Miguel 2 Capítulo 70

Capítulo 70

MARÍA.

La calma y la rutina se restablecían en el puerto. María y su gente limpiaban los restos del desastre provocado por Rojas y los negocios volvían a la normal ilegalidad de siempre; los hombres heridos se recuperaban, entre ellos su hermano Coque,  y los daños causados a su infraestructura se reparaban. Todo lo urgente había sido atendido… solo quedaba un detalle importante sin saldar en la cuenta de María… un detalle que la tenía preocupada pues no estaba claro cómo abordarlo aunque sí sabía que era un asunto a resolver con sus propias manos… era más que un tema de su familia.  Lo había vuelto personal.

Domingo Rojas estaba aún con vida y tenía clara la ubicación exacta del desgraciado.

Secuestrarlo no era una opción… no ahora que sus relaciones con la Familia de Gonzalo eran tan sólidas y, juntos, planteaban un escollo peligroso y poderoso para todos sus adversarios.  Habían provocado un desequilibrio en los niveles de poder de las familias y les gustaba mantenerlo así.

Vestida en un impecable traje beige, tacos muy altos y la llamarada rojiza de su cabello suelto… paseaba con aparente calma en su oficina mientras pensaba. Entre sus dedos hacía girar su anillo de matrimonio…

Necesitaba a Domingo Rojas…

Desesperadamente.

Cada vez que pensaba en su querido hermano menor se le apretaba el estómago de pura rabia…  Quería que la vida y muerte de ese asqueroso ser humano estuviera en su poder… Sin embargo, estaba en las manos de Gonzalo…

Tac… tac… tac… tac… solo el eco de sus tacos sobre el delicado parqué de la oficina…

No podía robárselo… es decir, podía… pero no debía hacerlo…

Solo existía una solución y aunque no le agradaba pedir tendría que hacerlo esta vez… antes de que Gonzalo y su familia decidieran acabar ellos mismos con la bestia… Se tragó el orgullo y tomó su teléfono. La sed de venganza era mayor que cualquier otro sentimiento. El teléfono sonó varias veces antes que Gonzalo respondiera.

-. Buen día, María-

-. Buen día, Gonzalo. Necesito pedirte algo muy importante y complicado – aunque estaba siendo muy directa se notaba el esfuerzo que le costaba hablar.

-. ¿Qué puedo hacer por ti? – había logrado tener toda la atención de Gonzalo puesta en la conversación

María se tomo unos instantes antes de largar la frase de una sola vez

-. Quiero a Domingo Rojas. Vivo- especificó

El silencio a continuación le indicó a María el efecto que sus palabras habían producido en Gonzalo.

-.Me estas poniendo en una situación muy difícil. Tengo cuentas pendientes con Domingo Rojas –  Gonzalo respondió mientras su cabeza funcionaba a toda velocidad… sabía exactamente qué es lo que María deseaba y estaba sopesando los pros y los contras de negarse a entregárselo… tener a Domingo Rojas de prisionero representaba un triunfo para su familia, venganza por haber herido a Daniel y Miguel, por haber comenzado una guerra que costó vidas a todos los bandos y mucho dinero… pensó en la parte contraria… todo aquello que representaba para su propia familia era también del interés de María… a eso había que agregarle el deseo mucho más intenso de vengar el abuso contra su hermano Coque, el futuro jefe de la familia… María tenía razones muy poderosas para desear que fuera su gente quien terminara con la vida de este Rojas en particular… lavar la afrenta, restaurar el honor… demonios!! No estaba fácil negarse…

-. Sabes bien que mis cuentas con él son mayores que las tuyas-

-. Hirió a Miguel y Daniel, secuestro a mi cuñada…

-. No voy a discutir la gravedad del accidente o del disparo sobre Miguel ni el secuestro de Analía, pero tú sabes muy bien lo que ese mal nacido le hizo a mi hermano. – dejó que el silencio hiciera efecto antes de continuar.  Quiero cobrarlo con mis propias manos –

