Miguel 2 Capítulo 57

CAPITULO 57

 

ESTEBAN

Teddy Rojas tomó su copa y se acercó directamente al novio. Era tarde. Había esperado mucho rato hasta que fuera el momento propicio y Esteban estuviera solo.

-. Felicidades– alzó su copa

-. Gracias, Teddy

-. Es una novia hermosa. Eres muy afortunado

-. Sí. Lo soy

Rojas acercó la copa a sus labios, sin beber realmente…

-. Podrías serlo mucho más aún

Esteban escuchó en silencio. También alzó su copa. Esperaba momentos así… solo que no en su propia boda.

-. Ya tengo todo lo que necesito

Bebió un sorbo… tranquilo. Ambos miraban al resto de los invitados…

-. Yo, no – corto. Seco. Preciso

El silencio entre los dos se hizo espeso, a pesar de todo el ruido ambiental. Teddy Rojas se estaba arriesgando mucho.

-. Sería feliz si me devolvieran mi ingreso al puerto

Miraba la reacción de Esteban. Sabía que había muchos pares de ojos pendientes de ellos en estos momentos

– Sería muy feliz

Esteban procesó en silencio lo que había escuchado… aún para alguien como Rojas esto resultaba un juego arriesgado.  Entre las familias, había una cierta “categoría” de acuerdo al tipo de negocios que realizaban. Rojas, con su conocido “trafico de blancas” era el peor cotizado. Ninguno de ellos tenía las manos limpias… pero Teddy Rojas y su negocio era, para todos, el de más baja clase. Él y sus hijos eran conocidos por su rudeza y malos tratos, su falta de moral y el uso indiscriminado de la violencia. Por eso el tipo de tratamiento que recibía de los demás.

-. Fue una decisión general. Las familias apoyaron a Don Jaime- respondió Esteban despacio… tanteando terreno… era su primera vez actuando de igual a igual con un jefe de familia… aunque este fuera Rojas. Esteban sabía que las familias unidas eran la mejor forma de mantener a Rojas bajo control

– El manejo del puerto no está en manos de las familias

-. Es cierto. Está en manos de María- aclaró con firmeza. No le molestaba admitir que era su mujer quien manejaba todo. Siempre supo cual era su lugar y estaba conforme con eso.

-. Ahora eres su esposo. Te escuchará

-. ¿Qué estas insinuando?

-. Sabes… tu vida podría mejorar en muchos aspectos- ofreció descaradamente

Esteban escuchó sin hacer un gesto en su cara. Teddy Rojas. Tan predecible, tan baja clase… tan ordinario y peligroso a la vez.  Ya se estaba cansando de esta conversación. ¿Acaso creía que trataba con un principiante? Se olvidaba que él había estado al lado de Don Lino durante cada paso que se dio para expulsarlo del puerto??… Sabía toda la historia… conocía bien su negocio y sus necesidades…

-. Mi vida no necesita ser mejorada– respondió subiendo el tono de voz y dando entender que la conversación llegaba a su fin

-. También podría empeorar

Teddy Rojas miró al vacío… sus palabras quedaron rebotando en el aire… mientras sus ojos recorrían el salón si detenerse en nadie específicamente. Vio unos cuantos pares de ojos que discretamente seguían la conversación entre ellos

Esteban se molestó al escucharlo… mucho… estaba amenazándolo… su vida, el trabajo que había elegido, siempre estaba lleno de amenazas… pero nunca tan abiertas y directas…  no lo reflejó en su semblante más que en un leve apretón de sus puños. Teddy Rojas lo estaba tratando como si fuera un crío recién recogido de la calle…

-. No te temo Rojas. Conozco tus juegos– respondió con similar actitud… luego se movió hasta quedar frente a frente- eres tú quien no me conoce a mí. Deberías preocuparte antes de amenazarme. Mi mujer está a cargo y yo soy su apoyo incondicional

-. Puede haber grandes sumas involucradas…. Importantes cantidades de dinero- insistió, haciendo caso omiso de lo que Esteban le decía… honestamente, Rojas creía poder comprar la lealtad de Esteban…

-. Voy a pretender que no te he escuchado Teddy… es mi boda. Ahora, si me disculpas…

-. Necesito el acceso al puerto y voy a conseguirlo

Esteban se detuvo. Esas palabras eran graves… peligrosas. Sonaban a una declaración de guerra… a un enfrentamiento.

