Miguel Capítulo 44

CAPITULO 44

MIGUEL.

No voy a pensar… en blanco,  quiero mi mente en blanco… ha oscurecido pero ninguno de los dos tiene ánimo para prender la luz, ni cerrar las cortinas… nada… prefiero quedarme aquí… respirando su olor, sintiendo como su corazón late bajo mi peso… me gustas Gonzalo… me gusta el textura de tu pecho y las líneas de tus músculos… la temperatura de tu piel… tu cuerpo, que hace lo que se le da la gana con el mío… eres fuerte… voy a pasar mis manos y sentirte… acariciarte despacio con mis dedos… tu piel se mueve bajo mi roce… ¿te gusta?… nunca me di cuenta antes… cada vez que te toco tu piel responde… tengo que aprovechar de tocarte cada minuto que pueda ahora… mientras pueda… ¿te tocará ella…?  Mierda!!… duele como el infierno… no la conozco y la odio…

Exhausto, es la palabra que mejor me describe ahora… he derramado todas las lágrimas… ya no me quedan más, aunque a ratos me sorprende que una que otra sigan cayendo sin que las pueda controlar… es agua, solo agua que se junta y resbala de mis ojos… ¿tendrán gusto a pena?.. ¿Qué sabor tiene la pena?…  duele como si tuviera una herida por dentro… por eso no quiero volver a pensarlo… ¿por qué me había demorado tanto?… si hubiéramos estado juntos hace tiempo… quizás… mi respiración aún deja escapar algunos sollozos… en la oscuridad de la habitación apenas alcanzo a distinguir su figura pero nuestros cuerpos no se han separado ni un instante… sé que Gonzalo tampoco duerme… seguramente está pensando en todo lo que le espera… su mano se mueve en mi cuerpo, acariciándome cada cierto tiempo… me repite “te amo” a cada rato… quiere que lo entienda y no se me olvide nunca… lo sé… estoy seguro de ello… pero ¿de qué me sirve?… de nada… de nada me sirve saber que me ama si se va a casar… entiendo que no quiere hacerlo pero es un deber que está obligado a cumplir… su familia, su lealtad… ¿por qué tenía que ser él?… nuevamente lo estoy mojando con mis lágrimas… paso mi mano sobre la piel de su pecho secando las lágrimas recién caídas… Gonzalo me ama… pero ¿Quién mierda soy yo comparado con esa niña rica y el puerto?…  nadie que valga tanto como esa… esa mujer… Gonzalo va a ser el más poderoso… va a llegar a ser el jefe de dos familias… será el más importante de todos, vivirá  muy bien y todos le temerán y lo respetarán… siempre supe que llegaría lejos, está claro que es el más inteligente de todos, el mejor… su padre sabe bien… mi boca besa su piel bajo mi rostro… me quedo pegado… un chupón, una pequeña marca que dure varios días y le recuerde que yo también lo amo… todo eso va a suceder sin mi… no voy a estar para verlo ser el mejor… de todo lo que pensé que podía suceder jamás me alcanzó la imaginación para pensar que lo perdería así…

– ¿Tienes hambre?

Me acaricia al hablar… su voz también es apagada y triste… ¿hambre?… no podría comer ahora

– No

No hablamos… solo estamos juntos, muy unidos… desnudos aún en la cama… no sé qué puedo decirle, se lo que me gustaría… que mande todo a la mierda y se quede conmigo… que seamos dos personas comunes que se aman y dejaron todo botado por su amor… pero yo no estoy arriesgando nada… yo solo ganaría al ser feliz con él… sería él quien lo arriesgaría todo… él es quien no sería feliz sabiendo que tendría que traicionar a su familia y que por su culpa quedarían fuera de los negocios más importantes que tienen… su padre, probablemente, lo dejaría en la calle… Gonzalo moriría alejado de su familia, sus negocios, el poder al que está acostumbrado, su estilo de vida… no puedo hacerle eso… al poco tiempo me odiaría por haberlo alejado de todo… además… tampoco sé si me escucharía, si me haría caso… es mucho lo que está en riesgo. Serán días… semanas?… un mes? ¿Cuánto tiempo me queda contigo, Gonzalo?  Cuanto tiempo tengo para aprenderme de memoria todo tu cuerpo, tu olor, tus pequeñas cicatrices, la forma en que el pelo te cae sobre los ojos, las pequeñas arrugas alrededor de tus ojos cuando sonríes solo para mi… tu preciosa y escasa sonrisa… ¿cómo voy a seguir viviendo el resto de mi vida?… ¿volveré alguna vez a encontrar a alguien que me haga sentir como tú?… ¿valdrá la pena el resto de mi vida… sin ti?

