Miguel 2 Capítulo 66

CAPITULO 66

María y Esteban regresaron a la ciudad cuando amanecía.   No se detuvieron en la casa sino que pasaron directamente a una clínica privada. A María le bastó una sola mirada sobre Coque para darse cuenta de que prefería el riesgo de responder preguntas indiscretas sobre el estado de su hermano en una clínica que arriesgarse a atenderlo en forma privada en su casa pero sin todo el equipamiento ni medios necesarios. Esteban no discutió su decisión. Estaba de acuerdo.

Durante el viaje, Coque vagaba entre la realidad y la inconsciencia… iba en brazos de su hermana pero no creía lo que sus ojos veían… a ratos sonreía y la miraba como si la hubiera reconocido. María intentaba hablarle pero él no era capaz de responder…

El doctor de la familia los esperaba en la puerta con un séquito de ayudantes. Lo ingresaron de prisa. Tras la última puerta blanca, María, Esteban y quienes los acompañaban, tuvieron que detenerse por orden de una de las enfermeras.

– El doctor le avisará lo antes posible, Señora – le dijo con amabilidad pero firmeza

María buscó a Esteban con sus ojos y su cuerpo. Necesitaba de él… en ese momento solo era la hermana del chico herido, la esposa que necesitaba consuelo.

– Va a estar bien- dijo Esteban abrazándola pero sin estar muy convencido.

María no dijo ni una palabra. Se aferró al abrazo de su marido. Sus ojos fijos en la puerta cerrada no traslucían pena sino furia… De Coque se encargaría el doctor y de las enfermeras mejor que ella. De quien le había hecho todo este daño a su hermano se encargaría ella.

 

DANIEL

Ni Daniel ni Lidia dormían cuando María y Esteban regresaron a su casa. Al ver la cara de los recién llegados pudieron deducir que algo importante sucedía. Algo malo.

Como si fuera real, Daniel sintió una corriente gélida y desagradable deslizarse por su espalda…  se enderezó en la cama…

– ¿Lo encontraron?

El matrimonio se buscó con la mirada. Entonces María se acercó a Daniel. Lidia se puso al lado contrario presintiendo que Daniel podía necesitarla

–     Si. Lo encontramos y está vivo 

Daniel soltó el aire que retenía en sus pulmones en espera de la respuesta… era todo lo que necesitaba escuchar… estaba vivo… … … Un momento… ¿por qué la cara de pesadumbre entonces? No alcanzó a sonreír… si María no estaba alegre algo más pasaba.

– ¿Dónde está?

– No vendrá a casa en muchos días, Daniel. Coque está en una cínica y se quedará ahí un buen tiempo

– ¿Por qué? ¿Qué tiene?…

Ya quería salir de la cama y correr a verlo… la expresión de María le hacía temer por su pecoso… si. era un joven fuerte pero a la vez tan sensible… ¿Qué le habían hecho?…

– Tiene… muchas cosas, Daniel.

María no quería repetir lo que había escuchado del doctor… le hacía daño escucharlo.

– Dime que le hicieron – pidió Daniel acercándose a ella y exigiendo con autoridad

Lidia lo sujetó.

– Lo sabremos después. Deja que María descanse ahora. Nos contará mañana

Lidia trataba de conciliar posiciones para evitar un enfrentamiento innecesario. Podía ver como Daniel se transformaba

– NO. Quiero saber ahora mismo. Es mi pareja. Necesito saber que…

– Está bien. Yo te diré

Esteban sostuvo a María de los hombros, besó su mejilla y la guió con cuidado fuera de la habitación. Ella se dejó llevar por su marido… frente a ciertas personas, María mantenía su postura de firmeza pero en este momento necesitaba ser solo la hermana y esposa.

Con una mirada Esteban le pidió a Lidia que saliera.