-. Si deseas iniciar una lucha, estarás solo. Ninguna otra familia va a apoyarte. Sería tu propio suicidio… y el de tus hijos

Rojas calló. No esperaba esa respuesta de Esteban. Pensó que por ser un empleado recién ascendido a la categoría de esposo, se asustaría con sus palabras…  Olvidaba toda la experiencia que Esteban había aprendido al lado de Don Lino… además, le molestaba que lo tratara como si fueran iguales… que se imaginaba este empleaducho subido a patrón solo porque la hija del dueño se había encaprichado con él…

-. Dile a tu… mujer que necesito hablarle

Había un franco desprecio en el tono de voz de Rojas…  no se daba por vencido

-. Está allí, 20 pasos de distancia, si deseas hablarle

Le aclaraba que no pensaba hacer de recadero para llegar a su mujer… si quería hablarle, que fuera él mismo a buscarla.

Estaba siendo descortés y eso era peligroso… pero Rojas había iniciado la discusión y se estaba buscando el maltrato. Esteban se despidió con un pequeño gesto serio y se dirigió a su mujer. No le gustaba lo que había pasado. A María le  iba a gustar menos.

Caminaba tranquilo y seguro… años de práctica aprendiendo a ocultar las emociones… pero la conversación con Rojas lo había alterado. ¿en verdad estaba dispuesto a cualquier cosa por volver a tener acceso al puerto?… todo sabían que lo necesitaba para mejorar su negocios… pero no esperaba que fuera tan desesperadamente.

Se acercó a María…  ella le sonrió con los ojos celestes llenos de ilusión… Esteban guardó el incidente en el fondo de su mente, por ahora. No iba a estropear este maravilloso día. Ya lo pensaría más tarde. Ahora quería dedicarle todo su tiempo y atención a su mujer…

 

MIGUEL

Miguel había dejado de ponerse nervioso por la presencia de tantos jefes hacía tiempo ya. Había estado al lado de Gonzalo, en muchas ocasiones, cuando se reunía con alguno de ellos. No hablaba, se mantenía escuchando y aprendiendo, pero tampoco lo intimidaban.  Gonzalo y él estaban juntos en las reuniones pero mantenían una distancia segura. Como casi todos en el salón, había seguido los movimientos de Rojas al acercarse a Esteban… felicitaciones?… no… extraño… muy extraño.

Sentado a la mesa, con Gonzalo a su lado, sus ojos seguían ahora los movimientos de Nali y Claudio. Como era de esperarse, a Nali le había encantado conocer al hermano de Gonzalo, habían congeniado rápidamente y ahora Claudio la llevaba a bailar a la pista…

-. No puedes negar que se ven bien juntos…

Gonzalo sonreía burlándose… un poco… sabiendo lo que sus palabras iban a provocar. Desde la distancia, Claudio superaba a Nali en unos cuantos centímetros, ambos muy jóvenes y atractivos… se veían muy bien caminando lado a lado.

Gonzalo entendía los celos de Miguel con su hermana, era opresivamente protector con ella… le exigía en los estudios, vigilaba sus amistades y permisos… trataba de suplir el rol que la inexistencia de un padre había dejado en la vida de ambos hermanos…  Amaba a Miguel cuando actuaba como hermano preocupado y se sentía orgulloso del rol que había decidido adjudicarse… pero le gustaba molestarlo…  era parte del juego de ser su pareja y además, amigo de Nali

-. Recuérdame golpearte la próxima vez que la invites a alguna parte– respondió Miguel sabiendo perfectamente lo que Gonzalo estaba haciendo.

