Miguel 2 Capítulo 71

CAPITULO 71

LIDIA

La ciudad de noche siempre era atractiva. A Lidia le gustaban las luces, el ruido, los lugares llenos de gente alegre, bien vestida y dispuesta a divertirse.

-. ¿Conoces este lugar?

Karina la miró para confirmar si le preguntaba en serio o se estaba burlando de ella. Nunca había estado en ninguno de los lugares que Lidia solía frecuentar, más bien huía de esos sitios como si tuvieran la peste

-. No – respondió al darse cuenta que ella preguntaba en serio… se quedó pegada… incapaz de quitar sus ojos de la preciosa hada que sonreía entusiasmada al estacionar el auto e invitarla a descender

-. Vamos

Karina bajó y la siguió. Seguramente no estaba vestida para la ocasión pero si Lidia decía “vamos”, ella iba… Después de todo, su ropa negra, incluyendo chaqueta de cuero del mismo color, se ajustaba a cualquier situación.

-. La comida es increíble y luego tienen un show con música en vivo…

Entraron directamente. Un local grande, elegante y con exquisita decoración. El delicioso aroma de los alimentos recién preparados inundaba los sentidos. Hubo un breve intercambio de palabras con la encargada del local durante el cual Lidia usó sus influencias para conseguir ser guiadas a una buena mesa.

Karina pensó que debería estar nerviosa, era la primera vez que oficialmente acompañaba a Lidia a cenar y no estaba en el papel de guarda espalda… pero curiosamente, aunque no llevaba la ropa, el maquillaje ni el pelo correspondiente, se sentía bien. El simple hecho de estar cerca de Lidia y saber que tendría su atención durante las próximas horas era motivo de secreta alegría. Examinó el menú que le entregaron. Aceptó la sugerencia de Lidia para ordenar la cena. Su copa se llenó de un vino rojo oscuro que ambas disfrutaron mientras comían

-. Prueba esto…- Lidia tomó algo de su propio plato y extendió el tenedor hacia Karina. Ella, mansamente, abrió la boca y probó… lo que fuera que estuviera en su boca sabía muy bien pero ella estaba nuevamente perdida en los hermosos ojos de Lidia que la miraban divertida esperando su reacción

-. Muy bueno…

Lidia rió… estaba alegre ¿cuánto tiempo hacía que no veía a Lidia alegre?… Desde el accidente de Daniel todo había sido preocupación. Era bueno volver a verla bien. Karina se relajó un poco más. No entendía como habían llegado a esta situación de estar ambas en una mesa de restaurant compartiendo una cena y bebiendo vino caro…  La sombra deAndrei pasó por su mente… debería ser él quien acompañara a Lidia… pero no se lo iba a cuestionar. Simplemente aceptaba, agradecía y disfrutaba de la buena suerte.

-. Nunca me has contado de tu vida antes de venir aquí…

-. No hay nada que contar

-. Háblame de ti. Quiero saber

¿Cómo podía negarse a esa mirada que le aceleraba el corazón y la hacía sujetarse con fuerzas en la silla?… Imposible

-. Nací en el norte… 

Comenzó a hablar tímidamente, pensando en contar nada más que lo esencial de su vida… después de todo no tenía nada de especial y la podía resumir en cinco minutos…  No contaba con las expresiones de interés y asombro en la cara de Lidia a medida que le iba contando de su madre y sus acompañantes… de la razón por la que había huido de su casa y cómo había llegado a trabajar para la familia. De pronto Karina dejó de estar tan pendiente de Lidia como un objeto de admiración y pasó a verla como a alguien genuinamente interesado en ella. Recordó los días en que Miguel y ella se atrevían a intercambiar confidencias allá en la soledad del desierto… Miguel había sido el primero y único hasta ese momento con quien había hablado de su vida.