Voy a desaparecer… no quiero verlo con otra persona, no puedo seguir trabajando a su lado y mirarlo sabiendo que es el esposo de alguien más… que duerme con ella todas las noches y tienen una vida en común juntos… quizás hasta tengan hijos… Dios!!… y yo?… de segundón?? esperando y rogando que tenga un minuto para verme?  Que quiera o pueda estar conmigo??… no, no y no, no sirvo para eso… aún me queda  orgullo… y es lo único que me queda…

 

LIDIA

Lidia golpeó la puerta impaciente… aún no era medianoche… Gonzalo nunca se dormía muy temprano… y si estaba durmiendo pues que se despertara, necesitaba hablar con él ahora… no podía esperar hasta mañana.  Gonzalo abrió la puerta despacio, luego de haber visto quienes eran. Solo vestía un par de jeans oscuros en su cuerpo… su pelo descuidadamente desordenado y sus ojos con visibles señales de lo que ellos creyeron, era mucho sueño. Saludó primero a su hermana con un cariñoso beso y luego su mirada en Andrei… él le devolvió la  mirada con un gesto que indicaba que él no podía controlar a Lidia en esto

– Ya sabe…- le dijo al estrechar la mano.

Gonzalo solo movió la cabeza entendiendo.  El departamento estaba a oscuras. Lidia prendió las luces y se quedó de pie mirándolo

– ¿Qué nueva estupidez es esta del matrimonio, Gonzalo?

Gonzalo necesitaba unos minutos para prepararse… tenía que explicarle a Lidia lo inexplicable, quería el apoyo de su hermana en algo que él mismo no apoyaba… solo tenía la obligación de hacerlo… pero no era nada fácil… Lidia era ahora muy cercana a él y quería que así siguiera siendo, no quería pelear nuevamente con su hermana… nunca más… iba a estar muy solo más adelante… los iba a necesitar a todos ellos.  Se sentó en uno de los taburetes procurando aclarar sus pensamientos

– Lidia… ya sé que parece una locura, pero…

– NO, no parece una locura, ES una completa locura

Ella caminó hasta él y lo apunto directo al pecho con su dedo de uñas rosa

– Tú no vas a casarte con esa desconocida

Había algo de fiereza en los ojos de Lidia… Gonzalo se quedó un momento mudo ante la decisión y la determinación con que su hermana hablaba

– Lidia… no lo entiendes

– Tienes razón… no entiendo así es que dame una buena razón para entenderlo… pero dame una que valga la pena, Gonzalo… porque si vas a sacrificar el amor de tu vida más vale que sea una muy buena…

Gonzalo recordó que Miguel estaba en el cuarto… sabía que no estaba durmiendo… sólo minutos antes se estaban besando y acariciando… jugando con los dedos de sus manos… no quería que escuchara y se volviera a sentir más triste aún… les quedaba poco tiempo para estar juntos…

-. Necesitamos el puerto Lidia… tú no entiendes claramente los negocios de la familia, pero el puerto es vital…

– ¿Es más vital que tu amor por Miguel?!!- el dedo de Lidia se clavaba en su pecho… donde estaba su corazón – es más importante que él??

No había visto a Lidia así antes… ni él ni Andrei la habían visto así. Gonzalo sabía que cuando Lidia se molestaba era terrible, recordaba la vez que él golpeó a Daniel y ella estuvo furiosa, cuando les arrebató a Miguel justo delante de sus ojos… La creían capaz de cualquier cosa, absolutamente seguros de ellos, pero no la habían visto así de enojada ni de determinada… Esta vez tenía una fuerza especial. Gonzalo tomó la mano de Lidia que golpeaba su pecho, la retuvo entre sus manos con una pequeña caricia

– Quiero tu apoyo, Lidia– le pidió con la voz llena de tristeza.

