Miguel 2 Capítulo 74

CAPÍTULO 74

 

Ghiotto tenía 35 años y era uno de los tipos más fortachones dentro de las personas cercanas a la cúpula del poder, en la familia de Gonzalo. Tenía una altura levemente superior al promedio, músculos muy trabajados, pelo y ojos oscuros, ligeramente achinados, que muy rara vez sonreían. Hablaba poco, pero cuando se trataba de actuar, Ghiotto era siempre uno de los primeros en la línea de fuego, demostrando astucia y valentía.   Era parte de la familia desde los 13 años, cuando se unió a ellos trabajando en la calle. Poco a poco fue escalando posiciones y acercándose a los jefes quienes supieron apreciar sus cualidades de lealtad, destreza física y fuerza. Hoy en día era uno de los choferes y guardia personal de Gonzalo o de quien lo necesitara dentro de las cabezas de familia. Resolvía problemas y encargos delicados y se le consideraba absolutamente confiable y seguro.

Al salir del departamento de Lidia, Andrei subió al vehículo y cerró de un fuerte portazo antes de que Ghiotto hubiera tenido la posibilidad de percatarse de lo que sucedía.

-. Sácame de aquí – ordenó Andrei visiblemente molesto.

Ghiotto no preguntó destino. Si Andrei no se lo había dicho era porque no lo sabía. Condujo despacio fuera del recinto de la familia. No iba a hacer preguntas pues sabía exactamente cuál era la causa de la molestia de Andrei

-. ¿Tú trajiste a Lidia hoy en la noche?

-. Si

Ni una palabra más de lo estrictamente necesario. Ghiotto tenía una cualidad especial; no tenía miedo de las personas. No lo asustaba el poder de Gonzalo ni de nadie de la familia. Trabajaba con ellos por cariño y costumbre. No se sentiría bien en ningún otro lugar más que entre ellos pero su permanencia no estaba dirigida por el temor sino por el deseo de pertenecer y el respeto hacia sus jefes; respeto que no tenía relación con miedo.

Es por ello que esperó pacientemente a que Andrei volviera a preguntar si es que quería saber más.

Lo escuchó respirar embravecido en el asiento trasero… miró por el espejo retrovisor y lo vio moverse inquieto y mirar hacia todos lados como si buscara algo. Finalmente, golpeó el asiento con los puños cerrados.  Nunca había visto a Andrei tan fuera de control… claro que tampoco había visto a la señorita Lidia besarse con otra mujer antes…  entendía.

Ghiotto no se había enamorado nunca. No tenía tiempo ni demasiado interés. Sus relaciones eran muchas y con mujeres diferentes. Aún no conocía a una mujer que tocara su corazón de la forma en que otros hablaban de la locura del amor. No le preocupaba tampoco. El sexo rápido y casual bastaba para satisfacerlo. Siempre había mujeres de sobra dando vueltas en los clubes y sitios de la familia. Una cena con los amigos y una chica escasa de ropa en sus piernas bastaban para hacerlo feliz por un rato.

-. ¿Qué fue lo que viste?

Ghiotto detuvo el vehículo frente a un lugar de la familia.

-. Venga conmigo –

Andrei no dudó y lo siguió callado. Conocía a Ghiotto desde niño y confiaba en él.

Entraron juntos. El lugar, debido a la hora, estaba cerrando y casi vacío, pero al ver a Andrei y Ghiotto los pasaron a un reservado, trayendo una botella de inmediato. Ghiotto cerró la puerta, sirvió dos vasos y bebió uno al seco antes de responder. El fuerte licor ardió en su garganta pero eso estaba bien.  Había que estar preparado para contarle a otro hombre como la mujer que amaba se había besado y restregado contra esa advenediza.  No le gustaba Karina. No le agradaba ninguna mujer ejecutando el trabajo reservado para ellos aunque esa norteña lo hiciera bien.

Le relato a Andrei exactamente lo que había visto, sin agregar palabras extras ni comentarios personales.

 

Media hora más tarde habían despachado la botella entre los dos. El alcohol hacía poco efecto en el cuerpo grande y bien cuidado de Ghiotto, pero Andrei estaba agotado, no había comido y acusaba recibo de más de media botella de licor.