-. Tu vida es como una película…

Karina calló. Se llevó la copa de vino a la boca para beber otro sorbo…  No sabía que decir… para ella su vida había sido una desgracia hasta que había encontrado al hombre que la integró a la familia… nada había valido la pena. Pero ahí estaba Lidia al otro lado de la mesa, con una mirada de admiración sobre ella y haciéndola sentir que tal vez no se había dado cuenta de algo en su propia vida… ¿Qué era lo que le llamaba la atención?…

-. Mi vida no fue muy buena…

-. No! pero mira. Pon atención – Lidia bebió otro poco de vino… los cascabeles de su pulsera de oro tintinearon en el aire y su elegante mano se detuvo sobre la de Karina en la mesa – Si no te hubiera pasado todo esto no habrías aprendido a defenderte como sabes hacerlo. La vida te hizo fuerte. Puedes hacer lo que quieras… tú no le tienes miedo a nada…

La última frase tuvo un sabor extraño…

-. No. no tengo miedo…

“¿y tú?.. ¿a qué le tienes miedo?”…

-. Supiste salir adelante sola, Karina. Eres una gran mujer. Yo me siento muy segura cuando estás cerca de mi… y no solo eso, has sido una amiga increíble todo este tiempo…

El toque de la mano de Lidia sobre la de ella se intensificó… Karina sabía controlarse y mantener siempre la calma pero en este momento le estaba costando… pequeñas ondas eléctricas recorrían su cuerpo cada vez que Lidia la miraba o tocaba…

La música y las luces del show que comenzaba interrumpieron sus pensamientos y sensaciones…

Lidia sonrió y retiró su mano… Karina sintió el frio donde antes había estado esa elegante mano…

Las copas de vino fueron reemplazadas por un licor más fuerte que realzaba el sabor del postre…

En el escenario una banda tocaba canciones románticas… Terminaron el postre, las copas de licor. Escucharon la música y aplaudieron con ganas. Se estaban divirtiendo.

-. Te gusta bailar?

Alguna vez cuando niña había bailado en su escuela obligada por una profesora de folklore…

-. No estoy segura… no he bailado en muchos años

-. Ah! Te va a encantar. Vámonos de aquí

Al salir del restaurant, Lidia reconoció la presencia de sus guardaespaldas. Con toda tranquilidad y muy alegre, se acercó a uno de ellos y le entregó las llaves del vehículo… entre el vino de la cena y el licor del postre era mejor que alguien más condujera.

Se subió en el asiento de atrás de su propio vehículo junto a Karina y le indicó una dirección al chofer.

-. Es un club al que siempre van Gonzalo y Miguel. Sé que te va a gustar – miraba a Karina tan de cerca y le sonreía… le hacía gracia verle la cara de sorprendida.

Entraron al club. La música sonaba fuerte y no permitía hablar, las luces de colores giraban sobre los cientos de cuerpos que se movían eufóricos en las pistas de baile… ropas llamativas, piel desnuda…  muchas parejas del mismo sexo se acariciaban y besaban sin pudor…  todos se movían y parecían ir o venir de alguna parte… licor, cigarro, alcohol… muchos niveles en el piso… Si no hubiera un par de guardaespaldas poniendo atención sobre Lidia, Karina se habría sentido insegura teniendo a Lidia en un lugar como este

-. Bailemos…

La tomó de la mano y, sin soltarla, la arrastró hasta una de las pistas … Karina iba a decir que no, no quería, no sabía… no… aaahhh… demonios!!!.. Como se movía su hada en la pista de baile!!!… Dios!! Lidia había rejuvenecido 20 años y era una niña pequeña desbocada y alegre que movía todo su cuerpo y coreaba la canción a todo pulmón… Karina primero sonrió mirándola… al minuto reía con ganas… de a poco se le quitó el entumecimiento y comenzó a mover su cuerpo al ritmo de la música… el entusiasmo de Lidia era contagioso… la sonrisa que le dedicaba y ese movimiento cautivador de sus manos y cintura era contagioso… su alegría… toda ella completa era linda y contagiosa

