Lucas 7

CAPITULO 19

DANNY 7

 

Despertó en una sala de hospital conectado a una manguera que dejaba entrar líquido a su cuerpo… se asustó mucho, nunca antes había estado en un lugar como este y no le gustaba nada, ni el olor, ni las aguja, menos en su cuerpo… ni los doctores o enfermeras que disfrutaban torturar

– Mejor no te muevas tanto niño

No estaba solo, había una persona en la cama del lado. Lo miró más asustado aún. Era un hombre mayor, supuso que alrededor de los 75 años, muy delgado, con el pelo casi completamente blanco  pero con un rostro amable y unos ojos grandes de color claro. También estaba conectado a una manguera y tenía además algo que medía los latidos de su corazón

– Quiero irme – fue lo primero que se le ocurrió decir… era verdad. No quería estar ahí… quería irse con…  … entonces se acordó que ya no estaba… que se había ido, que lo había dejado

– No… – suspiró muy bajito sintiendo agua en los ojos y un nudo endemoniado y caliente en la garganta… se dejó caer en la cama… se sintió aplastado por el peso del recuerdo… Klaus se había ido… al norte… con sus amigos… se había ido dejándolo solo. Permaneció aturdido de dolor por un rato… luego, muy lentamente el nudo en su garganta fue disolviéndose… su respiración se calmó y fue volviendo a la realidad… ¿por qué estaba aquí?… ¿cómo había llegado? … de pronto una ilusión se instaló en su corazón… sintió una prisa enorme por salir y volver al departamento… tal vez Klaus había regresado…

– Quiero irme!!!- gritó más fuerte esta vez. El hombre de la cama de al lado lo miró comprensivo

– Nadie se va de aquí sin que lo diga el doctor, hijo-

– Pero tengo que irme…

– Tendrás que esperar a que venga el doctor

EL doctor no demoró demasiado en aparecer. Le informó que estaba anémico y deshidratado. No podía darlo de alta hasta el día siguiente siempre que el resultado de sus exámenes mejorara. Para ello debía comer, tomarse los medicamentos y descansar.

– No es tan malo, hijo – dijo el anciano e la cama del lado – solo tienes que quedare un día más y así me haces compañía – parecía feliz de que alguien se quedara con él… pero Danny no quería estar ahí.

Don Mauro apareció en la tarde. Su presencia era imponente en ese lugar. Se notaba su buena posición económica en su ropa, en su forma de moverse, hablar.  Se acercó a Danny aliviado de verlo despierto. Le contó como el mismo se había hecho cargo de acompañarlo al hospital luego de que cayera en el restaurant. Danny le agradeció… recordaba vagamente parte de lo que había sucedido.

– ¿Por qué me trajo hasta aquí?

– Porque eres apenas un jovencito. Me dijeron tus compañeros de trabajo que estas solo… ¿no tienes familia Danny

Danny no contestó. Estaba dudando, desconfiando… ¿Por qué lo había ayudado?… buscó en sus ojos pero no vio ni una mirada extraña que le indicara razones para desconfiar. Aún así… lo habían sorprendido tantas veces que ahora le costaba confiar.

– No- respondió seguro

– Es muy triste estar solo – dijo el anciano de la otra cama con voz muy queda y amaga

– Bien. Vas a cuidarte y mañana vendré a buscarte

Don Mauro respiraba y emanaba vitalidad y energía.

– ¿A buscarme?

– Si. El doctor dice que te dará de alta mañana

Poco tiempo atrás Danny se habría desecho en agradecimientos y simpatía con Don Mauro… pero ahora algo había cambiado en él. Julio, Klaus, Luna… incluso hasta el mismo Leo… todos no eran lo que parecían ser… todos le mostraban una cara diferente… solo miró mientras el hombre desaparecía tras la puerta sin saber bien que decir.

– ¿No es tu padre? – pregunto su vecino de cama

– No

– Pues debería serlo. Te estuvo acompañando mucho rato mientras dormías y estaba preocupado por ti. Tienes un buen jefe, hijo

No es mi jefe y no soy su hijo… pensó Danny, pero antes de decírselo lo observó con mayor atención.  Se veía débil y cansado.

– ¿Qué enfermedad tiene? – preguntó mas por amabilidad que por verdadero interés

– Diabetes… es una enfermedad muy fea

Danny no tenía idea de que era

– ¿Se va a curar?

– No, hijo… no me voy a curar pero voy a tratar de vivir un tiempo más…

el viejo sonrió y Danny sonrió con él.

Para cuando llegó la noche, Don Isaías y Danny eran buenos amigos; había aprendido a jugar cartas… Don Isaías sacó un mazo de cartas y la enfermera autorizó a Danny para levantarse un rato y quedarse sentado cerca de la cama del vecino. Aprendió en solo un par de jugadas… Isaías estaba feliz, no tenía con quien jugar y menos con quien conversar… hacía tiempo que los amigos habían ido desapareciendo y tampoco tenía familia… aún estaba enojado porque su mujer, después de 42 años de matrimonio se había muerto dejándolo solo en este mundo… de eso hacía ya casi 10 años. Mientras jugaban Isaías habló… habló sin parar sobre toda su vida… le contó a Danny todo lo que tenía guardado en su pecho de anciano y no tenía quien lo escuchara… al principio Danny no sabía qué hacer ni que decirle, Isaías se perdía en sus recuerdos y olvidaba que Danny no conocía a los personajes de los cuales hablaba… pero de pronto se encontró preguntando e intentando seguir el hilo de la historias… eran entretenidas y el viejo tenía mucho que contar. Era un hombre alegre a pesar de la dura enfermedad que soportaba y había tenido una vida intensa y llena de aventuras.

Cuando llegó la noche, Danny, animado por su nuevo amigo,  había comido todo lo que le habían puesto por delante, se había tomado todos los remedios y se sentía acompañado por Isaías. El hombre le preguntó un par de veces por su vida y sus cosas… pero Danny respondió con evasivas y sin revelar nada aún… le gustaba el viejo, era entretenido… pero no quería confiar en nadie más. Justo antes de cerrar los ojos recordó a Klaus… sintió pena y dolor pero el sueño le ganó rápidamente y se durmió.

Don Mauro cumplió su palabra y apareció al día siguiente en el hospital. Danny en verdad se sorprendió al verlo. Suponía que era un hombre muy ocupado.  Llegó con unos papeles en las manos diciéndole que estaba todo listo y podían irse. Antes de salir abrazó cariñosamente a Isaías.

-Volveré a verte

– Claro, claro, hijo– le contestó el anciano con algo de tristeza, sabiendo que nunca más lo volvería a ver.

Dejaron por fin del hospital y se dirigieron al elegante auto.

– Me acompañarás a almorzar, Danny- sonrió para suavizar un poco su orden – Me gustaría conversar contigo

Llegaron a un restaurant tranquilo cerca de una de las playas de la ciudad. Danny no tenía hambre, solo una inmensa curiosidad por este extraño hombre que lo había ayudado y que seguramente se había hecho cargo de su cuenta en el hospital. Tenía prisa por llegar a su casa…  tal vez…  pero estaba en deuda con él y Don Mauro parecía el tipo de persona acostumbrado a que sus ordenes se obedezcan sin preguntar demasiado. Lo obligó a pedir algo para almorzar… tenía que alimentarse mejor.

– ¿Quién eres Danny? – fue lo primero que le preguntó. ¿Quién era?… pues… bueno… él era… eehhh…. ¿Quién era?…

– No lo sé… un chico… corriente… no lo sé

– Creo que tienes poco de corriente Danny, eres un chico especial. Ya en el restaurant noté tu amabilidad y buen trato… es difícil encontrar eso. Quiero que vengas a trabajar conmigo-  Danny sabía que Don Mauro  poseía uno de los más grandes y aclamados clubes en la ciudad. Todos en el restaurant soñaban con trabajar allí

– ¿En su club?- pregunto asombrado

– Si… comenzaras de abajo, de a poco irás aprendiendo y veremos hasta donde puedes llegar. Eres muy joven… ¿Qué edad tienes?, y no se te ocurra mentir – era lo primero que había pensado… pero al ver su mirada seria decidió decirle la verdad…

– Quince

– ¿Por qué no estás con tu familia?

– No tengo familia

– Estas mintiendo. Te pedí que no lo hagas

– Lo siento

Se hizo un incómodo silencio, él esperaba una respuesta y Danny no quería decirla

– ¿Te escapaste de tu casa?

– Si

– ¿Por qué? – la llegada de los platos le dio un momento de respiro que aprovechó para no responder.

– Danny, ¿sabes qué tipo de club es el que tengo?

Claro que sabía… todos sabían qué tipo de club era.

– Si… es un club para homosexuales

– ¿Te molestaría trabajar ahí? – lo miro fijamente

– No

– Bien… es mi primera regla. No quiero a nadie que no desee estar en ese ambiente

Don Mauro no era un hombre suave ni le gustaba perder el tiempo, era un hábil negociante pero tenía un corazón blando y se conmovía fácilmente con las personas y situaciones. . Danny lo había conmovido, al verlo tirado en el suelo en el restaurant sintió lastima por el chico y al saber su historia de soledad y esfuerzo decidió que alguien tan joven y con ganas de salir adelante merecía ayuda.

– ¿Por qué me quiere ayudar?- pregunto serio esta vez. Necesitaba una respuesta para poder seguir. Este hombre no era alguien con quien se podía jugar, instintivamente lo reconoció. Era alguien importante y quería saber claramente que terreno pisaba al tratar con él.

– Porque quiero hacerlo. Voy a darte la oportunidad de salir adelante y que tengas una vida mejor– Se miraron fijamente… Danny estaba comenzando a confiar… pero tenía miedo

– ¿Por qué?

– No te asustes… no quiero nada a cambio. Solo que trabajes lo que te corresponde y que seas leal. No soy gay ni me interesan los niños

Sintió sus mejillas enrojecer. Le había hablado duro y directo.

– Danny, voy a ayudarte a pesar de todo lo que pueda haber en tu vida… Si no quieres contarme de ti ahora mismo, no lo hagas, pero en algún momento tendrás que confiar en mí, No quiero sorpresas, tengo mucho en juego

– ¿Sorpresas?, no entiendo

– Si, padres furiosos, madres con demandas legales, novios celosos ni nada parecido… ocupo un lugar respetable y espero mantenerlo, ¿entiendes?

