Miguel 2 Capítulo 77

CAPITULO 77

-. ¿Qué fue eso? – preguntó Jorge sumamente confundido. Estaban solo él y el guardaespaldas en la oficina de Gonzalo.

Ghiotto evitó mirarlo… ¿no se había dado cuenta?

-. Escuchaste lo que me dijo??!!!

-. Eehh…

-. Es… no puedo creer que me haya pedido eso!!!

Jorge reunía sus cosas para retirarse. Estaba visiblemente alterado. De reojo miraba al hombre que acababa de ser designado para ser su chofer y ayudante, al menos durante el resto del día ya que Clemente estaba en clases.  Suspiró complacido a pesar de la molestia. Amaba el poder… no existía para Jorge una droga más poderosa que la sensación que le otorgaba saber que estaba a cargo y que lo que él decía era lo que se iba a hacer, sin preguntar ni reprochar.

Ghiotto era un hombre impresionante,  musculoso y firme. Una roca. Le daba gusto tenerlo de compañía. Imponía respeto.

-. El jefe tiene una mente muy aguda – dijo Ghiotto que aun no se atrevía a despegarse de la pared y caminar dentro de la oficina para ayudarlo con los papeles y computador.

-. Si. Lo sé… pero… ¿Qué sentido tiene? Además… ¿de dónde diablos voy a sacar una persona en siete días? – Jorge terminó de reunir sus cosas y echó a andar hacia el ascensor.

Intencionalmente Ghiotto se retrasó en seguirlo. Estaba nervioso. El olor de Jorge al pasar por su lado fue como una bofetada en el rostro. Tenía un aroma distinto a todo lo que había olido antes… algo especial, envolvente y misterioso. Solo lo había podido sentir un mísero instante pero fue suficiente para que se quedara oliscando el aire como un animal.  Se sorprendió de su propia actitud… Esto era absurdo!! El no era como su jefe ni Miguel ni Daniel ni Coque… Diablos! ¿Por qué demonios eran tantos?!! ¿Qué había de bueno que todos parecían querer serlo? ¿Cómo sería meter la polla en un culo apretado? Casi se atragantó al pensarlo…

-. Vamos con Andrei 

Molesto consigo mismo y con lo que le estaba pasando, se giró para seguir a Jorge.

Sus ojos se clavaron en las nalgas redondeadas y apretadas que avanzaban frente a él, moviéndose en perfecta sincronía… pasos largos y firmes… piernas eternas, cintura estrecha…

Un suspiro tiritón escapó de su pecho… maldición!! ¿Cómo se sentirían esas piernas desnudas alrededor de su cintura mientras penetraba su culo y… ?? La sensación de calor intenso fue difícil de digerir aun para un hombre como él, acostumbrado a las armas y violencia. Respiró muy rápido sin poder apartar la vista del culo de Jorge. Cuando el ascensor llegó tuvo que obligarse a moverse. Subió en obstinado silencio, ubicándose en un rincón apartado de Jorge.

-. Sabes que en los dos últimos años no he logrado que ninguna chica salga conmigo?.. y ahora quiere que meta un tipo en mi cama???!!

Ghiotto no estaba escuchando. Miró el reflejo de Jorge en el espejo de elevador. Tenía un rostro de hombre. Nadie lo confundiría con una mujer… pero era bonito… piel clara y fina, labios llenos y sensuales… esos lentes que le daban un aire de intelectual…  el pelo desordenado y suave alrededor de la cara… Demonios!! Que estaba diciendo!!… ¿dos años sin salir con alguien?… acaso estaba diciendo que llevaba dos años sin tener sexo???!! Lo recorrió nuevamente desde la punta de los pies a la cabeza… y la reacción de su cuerpo lo sorprendió.  ¿Cómo es que un hombre podía tener un cuerpo así?… daban ganas de desnudarlo y sobarlo… morderlo y chuparlo…  de meterse en ese cuerpo y profanarlo con su polla, hundirse en su boca y en…

Otro incontrolable suspiro tembloroso abandonó la garganta de Ghiotto que no supo donde meter su vista y optó por el suelo…  el nivel de erotismo de sus pensamientos lo estaba poniendo en aprietos.

-. ¿Por qué me pide algo así?  Yo nunca molestaría a Miguel. No es necesario que me diga que lo ama… se le nota.

Ghiotto optó por el silencio.

Subían al vehículo. Jorge acostumbraba sentarse al lado del chofer en vez de viajar solo en la parte de atrás. Ghiotto conducía y Jorge iba sumido en sus pensamientos mirando por la ventana. Andrei los esperaba en otro lugar de la ciudad.

Mientras el semáforo estaba en rojo, Ghiotto se quedó pegado en el espacio entre las piernas separadas de Jorge… imaginando lo que habría allí debajo del pantalón… y abriendo la boca sin poder cerrarla al darse cuenta de que quería saberlo… quería verlo… sentirlo en sus manos…

Algo parecido a un gemido se escapó de su boca, haciéndolo sentir avergonzado…

A él no le gustaban los hombres!!!