Gonzalo lo escuchó y sonrió sin mirarlo… no quería hacerlo. Si lo miraba, iba a encontrarse con la cara de Miguel un poco amurrada y con ese gesto de preocupación que lo volvía adorable… mezcla de enojo con él y ganas de agarrar a su hermana y llevarla corriendo de vuelta a su casa para encerrarla bajo 5 llaves… amaba todas las caras de Miguel…  lo enternecían y le provocaban sentimientos que no había experimentado jamás hasta conocerlo y vivir con él… los momentos de exquisita ternura entre ellos eran  bellos y valiosos… habían aprendido a jugar, a ser tiernos y afectuosos…  a ser compañeros y tener gestos de cariño y atención,  a tolerarse y darse espacio en los momentos de rabia y ofuscación. No se trataba de una vida perfecta sin discusiones… se trataba de una vida real en la que ambos estaban poniendo lo mejor de sí mismos para disfrutarla y hacerla cada día mejor.

Miguel completaba su vida… amaba cada célula del mocoso que tenía a su lado…

No iba a mirarlo…  sentiría esas ganas incontrolables de apretarlo y besarlo… de querer pegarlo a su cuerpo y hundirse en él…

Tomó su vaso y bebió un sorbo…. Mantener las manos ocupadas para evitar alargarlas hacia Miguel… ¿cuantas veces había estado a punto de hacerlo?… tocarlo y acariciarlo se volvía una necesidad, un gesto que le nacía del alma y que no se detenía a pensar… algo tan natural y simple, como respirar o caminar…  pero ambos habían estado de acuerdo en mantenerlo en privado. Todo el mundo sabía de su relación y no era ningún secreto, Miguel era, oficialmente, la pareja de Gonzalo, pero las demostraciones físicas  de su amor, se llevaban a cabo tras puertas cerradas, con mucha pasión y muy escasos testigos.

Gonzalo siempre había actuado con naturalidad y sin importarle mucho lo que los demás pensaran de su relación; era  feliz con Miguel y el resto del mundo le daba un carajo. No necesitaba la aprobación de nadie.

Sin embargo, Miguel había reaccionado diferente. La inseguridad natural de su personalidad lo había hecho vestirse con una barrera de agresividad y se sentía atacado cada vez que alguno de sus compañeros de trabajo o alguien en las oficinas, lo miraba mucho o de manera que él consideraba sospechosa… Miguel había sentido que tenía que defenderse aunque nadie lo estuviera atacando y eso le creó problemas y malentendidos que fueron aclarándose con el paso del tiempo.  Fue difícil para Miguel entender que no necesitaba defenderse ni justificarse, que bastaba con amarse…

Nali fue la primera que los apoyó el día que fueron a almorzar con ella y su madre para contarles de su relación… y esa actitud de Nali con su hermano hizo que brotara, de inmediato, el cariño de Gonzalo hacia ella.

Se encontraron en el departamento de su madre pues ella había insistido en preparar el almuerzo…  era una tontera salir a comer fuera cuando ella podía prepararle su plato favorito… ¿Qué venía con su jefe?… pues bienvenido, Gonzalo, respondió ella sin preguntar nada más.

Gonzalo y Miguel llegaron puntuales. Todo se desarrolló en forma tranquila hasta que llegaron al postre. Miguel había estado juntando valor desde hacía rato… cruzaba su mirada con la de Gonzalo… veía el apoyo incondicional en los ojos de él y sabía que tenía que hablar… pero al mirar a su mamá se sentía como un niño…  suspiro profundamente. Ya era hora.

-. Mamá… Nali… tengo algo que decirle…. Tenemos– se corrigió al ver la mirada de Gonzalo.

No supo que tono de voz había empleado para conseguir la atención de ambas mujeres que lo miraban en silencio…  Por su mente pasaron decenas de imágenes de su madre y él a lo largo de su vida… ¿se decepcionaría?… ¿dejaría de quererlo?… ¿sospechaba algo?… ¿en verdad creía que Gonzalo era solo su jefe?… costaba continuar hablando.  Inspiró profundamente. Gonzalo lo había hecho el día anterior frente a su madre y ahora era su turno…

-. Mamá. No me gustan las mujeres.- declaró rápidamente consiguiendo que su madre y hermana arrugaran el entrecejo y abrieran mucho los ojos.

-. Ah, no?… entonces?…- la pregunta quedó flotando en el aire, pero Miguel se encargó de ello rápidamente.

-. Mamá… Gonzalo no es solo la persona para quien trabajo. Es mi pareja

Buscó su mano sin darse cuenta, por debajo de la mesa… la apretó fuerte.