– Si señor

– Bien. Ahora come. Luego te llevaré a tu casa. Comienzas a trabajar mañana. Te pagaré bien Danny. Siempre pago bien a mis empleados

Terminaron de almorzar. Don Mauro lo llevó hasta el departamento.

-¿Vives solo?

Danny se sintió turbado ante esa pregunta

– Noo.. si

La mirada fija de Don Mauro exigía una mejor explicación.

– Vivía con mi pareja pero creo que me dejó

– ¿Un chico?

– Si señor

– Tendremos que buscarte un mejor lugar para vivir. Eres un adolescente. No debes vivir solo.

Tenía razón… él no sabía vivir solo. Se estaba bajando del auto

– Hablaremos mañana. Te espero a las 9 de la mañana en el club.

Entrar nuevamente al departamento fue un tormento. Peor aún fue descubrir que las pocas cosas que Klaus poseía habían desaparecido. En su lugar había una nota escrita por el hermano de Klaus disculpándose por no poder esperarlo y diciéndole que se llevaba lo de Klaus. Nada más… no decía dónde estaba ni por qué se había ido, ni una dirección ni un teléfono… nada de nada. Se llenó de rabia y golpeo todo lo que tenía en frente, cuando terminó, adolorido, se hizo un ovillo en el suelo hasta calmarse… lloraba de impotencia… no sabía cómo ubicarlo… quería al menos una explicación… que le dijera de frente que ya no lo quería y dónde se había equivocado. Lloró hasta que sintió frío y dolor en su cuerpo. De nada servía… tendría que acostumbrarse a vivir con esa angustia… echándolo de menos y deseándolo todo el tiempo… Klaus se había ido. Ahora con la total certeza de que si su hermano había retirado las cosas de Klaus… significaba que nunca iba a volver… nunca volvería a sentirlo ni a mirarlo ni a reír juntos. Dolía… costaba respirar, caminar y moverse…

 

Pocos minutos antes de las 9 Danny se veía aparentemente tranquilo y sereno al entrar al Club. Don Mauro le mostró todo el lugar impresionando al chico.

– Trabajarás con el barman, se llama Luis y lleva tiempo conmigo. Te aconsejo que no lo hagas enojar, tiene poca paciencia

Don Mauro le indicó el sueldo que recibiría. Danny creyó que escuchaba mal.

– A eso debes sumarles las propinas de los clientes. Puede ser mucho dinero. Espero que sepas cuidarlo- Solo miraba con sus ojos muy abiertos. Parecía demasiado bueno para ser verdad.

– Un par de cosas más Danny, ninguna de ellas negociable; uno, en este lugar jamás tendrás sexo con ningún cliente, no es un prostíbulo, ¿entendido? Y no me mires con esa cara… son muchos los que se te van a insinuar y a acercar… fuera de aquí, es tu vida, pero aquí dentro es mi negocio.

– Si señor

– Segundo, volverás a estudiar

– ¿Cómo?

– No quiero a ningún ignorante trabajando para mí. Te voy a inscribir en una escuela en la que harás dos años en uno. Tendrás clases en las mañanas y no voy a aceptar que repruebes ninguna materia. Necesito todos tus datos… lo que nos lleva al tercer punto… tu historia, necesito saberla

Estaban en la oficina de Don Mauro. Luego de haber visto todo y conversar con él por más tiempo, Danny había decidido confiar en él. Se fijó en la forma en que los empleados conversaban con su jefe y lo trataban. Había respeto y cercanía. Le narró, sin demasiados detalles, lo sucedido en su vida desde que era pequeño, el abuso de Julio, la indiferencia de sus padres y lo que había vivido desde que llegara a la ciudad. Apenas mencionó a Klaus… dolía mucho todavía, no podía hablar de él sin sentir ganas de llorar. Don Mauro lo escuchó, aunque era un hombre fuerte la historia del chico le llegó profundamente. Más aún la forma en que la contaba… sin odio ni rencor, solamente como cosas pasadas. Al terminar Danny de hablar, Don Mauro tuvo el primer gesto cariñoso. De pie, puso sus manos sobre los hombros de Danny

– Te ha tocado duro chico. Me alegro de poder ayudarte. Puedes contar conmigo de ahora en adelante

Esas palabras fueron siempre verdaderas. Don Mauro fue la razón por la cual Danny volvió a la escuela y terminó los años que le correspondían y aprendió a luchar por conseguir lo que quería.  Siempre estuvo pendiente de él y le ayudó en lo que necesitara.

Cuando habían pasado apenas 3 días desde que saliera del hospital y aún no empezaba a estudiar, Danny volvió a ver a Don Isaías.

El viejo aún permanecía en el hospital. Su alegría fue inmensa al saber que había venido solamente a verlo… volvieron a jugar a barajas… Danny lo acompañó un buen rato y nuevamente escuchó sus historias. El viejo se hizo un tiempo para escuchar a Danny y su entusiasmo sobre el nuevo trabajo. Cuando terminó la visita se despidió con un abrazo. El anciano emocionado le agradeció muchísimo. Danny prometió volver.

Extrañaba a Klaus… le dolía cada vez que lo recordaba… Algo malo había en él… algo que alejaba a quienes quería… pero estaba decidido a salir adelante… Los cambios que están sucediendo en su vida lo mantenían ocupado y distraído del dolor… había encontrado a dos personas importantes… Don Mauro lo apoyaba, lo sostenía y lo impulsaba, Don Isaías lo necesitaba, lo escuchaba y lo entretenía… y lo más importante de todo, ninguno de ellos quería meterse en su cama.

 

Cuando Isaías salió finalmente del hospital, un par de días después, Danny estaba con él y lo acompañó hasta su casa. Vivía muy solo en un barrio de clase media no muy lejos del departamento que aún tenía Danny.  Tenía una casa pequeña pero muy acogedora. En el patio tenía árboles con frutos y el jardín delantero, aunque un poco descuidado, tenía hermosas flores. Cuando no estaba trabajando ni estudiando, Danny estaba con Isaías. Al anciano le gustaba el jardín y con mucho cuidado, intentaba arreglarlo y volverlo a su antiguo esplendor, pero sus manos eran demasiado delicadas y débiles por la enfermedad. Danny se hacía cargo de seguir sus instrucciones y trabajaba por él, luego tomaban te o comían y ambos se acompañaban mutuamente.  Dos semanas después, cuando llegó el plazo de dejar el departamento, Danny fue recibido por la enorme sonrisa de alegría de Don Isaías en la puerta de su casa.

– ¿Está seguro que no lo molesto aquí?- Dijo dejando sus maletas en el piso

– No Danny, no me molestas. Eres bienvenido. Puedes llamarme abuelo, si quieres

Y así fue como de su estadía en el hospital Danny se consiguió el pariente más cercano y cariñoso que tuvo en su vida. El abuelo Isaías, que aunque no tenía ningún lazo de sangre con él, entre ambos crearon una enorme red de lazos afectivos y es, hasta ahora, la única familia que Danny se permite recordar.

Don Mauro, que se había hecho responsable de la vida de Danny, entendió y dejó a Danny tranquilo viviendo con Isaías luego de visitar el lugar y comprobar que fuera seguro para el chico.

Durante el primer año trabajando en el club, Danny atendía las mesas con diligencia y amabilidad, las propinas siempre eran generosas y también lo eran las manos largas que intentaban agarrar su trasero o delantera y las invitaciones que recibía constantemente. Le ofrecían dinero, le juraban amor eterno y lo invitaban a los lugares más increíbles… hombres de todas las edades y tipos querían estar con él. Los rechazaba a todos. Había aprendido a decir que no.  No quería saber de nadie que afectara su vida actual.

Había entablado amistad con algunos de los chicos que trabajaban en el lugar y ocasionalmente se juntaba con ellos y actuaba como un adolescente normal de juerga y fiesta. Pero no permitía que nadie se le acercara más allá del límite de la amistad superficial. Danny no quería extender lazos que pudieran significar un nuevo dolor. Además, la imagen de Klaus aún era demasiado fuerte.

Don Mauro estaba siempre presente, conversando con él, aconsejándolo y protegiéndolo. Todos en el club sabían que el chico era su protegido, pero a pesar de eso lo estimaban. Danny trabajaba duro y se había ganado el respeto de sus compañeros.

El abuelo Isaías le entregaba un cariño y un cuidado que nunca antes había recibido, lo ayudaba en sus estudios y vigilaba que nada le faltara. Danny no sabía cómo responder a este cariño desinteresado y hacía lo único que sabía hacer; le entregaba los cariños y cuidados que el anciano tanto agradecía, le dedicaba tiempo y energías para que no se sintiera solo. Ambos se complementaban muy bien.

Don Mauro vigilaba que no fallara en sus estudios ni en su trabajo. Cuando llegaba después del trabajo, en la madrugada, el abuelo Isaías dormía, pero mantenía la casa caliente para Danny y cuando despertaba en la mañana, el abuelo le preparaba un delicioso desayuno y se sentaba con él a escuchar sobre su trabajo o a contarle de sus cosas. Danny estudiaba unas cuantas horas y luego volvía a acompañar al abuelo antes de partir a trabajar. Juntos arreglaban el jardín, veían películas antiguas, jugaban a las cartas, hacían las compras del supermercado, visitaban al doctor del abuelo y llevaban una tranquila vida familiar. Don Isaías jamás lo dejaba salir al trabajo sin haber comido un buen plato de comida. Era curioso ver como la salud del abuelo mejoró notoriamente con la presencia de Danny en su vida. Danny insistía en pagar parte de su estadía pero el abuelo decía que con lo mucho que lo cuidaba y lo acompañaba se sentía más que recompensado. Danny se preocupaba mucho por él y constantemente lo controlaba, le recordaba sus medicamentos y lo hacía reír con su buen humor y alegría natural. Casi no tenía gastos. Fueron juntos con el abuelo a abrir una cuenta de ahorros en el banco, Danny depositaba gran parte de su dinero en esa cuenta.

La imagen de Klaus y el dolor se fueron borrando lentamente. En algunas ocasiones recordaba al alemán y volvía a derramar algunas lágrimas… lo había amado de verdad, con un sentimiento fuerte y profundo… aún le dolía el estómago y sentía fuerte el deseo cuando pensaba en él… siempre se preguntaba qué era lo que había hecho mal para que Klaus lo dejara así… de esa forma tan brusca, sin una palabra ni una explicación… era lo mismo que había hecho Julio… finalmente todos lo abandonaban… pero las ganas de salir adelante y demostrarse que podía hacerlo eran muy grandes. No se permitía flaquear ni distraerse de sus ocupaciones y los hombres de su vida en este momento, Don Isaías y Don Mauro, lo alentaban a lograr sus objetivos.