Iba a ser un largo día de mierda…

Mantuvo la vista fija hacia adelante y evitó volver a mirarlo.  El volante bien apretado en sus manos.

Cuando llegaron con Andrei lo perdió de vista.  Se alegró. Eso le daría tiempo para calmarse.

Durante todo el tiempo que estuvo solo, Ghiotto se preguntó qué era lo que le había ocurrido y llegó a la conclusión de que estaba demasiado acostumbrado a ver a su jefe y Miguel juntos.  Necesitaba  compañía femenina. Una mujer que le devolviera la sonrisa y calmara su verga.

Para cuando fue a almorzar con Andrei y Jorge se sentía relajado y el vergonzoso capítulo de la mañana quedaba en el olvido.

Todo estaba bien.

Hasta que se le ocurrió mirar la boca de Jorge mientras la abría para echarse un trozo de alimento

Imagino “otra cosa” dentro de esa boca sensual…

La “otra cosa” comenzó a cabecear muy alegre dentro de su pantalón.  Agachó la cabeza y terminó el almuerzo en un hosco silencio.

La tarde pasó de prisa. Ghiotto estaba nervioso, deseando que llegara luego el momento de tener que llevar a Jorge de vuelta a su casa y olvidarse del tema.

-. Puedo con todo. Voy a hacerlo bien – anunció Jorge victorioso al subirse al vehículo donde Ghiotto esperaba en silencio – Dios!! tengo mucho que aprender de Andrei…

Jorge echó la cabeza hacia atrás y cerró los ojos unos instantes…

Ghiotto cometió el error de mirarlo…

Todo volvió de golpe…

La piel del cuello lucía sedosa… el pelo desordenado alrededor de la cara le daba un aire juvenil encantador… tenía aspecto de cansado… se preguntó cómo se vería sudado y excitado bajo su cuerpo… se sintió tentado de estirar su mano y acariciarlo…

Trago saliva…

Esto no se le iba a pasar…

-. Maldición Ghiotto!! Tengo que meter a alguien en mi cama!!! – se quejó Jorge

Ese comentario tampoco ayudaba…

-. Estaba tan ocupado que olvide la tonta exigencia del jefe. Tienes que ayudarme.  Solo me quedan 6 días!!! Dime como voy a hacerlo-

Ghiotto no respondió. Tenía su propio problema irguiéndose fuera de control

No era normal lo que estaba sintiendo…

No se le había quitado… Su imaginación le estaba jugando malas pasadas. Estaba comenzando a volverse incómodo allá abajo en su entrepierna.

A sus 35 años jamás se había fijado en un hombre!!! Todo lo contrario. Le gustaban las mujeres exuberantes, curvilíneas y sensuales… sensuales como la línea de los músculos que alcanzaba a ver en los brazos de Jorge… la línea delgada y suave de su mandíbula… la curva del trasero…

Sacudió la cabeza de prisa cuando el vehículo de atrás le hizo notar con un fuerte bocinazo que la luz ya estaba en verde.

-. Bien, Ghiotto. Dime de dónde saco un tipo – continuó Jorge, casi exigiendo respuesta.

Guardo obstinado silencio respirando fuertemente. Un tipo… no quería una tipa.

-. Tendré que ir a un prostíbulo a contratar un…

-. No

El gruñido brotó espontaneo, profundo, grueso… molesto. No iba a permitir que un cualquiera se le acercara y le pusiera sus sucias manos sobre la delicada espalda y el… el… culo.  Imaginar a alguien más tocando la piel y los músculos que se adivinaban a través de la ropa le produjo una sensación de enojo…

Jorge se giró bruscamente.  Ghiotto estaba con el ceño fruncido mirando fijamente hacia adelante. Parecía molesto.

-. ¿De dónde, entonces? ¿Acaso sabes donde conseguía chicos Don Gonzalo antes de Miguel?

Lo sabía.

Claro que lo sabía.

El mismo le había llevado a los chicos unas cuantas docenas de veces.

No pensaba decirle donde.

-. Yo le soluciono el problema-  anunció con la vista fija al frente

-. ¿Puedes ayudarme?.. Ah! Gracias Ghiotto. Aún no tengo claro todo lo que debo hacer pero si el jefe dice que debo tener un tipo para demostrarle que puedo manejarlo… entonces necesito uno y punto –

Ghiotto dejó de escuchar el parloteo de Jorge. Necesitaba estar consigo mismo unos minutos para pensar en lo que acababa de decir y ofrecer llevado por la excitación…

¿Qué podía tener de malo si lo hiciera una vez?…

Solo una…

Y nada más que para sacarse las ganas y la curiosidad… Sería solo por ayudarlo.  No era gay ni nada por el estilo.  No es que fuera a dejar a las mujeres que tenía…

¿Qué mujeres? Pensó ladeando la cabeza…

Sus últimos encuentros eran solo recuerdos de una noche y la mayoría, con chicas pintarrajeadas, superficiales y efímeras… ni siquiera recordaba sus nombres o el color del pelo. Era fácil conseguirlas en los clubes de la familia.  Ninguna tenía un cuerpo como el de Jorge. Seguro que era cálido y suave …  imagino su mano grandota inmovilizándolo del pelo… tirándolo hacía atrás mientras le  metía la verga hasta hacerlo gemir…

Su polla se sacudió con fuerzas.

