Capítulo 11

 

CAPÍTULO 11

 

Carlitos despertó temprano y descansado, con la novedosa sensación de tener un propósito por cumplir. La sensación de alborozo le duró hasta que puso un pie en la escuela. Rayos! No había pensado en lo que significaría encontrarse con Bruno en la escuela. Automáticamente agachó la cabeza y se dirigió como sombra a su rincón en la sala, pendiente de la puerta de entrada.  Lo vio entrar a la clase junto a sus amigos y procuró volverse invisible, enterrándose en el libro de matemáticas, aunque su esfuerzo era perfectamente inútil ya que nadie se fijó en él

-. Vamos hombre! Cuéntanos qué pasó – Teo golpeaba el brazo de Bruno, insistiendo

-. No sé porqué te aceptó a ti y no a mi – el ego de Jeffrey estaba herido

-. No voy a contarles nada! – respondió Bruno riendo desdeñoso, como si guardara un gran secreto

-. No es justo! Dinos como estuvo tu cita con la modelo – insistían y Bruno actuaba como si fuera un rey rodeado por su corte.

-. Ella es… muy bella

-. Aaahh, eso lo sabemos. Danos más información, Bruno

-. No puedes guardártelo. Tienes que contarnos

-. Dinos como besa  – ante la afirmación de Elías todos callaron expectantes… incluso Carlos retuvo el aire al entender de “que” estaban hablando.  Levantó la cabeza por sobre el libro y puso atención a cada palabra y gesto de Bruno.

-. Fuimos a pasear y  después a la heladería

Bruno no mentía pero su expresión no concordaba con sus palabras; con la sonrisa ladina daba a entender que ocultaba información

-. OOhh que envidia… besar a esa chica – Teo gesticuló, suspirando. Bruno calló. Carlos dejó el libro sobre la mesa. Esperaba el momento en que Bruno negara haberla besado

-. Tú la engañaste de alguna manera. Ella debió salir conmigo. Yo sé besar mejor que tú y hasta habría pasado la noche con ella

Dios!! Jeffrey estaba celoso e insoportable

-. Aahh una noche con esa chica.. con ese cuerpo

-. ¿Pudiste tocarla? – Jeffrey al ataque con sus preguntas imbéciles.

-. Pasamos la tarde juntos – respondió Bruno presumiendo y con el tono de quien dice “Como crees que no la toqué??”  Todos rieron profiriendo exclamaciones de admiración.

Carlos miraba la escena petrificado. ¿Cómo se atrevía a mentir tan descaradamente aunque fuera sin palabras? Les hacía creer que el… que ella… que ellos…  Carlitos no aguantó estar sentado y se puso de pie bruscamente y el libro cayó ruidosamente al suelo. El movimiento inesperado en el fondo del salón capturó la atención de todos y en particular de Bruno, especialmente cuando su mirada se cruzó con la de carlitos que se había quedado pegado observándolo con evidente enojo. Sin embargo, chocar con los ojos de Bruno bastó  para que Carlitos reaccionara, recogiera el libro para usarlo como protección y volviera a sentarse hundiéndose entre las páginas y rogando porque Bruno no se acercara. Milagrosamente fue salvado por un grupo de  chicas que entraban a la clase

-. Bruno! ¿es verdad que andas con la modelo del concurso? 

-. No lo niegues. Te vieron en la heladería!

-. ¿Cómo es? ¿Es bonita o solo es maquillaje?

Se atravesaron en el camino de Bruno y lo distrajeron lo suficiente como para que olvidara a Carlos.  En verdad lo habían salvado porque él estaba tan molesto que no sabía si podía controlarse. ¿Qué pasaba con Bruno? ¿Por qué en la escuela seguía siendo el idiota descerebrado de siempre? ¿Dónde estaba la persona que conoció ayer?

El profesor ingresó a la clase y la conversación sobre “la modelo”  terminó. Ni soñar con que Carlos pudiera concentrarse en la lección. Miraba constantemente hacia donde estaba sentado Bruno y se daba cuenta que el tampoco estaba prestando atención a la clase… de hecho, Bruno tenía el teléfono en la mano y tecleaba, escondido bajo la mesa. La visión del teléfono le trajo desagradables recuerdos.

Cuando el profesor terminó la clase, Carlos reunió valor y se acercó a Bruno para intentarlo una vez más

-. Necesito mi teléfono. Ya cumplí mi parte – intentó que su voz sonara decidida

Bruno estaba solo. Su pequeña corte no se había alcanzado a reunir todavía. Sin creer lo que veía, Carlos observó a Bruno buscar el teléfono en su mochila

-. Solo porque estoy de buen humor – dijo con displicencia poniendo el teléfono al alcance de sus manos – y ahora lárgate de mi lado, princeso.

