Capítulo 18

CAPITÚLO 18

 

Luego de saludar y atender a su madre, Carlitos se duchó y se acostó. No tenía hambre, solo cansancio. Era cerca de medianoche cuando el teléfono volvió a sonar. Lo miró arrugando el entrecejo, deseando que no lo volviera a llamar… que desapareciera y lo dejara en paz…

-. Hola – respondió Carline, cansada y triste

-. Carline! Por fin!! – la voz de Bruno parecía al borde del colapso – te he buscado todo el día ¿dónde estás? ¿Qué pasó?

Rayos!!! por qué había respondido… ni siquiera tenía una mentira para justificarse… solo estúpidas ganas de hablar con alguien.

-. Tuve que viajar – mintió con todo descaro

Ya qué más daba lo que dijera. Nada de esto era importante ahora

-. ¿Viajar dónde? ¿Por qué? ¿Dónde estás?

Carlitos sintió agrado al escuchar la preocupación en la voz de Bruno… respondió sin pensar mucho en lo que hacía. Las palabras simplemente comenzaron a brotar…

-. Mi mamá está enferma – dijo aguantándose la quemazón en la garganta – y yo debo velar por ella

-. No… que mal, mi hada. ¿Qué tiene tu mamá? ¿Volviste a la ciudad?

El sentimiento y la ternura en la voz de Bruno hicieron que su garganta doliera y los ojos se le aguaran. Tuvo que tomarse unos segundos antes de poder hablar

-. Mi mamá tiene una enfermedad complicada… ella sufre de depresión desde hace años.

-. Carline, lo lamento. ¿Cómo puedo ayudarte?

El llanto escapaba impidiéndole continuar. No era real… el cariño de Bruno no era real pero igual escucharlo le provocaba sentimientos muy fuertes. Estaba emocionalmente quebrado y sintiéndose débil e indefenso… sobrepasado por las responsabilidades que se le venían encima y la preocupación de Bruno por el… por ella… amenazaba con deshacer las últimas gotas de entereza que le quedaban. Bruno esperaba impaciente al otro lado de la línea. El sonido de su respiración denotaba la tristeza que le causaba escuchar el llanto de Carline.

-. No llores, por favor. Dime qué puedo hacer para ayudarte. ¿Quieres que viaje esta misma noche?

-. No… es mejor que no. ella tiene que volver al médico y seguir un tratamiento. Tengo que acompañarla

-. Entiendo. ¿Está muy delicada tu mamá?

-. Si. Esta enfermedad es difícil y ella tiene pocas ganas de curarse. No pone mucho de su parte – no sabía que estaba haciendo al confesar verdades entre medio de mentiras… solo necesitaba desahogarse y Bruno hacía fácil que las palabras brotaran

-. Mi hada, yo sé que la depresión es difícil, pero de seguro tu mamá va a mejorar. Haz lo que tengas que hacer y cuenta conmigo para lo que me necesites

No!! Leila era la única persona que en verdad se preocupaba de ellos. Lo de Bruno era un engaño… no tenía que tomarse en serio ninguna de sus palabras. Carlos dejó que las últimas lágrimas corrieran libres y los sollozos se calmaran.

-. Bruno. No sé cuando voy a volver… – dijo Carline cambiando la entonación en la voz. Al otro lado de la línea hubo una reacción inmediata

-. No importa cuánto demores. Las clases terminan pronto y podré viajar para estar juntos y acompañarte – Bruno sonaba nervioso

-. Es que yo no sé si…

-. Carline – interrumpió Bruno de prisa – quiero estar contigo. Somos novios, recuerdas?

La mención de ser novios hizo sonreír a Carlos a través de la nube borrosa de las lágrimas

-. No somos novios sino “amigos especiales” – corrigió Carlitos con acento risueño

-. Es lo mismo, mi hada mágica. Soy tu amigo especial y deseo tanto estar contigo ahora y abrazarte hasta que te duermas

La mención de un abrazo y compañía hasta dormirse hizo que Carlitos automáticamente deseara todo aquello… tenía que ser hermoso dormirse alguna vez siendo abrazado y protegido, acurrucarse pegado al cuerpo de alguien…

 -. ¿Estás con tus hermanas y tu papá?