Cuando cumplió 16 años, Don Mauro lo invitó a almorzar y lo felicitó por los logros alcanzados; había terminado el primer año en la escuela con muy buenos resultados. Con delicadeza, le extendió un sobre que contenía un cheque.

– Feliz cumpleaños Danny. Estoy orgulloso de ti. Te lo has ganado

Danny se sintió especial, nunca nadie había estado orgullos de él. Guardó ese cheque para siempre… nunca lo cambió ni lo gastó. Era su recordatorio de que alguien se había sentido orgulloso de él.

Cuando llegó en la tarde a la casa, el abuelo lo esperaba con una torta y un regalo. Danny estaba agradecido y emocionado. Cuando quedó solo recordó su cumpleaños anterior… no es que este fuera malo… pero lloraba porque el anterior había sido demasiado bueno…

Fue en el verano, los días eran largos y calurosos y las noches en el club más movidas que nunca. Aparte de los clientes habituales, estaba lleno de turistas y con mucho trabajo. Don Mauro había contratado más personal para atender el bar y para el espectáculo. Fueron tres los bailarines que fallaron esa noche… a último momento, cuando ya era imposible buscar un reemplazo, Don Mauro se dio cuenta que el show era muy pobre y estaba muy molesto. Danny no había vuelto a bailar mucho, solo ocasionalmente cuando salía con los chicos, pero se sabía de memoria los bailes de los que faltaban… los veía cada noche.

– Si me deja, yo puedo bailar…- dijo tímidamente. Todos lo miraron.

– Muy bien, muéstrame que puedes hacerlo – Don Mauro siempre era así, tomaba las decisiones en cosa de segundos. Danny subió al escenario, puso la música y se los demostró. Le faltaba mucho… técnica, estilo.. pero  bailaba con mucha gracia y una sensualidad que era mucho más atrayente que la perfección de otros bailarines.

– Vaya!, sí que me sorprendiste Danny!! Te quedas en el show– dictaminó el dueño

– ¿Ya no serviré las mesas? –

– No… ahora vas a bailar y quiero que lo hagas cada vez mejor. Vas a ensayar mucho hasta que sea perfecto. Tomarás clases de baile-  No cabía en sí de felicidad.

Cualquier novato que cambiara tan bruscamente de oficio se habría puesto nervioso durante su primera actuación, pero a Danny no le pasó eso. Recordó que lo hacía por ayudar a Don Mauro, tenía una deuda de gratitud con él y quiso dar lo mejor de sí mismo.  Todo resultó bien, los clientes quedaron encantados con la exquisita sensualidad del chico.

Si antes recibía muchas propuestas de todo tipo, ahora le llovían invitaciones y regalos… Fueron sus nuevos compañeros de trabajo los que lo convencieron de aceptar algunas… era joven, tenía solo 16!!!, no podía vivir eternamente solo, tenía que aprovechar su juventud.

Tímidamente, Danny se atrevió a comenzar a salir y a abrir un poquito la puerta de su corazón. Felipe entró como un huracán, arrasando y derribando todo a su paso y volviendo loco a Danny con su energía y vitalidad. Nunca había conocido a alguien cómo él.

 

CAPITULO 20

DANNY 8

 

Felipe tenía 19 años, era muy atractivo, con el pelo oscuro, largo hasta los hombros y siempre desordenado, ojos grandes y soñadores de color café claro, una boca atractivamente sensual que sonreía con facilidad, vestía siempre a la última moda… tenía mucho dinero y cero responsabilidad… para él la vida era un fiesta continua. Sus padres pensaban que ser gay era una enfermedad seria, como el cáncer, más aún, por ser el menor de tres hermanos no le exigían nada… solo se lamentaban de su condición y añadían un poco más de dinero en su cuenta cada vez que  recordaban su “penosa enfermedad”.

Era conocido en el club por las muchas veces que le habían pedido que se retirara por el desorden que provocaba, por saltarse las reglas y querer hacerlo todo a su loca manera, por beber en exceso… todo en él era extremo e incontrolable; siempre estaba rodeado de un par de fieles amigos con los cuales se besaba y toqueteaba sin ningún orden de preferencias. Ordenaban lo mejor del lugar. Cuando las cosas estaban demasiado fuera de control, bastaba una llamada para que alguno de los empleados de su padre viniera a arreglar el problema discretamente. Don Mauro conocía a su padre, un importante empresario, y solo por eso lo toleraba en su local. Felipe podía ser un serio dolor de cabeza para cualquiera.

Como todas las cosas las hacía en forma intensa, el día que se fijó en Danny no fue una excepción.

Danny llevaba un poco más de 5 semanas bailando en el club, ya nadie recordaba que había sido camarero por mucho tiempo… el baile le salía cada vez mejor, ayudado por las clases de baile, y parecía ser su ambiente natural. Danny, de por si hermoso, se veía aún mejor cuando estaba en el escenario.

Felipe con sus amigos llegaron cerca de las 11:30 de la noche, justo cuando Danny estaba bailando. Pocas veces tenían tiempo para mirar el show pues siempre estaban entretenidos entre ellos mismos. Pero ese día tuvieron que esperar a que el show se detuviera para pasar hasta su mesa.  Quizás de puro aburrimiento y porque los demás clientes los hacían callar fue que se fijó en el chico que bailaba… primero lo miro un poco desdeñoso… hasta que volvió a mirarlo con mayor atención… entonces dejó de hablar con sus amigos… de hecho, se separó de ellos y se acercó un poco más al escenario… Cuando Danny terminó de bailar y sonrió agradeciendo los aplausos, por solo una fracción de segundos, sus ojos se cruzaron. A esas alturas Felipe ya había decidido que lo quería… se había fijado en el chico y lo quería ahora mismo… se sintió atraído por su físico y su rostro, por la forma en que se movía… una punzada en su entrepierna le indicó que lo quería con cierta urgencia…  había algo diferente en él… algo que no sentía muy a menudo… Volvió donde sus amigos y a diferencia de lo que normalmente hacía, se dirigió en silencio a su mesa.

Cuando el mozo vino a tomar su pedido, Felipe lo sujetó fuerte de la muñeca y puso en su mano un billete de varios cero

– ¿Quién es el que estaba bailando?-

– Se llama Danny– contestó el chico molesto al sentirse sujetado pero sin atreverse a pelear con él

– Quiero conocerlo… dile que venga

El mesero sabía que eso era ridículo, Danny jamás venía a la mesa de nadie que lo invitara.

– Eso no va a suceder. Danny no acepta invitaciones-

Bastaron esas palabras para que el interés de Felipe aumentara inmediatamente al doble.

– LLévame a donde está, entonces-

– No puedo hacerlo señor –

– Y entonces ¿Cómo mierda conozco a ese tal Danny?-

El mesero sonrió anticipando una pequeña venganza. Se encogió de hombros

– No se puede-

¿No se puede?… en solo unos cuantos minutos, de ser un perfecto desconocido, Danny pasó a ocupar gran parte del espacio mental de Felipe.

– Haz que se pueda – Felipe lo miro fríamente arrugando un nuevo billete en la mano del mesero. Era un mocoso malcriado acostumbrado a que lo obedecieran sin chistar y a obtener satisfacción inmediata para todo lo que se le antojara.

El mesero dio la vuelta seguido por la mirada molesta de Felipe y se perdió por la puerta que comunicaba a la zona privada del club. En el camino se encontró a Don Mauro que salía de su oficina y que se extrañó mucho de ver al mesero en ese sector.

-Es que ese chico… Felipe, quiere conocer a Danny, me exigió que lo hiciera-explicó mostrándole el billete arrugado

– Esta bien… yo me encargo- Don Mauro tomó el billete y se dirigió a la sala. Ubico a Felipe. Lo conocía bien.  Lamentaba profundamente la vida que llevaba el chico… de sus padres solo recibía dinero, ningún otro tipo de cuidado, era malcriado y caprichoso. Esto no iba a ser fácil, pero podía hacerlo.

– Felipe – saludo fuerte llegando a su lado

– Ah! buenas noches señor Martinelli– Felipe se puso de pie. Era más alto que Don Mauro. Se estrecharon las manos. Acto seguido, el hombre puso el billete arrugado en la mano de Felipe y la sostuvo

– Deja a ese chico tranquilo, ¿entendido?- se quedó mirándolo fijo, dándole a entender claramente que no era un juego

– ¿Por qué?… solo quiero conocerlo, nada más- se atrevió a insistir dibujando una de sus encantadoras sonrisas. Fue recibido por el hielo en los ojos del hombre. No le había hecho gracia.

– No Felipe, Danny esta fuera de tu alcance y no quiero verte cerca de él-

Esta vez el tono de amenaza fue mayor. Felipe no se atrevió a decir nada más… se sentó aparentando estar tranquilo… ahora sí que no había nada en el mundo capaz de detenerlo en su empeño por conocer a Danny… ¿Qué lo hacía tan especial y protegido?… ¿El dueño en persona había venido a alejarlo del rubiecito?… vaya!!… se moría de ganas, había probado tanto y tan seguido, era muy extraño que alguien se negara o tuviera que esforzarse para conseguirlo… generalmente se le ofrecían y tenía de todos…así es  que las respuestas negativas que había recibido sólo incrementaron su interés… Don Mauro intentaba mantenerlo a distancia… Dios!! Esto iba a ser muy entretenido. Sintió la sangre correr más rápido en sus venas. No volvió a concentrarse en sus amigos ni en lo que decían o de qué se reían. Se bebió un par de copas callado, pensando…

Dos noches después, alrededor de las 2 de la mañana Danny salió del club, cansado, con destino a su hogar. El abuelo estaba un poco resfriado y él estaba preocupado. Se subió el cuello de su chaqueta y caminó rápido a través del estacionamiento en dirección al taxi que siempre lo esperaba para llevarlo a su casa. Hacía un poco de frío. Cuando iba por la mitad del estacionamiento una moto muy grande se cruzó en su camino, deteniéndose frente a él e impidiéndole el paso.