Gonzalo enmudeció al escuchar la decisión en la voz de María e imaginar sus elegantes manos, pequeñas y enjoyadas, castigando al tremendo hombretón. Estaba defendiendo a su hermano como una fiera. Suspiró volviendo a pensar el problema… ¿Qué sucedería si María se hiciera cargo del problema?… Domingo Rojas no saldría vivo… de eso no había ninguna duda, solo se trataba de quien terminaba con su vida y de qué manera… No esperaba esta petición… le habría gustado cobrarse él mismo el daño sobre Miguel y Daniel…

Daniel!!… la luz de una idea iluminó su pensamiento…

-. Quizás podamos llegar a un acuerdo – dijo tentativamente

-. Fija el precio. Lo quiero – palabras arriesgadas de la boca de una jefe de familia.  

¿Fijar el precio?… Gonzalo sonrió… era lo que esperaba… un ofrecimiento de este tipo. NO iba a aceptar ningún precio…. Más bien le iba a entregar gustosamente a Domingo Rojas… eso le evitaría futuros roces con Clemente que se quedaría en su familia y además… tendría en su mano un seguro de protección que podría necesitar.

El silencio se volvió demasiado extenso… María esperaba pacientemente al otro lado de la línea

-. ¿Te asegurarás de hacerle saber que no debió tocar a nadie de mi familia?-preguntó Gonzalo dando a entender que accedía a su petición.

María respiró aliviada

-. Si. Me encargaré de que le quede muy claro

-. Bien. Es tuyo

-. ¿Cuál es el precio?-

-. Anótalo a mi cuenta… me estarás debiendo un favor personal. –

Su voz se volvió más intensa. Una deuda pendiente era más valiosa que un cobro inmediato… especialmente cuando Daniel andaba buscándose los problemas gratuitamente.

-. Si. Estoy en deuda contigo – reconoció –  Gracias. Enviaré a buscarlo hoy mismo.

Cortó el teléfono aliviada en un sentido y muy tensa por otro lado. Lo tenía!!! Domingo Rojas estaba en sus manos… su respiración se aceleró tan solo de pensarlo…  el rostro sufriente de Coque y los signos del maltrato en su cuerpo vinieron a su memoria y se llenó de coraje…  le cobraría cada una de las veces que puso las manos sobre su hermano y disparó sobre uno de los suyos… ah!… Miguel, Nali y Daniel también… tenía que recordar saldar también ese daño que le había prometido a Gonzalo.

Su mirada se quedó pegada en el vacío… era extraño… esperaba más dificultad pero Gonzalo había cedido con facilidad… repitió mentalmente la conversación que acababa de sostener y no encontró nada que le indicara un problema… “un favor personal”… de acuerdo. Deber un favor era algo valioso entre las familias… pero bien valía la pena deberlo a cambio de tener a ese malnacido en su poder… ahora le debía un favor a Gonzalo pero no habían nubes de tormenta en la relación de las familias… no parecía gran cosa.

Inspiró profundamente llenando sus pulmones de aire hasta el final. Parecía que hacía mucho tiempo que no sentía esta tranquilidad y satisfacción. Tomó el teléfono y marcó a Esteban

-. Lo tengo. Quiero que vayas a buscar a Domingo Rojas y lo traigas a nuestra propiedad-

 

LIDIA

Daniel se había ido y la vida volvía a la normalidad; era bueno para Lidia volver a tomar su puesto en las empresas de la familia. Le gustaba el trabajo que hacía y contaba con un buen equipo de apoyo; gerentes y asesores que llevaban muchos años trabajando con su padre y en quienes podía confiar para que le dieran consejo antes de tomar decisiones mientras aprendía. Pero la palabra final en el área que Gonzalo le había asignado, era la suya y eso le gustaba. Muchas veces consultaba directamente con Gonzalo aunque costaba que le dedicara su tiempo; lo había intentado con Andrei, tenía claro que su novio podía darle consejos tan buenos como los de Gonzalo ya que sabía tanto como él pero Lidia no había contado con la ciega lealtad de Andrei hacia la familia  y hacia Gonzalo en particular

-. Mejor pregúntale a tu hermano

-. Gonzalo no tiene tiempo ahora ¿Cuál es el problema con que tú me digas?