Eran casi exactamente las mismas palabras que Gonzalo había usado con su madre el día anterior.  Miguel se quedó en silencio esperando la reacción que vendría luego de que ambas mujeres entendieran lo que acababa de decir.

-. Gonzalo??!!- Nali fue más rápida en entender y reaccionar- entonces, ustedes… dos??

Los inquietos ojos de Nali pasaban de uno a otro y su rostro cambiaba de expresiones rápidamente… sonreía afectuosa… sorprendida, nerviosa… incrédula.

Miguel sintió y agradeció la mano de Gonzalo envolviendo la suya. En un gesto bastante simbólico, Gonzalo levanto ambas manos unidas hasta dejarlas sobre la mesa… Miguel solo se dejó llevar…  al sentirlo se dio cuenta lo inquieto que estaba y lo mucho que necesitaba de su apoyo… lo amaba… tanto… que estaba dispuesto a revelar su más íntimo secreto a su madre y hermana…  Sus ojos se quedaron pegados en la mano grande de Gonzalo que encerraba la suya, ante las dos mujeres… esperaba en silencio…

Su madre lo miraba fijamente… sin un gesto que indicara lo que estaba pensando. Los segundos pasaban y el silencio se volvía espeso

-. Diga algo, mamá- pidió Miguel bajando la voz

-. Es tu vida, hijo. Ya eres un hombre adulto  y tienes que vivirla como seas feliz.

-. Soy feliz con Gonzalo

Ella lo miró largamente antes de seguir. Por fin se aclaraban muchas cosas que no terminaba de entender… el brusco cambio de vida de Miguel… Debió haberlo supuesto… ahora se daba cuenta que siempre tuvo la evidencia frente a sus narices pero se había negado a verla… ¿a su hijo le gustaban los hombre?… era… extraño… no era lo ideal… ¿en qué lo cambiaba todo esto?… Miguel seguía siendo su hijo… y era un muy buen hijo… ¿Gonzalo y él?… ¿juntos?… necesitaba un poco de tiempo para entender y aceptar… había visto tantas cosas en su vida, en el hospital, en el barrio miserable donde vivían antes… no estaba choqueada. Solo… sorprendida.

-. Yo… no sé qué decir, Miguel

Fue Nali quien salvó la situación. De un salto se puso de pie y los abrazó a ambos…  acercándose a Gonzalo con cautela..

-. Me alegro por ti – le dijo a su hermano espontáneamente… -… que seas feliz

Se sonrieron… Miguel soltó a Gonzalo y recibió el abrazo cariñoso de su hermana… lo necesitaba.

Poco a poco la madre de Miguel fue aceptando la situación… no le quedaba otro camino pero además, veía que Miguel estaba feliz y eso era lo más importante. Su hijo seguía siendo su mismo hijo.

De esa confesión y de la reacción de Nali frente a ella, había nacido una fuerte conexión entre Gonzalo y su pequeña cuñada. Formó con ella un tipo de relación de amistad única y diferente que le divertía mucho. Nali era como un Miguel en versión femenina… más delicada y tímida… estaba encantado con su cuñada. Conversaban bastante cada vez que se encontraban, se buscaban… Nalilo había convertido en su confidente y Gonzalo, por primera vez,  no se molestaba con la presencia de un adolescente ni juzgaba sus accionesi… todo era inocente aunque a ella le preocupaban sus pequeños problemas. Escuchaba y aconsejaba.  Nali lo divertía… era espontánea, curiosa, bonita, alegre por naturaleza.  Los celos de Miguel con su hermana también lo divertían… aunque a ratos lo exasperaban. Nali se convertía en una mujer rápidamente y curiosamente, él se sentía parte de la vida de la chica. Ella le había dado espacio y confianza.

Ahora, era extraño que el objeto de esos celos fuera Claudio.

