy a ir-

Amaba cuando Miguel intentaba negarle algo… no había nada que lo motivara más a querer hacerlo cambiar de opinión que escucharlo negarse… Aún no se decidía si Miguel le gustaba más cuando se enfrentaba a él… o cuando decidía mostrarse sumiso.

Mierda!! lo enloquecía de ambas maneras… amaba a ese mocoso con todo su ser…

Se acercó por detrás y lo abrazó… Miguel estaba un poco asustado y lo entendía pero necesitaba integrarlo  en toda su vida… ahora, no podía concebir una vida sin él…

Para Miguel, la idea de ir a meterse a la casa de Don Jaime escapaba a su realidad… tarde se dio cuenta que Gonzalo había cruzado sus brazos y lo inmovilizaba…

– Es mi casa… es mi madre…- le hablaba en su cuello… el aliento cálido encendía su piel -Lidia y Daniel estarán ahí… y Claudio-… la energía del enojo amenazaba con convertirse en pasión – solo vamos a cenar- su lengua le humedecía la piel…

– Suéltame… no quiero ir…- Tampoco quería que lo soltara…

– Sshhhh… – lo empujó de cara contra la pared…

– Gonzalo – Miguel quiso protestar pero su cuerpo lo mantenía preso, apretado contra la pared… no era justo… era  una trampa… sus manos le abrían el cierre y se metían bajo su ropa… demasiado rápido las sintió en su miembro… aahhh… no quería moverse ahora… las manos grandes y rudas de Gonzalo agarrando su miembro… estaba hipersensible al contacto con él… se encendía como un incendio voraz… puro deseo…

Llevaban una semana viviendo juntos y habían copulado como conejos día y noche… se volvían adictos al sexo, a los besos… al sabor del otro… al calor de sus torsos unidos, sudados… a tenerlo dentro de su cuerpo y sentir la poderosa mezcla de amor y placer… lo hacía gritar y perderse en una nube de satisfacción… no sabía cuántas veces lo habían hecho en esa semana… en todas partes… incluso en su oficina mientras Andrei escapaba riendo…

Gonzalo realizó un movimiento rápido y de un manotazo brusco, le bajó las prendas de ropa… su culo redondo quedaba al aire y la mano de Gonzalo lo apretaba…  el incendio continuaba agarrando fuerzas… de cara a la pared… el cuerpo de Gonzalo aprisionándolo… empujando su pelvis contra su culo… sentía la aspereza de la tela rozar su piel… Gonzalo se movía… lo excitaba… sus manos se habían movido para liberarse de sus pantalones… lo escuchó abrir el cierre y lo sintió moverse para desprenderse de la ropa… aaahhh… debería aprovechar y escapar… ahora que podía… … … … Desnudos… piel contra piel… sentía su miembro subir y bajar entre sus nalgas… el cuerpo duro de Gonzalo contra el suyo… no pensaba moverse… su respiración cambió… nada lo había preparado para el nivel de excitación que podía sentir con el cuerpo desnudo de Gonzalo frotándose contra el suyo…  Miguel perdía la cabeza, cerraba los ojos y se entregaba… Gimió al sentir que separaba sus nalgas y lo buscaba… se sentía indefenso…  jadeaba y estaba expectante… Gonzalo estaba presionando en su entrada…

– Tú vas conmigo donde yo vaya…-

Miguel apretó su labio inferior entre sus dientes… su polla se abría camino… grande, gruesa y caliente… gimió… dolía… nada era mejor que la dosis justa de dolor que le provocaba Gonzalo al penetrarlo… Miguel contenía la respiración… pequeños jadeos comenzaron a escapar de su garganta… de pronto, Gonzalo entró bruscamente hasta el fondo chocando sus cuerpos… sintió la punzada de dolor que hizo que su miembro se alzara bruscamente y gimió su nombre con fuerzas…  electricidad en su cuerpo… sentía los testículos de Gonzalo rozar sus nalgas y su cuerpo pegado al de él… soltó el aire vaciando sus pulmones… moría de placer cada vez que lo tomaba de esta manera…  cada vez que hacían el amor de todas las formas y maneras que cabían en sus imaginaciones… Gonzalo dentro de su cuerpo completaba su existencia… le buscaba el cuello y mordía… chupaba… se insertaba con fuerza en su parte baja una y otra vez… aprisionado contra la pared… no podía ni quería moverse… estaban haciendo el amor, re inventándolo y viviéndolo…