Demonios!!! Esto no iba nada bien. Tenía que dejar de imaginar cosas… la dureza entre sus pantalones se venía arrastrando desde la mañana y estaba dolorosamente incómoda

Llegaban al edificio donde estaba el departamento de Jorge. Ya no tenía escapatoria. No quería escapar tampoco.

-. Yo lo llevo – dijo Ghiotto bajando de prisa y tomando el computador de las manos de Jorge para acompañarlo.

-. ¿Cómo vamos a hacerlo? – preguntó Jorge mientras dejaba la puerta abierta para que Ghiotto pasara.

Entró sintiéndose un acosador. Era primera vez que entraba a la casa de Jorge. Un lugar bastante simple y acogedor. Lo escaneo de prisa con su vista. Estaba buscando el dormitorio… específicamente la cama.

-. ¿Vas a traérmelo aquí o quieres que vayamos a buscarlo? – 

Ghiotto se giró confundido… frente a él, Jorge lo miraba con sus ojos castaños y una deliciosa expresión que pretendía ser de autoridad… Mierda! era como un niño jugando a ser grande… con esa mirada preguntona y curiosa…  Estaba como para comérselo. ¿Qué acaso lo hacía a propósito?… ¿no se daba cuenta de lo apetecible que era?

-. No es necesario – respondió cortante

-. Pero… dijiste que…

-. Sé lo que dije – Ghiotto dejó el bolso en el piso

-. Entonces?

Maldición!! Podía sacar su arma y volarle la cabeza a alguien solo porque lo miraba feo… o romperle el cuello a cualquiera con sus  fuertes manos porque el jefe lo ordenaba sin sentir remordimientos…

Sin embargo, ahí estaba. Mirando como estúpido a ese hombre delgado y atractivo y sintiendo que le tiritaban las piernas y no sabía qué hacer ni decir… ¿cómo se conquistaba a otro hombre? ¿Necesitaba conquistarlo?… No. Solo iba a hacerle un favor y  nada más… una vez… y solo porque el jefe le había ordenado meter un tipo en su cama y Jorge lo necesitaba… era un favor…

Jorge lo miraba con curiosidad, esperando una respuesta. Pensó que Ghiotto estaba actuando extraño desde que salieran de la oficina en la mañana. Supuso que era por lo inusual de la petición. Traerle un chico a su departamento y actuar de proxeneta no era una de sus tareas habituales pero había que complacer al jefe. Pobre Ghiotto. Tan fuerte y masculino… tener que ayudarlo en esta tontera… le daba algo de vergüenza pedírselo pero tenía más temor de no poder cumplir lo que le exigiera Gonzalo. Quería el cargo y haría lo que fuera para ganárselo.

-. ¿Vas a traérmelo o qué?- volvió a preguntar Jorge.

Le sorprendió ver que Ghiotto se acercaba… Había algo feroz y decidido en la forma en que sus ojos lo escaneaban.

El instinto de Jorge lo hizo retroceder un paso y su cuerpo chocó suavemente contra la pared

-. Que…?

Ghiotto  avanzó cerrando la distancia y se plantó firme frente a él. Sus ojos fijos en los labios. Levantó la mano y sus dedos se posaron sobre la boca de Jorge tocándolos con delicadeza… explorándolos, como si fueran una gema rara y preciosa

-. Ghiotto… que… haces?

No quitó sus dedos de los labios… los acarició con más fuerza… eran suaves y tibios… los miraba hipnotizado. Hundió un dedo en su boca hasta encontrar saliva. Rápidamente se llevó el mismo dedo a su propia boca para sentirle el sabor…

-. Ghiotto… – murmuró asombrado

Jorge ni siquiera respiraba. Eso era … inaudito. Se quitó los lentes para limpiarlos en un gesto instintivo. ¿Estaba viendo visiones?… ¿Era el día de matarlo con sorpresas inesperadas??

No. Ahí estaba Ghiotto chupando el dedo que había estado en su boca.

Su mente finalmente conectó.

Había entendido…

Retuvo el aliento…

-. No vas a traerme a nadie, verdad?

-. No

Pasó una mano por detrás de la cintura de Jorge sin preguntar si podía hacerlo y apretó con ganas.

