Miguel Capítulo 47

Capitulo 47

MIGUEL

 – ¿Dónde estabas? – me gritó nada más verme entrar. Era tarde… no me había dado cuenta de lo mucho que me había demorado en llegar.

– Ocupado

Caminé mucho rato desde el encuentro con su padre… podría haber tomado un taxi… al final lo hice, pero quise primero caminar a solas para tranquilizarme un poco antes de encontrarme con él. La conversación con Don Jaime me había dejado alterado y Gonzalo se habría dado cuenta… solo una semana… ¿sabía eso Gonzalo?  Se acercó a mi peligrosamente… esa sonrisa torcida que tenía en su cara nunca presagiaba nada bueno para mi

– ¿Ocupado en qué?- me habló ya sujetándome con fuerza y presionándome contra su cuerpo

– Gonzalo… ¿desde cuándo te volviste celoso?- me reí un poco… no tenía ninguna excusa para darle así es que mejor le cambiaba el tema

– Contigo, desde siempre – me respondió muy serio.

No sé… algo me pasó al ver su cara volverse seria y preocupada… seré idiota… me dio pena.

– Lo siento…- musité muy despacio alzando mis brazos para atraerlo

– Lo siento – respondió también abrazándome fuerte

– pensé que…  – no terminó la frase… pensó que me había ido

– No… no pienses nada

Crucé mis brazos por su espalda y lo atraje más hacia mí.  Iba a ser así durante toda la semana?… andábamos a saltos y nerviosos… era como darnos confianza y asegurarnos de que estábamos juntos solo para engañarnos durante una maldita semana…  Lo besé y me respondió con muchas ganas… su cuerpo comenzó a empujarme hacia el dormitorio sin soltar mi cara mientras seguía besándome… podía sentir su necesidad de mi… tan fuerte como la mía de él… intenté recordar donde diablos estaban los muebles para no chocar con ninguno pero su lengua en mi boca no me dejaba pensar mucho… cerré los ojos y me sujeté de él…

– Quítate todo eso- me dijo cuando llegamos al dormitorio, señalando mi ropa. Me soltó de mala gana… arrastrando sus manos por mi cuerpo como si no quisiera soltarme y se sentó en el sillón a mirarme. Comencé a desvestirme… para él… recordé la cantidad de veces que había hecho esto mismo… ¿sería esta la última vez que lo haría?… Mierda!! no podía dejar de pensar tonteras… estaba completamente triste y con ganas de morir… ¿Cómo diablos puede uno enamorarse tanto?… ¿sentir que muere por la otra persona?… ¿por qué dejé que me pasara?..

– ¿Miguel?- estiró sus brazos llamándome… por supuesto se había dado cuenta. Era absurdo sentirme tan tontamente triste. Me tiró de un brazo y me sentó en su regazo… levantó mi rostro y comenzó a darme pequeños besos, saltándose mi boca… comencé a moverme buscando sus labios pero estaba decidido a no dejarme besarlo en la boca…

– No estés triste… por favor– me pidió pero pude ver como su cara se volvía triste también. Nos apretamos fuerte sin decirnos nada… solo sintiendo nuestros cuerpos y traspasándonos el amor… Dios!!… esto era una tortura… una semana más de tortura… la mejor tortura de mi vida.

– Hazme el amor – le pedí en su boca sin poder aguantarme más las ganas de tenerlo dentro de mi… tenía urgencia de sentirlo… quería estar lleno de él

– ¿Algo te hizo creer que no te lo haría?- sonrió apenas y me contagió con su sonrisa. Dejamos la pena atrás… al menos por ahora. Caímos sobre la cama, quitándonos la ropa…