-. No me corresponde. Él es quien toma decisiones

Aunque lo entendía, a veces la exasperaba…

Andrei tenía muy marcado en su vida el sufrimiento que había experimentado por la muerte de su padre, el traidor, y por su aislamiento de la familia que lo había acogido desde niño… había crecido cerca de todos ellos, Gonzalo y Lidia especialmente, y su alejamiento forzado fue una época de mucho pesar y soledad, más aún, sabiendo que él directamente no había hecho nada pero era el precio a pagar por el error de su padre. Cuando se le autorizó a volver sintió que el mundo y su vida volvían a tener sentido… su reencuentro con Lidia y la recuperación de la confianza y amistad de Gonzalo lo volvieron el tipo más feliz de la tierra.  Todo funcionó bien hasta que perdió la confianza de Gonzalo durante el episodio de desaparecimiento de Miguel. Traicionar a su amigo, obligado por Don Jaime, lo hizo sentir que todo lo bueno que lo rodeaba era frágil y podía terminar en cualquier momento… bastaba solo un pequeño error para que todos sus planes y deseos se fueran al tacho de la basura y volviera a ser un don nadie en cualquier lugar perdido… no estaba dispuesto a arriesgarse nuevamente. Amaba a Lidia con todo su corazón, aspiraba a convertirla en su esposa  y le parecía que su trabajo era fantástico. Era la mano derecha de Gonzalo y se cuidaba mucho de serle fiel y no sobrepasar los límites establecidos.  Andrei entendía que Lidia deseaba más de él a veces, pero… por ella misma, por el futuro de los dos juntos, no estaba dispuesto a correr los riesgos que significaba pasar por sobre Gonzalo. Nunca sería el Jefe, nunca el número uno, pero ser el número dos, de la mano de la mujer que amaba era una buena vida.

EL día de trabajo terminaba. Lidia tomó el laptop y lo guardo en su elegante bolso a juego con los zapatos. Si había algo que caracterizaba a esta mujer era su buen gusto a la hora de llevar la ropa adecuada para cada ocasión y verse siempre impecable.  Salió de su oficina rumbo a los estacionamientos. Como si  hubiera aparecido de la nada, Karina se materializó a su lado y se hizo cargo del pesado bolso de Lidia que ella le entregó gustosa con una sonrisa de agradecimiento.

-. Ya terminé ¿Dónde estás? – Preguntó Lidia en el teléfono con Andrei – Bien. ¿Me pasas a buscar a las 8 entonces?. Si, de acuerdo. Yo también- cortó la llamada con una sonrisa boba.

-. ¿Hacia dónde? – Karina la miró desde el asiento delantero. Siempre era ella, y no el chofer, quien hablaba con Lidia.

-. A casa, por favor-

Lidia seguía sonriendo.

Una merienda ligera, un breve descanso, una agradable ducha y luego la delicada tarea de elegir la ropa adecuada para cenar fuera con su novio… bueno… solos con su novio era una exageración. En realidad, iban custodiado por un montón de guardaespaldas que los mantenían protegidos todo el tiempo, pero en la mesa del restaurant y en el auto irían solo ellos… y más tarde, en el departamento privado también estarían solos y un montón de pasión contenida desde hace tiempo. Se miró al espejo en ropa interior… encaje y seda… los favoritos de Andrei sobre su piel… a veces se preguntaba por qué le gustaba tanto que usara esa ropa interior tan fina cuando no duraba sobre ella más que los segundos necesarios para desabrocharla, deslizarla y arrojarla lejos… Echaba de menos a Andrei. Lo deseaba en su piel, en su mente, en su cuerpo. Quería sentir sus mano firmes y su cuerpo varonil acariciándola y diciéndole lo mucho que la amaba y cuanto la necesitaba…  quería volver a sentir esa especial cercanía con él… las semanas de separación los habían puesto ansiosos y se extrañaban mutuamente aunque hablaran por teléfono 20 veces al día… no era lo mismo que estar desnudos y unidos… que él la abrazara y cobijara en su cuerpo, que la poseyera y la hiciera sentir amada y satisfecha… luego la mimaba y conversaban y reían… Dios. Sí. Lo extrañaba demasiado.