– Hola Danny- Felipe tenía una de sus mejores sonrisas seductoras. Danny lo miró algo asustado

– ¿Te conozco? – no lo creía… de seguro recordaría a un chico tan guapo… muy guapo

– Ahora me conoces. Soy Felipe… Vengo al Club todo el tiempo– Felipe estaba encantado. Danny, de cerca y al natural era precioso… ¿cómo no lo había visto antes?…

– Hola Felipe – saludó Danny serio dando por terminada la conversación e intentó esquivarlo pasando por el lado y siguiendo su camino. Felipe saltó de la moto y estuvo a su lado

– ¿Puedo acompañarte? ¿Llevarte a algún lado?-

– No gracias– Felipe se adelantó un par de pasos y se arrodilló frente a Danny y puso cara de súplica

– ¿Por favor? –

– ¿Qué estás haciendo?!!!… Párate!!! – Danny se había detenido

– Sólo si me dejas acompañarte

Danny había conocido en este tiempo a toda clase de tipos que le declaraban su interés, su amor, su admiración, sus deseos… algunos muy suavemente, otros hasta usaban la violencia, pero él había aprendido a ser más fuerte y a decir que no… pero este chico frente a él tenía algo especial… no solo era atractivo sino… no supo bien que era… fue incapaz de identificar qué lo atraía tanto, su seguridad, su desplante… aunque era un perfecto extraño. Dudó un minuto antes de contestar… Felipe lo notó y sonrió satisfecho

– No, gracias- continuó pasando por su lado y llegando al taxi antes de darle tiempo de reaccionar. Cuando estuvo de pie y quiso alcanzarlo el taxi ya se alejaba… ¿lo había dejado arrodillado en el suelo?… increíble. Sonrió feliz. Corrió a su moto y se lanzó en su persecución manteniendo una prudente distancia.

Danny descendió del taxi y se acercó a abrir el portón del jardín. El auto se fue. Escuchó la moto acercarse rápida. Se detuvo frente a su casa y Felipe lo miró victorioso

– ¿Qué haces aquí?!!! Me seguiste??!! –

– Me dejaste arrodillado y sufriendo…-

– Adiós Felipe-

– Al menos te acuerdas de mi nombre-

– No… acabo de olvidarlo– abría el portón y estaba entrando

– Quiero conocerte- se bajó de la moto despacio y se quedó a unos pasos de Danny, mirándolo, directo, simple… sincero. Felipe tenía mucha confianza… demasiada confianza en sí mismo y en su atractivo. Ese simple gesto pudo más que la resistencia de Danny. No cerró completamente la puerta

– ¿Por qué?-

– Porque me gustas mucho-

– No. Adiós- iba a cerrar pero Felipe se acercó impidiéndolo

– Pude haberte mentido… pero te dije la verdad. Me gustas-

– No me interesa– mentía… si le interesaba… un poco… quizás.  Le gustaba este chico insistente que lo había seguido y que le hablaba directo. También lo asustaba. Demasiado interés.

-¿Qué tengo que hacer para que aceptes salir conmigo? –

– No voy a salir contigo-

– Y entonces… ¿Cómo voy a conocerte?– Dios!! Si que era insistente… Danny agachó la cabeza para intentar ocultar una sonrisa. Felipe lo miró encantado… se veía muy hermoso… levemente sonrojado y comenzando a ceder… Danny mantuvo silencio durante unos minutos, pero sonreía sin poder evitarlo.  Felipe esperaba expectante una respuesta

– No lo sé- dijo finalmente

– ¿No sabes cuándo vas a salir conmigo?- preguntó confiando en su buena suerte

– No. No sé cómo lo vas a hacer si quieres conocerme– dicho eso cerró la puerta definitivamente. Se quedo quiero esperando unos instantes con el corazón latiéndole muy fuerte… Felipe no se movía al otro lado del portón.

– Lo hiciste de nuevo!! Me dejaste esperándote!!!- gritó despacio, pretendiendo estar enojado. Danny cruzó el jardín con una enorme sonrisa en su rostro. Entró a su casa sin mirar atrás y más tarde se durmió manteniendo esa sonrisa… por primera vez en mucho tiempo se olvidó de recordar a Klaus antes de dormirse.

Curiosamente, del otro lado del portón Felipe también sonreía. Le habían dado luz verde para iniciar la cacería.

Al día siguiente Danny recordó varias veces al insistente chico, sentía una especie de inquietud respecto de él… ¿se habría dado por vencido o volvería a aparecer hoy?…

Eran 24 rosas rojas perfectamente arregladas en un hermoso bouquet. El hombre que las traía tenía instrucciones de entregarlas personalmente a Danny. Faltaban unos minutos para las 7 de la tarde y tenía que hacer su entrega a las 7 en punto así es que estaba apurado. Uno de los porteros tuvo que acompañarlo dentro, hasta la sala de vestuario pues el hombre discutió y se negó a dejar las flores en otras manos que no fueran las de Danny. No era primera vez que Danny o alguno de los otros chicos recibía flores, pero estas llamaron la atención por lo grandioso del ramo. Danny sonrió… recordó a Felipe… buscó infructuosamente una tarjeta. Nadie sabía quién las enviaba.  Todos hacían bromas y reían especulando sobre el misterioso personaje que había enviado las flores. Danny sabía… suponía… en cierto modo quería y esperaba que hubiera sido Felipe. Solo sonrió sin decir nada.

Unos minutos antes de las 8 llegó nuevamente el mismo hombre. Esta vez era un ramo inmenso de Lilium. El portero nuevamente lo acompañó hasta entregarlo personalmente a Danny. El tercer ramo fue de tulipas. El Portero no dijo nada esta vez. Solo abrió la puerta y le indicó al hombre con un gesto cansado que lo siguiera por el mismo camino que habían hecho ya dos veces. Cuando se iba, el portero preguntó.

– ¿Supongo que nos veremos a las 10?-

– Si señor- respondió el hombre de la florería.

Exactamente cada una hora, hasta la 1 de la mañana, llegó un ramo de flores diferentes, todos hermosos y delicados. El último fue de orquídeas, tan delicadas y etéreas… Ninguna nota acompañó los ramos. Cuando había llegado el segundo Danny estaba casi seguro de que era Felipe. Para cuando llegó el tercero supo sin lugar a dudas que solo un desenfrenado e impulsivo como ese chico se atrevería a hacer algo así.  Todos lo molestaban y en secreto lo envidiaban, tanta admiración y tanto dinero gastado en hermosas flores… Danny seguía sonriendo misterioso… Eran bonitas, pero no eran suficiente esfuerzo. Estaba más que intrigado e interesado, a pesar de que no quería estarlo… pero no iba a ceder así de fácil. Que se fuera haciendo una idea el impulsivo ese…

Cuando tuvo que salir al escenario supuso que lo iba a encontrar entre el público. Mientras bailaba, se sorprendió de estar mirando detenidamente las mesas de los clientes en busca de Felipe. Finalmente lo vio. Estaba solo en una mesa, sin sus compañeros de juerga habitual. Solo lo miró un segundo para cerciorarse de su presencia y no volvió a prestarle atención aunque sus ojos querían volver a mirarlo, se obligó a no hacerlo. Terminó, agradeció, sonrió y se fue de vuelta a la sala de vestuario llena de flores… ¿y ahora qué?… se vistió poniendo un poco más de cuidado que lo habitual. Felipe no dio señales de vida… Danny se encontró pensando en él varias veces durante el resto de la noche… ¿a qué estaba jugando???

Al terminar su horario, puso un poco más de atención a como lucía y salió afuera dirigiéndose a su taxi… forzándose a no buscar una moto entre los autos estacionados.

Ahí estaba Felipe… apoyado en un elegante auto deportivo rojo, esperando

– Buenas noches Danny– le dijo sonriendo, mirándolo atentamente y sin moverse ni un milímetro. Danny se desconcertó por un segundo… esperaba… no sabía que esperaba pero algo diferente…

– Buenas noches– contestó siguiendo su camino. Avanzó… sin detenerse… esperaba que Felipe en cualquier momento volviera a aparecer frente a él, se arrodillara, lo sujetara  o hiciera cualquier otra locura… pero llegó hasta el taxi y se subió. Desde dentro miró hacia el auto deportivo. Ahí seguía Felipe, sin perderse ni un detalle de él, siguiéndolo con los ojos… pero no se había movido…  Danny no sabía que esperar. El taxi comenzó a avanzar. No quería hacerlo pero no pudo evitar darse vuelta y mirar hacia atrás. Felipe no había perdido la sonrisa con la cual aún lo miraba

– Idiota…- masculló Danny despacio… ¿primero le mandaba mil flores y luego no le hablaba?… ¿Qué juego se traía este chico entre manos?… no le gustaba no saber qué esperar… estaba desconcertado… nervioso.  Dejó de pensar en él y reclinó su cabeza en el asiento… era tarde, estaba cansado. Recordó todas las hermosas flores, el abuelo estaría feliz si pudiera verlas… ese hombre amaba las flores y el jardín… pero de ninguna manera iba a salir del Club llevando las flores en sus manos… no pensaba darle una señal de que le hubieran agradado.

– Danny… Danny, ya llegamos- El chofer del taxi le hablaba… había cerrado los ojos sólo unos segundos y se había quedado dormido.  Se bajo casi esperando encontrar a Felipe… no había nadie en la calle.

La historia se repitió durante varios días. Solo cambiaba el orden o el  tipo de flores… pero todos los ramos eran preciosos y llegaban puntualmente cada hora, desde las 7 de la tarde hasta la 1 de la mañana. Cada vez era el mismo mensajero. El segundo día, el portero del Club lo miro molesto de verlo aparecer nuevamente

– ¿Otra vez? – gruño

– Si señor- respondió el mensajero

Cuando terminaba la noche ya se despedían por el nombre y con una sonrisa. Al tercer día se saludaron con simpatía y el mensajero entró directamente, sin compañía, a entregar su orden. Ya se conocía bien el camino.

Dentro de la sala de vestuarios el ambiente era increíble… todos los chicos estaban fascinados y admirados… ¿Quién era el hombre adinerado que gastaba tanto en hermosas flores para Danny??  Seguro era alguien que estaba loco por él… Danny seguía sin decir una palabra respecto del tema.  Se sentía inseguro e intranquilo. La verdad era que Felipe era muy atractivo, estaba cada noche pendiente de él durante el show… pero lo asustaba la impulsividad y la insistencia… no sabía que podía esperar de él…

Cada noche al terminar su trabajo, Felipe estaba esperándolo afuera… no le decía más que “buenas noches Danny” y sonreía mirándolo… esperando.