Ella lo miró con sus ojos grandes… Gonzalo estaba triste… ahora veía que las marcas en sus ojos no eran solamente de sueño… ¿había llorado?… idiota!! Él solo se metía en problemas más grandes que él mismo… pero ni con eso iba a convencerla, ni con lágrimas lograría que ella aceptara su posible matrimonio

– No… no voy a apoyarte ni a ser partícipe de esto… tú no vas a casarte… ¿Qué pasó con tu amor por Miguel?

Gonzalo cerró los ojos… estaba agotado… quería gritarles que lo amaba más que nada en este mundo, que quería ser feliz con él, que el mocoso había aparecido en su puerta y ahora mismo estaban juntos…

– ¿Ya no lo amas?… respóndeme Gonzalo, ¿ya no lo amas?- Lidia insistía, más enojada que nunca

La puerta del dormitorio se abrió despacio… Miguel también vestía solamente la parte inferior… su aspecto en general estaba más demacrado que el de Gonzalo… su precioso pelo desordenado y sus ojos mucho peor que los de Gonzalo… parecía tan vulnerable y adolorido…

Gonzalo se puso de pie y camino hasta él. Lo abrazó rodeándolo completamente con sus brazos y besando su pelo con mucha ternura.  Lo sostuvo así un momento y luego contestó a la pregunta de su hermana pero mirando a Miguel a los ojos

– Si lo amo Lidia… lo amo más que nunca

Miguel dejó caer su cabeza sobre el cuerpo de Gonzalo… se veían tan entregados el uno al otro… pero tan irremediablemente tristes.

– Mierda!! – exclamó ella – Hola cariño…

Sin importarle la cercanía de Gonzalo, Lidia tomó a Miguel en un gigantesco abrazo y varios besos. Miguel la retuvo en un abrazo que también necesitaba.

– Hola Lidia- intentó forzar una sonrisa

Lidia miró a Andrei… sorprendida de encontrarlos juntos… Él le devolvió la mirada indicándole que él no sabía nada… esto era nuevo para él también.  Andrei pensó en lo que había conversado con Don Jaime hacía unas horas atrás… sentía una culpa muy profunda en el pecho… no sabía qué debía hacer… Gonzalo era su amigo… pero Don Jaime era la autoridad sobre él… estaba entre la espada y la pared…

– ¿No tienes nada que decir al respecto, cariño?

Le pregunto Lidia a Miguel suavizando la voz… para Miguel aún le quedaba ternura… toda la que él necesitara… y al parecer necesitaba mucha.

Miguel la miró con una mezcla de sentimientos que hicieron eco en el corazón de la mujer… Miguel estaba sufriendo mucho… Gonzalo también… se notaba que ambos habían llorado y conversado y… ¿qué habían concluido?… tenía pena, por ambos, pero por sobre la pena tenía una rabia que le estaba costando mucho controlar… ¿cómo mierda podían siquiera atreverse a considerar separarse??… ¿sabían lo que significaba estar sin la persona que uno ama?… ella lo sabía bien, había pasado años llorando, sufriendo y endureciéndose por la falta de Andrei y ahora… solo por sobre su cadáver alguien la podría separar de él… par de idiotas!! ¿Sabían a lo que se estaban condenando??!!!

– Muy bien… necesito un trago. Tenemos que hablar en serio

Decidida,  preparó unos vasos con licor y los cuatro, en silencio se sentaron frente a frente; Lidia y Andrei en un lado, Gonzalo y Miguel al frente… juntos, tocándose y tomados de a mano.

– ¿Qué pasa si no te casas? – Lanzó Lidia directamente

– La muchacha podría casarse con un hijo de Rojas y quedaríamos fuera del puerto

– ¿Alguna otra opción?… ¿algún hijo de otra familia amiga?

Gonzalo guardó silencio. Andrei habló. Don Jaime le había explicado…

– Es un juego de estrategia Lidi… Don Lino lo quiere a él… está obligando a Gonzalo de esta manera… si él no acepta, entonces la familia será castigada, ¿lo entiendes?

– ¿Por qué Gonzalo?