Daniel y Esteban se quedaron solos en la habitación. Era más fácil hablar entre hombres. Esteban empezó a contarle fríamente desde el momento en que habían llegado a la ubicación de los Rojas, preparando el ambiente para decirle la verdad sobre el estado de Coque y el desmoralizador informe que habían recibido.

María se mantuvo unos minutos de pie en el pasillo cerca de la puerta cerrada pero en su mente estaba imaginando a Esteban repetir las duras palabras del doctor sobre su hermano pequeño… el que debería haber protegido siempre…

– Lo siento

Sin volver a mirar atrás se alejó rumbo a su habitación.

Fue Lidia la que escuchó minutos más tarde, el grito ahogado de dolor de Daniel.

Cuando quiso abrir la puerta para volver a entrar, la mano de Karina, salida de la nada, la detuvo.

– Déjelos solos. Daniel no la necesita ahora

Lidia apretó la mano de ella entre las suyas

– Al menos está vivo- susurró acercándose a Karina

Karina no lo expresó en voz alta pero pensó que había cosas peores que la muerte. Cruzó sus brazos sobre la espalda de Lidia y la abrazó para tranquilizarla. Ella siempre estaría cuando su hada la necesitara, siempre.

 

GONZALO

Miguel y Nali estaban en la misma clínica, atendidos por diferentes profesionales. Gracias a las influencias de María no habían tenido que dar explicaciones sobre el origen de los daños sino solamente ingresarlos y esperar a que los evaluaran y trataran…

Esperar. A Gonzalo no le gustaba esperar.

La última vez que había estado de espera en una sala como esta, su papá había desaparecido tras las puertas y le habían devuelto a otro hombre, con su cara y su voz, pero con diferente personalidad…

No. A Miguel no le pasaría nada de eso. No lo permitiría.

Estaba solo esperando. En el pasillo había unos cuantos de sus hombres y otros de María, pero nadie lo acompañaba en la sala.

Andrei se había hecho cargo de todo mientras él traía a Miguel. Pensó en Jorge… bonita manera de iniciarse en el negocio!!… tuvo que partir con Andrei para ayudarlo. No desconfiaba de Jorge. Su instinto y los hechos, le indicaban que era leal. Sin embargo, no estaba seguro de su aptitud para enfrentar las nuevas responsabilidades que caían sobre él demasiado de prisa. Intentó calmar su mente… Con Miguel, Daniel y Lidia fuera de escena, Jorge se volvía indispensable hasta que llegaran a la ciudad.

Una enfermera cruzó la puerta, buscándolo.

El primer reporte fue sobre Miguel. La mujer de blanco le informó, con voz profesional y respetuosa, que el joven tenía una costilla hecho trizas y una herida sería en el costado derecho. Había perdido mucha sangre pero estaba fuera de peligro. No. aún no podía verlo. Ya le avisaría.

Gonzalo odió su cara, su voz y toda su persona. Se mordió la lengua para no responderle un par de pesadeces, empujarla lejos y cruzar la puerta en busca de Miguel… quería abrazarlo… estaba fuera de peligro… eso era lo único importante…

– Y Analía?

Sujeto el brazo de la mujer con fuerzas antes de que se marchara

– Los médicos la están evaluando aún. Ya le avisaré.

 

Mas esperar… esperar… mierda!! Cuanto odiaba esperar…

Respondió llamadas de Andrei, su padre, Lidia y Claudio.  La última llamada le hizo saber que ya todos sabían en casa de sus padres.

En vista de eso, Gonzalo se dio unos minutos para llamar a la madre de Miguel y explicarle que Nali ya estaba con ellos. Respondió todas las preguntas de su suegra con paciencia, entregando mínima información sobre su estadía en la clínica.

En algún momento, avanzada la noche, Lidia cruzó la puerta y se colgó a él de un abrazo. Karina se fundió con la pared de la sala, haciéndose presente pero invisible a la vez.