Lidia escuchó la música… levantó los brazos, frunció la boca para gritar y cantar y se dejó llevar por la música… lo estaba pasando bien. Karina era una compañía perfecta… no necesitaba quedarse sentada en su casa esperando que alguien se preocupara de ella ni mucho menos soportar las miradas burlonas de su padre… era joven e independiente…  Le agradó ver como Karina se quitaba la timidez y comenzaba a seguirla en la pista… quería que Karina lo pasara bien y estuviera alegre… estaba tan agradecida por convertirse en su paño de lágrimas y su apoyo durante el tiempo que estuvieron fuera de casa… Karina siempre la cuidaba y protegía… estaba permanentemente en el lugar y momento preciso en que la necesitaba… se volvía cada vez más indispensable y le agradaba mucho. No era justa la vida triste que había tenido de niña… la compensaría por cada una de las cosas buenas que Karina hacía por ella con tan buena voluntad y dedicación… alguien tenía que darle cariño a esta mujer solitaria pero valiosa… El ritmo de la música cambió a una más lenta… los brazos que Lidia tenía en alto descendieron para rodear a Karina y seguir bailando muy juntas…

Muchos bailes después y una cuantas copas para pasar el calor y la sed, Lidia y Karina dejaron la pista de baile y regresaron a la pequeña mesa que les habían asignado… riendo se dejaron caer cansadas sobre el mismo asiento, muy juntas…

-. Ya ves como si pudiste aprender el paso

-. Es que usted baila muy bien

-. Soy Lidia… ya deja de tratarme de usted. Dime Lidia, por favor

-. Bueno.. voy a intentarlo… – quizás era el alcohol hablando pero Karina sabía que nunca podría tratar a Lidia de otra manera que no fuera de usted ni mirarla sin sentir cosquilleos…

-. Tú también sabes bailar

-. No. Que va!  Apenas estoy aprendiendo…

-. Vendremos muchas veces hasta que te salga perfecto…

Karina la miraba con esperanza… con miedo en el corazón… con deseos de creer pero a la vez…

-. Ya estoy cansada. Mejor vamos a dormir. Tenemos que estar temprano en la oficina mañana.

Lidia se puso de pie y espero a Karina. Pasó su brazo alrededor de los hombros de ella. Karina devolvió el abrazo atreviéndose a cruzar su mano en la delicada cintura de Lidia… es cierto. Había bebido un par de copas pero nada la mareaba tanto como la cercanía de Lidia y su mano que la tocaba…

-. Llévanos a casa – ordenó Lidia al chofer… Karina no dijo nada. Ella tenía un departamento pequeño que constaba de lo básico para vivir y que no podía llamar hogar…

El abrazo que se daban al salir de la disco se perdió cuando subieron al vehículo pero la intimidad que había surgido entre ellas permaneció en el aire… Lidia echó la cabeza hacia atrás apoyándola en el respaldo del asiento y cerró los ojos…

-. ¿Lo pasaste bien?

-. Si. Gracias

-. Eres muy buena compañía – su brazo inquieto se movió para buscarla y volver a rodearla… todavía estaba bajo los efectos de la música y la alegría… contenta porque había conseguido alegrar a Karina y, a la vez, demostrarse que no necesitaba de otros para divertirse… la fuerza de su brazo se acentuó y abrazó a Karina con más ganas

-. Aahhh estuvo divertido, verdad?. Tenemos que repetirlo…

De pronto no necesito seguir abrazándola porque Karina se acercaba sola a ella… abrió los ojos para encontrar los de ella muy cerca… una mirada intensa y ardiente en la oscuridad… un leve roce tibio en sus labios… Karina retrocedió y la miró preguntando…  Lidia sabía lo que pasaba con ella. Había sentido su cariño y exquisito respeto aquella primera vez en el jardín de la casa de María… era tan asombroso sentirse admirada así, casi venerada.  Karina le hacía sentir que no había nada ni nadie más importante que ella… le agradó la tierna caricia sobre su boca… volvió a sentirla pero esta vez el tenue contacto fue más largo y seguro… respondió al beso dejándose llevar por lo que sucedía en ese momento. Sintió los brazos de Karina rodearla y sostenerla con delicadeza…

-. Mi hada…- escapó en un suspiro de la boca de Karina

-. ¿Qué?

-. Nada… es que… parece un hada

-. ¿Cómo las de los cuentos?

Karina se tomó un instante para mirarla antes de responder.