A las 8 menos 5 se roció con su perfume favorito y bajó a la sala a esperar con su bolso y su abrigo en las manos. Se sentó junto a su padre a mirar las noticias de la televisión.

Don Jaime envejecía a toda velocidad. No había rastros en él del hombre enérgico y fuerte que había sido hasta hace poco más de un año atrás. Se movía y hablaba con lentitud. A veces parecía demorarse en volver a encontrar el hilo de su propio pensamiento cuando estaba contando algo. Su deterioro era evidente.

Lidia, más que todos sus hermanos, sentía mucho lo que estaba pasando con su padre. Lo amaba con cariño y admiración incondicional. Es cierto que los tres hijos mayores se habían vuelto contra él tiempo atrás pero luego del violento infarto y las desastrosas consecuencias, los rencores desaparecieron. Lidia se volvió a mirarlo… Don Jaime sintió los ojos de Lidia sobre él y como en cámara lenta le dedico una mirada tranquila para volver rápidamente a la televisión…

Lidia suspiró con tristeza sin apartar la vista de su padre… nunca sería suficientemente buena ante sus ojos… no recibiría jamás la mirada de aprobación que esperaba desde niña…  La quería, Si. De eso no tenía duda… pero era mujer y eso la convertía en ciudadana de segunda clase ante los ojos de su padre… ¿por qué se empeñaba ella en revivir un sentimiento tan penoso?… No era verdad. Ella tenía claro que podía ser tanto o más valiosa que cualquier otro ser humano, fuera hombre o mujer… pero le dolía saber que su padre no la veía de la misma manera en que miraba a Gonzalo, Daniel o incluso a Claudio por el simple hecho de haber nacido mujer… su papá jamás admitiría que ella podía hacerlo tan bien como los demás aunque trabajara el doble y lo hiciera bien… llevaba el dolor del rechazo bien guardado en su corazón.,. pero a veces, como ahora, cuando él la miraba todavía esperaba ansiosa y esperanzada una mirada distinta que le hiciera saber que su padre la aprobaba finalmente…

El sonido del teléfono celular en su bolso la sacó de su espiral de pensamientos deprimentes…

-. Lidi, estoy atrasado. No sé a qué hora me desocupe-

La voz de Andrei sonaba triste pero definitiva…

-. Pero…  

-. Lo siento. Surgió un problema

Siempre surgían problemas… siempre había algo o alguien que tenía prioridad sobre ella…

-. ¿Qué problema? – preguntó molesta

El silencio al otro lado de la línea respondió por sí mismo. Asuntos que no podía discutir… maldición!!!

-. Discúlpame Lidi. Te veré mañana. Te amo

-. Si…  – iba a decirle que ella también lo amaba pero Andrei ya había cortado la comunicación… ¿qué diablos lo ocupaba esta vez?…

Miró hacia el suelo dejando que pasaran unos minutos para calmarse… sus torneadas piernas forradas en medias con un suave brillo sedoso… zapatos negros de taco alto… sobre los muslos, un vestido ajustado en tonalidades negra y burdeos… ¿para qué mierda servía todo eso ahora y el tiempo que había invertido en arreglarse?

-. ¿Vas a salir?

La voz de su padre la hizo levantar la vista para encontrar sus ojos… Lidia se sintió súbitamente más molesta… había una sonrisa burlona en los ojos de su padre…

-. Si. Voy a salir – respondió desafiante poniéndose de pie, tomando su bolso y su abrigo– buenas noches, papá – se acercó a besar la mejilla de su desconcertado padre que no respondió ni una palabra y con paso firme se dirigió a la puerta de salida.

-. Quiero mi auto – le dijo a Karina, sacando de su bolso las llaves y entregándoselas – No quiero chofer. Tú me acompañaras

 

LA ENTREGA.