Preguntó Miguel mirando a Andrei… su mano jugaba nerviosa entre los dedos de Gonzalo…

– Porque no hay otro así de joven y que esté tan bien preparado como él… Don Lino sabe que llegará lejos y lo ha elegido personalmente –

– No! no… ¿Otro puerto? – pegunto Lidia

– Lidi… toma años, a veces toda una vida, construir la red que existe actualmente… son muchas las personas involucradas… ya vez como Rojas nunca pudo levantarse desde que fue echado del puerto…-

Miguel escuchaba… rogaba por escuchar la pregunta y la respuesta precisa… esa que dejara a Gonzalo en libertad, pero todo parecía demasiado bien planeado… no veía escapatoria.

– Gonzalo… tu vida y tu trabajo no son la misma cosa…

Lidia había moderado su tono aunque seguía teniendo ganas de gritarle

– Lo sé… lo sé…- su mano instintivamente buscaba la de Miguel- Lidia… no quiero hacerlo, pero…

– Pues entonces no lo hagas!!!…-

Andrei tomó a Lidia de la mano… quizás temiendo una nueva pelea entre los hermanos…

Gonzalo se puso de pie y comenzó a pasearse… no quería seguir discutiendo el tema… entendía a Lidia… sabia que todo lo que decía era cierto… pero… mierda!!! se sentía partido… dividido en dos… todo el peso de la familia descansaba sobre él ahora.

Lidia terminó el contenido de su vaso y se fue a sentar al lado de Miguel… conversaron entre los dos… tan bajito que ninguno de los otros alcanzó a escuchar… Lidia le hacía cariño y lo miraba con una ternura especial… Miguel sonreía aunque con tristeza… se abrazaron y siguieron hablando.

Andrei se acercó a Gonzalo

– Lo siento… pero se iba a enterar de todos modos

– Esta bien… no  importa… supongo que todos tendrán que saber…- Gonzalo levantó su vaso y luego de beber preguntó- ¿y tú?… no me vas a decir nada sobre el tema?-

Andrei miro al suelo… tenía claro lo que podía decirle pero no sabía si Gonzalo lo quería escuchar.

– Vamos… ya me han dicho de todo… ¿Qué opinas tú?

– Yo ya supe lo que era estar lejos de Lidia… no la dejaría por nada del mundo ahora

Gonzalo desvió su vista… le dolieron las palabras de Andrei… ¿estaba cometiendo un error?… ¿el peor error?… no podía hacerle eso a su familia, a su padre… simplemente no podía decir que no… mierda!, eligiera lo que eligiera siempre iba a perder…

– Si encuentras la solución, dímela– le dijo a Andrei con una sonrisa triste…

Esas palabras quedaron dando vueltas mucho rato en la cabeza de Andrei… tenía que existir una solución diferente… tenía tantos sentimientos encontrados… debería decirle a Gonzalo todo lo que había hablado con su padre pero… mierda!! era el jefe… el padre de Lidia… y le había pedido que callara. Esperaría… se mantendría atento, pero callaría por ahora.

Lidia y Andrei se retiraron poco rato después. Ella convencida de que Gonzalo no iba a casarse mientras ella pudiera impedirlo… y estaba dispuesta a cualquier cosa.

Cuando cerraron la puerta, Gonzalo tomó a Miguel en un abrazo silencioso… beso su cara y su cuello, cansados ambos

– Vamos a dormir

Se metieron juntos en la cama, desnudos, abrazados… en silencio.

Lidia se despidió de Andrei y subió rápidamente a su dormitorio, en sus pensamientos la imagen de Gonzalo y Miguel juntos… Al pasar frente al cuarto de Daniel escuchó la música… Cielos!.. no Daniel también!! Era el tipo de música que ponía cuando estaba triste y se tiraba en la alfombra a llorar… Lidia abrió despacio la puerta… el dormitorio estaba a oscuras pero Daniel no estaba llorando sobre la alfombra… estaba sentado sobre la cama hablando bajito y meloso en su celular… le sonrió al verla entrar y le hizo un gesto con la mano invitándola a pasar… la curiosidad era la perdición de Lidia… entro y se sentó junto a él.

– Mi hermana entró a la pieza… te llamo mañana… si… yo también… buenas noches… ya lo sabes…

Lidia comenzó a sonreír sin poder evitarlo… Daniel estaba hablando con esa vocecita especial que usan los enamorados… sabía que no podía ser Miguel… estaba con Gonzalo… ¿con quien hablaba entonces???