-. No. mucho más bonita y extraordinaria

Un hada!!! Era tan lindo que la llamara así…

El chofer continuó manejando con la vista al frente. Su lealtad estaba con la familia y su boca estaría por siempre sellada. Vio a las dos mujeres besarse y abrazarse… reír y descansar la una sobre la otra mientras conversaban en un tono de voz íntimo y cálido. Cuando se detuvo frente a la entrada del departamento de Lidia en la casa de sus padres, nadie se movió en el asiento posterior…

-. Me divertí mucho. Gracias por tu compañía

-. No me agradezca. Soy yo quien está demasiado feliz– Karina deseaba volver a besarla y no soltarse jamás de su cuerpo y su calidez…

Se mantuvieron unidas en un abrazo dentro del automóvil… Lidia pensando en que le gustaba la compañía de Karina y haberle regalado una noche diferente… en su padre que ahora dormía y mañana volvería a mirarla con su cara de insatisfacción porque era mujer… en Andrei que seguramente aún estaba haciendo algún trabajo para su hermano… en Daniel que estaba solo y no la necesitaba… se sentía bien el calor del cuerpo de Karina junto al suyo… apagaba su soledad e insatisfacción…

-. Hemos llegado – Karina estaba nerviosa… no sabía que seguía a continuación… tenía sensaciones que eran nuevas y deliciosas… su hada tenía la mágica cualidad de proporcionarle placer y alegría con solo abrazarla y dejarla percibir las formas de su cuerpo bajo la suavidad de la tela… ni que hablar de lo que había sentido cuando se besaron… ¿ella la beso?… era la noche más especial de su vida y no tenía idea de cómo seguiría… no se atrevía a soñar ni a desear…

A un movimiento de Lidia, el chofer le abrió la puerta.

-. Gracias Karina – justo antes de bajarse Lidia se giró hacia ella y le acaricio la mejilla con mucha ternura… Karina ladeó su cara hacia esa mano y le dejó un beso lleno de agradecimiento y deseo…

-. Gracias a usted…

Se miraron largos segundos… los pensamientos de ambas concluían en que habían pasado unas horas muy buenas en compañía de la otra y no deseaban que terminara… Despacio, descendieron juntas del vehículo caminando abrazadas hacia la puerta del departamento.

-. Lidi

La sombra oscura se detuvo frente a ellas… las luces detrás de la sombra no permitían ver su rostro claramente pero por la figura y la voz pudieron adivinar perfectamente quien era

-. Andrei!

Lidia dijo su nombre sorprendida…

Karina se movió hacia atrás impulsada por una fuerza invisible

Andrei no movió un músculo… se notaba la tensión en su cuerpo… solo permaneció en silencio mirando a Lidia y esperando a que ella hablara y le explicara qué era lo que acababa de presenciar.

 

MARIA

Las oficinas del puerto eran modernas y muy cómodas. Desde  ese lugar María  dirigía la marcha de los asuntos de la familia,  recibía a las personas con quienes hacía negocios y planificaba junto a su equipo, cada nuevo paso que darían.  El tener el control mayoritario del puerto significaba días llenos de actividades y movimiento permanente.  María no se caracterizaba por vestir en forma elegante, atrevida y moderna como Lidia, sino, por sus atuendos clásicos, en colores pastel y casi siempre adornados con perlas o joyas antiguas, regalos de su padre. Otra característica de María eran los tacos altos y su llamativo pelo de fuego.

Nada desentonaba más que verla en un clásico traje Chanel azul claro y sus tacos aguja beige, caminando decidida por la oscura y desvencijada bodega ubicada al otro extremo del puerto… allí donde solo ingresaba la gente de su propia familia y los visitantes desconocidos eran repelidos a balazos.   Era más de medianoche. Esteban había llegado de vuelta hacía tan solo unos minutos. María estaba ansiosa y no había querido esperar hasta el día siguiente para ver lo que su marido había traído. Tener a Domingo Rojas bajo su poder representaba para ella no solo la posibilidad de venganza y restitución del honor para su familia y hermano sino también era su oportunidad de dejar su nombre en lo alto frente a todos quienes la seguían fielmente porque era “la hija de Don Lino” o “la esposa de Esteban” o “la hermana de Don Coque”. No tenía un nombre propio entre su gente. El respeto era prestado… heredado. No se lo había ganado. No necesitaba demostrarle nada a nadie. Sabía que los hombres obedecerían todas sus instrucciones sin necesidad de preguntas… pero estaba cansada de ver pequeñas miradas recelosas cuando ella determinaba algo… miradas rápidas a Esteban en espera de una confirmación o miradas momentáneas de duda… dudas porque era una mujer. Peor aún!! Era una mujer joven, bajita, delgada y bonita… con uñas largas pintadas de color nacarado,  tacos altos, un collar de finas perlas en su cuello… la imagen perfecta de alguien que NO pertenecía a este submundo y que no era capaz de llevar las riendas  con mano firme…

