Capítulo 20

 

CAPITULO 20

 

Sentía un doloroso placer vengativo cada vez que su teléfono sonaba y leía el nombre de “Bruno” en la pantalla. Podía imaginarlo en el dormitorio de su lujosa casa, rodeado de todas esas cosas costosas que tenía pero a las que, sin embargo, no prestaba atención porque estaba preocupado de que Carline no le respondiera el teléfono.  Había llamado sin cesar cada noche, mañana, mediodía, tarde… Podía seguir llamando todo lo que quisiera. Carline nunca más iba a responder. No podía hacerlo. Se daba por vencido. Los dejaba ganar y salirse con la suya. Leila y el inspector Jara le habían asegurado que se estaba siguiendo un proceso legal para que los culpables de golpearlo sufrieran un castigo, que tal vez no sería muy importante pero tendrían una mancha en su hoja de vida y un antecedente de violencia. Tendría que conformarse con eso porque ahora no era capaz de nada más. Lo mejor que podía hacer ahora era olvidarse de él… de todos ellos.  Estaba molido, derrotado, hundido, enterrado en el fondo del hoyo más oscuro y profundo de la tierra. Nada lograba sacarlo del estado de apatía, humillación y autocompasión en el que se encontraba. Habían pasado cuatro días desde que saliera del hospital y se refugiara en su dormitorio. No hacía más que mirar televisión, dormir y pensar. Más que nada, pensar… en lo torpe que había sido, en la vida soñada que se le había escapado de las manos, en el dolor que le producía el recuerdo de Bruno, y los idiotas de sus amigos… en la triste vida que le esperaba. a ratos sentía temor… ¿Iría a ser como su madre y caer en una profunda depresión él también?  Rayos… quizás era hereditario. No quería levantarse, bañarse ni comer. No tenía que volver al a escuela nunca más y la licencia médica le permitía no trabajar pero mantener su salario, aunque fuera el mínimo. Sabía que tenía mil cosas por hacer: vender la casa, buscar un lugar pequeño y económico donde vivir con su madre, buscar trabajo de tiempo completo, empacar… Y ahí estaba, enrollado en la cama sin nada que motivara sus ganas de moverse. El teléfono volvió a sonar. Carlitos lo levantó con su mano sana y leyó la pantalla. Bruno nuevamente.

-.Ya muérete, idiota! – murmuró entre dientes, dejando escapar el odio que sentía.

Abrió el cajón de la mesa de noche y con un gesto de rabia, arrojó el celular, dentro cerrándolo de golpe.  Se giró hacia el lado contrario y cerró los ojos para volver a dormirse.

 

-. Ya esta bueno! – Leila entró a su dormitorio, arrugó la nariz ante la falta de aire limpio y sin dudarlo, se dirigió a la ventana y la abrió – te levantas, te duchas y vas a comer conmigo ahora mismo

Carlitos arrugó los ojos ante la fuerza del sol irrumpiendo en su oscuridad y el parloteo de su amiga

-. No quiero

-. No pregunté si querías. Tenemos cosas que hacer y no pueden esperar, así es que te vas moviendo ya mismo – Leila tiró de las sábanas

-. Pero no quiero!

-. Lo sé, cariño – ella tomó asiento en la cama y sostuvo su mano – pero no podemos esperar más tiempo.

Carlitos suspiró cansado… era horrible tener que volver al mundo real. Suspiró derrotado, asintió moviendo la cabeza y aceptando la caricia de Leila en su pelo. Entendía que ella lo hacía por su bien y el de su madre. Leila lo obligaba a enfrentar la realidad que deseaba evadir.

-. ¿Vamos a vender la casa? – preguntó aunque sabía la respuesta

-. No, cariño. Así como estas no vamos a vender nada. Solo vamos a cambiar tus cosas y las de tu madre a la casa del lado.

-. Leila.. no podemos..

-. Sshhh.. no digas nada. Será por un tiempo hasta que te repongas.

La actitud maternal de Leila lo desarmaba. Su fragilidad era extrema. Se abrazó a ella aceptando y permitiéndole decidir por ahora.

-. No nos quedaremos mucho tiempo

-. Siempre son bienvenidos. Ustedes son mi familia.

No quería llorar ni volver a quebrarse… Cualquier gesto de compasión rompería sus nulas defensas y lo convertiría en masa lloroso gelatinosa

-. Voy a ducharme – anunció escapando hacia el baño.

 

Su madre era como una niña pequeña asustada. Cambiarse a casa de Leila le pareció mejor idea que aventurarse en un lugar nuevo. La semana se les pasó entre los trámites de poner la casa en arriendo, limpiar y acomodar sus cosas. Fijaron como plazo dos semanas para cambiarse. Carlitos funcionaba a media máquina, no solo por sus dedos en recuperación sino que no lograba recuperar su ánimo. Nada de lo que se avecinaba lo entusiasmaba… más bien todo era triste y deprimente.

El teléfono no dejaba de sonar. Bruno no se cansaba nunca de llamar. Carlitos deseaba apagar el aparato para no ver su nombre en la pantalla pero no podía hacerlo ya que ese era el teléfono al cual llamaría la corredora de propiedades por lo del arriendo.  de mala gana miraba la pantalla cada vez que sonaba y cortaba la llamada de inmediato cuando leía el nombre de Bruno.