– Estas hecho un espanto- dijo Lidia señalando su ropa y su aspecto – ve a ducharte y a descansar. Yo me quedo aquí

Gonzalo rechazó el ofrecimiento. Sabía que no tenía el mejor aspecto. Alguien le había pasado una camisa luego de que la suya quedara toda ensangrentada, pero no abandonaría el lugar hasta ver a Miguel y a Nali.

 

Cuando finalmente pudo entrar, lo encontró reposando sobre una cama, pálido, ojeroso y con una vía de suero en su brazo. Le pareció hermoso por el simple hecho de estar vivo,

-. Sácame de aquí – dijo Miguel por saludo estirando su mano izquierda para pedirle que se acercara…

Gonzalo suspiró y la tranquilidad volvió a su cuerpo. Miguel estaba bien y era el mismo de siempre. No le importó que el doctor y otras personas estuvieran en la habitación. Le pasó la mano por el pelo deteniéndose a enrollar las puntas del cabello en sus dedos… se acercó hasta rozar su boca… solo ellos dos existían en aquel momento.

-. Mejórate luego. Quiero sacarte de aquí para matarte con mis manos– le susurró al oído provocando una sonrisa en Miguel

-. Creo que mejor me quedo aquí

Gonzalo se separó levemente para poder mirarlo… los ojos oscuros y misteriosos de Miguel… le fascinaban sus ojos, su cara, su cuerpo… todo… absolutamente todo…

Había sentido verdadero miedo cuando, con su mano, intentaba contener la sangre caliente que brotaba del costado de Miguel… un miedo terrorífico que le heló la sangre y lo volvió débil y asustadizo… peor que aquella noche en que creyó perderlo tiempo atrás… mucho peor porque ahora Miguel era parte de su vida, el hombre que amaba, con quien compartía todo y que daba sentido a su existencia…

-. No se te ocurra morirte

Miguel entendió los sentimientos de Gonzalo. Podía leerlos en sus ojos… se sintió amado y se pegó a él buscando su calor

-. No voy a ninguna parte sin ti…

Se abrazaron en silencio… solo escuchándose respirar el uno al otro… necesitaban el contacto físico de ese abrazo para aquietar sus almas y recuperarse de todo lo vivido horas atrás…

-. ¿Y Nali?

-. Va a estar bien. No la tocaron.

Un largo suspiro de alivio. Se durmió en brazos de Gonzalo que se negó a abandonarlo a pesar de la insistencia de médicos y enfermeras.

 

ANDREI

En uno de los vehículos que se desplazaba por la carretera que unía el puerto con la ciudad, viajaban Andrei, Clemente y el chofer. Era una larga caravana de varios vehículos oscuros avanzando a gran velocidad.   Un par de autos más atrás, estaba Jorge, intentando parecer seguro, frente dos de los hombres más fuertes y crueles de la familia. Justo entre ellos, esposado y amordazado, se encontraba Domingo. Tenía un apretado vendaje en su hombro para contener la sangre, producto de la bala alojada en su hombro.   Al entrar a la ciudad, los vehículos se separaron en varias direcciones.

Domingo fue llevado al médico de la familia para que extrajera la bala y evitara que muriera. Lo necesitaban entero. Tenía mucho por lo cual responder.

Andrei tenía por misión encargarse de los hermanos; proteger a Clemente y custodiar a Domingo.

Clemente no había abierto la boca desde que subió al vehículo. Miraba por la ventana con expresión ausente. Pero Andrei pudo observar el movimiento de sus dedos que tamborileaban sobre su rodilla y sus ojos que no se quedaban quietos en ningún punto. Era de esperarse. Estaba nervioso y preocupado.

-. ¿Prefieres quedarte en un hotel?- le preguntó Andrei .

Obviamente no lo dejaría solo. Aún no sabían que tanto podían confiar en él.