– Mi mocoso… te amo

Sus ojos serios en los míos… sus palabras eran una medicina tan dulce… necesitaba tanto escucharlo… me dejó desnudo bajo su cuerpo… sus manos, posesivas, me sostenían firme… me penetró fuerte y de una sola vez sin quitar sus ojos de los míos haciéndome gemir al sentirlo tan bruscamente dentro de mí… era el paraíso… dolor y placer en justa medida que solo Gonzalo sabía cómo provocarme…  su cuerpo firme y excitado envolviéndome… exigiéndome entregarme y dejarme poseer completamente… quería que me abandonara en sus manos y lo hice… lo dejé hacer conmigo a su gusto… sus palabras tan dulces en mis oídos… la prisa, el placer…. la espiral de sentimientos me tenía al borde de la locura… amor, placer, pena, felicidad… dolor… sentía todo al mismo tiempo.

– Miguel… ¿dónde estabas?- me preguntó rato después cuando ya estábamos satisfechos y nos habíamos calmado. Permanecíamos desnudos en la cama y abrazados en la oscuridad.

– Necesitaba pensar… no estuve en ninguna parte en especial

Mentí… me dolió mentirle cuando eran nuestros últimos días juntos pero… tenía que hacerlo

– No me dejes solo… quiero todo tu tiempo para mí

– Te dije que iba a estar contigo hasta… ya sabes

El silencio se hizo presente… solo escuchaba nuestras respiraciones.

– Será en una semana- me dijo rodeándome con sus brazos… creo que pensó que iba a reaccionar golpeándolo o alejándome… o gritando … que se yo… suspiré dejando entrar mucho aire a mis pulmones… mierda!! qué me ha dado por volverme una Magdalena llorona??… No respondí. No dije nada… ¿Qué podía decirle?… me acomodé sobre su pecho tratando de callar todos los gritos de dolor que me nacían en la mente y reventaban en mis oídos… mi corazón y mi mente lloraban a gritos dentro de mí… tanto que me gusta estar en este lugar… escuchando los latidos de su corazón, sintiendo el calor de su piel y la fuerza de sus músculos. Este es mi lugar favorito en el mundo… sobre su pecho desnudo rodeado de su olor… Me sequé los ojos.

– Voy a conocerla mañana 

Eso no lo sabía… otro puñal directo al corazón… sería más fácil irme mañana mismo y evitarme todas estas dagas que me cortan, me hieren y me dejan muriendo de a poco… la conocerá mañana… ojalá la odies en cuanto la veas, ojalá sea fea y desagradable… ojalá sea una maldita miserable espantosa… ojalá nunca sepa entenderte ni amarte… ojalá me extrañes cada día del resto de tu vida… tal como voy a hacerlo yo…  sintiéndome totalmente impotente y sobrepasado por todo esto..  No pude evitar los sollozos callados que mojaban su pecho… sin moverme ni ocultarme… solo lloraba sobre su pecho…

– Lo siento pero tenía que decírtelo. Quería que lo supiera

Él sabía que me dolía pero… supongo que tenía que escucharlo de sus labios y no de nadie más

– Está bien– contesté entre sollozos

Sufríamos los dos… supongo que yo sufría más que él pero no era una competencia… era más bien una maldita tragedia griega. Me levantó la cara y me beso con dulzura y ternura… de pronto se levantó con urgencia y se puso frente a mi…

– Prométeme que nunca vas a dejarme… promételo– su voz era ansiosa y exigente

– Gonzalo… no puedo prometerte eso

– Promételo Miguel- sus ojos me taladraban… serio… casi enojado… no estaba bromeando, quería que en verdad se lo prometiera – seguirás trabajando con  Andrei, podremos vernos todos los días… nunca te haré sentir que has dejado de ser importante Miguel… nunca- me seguía mirando esperando que le prometiera algo que no podía – no será fácil, sobre todo al principio… pero sé que podemos hacerlo, Miguel… vamos… dímelo!!!