La pregunta fue como si la cruda realidad de su soledad lo golpeara fuerte en la mejilla

-. Mi papá ya no está – respondió Carline sin importarle destruir la imagen de familia ideal que había creado para Bruno

-. Pero.. ¿Cómo? ¿Tu papá está de viaje?

-. No. Él no pudo soportar lo de mi mamá y se fue

-.¿No pudo soportar la enfermedad de tu mamá? – Bruno preguntaba impactado y enrabiado

-. Si… algo así

-. Pero Carline… esto es terrible. Voy a viajar esta misma noche. No puedes estar tu sola…

-. NO!! No estoy sola. Mis hermanas están conmigo

-. ¿Estás tú a cargo de tus hermanas y mamá?

-. Si… creo que a partir de ahora yo estoy a cargo

-. Dios Carline!! Necesito verte y abrazarte. Cómo quisiera estar contigo para apoyarte

“No es real… no es real” se repetía casi gritándolo en su interior

-. Bruno, tengo que cortar ahora

-. Carline, por favor responde mis llamadas. Quiero saber que estas bien. Tú me importas mucho y más ahora que te ha pasado todo esto

-. Está bien

-. ¿Lo prometes?

-. Yo… voy a hacer todo lo posible pero voy a estar muy ocupada

-. Si, entiendo. El médico, tu mamá y hermanas, tu trabajo… es mucho para una chica tan joven – Bruno estaba genuinamente preocupado y a Carlitos comenzaba a afectarlo escucharlo.. tenía miedo de creerlo y desear su apoyo.

-. Hablamos mañana – dijo algo cortante

-. Cuídate mucho y piensa en mí aunque sea un poquito. Yo te pienso día y noche. Buenas noches mi hermosa hada mágica. Espero que tu mamá esté mejor mañana.

-. Ojalá sea así. Buenas noches

Carlitos cortó de inmediato sin dar la oportunidad a Bruno de decir nada más. La conversación se había vuelto peligrosa y él estaba siendo muy débil al confesar, entre mentiras y rodeos, una buena parte de la verdad de su vida. Sentir el apoyo de Bruno y la ternura y preocupación en su voz era muy reconfortante pero lo volvía inestable.

-. No es real… no es real!!!! – gritó Carlitos finalmente, golpeándose la frente con el celular.

 

Las llamadas de Bruno fueron disminuyendo durante los días siguientes y la preocupación de verlo aparecer en casa de Leila desapareció, puesto que él sabía que ella estaba de vuelta en la ciudad. Con el único propósito de evitar sorpresas Carlitos decidió que Carline hablaría con Bruno cada noche antes de dormirse, pero no volvería a ser débil. Así es que Carline asumió el papel de hablar con Bruno todas las noches, cuando ya se encontraba protegido en su cama y eso tranquilizaba a Bruno e indirectamente, lo calmaba a él.  Se perdían por largos minutos en sus conversaciones y pasaban de un tema a otro con increíble facilidad; Bruno hablaba del colegio y de su familia, confesaba cosas que a Carlitos le resultaban difíciles de creer como su aversión a las papas fritas o el terror que le producían las salas de cine oscuras y encerradas y reían de tonteras antes de pasar a la parte seria que era la enfermedad de su madre y su responsabilidad  Carlitos volvía a mezclar parte de la realidad con la ficción pero cada noche, antes de la llamada, él se preparaba pensando lo que iba a contarle y no volvió a flaquear en sus respuestas ni a mostrar debilidad. Seguía sorprendido por la preocupación de Bruno hacía Carline y lo fácil que era hablar con él durante mucho rato. ¿Sería que finalmente había cambiado? Bruno le contaba cosas para “distraerla” de sus preocupaciones y Carlitos podía escucharlo,  relajarse e incluso, sonreír. Lo único que tenía que recordar era usar la voz de Carline pero todo el resto eran conversaciones “autenticas”

La semana terminó en medio de mucho trabajo para Carlitos, horas extras incluidas, atenciones para su mamá y cariño especial de Leila que seguía insistiendo en que debían mudarse con ella. La respuesta definitiva había sido un “no” de parte de Carlitos y su madre. La decisión final era poner la casa en venta y buscar un lugar pequeño para vivir. Leila no estaba contenta pero les daría su apoyo en lo que fuera. Decidieron que el lunes siguiente harían todos los trámites para iniciar la venta y pedir hora con el médico que debía tratar a su mamá. Lo esperaba una semana compleja. Además, el lunes tenía que volver a clases. El consuelo de Carlitos ahora era que faltaban solo pocas semanas para graduarse. Quería salir luego de la escuela y no volver a ver ni saber nada más de ninguno de sus compañeros ni profesores ni nadie de esa etapa de su vida.