A Clemente no le gustó la idea de quedarse en un lugar tan frío como un hotel. Estaba devastado pero trataba de parecer normal. No sabía que esperar. Nunca había sido un traidor antes.  Había visto caer a Domingo y sabía que estaba herido. Su hermano era una mierda y era el responsable de todas las muertes y daño que esta guerra había causado… pero era su hermano y aunque no deseaba quererlo, tenía sentimientos de afecto por él.  No podría interceder por él… había violado a Coque, golpeado a Nali y disparado contra Miguel.  Pensaba que era muy probable que dieran muerte a su hermano… tal vez lo merecía… pero eso no significaba que él pudiera aceptarlo con tranquilidad. Hubiera preferido no saber nada y estar lejos.

Por otro lado estaba Anselmo… no había vuelto y él no tenía idea de qué le había pasado… ¿se arrepintió a último minuto?… ¿fue alcanzado por una bala y estaba tirado sobre el patio de aquella casa entre todos los caídos?… ¿o quizás su padre lo sorprendió obligándolo a partir con él?. Rogaba por que estuviera vivo. Anselmo era inocente aún. No tenía culpa de nada…

-. Yo… si. lo que digas– aceptó a regañadientes mirando a Andrei. Sabía bien quién era él dentro de la familia de Gonzalo

Andrei leyó el desencanto en la respuesta de Clemente

-. Si no deseas estar solo… pues.. bueno… puedo hacer otros arreglos

Recordó el antiguo departamento de Gonzalo. Se instalaría con él ahí hasta que Gonzalo volviera y resolviera qué hacer con Clemente. Después de todo, el chico ahora pertenecía a la familia y había que tratarlo bien.

La cara de Clemente se iluminó

-. Si. Lo prefiero si no te ocasiono problemas

-. No. Ninguno. Descuida

Tenía las llaves a mano. Era el lugar que seguía utilizando con Lidia. Seguro a ella no le haría mucha gracia pero sería por corto tiempo.

 

Varios vehículos se detuvieron frente a la casa del doctor. Jorge sintió escalofríos cuando los dos inmensos hombres que custodiaban a Domingo lo miraron a él, como si estuvieran esperando instrucciones… se quedó helado… ¿Qué era lo que había dicho Andrei?

llévalo al médico de la familia para que cure ese balazo. Lo necesitamos sano para matarlo bien”… Andrei había sonreído al decirle eso y Jorge había creído que era una broma… ahora no estaba tan seguro. A decir verdad, en ese momento no estaba seguro de nada.

-. ¿El médico de la familia?- preguntó a los roperos frente a él, esperando que tuvieran una respuesta o supieran hablar

-. Esa casa de ahí- respondió con voz grave uno de ellos

Jorge descendió del auto y al instante fue rodeado por tres hombres armados… su primera reacción fue asustarse… no estaba acostumbrado a la cercanía física con otras personas y mucho menos a que esas personas portaran armas y lucieran feroces… los miró intentando parecer normal… Diablos!!!.. se veían imponentes… y él estaba en medio de todo esto. Estaban ahí para protegerlo a él.  Respiró llenando de aire sus pulmones y enderezó su espalda sintiéndose poderoso… cada minuto que pasaba le estaba gustando más su nuevo trabajo… caminó hasta la entrada y sacando, voz autoritaria que ni sabía que tenía, pidió hablar con el doctor de la familia para que tratara a Domingo.

 

COQUE.

Durante tres días había estado sedado por orden médica, dándole tiempo a su cuerpo y a su mente para recuperarse del daño más inmediato. Tenía, entre otras cosas,  una seria infección producto de la violación, golpes y fracturas, heridas y dolores en diversas partes del cuerpo… había perdido peso al punto de anemia.  Pero nada se comparaba al daño en su mente.

Cuando abrió los ojos lo hizo de golpe y asustado. Estaba en una habitación cómoda y luminosa que no reconoció. Quiso mover sus brazos pero estaban atados a los barrotes de la cama…  el pánico lo invadió

-. Suélteme… quítenme esto

Su intención había sido gritar pero solo fue un murmullo quebrado lo que escapó de su boca.