-. Esa zorra… no puede estar cerca de Lida… voy a mandarla de vuelta al norte… que se pudra en el desierto…

Ghiotto ayudó a Andrei a levantarse y lo puso de vuelta en el vehículo. Condujo a su casa en silencio y lo dejó acostado en su cama. Sin dudarlo un segundo, tomó una cobija, se quitó las armas del cinto y se echó a dormir sobre el sillón del departamento de Andrei.

 

A la mañana siguiente, Andrei despertó remecido por las grandes manos de Ghiotto.

-. El jefe quiere verlo

Era bastante tarde para su hora habitual de inicio del día. Andrei se movió con cuidado para evitar que se avivara el desagradable martilleo en su cabeza. No estaba acostumbrado a beber. 20 minutos más tarde, luego de una ducha y un café negro, preparado por Ghiotto, salían en dirección a la oficina de Gonzalo.

Andrei golpeó la puerta de la oficina cerrada por dentro. Gonzalo se tomó unos minutos antes de abrir y cuando lo hizo, tenía los labios enrojecidos, se acomodaba el pelo desordenado y sonreía estúpidamente.

Miguel, desde el sillón, no lo hacía nada mal tampoco.

-. Buen día, Andrei

-. Buenas. Me alegra saber que están de buen humor

Llevaba puestos sus lentes de sol, caminaba como si tuviera problemas de equilibrio y hablaba bajo y con lentitud. Se sentía mal, física y anímicamente.

Gonzalo fue el primero en notar la resaca de su amigo y sorprenderse. Cruzó una significativa mirada con Ghiotto quien se encogió de hombros dando a entender que “él no sabía nada”.

-. ¿Qué sucede?

-. Nada. Estoy bien

La respuesta no era verdad pero Gonzalo conocía bien a Andrei y, al igual que él, hablaría cuando estuviera listo para hacerlo.

Revisaron las actividades del día. Desde la partida de Domingo y el desaparecimiento de los Rojas, la actividad había vuelto a una agradable rutina que solo incluía sus actividades ilícitas de siempre. A esta tranquilidad, había que agregarle la presencia de Jorge que había resultado ser una adquisición valiosa y cooperaba con todos ellos. La parte seria y respetable del negocio, y que dejaba menos dinero en conjunto, estaba en manos de Lidia y Daniel y un grupo de antiguos consejeros.

-. Necesito hacer algunos cambios en seguridad- anunció Andrei con firmeza.

Recibió una mirada interrogativa de Gonzalo y Miguel. La seguridad de la familia la manejaba Andrei desde hacía meses, sin necesidad de consultar con ellos.

– Haz lo que tengas que hacer – respondió Gonzalo corroborando la autoridad que le había entregado.

Andrei dudó por un instante… Karina era cercana a Miguel… quizás debería informarle… Al demonio!!!. Se iría lejos porque él tenía el poder de mandarla lejos y no quería volver a verla cerca de Lidia.

-. Bien. Me voy

Al abrir la puerta se encontró con Ghiotto

-. Quédate con el jefe

Ghiotto asintió. Siempre estaría donde fuera necesario.

El ascensor se abrió frente a Andrei y un par de personas descendieron alejándose rápidamente.

En el fondo del ascensor quedó solo una mujer.

Karina lo miraba fijamente sosteniendo la carpeta que Lidia había dejado olvidada en el vehículo.

Andrei sintió algo caliente en las venas…

Entró decidido al ascensor, sujetando el brazo de la mujer que se preparaba a salir y empujándola de vuelta dentro del aparato. Karina no dijo nada. Levantó la cabeza en un gesto altanero y se preparó para lo que sabía sería un momento difícil.

Lo esperaba desde la noche anterior y estaba preparada.

Las puertas se cerraron. Estaban solos dentro del ascensor

-. Te vas ahora mismo a las oficinas del norte

Karina acusó recibo del golpe… no esperaba esto. Alejarse de Lidia…

-. ¿Le asusta que esté cerca de ella?