María se miró las manos mientras caminaba seguida de su esposo y de unos cuantos hombres cercanos…

Sus manos eran pequeñas, delicadas y muy finas. Sus uñas cuidadas y siempre con una buena manicure. Si. Eran manos que parecían hechas para cuidar rosas y bordar manteles. Que idiotez!!!

Estaba cansada de que no la creyeran capaz…

Nadie lo decía en voz alta pero muchos pensaban que si el jefe de la familia hubiera sido otro, no habrían tenido problemas con los Rojas y Coque no habría sido dañado…  Rojas se había aprovechado porque ella era mujer… si no hubiera intervenido Gonzalo….

Domingo Rojas era su oportunidad de callarles a todos la boca y mandar un poderoso mensaje… “Con María no se juega”… “es bajita pero mortal”… “sus manos delicadas tienen garras”

Se detuvo ante la enorme puerta de metal y alguien corrió a abrirla para ella. Sus tacos retumbaron cuando entró a la húmeda sala…  todo estaba a oscuras en el enorme galpón. Se escuchaba el sonido de goteras cayendo desde alguna parte del techo… la cercanía del mar… Alcanzó a distinguir a varios hombres armados desparramados en la oscuridad. Siguió avanzando hasta la zona iluminada al fondo del galpón.

-. Esta drogado – Esteban se ubicó junto a ella sin intentar tocarla. En este momento ella era la jefa y Esteban era su mano derecha que intentaba protegerla… – dormirá unas cuantas horas más

Un sentimiento de odio y placer la recorrió al verlo; odiaba al desgraciado ese y le producía placer saber lo que haría con él. Era un hombre grande y fuerte. Estaba mal vestido, sucio, con la barba y el bigote de varios días crecido en desorden. Se notaba a simple vista que había sido golpeado; tenía moretones y costras en varias partes del cuerpo. Se veía repulsivo…

-. ¿Está sano?

Esteban se sorprendió ante la pregunta

-. Si. Está bien-

María asintió moviendo su cabello rojo… no quería que estuviera enfermo o mentalmente ausente cuando, finalmente, cayera en sus manos. Quería un tipo con todos sus sentidos despiertos y conscientes. Lo miró atentamente, dándole la vuelta… Domingo Rojas dormía en el suelo de su galpón, atado como un animal… como merecía ser tratado.

-. Quiero que me avisen en cuanto despierte – dijo mirando a uno de sus hombres

-. Si, señora –

Se dirigió de vuelta al vehículo. En el camino le fue nombrando a Esteban las cosas que deseaba tener en esa bodega para cuando su huésped despertara. Esteban no preguntó. Asintió en silencio.

Al día siguiente, temprano en la mañana, María estaba en su oficina cerrando un trato con un nuevo importador que requería del uso de sus instalaciones en el puerto. Como la mayoría de los hombres de negocios que entraban a sus oficinas, este también había puesto cara de asombro al ver a la delicada mujer que manejaba el puerto… algunos de ellos incluso miraban más atrás o buscaban a alguien más que ocupara la oficina… era difícil convencerse que esta mujercita femenina y de apariencia frágil era la que tomaba las decisiones y cerraba los tratos, otorgaba o rechazaba autorizaciones.  Muchos, incluso, se aventuraban a coquetear con ella y se encontraban con la desagradable sorpresa de ver rechazadas sus aspiraciones al puerto. Si había algo que no le gustaba a María eran los idiotas machistas. Sabía cómo tratar con ellos.

Esteban era el único que entraba y salía de su oficina en cualquier momento. Ahora, nada más entrar y verle la cara de urgencia, María entendió el mensaje. Con un par de frases rápidas y poniéndose de pie dio por terminada su reunión con el importador.