Miguel seguía atento los pasos de Nali acercándose a la pista de baile del brazo de Claudio…

-.¿Por qué la lleva a la pista de baile?…  Pero si Nali ni siquiera sabe bail…

Gonzalo rio bajito. Los chicos entraban a la pista de baile y Miguel se asustaba pensando en que la chica no sabría que hacer… pero ahí estaba ella, moviéndose coquetamente al ritmo de la música… bastante bien.,. femenina, coordinada y con mucha gracia… le sonreía a Claudio y tarareaba la canción…

-. Creo que si sabe

Moría por tocarlo… a pesar de haber pasado un año juntos, Miguel seguía despertando su pasión y su locura… nunca llegaba a conocerlo del todo… Miguel lo sorprendía con sus mil caras y actitudes… deseaba callarlo con mil besos y quitarle la ropa… además,  aún había cosas que no podía permitirse con él… no después del daño que le había causado… le había prometido no usar los juguetes, pero eso no significaba que no siguiera deseando hacerlo.

 

DANIEL

Caminaba con trancos firmes por el pasillo de la sala de recepciones. Atrás quedaba la pista de baile, la música, los invitados. No era el lugar ideal… mucho riego… pero necesitaba hacerlo.

Daniel cruzó la puerta delante de él e ingresó a una pequeña sala de reuniones… estaba oscura, no había nadie. Se detuvo y  giró observando la puerta… tenía que venir… seguro había entendido su gesto… a veces se comunicaban tan bien por medio de solamente gestos… sobraban las palabras… Coque y él se entendían de maravillas.

Tal como esperaba, segundos después, la puerta se abrió. Coque entró de prisa. Se veía elegante y precioso con su traje oscuro que resaltaba sus rasgos que aún parecían de niño pequeño… las pecas de su cara y sus ojos chispeantes… Daniel lo miró sintiendo satisfacción… deseo      … ternura…  mucho cariño.

Se arrojaron el uno en brazos de otro y se fundieron en un beso que no necesitaba de palabras… solo los sonidos de sus respiraciones entrecortadas y los jadeos que expresaban sus deseos

-. No me puedo quedar mucho rato – de hecho, su guardaespalda estaba junto a la puerta, por fuera.

-. Lo sé- Daniel entendía… pero se cansaba de entender y se sentía frustrado. Coque se pegaba a él… ambos se necesitaban… Lo sostuvo con ambas manos de trasero pegándolo a  su cuerpo y sintiendo como respondía ante la cercanía de Coque

-. ¿Cuándo?

-. No se… quiero verte también, pero no sé cuando tendré tiempo

No le bastaba con eso… ni siquiera era una respuesta. Mantuvo una mano apretándolo del trasero hacia su cuerpo y con la otra le sostuvo el mentón

-. Dime cuando vamos a pasar tiempo juntos- exigió

Coque conocía esa forma de hablar de Daniel. Sintió un escalofrío recorrerlo… placer… deseo… atracción… le encantaba cuando Daniel se ponía serio, era siempre tan gentil y amable y eso también le gustaba… pero cuando aparecía el Daniel serio y exigente, Coque sentía que su cuerpo reaccionaba de manera distinta…

-. El viernes…

-. Faltan 6 días!!!- protestó Daniel

Coque no dijo más pero lo miró dándole a entender que no había nada que pudiera hacer…  su horario estaba completo y tendría que inventar una muy buena excusa para escaparse toda la tarde del viernes… quería pasar tiempo con Daniel…  lo besó hasta que Daniel fue respondiendo y apasionándose con el beso… Las manos de Coque le abrieron los botones de la camisa, tironeando de la corbata y dejándole besos húmedos en la piel de su pecho…

-. Se me va a hacer eterno el tiempo hasta el viernes…- suspiró dándose por vencido

-. Te lo compensaré… lo prometo

Las manos en el culo de Coque lo apretaron fuertemente

-. Te lo voy a cobrar…- sonrió Daniel… Los siguientes minutos fueron solo besos y caricias atrevidas… costaba separarse necesitándose tanto…  como extrañaban ambos los días del colegio del año anterior… Daniel lamentaba tanto el tiempo que había perdido de estar con su pecoso y los disgustos que lo había hecho pasar… sabía que lo que tenían era algo sólido y valioso, pero también se daba cuenta de lo mucho que ambos cambiaban… Coque parecía cada día más maduro y serio… tenía miedo de encontrarse un día con un chico diferente… adoraba la vivacidad y la energía desbordante de Coque, su alegría y su capacidad de escucharlo y entenderlo… de ser positivo y sensato… en verdad tenía miedo de que se lo cambiaran y le devolvieran a un hombre serio y grave… que apagaran su naturalidad con tanta regla y exigencia… quería mantener vivas todas las cualidades que amaba de Coque