La enfermera permanente en su habitación lo escuchó y se acercó de inmediato

-. Hola. Bienvenido de vuelta – era una mujer de aspecto maternal y agradable– ¿sabe donde esta?-

-. Suélteme– gritó sin responder su consulta a punto de llorar – suélteme…

-. Lo hicimos por su propia seguridad. Lo soltaré de inmediato

Con mucha eficiencia, la mujer se acercó a soltar las amarras.

-. NOOO. NO ME TOQUE. NOOOOOO

Ahora si gritaba con ganas…

La mujer se quedó inmóvil. ¿cómo iba a soltarlo si no quería que se acercara?

-. Tranquilícese. Soy la enfermera y estoy aquí para cuidarlo. Voy a quitar las amarras sin tocarlo

Reanudo su marcha con mucha lentitud. Había trabajado antes con personas abusadas. Sabía las reacciones que podía esperar. Deshizo los nudos con paciencia y Coque sintió sus brazos y piernas libres nuevamente. No quería que nadie, nunca más en su vida, volviera a poner una amarra en su cuerpo.

– Está en la Clínica. Su hermana espera afuera

Cayó en la cuenta de que no había sido un sueño. En su mente imágenes confusas de Esteban y María

-. ¿Mi hermana? – preguntó con la voz totalmente quebrada

-. ¿Desea verla?

Estaba llorando antes de responder…  estaba a salvo. María estaba afuera… la pesadilla había llegado a su fin… no quería pensar ni recordar…

-. María…

Ella lo abrazó teniendo en cuenta todas las recomendaciones que le había hecho el doctor respecto de su estado físico y sicológico; Coque era de una fragilidad extrema en ese momento. Lo estrechó con cuidado y toda su dureza se fue al tacho de la basura… Coque se agarraba de ella como si su vida dependiera de ello… su hermanito pequeño… puras costillas y huesos… lágrimas y temblores

-. Ya estas de vuelta. Todo va a estar bien

Coque no la soltaba… sus dedos se enterraban en la espalda de María… no podía detener las lágrimas.. tiritaba sin razón… ya todo estaba bien.. pero no podía calmarse…

-. Nuestra gente está en todas partes. Nadie volverá a hacerte daño

Se aferraba a ella con más fuerzas provocándole dolor

-. Sshhhh… tranquilo…

-. Quiero ir a casa… –suplicó con dificultad para hablar

-. El doctor dice que no puedes aún. Dentro de unos días…

– Por.. favor. Quiero ir a casa

-. Estas a salvo.

-. A casa… por favor  

El aire empezó a faltarle y el corazón aceleró su ritmo hasta volverse desagradable y hacerlo sudar… su cuerpo temblaba y era incapaz de controlar los movimientos… quería gritar que lo sacara de aquí pero estaba mareado… su estómago subía y bajaba… algo no estaba bien…   Coque tuvo la súbita impresión de que su muerte era inminente si continuaba en este lugar… abrió muy grande los ojos que se destacaron en su cara delgada… iba a morir ahora, justo ahora que se creía a salvo

-. Coque… Coqueee!!! – el grito de su hermana

 Tuvieron que volver a sedarlo. María se quedó a su lado toda la tarde.

Crisis de pánico había dictaminado el siquiatra junto al médico tratante.

-. No quiere estar aquí – explicó María

– Podemos tratarlo en una clínica de reposo- sugirió el siquiatra. El doctor asintió.

– Le preguntaré cuando despierte

A María le parecía una locura enviar a su hermano a un lugar así… Coque era joven, lleno de vida y alegría… se recuperaría muy luego…

– Su hermano no es capaz de tomar decisiones, ahora– apuntó el siquiatra -necesita de su apoyo incondicional –

– Y lo tiene – respondió ella algo alterada

– Entonces dele lo que él necesita. No lo que usted desea

María lo miró molesta. Hacía mucho tiempo que nadie le hablaba de esa forma. Iba a replicar cuando miró a su hermano dormido en la cama y vio lo que las otras personas estaban viendo… un adolescente que parecía un niño debilucho y enfermo, herido, aterrado, delgado hasta los huesos, su piel apenas tenía color…  ni siquiera dormido parecía estar tranquilo… sus nervios destrozados…

Pestañeo muy seguido para evitar que la congoja se le escapara por sus ojos…

– ¿Estará mejor en ese lugar?