Se miraron sonrientes y cómplices…

-¿Quién es y qué hace?… ¿cómo es y dónde lo conociste?… ¿es en serio?… ¿Quién me quita a mi chiquito?? Dani!! deja de reírte y respóndeme!!!

– No recuerdo todas tus preguntas…

Daniel reía y la abrazaba… le causaba gracias la curiosidad tan directa de Lidia y además… estaba tan feliz… quería contarle, quería compartir con todo el mundo lo feliz que se sentía.

Lidia se paró a prender la luz y pudo ver con claridad la cara sonriente de Daniel

– Okay… veo que es en serio… te brillan los ojos y podrías elevarte de pura felicidad… ¿Quién es?

– Se llama Jorge… Coque. Lo conocí en el internado. Es…  él es… – suspiró profundamente y volvió a sonreír- es el enano más monstruoso del mundo y me tiene loco… –

-¿Enano monstruoso?.. ¿Qué significa eso?

Daniel sonrió de una manera que dejaba ver su completa rendición ante el amor que sentía

– Es menor que yo, tiene 15… es cariñoso, alegre y encantador cuando esta de buenas… pero es un pequeño monstruo cuando se enoja

Lidia sonrió también… no lo conocía pero le estaba cayendo bien ese tal Coque

– ¿Y ya lo hiciste enojar… en tan poco tiempo?

– Si… bueno fue una tontera pero ya estamos bien

– Cuéntame más, chiquito

– Es pecoso… lindo… su familia es del puerto

– ¿Cuándo vas a traerlo a casa?, quiero conocerlo

– No puede ser ahora. Su papá está muy enfermo, tiene cáncer y le queda poco tiempo. Coque quiere estar con él… no puede venir ahora

– Pobre chico… debe estar muy triste

– Si… esta triste y preocupado… está ocupado todo el día. Tiene tutores y profesores… tiene que aprender a hacerse cargo de los negocios de su padre… el va a heredar todo por eso no podemos vernos todos los días

– ¿Qué va a heredar?

– Su familia tiene mucho dinero

– ¿Es el único hijo

– No… pero sus hermanos mayores no quieren el negocio de su familia… solo tiene una hermana mayor que lo apoya y está con él…

-Una hermana, eh? Qué bien…

– Si… ella va a casarse o algo así

– ¿Va a casarse estando el padre por morir?- preguntó extrañada

– Si, es que es un matrimonio especial

Daniel quiso seguir hablando pero algo en la expresión de Lidia lo detuvo…

Lidia dejó de respirar y lo miró muy seria… incrédula… en su mente estaba repasando todo lo que Daniel recién le había contado… estaba sumando y el resultado era demasiado perfecto… sus ojos clavados en los de Daniel… lo miraba como si hubiese descubierto algo muy importante…

– Nos conocimos en el internado, un día chocamos…

– Dani!! Espera… espera… ¿dices que vive en el puerto? – interrumpió Lidia sumamente concentrada

– Si…

– ¿y tiene 15 años?

– Si…

Daniel sabía que algo estaba pasando por la mente de Lidia… respondía a sus preguntas pero estaba esperando saber que pensaba

– Y su padre está enfermo y va a morir?.. y tienen mucho dinero?… muchos negocios?… y él es el heredero…- ya no estaba preguntando estaba repitiendo y procesando la información recibida… se puso de pie y comenzó a caminar muy lentamente

– Lidia… ¿Qué pasa?

– ¿Cuándo se hará cargo de los negocios de su padre?

– No sé… más adelante… cuando cumpla 20 o algo así

– ¿Y quién manejará sus negocios mientras tanto?

– Me contó que su hermana va a casarse con alguien que se hará cargo mientras tanto, hasta que el pueda manejar todo…

– Gonzalo!!!…– murmuró Lidia en voz baja…

– ¿Gonzalo?… ¿Qué pasa con Gonzalo?- Lidia volvió a su lado y lo abrazó, repentinamente feliz

– Chiquito… tengo algo importante que contarte… pero primero dime algo… ¿Crees que Coque y su hermana quieran conocerme?

– A ti?… supongo que si… pero…

– Necesito conocerlos… hablar con ellos

– Lidia… ¿por qué?