-. ¿Vas a pensar en mi?- preguntó Coque arreglándose la ropa y estirando sus labios en un gesto teatral. Habían pasado más de 20 minutos encerrados arriesgándose a ser descubiertos y a que lo echaran de menos

-. Pienso en ti todos los días… Te llamo cada noche – respondió con algo de  ternura acariciando su mejilla

Era cierto… hablaban todas las noches antes de dormirse… cada uno en su cama deseando estar al lado del otro. Coque solo necesitaba reafirmar el cariño… que Daniel le dijera que seguía queriéndolo a pesar de todo lo que cambiaba y crecía… de que se volvía un hombre atractivo y seguro mientras él seguía siendo un chico manejado por un grupo de hombres adultos…

La situación se volvía insostenible para los dos… querían estar juntos pero tenían tantas obligaciones que cumplir… disimular frente a otras personas y robarse algunos momentos para poder verse,

-. ¿El viernes?- preguntó Coque confirmando la cita y sosteniéndolo del brazo justo antes de abandonar el salón

-. Todo para ti…- respondió sonriendo y acariciándolo con una dulce mirada de sus enormes ojos verdes…

 

KARINA.

Karina paseo la vista por el salón. Era la primera vez que asistía a un evento de tanta relevancia y aunque estaba impresionada por la elegancia del lugar y de los asistentes, no lo reflejaba en su rostro. No estaba ahí como invitada. Estaba trabajando.  Lidia… relucía… resplandecía…  sus ojos se quedaban pegados en ella y le costaba seguir… no sabía cómo se le había ido metiendo en el alma.. Lidia era la fantasía que nunca se atrevió a soñar de niña, el hada madrina de los sueños, la princesa de los cuentos… Lidia era todo lo bueno y bello de este mundo.  Tuvo que desviar su vista al ver un movimiento que alertaba a medio mundo. Teddy Rojas se dirigía a la pareja de recién casados y el ambiente se llenaba de tensión… demasiados guardias, demasiada gente. No pasaría nada en un lugar como este… nada que requiriera de sus servicios,.. ¿Qué estarían hablando?… Estudió minuciosamente a las personas que participaban de la conversación… María estaba tensa aunque pretendía parecer altiva… Esteban estaba molesto pero lo disimulaba sonriendo fríamente… Rojas estaba… ladeó la cabeza para poder mirar mejor y entender… Teddy Rojas tenía un aire de suficiencia y prepotencia… se dirigía exclusivamente a la novia… no debían ser felicitaciones ya que le estaría hablando a ambos… María respondía cortante… sus ojos de hielo estaban peor que nunca… Esteban hacía gestos pequeños con la intención de protegerla… cruzaba el brazo protector por su cintura… Rojas sonreía estúpidamente y se alejaba…

No había escuchado nada de lo que habían conversado pero tuvo la certeza de que eran problemas serios.

Buscó con la mirada a sus jefes… Gonzalo era una estatua tensa observando lo mismo que ella… a su lado Miguel estaba en situación similar… Lidia también observaba pero no parecía tan alterada… Daniel?… Ah!.. Daniel se había escapado con su chico… lo sabía desde hacía tiempo y sentía que era parte de sus funciones protegerlos a ambos, pero por ahora estaban a cargo de otra persona… Andrei se acercaba a Gonzalo… lo mismo hacían parte de las otras familias… fue como si hubiera existido un llamado silencioso que solo ellos entendían. Se agrupaban calladamente.

Teddy Rojas eligió ese momento para reunir a sus hijos y despedirse. Se retiró dejando una estela de dudas.

La música seguía sonando y las personas, aparentemente estaban todos pasándolo muy bien. Claudio y Nali seguían bailando ajenos a todo lo que pasaba a su alrededor. Pero Karina sentía el ambiente cortante y tenso.  Redobló su atención aunque tenía claro que aquí dentro, nada malo pasaría.