– Sin duda – afirmó el siquiatra – recibirá el mejor tratamiento

María movió la cabeza afirmando.

– Tendrá su propia seguridad – exigió María

– Se puede arreglar

– De acuerdo

– Hablaré con el director para que los reciba esta misma tarde.

 

María estaba con Coque cuando volvió a despertar en una pieza diferente. Un dormitorio pintado en suaves colores pastel y decorado de forma sencilla y cálida. Muy lejano de los fríos e impersonales cuartos de hospital

– Mi dormitorio…

Gimió. Ni siquiera terminaba de abrir los ojos cuando ya se le llenaban de lágrimas…

– Estas enfermo. No puedo llevarte a casa hasta que estés bien

María se parecía a su padre en ese momento. Le hablaba con la seguridad y autoridad que él tenía. Coque le creyó.

Poco sabía Coque de todo el valor que María había tenido que reunir para atreverse a hablarle así. Los doctores decían que era lo mejor para su hermano.

– ¿Qué lugar es este?

Había una ventana desde la cual se veía un jardín con asientos y un par de personas que paseaban acompañadas de asistentes vestidos de blanco.

– Es una clínica de reposo. Los doctores están de acuerdo en que es lo que necesitas ahora…

– ¿Voy a estar solo?

– Vendré a verte cuando el doctor lo permita

Esas palabras desataron más lágrimas…

La resistencia de María comenzó a tambalearse…

– Es por tu bien. Te lo prometo

– ¿Y si no me gusta?

– Ni si quiera lo pienses. Te va a gustar

Calló. Su hermana estaba decidida a dejarlo abandonado en este lugar y no tenía fuerzas para oponerse

– Esteban te manda mucho cariño. Desea que te mejores pronto

Siguió con la vista fija en el jardín…

– Daniel…- María tomó aire antes de seguir – Daniel está mejorando rápido. Te envía todo su cariño

La mención de Daniel le cortó la respiración y aceleró su corazón… el mareo regresó pero desapareció casi de inmediato… Coque se asustó pensando que nuevamente volvería a sentir que moría

María se dio cuenta del efecto de sus palabras. Había discutido con el médico director del lugar cuando había prohibido las visitas a Coque, luego de revisar su ficha médica y conversar con sus anteriores doctores.

– Su mente es un gran caos. Coque necesita tranquilidad para recuperarse y ordenarse. Nada de preocupaciones ni de visitas

– Pero es mi hermano…

– Usted representa el mundo exterior y su hermano ni siquiera es capaz de organizar su propio mundo interior.

– Pero…

– María… No es conveniente para él escuchar lo que sucede fuera de estas paredes. Por ahora, sus amistades y familia son un problema para él.  Volverá a ser el mismo de antes. Permítame tratarlo y mejorarlo. Podrá recibir visitas más adelante

María pensó en Daniel…

– Va a ser muy complicado

– Señora. Si desea que su hermano mejore mantenga su ubicación en completa privacidad.  Por su salud y su seguridad.

Y ahora, la actitud de Coque al mencionar a Daniel confirmaba lo que el director le había dicho.

– Debo irme ahora – dijo María haciéndose la valiente frente a su hermano

Coque se agitó en la cama y la miró con los ojos muy tristes

– Volveré cuando el médico lo permita. Estás en buenas manos.

Le dejo un beso en la frente y un abrazo ligero. Caminó de prisa hacia la salida. Ya había firmado todos los documentos necesarios.  Esteban la esperaba en el vehículo. Cuando cruzaron  el portón de salida de la clínica y estuvieron lejos de miradas curiosas, Esteban detuvo el auto.