Jorge estaba paralizado de miedo y fascinación al mismo tiempo… nunca había visto tan de cerca la muerte… Domingo Rojas  gritaba y amenazaba sin darse cuenta del terrible destino que le esperaba.  Era un hombre macizo y fuerte, las venas marcadas en su cuello y en sus brazos, heridas y marcas en gran parte de su cuerpo pero nada lograba contenerlo… parecía un enajenado mental. No habían logrado sacarle información sobre el destino de su padre y hermanos a pesar de haberlo torturado y hecho sufrir durante varios días luego que se recuperar de la extracción de la bala de su hombro…  ¿para qué lo curamos si luego lo torturamos? Se preguntaba Jorge… Honestamente, la bestia humana frente a él le daba miedo… semi desnudo, con varios cortes y moretones, ojos de loco y que no paraba de gritar amenazas.. se veía que tenía mucha fuerza y solo las gruesas cadenas que lo amarraban de las extremidades lograban mantenerlo bajo control. Si fuera por él le habría dado un tranquilizante para caballo y le habría rebanado el cuello para terminar con la amenaza de su existencia… Pero los planes para Domingo Rojas eran otros y esa era la razón por la cual todos se encontraban reunidos ahí esa noche.  Se sentía importante de que Gonzalo lo hubiera invitado y había accedido gustoso a pesar de la mirada de pocos amigos que recibió de Miguel. Cada día estaba más cerca de su jefe y lo estaba disfrutando mucho.

-. Esteban acaba de llegar – dijo Andrei ingresando al cuarto donde se encontraban reunidos con el prisionero.  Minutos después Esteban saludaba a todos y conversaban como si fuera lo más normal del mundo tener a un hombretón encadenado gritando atrocidades y tironeando las cadenas hasta que la sangre corría por sus brazos sin que le importara en lo más mínimo

-. Te agradezco a nombre de María. Reconoce una deuda contigo – dijo Esteban estrechando la mano de Gonzalo

-. Puedes llevártelo – respondió

Los hombres de Esteban enredaron las cadenas alrededor de los tobillos y muñecas deDomingo para inmovilizarlo. Tres veces intentaron amordazarlo pero fueron recibidos con mordiscos y demostraciones de furia… a pesar de estar semi inmovilizado, Domingo Rojas seguía siendo un peligro.

Esteban se preguntaba cómo harían para llevarlo en silencio y sin que representara un peligro para ellos y para sí mismo…

Gonzalo y Andrei sonreían viendo el problema que la situación planteaba para Esteban. Luego de unos cuantos minutos de disfrutar del dilema de Esteban, Gonzalo le hizo un gesto a Andrei. El aludido saco algo de su chaqueta y pasó frente a Esteban en dirección aDomingo

-. Ten cuidado. Despierta de muy mal genio – le dijo Andrei sonriendo al pasar. Quitó el protector de la jeringa y clavó la aguja en el brazo de Domingo que los hombres tuvieron que mantener inmóvil – será suficiente para que duerma hasta mañana- dijo Andreiguardando la jeringa de vuelta en su chaqueta. Nada de dejar evidencias en ninguna parte.

Esteban asintió con un gesto divertido y resignado en su boca y moviendo la cabeza de arriba abajo…

-. Debí haberlo pensado –

-. No te preocupes. Para eso estamos nosotros – Gonzalo aún sonreía…

Los gritos de Domingo Rojas cesaron… se fue calmando de a poco y su mirada se quedó pegada en Miguel…

-. Te vas a morir dentro de poco – Miguel no pudo evitar el desprecio y la rabia que le provocaba ese hombre…

-. Mira quien lo dice… el mariquita…

Miguel se acercó a Domingo movido por la rabia… Gonzalo dio un paso adelante y su mano se fue automáticamente a sentir el peso de su arma en la espalda…

-. Voy a brindar cuando te mueras. Será un buen día y será aún mejor cuando exterminemos a toda tu familia

La actitud amenazante de Domingo se terminó… la mención de dar muerte a su padre y hermanos vivos no le gustaba… su ceño se frunció y pareció que iba a contestar con violencia pero comenzó a tambalearse y finalmente sus piernas se doblaron y cayó al suelo desde donde seguía mirando a Miguel, sin hablar pero visiblemente enojado… los ojos se le cerraron.