Ah mierda… tenía una cintura más pequeña que alguna de las mujeres con las que salía… su carne se sentía firme y caliente bajo la tela… quería tocarla… tiró más del cuerpo hacía él, pegándolo a su costado…  olía muy bien… se amoldaba perfectamente, un poco más bajo que el, más delgado… se sentía bien el calor de ese cuerpo masculino pegado al suyo… al menos eso opinaba su polla que volvía a levantarse enérgicamente, estimulada por el contacto

-. Ghiotto… Que haces?-

La voz de Jorge y el leve esfuerzo por separase lo hizo salir del momentáneo embrujo de su cintura y caderas… volvió a fijarse en los labios, los ojos, la piel del cuello que lucía tentadora

-. Lo ayudo a solucionar el problema – respondió con voz seca y pastosa…

Levanto la mano agarrándolo por el pelo como había imaginado y sosteniendo su cabeza para poder tocar los labios con tranquilidad…

Había tenido razón en lo que creía.

El pelo de Jorge era como seda entre sus dedos y sus labios se sentían mejor que cualquier otro que hubiera besado antes… necesitaba más. Empujó su lengua queriendo devorar todo… exigiendo acceso

Jorge no respiraba…

La sorpresa era mayúscula… Ghiotto!!!… Por el amor de Dios!!! Ghiotto lo estaba besando!!! Empujaba su lengua intentando penetrar en su boca. Jorge mantuvo los labios apretados. ¿Qué demonios pasaba? El ni siquiera sabía que a Ghiotto le gustaran los hombres…

-. Espera- pidió Jorge empujándolo. Los besos y la sorpresa lo tenían aturdido – tenemos que hablar

-. No. Después

Ghiotto lo sujetaba y se restregaba contra él con una erección protuberante. Jorge dio un pequeño grito al sentirlo contra su muslo…

-. ¿Después de que?!!!

-. Después de que le meta la polla en el culo

La crudeza de la respuesta lo dejó boquiabierto y sin aliento… Una corriente intensa de deseo lo tomó por sorpresa…

Ghiotto aprovechó el asombro de Jorge y le volvió a cubrir la boca con la suya.

Necesariamente tuvo que separar los labios para respirar… la lengua de Ghiotto tomó posesión de su boca con brusquedad, recorriéndolo por entero, enredándose con su lengua mientras lo sostenía y empujaba con violencia. Era bueno… muy bueno…

-. Espera… yo… no…

-. Si  – afirmó con increíble seguridad

Ghiotto  lo había deseado durante demasiado rato… se estaba consumiendo… Estaba inflamado de deseo y no había fuerza humana capaz de detenerlo ahora.

Por fin le metió las manos bajo la ropa. La piel tibia y suave de Jorge lo hizo gruñir… Dios… si se deshacía bajo las atenciones que le prodigaba. Por la gran puta que lo parió!! Esto se sentía de maravillas…

La reacción nerviosa de Jorge y sus gemidos agitados incrementaba la excitación. Su polla estaba estrecha y adolorida dentro del confinamiento de la ropa. Tenía que metérsela como fuera.

El  sexo y las relaciones no era el fuerte de Jorge. Más bien era bastante inexperto en la materia. Había tenido compañeros ocasionales, hombres y mujeres, pero todos calificaban de encuentros casuales y apurados. Nunca nadie lo había mirado del modo en que Ghiotto lo estaba mirando… como si él fuera un caramelo delicioso y quisiera devorarlo por completo… El aire se le quedó atorado a medio camino mirando al hombre grande y sólido que amenazaba con meterle la polla en su culo y se lo decía con todo el descaro del mundo. Era un atrevimiento… una insolencia…  El era el jefe!!! Era inaudito que le dijera eso… era… era…  ina.. cep… ta…

-. No puedo respirar… – se ahogaba en el beso que había comenzado a responder…

-. Quiero follarte ahora – Ghiotto lo aprisionó con su cuerpo contra la pared impidiéndole escapar. Su gruesa polla sobresalía notoriamente. La restregó sin vergüenza contra la de Jorge – déjame follarte –

-. No… Ghiotto… –

Jorge no podía pensar con claridad confundido por lo que pasaba y claramente excitado… Había perdido credibilidad al responderle entre gemidos y jadeos…

-. Si  – insistió sin aceptar la negativa

Tiró de la camisa de Jorge hasta que los botones saltaron lejos y pudo quitársela.Ghiotto suspiró asombrado al ver expuesta la piel clara y sedosa. Sus ojos se llenaron de él. La suave curva del hombro,  las tetillas rosa oscuro endurecidas y la delicada línea de los músculos pectorales… ¿Por qué nunca antes se había dado cuenta de lo hermoso que era el cuerpo masculino?…  Atacó sin piedad. Necesitaba saber qué se sentía tocarlo. Caricias rudas y necesitadas… manos fuertes sosteniendo y conociendo… por todos los demonios!!! Se podía perder en esa tersa piel que se erizaba bajo su lengua…  siempre había creído que le gustaban los senos de mujer grandes y llenos… pero esa tetilla rosa que comenzaba a endurecerse… era…  tan…

Acercó su boca y succionó ásperamente, llenándose la boca y mordisqueando.