– Estas haciendo lo correcto, María

– Lo sé. Es que se ve tan desvalido

– Hay cuatro hombres protegiéndolo

– No es eso… es su alma…

– Se va a recuperar. Está en las mejores manos

– Nadie debe saber dónde está

– Daniel?

– Nadie

 

DANIEL

Preguntaba todos los días y a cada rato por Coque. Recibía la misma respuesta desde hacía tres días

– Esta sedado. Aún no despierta. El doctor lo ha ordenado.

Daniel sentía que el mundo a su alrededor había cambiado bruscamente y tenía que adaptarse al cambio o no podría sobrevivir.

Qué lejos se sentía ahora del joven que era cuando estuvo con Miguel.

Nada lo preocupaba en aquel entonces… era feliz con las cosas simples como el gimnasio y sus amigos, una visita al cine o una escapada furtiva con Miguel… se asustaba de estupideces como llegar tarde a las cenas de su madre o una mala calificación en el colegio.

Había cambiado y cada cambio había sido precedido por sufrimiento… descubrir la relación de Gonzalo con Miguel, saber lo que hacían juntos, la pelea terrible con Gonzalo que significó alejarse de su familia e ingresar al internado como castigo… conocer a Coque había sido bueno… engañarlo y verlo sufrir había sido muy malo… suplicar su perdón y esperar por él le había enseñado el valor de la lealtad y compromiso… luego todo el drama del matrimonio forzado de Gonzalo, la enfermedad que casi le cuesta la vida a su padre y tener que adquirir responsabilidades de golpe en los negocios de la familia…

Cada cosa había contribuido a que madurara demasiado de prisa.

No se quejaba. Estaba dispuesto a asumir el rol que le tocaba junto a sus hermanos aunque significara sacrificar tiempo con Coque y dejar de hacer las cosas que le gustaban. Estaba preparado para afrontar eso

Pero nada lo había preparado para una venganza tan brutal como lo que habían hecho los Rojas…  las fracturas y heridas del accidente lo mantenían funcionando a medias…  eso no se comparaba con lo que sentía ahora al saber por lo que Coque había pasado… solo… en manos de esos animales

“fue abusado”…

Apretó con fuerza los ojos los ojos y su boca se volvió una fina línea en su rostro… soltó el aire que salió a tirones de su pecho… la tristeza y el odio unidos formando un remolino en su mente…

“su estado es delicado… debes tratarlo con cuidado”

Las palabras de Esteban hacían eco en su cabeza

No quería imaginar cómo había sido aquello pero su mente insistía en mostrarle imágenes que aborrecía.

Coque era dulce y cariñoso… una persona preciosa… optimista… comprensivo… sus brazos abiertos y su sonrisa al abrazarlo… lo besaba con alegría… eran felices juntos…  no le hacía daño a nadie…

“Violado”

NO… no… no

Sus manos se apretaron en un puño cerrado…

Inspiró profundamente, tenía que calmarse.  Abrió los ojos y miró su imagen en el espejo. Era otro. Los mismos ojos verdes que ya no tenían la inocencia de antes, el pelo castaño bien cortado y la seriedad de su rostro lo hacían verse mayor. Una cuantas cicatrices frescas repartidas en su rostro. Seguía siendo alto y delgado pero sus músculos eran más notorios ahora. La imagen que le devolvía el espejo era la de un joven atractivo, bien vestido… serio, al punto de gravedad. Tal vez debería intentar una sonrisa para Coque… se miró al espejo por más de un minuto pero no pudo sonreír…  habían herido a Coque y le dolía más que si se lo hubieran hecho a él.

Poco más de un año atrás deseaba ser  fuerte y poderoso como Gonzalo. Lo había odiado por tener en sus manos la capacidad de decidir sobre la vida de otras personas y hacer con él lo que se le diera la gana como enviarlo lejos… se había dicho a sí mismo que no quería ser como él.