 

COQUE

Su hermana en persona había interrumpido la primera clase del día lunes siguiente para que lo acompañara a una reunión importante. Se encontraban presente todos quienes tenían alguna importancia en la familia. María tomó asiento en el lugar principal y expuso en breves palabras lo que había sucedido con Teddy Rojas.

Exigía el uso del puerto. Creía tener tanto derecho como los demás a hacer uso del lugar.

Saltaron de inmediato los mayores. Había perdido el derecho al hacer mal uso de las instalaciones y ponerlos a todos en riesgo, especialmente a la familia de Don Jaime. Ya no tenía ningún derecho, y permitirle la entrada significaría enemistarse con la otra familia.

-. Lo sé – dijo la reina de hielo sentada en su trono – no es mi intención permitirle hacer uso del puerto. Menos aún por la manera en que lo pidió

No había sido descortés… ni Rojas era tan estúpido como para ofender directamente a la jefe de una familia, aunque fuera mujer y poco menos que una niña… pero se había paseado justo en el borde del sarcasmo, la ironía y la socarronería, usando palabras muy elegidas y una actitud algo altanera y levemente impertinente… nada que María o Esteban pudieran usar en su contra directamente… ni explicar sino sentir… pero que los había dejado a ambos con una sensación de molestia y enojo.

-. No quiero permitirles el ingreso al puerto. Nuestro padre no lo habría permitido y además, no quiero molestar a la familia de Daniel. Son nuestros aliados más cercanos

Coque había entendido claramente y su opinión tenía valor.

La reunión terminó con nuevas instrucciones para aumentar el nivel de protección. Por la tarde, María se comunicó con Rojas y le expresó el acuerdo de la familia. Se mantenía el bloqueo al puerto para su familia. Le sugirió que buscara otras alternativas para movilizar su mercancía. Rojas cortó furioso. María escucho, encantada, como se enojaba. Ah! Se sentía bien tener el poder de mandar a un hombre como Rojas a la mierda.

Con ese preocupante capítulo cerrado, tomó a su marido de la mano y se perdieron en los pasillos de la casa. No habría luna de miel por ahora, pero eso no era razón para no disfrutar de un pequeño encuentro en la privacidad de sus habitaciones.

Coque volvió a sus clases. Pasó la tarde con los asesores. A las nueve de la noche terminó su último ejercicio, comió algo ligero y se retiró a su habitación. Tras una buena ducha se tendió en la cama… lo que había pasado con Rojas era excepcional. Todos los asesores se lo habían dicho y le habían puesto en diferentes situaciones que debía resolver… algunas muy complicadas y que le exigieron pensar mucho la forma de resolverla… algún día sería el jefe total y tenía que considerar muchas cosas antes de tomar una decisión… aún quedaban dando vuelta en su cabeza lo que algunos de ellos le habían dicho… Rojas es un hombre peligroso, tiene 4 hijos que son iguales o peores que él… hay que esperar a ver cuál será su reacción, pero no hay mucho que pueda hacer..no tiene el apoyo de nadie más.

Miraba el techo de su habitación mientras repasaba lo acontecido… su rostro pecoso y dulce se veía grave y tenso.  De pronto sonó su teléfono avisando la llegada de un mensaje… suspiró profundamente, relajándose y llenándose de una sentimiento cálido… Daniel.. lo tomó y se fijó en la pantalla

“falta mucho para el viernes”

Sonrió… si, faltaba mucho. Como le gustaría estar con él de inmediato… pasar esas horas tranquilas juntos que habían compartió en el internado… lo extrañaba tanto…

“Falta menos que ayer”  respondió tecleando con una sonrisa e imaginando a Daniel tendido en su cama… ¿estaría desnudo?… Diablos!! Era lindo… le gustaba mucho la forma en  que su cuerpo había cambiado para volverse más sólido, más de hombre… comenzó a excitarse… él seguía teniendo un cuerpo de niño… aunque Daniel decía que le gustaba así…

Siguieron tecleándose y hablando hasta que el sueño los venció…

 

DANIEL

No se molestó en inventar ninguna excusa. Le dijo a Gonzalo que se tomaría el día libre porque estaría con Coque. Cerró la puerta antes de darle tiempo de responder y desapareció rápidamente. El viaje al puerto pasó casi desapercibido ya que se durmió justo antes de salir de la ciudad.  El guardaespaldas lo despertó cuando ya habían llegado a la casa de su amigo.