Carlos lo tomó y corrió hacia su puesto con el teléfono apretado. Por supuesto estaba descargado después de tantos días. Buscó donde cargarlo al fondo de la sala y se sentó en el suelo a esperar. Todos salieron a almorzar menos él. No iba a dejar solo su teléfono después de tanto que le había costado recuperarlo. Su alegría casi alcanzaba para disculpar el fanfarroneo de Bruno… casi.  Cerró los ojos apoyándose contra la pared… no podía dejar de pensar en las dos facetas tan distintas de Bruno. ¿Sería que tal vez fingía frente a Carline? Cielos! Él no tenía experiencia suficiente para saber si todo lo de ayer había sido mentira… tal vez Bruno solo era amable porque quería exhibirse con “la modelo” y conquistar a Carline… ¿sería eso?… una onda de tristeza le barrió el cuerpo… ¿Quién rayos era Bruno???  Tendría que ser extra precavido para evitar que Bruno se riera de “ella” en caso de que estuviera engañándolo con su amabilidad… ¿Cuál era el verdadero?  ¿o era simplemente este idiota que veía en la escuela ?…  El sonido de su teléfono cobrando vida lo distrajo. Un par de mensajes acumulados de los últimos días, de su madre y Roger por el trabajo. Carlos lo puso en silencio. Ahora que tenía su teléfono de vuelta sintió enorme curiosidad por saber qué había sucedido con la vida virtual de Carline. El día anterior no había tenido tiempo de chequear nada. Abrió las aplicaciones correspondientes y la pantalla enloqueció.  Oh vaya!! ¿Qué era todo esto? Carline tenía muchas nuevas solicitudes y comentarios. Carlos alzó las cejas y abrió la boca en una sonrisa asombrada y comenzó a revisar. No podía creerlo!! Había nombres que no conocía pero también había solicitudes de personas que estaban en su escuela y nunca le habían hablado ni mirado. Claro! El interés era por Carline y no por él. Mientras duraba el receso, Carlos se dedicó a dar “me gusta” en algunos comentarios y a revisar y aceptar solicitudes de amistad. Los ojos le quedaron fijos de asombro cuando vio los nombres de Jeffrey y Teo entre las solicitudes… Jah! Esto si era gracioso!! Rió solo en el fondo de la sala. Estuvo tentado de rechazarlas pero luego pensó que Carline no tenía razón para negarse. Con esfuerzo, apretó la tecla aceptándolos por amigos y siguió revisando.

El timbre sonó y los chicos comenzaron a regresar,  conversando y bromeando.

-. No puedo creer que te aceptó a ti

Elías entraba con el teléfono en la mano, burlándose de Jeffrey.

-. ¿Y por qué no iba a aceptarme? – Jeffrey se enfrentó a Teo

-. Porque estás bien feo –  Todos rieron

-.  Estúpido – respondió Jeffrey empujándolo.

El resto de los estudiantes llenaban la sala. Bruno no se mezcló con sus amigos sino que se dirigió callado a su asiento con el teléfono en la mano. Por supuesto nadie reparó en Carlitos. Súbitamente su teléfono vibró avisándole de un nuevo mensaje. Se apresuró a revisarlo antes que llegara el profesor… y esta vez la sorpresa era aún mayor. El mensaje era de Bruno.. Oh cielos!!! Bruno quería ser su amigo y se lo estaba solicitando ahora mismo desde su asiento en la sala… a solo unos metros de distancia.  Carlos no aguantó la risa y lanzó una sonora carcajada antes de aceptar la solicitud.

De pronto todo era silencio y ojos sobre él

¿Había gritado?.. no, él no gritó… solo se rió… ¿Por qué lo miraban como si fuera un alien?…

Carlos había gritado y reído fuerte justo en el momento en que hubo silencio en la sala. Todos los estudiantes lo miraban. Bruno y sus amigos se acercaban a él. Imposible que dejaran pasar una manifestación de este tipo. Carlitos se puso de pie de un salto, apretó el teléfono y regresó a su asiento.

-. ¿Qué te causa gracia?

El manotón de Bruno en su cabeza lo dejó paralizado. Estaba detrás de él. Con cuidado, Carlos bajó el teléfono hasta su bolsillo mientras con la otra mano lo distraía, sobándose la cabeza.

-. Nada – balbuceó

Bruno lo miraba fijamente

-. Te estabas riendo – acusó Bruno

¿Y qué??? Acaso era un crimen reírse???

Carlos quiso gritarle que era un subnormal. Esta vez no solo era la molestia del acoso sino la rabia de lo diferente que había sido el día anterior… ¿Qué pasa contigo tarado??!!! pero no podía hacer ni decir nada que estropeara su plan. Así es que permaneció callado y con la cabeza baja, como hacía siempre.

Bruno, molesto al no encontrar respuesta a su provocación, tomó la mochila de Carlos y corrió con ella hasta el fondo de la sala. De un salto la tiró sobre el armario donde guardaban materiales.