Los acontecimientos le habían hecho tragarse sus palabras y arrepentirse de ellas.

Ahora podía y quería serlo. A su manera, y apoyado por sus hermanos, Daniel sabía que poseía la capacidad de disponer de la vida de otra persona. No había ejercido el poder que su apellido y familia le otorgaban…

Miró sus ojos fijamente en el espejo…

Quería usar ese poder para dar muerte lenta a Domingo Rojas.

Pensar su nombre le producía un escalofrío de odio…

¿Por qué le había hecho daño a Coque? ¿Por qué lo había tocado?  Sus sucias manos en su dulce pecoso…

Daniel no sabía qué hacer con el sentimiento de odio que experimentaba. No estaba acostumbrado. Su personalidad amable y bonachona se veía en dificultades para asimilar esta materia negra, espesa y caliente que burbujeaba dentro de él.

Sentía impotencia por no haber estado con Coque para protegerlo… sentía que estaba en deuda. Lo quería tanto… deseaba verlo… era tan injusto todo lo que había pasado.

 

– ¿Ya estás listo?

Lidia interrumpió sus oscuros pensamientos.

– Si.

Se tomó de su brazo para poder caminar. La serie de fracturas en su pierna no estaban del todo sanas aún. Su brazo había sanado más rápido.

– Me alegra verte mejor

Esteban y María entraban a la casa en ese momento

– ¿Está despierto? Voy a verlo…

Había planeado esta visita sin esperar el consentimiento de María.  Sería solo unos minutos… verlo y nada más. Ya no aguantaba.

El rostro súbitamente serio del matrimonio lo puso en alerta

– ¿Ibas a ver a Coque? – María se adelantó hacia Daniel

– Voy a verlo – respondió decidido, habiendo escuchado claramente el “ibas

– No está en la clínica. No puedes verlo

Unos segundos de frío silencio permitieron que la noticia fuera comprendida

– ¿Cómo…? ¿Dónde está? ¿Por qué no puedo verlo?

– Lo siento, Daniel. Son órdenes del doctor que lo está tratando. Nadie puede ver a Coque por ahora

– Tú lo viste… quiero saber dónde esta

– Soy su hermana!!!

– Soy su pareja!!!

Lidia tomó a Daniel del brazo reconociendo el enojo en su voz.

– Te haré saber cuando el médico autorice las visitas

María también estaba alterada y daba por terminada la conversación. Dio unos pasos para alejarse

– Solo quiero verlo… aunque sea de lejos… por favor… – Daniel estaba rogando

María se detuvo

– Nadie puede verlo. Ni siquiera yo

Sus últimas palabras les hicieron ver lo afectada que ella estaba…

– María… por favor

– Imposible

Se alejó por el pasillo hasta su oficina seguida de Esteban

– Maldita… maldita mujer de hielo!!!

– Daniel! Estamos en su casa. Baja la voz.

– Ya no más. Nos vamos ahora mismo –

Lidia no discutió. Era hora de marcharse

Mientras arreglaban sus cosas Daniel se había tomado la libertad de entrar al cuarto de Coque… había fotos de ambos y recuerdos que él mismo le había regalado… había mucho de ellos juntos en ese dormitorio… Fue el recordatorio que Daniel necesitaba para sentirse seguro de que la relación entre ellos era importante para ambos María quisiera dejarlo fuera.

Los médicos y su hermana podían decir todo lo que quisieran pero él sentía que Coque lo necesitaba.

Una hora más tarde salían de la casa de María con rumbo a la ciudad. Se habían despedido educadamente pero con frialdad.  Esteban había intentado limar las asperezas pero Daniel no quería escuchar. María le había quitado su reconocimiento como pareja de Coque… lo había hecho a un lado como si el amor entre ellos no tuviera importancia.

El conocía a Coque mejor que nadie… mejor que su hermana y que todos los médicos juntos. Que se fueran todos al demonio… no los necesitaba para encontrarlo.

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