Coque había hablado con María el día anterior. Aun sentía un poco de vergüenza cuando le explicaba a su hermana que se encontraría con su novio y ella, invariablemente, le repetía que se cuidara. ¿Qué diablos era lo que tenía que cuidarse?… no… mejor no iba a hacer preguntas.

El sonido del timbre lo alertó. Corrió hacia la puerta. Daniel entraba seguido de dos hombres. Se saludaron con un apretón de manos y miradas intensas que prometían mucho. Los guardias quedaron fuera, junto a la seguridad redoblada de la familia.  Almorzaron en familia, María, Esteban, Daniel y Coque, la madre de ellos y los hermanos menores.  Era graciosa la forma en que los chicos casi evitaban mirarse aunque tenían muchos deseos de estar a solas.  El tema de Teddy Rojas fue tratado en la mesa y María expuso a Daniel la decisión que habían tomado y como se lo había comunicado ella misma a Rojas hacía ya 4 días. Se había enojado pero no le quedaba más opción que aceptarlo.

Terminado el almuerzo, Esteban volvió a trabajar a las oficinas centrales; María había programado una visita especial a una fabrica en las afueras de la ciudad, pero justo antes de salir se sintió mal, tenía el estomago revuelto… algo en el almuerzo le había caído mal.

-. Coque… es importante, será solo media hora. Es un nuevo cliente. Solo es una formalidad, conocer a alguien de la familia.  Además… te prestaré el auto y pueden hacer lo que quieran el resto de la tarde… ¿por favor?

No podía negarse. Esperó la aprobación de Daniel antes de responderle. Ambos entusiasmados con la idea de tener el vehículo para ellos y todo el resto de la tarde desocupados.

-. Vete a descansar- le dio un beso a su hermana.

Partieron con rumbo a la dirección que María indicó al chofer, seguidos de cerca por otro automóvil oscuro dónde viajaban los guardias.  No podrían perderlos… pero al menos estaban en otro auto y no junto a ellos.  Se sentaron muy unidos y Coque subió el vidrio oscuro que los dejaba completamente aislados del mundo. Reían como niños pequeños mientras se besaban… la boca abierta y las lenguas danzando… las manos de ambos se metían bajo la ropa del otro… no podían hacer nada aún hasta que terminaran la visita… pero eran muchas la ganas de tocar la piel ajena… sus labios se buscaban, los cuerpos se enredaban y los besos y caricias subían de nivel…

La brusca frenada del vehículo y el grito del chofer los pilló a ambos por sorpresa. Salieron empujados con fuerza hacia adelante. Ninguno llevaba puesto el cinturón de seguridad y se golpearon con rudeza…

-. ¿Qué…?- pero antes de terminar la pregunta el vehículo hacía chirrear las ruedas y emprendía una loca carrera marcha atrás. Coque quiso levantarse a mirar que pasaba pero Daniel fue más rápido y entendió… estiro su brazo y lo mantuvo agachado

-. NO TE LEVANTES!!!- gritó cubriéndolo con su cuerpo y aprisionándolo contra la puerta….

El sonido de los disparos comenzó solo unos segundos después… sonaban muy fuertes y demasiado cerca… algunos impactaban en el vehículo que seguía moviéndose en forma casi descontrolada… se escuchaban gritos y toda clase de ruidos fuertes…

-. Sujétense!!!- escuchó Daniel que gritaba el chofer al tiempo que el vehículo giraba con violencia y emprendía una carrera de frente a toda velocidad… se alejaban del ruido y de las balas… Daniel se levantó brevemente para ver que sucedía… entonces hubo un sonido ensordecedor, un golpe que envió el vehículo por el aire… las puertas se abrieron y de pronto Coque ya no estaba en el auto… “No!!! Noooo”… Daniel quiso gritar pero el auto caía… el metal se aplastaba a su alrededor, los pedazos de vidrios le llegaban de todos lados… un último sonido espantoso de quebrazón y destrozo… el espacio se volvía pequeño… lo aplastaba… luego, solo oscuridad….

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