Sus manos me sujetaban muy fuerte… su desesperación era tan fuerte como la mía…  me apretaba más cada segundo que me demoraba en contestarle…. Dios!! Como me habría gustado decirle que si… que iba a estar a su lado por siempre…

– Miguel!!!… promételo

Negué con la cabeza… no iba a mentirle… no sé qué planes tenía en su mente… pero eran planes desesperados y poco reales… Don Jaime jamás permitiría nada de eso… además… yo tampoco quería quedarme a verlo

– Mierda Miguel, ¿Por qué tienes que ser tan obstinado?

Sin embargo me abrazaba como si yo fuera un niño pequeño…  reteniéndome y queriendo convencerme… no se había dado por vencido conmigo.

Iba a ser una semana difícil… la más difícil de todas

 

EL ENCUENTRO DE LAS FAMILIAS

Con la intención de que ambas familias se conocieran ya que compartirían el matrimonio de sus hijos, Don Lino invitó a la familia de Gonzalo a una cena en su casa para el día siguiente. Lidia y Daniel se miraron un poco sorprendidos cuando Don Jaime informó a la familia que asistirían todos… no había ninguna excusa buena para no asistir. Gonzalo se casaba dentro de pocos días y era necesario conocerse y ser amables. Se tomaron todas las medidas de precaución posibles para este encuentro entre dos familias importantes y varios grupos de vehículos salieron del domicilio de Don Jaime con cierta distancia entre ellos

– Solo pretende que para nosotros también es una sorpresa- Lidia miraba fijamente a Daniel – Esto ha sido tan rápido e inesperado que María tendrá que creernos

– De acuerdo- a Daniel le molestaba pretender y mentir delante de Coque, pero no había otra salida. Daniel había estado conversando durante todo el día con Coque y habían acordado que así lo harían… se sentían expectantes de este encuentro… sus familias se conocerían pero solo sus hermanas sabían de ellos. De algún modo también se sentían como si fuera el preámbulo de su propia unión.

Coque había reaccionado muy sorprendido días atrás cuando Daniel le contó lo que pasaba entre Gonzalo y su hermana… al principio solo lo escuchaba sin poder formular preguntas ni hacerse a la idea de que el hermano de Daniel sería quien estaría a cargo de su familia y casado con María… era tan raro… costaba procesarlo en su mente… entonces, recordó las historias que Daniel le había contado sobre su hermano mayor… recordó en particular la historia de Gonzalo y Miguel

– Pero… a tu hermano… ¿le gustan las mujeres?- fue su primera pregunta lógica

– No – respondió Daniel con toda sinceridad.

Coque se calló mientras analizaba la nueva información… su papá le había informado que el futuro marido de su hermana era el mejor para lo que necesitaban… Daniel siempre hablaba de las habilidades de su hermano… de acuerdo, estaba claro entonces que Gonzalo era el adecuado, el indicado para el cargo… pero… ¿y María?… Coque adoraba a su hermana… no quería que sufriera estando con alguien que nunca la apreciaría, era tan niña… a pesar de parecer dura y calculadora, Coque conocía la otra cara… la de la niña.

– María no va a ser feliz con él…- la frase escapó de su boca sin que la pensara…

– No… no van a ser felices- Daniel solo corroboró lo que había pensado… Coque lo miró preguntando, pidiendo más explicaciones

– Gonzalo está enamorado de Miguel… por primera y única vez en su vida está enamorado… no creo que haga feliz a tu hermana ni lo sea él-

– ¿Qué me estas tratando de decir?– Coque presintió que había algo más en la extrema sinceridad y forma de expresarse de Daniel

– No queremos que se casen…- dijo muy despacio… sabía lo importante que era para el futuro de Coque tener a alguien que administrara el negocio mientras él se preparaba.  Coque se puso de pie alejándose de Daniel… pensando… su hermana… se sacrificaba por él, pero no iba a ser feliz… el negocio… su padre se moría… ¿Qué tenía que hacer entonces?

– ¿Quiénes?