Al llegar la quinta noche y luego de ya no tener más espacio donde acumular flores, Danny salió del club decidido a detener esta locura. Llevaba dos días enteros pensando en él y se estaba enojando. Felipe estaba, como  todas las noches, reclinado sobre su auto deportivo, esperando verlo pasar. Hacía frío.

– Buenas noches Danny-

Danny se detuvo frente a él. Odiaba tener que ser él quien hablara primero pero ya se había cansando

– Ya está bien Felipe. No sigas haciéndolo… por favor-

– ¿Hacer qué? – preguntó el aludido con su mejor cara de inocencia

– Tú sabes… no envíes más flores– estaba molesto… nervioso… las flores, el misterio… tener que hablarle… no sabía qué terreno pisaba.

– ¿No te gustan? –

– Eso no es lo importante –

– ¿Entonces si te gustan?-

– Si, pero…-

– No puedo dejar de enviarlas si te gustan…-

– ¿Siempre tienes que exagerar?-

– Es que no sabía cuales te gustaban… cómo no me quieres dejar conocerte…-

Danny suspiró mirando a todos lados… Felipe estaba decidido a cansarlo… sólo había una forma de detener esto

– Mañana… martes… y si no te comportas será la primera y última vez– le habló muy rápido y echo a andar hacia el taxi, avergonzado de haber aceptado… feliz de haberlo hecho.

– ¿Estas aceptando salir conmigo?- gritó Felipe encantado con una enorme sonrisa en su rostro.

Danny no respondió, solo alzó su mano y con un gesto le indicó que no molestara más… se refugió dentro del taxi…  sonreía… había muchas mariposas revoloteando en su estómago. Tenía una cita.

Los martes eran su día libre. Generalmente iba a clases en la mañana.  Luego descansaba casi todo el día, regaloneaba al abuelo Isaías, juntos le dedicaban horas al jardín, hacían algunas compras y otras actividades. Cerca de las seis de la tarde empezó a ponerse nervioso… no habían acordado hora ni lugar ni nada… pero estaba seguro que Felipe iba a aparecer.  Se duchó temprano, buscó ropa que le quedara bien… su pelo brillaba lustroso… no sabía donde pensaba llevarlo… no tenía claro qué debía usar… recordó a Felipe… siempre vestía bien y elegante. Él no tenía mucha ropa elegante… busco entre lo que tenía hasta sentirse cómodo con su aspecto… Danny no necesitaba mucho de la ropa, cualquier cosa que se pusiera siempre se le veía bien… era su otro aspecto, su pelo, su cara, su sonrisa… otras cosas las que destacaban de él por sobre la ropa.  Habló con su abuelo y le contó que iba a salir. Isaías tomó sus manos y las palmeo suavemente.

– Está bien hijo. Te cuidas-

Danny era un chico joven… por supuesto que tenía que salir y pasarlo bien.

A las 8:10 Felipe apareció en su puerta. Se puso algo nervioso al verlo tan atractivo y seguro de sí mismo… esa forma en la que sonreía, sintiéndose un ganador…

– ¿Qué te gusta hacer Danny?-  Pregunto Felipe cuando se subieron al auto deportivo. Era primera vez que Danny se subía a un auto de este tipo y si… estaba impresionado.

– No sé, cualquier cosa está bien- No había tenido una cita antes… no sabía bien qué hacer ni que decir ni cómo comportarse. Pero decidió intentar ser el mismo, sin caretas frente a Felipe

– Bueno… voy a elegir por ti entonces.- Felipe manejaba muy rápido. Se estacionó en una calle bastante concurrida y caminaron hasta un teatro. Felipe había comprado entradas para una obra musical

– No sabía que te podía gustar… pensé mucho y…-

Sonrieron al darse cuenta que ambos estaban nerviosos.

-. Nunca he visto una… estoy seguro que me va a gustar-

¿Gustar?.. Oh Dios!! Le había fascinado… era primera vez que veía un musical en vivo y en directo… la música, el baile, el canto… todo le había gustado mucho.  Salió del teatro muy contento, subieron al auto y en unos cuantos minutos llegaron a un elegante restaurant a orillas del mar. Cenaron, conversaron… se rieron. Felipe era alegre, algo superficial pero encantador.  Danny le contó pedazos sueltos de su vida… nada muy personal. Felipe le contó casi todo sobre su vida. Aunque no tenían mucho en común ambos se sintieron bien en compañía del otro… Felipe estaba cada vez más encantado con el chico y eso lo sorprendía. Generalmente, cuando conversaba con las personas se desilusionaba rápidamente… eran libros abiertos que le contaban toda su vida en segundos y podía fácilmente saber cuáles eran sus intenciones… pero con Danny le sucedía al revés… quedaba con ganas de saber más y no tenía idea cuáles eran las intenciones de Danny respecto de él… tal parecía no tener intención ninguna

– ¿Sabes esquiar?-

– No– río asombrado

– De acuerdo, tienes que aprender. Voy a llevarte el fin de semana y enseñarte-

Felipe tomaba las decisiones por él sin preguntarle… a lo largo de la noche había decidido que tenía que enseñarle a esquiar, a nadar, a manejar motos de agua… y sobre todo a divertirse.  Danny se reía de sus ocurrencias. Felipe era divertido… no se medía en nada, todo era hasta el límite. Tenía un atractivo especial y la seguridad que demostraba al moverse en un mundo que Danny desconocía lo habían impresionado… si a eso agregábamos el brillo de sus ojos al mirarlo… la mano que casualmente lo rozaba… como movía la boca al sonreírle coqueteando… la forma sincera y directa con que le decía lo mucho que le gustaba a cada rato… Felipe jugaba a ganador… siempre. Quería hacer con Danny todas las cosas que se le ocurrían… parecía el tipo de persona generosa en extremo y gozador de la vida. Tenía que reconocerlo. Le agradaba… mucho, pero seguía sintiéndose desconcertado al no saber claramente que esperar.

Cuando más tarde el auto se detuvo frente a la casa del abuelo, Felipe estiró sus brazos y lo acercó. No lo besó ni lo forzó a nada, solo se reclino con él en el asiento y lo miro fijamente mientras pasaba la mano por su cara y su pelo.

– ¿Puedo besarte?- preguntó después de un rato de silencio en que solo se habían mirado. Danny tenía ganas de besarlo… le gustaba.  Fue él quien se acerco un poco más y rozó apenas su boca… para luego alejarse sonriendo e intentar bajarse del vehículo

– Nooooooo… que injusto….- se quejó Felipe aún riendo. Danny se detuvo. Sólo eso bastó para que Felipe lo sujetara, lo empujara contra el asiento y lo besara como correspondía… aplastando fuertemente sus labios hasta descubrir su sabor. Danny correspondió… abrió su boca y lo recibió con gusto… lo dejó dominar… hacía tanto tiempo que no besaba a nadie… era rico sentirse así. Paso sus manos sujetando el cuello y acercándolo a él.

– ¿Así está mejor? –

– Mucho mejor-

 

Danny tuvo que aprender con paciencia que Felipe jamás dejaba las cosas a medias y aunque sonara extraño, siempre cumplía con las locuras que ofrecía. Para él todo era posible…

El sábado siguiente a las 6:30 de la madrugada Felipe tocaba su puerta. Se disculpó con el abuelo por molestar a esa hora pero necesitaba llevarse a Danny. El chico solo alcanzó a dormir una pocas horas… pero era momento de aprender a esquiar. El vehículo ahora era uno más grande y con tracción en las 4 ruedas. Tomaron rumbo a la cordillera. A las 9:00 de la mañana Danny estaba vestido y con el equipo puesto. Felipe estuvo pendiente de enseñarle toda la mañana, con paciencia y sabiduría  y no descansó hasta que el chico logró deslizarse unos cuantos metros sin caerse. Gritaba y saltaba de alegría ante esa pequeña victoria… A Danny le gustó la sensación de libertad al deslizarse por la nieve… siguió intentándolo muchas veces hasta que cerca del mediodía pudieron subir juntos al andarivel y bajar esquiando por la primera pista. Solo entonces Danny se dio cuenta de lo experimentado y avanzado que era Felipe en este deporte.

– Vendremos muchas veces-

Había mucha gente alrededor, incluso algunos que saludaban a Felipe por su nombre… pero a él no le importaba nada…  besaba y acariciaba a Danny con total libertad, sonriéndole con ternura.

– Me gustas tanto-  Nunca había vivido una relación así de abierta ni nadie lo había tratado tan bien, haciéndolo sentir más que especial.

A las 4 de la tarde estaban mojados,  exhaustos y completamente felices. Habían esquiado, hecho un gran mono de nieve, una pequeña guerra de bolas de nieve, se habían besado tirados sobre el frío sintiendo el calor de las lenguas y la boca.

Se cambiaron de ropa, comieron algo e iniciaron el viaje de regreso. Danny tenía que trabajar.

Felipe estaba presente cada noche en el club. De a poco, la gente comenzó a reconocerlo como la pareja oficial de Danny. Él mismo se había acercado a conversar con Don Mauro

– Te dije que te alejaras de él- partió molesto el hombre mayor

– Lo siento pero no puedo – había agachado la cabeza. Felipe no era humilde, sino todo lo contrario. Don Mauro se calló frente a ese gesto.

– Si lo quieres para jugar o te portas mal con él…-  Felipe había cambiado últimamente… no había escándalos ni borracheras… los amigos habían desaparecido y su actitud era diferente.

– No señor… no es un juego-

Para Felipe, Danny no era un juego… desde el principio le quedo claro. Al principio le atrajo lo intocable y difícil de alcanzar… luego, al conocerlo, entendió que Danny era mucho más complejo de lo que había supuesto. No confiaba ni se abría fácilmente.  Era dulce pero firme en sus convicciones, no parecía tener 16 sino muchos mas. Sabía que tenía que esforzarse un poco más para lograr llegar al fondo del corazón del chico. Había cosas que Danny dejaba inconclusas… le sorprendía lo mucho que se había encariñado con él y lo poco que sabía de su vida.