-. Está despierto- anunció Esteban

-. Bien. Vamos- tomó su chaqueta de tweed blanco y rosado a juego con la falda. Esteban le ayudo a ponérsela y por un breve instante le aprisionó los hombros en una caricia tan sutil que solo ellos dos lo supieron. María entendió el gesto de su esposo. Era la primera vez que ella participaría de algo así. Estaba preparada y lista. Pero saber que Esteban la entendía y estaba a su lado era agradable. Se giro levemente y sus ojos se cruzaron entendiéndose.

-. ¿Está todo lo que pedí?

-. Si. Todo listo

-. Gracias – había mucho más que un simple agradecimiento en esa palabra. La mirada de amor, el roce de la mano y la forma en que ella levantó la cabeza con orgullo – Vamos –

Domingo había despertado algo atontado por el efecto de la droga que lo durmiera la noche anterior. Tenía hambre, sed y frío. Era inútil esperar el desayuno… rió de su propia broma tonta. No habría desayuno en bandeja para él.  Estaba en un lugar distinto… al menos lo habían dejado sobre un sillón y sus brazos y cuerpo estaban perfectamente atados e inmovilizados… hizo un esfuerzo hasta que su mente recordó los eventos de la noche anterior. Había sido entregado a Esteban.

-. ¿Dónde está tu jefe? – quiso gritar pero la voz le salió reseca y pastosa. Nadie respondió aunque había varios hombres armados alrededor

-. Llama a tu jefe y dile que quiero verlo!!!

Conocía a Esteban. Un tipo que había sido la mano derecha de Don Lino. No era un Jefe de familia. Era un chiste que solo había llegado donde estaba porque se casó con la pelirroja … pero vaya! Justo pensando en la colorina y ella entraba. A pesar de la incómoda situación en que se encontraba, Domingo no pudo evitar sentirse un animal hambriento al mirarla… la presencia de María llenaba el ambiente… tan pequeña y bien formada, altiva y orgullosa… 5 minutos a solas con ella y le borraría toda su arrogancia de una buena follada, le quitaría esa presunción con la que caminaba y la haría gritar como hiena rellenándola con su leche…

Domingo se había quedado en silencio… mirándola como perro detrás de una hembra en celo…

-.  Domingo Rojas. Al fin en mi propiedad– saludo María con voz glacial acercándose y caminando alrededor del sillón

-. Hola bonita – sonrió baboso fijándose en quienes venían entrando junto con María. Uno de ellos era Esteban y el otro un desconocido

– Al fin te apareces! Será mejor que me sueltes antes de que algo malo te suceda a ti y a tu familia – gritó amenazante dirigiéndose a Esteban e ignorando completamente a María. La mente de Domingo Rojas no tenía conexiones neuronales suficientes como para entender que ella era la que mandaba

Esteban tuvo un momento de rabia y descontrol al escucharlo pero la fría mirada de María lo contuvo…

Ella se dirigió al lugar donde estaban las cosas que había solicitado. En silencio y sin dejar de observarlo se sirvió un café… el aroma de la bebida se repartió deliciosa en el ambiente.  Caminó con la taza en la mano hasta sentarse frente a Domingo

-. No vuelvas a abrir la boca para amenazar a mi familia –

La amenaza salió de la boca de María con la misma entonación que una dama de sociedad usaría para preguntar por la salud de otra persona. Su gesto al beber el café fue tan sutil y elegante que Domingo tardó unos segundos en entenderla. Cuando cayó en la cuenta de lo que había dicho rompió a reír

-.  Ay mierda!!… Claro..- respondió burlón – se me olvida que el viejo te nombró a ti y al mariquita como jefes– reía con ganas de su frase y miraba a su alrededor buscando la aprobación de los demás ante lo gracioso de la frase

La mención de su hermano en boca de Domingo alteró visiblemente a María

-. Es mi última advertencia. No vuelvas a decir nada desagradable – a pesar del gran disgusto que sentía María se controló. No solo por ella sino también porque estaba rodeada de sus hombres. No quería ser emocional y rabiosa. Estaba recordando la fría y cínica actitud de su padre frente a sus enemigos. La estrategia que Don Lino tenía para llevar a sus enemigos al terreno que deseaba… y le estaba resultando.