– Pues… voy a contarte porque…- los ojos de Lidia brillaban de la emoción… todo esto no podía ser una casualidad… todo calzaba a la perfección… comenzaba a ver una pequeñísima salida…

 

MIGUEL

Despertamos juntos… solo con unos pocos minutos de diferencia…  ya es muy tarde pero a ninguno de los dos parece importarnos la hora hoy día. Restriego mi cara contra su pecho y lo vuelvo a abrazar por millonésima vez. Dejo un beso cerca de una de sus tetillas… me entretengo tironeándola y besándola al mismo tiempo… Gonzalo gime y se ríe… le gusta…

– Me voy a duchar–  le digo con pocas ganas de moverme… me retiene… no me deja ir… me quedo con él… nos acariciamos… sigo jugando en su pecho… me cuesta trabajo mirar sus ojos sin ponerme triste…

– Tengo que ir un rato a la oficina…- me dice de modo serio – pero luego, tu y yo nos vamos a tomar el resto del día libre

Gonzalo tomarse el día libre?… bien, me emociona… eso si es especial.

– Tengo que preguntarle a mi jefe si puedo hacerlo– le respondo sin levantarme de su pecho mientras mis dedos han comenzado a resbalar por su piel… pasando cerca de su ombligo y siguiendo en dirección al sur… muy lentamente…

– Creo que tu jefe te dará permiso… lo conozco, es muy buen tipo…

Sonrió… mis dedos siguen avanzando despacio… lo deseo… quiero sentirlo en mi de nuevo…

– Ah si??… no sé… no estoy seguro

Avanzo a velocidad de caracol por su piel…

– ¿Sabes lo único que no le gusta a tu jefe?

– Nooo.. ¿qué?

Pone su mano sobre la mía y la lleva directo sobre su pene que ya comienza a despertar.

– Los dedos indecisos… que se demoran demasiado en llegar a su destino

– Si… es que mi jefe es un impaciente…- río despacio…

Estamos jugando… por Dios!!Gonzalo y yo estamos jugando!!!

– Impaciente???… no, estas equivocado… tú no sabes toda la paciencia que tuvo con un chico del que está enamorado… no imaginas lo que le significó aguantar cuando no le hablaba, lo ignoraba… lo que hizo para no derribar una maldita puerta que se cerraba cada noche alejándolo de la persona que amaba… se quedaba solo, tu jefe… tirado en la cama, en la oscuridad, consumido por el sentimiento de culpa… sin poder dormir, deseando tener el valor suficiente para abrir esa puerta e ir en busca de su amor… pero no podía… le había prometido no tocarlo… tenía un castigo que cumplir…

Las lágrimas nuevamente están desbordándose de mis ojos… tranquilas y calladas corren por mi cara mojando la piel de Gonzalo… él también esta triste… lo sé por su voz

-Lo siento… deberías haberlo hecho…

– No podía… te lo había prometido, no estabas listo

– lo siento… lo siento…

Me empiezo a derrumbar nuevamente pero sus brazos me alzan y comenzamos despacio a besarnos… acariciarnos con ternura y cariño… con todo ese amor que tanto nos ha costado admitir…

– Yo también lo siento Miguel… jamás debí tocarte… jamás… perdóname por…

– Ya no más, por favor… no quiero que nos pasemos el tiempo que nos queda disculpándonos…  te perdoné Gonzalo…  estoy aquí… confío en ti

Me abraza y me mantiene muy pegado a él…

– ¿Siempre cumples tus promesas?- pregunto sobre su boca

– Siempre

– Entonces quiero que me prometas algo…

Gonzalo se detiene y su cuerpo queda en tensión… como si presintiera lo que voy a pedirle…

– Mocoso, no voy a prometerte ninguna cosa estúpida

– No es estúpido lo que quiero…

– No quiero escucharlo

– Pero…

– Ahora no… no voy a prometerte nada ahora, Miguel- me contesta tajante

– Te lo voy a pedir igual…

– Después… por favor, te lo prometeré después

Me conoce mejor que yo mismo… sabe que iba a pedirle algo complicado de cumplir…

– Está bien

Reanudamos el juego de las caricias… lo que sostengo en mi mano ha crecido de tamaño considerablemente…

– Hazme el amor…- le digo mirándolo a los ojos, sintiéndome agitado, con una extraña violencia…

Toma mi cara entre sus manos

– ¿Cómo lo quieres?