Finalmente llegó el lunes en que tenía que volver a clases. Temprano, dejó su casa con desgano. Volver a la escuela para las tres semanas que aún faltaban  parecía insoportable. Carlos se ubicó en el puesto de siempre, invisible al fondo de la sala de clases. No quería estar nervioso y ansioso pero la verdad era que sus ojos estaban pendientes del momento en que Bruno entrara a la sala.  Una parte de él deseaba verlo y comprobar si había cambiado y podía notar algo en él que fuera diferente, pero la otra gran parte de su persona estaba seguro de que Bruno seguía siendo el mismo idiota de siempre y que solo cambiaba con Carline porque estaba encaprichado con ella.  Lo vio aparecer y su respiración se detuvo. Bruno ingresó a la sala detrás de su grupo de amigos unos minutos antes que llegara el profesor. Su pelo rubio y su porte atlético lo hacían resaltar. Los amigos venían riendo y molestándose. Bruno entró con ellos, pero no participaba de la conversación ni las bromas. Carlitos agachó la cabeza y se cubrió el rostro con su pelo largo. A través de la cortina de pelo siguió los pasos de Bruno que se deslizó callado hasta su asiento sin hablar ni mirar a nadie. Carlitos tuvo la oportunidad de mirarlo a gusto y recordar todo lo que hablaban por teléfono cada noche. Cuando el profesor comenzó la clase, Carlitos sonreía tontamente.

La tranquilidad terminó bruscamente al iniciar el receso, luego de que el profesor dejó la sala

-. Pero miren quien ha vuelto a clases!

Jeffrey se detuvo delante de Carlitos acompañado de Teo y otros chicos. Su actitud amenazante y violenta.

-. El chico marica y manos largas! – gritó otro señalándolo

-. Así es que te gusta tocar – afirmó otro más ubicándose detrás de él

Carlitos se enderezó en la silla, tensionando su cuerpo y buscando con la vista un espacio para escapar, listo para salir corriendo. Podía sentir el peligro alrededor suyo. Con tantas cosas dando vuelta en su cabeza, había olvidado el estúpido episodio aquel en que pasó a tocar a Bruno. ¿Como había sido tan torpe??!!

-. No nos habías dicho que te gustaba el manoseo – dijo Teo, golpeando fuertemente su pupitre y haciéndolo saltar. Todos estaban acercándose demasiado. El resto de los alumnos miraban expectantes lo que estaba sucediendo y algunos abandonaban la sala, asustados, sin mirar atrás, presintiendo que era mejor no ver ni escuchar nada de lo que iba a pasar.

-. Hey, Bruno! Ya viste quien regresó a clases? – gritó Jeffrey.

En ese momento Bruno levantó la vista y les dirigió una mirada intrigada que rápidamente se transformó en despreciativa al detectar a Carlitos. Se levantó lentamente, con la vista fija en él y se unió a su grupo de amigos, rodeando a Carlitos que seguía sentado, acorralado por seis chicos grandotes y musculosos y varios observadores.

-. No pensé que tendrías bolas suficientes para atreverte a volver, maldito manilargo.

Bruno se abrió paso y se agachó hasta que su rostro estuvo frente al de Carlitos. Venía con toda la intención de ser agresivo con él y posiblemente golpearlo… sin embargo, cuando tuvo a Carlitos enfrente y muy cerca, lo miró a los ojos y algo en Bruno pareció trastabillar, sus cejas se alzaron como si dudara… como si se hubiera confundido… se quedó con la boca abierta, lista y con el impulso de agredirlo verbalmente pero ni una palabra salió de sus labios… solo lo miraba estupefacto

Mierda! Carlitos sintió el peligro hasta la médula de sus huesos…  Agachó la vista y trató de levantarse para huir, pero un fuerte golpe en sus hombros lo mandó de vuelta a su asiento. Las manos de alguno de ellos permanecieron sosteniédolo fuerte en su lugar, alguien le quitó el gorro y su pelo largo cayó por la espalda pero muy pronto alguien tiraba de el.  Podía sentir la respiración de ellos encima…  Todos esperaban ver que iba a hacer Bruno que seguía mirándolo con la cabeza ladeada y los ojos muy abiertos. El rubio sacudió la cabeza para despejársela y pestañeó repetidas veces antes de hablar