-. Pásame mi mochila, idiota!!- gritó Carlos dando rienda suelta a lo que bullía en su interior. Nunca antes lo había insultado y Bruno quedó impactado

-. A ver, pendejo ¿A quién le hablas así?

Bruno se imponía delante de él, inflando su pecho y empujándolo con golpes de sus manos en el rostro y en el pecho, obligándolo a retroceder. Toda la clase se divertía mirando lo que ocurría.

-. A mí me tratas con respeto, marica – Bruno lo acorralaba

-. Quiero mi mochila – pidió Carlos muy bajito

-. Sácala si puedes! – el último empujón fue muy fuerte y terminó derribando a Carlitos al suelo. Los alumnos lo celebraron con una sonora risotada. Bruno volvió a su puesto pues la clase ya comenzaba.

-. Tomen asiento – ordenó el profesor de química – Voy a recoger los trabajos de inmediato

Carlos permanecía en el suelo al fondo de la sala con la impotencia gritando en su interior y los labios dolorosamente apretados. No le dolía el golpe sino lo que sentía. Bruno era el mayor idiota del mundo y le haría pagar cada dolor que le había causado. Con ese sentimiento más vivo que nunca, Carlos se puso de pie y se acercó impotente al armario.  Ni siquiera subiéndose a una silla podía alcanzar la mochila.  Su gesto de frustración frente a la altura del armario provocó una nueva oleada de burlas.

El profesor de química era un hombre impaciente

-. Carlos, ¿Qué hace de pie? ¿Dónde está su trabajo?

Carlos miró hacia arriba.  Escuchó el odioso sonido de la risa contenida de Bruno y los demás.  Todos esperaban que hiciera el intento de alcanzar la mochila y fracasara. No podía bajarla sin volverse el hazmerreir de todos ellos y no iba a darles en el gusto.

-. No lo tengo señor – respondió con la mayor entereza posible pensando en las horas que había pasado dejando perfecto el trabajo que estaba en la mochila.  Las nuevas risotadas de sus compañeros le dolieron en el corazón

-. Que irresponsabilidad, Carlos. Esperaba más de usted. Siéntese!

Caminó despacio hasta su asiento mordiéndose la frustración. En un arrebato de furia levantó los ojos para mirar a Bruno con odio. Parecía como si el otro lo estuviera esperando. Le sonreía burlón y arrogante.

-. Imbécil – murmuró Carlitos sin poder contenerse. El profesor estaba cerca de él

-. Pero que falta de respeto. Fuera de mi clase!!

-. No, señor!! No era a usted!!

-. Fuera de mi clase!!! – Gritó el profesor de Química encolerizado – No tolero insolencias.

Las risas estallaron en la sala.

A Carlitos le tiritaba la mandíbula cuando salió al pasillo.  Minutos después el inspector le comunicaba que estaba suspendido por una semana debido a la falta de respeto hacia el profesor. Ni siquiera se defendió. Apretó los dientes hasta que dolieron. Dio media vuelta, se encerró en el baño y golpeó la pared hasta que se sus nudillos enrojecieron y el dolor de su mano fue más fuerte que el emocional ¿Cómo podía Bruno ser tan diferente en la escuela??? Energúmeno arrogante y estúpido. Era imposible asociarlo con la persona que había conocido ayer… ¿Pero qué le pasaba al idiota ese?? Cielos!!! Volvió a respirar agitado. Estaba frustrado y enojado una vez más… ¿Por qué no había nacido él en un cuerpo grande y musculoso capaz de golpear??!! A veces odiaba su cuerpo delicado que no le permitía defenderse ni solucionar problemas tan tontos como el de su mochila sobre el armario. El calor de las lágrimas le quemó los ojos pero no estaba dispuesto a derramarlas. Era reconfortarte pensar en la venganza que planeaba. Oh Si.  Dejaría que Carline se encargara de Bruno… OH Dios! Carline!!! La sesión de fotos!!! Se miró las manos y corrió a ponerlas bajo el chorro de agua fría.  El impacto del agua helada tuvo el efecto de aterrizar sus emociones alteradas. Dejó que  corriera sobre sus nudillos adoloridos. Se lavó la cara y sin más que hacer abandonó la escuela en silencio.

 

 

 

 

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Autoras. Con muchas historias por contar.

2 Responses to Capítulo 11

  1. Gaby Garrido says:

    Lo va a hacer sufrir al maldito de Bruno ojalá y le destruya el alma tanto que se suicide, quiero que sufra lo odio maldito Bruno…

  2. Átame novelas says:

    Bruno es un verdadero misterio: un encanto con Carline pero un verdadero imbécil con Carlitos. Créeme que a veces yo también lo odio por lo que le hace.
    Gracias!! Saludos cariñosos.
    Nani.

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