La pregunta sorprendió a Andrei. Estaba acostumbrado a ser obedecido sin excusas por quienes trabajaban para él… y esta… esta mujer lo estaba desafiando

-. Dije que te vas de vuelta al norte. Eso, si quieres conservar tu cabeza sobre los hombros

Karina guardó silencio pero en ningún caso significaba miedo a lo que estaba viendo…Andrei estaba asustado. Podía percibirlo. Era una gran observadora de los seres humanos y podía entender bien sus gestos y reacciones… casi podía anticiparlas…

-. No voy a irme. No me amenace porque tiene miedo. Mandarme al norte no solucionará su problema con ella – declaró aparentando tranquilidad que no sentía.

-. Deja de hablar de mi mujer como si tuvieras algún derecho!!! – Estaba furioso. Le molestaba el tono de voz de Karina, los ojos negros de la mujer y… todo… le enojaba que siguiera respirando…

-. Su mujer?

-. SI. MI MUJER!!!

-. Entonces, trátela como merece –

-. Como te atreves??!! – siseo Andrei entre dientes. El puño cerrado levantado en el aire… Le costaba creer la  desfachatez de la mujer…

Súbitamente Karina creció de tamaño a pesar de su estatura menuda. Había una mano levantada frente a ella… Se preparó para enfrentarlo… había bravura y agresividad en su actitud. Era un animal defendiéndose.

Las puertas del ascensor se abrieron en el estacionamiento del subterráneo.

El ruido los hizo reaccionar a ambos.

Andrei bajó el brazo, consternado. No iba a golpear a una mujer por muy enojado que estuviera. Volvió a tomarla del antebrazo con brusquedad para sacarla del aparato pero ella, en un gesto rápido y violento, se soltó de su mano…

-. Trabajo para usted. Para la misma familia –

Era un recordatorio

Los problemas dentro de la familia no se resolvían a golpes ni disparos. Los resolvía el Jefe.

-. No alcanzas a ser un problema. Eres una basura molesta solamente – el recordatorio de Karina logró aterrizarlo – Es cierto – Andrei sonrió al recordar sus recursos –Trabajas para mí y como soy tu jefe te ordeno que te vayas al norte esta misma noche-

Knock out…

Karina agachó la cabeza y depuso su actitud agresiva.

-. Si fuera feliz no estaríamos en esta situación – murmuró entre dientes

-. ¿Qué?

-. Digo que si ella fuera feliz no estaríamos aquí discutiendo por ella!!! 

Nuevamente alzaba la voz, provocándolo. Se iría. Sabia las reglas. Las órdenes del jefe no se cuestionan… le partía el alma pensar en dejar a su hada encantada… pero ¿Qué diablos podía hacer?… desobedecer a su jefe no era una opción… no se renuncia a la familia como quien lo hace con un trabajo.

-. ¿Qué puedes saber tú sobre su felicidad?… no la conoces… no tienes idea… –Andrei estaba increíblemente cabreado

-. ¿Cuándo fue la última vez que la vio reír?!!! – pero antes de irse,  le haría saber lo que pensaba – Anda triste y preocupada todo el tiempo… dejó de estar alegre y sonreír hace meses y usted ni siquiera se ha dado cuenta de ello… ¿dice que la ama?? ¿Cómo es que no se da cuenta que sufre??!! ¿Sabe siquiera cuáles son sus problemas??!!… ¿sabe que llora sola en las noches???!!

Karina estaba gritando y su voz retumbaba en el estacionamiento… la primera reacción de Andrei fue de molestia y ganas de hacerla callar… pero, a medida que escuchaba, se dio cuenta que no podía responder las preguntas que Karina formulaba… su boca se abrió en señal de asombro e incredulidad…

-. ¿Está todo bien, señor? – dos hombres pertenecientes a la seguridad del edificio se acercaron de prisa hacia él.

Andrei se tomó su tiempo antes de ser capaz de responder…

-. Si. Vuelvan a su trabajo – indicó levantando la mano en un gesto de despedida… seguía mirando a Karina.  Subitamente, ella se dio vuelta y regresó al ascensor totalmente decidida… Cuando Andrei reaccionó y quiso detenerla, ella levantó la carpeta que aun sostenía en las manos y tenía que llevar a Lidia.

-. Me iré como ordenó – alcanzó a decir Karina antes que las puertas se cerraran.