– Lidia y yo…

– Así es que ahora ambos están de acuerdo en ayudar a Gonzalo?- Daniel sintió la molestia de Coque… no quería por nada del mundo enojar a su pecoso… ya sabía lo difícil que podía llegar a ser

– Coque… no tiene que ver contigo ni con el negocio… tiene que ver con la felicidad de nuestros hermanos…- la sinceridad ante todo… ya había aprendido eso

– Si… lo siento… entiendo… estaba pensando lo mismo… no quiero que María sacrifique su juventud… es tan linda y buena conmigo… no se qué hacer Daniel-

– Nosotros tampoco tenemos una idea clara… ¿quieres ayudarnos?- se acercó a Coque y lo volvió a sujetar entre sus brazos… le gustaba tanto su pecoso

– Si…- ahí, entre sus brazos y pegado a su cuero volvía a ser el chico pequeño y adorable que había conocido en el internado – dime que hacer-

– Háblame de ella, cuéntame cómo es tu hermana

– ¿No le van a hacer daño, verdad?

Daniel lo aprisionó un poco más cerca…

– No Coque… jamás, es tu hermana, no permitiría que nadie la dañara

– De acuerdo…

Le contó sobre María, todo lo que sabía. Daniel guardó al información. Luego se la entregó a Lidia. Tenían ambos una clara película de cómo era ella, pero aún no lograban descubrir algo que les ayudara en su objetivo.

 

La casa de la familia de Don Lino era tan espectacular como la de ellos mismos. Estaba todo iluminado y la seguridad era notoria en todas partes. Don Lino los esperaba en su silla de ruedas, Esteban, su asistente, tras él… se notaba bastante más demacrado que cuando lo habían visto por última vez… A su lado esperaban un chico que supuso sería el futuro heredero y una muchacha que parecía una niña. Gonzalo fijó su vista en la joven mujer a su lado… delgada y bonita… elegante… fría… glacial… esa era su futura esposa?

– Gonzalo… mi hija María

Don Lino la presentó con orgullo en su voz. Por un momento ambos se sintieron torpes… resultaba ridículo saludarse estrechando sus manos si dentro de pocos días estarían casados… Gonzalo resolvió el problema dejando un beso en su mejilla

– Hola María… soy Gonzalo. Es un placer conocerte

Quien no lo conociera pensaría que se trataba de un perfecto caballero… pero tanto Lidia como Daniel se dieron cuenta de la frialdad en la voz y la mirada de Gonzalo.

– Gracias. También es un gusto conocerte

A María no había que conocerla demasiado para poder interpretarla. Ella también era otro gélido bloque de hielo al saludar a Gonzalo… Se miraban analizándose…

Las familias se saludaron. Tanto el guardaespaldas personal de Don Jaime como Esteban, el asistente de Don Lino permanecían de pie cerca de ellos.

María elevó notoriamente las cejas y abrió mucho sus ojos al ver a Lidia y a Daniel

– Hola María!!- saludó Lidia acercándose de prisa a ella con su mejor cara de sorpresa y una enorme sonrisa- no puedo creer esta coincidencia!!!– la abrazó hablándole, sin darle mucho tiempo a reaccionar  – Vamos a ser familia, puedes creerlo?

– Lidia?.. Daniel?… Gonzalo es tu hermano?- estaba muy sorprendida

– Si… esto es increíble

Sonreía intentando contagiarla… María sonrió también… se tranquilizaron… todo estaba resultando bien.

Coque y Daniel se saludaron como viejos conocidos… anunciaron que se conocían del colegio y que eran amigos lo cual contribuyó a relajar el extraño ambiente, un poco tenso. Cenaron todos juntos en un inmenso comedor. María y Gonzalo sentados uno al lado del otro, a la derecha de Don Lino. Ambos intentaron conversar… pero a Gonzalo le resultaba difícil intentar traspasar el muro de frialdad alrededor de la chica… era bonita, sin duda alguna… pero no era de su gusto. Posiblemente nadie resultaría de su gusto si lo obligaban.