-. Pero que viejo cabrón!!… nombrar a esta pelirroja de jefa!! Que chiste!!!Deberías estar tomando té con tus amigas y cuidando de la mariposa que tienes por hermano… Debiste escucharlo gemir!!! Te aseguro que le gustó mucho lo que le di!!! Pregúntale!!! Quizás y desea más…

La risotada de Rojas llenó el galpón…

La ira cruzó el cuerpo de María. El gesto de ella hacia la tercera persona que había ingresado con ellos fue apenas perceptible. El hombre se puso en movimiento. Tomó algunos elementos que iba a necesitar y luego se acercó hasta el hombretón que seguía riendo.

-. Ayúdenlo – ordenó ella con el mismo tono de voz tranquilo.

Se movieron de inmediato.  Algunos de los hombres rodearon a Domingo. Fue muy tarde cuando dejó de reír y sus ojos se abrieron interrogantes. Manos fuertes y bruscas le sujetaban el rostro y un cinturón inmovilizaba su cuello

-. Señora? – preguntó el hombre que tenía los elementos en la mano pidiendo su permiso

-. Adelante. No quiero escucharlo decir otra palabra.

Domingo vio una aguja curva acercarse a su rostro. Sintió un tirón en su labio superior seguido de un pinchazo caliente y doloroso sobre el labio. Intentó gritar y morder pero un rudo golpe lo impidió. Su mandíbula estaba inmovilizada por la fuerza. Resultaba imposible mover su cabeza

-. NOOOO….. mmmhhhh

Fue el último grito que alcanzó a pronunciar antes que la aguja siguiera sellando su boca y los golpes cayendo sobre su rostro para mantenerlo inmóvil.

Estaba justo donde lo quería y de la forma en que lo quería… María se levantó con delicadeza dejando la taza a un lado. De su bolso extrajo lo que necesitaba a continuación. Sostuvo las pastillas firmemente en sus manos… no temblaba.

El rostro de Rojas era una oda al sufrimiento; el sudor corría por su frente, uno de sus pómulos inflamado y la parte inferior bañada en sangre. Un grueso cordón cerraba su boca hinchada, casi completamente. Si se le ocurría forzar sus labios para abrirlos iba a romperse toda la piel.  Los hombres, respetuosamente, hicieron espacio para que pasara la señora. Por el pequeño espacio en el extremo de la boca que aún quedaba sin sellar, María introdujo tres pastillas azules. Por un instante sus ojos se encontraron con los deDomingo. Decisión y seguridad en los de ella; incredulidad en los de él… como si todavía le costara creer que las órdenes provenían de ella y era obedecida.

-. Vamos a ver quien gime ahora – no hubo ninguna alteración en su tono de voz. Seguía hablando como si en realidad estuviera tomando té con sus amigas.

 

 

COQUE

Sus hermanos mayores no habían querido el puesto… se habían ido a vivir a otra parte… ¿Acaso sabían las consecuencias que podría traer y por eso se habían alejado?… su padre siempre fue un hombre fuerte ¿alguna vez habría tenido el miedo que tuvo él luego de ser violado y golpeado?… era imposible que volviera a retomar su vida como estaba antes… no estaba hecho para el cargo… no estaba hecho para nada… ni siquiera estaba seguro de querer seguir viviendo… tampoco quería regresar a la casa donde todos sabían y lo mirarían con lástima… buscaría un colegio en otra parte donde nadie lo conociera… solo, aislado… una vida sencilla y alejada de todos… no estaba preparado para ver a las personas de su vida anterior… todos tan seguros y confiados, todos demostrando capacidades que él había perdido y no se sentía capaz de recuperar… hasta su hermana le daba miedo ahora… Esteban, Gonzalo y hasta Daniel… ¿era cualquiera de ellos capaz de la crueldad que Domingo había exhibido con él? ¿Entendían el daño que causaban?… las lágrimas comenzaron a caer de sus ojos en silencio, sin sollozos ni gemidos… solo agua rodando por sus mejillas…  todos esos hombres que lo rodeaban para cuidarlo… también eran capaces de matar a otro… no.. no… no quería saber nada de todo eso… renunciaba..lo entregaba… que María se quedara con todo… el solo necesitaba… ¿qué necesitaba?… nada… no quería nada fuera de tranquilidad y aislamiento… nadie que lo mirara con compasión o con interés… tampoco quería estar aquí con tantos médicos haciéndole preguntas, insistiendo en escarbar en todo lo que había pasado cuando él solo quería no recordar nunca más… nunca… a nadie…  nada de lo que había existido antes volvería a ser igual…