Jorge emitió un gemido parecido a un lloriqueo… Ghiotto se inflamó. Necesitaba meterle la polla ahora mismo

-. Jorge…- se sorprendió con el sonido de su propia voz, llamándolo. Nacía desde el fondo de su garganta y era dolorosa y anhelante…

-. Ghiotto..- respondió Jorge en un último instante de lucidez…

-. Tu cama…

Jorge lo miró. Nunca había visto necesidad tal… por el… Dios!! Esa mirada hambrienta deGhiotto era por él. El descubrimiento le provocó un vuelco en el estómago que lo hizo estremecerse…

-. Allí…- indico con la mano… atontado

No perdieron tiempo en hablar. Jorge tampoco protestó.  Ghiotto no fue capaz de soltarlo mientras avanzaban hacia el dormitorio. Seguían besándose torpemente. No quería alejarse de su boca y su cuerpo. Solo se detuvo cuando las piernas de Jorge chocaron con la cama. Sus manos buscaron el botón y cierre del pantalón de Jorge. Si no podía abrirlo rápido iba a arrancarlo a mordiscos…  la tela se deslizó hasta los tobillos dejando a su dueño solo cubierto con una prenda blanca de algodón. Ghiotto respiraba agitado mirando las formas bajo la tela… incapaz de apartar sus ojos… el calor lo atravesó como fuego líquido. Necesitaba saber… ver… tocar…

Jorge permaneció inmóvil mientras Ghiotto lo desnudaba… no se atrevía ni siquiera a respirar… para su propio martirio, su polla se levantó tiesa frente a la mirada elocuente de Ghiotto. Era imposible disimular su excitación.

Cuando se atrevió, miró a Ghiotto… lo vio levantar la vista y sonreírle victorioso, consciente de que la erección la había provocado él…  sus manos lo envolvieron con curiosidad y deseo…  Jorge gimió con el contacto de las manos grandes

-. Es hermoso…

Ghiotto se sorprendió de su propia voz y de las palabras que se le habían escapado sin pensarlas… nunca le había dicho “hermoso” a nadie… ni siquiera a una mujer… pero es que nadie que hubiera conocido tenía un cuerpo tan espectacular como el de Jorge… acariciaba el miembro en sus manos, con curiosidad y lujuria… sentía el suyo pesado y caliente, aun confinado bajo la ropa.

-. ¿Lo dices en serio?-

Ghiotto asintió moviendo la cabeza…

Jorge estaba anhelante… nunca había pensado en meter a Ghiotto a su cama… ¿Cómo sería hacerlo con este hombre grande y rudo?…  dejó de pensar y solo quiso sentir las caricias bruscas…  Estaba encantándolo con su necesidad y deseo…

-. No sabía que te gustaban los hombres– gimió Jorge

yo tampoco”… pensó Ghiotto tragando saliva y comenzando a sentir que la ropa era un estorbo demasiado grande. Se la arrancó con rapidez. Desnudo, volvió toda su atención a Jorge.

Cayeron bruscos sobre la cama… Ghiotto aun asombrado del intenso deseo que lo inflamaba…  Giró a Jorge y le buscó el culo con ambas manos…

-. Espera…

-. No – no iba a esperar nada. Ahora que estaba decidido, necesitaba metérsela

-. Lubricante…- pidió Jorge

La mirada de Ghiotto fue de confusión…

-. Necesitamos lubricante de otro modo vas a dañarme

Ghiotto arrugo la nariz y el entrecejo… no quería esperar, pero tampoco quería dañarlo… quizás un poco…. Hacerle pagar por la calentura en que lo tenía sumido…

Jorge tomó lo que necesitaba de un cajón y regresó a la cama. Traía puesta una sonrisa nueva… mezcla de nervios y asombro

-. Necesitamos…

Se le acabaron las palabras… Ghiotto tenía prisa y lo tironeaba junto a él. Lo tiró de  sobre la cama. Jorge pensó que el peso del cuerpo de Ghiotto en su espalda se sentía muy bien… y su urgencia era notoria… la polla dura se sobaba entre sus nalgas buscando su camino

-. Tienes que… usar…- Jorge levantó los productos en su mano. Ghiotto se detuvo nuevamente mirando confundido.

Jorge sonrió entendiendo. Lo quería de prisa y no sabía de lo que él hablaba

-. ¿No lo has hecho nunca con un hombre?