De a poco la casa iba tomando aspecto desolado lo que contribuía a que su madre y él parecieran fantasmas silenciosos. Solo Leila traía vida y sonidos.

-. Carlitos… no quería hablarte del tema pero tengo que hacerlo – dijo ella una tarde. Nada más escucharla y mirarla, Carlitos supo de que se trataba. Esperó a que ella continuara, mirándola fijamente, con el entrecejo contraído

-. Ese chico… ya sabes quien… ha vuelto a ir a mi casa varias veces. No sé qué historia le contaste pero él quiere saber cómo encontrarla en la ciudad, él cree que Carline necesita ayuda.  Le he dicho hasta el cansancio que no sé nada de ella pero vuelve a venir e insiste

Carlitos escuchó con la cabeza baja mirando su mano con los dedos inmovilizados… arrepentido hasta la última fibra de su ser de cada palabra que había hablado con Bruno, de los secretos y verdades que le había confiado

-. Tenemos que hacer algo para calmarlo – dijo Leila preocupadísima

-. No me importa  – habló Carlitos por fin ,encogiéndose de hombros – ya se va a cansar

-. No me estas entendiendo, cariño – Leila le acarició el brazo y ese pequeño gesto puso en alerta a Carlitos. El cariño era para prepararlo antes de decirle más

-. El chico… Bruno dijo que si no le digo donde encontrarte va a mover todos sus medios para ubicarte; habló de ir a la policía, de contratar detectives, recorrer las agencias en la ciudad… – la voz de Leila se fue apagando al ver la cara de asombro de Carlitos

Así es que Bruno en verdad estaba como loco. Qué risa!… si hubiera podido hacerlo se habría reído hasta llorar. Se le había perdido el hada al energúmeno y estaba sufriendo… ojalá sintiera una mínima parte del dolor que él sentía.. ojalá se retorciera de angustia… es más, ojalá se muriera!

-. No la va a encontrar nunca así es que ¿qué importa? – Carlitos miró a Leila con un dejo de desafío en los ojos. Ella le respondió con una mirada de súplica que Carlitos no entendió

-. ¿Qué? ¿Qué pasa? – quiso saber

Leila dudó unos instantes, luego tomó aire y habló

-. El concurso. Dijo que buscaría los datos sobre Carline con los organizadores del concurso

-. ¿Y?

-. Los datos que di sobre Carline obviamente son falsos – aclaró Leila

-. ¿Entonces? – tal vez estaba muy lento de cabeza porque no entendía cual era el problema

-. Es salón está funcionando mejor que nunca. Contraté a dos estilistas para poder atender a todos las clientas. Nunca antes tuve todas las horas tomadas. Me está yendo muy bien – Leila se retorcía las manos y Carlitos comenzaba a entender

-. Esto es gracias al concurso. Cualquier problema que Bruno pueda ocasionar podría, eventualmente significar que…

-. Perderías lo ganado – Carlitos terminó la frase por ella.

-. Si. No solo perdería mis nuevos clientes sino que me podrían quitar el título y hasta iniciar una demanda…

Rayos!!!

Mil rayos y maldiciones!!!

Carlitos, en una reacción instintiva, fulminó a Leila con la mirada dándole a entender que ella se había buscado todo este lío al convencerlo de hacerse pasar por Carline. Duró solo un instante porque al segundo siguiente, Carlitos recordó lo que Leila significaba en su vida y su actitud cambió

-. ¿Y qué quieres que haga, entonces? – preguntó mansamente comprendiendo en cabalidad el problema y sabiendo la respuesta a su propia pregunta

-. Hay que hablar con él y calmarlo. Dile lo que sea que lo deje tranquilo y no vuelva a molestar. Por favor – rogó Leila

El rostro de Carlitos reflejó al instante la repulsión que le producía pensar en hablar con Bruno y más encima, tener que apaciguarlo.

-. Cariño, sé que te estoy pidiendo mucho, yo sé cuanto odias a ese chico… es un monstruo. Pero puede causarnos problemas graves y no necesitamos ni un lío más en nuestras vidas. Perdóname por pedírtelo…

No iba a llorar… no señor. No lloraría más por ningún idiota que se atravesara en su camino. Ya era hora de que comenzara a actuar como adulto. Su vida de estudiante adolescente había terminado. Sí podía hacerlo. Claro que si.   Tomaría la personalidad de Carline por última vez y, a través del teléfono, se despediría de él para siempre.

 

 

 

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Autoras. Con muchas historias por contar.

2 Responses to Capítulo 20

  1. Rocio says:

    Te cuento que yo me apellido Jara.
    Rocío Jara, 😀 me emocione cuando pusiste a el inspectorJara :D.

    • Átame novelas says:

      OMG!! Seguro que es pariente tuyo!!! no es tu primo? o tío? o algo?? es buena persona así es que está bien tenerlo de pariente. jajajajaaa Sabremos más de él.
      Gracias!! saludos. Nani.

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