Me empiezo a poner nervioso… él sabe lo que me gusta pero quiere escucharme decirlo

– Tú sabes…

– ¿Cómo lo quieres, mocoso?

Nos quedamos mirando anclados… no sé si soy capaz de admitirlo en voz alta… siento mi corazón latir rápido y fuerte… dudo… nervioso… excitado… avergonzado.

– Que me duela… – murmuro bajando la vista– como solo tú sabes

Su mano levanta mi barbilla y busca mis ojos… sonríe muy levemente… conmigo… satisfecho de haberme obligado a admitirlo… sus manos acercan mi cara a su boca

– Bien, mocoso… te voy a dar lo que quieres

No sé qué siento al escucharlo… me abandono en sus manos, ciegamente. Nos besamos con pasión, Gonzalo se mueve hasta abrazarme por la espalda y se queda detrás de mi… me besa despacio el cuello y su cuerpo está pegado al mío… siento su sexo duro entre mis nalgas… al llegar su boca a mi hombro Gonzalo me muerde fuerte chupando mi piel… duel de forma deliciosa… me sujeta… siento su pene en mi entrada y me penetra decidido… de una sola intensa y larga estocada, hasta el fondo y se queda ahí… me quedo sin respiración… dolo calienter… placer… sintiéndome lleno de él… me empuja y acomoda hasta dejarme en cuatro patas sobre la cama, sus manos sostiene fuerte mis caderas levantadas… es raro… un poco humillante pero me gusta… sigue penetrándome cada vez hasta más adentro… lo escucho gemir… ronco… me enloquece escucharlo… una de sus manos está ahora en mi pene erecto y sensible… me masturba y penetra al mismo ritmo.. más y más rápido… siento que empiezo a llegar… y luego se detiene con solo unas caricias tranquilas con su pulgar en la cabeza de mi miembro… sigue así hasta sentir que he bajado mis revoluciones y entonces vuelve a comenzar… está llevándome al límite cada vez para luego volver a tranquilizarme…  desesperante…

– Gonzalo…- le estoy pidiendo… nuevamente a punto de llegar…  se detiene por completo…

– Dime qué quieres…- me dice pegado a mi cuerpo, cerca de mi oído… mordiéndome hasta que me duele… cada caricia es dolorosa y deliciosa… mierda! sabe lo que quiero… me va a hacer decírselo… lo miro con fingido odio… me devuelve una sonrisa de satisfacción…

– Dímelo… pídelo mocoso… –su voz y su cara me hace sentir más excitado aún… el pelo tapando en parte su cara… sus ojos oscuros llenos de excitación… y amor… mierda!!… su cara y sus ojos  me bastan para hacerme sentir mil cosas a la vez…  lo pienso… busco las palabras… comienza a moverse muy lento… parece una tortura… quiero más, más rápido… lo quiero a fondo dentro de mi…

– Hasta el fondo, más rápido… te quiero entero en mi…  te amo idiota!!!-

– También te amo mocoso… no sabes cuánto

Sus movimientos son rápidos, intensos y profundos… duele pero es maravilloso… no alcanza a pasar un minuto cuando ambos gemimos al unísono fundiéndonos en el más exquisito placer…

 

 