– Es mi madre…-

– No me hables de tu madre mientras estas dentro de mí !!!-  protestó

– Vas a ir conmigo-

Con él… si… no podía negarse… le había dicho que estaba dispuesto a enfrentartodojuntos…

–  Don Jai…me…-  

– No está…-

Gonzalo estaba disfrutándolo. Desde un principio había tenido la seguridad de que convencería a Miguel… pero tenerlo acorralado contra la pared y observarlo responder tan vehemente a sus deseos lo excitaba sobre manera…  enloquecía por su cuerpo… empezó a desear más… amaba aprisionarlo, acorralarlo y sentirlo indefenso y entregado…  no… no podía… sabía que tenía que alejar esos pensamientos de su mente… eran felices… tenían todo lo que necesitaban… estaban juntos…

Mierda!… quería un par de esposas para sujetarlo y manejarlo bajo su control.

Levantó los brazos de Miguel y con su mano le sujetó las muñecas por sobre su cabeza… retrocedió apenas su torso para mirarlo… amaba todo del mocoso… como  movía su cuerpo delgado y firme con cada embestida… como gemía y se desesperaba… como su polla se perdía en su agujero… como el sudor brillaba en su espalda… y su pelo… su maravilloso pelo… se acercó a dejarle un beso, se apretó contra su espalda, sintiéndolo todo…

– Oh Dios… Te amo, mocoso – murmuró cerca de su oído hundiéndose profundamente en el cuerpo de su amado… estaban perdidamente enamorados. Se buscaron la boca y una vez más pelearon por el dominio del beso… Gonzalo le sujetó la nuca… Miguel cedió… abrió la boca y lo dejó poseerlo de la manera dominante que ambos disfrutaban…

Suyo… era suyo. Su Miguel… su mocoso.

Lo embistió con rapidez mientras sentía el clímax acumularse en su interior… lanzó un último gemido, contenido, estrujándolo contra él y pegando su boca al hombro de Miguel… … la fuerza del orgasmo arrasaba con  todos sus pensamientos… derramó su esencia caliente dentro de su cuerpo… solo podía estremecerse y abrazarlo mientras el placer lo elevaba…

 

– Miguel… es importante para mí –

Más tarde, estaban sobre la cama en la habitación… desnudos, enredados.

– Si quieres, invitamos a almorzar a tu familia el domingo y les contamos- Ofreció Gonzalo más tranquilo…  era lo justo… que ambas familias se enteraran de una vez.

Miguel descansaba sobre su pecho… tenía los ojos cerrados pero no dormía, estaba pensando… ,ovió su cabeza asintiendo… sabía que era importante… primero se lo dirían a la familia de Gonzalo y al día siguiente a la suya… genial… su mamá se iba a morir… o lo  iba a matar… probablemente hiciera las dos cosas al mismo tiempo…

– De acuerdo… – cedió. Mejor enfrentarlo de una vez. De todos modos la mitad de la familia de Gonzalo ya sabía y temía que su madre sospechaba algo…

– Mi mamá va a matarte… –

– Tu mamá me ama!!!- se defendió haciéndose el indignado y recordando lo bien que se llevaba con ella.

Miguel soltó la risa… amarlo?… quien sabe… quizás hasta se hubiera ganado el corazón de su madre…

– No… solo yo te amo- pronunció con seriedad

Gonzalo le tomó la barbilla y lo acercó a su boca… nunca se cansaba de besarlo.

– Y yo a ti…-

 

La ceremonia religiosa había concluido y los invitados abandonaban la iglesia para trasladarse al hotel en que se celebraba a los recién casados.

 

Claudio subió al vehículo con sus padres. Se fijó desde lejos en  la chica que había llamado su atención… su elegante forma de caminar y cómo se colgaba con seguridad del brazo de su hermano… Vaya!!! Eso si era novedad… Tenía la suficiente confianza para sujetarse del brazo de Gonzalo!!… ¿Quién era?… ahora estaba más intrigado que antes… la perdió de vista cuando el vehículo se alejó rumbo al hotel.

– Es increíble que se atreva a venir con ese… ¿Por qué tiene que llevarlo a todas partes??!!!- La voz de Don Jaime lo aterrizó de golpe – No parece mi hijo-

Ni su mujer ni Claudio respondieron. Hablaba de Miguel. A Claudio le simpatizaba Miguel. No le importaba la preferencia sexual de Gonzalo… era asunto suyo. Guardó silencio. Su padre jamás entendería. Odiaba a Miguel.