Ghiotto lo miró en silencio… frustrado… excitado a más no poder, sin ganas de explicaciones… solo quería… follarlo ya mismo

Jorge lo alejó despacio… era absurdo pero la situación le producía una extraña ternura… ver a Ghiotto desesperado por tenerlo era algo tan… aahh… algo muy bueno, su autoestima se regocijaba en la mirada de él…  Bien. Le enseñaría lo poco que sabía…

Con su mano en el pecho duro de Ghiotto lo empujó sobre la cama invirtiendo los papeles… la protesta de Ghiotto fue callada cuando la mano de Jorge se cerró sobre su miembro… masajeó despacio la gruesa verga… los  sonidos de Ghiotto le dijeron que lo estaba haciendo bien… Enfundó el sólido miembro en el protector y sin dejar las caricias esparció el lubricante.

-. Ahora – exigió el hombre con voz ronca y urgente, volviendo a girarlo y dejarlo de cara contra la cama…

Jorge suspiró rendido…    las manos de Ghiotto en medio de sus nalgas encontraban su entrada… escuchó un suspiro de satisfacción y sonrió… Dios!! Nunca nadie lo había deseado con esta urgencia y locura…  no podía pedirle que siguiera esperando… iba a doler… lo sabía… se rendía…

Ghiotto gruñó al empujar su glande dentro del cuerpo de Jorge… lo agarró con fuerza de las caderas atrayéndolo hacia él y levantándolo de la cama…  sentía ambas cosas a la vez, dolor y placer… empujó con más fuerza, venciendo la resistencia inicial, y gimió largamente cuando se sintió estrujado y rodeado del calor interno de Jorge… mierda!!Mierdaaaa… esto era bueno… muy buenooo. Escuchó los suaves gemidos adoloridos de Jorge y supo que aunque quisiera no podía detenerse. Egoístamente, necesitaba bombear y empujarse una y otra vez dentro de ese culo caliente y estrecho. Se abrazó a Jorge sosteniéndolo y buscando la mejor manera de lograr su satisfacción. Los sonidos ahogados fueron subiendo de tono y transformándose en lloriqueos quebrados y placenteros…  diablos! Le gustaba… la sensación de músculos firmes contra sus manos y cuerpo… penetrar rudamente… un toque de agresividad… saber que no necesitaba ser delicado…

Tomó a Jorge del pelo y ladeó su cabeza para morder y lamer su cuello bruscamente… perdido en el placer de su propio frenesí.

Jorge fue el primero en esparcir su sumen sobre la cama, Ghiotto le siguió minutos después… un orgasmo largo e intenso…  no recordaba otro igual… ¿esto era lo que sentía su jefe con Miguel?… Mierda… con razón…

Húmedos y jadeando se separaron para caer lado a lado sobre la cama…

-. Ghiotto? – preguntó Jorge tentativamente cuando se hubo calmado…

-. Solo fue para ayudarlo a cumplir la orden del jefe

Se levantó de prisa y buscó el baño. Volvió minutos después, tomó su ropa, se vistió sin hablar ni mirarlo. Caminó hacia la salida… se detuvo un momento como si quisiera decir algo pero reanudó la marcha y abandonó el departamento en un pesado silencio.

No sabía que decir… ni que pensar… ni mucho menos que sentir.

 

MARIA

El cuerpo de Domingo Rojas temblaba incontrolablemente sobre los mesones de aluminio en que lo habían arrojado luego de que sus muñecas, heridas y rotas por el peso y el forcejeo, hubieran comenzado a sangrar.  Quedaba poco que reconocer en su cuerpo. Ya no parecía él. Su cara estaba desfigurada y el dolor de su verga destrozada lo hacía mantenerse encogido y temblando. Estaba afiebrado, no podía dormir y el sufrimiento lo estaba enloqueciendo lentamente, quitándole fuerzas y convirtiéndolo en un guiñapo. No se sabía con certeza si era la hinchazón deforme de sus labios rotos lo que le impedía chillar o la testarudez de no demostrar dolor frente a quienes despreciaba.

Durante días María estuvo entrando y saliendo de la bodega. Cada vez se llevaba una rebanada sangrienta de la hombría de Domingo. Estaba asombrada de su propia capacidad para la crueldad. Si sentía que sus fuerzas flaqueaban le bastaba recordar la cara triste y casi moribunda que tenía Coque cuando lo encontraron para recuperarse de inmediato.  Seguía esperando ver temor en los ojos de Domingo Rojas. El maldito animal no iba a morir sin haberle dedicado aunque fuera una mirada en la que reconociera sentir temor de ella.

Al terminar el día, María se acercó para arrancar el último pedazo de piel que quedaba de lo que fuera el pene de Rojas. Costaba encontrar los restos de piel en lo que ahora era una pequeña masa deforme, sangrienta y maloliente.

Domingo Rojas despertó de un salto al sentir que lo tocaban y gruñó desesperado, boqueando en el aire y levantando la cabeza para mirarla. Las cuerdas que lo mantenían sujeto crujieron. Los ojos enfebrecidos y salvajes… Reconoció a María. El agujero de su boca se abrió brevemente y dejo escapar sonidos convulsos que no parecían tener sentido entre los vestigios de sus labios…

-. Thhaavahhsaamaaraaaaa…

El sonido era espeluznante. Parecía un monstruo horrible de una pesadilla terrorífica. María no se intimidó.