María por su parte pensaba algo parecido… Gonzalo era un perfecto espécimen masculino… atractivo, bien vestido y gentil… pero había algo en él que no terminaba de agradarle y más bien la atemorizaba y la hacía estar a la defensiva… suspiro profundamente. Iban a ser largos 8 años así es que mejor se iba acostumbrando desde ya.

Lidia se sentó frente a ellos. Sus ojos observaban todo disimuladamente, sin perderse ningún detalle. Guardaba silencio pero estaba tan atenta a cualquier movimiento de María y de los demás a su alrededor… los ojos, el cuerpo, los gestos… todo lo estudiaba. Percibió de inmediato la incomodidad entre los futuros esposos… no se habían gustado??… no pudo evitar la sonrisa en su cara… siguió observando, atenta al más mínimo detalle y movimiento de María.

Las madres de los futuros esposos intentaban conversar educadamente. Claudio, el hermano menor de la familia, se concentraba en su plato… Los únicos que parecían estar más a gusto eran Daniel y Coque. A Gonzalo le bastó mirarlos un par de veces para darse cuenta del tipo de relación que tenían… sonrió callado… así es que Daniel ya tenía una pareja… y resultaba ser nada menos que el heredero de Don Lino… las miradas de ambos hermanos se cruzaron en la mesa… Gonzalo le dio a entender que sabía todo y lo aprobaba… Daniel le agradeció en silencio y sonrió con complicidad. Por debajo de la mesa, las piernas de Coque atrapaban la de Daniel.

Cuando terminó la cena, Lidia y María se encontraron sentadas al lado en la sala

– Y ya elegiste tu vestido de bodas?- solo sería una boda civil. No habría matrimonio religioso debido a las circunstancias. Cumplirían solo con lo exigido por la ley.

– Pues… voy a buscarlo mañana, aun no he visto nada

– Ah No!! Permíteme regalártelo… ya sabes, un regalo de bienvenida a la familia… tengo una tienda de modas, todo es exclusivo, estoy segura que encontraras algo de tu gusto- su madre intervino para alabar su tienda y su buen gusto… María no estaba cómoda aceptando el regalo pero se sintió atrapada… no podía rechazarlo sin ser descortés frente a su futura suegra y cuñada. Aceptó. Quedaron de juntarse al día siguiente, temprano, en la tienda de Lidia.

Cuando los hombres mayores volvieron del escritorio de Don Lino hacia la sala, Gonzalo buscó un momento para quedarse a solas con su novia… minutos antes, en la oficina de Don Lino habían acordado todos los detalles… no quedaba nada pendiente más que realizar la ceremonia… Por fuera, Gonzalo parecía frío y calmado como siempre… por dentro, estaba molesto, enojado y con ganas de destruir algo… descargar su rabia… pero se controlaba como bien sabía hacerlo.

– María… lleva a Gonzalo al jardín. Le gusta fumar de vez en cuando

Ella se levantó obediente a cumplir la indicación de su padre. Gonzalo la siguió de cerca. Ella no lo miró en ningún instante hasta que estuvieron afuera.  La terraza era inmensa y el jardín muy bonito e iluminado. Un escenario muy romántico para los futuros novios… solo que ellos no estaban enamorados… Gonzalo sacó un cigarrillo y lo encendió, aún en silencio

– ¿Te molesta? – preguntó indicando su cigarro. María lo miró… odiaba el olor a cigarro, mas aun cerca de su ropa y su pelo

– No me agrada- respondió intentando no ser tan pesada ni descortés.