Don Jaime se había retirado de los negocios luego de que al intentar volver sufriera una recaída… su corazón volvió a quejarse y a dejarle claro que ya no estaba para soportar el stress de seguir a cargo de los negocios…

No aceptaba retirarse… no le había entregado el mando a Gonzalo…no podía. Solamente se mantenía a distancia y dejaba que Gonzalo dirigiera todo junto a Daniel… ah si! Y Lidia… se preguntaba todos los días que diablos hacía Lidia metida en su edificio de oficinas pero nunca había hecho la pregunta directamente… equivaldría a reconocer que su hija trabajaba en el negocio familiar… Lidia… aceptaba que era inteligente, había podido sacar adelante su tienda… pero la distancia entre su pequeña tienda y el verdadero negocio de la familia era enorme… a veces sentía ganas de gritarle a Gonzalo unas cuantas verdades, pedirle explicaciones sobre Lidia e indicarle que era lo que tenía que hacer… pero luego llegaban los informes que sus fieles colaboradores aún le entregaban directamente y se daba cuenta que los números eran muy buenos… se estaba acostumbrando a quedarse callado y esperar. No había bajado la guardia… estaba siempre atento.

 

El salón de la celebración bullía de actividad. La decoración era impactante… miles de pequeñas luces en lámparas de lagrimas de cristal le daban un ambiente de calidez al salón, gigantescos ramos de delicadas flores blancas se elevaban en cada mesa… cascadas de agua y luces entre las rocas de las paredes…

Claudio no quiso entrar al salón detrás de sus padres. Se quedó solo cerca de la entrada… eran demasiados invitados y no quería que Miguel pasara sin verlo… la chica… era tan bonita que cualquiera de los otros podría querer conocerla también… tenía apuro y mucho interés.

No se demoraron mucho en llegar. Por unos segundos, Claudio solo pudo observarla caminar como si flotara en una nube de gasa… nuevamente colgada del brazo de Gonzalo… conversaba con su hermano… se veía alegre y entusiasmada… miraba los detalles de la decoración y le comentaba… Miguel estaba un par de pasos detrás.

– Miguel!!-  Claudio corrió a su encuentro pasando lejos de Gonzalo… tomó a Miguel de brazo y lo arrastró hacia un extremo más tranquilo.

– Claudio… ¿Qué… Qué pasa?-

Miguel le tenía simpatía a Claudio. No lo conocía demasiado pero las veces que conversaron había notado que era un buen chico y lo había recibido bien. Claudio pronto aprendería sobre el negocio y podrían compartir más. Era extraño lo que sucedía ahora… que lo arrastrara tironeando su brazo… algo tan impropio de Claudio.

– Necesito tu ayuda… por favor- rogó

– Claro…  ¿Qué puedo hacer por ti?-

– Es que… no sé quién es… pero es preciosa… yo… yo… necesito conocerla… por favor, preséntamela- Claudio… siempre tan tranquilo, ahora estaba tartamudeando.

Miguel se largó a reír entendiendo lo que pasaba y buscando a la causante del daño

– ¿De quién hablas?-  En el salón había muchas mujeres estupendas…

– De ella… mírala…  es un ángel-

Miguel siguió la dirección de la mirada de Claudio…

Se le borró la sonrisa.

– ¿La chica que esta con Gonzalo?-

– ¿La conoces?.. ¿Quién es?.. dime…- Claudio lo miraba expectante…

Miguel quitó las manos de Claudio de su brazo

– La conozco muy bien. Es mi hermana –

Los ojos muy grandes… la atención de Claudio totalmente en Miguel y lo serio que se había puesto… Tragó saliva… su hermana??

-.. Yooo… tu nunca… dijiste que tenías… una.. hermana–  su voz se fue apagando…

– No. Nunca lo digo porque es una niña. Solo tiene 15 años. Es primera vez que sale a una fiesta –

No le había hecho gracia… ninguna. Sabía que algo así podía pasar. Gonzalo había insistido en invitarla. La trataba como si fuera una mujer adulta… él conocía a su hermana y sabía que era una niña apenas… no debieron traerla.

Los celos de Miguel con su hermana eran de temer.

– Miguel… lo siento. Solo quiero conocerla. Por favor, Preséntamela-  Claudio se había repuesto de la fuerte impresión que le produjo enterarse quien era la chica.