-. Llévate esta porquería y asegúrate de que sufra antes de morir– Gonzalo quitó su mano de la pistola y su cuerpo volvió a estar relajado.

-. Así será

Arrastraron a Domingo Rojas hasta uno de los SUV negros que esperaban afuera de la bodega. Esteban se despidió y partieron con su valiosa carga con destino al puerto.

-. No deben quedar huellas de que alguna vez estuvo aquí – dijo Andrei a sus hombres quienes iniciaron la limpieza de inmediato bajo su supervisión.

-. ¿Por qué lo entregaste? – preguntó Miguel acercándose a Gonzalo. Era el único que se atrevía a hacer la pregunta que todos tenían en la punta de la lengua pero ninguno formulaba.

-. María lo pidió

Fue la escueta respuesta de Gonzalo. No sabía cómo explicar el resto. En estos momentos en que Daniel estaba trasgrediendo el límite de de la amistad entre las dos familias, Gonzalo sentía que la deuda de un favor de parte de María era más valioso que la vida del demente de Domingo Rojas. Iba a morir de todas maneras. Solo se trataba de la forma y la mano que le iba a causar la muerte.

 

DANIEL.

En cuanto cerró la puerta del pequeño departamento se desarmó completamente su fachada de tranquilidad y tolerancia. Terminaba su primer día junto a Coque y estaba emocionalmente hecho mierda…

Estaba cansado, tenía hambre y le dolía la pierna y el brazo que aun estaban recuperándose… pero nada de eso tenía importancia comparado con el dolor que sentía dentro… la impotencia… la frustración.

Perdió la cuenta de la cantidad de veces que estuvo a punto de estrujarlo en un abrazo y hacerle saber que lo amaba más que a nada en el mundo… no importa lo que le hubiera pasado… lo amaba de todas las maneras posibles y quería quitarle la tristeza y traspasarle su propia energía…

Tuvo cuatro oportunidades para cruzar su brazo por la espalda y sostenerlo, mientras lo llevaba y traía de su terapia con los médicos… solo Dios sabía cuánto le había costado mantener su propio cuerpo firme para sostener los delgados huesitos de Coque y su cuerpo tan frágil… parecía que si no lo sostenía se iba a desmoronar y quedaría convertido en una mancha de  piel en el suelo… lo único que hacía era suspirar y mirar a la distancia.  Al salir de la terapia tenía los ojos rojos e hinchados, signo inequívoco de que había llorado… ¿Por qué?.. ¿Qué le hacían los doctores que Coque lloraba?… ¿era necesario hacerlo sufrir más?… ¿Cómo podía volver a convertir sus lágrimas en sonrisas?

-. Maldición!! Maldición!!!  

Los sentimientos hervían mezclándose en su interior… Daniel no sabía bien cómo manejarlos. Las veces en su vida que había tenido conflictos serios siempre había estado Lidia cerca para contenerlo y en la última ocasión, fue Coque quien lo calmó y le devolvió la tranquilidad al llegar al internado…

– Coque…

Su semblante cambió de forma vertiginosa y de la rabia e impotencia pasó al dolor… Dejarlo solo en esa habitación al terminar su “turno” había sido desgarrador. Su pecoso no había vuelto a hablarle aunque Daniel lo intentó de varias maneras pero Coque simplemente parecía no darse cuenta. Era como una cáscara vacía que él llevaba y traía, limpiaba, alimentaba y mantenía funcionando pero a su pecoso todo le daba lo mismo…

Daniel se dejó caer en un viejo sillón…

Tenía que haber maneras de despertarlo… de hacerlo volver a sentir gusto por la vida y dejar atrás todas esas malas experiencias…

Su semblante fue cambiando… de la pena a las preguntas… ¿qué le gustaba realmente a Coque?.. ¿Qué cosas lo motivaban y atraían?… ¿Qué lo apasionaba?