Permaneció de pie, solo… sintiendo que algo importante escapaba de sus manos… temiendo que solo era capaz de ver la punta del iceberg…

Andrei subió a su vehículo. No lo hizo partir. Tenía que ordenar sus pensamientos primero…

No. No se había dado cuenta de que Lidia anduviera triste desde hacía meses, pero cuando Karina lo mencionó… bueno… si, andaba mas callada y taciturna. No reía como antes…

No. Tampoco sabía cuáles eran los problemas que tenía…  mucho menos sabía que lloraba sola en las noches…

Fijó la vista en el vacío apretando los dientes y los puños… ¿cuándo había dejado de prestar atención a Lidia?… Hacía mucho tiempo que no pasaban una noche completa juntos… que no conversaban tranquilos o, como había dicho la maldita intrusa, que no se divertían…

El desanimo se fue apoderando de su voluntad… ¿Qué estaba pasando por alto?… amaba a Lidia… mucho… ¿Por qué mierda todo se complicaba de repente???

¿Cómo es que Lidia no entendía su trabajo y su relación con Gonzalo? Su hermano. El Jefe de la familia…

Gonzalo, su trabajo y pertenencia a la familia eran lo que lo sostenía en el mundo. Recordó el tiempo en que estuvo solo, desterrado de la ciudad, sin nadie a quien recurrir, con solo 19 años, sin dinero ni trabajo, cargando con el peso de la muerte de su padre… incluso en ese momento sabía que contaba con la amistad incondicional de Gonzalo y que en algún momento lo buscaría para devolverle la vida que conocía. Esa fue la esperanza que lo mantuvo vivo y le dio garras para luchas… Lidia era diferente… era la mujer que llenaba sus sueños y le hacía temblar el corazón… pero en ese entonces era un sueño prohibido y doloroso, una ilusión que dejó de alimentar por considerarla imposible. La dio por perdida sabiendo que volver a buscarla significaba la muerte y arriesgaba el perdón que tanto deseaba…  Gonzalo siempre fue una esperanza y un apoyo. Creía incondicionalmente en el lazo de amistad y cariño que los unía… siempre supo que contaba con él.

La línea de pensamientos en su cabeza sorprendió a Andrei más de lo que podía imaginar…

De pronto se dio cuenta que podía fallarle a Lidia sin problemas pero su corazón se encogía cada vez que le fallaba a Gonzalo… ¿Cuántas veces la había dejado esperando?… ¿Por qué no estaba más cerca de ella apoyándola en su trabajo si sabía bien lo que había que hacer?…

No se demoró mucho en encontrar la respuesta.

Todavía era ese adolescente buscando merecer el perdón y la aceptación de la familia, intentando borrar la traición de su padre y obtener aprobación.

¿Acaso Karina tenía razón en cada maldita frase que había dicho?

Vaya… podía decir con casi total certeza cuales eran los problemas actuales de Gonzalo… pero no sabía de que hablaba Karina cuando mencionó los problemas de Lidia ni el llanto con que se dormía en las noches…

La realidad le resultó odiosa y sofocante…

Amaba a Lidia… de eso estaba seguro… No había una buena excusa para que Lidia se besara con esa mujer… ninguna… pero él tampoco estaba siendo la persona que ella necesitaba a su lado.

Encendió el vehículo y se alejo de prisa… necesitaba más aire y espacio… tenía muchas cosas que hacer y necesitaba pensar con más calma todo lo que había descubierto de sí mismo en tan solo unos minutos.

 

 

GONZALO

 

Esperaba la decisión de Clemente desde hacía días. Quería integrarlo como parte de la familia por varias razones, quizás, la más mezquina, era demostrarle al resto que su familia era más poderosa y podía “robar” un miembro importante de otra familia. Además, le gustaba Clemente. Seguía reconociendo la valentía del muchacho al ayudarlos traicionando a los suyos y confiando en él.

La llamada llegó a media mañana

-. Quiero trabajar con ustedes

Clemente se escuchaba nervioso lo que hizo que las alarmas interiores de Gonzalo se pusieran en alerta. Confiaba en el muchacho pero nunca estaba demás ser precavido.