Miguel no se daba cuenta de lo serio que estaba… mordía su boca por dentro mientras escuchaba lo que Claudio le pedía… no podía negarse… era su  cuñado??… mierda… eso era…

– Es una niña, Claudio – no estaba jugando… lo decía muy en serio y así lo entendió Claudio

– Solo quiero conocerla… no voy a hacerle nada… lo prometo Miguel. Es tu hermana –

Algo tenía Claudio que conquistaba a quienes hablaban con él… su sinceridad y carisma…

– Ven conmigo – Miguel accedió pero siguió sin sonreír… no le gustaba la presencia deNali en la fiesta pero quizás la compañía de Claudio era mejor para Nali que la de cualquiera de los críos de mierda que pudieran acercársele esa noche.  Tenía que hablar con Gonzalo… desde que esos dos se habían hecho amigos, Gonzalo malcriaba a su hermana terriblemente y ella estaba encantada.

 

La cena terminaba. Había estado deliciosa y muy bien servida. Los más jóvenes comenzaban a bailar con la banda en vivo…

Todas las familias estaban representadas ya fuera por su jefe directo o por algún representante importante.

Teddy Rojas jamás pudo deshacerse del sobrenombre que tenía a pesar de ser un hombre mayor.

Sus compañeros de colegio habían sorprendido el oso de peluche que lo escondía en su mochila de clases cuando era niño… tenía 9 años y amaba ese oso. Lo destriparon y rompieron en mil pedazos. Comenzaron a llamarlo Teddy en memoria del oso.  Fue su primera venganza cuando cumplió 15 años y su padre lo autorizó a participar del negocio familiar y comenzar a usar el poder. Cada uno de los chicos que tocaron el oso aquel día fue cruelmente castigado. Uno de ellos vivió para siempre en silla de ruedas.

Nadie volvió a molestarlo nunca más pero siguieron llamándolo Teddy… se había acostumbrado y en su mente representaba un tributo al que fuera su amigo de peluche.

Teddy Rojas estaba presente en la boda con sus 4 hijos. Había sido invitado y era una magnífica oportunidad. Sus hijos mayores, Leo y Domingo, tenían ideas nuevas y buenas para aumentar el negocio familiar pero necesitaban una vía de transporte más rápida y eficiente. Necesitaban recuperar el acceso al puerto que habían perdido años atrás por culpa del viejo mal nacido.

Pasó la vista despacio sobre la mesa donde estaba Don Jaime. Sus ojos se endurecieron sutilmente…

Tenía pensado como cambiarlo todo. Al igual que los miembros de las otras familias, habían respetado el periodo de duelo por la muerte de Don Lino. Era la ley no escrita. Un año justo. Pero ahora era el momento de comenzar a negociar.

Desvió su vista hacia la mesa principal. Sonrió con arrogancia… la novia era hermosa… tenía que admitirlo… femenina, delicada, graciosa…

Una chiquilla que haría bien en dedicarse a parir hijos y atender su casa.

Seguramente la enfermedad había afectado la capacidad mental de Lino antes de morir… no se explicaba de otra manera el desastre que había hecho con su familia… un poco más allá estaba el futuro jefe… pero si apenas asomaba a la mesa… un crío que no tenía idea de nada… que pasaba los días intentando desesperadamente aprender lo que tomaba años desarrollar… que estupidez… sin darse cuenta negaba con la cabeza… ¿cómo había podido Lino destruir así todo lo que tenía?.. ¿Dejarlo en manos de unos mocosos inexpertos?…

Se fijó en la persona con quien conversaba el chico… el hijo de Jaime… no le gustaba nada la cercanía que se estaba creando entre esas dos familias… pensó que la disolución de la boda entre Gonzalo y María acabaría con el acercamiento entre ellas… pero tenía información que indicaba lo contrario. Las hijas de Lino y Jaime se juntaban al igual que el heredero y Daniel… esperaba que esos lazos no siguieran creciendo… podía ver fácilmente la intención de Don Jaime y Gonzalo detrás de todo esto… pero no… no le quitarían su oportunidad nuevamente… necesitaba el puerto y estaba dispuesto a luchar para conseguirlo.

Cambió su foco y se concentró en Esteban… su boca se curvó en una media sonrisa… ahí estaba su objetivo. Tenía que comenzar temprano… antes que otro se le adelantara… sabía que no era el único que pensaba en apoderarse de lo de Lino…

Seguía mirando fijamente como Esteban levantaba su copa y brindaba por su mujer… gracias a Dios no había tenido hijas… jamás habría permitido que se rebajara casándose con un empleado suyo…

Levantó su copa y simuló beber…  desvió la vista para dejar la copa en la mesa… cuando volvió a mirar se encontró de frente con un par de ojos oscuros y fríos que lo observaban con detención desde la mesa vecina.

Gonzalo había encontrado la causa de su intranquilidad…

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