Gonzalo se alejó un par de pasos pero no apagó el cigarro… no estaba dispuesto a complacerla… aún estaba estudiándola

– Así es que seremos esposos –  le dijo sabiendo que no era el comentario más apropiado para iniciar una conversación, debería ser más delicado pero estaba cabreado… quería ponerla a prueba

– Si, es un acuerdo entre nuestras familias… pero si, fuiste el elegido… serás mi esposo

Gonzalo se calló unos instantes… mirándola con nuevos ojos… solo parecía mansa… no lo era. Acababa de dejarle en claro que sabía que esto era un negocio, que su familia era tan poderosa como la de él, que no era el único interesado y que él era quien llegaba a casarse con ella… y no al revés

– Eres muy joven, María… ¿Qué te gusta hacer?- la pregunta pareció molestarle a ella, sin embargo no bajó las defensas ni se mostró cohibida

– Tengo 19… supongo que habrás leído la información sobre mí que se le envió a tu padre- caminó segura un par de pasos  – estudio y quiero seguir haciéndolo. Me servirá para ayudar a mi hermano. Aparte de eso trabajo con mi padre todo el resto del tiempo. Me tiene mucha confianza y conozco bien el negocio

Gonzalo siguió fumando alternando su vista entre la mujer delante de él y los rosales en el jardín… le habían quedado muchas cosas claras en su respuesta… la principal de todas… no le gustaba María… ni siquiera un poquito. Era orgullosa y demasiado entrometida en el negocio de su familia… ¿pretendía estar encima de él todo el tiempo?… tendría que cambiar muchas cosas una vez que estuvieran casados… ¿podría cambiarlas o tendría que soportarla vigilándolo todo el tiempo?

– Y  a ti… ¿Qué te gusta hacer? – preguntó ella…

Había algo de desafío en su tono de voz… algo que molestó aún más a Gonzalo.  Se tomo su tiempo en responder. Gustarle??… follar a Miguel… estar con Miguel, besar a Miguel y reír con él… acariciarlo en la intimidad… escucharlo gemir de placer y dolor para luego respirar satisfecho cuando se dormía sobre su pecho… era, lejos, lo que más le gustaba

– Paso casi todo mi tiempo trabajando – contestó muy escuetamente sin tener ganas de informarle sobre sus otras actividades, sonrió para adentro… Miguel era solo para él, su alegría y lo que más amaba en este mundo… nadie más iba a saber nada de su mocoso.

– ¿Cuántos hijos te gustaría tener? – preguntó mirándola fijo a través de la cortina de humo del cigarro y decidido a molestarla, sabiendo todo lo que implicaba la pregunta… quería dejarle en claro que él sería quien dominaría en esta relación entre los dos. Lo sorprendió enormemente la reacción de María. Primero lo miró un poco asombrada de la pregunta… ella captó de inmediato la intención de Gonzalo… sonrió… sonrió abiertamente haciéndole sentir que no era tan fácil como creía.

– Hijos?!!!…  tal vez… después que mi hermano asuma el control podremos pensar en tener hijos, antes?… no lo creo, Gonzalo, voy a estar muy ocupada trabajando a tu lado como para preocuparme de tener hijos

Había sido bien enseñada por su padre. No se dejaba intimidar y era muy fuerte. Temblaba por dentro pero nadie habría podido decirlo, se veía completamente segura y dueña de su persona. Gonzalo no le gustaba pero sabía que era el mejor, el indicado para continuar con su familia mientras Coque crecía y aprendía.  Había leído todo el historial… sabía casi todo sobre él, incluso sus gustos y preferencias sexuales… no le molestaba demasiado, no pensaba tener intimidad con él.

– Ya terminaste? – preguntó indicando el cigarro que, bien sabía, no había terminado aún.

– Si, claro – respondió Gonzalo apagándolo y caminando detrás de ella.  Era altiva, orgullosa y desafiante… sonrió sin que ella lo notara. No le gustaba pero sería un verdadero placer domar y aprender a manejar a esta pequeña mujercita tan decidida.

 

MIGUEL.