-. No te entiendo. Habla claro – dijo tranquila, sujetando la piel con sus dedos enguantados y concentrando sus pensamientos en su hermano que se recuperaba en la clínica y en los días de angustia cuando se lo habían llevado. Por un momento, pareció que las nauseas se iban a apoderar de ella al sentir algo caliente que reptaba por su esófago mientras miraba la cara destrozada y  los restos de lo que fuera un miembro varonil, pero recordó a los hombres que la acompañaban y observaban atentamente. Había una nueva forma de mirarla en todos ellos, de referirse a ella y de tratarla con miedo y respeto. Como lo habían hecho con su padre. Si le daba por vomitar o marearse frente a todos, perdería lo que había ganado.

-. Thhaavahhsaamaaraaaaar paarraaa…-

-. Sigo sin comprender – con un movimiento rápido pasó el cuchillo afilado sobre los restos del miembro y separó la piel que quedó colgando en su mano…  Una nueva explosión de sangre tras el corte, manchó las piernas de Rojas…

Vio a Domingo agitarse y su pesado cuerpo llegó a saltar sobre la fría mesa.

No. No sentía lástima por la bestia que tenía en frente.

Levantó su mano luciendo el trozo de piel sangrienta y le buscó los ojos para enseñarle lo que sostenía. Entonces, por un mero segundo tuvo la satisfacción de verlo temblar de miedo y angustia… el hombre la miró asustado y encogido… justo antes de que los restos de su boca se separaran y gritara con un odio profundo, oscuro y denso

-. Te vas a morir, perraaaa!!!

María retrocedió un par de pasos casi en shock. La fuerte descarga de energía que emanaba del cuerpo enfermo y moribundo de Domingo Rojas era aplastante, casi densa. Su boca volvía a sangrar al haber roto los puntos que mantenían todo unido para poder gritarle. Era un espectáculo grotesco… ojos de loco y chorreando sangre por todos lados, encogido y tiritando incontrolablemente sobre la mesa.

A María le tomó unos pocos segundos recuperarse del impacto

-. ¿Y tú me vas a matar? – preguntó sarcástica, arrojando el pedazo de piel al basurero.

La mirada que le devolvió Domingo Rojas la dejó helada. Había odio, desprecio, burla… pero había algo nuevo: seguridad.

-. Te.. va a cor…tar en pe… da… zos…

A pesar del tambaleo en el cuerpo y la voz, María pudo leer y sentir que la amenaza de Domingo Rojas era real.

Algo no estaba bien.

¿Quién la iba a cortar en pedazos?… ¿Quién?!!!

Teddy Rojas… Leonardo Rojas… Se habían ido lejos… María se aproximó a Domingo escudriñando sus ojos con fijeza… como si pudiera encontrar la repuesta en ellos

-. Tu familia se mandó a cambiar. No les importas.  Nadie vendrá a reclamarte.

Domingo movió su cara hinchada y desfigurada… por un instante dejó de temblar para dirigirle una mirada llena de desdén y burla… una mueca grotesca…

María permaneció inmóvil… observándolo atentamente… Se estaba riendo de ella!!… moribundo y temblando de dolor, el hombre se burlaba de ella!!!

Domingo quiso levantarse y separar los labios para hablar pero algo pareció explotar debido al esfuerzo y la sangre comenzó a brotar en borbotones hacia fuera y dentro de su boca y nariz… su cuerpo se convulsionaba y la vida se le escapaba. Finalmente algo importante se había roto y se desangraba sin remedio… ahogándose y retorciéndose… boqueando… los ojos tan abiertos que parecían querer saltar de sus orbitas.

María volvió a sentir las nauseas casi en la boca. Caminó unos cuantos pasos hasta su bolso, extrajo su arma y de un disparo certero en la cabeza terminó con la vida de Domingo Rojas. Había una extraña misericordia en terminar con su sufrimiento, como si le hubiera hecho un último regalo.

-. Saquen esta basura de aquí – ordenó a sus hombres quienes comenzaron a movilizarse de inmediato.

De vuelta en la tranquilidad de su auto, camino hacia su oficina, María apoyó la cabeza en el respaldo del asiento y se permitió cerrar los ojos y relajar los músculos de su cuello completamente agarrotados.  ¿Qué había querido decir Rojas antes de morir?… ¿qué demonios lo había hecho burlarse de ella aún sabiendo que iba a morir?… con tanta seguridad

-. Maldición – abrió los ojos bruscamente entendiendo que había hecho sonreír a Domingo.

Los Rojas no estaban lejos como todos creían

Tomó el teléfono y comenzó a impartir órdenes. La primera llamada fue para Esteban.

-. Domingo Rojas está muerto. Ordena tomar precauciones extra. Creo que Teddy y su hijo están cerca.