-. Almorcemos juntos –

Se reunieron pasado el mediodía. Miguel los acompañaba.

-. ¿Cómo van tus estudios? ¿Estás conforme?

La pregunta de Gonzalo fue recibida con una entusiasta sonrisa por parte de Clemente. Comenzó a hablar de lo mucho que le gustaba lo que estudiaba, el ambiente, sus profesores y las materias… su pasión por los vehículos y sus motores era notoria.

Gonzalo vio como Miguel adoptaba una actitud de completo interés en la conversación de Clemente. Muy pronto, ellos dos hablaban de la universidad y los estudios como si fuese una de las mejores cosas de la vida, encontraron intereses comunes y al poco rato reían y bromeaban. El ambiente se relajó y fue fácil seguir la conversación.

-. Nunca te agradecí lo suficiente lo que hiciste por mi hermana –  Miguel, generalmente arisco y poco amistoso, comenzaba a simpatizar con Clemente.

-. No hay nada que agradecer. ¿Cómo está Analía?- preguntó con cuidado recordando lo que Nali le dijera sobre los celos y la protección de la pareja frente a él.

-. Bien. Concentrada en sus estudios-

Clemente quería seguir preguntando pero algo en su interior le aconsejó dejarlo hasta ahí.

-. ¿Cuándo puedes comenzar? – interrumpió Gonzalo

-. Ahora mismo-

Los tres sonrieron satisfechos. Era un buen almuerzo y una excelente reunión. Quedaba flotando en el aire el tema de la familia Rojas, pero ya habría tiempo más adelante para conversarlo.

-. No tengo tantas horas en la universidad este semestre. Dedicaré todo mi tiempo disponible a aprender con ustedes- 

Solo descontaré unas horas para pasarlas con Nali”

-. Bienvenido a mi familia, Clemente Rojas – Gonzalo extendió su mano para sellar el acuerdo. En su mente ya estaba pensando en los trabajos que podría hacer Clemente cuando hubiera aprendido y demostrado que su lealtad era permanente.

-. Bienvenido – Miguel le extendió su mano también con una agradable sonrisa.

Volvió con ellos a las oficinas. Ghiotto  recibió la misión de encargarse de los primeros días de Clemente Rojas entre los suyos y mantener los ojos bien abiertos y vigilantes.

Más tarde, Gonzalo y Miguel tomaron rumbos separados. Pasaban muchas horas del día juntos pero, cada uno tenía trabajos distintos.

Miguel conocía bien el movimiento en las calles y aprovechaba su habilidad para hacerse cargo de algunas labores específicas. No era fácil para Gonzalo dejar que Miguel se manejara por su cuenta. Entendía que no era un niño pero tenía solo 19 años. Se tranquilizaba recordando sus 19 años y la seguridad que tenía en aquella época… Mierda! Lidiar con los distribuidores en la calle siempre podía ser peligroso. Algunos eran muy agresivos. Miguel siempre llevaba compañía, sabía defenderse bien… pero el riesgo estaba latente cada minuto que pasaba fuera, los barrios en que trabajaban eran peligrosos. Confiaba en Miguel… más que nadie en el mundo, Miguel era merecedor de todo su amor y confianza… por eso mismo se sentía inseguro. Desde que recibiera aquel balazo, el temor de Gonzalo por la seguridad de Miguel se había intensificado. No sabría cómo seguir viviendo si no estuviera a su lado. Lo necesitaba para poder respirar… Maldición!!..

-. ¿Dónde estás? –

No aguantó y tuvo que tomar el teléfono para llamarlo. Necesitaba escuchar su voz.

-. Tenemos un pequeño problema pero lo estoy solucionando– Miguel sonaba seguro

-. ¿Qué problema?

-. Te cuento después

Se tuvo que morder la lengua para no gritarle que le explicara ahora mismo y se alejara. Que enviaría a alguien más a resolverlo.

No podía hacerle eso. No lo avergonzaría delante de su gente.

-. Está bien. Apresúrate- ordenó cortante

-. Si, patrón. Como ordene – Respondió Miguel en evidente tono de burla.