Durante los dos primeros meses de su relación, Felipe llevaba y traía a Danny de todas partes, lo sorprendía con deliciosos y extravagantes regalos,  le enseñó todas las cosas que le había prometido y más. Paseaban en el yate de la familia por la costa, Danny nadaba ahora con relativa comodidad, las motos de agua lo habían vuelto loco y adoraba jugar con ellas y los amigos de Felipe lo habían recibido de buena manera, aunque todavía preferían estar solos ellos dos.

Felipe lo trataba con dulzura y locura. Nada le parecía suficiente para poder complacerlo y encantarlo. Estaba feliz de haberse dado la oportunidad y el esfuerzo de conocer a Danny. Sus amigos y conocidos eran tan diferentes, superficiales… aburridos. Danny era lejos una de las personas más interesantes que había conocido en su vida. Estaba fascinado, cada vez más, con el chico que bailaba en el club y le revolucionaba el pensamiento y el cuerpo.

Danny aún no entregaba todo su ser… ni física ni emocionalmente.  Felipe esperaba impacientemente por él. Trataba de  mantener sus manos quietas pero se acaloraba rápidamente y terminaba siempre intentando tocar esa piel que lo traía loco. Pero cada vez que presionaba, Danny se cerraba como una ostra y se alejaba. No sabía que había detrás de aquello, pero sospechaba que Danny tenía alguna historia que contar. Estaba aprendiendo que tenía que respetar el ritmo que Danny marcaba en esta relación.

Mientras tanto había invadido lentamente toda la vida de del chico. Al abuelo Isaías lo conoció una mañana que llegó temprano con pan recién horneado y algunas otras exquisiteces a desayunar, sorprendiéndolos a ambos, no conocía la verdadera historia y creía honestamente, que ese amable viejo era la única familia de Danny. Compartía con ellos las labores del jardín y la casa… de buena gana arreglaba o reparaba lo que hiciera falta… Danny no supo cómo, muy lentamente, Felipe fue ocupando cada espacio de su vida hasta que un día, al despertar, se encontró pensando en lo extraño que era que aún no hubiera amanecido con él a su lado. Se levantó sonriendo y pensando que ya era tiempo de hacerlo. Esta noche sería especial.

Todo el día mantuvo ese pensamiento en su mente. Sonreía anticipando lo que pasaría. Lo deseaba… una noche especial. No le dijo nada. Quería sorprenderlo cuando lo trajera de vuelta a su casa.

La noche fue, efectivamente, una de las más especiales en su vida.

Había hecho los arreglos necesarios para terminar temprano. Recién pasada la medianoche estaba desocupado. Felipe esperaba por él. Juntos salieron abrazados del club.

– Danny – fue un llamado fuerte y urgente que lo obligó a detenerse. Conocía la voz.

No vestía el uniforme pero su forma de pararse, el corte de pelo y todo en él revelaban su carácter… no importaba que no lo hubiera visto en los últimos 4 años… su hermano estaba frente a él.

 

 

CAPITULO 21

DANNY 9

Felipe se dio cuenta de inmediato que algo importante sucedía. La forma en que el desconocido lo  miraba y cómo Danny, instintivamente, apretó su brazo, buscó su mano y se quedó de pie, temblando.

– ¿Quién es Danny?

Sentía que tenía que protegerlo… no sabía de quien o de que, Danny no había abierto la boca pero todo su lenguaje corporal le estaba revelando el miedo que estaba sintiendo.

– Será mejor que no  te metas en esto- Dijo Julio mirando a Felipe – Tengo que hablar a solas con él- Hablaba con autoridad, acostumbrado a hacerlo con los hombres bajo su mando, pero Felipe no le obedecía a nadie…

– ¿Danny?- preguntó mirándolo…

Danny había mirado brevemente a Julio, solo para comprobar que no se había equivocado y que la pesadilla era realidad. Apretó nuevamente la mano de Felipe y trató de respirar normal. Estaba más viejo… solo habían pasado 4 años… ¿sólo 4?… parecían muchos más… se veía mayor, mucho mayor que los años que tenía

– No…- apenas se escuchó su voz… no quería ver a Julio, no quería saber nada de él…

– Llevo mucho tiempo buscándote Danny- Julio dio un paso acercándose. Danny retrocedió

– Un momento– dijo Felipe plantándose de frente al desconocido, dispuesto a cualquier cosa por defenderlo – ¿Qué quieres con Danny?

Julio lo miro en forma despectiva

– Quiero hablar con mi hermano…

Felipe se repuso rápidamente de la sorpresa de saber que ambos eran hermanos… pero no se movió. Danny detrás de él

-¿Danny?- mantenía su vista fija en Julio – ¿Es tu hermano?

– Si… – fue apenas un susurro

– ¿Quieres hablar con él?

Julio tenía chispas de odio en los ojos… sabía quién era Felipe… lo había investigado, era hijo de gente con poder y no le convenía pelearse con el mocoso metiche ese… pero  no tenía ningún derecho a impedirle acercarse a Danny… quien se imaginaba que era??!!!

-. No…

Felipe sonrió burlándose…

– Ya ves… no quiere hablarte… otra vez será – tomó a Danny de la mano e intentaron dar la vuelta y alejarse

– Sé dónde vives

Julio tampoco se movió, solo lo siguió con la vista… se detuvieron. Danny tenía lágrimas en los ojos.

– No… no…

De todo lo que pensaba que podía pasarle en la vida, bueno o malo, Danny jamás recordaba a Julio ni a sus padres… había borrado esa parte de la historia… dolía demasiado… la indiferencia de sus padres… ¿lo habían querido alguna vez??? O siempre fue una molestia para ellos?… Julio tal vez si lo había querido… pero de una manera enferma…  mientras más aprendía y crecía se daba cuenta del daño que le habían causado… evitaba pensarlo, recordarlo… ¿para qué?… no había nada que pudiera hacer para arreglarlo… solo… no esperaba ver a Julio nunca más en su vida… cuando recién llegó a la ciudad cuatro años atrás, se sentía perseguido a veces y pensaba que podía estar buscándolo… pero luego de 4 años?? Lo había olvidado, borrado… su familia era solo el abuelo Isaías… de solo pensar en que Julio pudiera llegar a su casa y perturbar la paz de abuelo sentía muchísima rabia, nadie tenía derecho a hacer eso… el abuelo estaba delicado…. menos Julio… él menos que nadie tenía derecho alguno a volver a dañarlo a él y a su abuelo

– No te atrevas

No supo de dónde le salieron fuerzas para darse vuelta y enfrentarlo, mirándolo directamente a los ojos y haciéndolo retroceder… Danny habría podido matarlo en ese momento… el odio… vivo, sangriento y caliente corriendo por sus venas… finalmente después de tantos años aprendía lo que era el odio. Julio lo miró abriendo los ojos de asombro…  Este chico frente a él no se parecía a su dulce Danny.  Lo había encontrado hacía un par de semanas atrás… y llevaba más de una semana observándolo…  estudiándolo, aprendiendo sobre su vida y… disfrutándolo.

Cuando Danny recién se fue de la casa, los padres se preocuparon mucho… tan chico, le podía pasar algo. Julio los tranquilizó, les dijo que tal vez era mejor así, que Danny tenía que aprender… que él se iba a encargar de encontrarlo y que no se preocuparan. Los padres, por supuesto, hicieron caso de todo lo que Julio dijo. Siguió mintiendo durante mucho tiempo diciendo que lo estaban buscando y que pronto aparecería hasta que, de a poco y sin mucho esfuerzo, se acostumbraron a vivir sin él y cada uno volvió a sus quehaceres normales… cuando Danny quisiera hablar con ellos se comunicaría. Julio moría de preocupación cada día… todos los días, a cada hora, recordaba a su hermano y la culpabilidad, la  preocupación, el amor enfermizo y el deseo le tenían la vida hecha mierda… pero no podía… no podía ni siquiera arriesgarse a hacer pública la desaparición de su hermano… se iniciaría un proceso, se buscarían las causa… todo se sabría y su carrera se iría al demonio junto con su familia y su intachable reputación de buen policía que le merecía premios y asensos cada año. Estaba atado de manos… se guardó todos los sentimientos y siguió su vida lo mejor que pudo. Su mujer quedaba embarazada casi cada año… ya tenían 3 niños… los adoraba, eran unos bebes preciosos, su casa era ahora más grande y perfectamente amoblada, cómoda… su mujer lo quería y lo trataba muy bien… no había ninguna explicación lógica para que sintiera que cada día era una mierda y que no quería levantarse ni seguir así… la misma rutina, el mismo trabajo… el inmenso vacío en su interior… ninguno de sus bebes era más lindo que Danny, la piel de Danny era el lugar más cómodo y perfecto en el jamás había reposado y la cara y el cuerpo de Danny eran el único motivo que lo impulsaba a continuar… lo soñaba dormido y despierto… cada día aumentaba esa enfermiza necesidad de volver a tenerlo… nada valía la pena si no estaba con él… ¿por qué no lo había aceptado en su casa?… que tonto había sido… ¿cómo pensó que podía vivir sin Danny?… hace un par de meses atrás se había atrevido a hacer algo finalmente… ahora tenía un cargo más alto y habló discretamente con algunos del equipo de investigaciones bajo su cargo… era su hermano… sus padres estaban preocupados… si pudieran ayudarlo estaría muy agradecido…  Bastaron un par de días para que toda la información sobre Danny, incluyendo fotos, llegara hasta su oficina en un sobre tachado de “confidencial”. Debía muchos favores, pero estaba más que dispuesto a pagarlos. Leyó con avidez todo lo que contenía el sobre… sus ojos revisaron incontables veces las dos fotos distantes de Danny… Se emocionó de tal manera al verlas que terminó llorando solo, encerrado en su oficina… se sintió enfermo todo el día… de deseo, de culpa, de ansiedad. Sabía dónde estaba… tenía que buscarlo. Pidió unas semanas de permiso… no le bastaba con uno o dos días para lo que tenía que hacer. Se los concedieron sin problemas ya que Julio tenía un historial impecable y era primera vez, en todos sus años de carrera, que solicitaba un permiso de este tipo. Viajó a la ciudad. Llegó casi de madrugada. Inmediatamente ubicó la dirección donde se suponía que vivía Danny… desde la distancia, escondido entre autos, árboles,  jardines, estatuas, multitud de personas, esquinas de edificios… desde donde pudiera se escondía disimuladamente para verlo… su corazón se aceleraba al mirarlo moverse, caminar, respirar… se alegraba y su vida volvía a tener un poco de sentido… era su hermanito… era el amor de su vida. Fueron varios días que lo siguió a todas partes… sabía quién era Felipe en la vida de Danny y lo odiaba por tener el atrevimiento de tocarlo y besarlo… ahora estaban frente a frente, por fin. Esperaba que Danny hubiera experimentado algunos cambios… eso era lógico pero no se esperaba ver la furia con que le hablaba ahora… Danny no se enojaba nunca… se sorprendió demasiado y solo atinó a retroceder asustado y algo nervioso… Danny se veía amenazante.