La música… los libros… los números… las ensaladas con mucho limón… el jugo de piña… las bicicletas… las galletas con chispas de chocolate… las flores amarillas… su colección de zapatillas deportivas de colores…

De a poco Daniel fue recordando. Corrió de prisa a buscar un papel. Al poco rato ya tenía una lista extensa de las cosas que le gustaban a Coque. Eran muchas y casi todas difíciles de llevar a cabo en una clínica con tanta vigilancia…

No importaba. Si había sido capaz de hacerle llegar una maldita cesta de frutas a Nicolás en el internado, sería capaz de mover montañas para volver a poner una sonrisa en la cara de Coque.

Se fue a dormir lleno de esperanzas… ya tenía un plan.

Al día siguiente despertó más temprano. Tuvo la delicadeza de avisar a sus guardias los cambios de horario. Cuando llegó a la clínica, la mochila en su espalda contenía varias cosas que posiblemente serían consideradas “ilegales”… pero ni a él ni a su familia les había importado eso jamás.

-. Buen día, Carmen – saludo alegre

-. Buen dí… Ray ¿qué es eso?-

-. ¿Esto?… ya verás…- siguió caminando muy decidido y sonriente. Se detuvo frente a la puerta número 12, inhaló profundamente y abrió.

Coque tenía el sueño muy pesado debido a los medicamentos pero si no los tomaba era imposible que pudiera dormir sin que despertara entre gritos y llanto. Al menos, de esta manera, no recordaba nada de lo que pasaba en la noche…

Se movió despacio en la cama… quería seguir durmiendo pero seguramente ya era hora de comenzar la aburrida rutina… no le gustaba el lugar ni la gente ni los doctores… pero María le había prometido que todo era por su bien… movió los ojos para intentar abrirlos pero entonces fueron sus oídos los que despertaron primero…

Música!… hermosa música… ahora si no quería despertar para poder seguir escuchando su pieza favorita…

-. Buen día – saludo la voz de Ray obligándolo a abrir los ojos… pero… continuaba escuchando la música… Se incorporó con inusual rapidez buscando el origen del sonido.

En el sillón frente al ventanal estaba Ray sentado sonriendo y a su lado había un stereoportátil desde dónde salía la melodía que llenaba el dormitorio…

-. Pensé que sería bueno un poco de música ¿le agrada?  

El auxiliar nuevo, Ray… tenía una mirada ansiosa que le recordaba cosas pasadas… Coque se volvió a dejar caer sobre las almohadas y cerró los ojos… ¿Qué si le agradaba la música?… la amaba… amaba esa pieza en especial… solía escucharla todo el tiempo… con su familia, con Daniel… cuando estaba en su dormitorio, cuando estudiaba… mantuvo los ojos cerrados por varios minutos… su semblante se fue relajando… más música hermosa salía de ese stereo… quería quedarse ahí, escondido y protegido en esa cama, escuchándola por siempre… no se dio cuenta de las lágrimas que caían silenciosas y de cómo uno de sus dedos comenzaba a moverse apenas, marcando el ritmo…

No abras los ojos ahora, coque.. ahora no”… suplicó Daniel… si lo hacía se iba a dar cuenta que él también estaba llorando. Conocía bien a Coque… había visto su gesto de asombro y agrado y estaba seguro de que las lágrimas que ahora derramaba no eran de miedo, tristeza ni dolor sino que eran producto de la música y las emociones bonitas que empezaban a instalarse en su corazón… el movimiento inconsciente de su dedo pequeño le indicaba lo exitoso de su idea… se secó las lagrimas que empañaban su  vista. Quería tener los ojos despejados para mirar cada detalle de su chico precioso y ver como comenzaba a reaccionar…

 

Carmen, la enfermera, miraba el monitor y pestañeaba muy seguido… las lágrimas estaban a punto de rodar de sus ojos…

-. ¿Qué pasa, enfermera? – preguntó el doctor

-. Ese Ray… Usted tuvo una buena idea al traerlo. Mire, doctor –

El médico se acercó a la pantalla y observó sorprendido la cara tranquila de Coque, las emociones en su rostro y el cuerpo en reposo excepto ese pequeño dedo bailarín en su mano derecha. El aun no conseguía que Coque rompiera su caparazón y expresara sus sentimientos… ninguno.

Luego vio al auxiliar…

La música… era una buena idea…

Quizás… solo quizás, había menospreciado la fuerza de ese chico.

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