 

CLEMENTE

Esa misma noche, Andrei recibió la llamada de Esteban informándole de la muerte deDomingo y alertándolo sobre la posible presencia de los Rojas en la zona. Nadie los había visto pero María tenía la certeza.

Las alarmas fueron dadas de prisa. La muerte de Domingo fue el detonante de acciones de emergencia en ambas familias.

-. Vuélvete de inmediato – Ordenó Gonzalo a Daniel en el teléfono

-. No puedo. No ahora – faltaba tan poco para que Coque dejara salir todo. No quería abandonarlo

-. No es una petición, Daniel. Rojas está cerca y Domingo está muerto. Va a querer sangre

-. No voy a dejarlo – respondió usando una nueva voz que no admitía réplica. Daniel había crecido mucho y de muchas maneras en estas últimas semanas.

Gonzalo guardó silencio, entendiendo. Podía hacerlo por la fuerza pero… ¿qué sentido tenía?

-. Enviaré más gente – claudicó

-. De acuerdo

Miguel escuchaba atento. El y Daniel seguían hablando cada noche y estaba al tanto de todo lo que pasaba con Daniel y coque.  Afianzaban los lazos de amistad. Se había alegrado al escuchar de la mejoría de Coque y que ya pronto podrían abandonar la clínica. Se preguntaba si Daniel le confesaría a Coque que era Ray Salazar.

Fue una noche de mucho movimiento para ambas familias.

Al día siguiente, Clemente estaba en clases mientras los cambios sucedían. Sus días se habían vuelto agitados e interesantes. Los negocios de su nueva familia eran distintos a los de su padre. Todos eran perfectamente ilegales pero se manejaban de otra manera. Era interesante aprender. Ghiotto sabía mucho y aunque no era un hombre muy comunicativo le estaba mostrando cómo funcionaba el sistema.

Dejaba tiempo suficiente para sus estudios y el resto lo pasaba pegado a Ghiotto o a Lucio, acompañándolos a todos lados. Esperaba ansioso el día de su cita con Naly…

La voz de su compañero de clases lo trajo de vuelta a la realidad

-. Vamos a ir a estudiar para el certamen ahora ¿quieres unirte?

Escuchó a José preguntar a su lado. Se estaban volviendo amigos y eso le agradaba mucho. Aunque solo lo conocía desde hacía pocos días, José parecía un tipo simple que siempre estaba dispuesto a compartir con él. Lo buscaba a la hora de almuerzo y se sentaban cerca en el salón de clases.

-. Claro! ¿Dónde?

-. En la casa de otro alumno. Ven conmigo

Salieron de la universidad juntos. Avanzaron varias cuadras conversando de cualquier tema. Los guardaespaldas de Clemente los seguían de cerca en un vehículo oscuro. Los habían visto juntos en los días previos y sabían que el chico era compañero de clases. Cuando vieron a Clemente y su amigo entrar a una casa antigua, en un barrio tranquilo, se estacionaron, decididos a esperar.

José abrió la puerta con su propia llave

-. ¿Vives aquí? – preguntó Clemente

-. No. Es de mi amigo. Pasa

Mantuvo la puerta abierta y Clemente entró a un salón oscuro. Las gruesas cortinas estaban cerradas y la luz no estaba prendida. Se sintió momentáneamente desconcertado en la oscuridad y se volvió hacia José

-. ¿Dónde…?

No alcanzó a formular la pregunta. El fuerte golpe en su rostro provino de su derecha. Se tambaleo, a punto de caer, cuando un nuevo golpe, más fuerte que el anterior, cayó sobre él, desde su izquierda. Escuchó su nariz crujir y la sangre caliente manar.  Justo antes de darse de bruces contra el suelo, cuatro brazos fuertes lo sostuvieron.

-. Vaya. Mi hijo, el traidor

Alguien encendió la luz.

En el medio del salón, sentado sobre un sillón antiguo, como si fuera un rey en su trono, estaba Teddy Rojas. Dos de sus leales hombres lo sostenían. La sorpresa superó con creces el dolor. Clemente supo que lo que sentía no era nada comparado con lo que vendría.

-. Hola, hermanito

El puño de Leonardo fue el que finalmente lo dejó fuera de combate.

Media hora después, los guardaespaldas recibieron la llamada preocupada de Ghiotto.

-. ¿Dónde está Clemente?

-. En casa de ese chico amigo. Lo tenemos vigilado

-. Pero… tenía que juntarse conmigo ahora…

Bajaron de prisa y golpearon la puerta repetidas veces. Nadie abrió. A punta de patadas echaron abajo la puerta. La casa estaba vacía. El portón trasero abierto del amplio patio indicaba que al menos un par de vehículos habían salido por el lado contrario de la calle. Las manchas de sangre en el piso y las huellas de violencia en la sala les hicieron saber que Teddy Rojas había recuperado a su hijo.

 

 

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