MARIA

Tenía 19 años, muy cerca de cumplir los 20… su mejor atributo y su gran orgullo era su pelo muy largo y levemente ondulado en las puntas, de un precioso color rojizo… brillante, cuidado y sedoso… Era en lo único frívolo que María perdía el tiempo al menos una vez a la semana… dos o tres horas de tiempo en una peluquería donde ella misma indicaba que necesitaba su cabello, siempre había sido así… ella siempre sabía mejor que los demás que era lo que a ella le convenía… en todo orden de cosas.   Tenía sus ojos azules, como todos en su familia, la cara pecosa y muy graciosa sin llegar a ser bella y su figura era delgada y proporcionada… su único defecto, si es que podía llamárselo así, era ser un poco baja… herencia de familia también. Pero a María su tamaño no le preocupaba… nunca le había importado. Siempre había tenido claro que la mente y su inteligencia eran mucho más importantes que la altura o la belleza. Era una hija modelo, obediente, respetuosa y muy bien educada; en el colegio era una alumna brillante especialmente en todo lo relacionado con números, tenía solo una amiga cercana a la que amaba y defendía como si fuera su propia hermana… el resto solo eran compañeras de curso. Cuando sus compañeras más altas se habían atrevido a molestarla, siempre había terminado derrotándolas con su inteligencia… planeaba cuidadosamente su venganza… le gustaba humillarlas y hacerlas sentir tontas… no le temía a casi nada… hasta el día en que supo que su padre estaba enfermo. Él era el pilar de su vida, amaba y admiraba a su padre más que a nadie en este mundo… cuando supo de su enfermedad su mundo se tambaleo… él mismo habló con ella, siempre tenían un canal de comunicación abierto entre los dos… le pidió su fuerza y su apoyo… María se sobrepuso al impacto y se volvió el pequeño soporte sobre el cual se apoyaba su padre. Se había inmiscuido de a poco en los negocios con su padre hacía unos 3 años atrás… con su autorización y guía comenzó a aprender del negocio… le fascinaba, le encantaba cómo todo se conectaba, se armaba y se desarrollaba… aunque sabía bien que no podría nunca manejar la inmensa red de conexiones, negocios, acuerdos y gente que manejaba su padre, pero aprovechó el momento en que los estúpidos de sus hermanos mayores se habían ido de la casa para ocupar ella el lugar que le correspondía a uno de ellos… al lado de su apenado padre… nunca habría tenido la oportunidad de estar sus hermanos presentes… pero no estaban… le habló claro a su padre… solo quería aprender, sabía bien que nunca podría dirigir, pero ella podría ser la sombra de su hermano menor al que adoraba, estaba más que dispuesta a serlo… estar siempre presente detrás de él apoyándolo. Su padre había quedado impresionado con su manera de pensar y le abrió las puertas a toda la información. Había sido una buena opción, la mejor. Nadie esperaba que su padre enfermara tan joven aún… fue el golpe más duro que su joven vida había recibido… ella cumpliría ciegamente con lo que su padre quería… lo amaba y respetaba mucho, quería verlo partir tranquilo y feliz… sin importar lo que tuviera que dejar de lado… se casaría con quien tuviera que hacerlo, dirigiría el negocio al lado de su futuro marido… esperaba que fuera alguien medianamente inteligente para que pudiera hacerlo bien… hasta que Jorge creciera y pudieran traspasarle el poder.  Coque se hacía mayor rápidamente. Ella lo protegería y cuidaría que nada ni nadie le quitara lo que les correspondía a ellos. Coque era el elegido, él estaba destinado a ser el futuro Jefe de esta importante familia y ella, como su hermana mayor, cuidaría que todo estuviera bien. Llegado el momento, sería su sombra… no aspiraba más que a ese poder, ser la sombra, la consejera y el apoyo de su hermano… lo demás… todo lo demás podía esperar.

Se miró por última vez frente al espejo. Su vestido celeste agua armonizaba a la perfección con sus ojos y resaltaba su delgada figura… zapatos a tono… se veía bien, elegante y a la vez sencilla, parecía menor… 16, 17 años tal vez.  Eligió un par de aretes y collar de perlas clásicas… tenía una gran colección de joyas con las que su padre la mimaba y la recompensaba cada vez que lo complacía… y eso era muy a menudo.   Escuchó un par de suaves golpes en la puerta. Antes de abrir se volvió a revisar su cuarto. María odiaba el desorden, su amor por la perfección y la precisión rayaba en lo insano… de paso miró el reloj de oro y diamantes que adornaba su delicada muñeca… no estaba atrasada, ella nunca se atrasaba.  Abrió para encontrarse de frente con Esteban, el hombre de más confianza de su padre. Se miraron en silencio. Sin decir palabra alguna María tomo su bolso y pasó frente a él.

– Su padre la espera

– Ya lo sé

Replico en un tono de voz un poco más dura de lo que era necesario, pero se disculpó a si misma pensando que estaba nerviosa… no todos los días uno se juntaba con su padre para planear todos los requisitos y condiciones de su futuro matrimonio.

 

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