– No te atrevas…. Si llegas a molestar a mi abuelo en su casa , te …!!!-

-No… no lo molestaría… solo quiero hablar contigo-

Danny había perdido la mitad del miedo al pensar en que pudieran dañar a su abuelo y la otra mitad al ver a Julio retroceder

– No quiero hablar contigo nunca!!!-

– Danny… solo quiero que hablemos… eres mi hermano-

– Ahora recuerdas que soy tu hermano?-

– Danny… un rato?, por favor?-

Danny se quedó unos minutos en silencio, sin mirarlo… si no hablaba con él nunca podría dar por terminada oficialmente esta etapa de su vida… cerrarla, zanjarla, sellarla… olvidar que existían… decirle adiós para siempre… pero tenía que prepararse… no ahora… ahora no podía

– Mañana… hablaré contigo mañana –

– ¿Te paso a buscar a tu casa? – pregunto Julio queriendo alargar sus horas con él… tenía mucho que decirle y convencerlo… mucho

– No te quiero ver cerca de mi abuelo…- la seguridad y la amenaza en sus ojos de 16 años hizo dudar a Julio – nos encontraremos aquí, a las 7-

– No es tu abuelo, Danny…-

Eso lo enfureció más que cualquier otra cosa…

– Es mi abuelo… es mi única familia!!!- le gritó – es el único familiar vivo que tengo y que quiero– su voz se apagó despacio… Julio no se atrevió a rebatirle nada… ya tendría tiempo después. Felipe tomó a Danny de la mano y lo llevó de vuelta a su casa. Cuando el auto se detuvo, Danny aún respiraba alterado, llorando despacio y suspirando con rabia… miró hacia atrás… a los lados…

– ¿Crees que se atreva?- preguntó Felipe

– No sé… no sé…- rompió a llorar con todas las de la ley… sollozaba en los brazos de Felipe que lo abrazaba cobijándolo – No quiero que el abuelo me vea así- respiró profundamente tranquilizándose.

Felipe se bajó del auto con él. Lo acompañó dentro de la casa…no hablaron, no se pusieron de acuerdo, solo lo siguió…  Danny sintió la necesidad de saber que su abuelo estaba bien…  pasó a darle un beso… lo quedó mirando mientras dormía… tranquilo, sus ojos se llenaron de lágrimas de amor por ese viejo que adoraba… tenía miedo de que Julio lo dañara a él también. Luego siguió hasta el dormitorio. Felipe iba tras él. Se tiraron sobre la cama. Ambos vestidos. Felipe lo abrazó. Danny ya no lloraba pero estaba asustado y su cabeza llena de pensamientos que funcionaban a toda velocidad.

– Me voy a quedar contigo– anunció Felipe.

– Felipe… yo… no soy buena compañía esta noche…no creo que…

Felipe lo miró y lo acarició con ternura. Le dio un casto beso en la frente y sonrió

– Solo voy a acompañarte a dormir Danny-

Danny sonrió también… recién en la mañana se preguntaba cuando amanecería con Felipe y ahora tenía su respuesta… solo que era muy diferente a lo que había pensado… tenía que aparecer Julio para arruinarle la vida nuevamente…

– ¿Quieres contarme?-

No sabía si quería pero tal como estaban las cosas y con lo que ya había escuchado… era mejor que supiera toda la historia antes que se pusiera a sacar sus propias conclusiones… posiblemente la realidad superaba la imaginación, en este caso.

Cuando terminó de narrar su historia, Felipe no solo estaba sorprendido sino profundamente enojado… hasta la médula de sus huesos enojado… ahora entendía muchas cosas… que diferente era su vida de la que le había tocado vivir a él…

– No tienes que verlo Danny… no le hables nunca más… déjame…-

– No. Voy a borrarlo para siempre… no lo necesito… ya no es mi familia… no quiero que nadie lo haga por mi… tengo que hacerlo yo mismo. Si tú me ayudas ahora… ¿qué voy a hacer si vuelve una próxima vez y tú no estás?–

– Siempre voy a estar contigo Danny…-

Danny se apegó más a Felipe… le gustaba escuchar cuando le decía esas cosas… aunque sabía que no eran ciertas… al final, todos, todos lo dejaban a él… siempre lo dejaban. Era muy tarde ya y tenía sueño… se sentía mejor luego de haber compartido su trágica historia con Felipe. Se levantó se fue al baño, luego se quitó la ropa hasta quedar solo en su ropa interior y se metió a la cama… Felipe lo miraba asombrado, mudo… Danny era tan lindo… a pesar de las circunstancias, se excitaba de mirarlo.

– Mi cepillo de dientes está en el baño… – le dijo sonriendo mientras se acomodaba en la cama dejándole espacio para que se metiera a su lado. Volvió rápidamente, también solo con su ropa interior. Se metió a su lado en la cama… se acomodó ajustando su cuerpo a la forma de Danny.

– Nunca he dormido con nadie así…- comento bajito Felipe, buscando abrazarlo. El cuerpo casi desnudo de Danny tan cerca suyo…

– ¿Nunca has dormido con nadie?- Eso no se lo podía creer

– No… no sin antes haber tenido sexo…- sonreía seductor en su oído. Sus manos querían seguir moviéndose… pero… Danny no estaba para sexo.

– Entonces seré el primero. Duérmete- rió despacio… el sueño le ganaba…

– Tendrás que recompensarme luego– Danny giró su rostro hasta ver los ojos de Felipe.

-. Si. Te lo prometo– se besaron tiernamente. Con esa promesa en el aire se abrazaron y se durmieron agotados.

 

EL abuelo sólo le dedicó una mirada sonriente a Felipe al verlo aparecer saliendo de la pieza de Danny en la mañana. Lo saludó cariñoso, le gustaba este chico que trataba con tanto cariño a su nieto y trajo otra taza para servir el tardío desayuno. Los tres compartieron lo que el abuelo había preparado. Danny intentaba actuar como todos los días. Tenía un nudo en el estómago de sólo recordar que se vería con Julio más tarde… se rebanaba los sesos pensando qué era lo que podía querer y planeando cientos de respuestas para todas las situaciones… tenía claro lo que quería… no quería verlo ni saber de él nunca más… y de sus padres… sintió un dolor hondo… su madre.. ¿seguiría enviciada con los juegos y las apuestas?… ¿se acordaría que tenía un hijo de solo 16?… y ¿Su padre?… no recordaba claramente a su padre… era solo una figura vaga… sin ningún rasgo en especial … más bien pensaba en Julio cuando pensaba en un padre… se metió rápido en la casa cuando sintió que no podía contener las lágrimas. Felipe se dio cuenta y entretuvo al abuelo… quería correr tras Danny pero también le preocupaba el abuelo…  a veces sentía que Isaías se preocupaba más de él que sus propios padres.

Pasaron lo que quedaba de la mañana arreglando el jardín, se parecía ahora al jardín que el abuelo tenía antes… y le gustaba mucho… llevaron al abuelo a buscar sus anteojos nuevos y Felipe los invitó a almorzar. El abuelo protestaba… pero en el fondo estaba muy feliz de que los chicos quisieran compartir tiempo con él… Danny era la alegría de la vida de este hombre bueno y solitario… no le importaba si en vez de una chica tenía por compañero un chico… menos si ese chico era Felipe… ya le tenía cariño también.

Cerca de las 6 Danny se sintió listo y preparado. Beso y abrazó en forma especial a su abuelo. Felipe lo llevó en su auto. Cuando llegaron al club y Felipe quiso bajarse y acompañarlo, Danny se lo impidió.

– No voy a dejarte solo con ese animal- tenía la rabia apretada entre los dientes…

– Voy a estar bien Felipe– su respuesta era decidida

Felipe suspiró agotado… no le gustaba para nada esto

– Volveré más tarde-

Danny le dio un beso rápido y se bajó. Caminó hacia el club. No había mucha gente a esa hora… solo el personal de aseo, la cocina y alguno que otro de los chicos del show… Julio no se veía por ninguna parte… pero aún era temprano. Se encontró con Don Mauro.

– Esta muy bien tu show hijo… cada día mejoras-

– Gracias…- no era normal escuchar a Danny responder tan falto de ánimo. Don Mauro lo notó de inmediato… algo le sucedía a Danny. Lo tomó del brazo y lo llevó hasta su oficina

– ¿Que pasa Daniel?-

Danny no le mentía a Don Mauro… ya nunca más.

– Es mi… mi hermano… vino a buscarme-

Don Mauro sabía muy bien toda la historia. Retrocedió en su asiento, nervioso. Cualquier persona se sentía con ganas de matar a ese imbécil luego de saber la historia… a él le sucedía lo mismo

– ¿Quiere llevarte de vuelta? – preguntó dispuesto a dar la lucha en caso de que fuera necesario… rápidamente pensó en su abogado de confianza, juicio, demandas y todo lo que estaba dispuesto a hacer y arriesgar por ayudar al chico… sonrió sin querer… estaba dispuesto a ayudarlo a pesar de lo que costara… Danny se lo merecía… además sería un gran gusto mandar a ese hijo de puta a la cárcel

– No sé lo que quiere… ni para que me busca… voy a verlo dentro de unos minutos-

– ¿Se atrevió a venir a buscarte aquí? –

– Si… disculpe si ocasiono problemas… es que apareció de repente y…-

– No es tu culpa Danny

Don Mauro ordenó que desocuparan la sala de vestuario, que nadie los molestara y que conversara allí con su hermano. Le hizo saber que todos allí estaban de su lado y que si necesitaba ayuda no tenía más que pedirla. En privado llamó a uno de los porteros y le pidió que estuviera muy atento pero en las sombras.

Danny esperó sentado afuera… sobre una de las paredes bajas del estacionamiento… Julio llegó solo unos minutos después… antes de las 7. Caminaba de prisa pero se detuvo al verlo.