Colgó sintiéndose más tranquilo y comenzando a dibujar esa sonrisa torcida, tan peculiar… Si Miguel podía bromear con él entonces todo estaba bien… si hubiera peligro se mantendría serio y cortante…

Mocoso del demonio

Se había burlado de él y lo había excitado

Se lo haría pagar…

Por la mente de Gonzalo pasó el recuerdo de la primera vez que vio a Miguel disfrutar del dolor… Siempre era hermoso, sobre todo desnudo, sudado y gimiendo aprisionado entre sus brazos… pero la expresión de su rostro y la respuesta de su cuerpo cuando se mezclaban el placer y el dolor era sublime…  Ansiaba verlo nuevamente…

Se reclinó en su sillón dejando de lado todo lo demás sobre su escritorio…

Miguel era un masoquista…

Lo sabía con absoluta certeza… disfrutaba del dolor hasta cierto nivel y él estaba más que dispuesto a proporcionárselo para llevarlo al éxtasis. Anhelaba ser quien liberara todos los demonios internos de Miguel y le dejara el alma crudamente expuesta para el placer…

Se llevó las manos a sus sienes, masajeándolas lentamente…

Tenía que encontrar la forma de vencer todos los miedos de Miguel… tenía que hacerlo él mismo ya que era el único culpable de que esos miedos estuvieran instalados en él…

Recordar lo que le había hecho aquella maldita noche le provocó un dolor agudo en el pecho… movió la cabeza negando… borrando la imagen que le mostraba su mente… no pasaba ni un día de su vida sin arrepentirse aunque jamás lo mencionaba. No se explicaba cómo había podido hacerlo… maldición!! Recordarlo era volver a sufrir un poco cada día…

Amaba a Miguel como jamás imaginó ser capaz de sentir… Cada gesto, cada sonrisa, cada milímetro de su cuerpo… mierda!! Si hasta amaba las rabietas del mocoso!!!

Miró el reloj deseando que llegara pronto.  Se encontraba lleno de sentimientos de amor, deseo y protección por él… quería…

-. Tienes que explicarme esta idiotez!!! 

Lidia entró a su oficina tal cual entra un huracán. Las manos de golpe encima de su escritorio y una mirada asesina sobre él. Gonzalo ni siquiera tuvo tiempo de cambiar elswitch mental. Tuvo que aterrizar de golpe.

-. Buenas tardes, hermana querida. ¿Qué puedo hacer por ti?

– No empieces Gonzalo. Estoy muy molesta

-. Si. Me di cuenta. ¿La razón?

-. Necesito a Karina conmigo. No quiero que se vaya al norte

Lidia encolerizada frente a él… la mente de Gonzalo buscaba rápido entender que estaba sucediendo… Karina?.. norte?… “cambios en seguridad” había dicho Andrei esa misma mañana… ¿Por qué demonios enviaba a Karina al norte?…

Se puso de pie y aprovechó esos segundos para buscar explicaciones que no encontró…

-. ¿Por qué se va al norte? – preguntó vencido. Odiaba no saber lo que pasaba en su propia familia y tener que preguntar.

-. LO SABIA!!  Sabía que no era orden tuya!!! Maldito!!

Gonzalo sujetó la muñeca a su hermana que partía indignada de vuelta

-. Eh, eh… alto ahí!! ¿Qué está pasando aquí?- ahora ya no le parecía gracioso nada de esto y quería explicaciones serias. Lidia y Andrei eran parte importante de sus pilares de apoyo para que todo funcionara bien.

-. Andrei la manda al norte para deshacerse de ella. La está castigando y no voy a permitirlo –

-. ¿Castigando por qué?

Hubo un momento de pesado silencio y miradas fijas…

-. Porque me besé con ella y Andrei está celoso

La mano de Gonzalo que sostenía la muñeca de Lidia resbaló lentamente sin necesidad de que la moviera conscientemente… ladeo la cabeza para poder expresar con toda claridad su absoluto escepticismo… los ojos oscuros fijos en ella, procesando lo que escuchaba… Esto explicaba la resaca de Andrei y su actitud en la mañana…

¿Qué demonios había pasado anoche???!!

Gonzalo levantó sus manos pidiendo tiempo…

-. Lidia, siéntate – ordenó indicando el par de sillones – y empieza a hablar. Todo. Ahora mismo

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