-. Debiste contarnos años atrás que te gusta manosear – dijo Bruno sonriendo con ferocidad – te habríamos dado en el gusto mucho antes

Carlitos sintió que caía en un agujero oscuro… no.. no se les podía ocurrir hacerle algo malo en la sala de clases.. no… nooo. Bruno no sería capaz…

-. NOOOO – el grito escapó incontrolado de su garganta. Estaba aterrado

-. Lárguense de aquí – gritó Jeffrey al resto de los estudiantes que observaban. Los alumnos se pusieron de pie de mala gana y dejaron la sala, cerrando la puerta.  Carlitos había comenzado a temblar

-. Veamos si te gusta esto – dijo Teo tirando de Carlitos para levantarlo y comenzar a tironear su ropa. Los otros reían y trataban de alcanzarlo con sus manos para ayudar a desvestirlo y tocarlo.

-. No. Bruno, por favor no!! – Carlitos gritó con toda su alma y dirigió una mirada suplicante al rubio… no se dio cuenta si su voz había sido la propia o la de ella… solo se dio cuenta que Bruno se quedó congelado mirándolo.

-. Por favor!!… NO!! – volvió a gritar Carlitos sintiendo que era un muñeco de trapo en manos de ellos… daban tirones a su ropa que se rompía sobre el torso y  desaparecía. Era espeluznante sentir manos extrañas tocando. apretando y arañando la piel de su pecho y espalda…

-. ¿Te gusta, princeso? ¿Te gusta mucho?

Todos habían perdido la cabeza y lo manoseaban gritando como dementes. Uno de ellos se ensañaba con sus tetillas y las pellizcaba con saña causándole profundo dolor. Se sintió levantado en el aire y que alguien intentaba quitarle los pantalones a fuerza de golpes. No! no.. por el amor de Dios, nooo!!! Carlitos gritó y pataleó repartiendo patadas y perdiendo completamente el control… parecía loco como se retorcía y lanzaba golpes, patadas y manotazos mientras escuchaba risas y palabras obscenas.

-. ¿Con estas manos te gusta tocar?!! – no supo quién de ellos le había atrapado una de sus manos y le retorcía los dedos hasta lo imposible. El dolor  fue agudo e insoportable.

 

 

 

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Autoras. Con muchas historias por contar.

8 Responses to Capítulo 18

  1. Santiberry says:

    Capítulo 18 leído, pero no me gustan los matones en clase. En mi salón éramos 4 gays fuera del armario y nos impusimos, quien nos insultara o intentara algo en contra quedaba aviado. Recuerdo aquella ves en que a un niño de 1° le bullynguearon entre seis, pero uno de ellos le bajó el pantalón, los cuatro de mi salón fuimos a por ese, y yo me encargué de hacerle una cruz con un cúter en la punta del pene. Sangrando fue a casa. Ni se atrevió a denunciar porque le dije, “una palabra y a la próxima te quedas sin polla”.

    • Átame novelas says:

      OMFG.. esa si es una buena historia… lo de ustedes 4 uniéndose para protegerse!! es genial!! me encantaría saber más, mucho más. despertaste mi curiosidad y tengo mil preguntas que hacerte. Tienes FB? messenger? wsp?
      Los matones siempre van a existir y son desagradables; para mi lo interesante es la motivación de algunos de ellos para agredir o abusar de otros. Gracias!! Un abrazo. Nani.

  2. Rocio says:

    Me encanto pero pobre de Carlos
    Yo esperaré con ansias el sufrimiento de Bruno

    • Átame novelas says:

      Hola Rocío. Carlitos verdaderamente produce pena por todas las cosas malas que le pasan… pero no siempre será así.. creo.. supongo… jajajajaa. Yo supongo que en algún momento reaccionará.
      Gracias!! Saludos. Nani.

  3. Santiberry says:

    Desde el escándalo de Cambridge Analytica me he dado de baja de las redes sociales, pero con mucho gusto respondo por email que tienes aquí en WordPress y es este: santiagosalaberry@outlook.com

  4. Santiberry says:

    Te preparo algo sobre las motivaciones, pues muchas veces me he parado a pensar en ello y a preguntarles a ellos.

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