– Hola Danny– parecía feliz

– Hola – le indico que lo siguiera. Cerró la puerta de la sala de vestuario y se quedó de pie esperando a que hablara.

– Te ves muy bien –

No podía contestarle igual… Julio se veía viejo y cansado.

– ¿Cómo te va Danny?  ¿Qué haces?… quiero saber de ti– solo parecía intimidado, en realidad Julio no se achicaba ante nadie… tomó asiento, sintiendo más tranquilo y dueño de la situación

–  Bien… Bailo… tengo un pequeño show y me va bien-

– Deberías estar estudiando… no exhibiéndote frente a otros hombres-

– No tienes derecho a decirme que hacer… además ya terminé de estudiar

Esa información faltaba en los informes que había visto Julio.

Danny quería preguntar por sus padres… pero tenía miedo de escuchar la respuesta…. Qué pasaría si hubiesen muerto?… Dios… a pesar de todo eran sus padres… y si estaban vivos?… por qué nunca lo buscaron???… daba lo mismo lo que respondiera, por cualquier lado iba a perder

– ¿Cómo están … papá y mamá?

– Bien…– ahí estaba el dolor dentro de él… no lo habían buscado nunca… no les importaba – se acuerdan siempre de ti… te echan mucho de menos –

– ¿Me echan de menos?... no me han buscado en 4 años??!!!  Cómo me echan de menos??– se le acabó la paciencia y el aguante… estaba gritando su rabia y su dolor

– Danny… es que.. yo… yo les dije..- claro… ahí estaba la respuesta… se había olvidado que Julio manejaba siempre la situación a su favor… él los había calmado y ellos le habían creído… nada había cambiado

– ¿Cómo me encontraste?-

– No fue difícil… –

Debería preguntarle por él… por su familia… pero no le interesaba saber nada…

– Danny… yo… te he echado mucho de menos– Julio se puso de pie y se acercó un poco a Danny. Este retrocedió por instinto… alejarse de Julio era ahora instintivo en él.

– Yo no Julio… no te echo de menos ni me acuerdo que existes…-

– No es verdad… soy tu hermano… tu eres como mi hijo… tú me quieres-

– ¿Soy como tu hijo?… por eso abusaste de mi tantos años?? –

– No, no Danny, no fue un abuso… – Julio se veía absolutamente convencido de sus propias palabras- – yo te quería… te quiero… era mi forma de demostrarte amor… a ti te gustaba…- se acercó otro poco

– ¿Me gustaba?, ¿me preguntaste alguna vez si me gustaba?…-

La pregunta pareció descolocar a Julio… ¿cómo que si le gustaba?… lo abrazaba siempre… lo buscaba… por supuesto que le gustaba

– Danny… tú me abrazabas… siempre me abrazabas

– Porque era un niño asustado… con miedo… por dolor, porque tú eras mi hermano y mi única fuente de consuelo… te abrazaba para tratar de borrar el dolor que me causabas…-

– Pero… te quisiste ir conmigo!!!-

– Porque no conocía nada diferente!!!… me había acostumbrado a tu abuso y a tu maltrato!!!-

– No hables así… yo te siempre te traté con amor-

Danny respiró hondo… ¿valía la pena siquiera intentar explicarle???… conocía ahora de hombres así… golpeaban y abusaban y jamás se daban cuenta del daño que causaban, solo veían la realidad que ellos mismos se fabricaban

– ¿Qué es lo que quieres Julio?, ¿Para qué me buscaste ahora?- Danny prefirió cambiar la conversación, saber de una buena vez a que había vuelto Julio a su vida

– Quiero que vuelvas Danny… que vuelvas a vivir conmigo… somos familia, tenemos que estar juntos-

Era la peor pesadilla que Danny podía imaginar… volver al lado de Julio

– No , nunca-

– Eres un niño… no puedes mandarte solo-

– Lo he hecho por cuatro años… ya puedes dejar el papel del hermano preocupado. Mi respuesta es no, no voy a volver contigo jamás-

Julio sintió que algo se quebraba y dolía en su interior… no era así como tenían que darse las cosas… Danny debería estar feliz de volver a verlo, de volver con su familia y sobre todo de volver con él… pero no era tan fácil

– Eres menor de edad… vas a volver conmigo-

Danny sintió un leve estremecimiento… ¿podía obligarlo?

– No… contaré todo lo que me hiciste si me obligas… no quiero volver a verte Julio… ¿Qué no entiendes que te odio?-

La cara de Julio cambió totalmente… ¿odio?.. no, no podía ser verdad… él no podía ser feliz sin Danny… lo amaba… nadie lo satisfacía ni lo dejaba tan contento como él… no podía odiarlo… se acercó hasta abrazarlo… Danny se desesperó… odiaba sentir los brazos y el cuerpo de Julio tan cerca suyo, tocándolo nuevamente

– Suéltame… suéltame o voy a gritar- amenazó en serio

– ¿Gritar? y quien te va a defender… ¿tu noviecito de mierda?… mejor te acostumbras Danny, eres mío, siempre lo has sido y te vas a volver conmigo… ya verás que en unos días se te pasa la tontera y todo volverá a ser como antes- lo apretaba e intentaba besarlo

No… no, nunca… era un pesadilla… volver a tras  ¿a ser abusado y manipulado?? Jamás… primero muerto

La puerta se abrió de golpe. El enorme portero entró acompañado de Don Mauro. Julio soltó a Danny pero no se alejó de él

– Entiendo que usted es el hermano de Daniel – dijo Don Mauro, serio, dirigiéndose a Julio

– Si, soy su hermano mayor – recalcando la propiedad y el derecho-

Don Mauro hizo un gesto al portero para que esperara fuera.

– ¿Usted es entonces quien abusó de Danny desde niño?-

Julio tragó saliva fuertemente… ¿Cómo se había atrevido a contarlo? ¿y a contarlo de esa manera?  no era así cómo había sucedido… este hombre frente a él parecía de cuidado

– No sé quién es usted pero los asuntos privados de mi familia son entre mi hermano y yo-

– Soy el dueño de este lugar, Danny trabaja para mí  y es además mi protegido… Ven hijo– Danny se soltó de Julio y se quedo bajo la protección de Don Mauro. Julio se mordía la rabia que eso le causaba

– Creo que la conversación con su hermano ha terminado y no creo necesario que vuelva a acercarse a él. Entiendo que es policía y que si su historia de abuso se supiera usted tendría muchos problemas-

¿Cómo se atrevía a amenazarlo?… Nadie se mezclaba en su relación con Danny, era su pequeño hermano… Julio buscó instintivamente… pero no tenía su uniforme puesto ni tampoco su arma… hervía de rabia

– Danny se vuelve conmigo, vine a buscarlo. Mis padres están preocupados por él. Es menor de edad y usted está en serios problemas al tenerlo trabajando aquí, exponiendo a un menor al comercio sexual-

– Veo que ha entendido las cosas en forma equivocada… Danny no participa de ningún comercio sexual, el trabajo de Danny es bailar… si, es menor de edad, pero usted no va a hacer nada al respecto… si lo hace le irá muy mal

– No se crea que puede amenazarme… no me voy a ir sin mi hermano. Soy policía y eso puede significar muchos problemas para usted y su porquería de negocio-

Don Mauro pareció de pronto perder la paciencia. Se acercó hasta quedar casi rozando a Julio

– Mira desgraciado… ¿sabes lo que hace en la cárcel con los pedófilos como tú?… tengo mucho dinero y mi porquería de negocio cuenta con protección policial… mucho más arriba que tus pequeñas estrellitas…  estoy dispuesto a defender a Danny hasta las últimas consecuencias…  haría de ti una fiesta nacional… que todo el país sepa la clase de monstruo que eres, tu nombre y tu rostro conocido en cada esquina como el policía más corrupto que abusó de su pequeño hermano… ¿eso quieres?… podemos comenzar una guerra ahora mismo… tengo abogados que estarían felices de volverse famosos gracias a ti…-

Julio se fue achicando de a poco… imaginó en su mente todo lo que Don Mauro decía… no, no.. él no quería nada de eso

– Sal de aquí y no vuelvas a molestar a Daniel nunca más… si te vuelvo a ver cerca de él, ni sabrás cuando tu rostro esté en todos los periódicos del país y tu culo sea el festín de la cárcel-

– Danny…- Julio supo que estaba perdido… su vida futura pasó  delante de sus ojos… una mierda de vida… vacía… sin Danny… dolorosa… quiso al menos despedirse de él… pasó por el lado de don Mauro con la cabeza baja y se acercó a Danny, a abrazarlo, un beso… algo… lo necesitaba.  Danny primero retrocedió… pero luego algo le sucedió a su brazo, a su mano… a todo su cuerpo… con una furia de la que no se creía capaz descargó una lluvia de golpes sobre el rostro y el cuerpo de Julio

– Maldito, eres una mierda… te odio… te odio… me arruinaste… no quiero verte más… te odio… ojalá te mueras!!!-

Al escuchar los gritos descontrolados el portero volvió a ingresar… esta vez supo que Danny tenía problemas con ese tipo y sin dudarlo descargó su mejor derechazo contra el rostro del tipo… Danny siempre era gentil y amable con él… no le gustó que alguien le hiciera daño…  Julio  tambaleó un poco pero se volvió a atacarlo de frente…era policía, sabía defenderse… pero el portero sabía mucho más… trataba todos los días con clientes problemáticos… lo detuvo con otro golpe seco en el rostro y un par más de puñetazos muy fuertes… todos escucharon cuando algo se partía… huesos posiblemente

– Saca esa basura de aquí – le dijo Don Mauro – y si lo vuelves a ver lo echas sin dudarlo-

Danny lloraba… de rabia, de impotencia, de dolor… Don Mauro se quedó con él un rato

– No volverá Danny… tranquilo-

Pero no podía contenerse… lloraba por aquel pobre niño abusado que nunca supo cómo defenderse… que a pesar del dolor seguía aferrándose al cariño del único consuelo que había sido su mismo hermano… lloraba por los padres egoístas que nunca lo quisieron… era más fácil querer y creer solo en Julio… nunca se acordaron de él…  lloraba porque siempre lo dejaban… porque nunca más supo de Klaus… él estaba maldito desde niño… nunca iba a ser feliz… ni sus propios padres lo habían querido… ¿cómo alguien iba a quererlo entonces?…

 

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