-. Ya traje el almuerzo –

Daniel no supo que había interrumpido la dolorosa línea de pensamientos negativos que carcomían la pequeña mente enferma de su pecoso.

Coque se removió en el asiento donde Ray lo había dejado hacia poco, al volver de terapia… le daba lo mismo donde estaba… una cama, un sillón, el suelo. Cualquier lugar donde pudiera hacerse un ovillo y cerrar los ojos para no ver el mundo estaba bien…

-. ¿No tienes hambre?

Ray dejó la bandeja sobre la mesa con ruedas… Coque ni siquiera se molestó en mirarla. Pollo? Arroz? Carne?.. fideos?.. todo daba igual. Hasta su gusto por la comida había desaparecido y se notaba en la extrema delgadez de su cuerpo.

-. El almuerzo está bueno hoy

Dijo Ray tratando de animarlo y acercando la mesa para que Coque pudiera comer.

Coque pensó que si fuera más corpulento habría tirado todo lejos y habría pedido a gritos que lo dejara en paz… no quería comer, ni gente a su alrededor ni nada… quería estar solo y en silencio… pero el auxiliar seguía moviéndose cerca de él…  el olor de algo conocido asaltó su nariz. Junto al agradable olor vinieron de inmediato las imágenes de él mismo junto a Daniel… cenaban en el casino del colegio y reían juntos… habían estado alegres ese día…  las lágrimas cayeron con más ganas de sus ojos cerrados… ese Coque que veía riendo le parecía alguien distinto a él, tan seguro y tranquilo…

Daniel estaba aprendiendo… el primer día el sufrimiento de Coque lo había dejado muy triste y desanimado pero muy luego había entendido que su misión no era compadecerse de él y sufrir a su lado. Su trabajo para Coque era otro. Tenía que sacarlo del encierro, abrirle las puertas del alma para dejar escapar el dolor y conducirlo de la mano hacia la reintegración.

-. Ven. Enderézate –

Las manos de Ray lo acomodaron en el asiento. Coque se dignó abrir los ojos…

-. Prueba esto. Está muy rico

Abrió la boca por cansancio… para evitar que el empleado siguiera molestándolo. Comería dos o tres bocados  y volvería a su encierro… El primer trozo de alimento en su boca se deshizo en su paladar repartiendo su delicioso sabor… Coque se sintió invadido por algo que había olvidado… una sensación buena… inspiró profundamente cambiando su expresión y fijando su vista en el auxiliar que asentía moviendo su cabeza

-. También traje ensalada fresca ¿te gusta?

No era necesario que contara como la ensalada había llegado desde el mejor restaurant y solo la complicidad de Carmen, la enfermera jefe, había permitido que se colara hasta la bandeja de Coque.

-. Ensalada?  – Coque enderezó su espalda en el asiento…

Un gesto… un solo gesto tan simple pero que demostraba interés.

Daniel sintió que quería gritar, abrazarlo y saltar con él en brazos por la ventana y correr a revolcarse en el jardín como habían hecho en el colegio tiempo atrás… tenía ganas de besarlo, sentirlo, acariciarlo y cobijarlo… Coque estaba comiendo no uno ni dos pedacitos sino casi el plato completo… muy lento y pausado pero no se detenía…

-. Tiene limón… – dijo alzando las cejas al probar la ensalada

Mucho limón mi pecoso… todo el jugo de limón que desees te lo daré…

-. Si. No sabía si te gustaba el limón… – intentó parecer confundido

-. Me gusta

-. Acerté entonces…

Daniel se quedó en silencio aparentemente observando el jardín pero en realidad estaba controlando su alegría y siguiendo atentamente cada movimiento y suspiro de Coque…

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