Acariciaba a mi cachorro y lo estrujaba entre mis brazos. Había decidido llevarlo conmigo además estaba feliz de  haberle encontrado un nombre… “Sombra”… se llamaría sombra y sería para mí el constante recuerdo de Gonzalo… una sombra de lo que pudo ser… Era una idiotez viajar al fin del mundo o al infierno que me esperaba, con un cachorro tan delicado, pero Sombra tendría que aprender a vivir conmigo donde quiera que fuéramos a ir… estaba decidido a que fuera mi compañero en la soledad que me esperaba.

– Está bien hijo

Mi mamá analizaba la petición que le había hecho para que volvieran al antiguo departamento. Esta vez le confesé todo lo que podía decirle sin comprometerme demasiado… le dije que el departamento había sido un regalo de mi jefe y que ahora era mío. Podían vivir tranquilas en él para siempre. No preguntaron… ya se estaban acostumbrado a este tipo de cosas.

– ¿Vas a volver con nosotras? 

Nali se volvía un poco más bonita cada día… un poco más señorita y educada… eran cambios sutiles, como su forma de hablar y de moverse, el vocabulario que usaba, la ropa diferente que vestía… de pronto, en algunos de sus movimientos y nuevas actitudes me recordaba a Lidia… se estaba comenzando a parecer a una verdadera señorita… tendría muchas mejores opciones para su vida… me sentí orgulloso de haber sido capaz de brindarle eso a mi hermana… había costado mucho pero el sacrificio había valido la pena… me sentí muy feliz de verla así.

– No Nali… es muy difícil que vuelva a vivir con ustedes. Ahora voy a trabajar en otra parte y no sé cuando volveré, pero te prometo que estaremos en contacto

Me dio pena decirlo… ver la cara de tristeza de mi hermana y mi mamá… se habían acostumbrado a no hacerme preguntas… sabían a suponían el tipo de trabajo y de vida que yo llevaba. Estaban agradecidas del dinero que, sin falta, llegaba cada mes y les permitía vivir con comodidad. Simplemente me pedían que me cuidara y no me arriesgara demasiado. Sabían que era inútil pedirme que me alejara de ese mundo al que había entrado por mi propio gusto.

– Me lo voy a llevar – le dije a mi hermana señalando al cachorro –Vendré a buscarlo en unos días

Esa fue otra causa de tristeza para Nali… se había encariñado con Sombra… Pensé que a cambio de todo el cuidado que había puesto en mi cachorro le compraría otro antes de irme… tal vez Sombra tendría una mejor vida con Nali que conmigo…  pero era lo único que me llevaría de Gonzalo… no podía dejarlo, Sombra tendría que aprender a vivir la vida difícil que nos esperaba… la viviríamos juntos.

Cené con ellas y conversamos hasta bastante tarde. Le di consejos a mi hermana sobre cómo llevar su vida…

– ¿Por qué parece que ya te estás despidiendo?- me miró con sus ojos lindos y tristes

– Ya te dije… Voy a estar fuera un tiempo…

Se abrazó a mi cuello…

– Estas triste Miguel… te conozco y sé cuando estas triste– la abracé de vuelta… Nali crecía demasiado rápido y me iba a perder todo su desarrollo… pero al menos crecía segura y bien.

– No sé cuando nos volveremos a ver – dije para tratar de explicar mi pena… separarme de ellas también era un motivo más de tristeza

Arreglé un bolso con mis ropas y otras cosa que posiblemente iba a necesitar donde Don Jaime me enviara. Lo dejé listo en el dormitorio pero no lo llevé conmigo. Pasaría a buscarlo después… cuando Gonzalo ya se hubiera ido y no tuviera que dar explicaciones. Me despedí de ellas ya muy tarde y volví al departamento a esperar a Gonzalo… ¿cómo habría ido el encuentro con su… con esa mujer??… ¿volvería intentando disimular una sonrisa de felicidad por haber descubierto que si le gustaba su futura mujer?… mierda… vuelta a las malditas lágrimas… tengo que dejar de pensar idioteces… me ama… sé que me ama…y es mío… aunque se case con ella.

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