Capítulo 24

 

Capítulo 24.

Los días siguientes pasaron con demasiada velocidad para Carlitos. No se imaginaba lo complicado y agotador que significaba una sesión de fotos en el estudio de Joao

-. Solo estás comenzando – dijo Joao al ver el rostro impaciente de Carlitos – Son muchas horas de espera y ensayo para lograr una foto espectacular. Necesitamos un escenario apropiado con buena luz y muchos detalles que importan.

Era cansador pero a Carlitos le sobraba ánimo y estaba dispuesto a soportar lo que fuera con tal de que el fotógrafo quedara satisfecho con el resultado. Joao y su ayudante se tomaban mucho tiempo en preparar una escena. Luego venía su parte; se ubicaba en el  elaborado escenario, con el maquillaje y vestuario perfecto y cada uno de sus movimientos y detalles eran capturados siguiendo las indicaciones de Joao sobre su postura y expresión. No se daba cuenta cómo pasaban las horas y él se olvidaba del mundo exterior hasta que anochecía y volvía en silencio a su casa. Ante el nuevo escenario que vivía, su casa había vuelto a ser la de antes; las cajas fueron desembaladas y la mudanza era un recuerdo. Joao le había dicho que pronto podría contar con dinero y eso era un gran alivio. Al terminar de comer Carlitos sentía un nudo en el estómago que nada tenía que ver con lo que había ingerido sino que era la hora en que volvía a llamar a Bruno. Se encerraba en el dormitorio y pensaba bien en lo que iba a decirle. A veces resultaba muy fácil pues Bruno estaba dichoso de hablar con “ella” y contarle sobre sus día y sus cosas con el fin de distraerla lo que dejaba poco espacio para hablar de sí mismo; otras veces, Bruno deseaba saber sobre ella y Carlitos echaba a rodar su imaginación, pero sin duda, los momentos más difíciles de cada llamada eran cuando Bruno comenzaba a ponerse romántico y a decirle frases que no deseaba escuchar: antes de que sucediera el último encuentro abusivo en la escuela, Carlitos no tenía problema y hasta habían llegado a agradarle las frases romanticonas y dulces de Bruno. Quizás porque se había encandilado de tal manera que esperaba un milagro o soñaba con que lo imposible pudiera volverse realidad.  Sin embargo, el recuerdo de Bruno actuando en su contra, con sus amigos, lo había forzado a abrir los ojos a la cruda realidad: Bruno era homofóbico y solo sentía desprecio hacia las personas como él. Jamás lo aceptaría… desprecio… solo desprecio.  Así es que las frases románticas que le dirigía a Carline le sonaban falsas y huecas. No había una gota de verdad cuando le decía que la extrañaba o deseaba estar con ella, cuando le decía que ella era magia en su vida y le repetía que estaba tan encantado de haberla encontrado porque la había buscado desde siempre.  Carlitos cambiaba de tema rápidamente haciendo un esfuerzo para no perder el control y gritarle unas cuantas verdades.

 

De pronto, ya era el día anterior al encuentro y sostenían una última conversación nocturna antes de verse.

-. No sé si puedo aguantar las horas que faltan para verte  – decía Bruno meloso

Carlitos respiraba profundamente y expresaba las frases estudiadas

-. Falta muy poco. Yo también quiero verte

-. Ya quiero que sea mañana – Bruno alargaba la conversación lo más posible para seguir con ella

-. Te llamaré en cuanto pueda

-. Si, llámame en cuanto pongas un pie en el pueblo. No sé porque no quieres que te vaya a esperar a la estación.

-. Ya te lo dije. No viajo sola y nadie de mi trabajo debe saber sobre nosotros

-. Soy tu novio

-. Eres mi amigo especial

-. Es lo mismo…- reía Bruno con la total certeza de quien se siente verdaderamente novio de ella.

-. Ya debo colgar

-. Oohh… Voy a soñar contigo y a prepararme para mañana

Una nueva respiración profunda

-. Y yo contigo – respondió intentando sonar persuasivo

Luego de otras cuantas frases algo cursis y dulzonas, Bruno finalmente colgó, ciegamente esperanzado en que se verían en pocas horas más.  Carlitos miró el teléfono con una mueca de disgusto

-. No vas a estar tan contento de verme luego de la fiesta.                                                                                                                     

-. Tu participación en el concurso es muy conveniente, Carline – dijo Joao.   El fotógrafo había tomado la costumbre de llamarlo por el nombre que correspondiera, de acuerdo a la apariencia del momento: si vestía de Carline entonces la trataba de “ella” y la llamaba por ese nombre; cuando Carlitos era él mimo, Joao lo trataba como hombre y usaba su verdadero nombre.

-. Es lo mismo que le dije yo – replicó Leila que aún no perdía las esperanzas de participar en la final de concurso y se ilusionaba pensando en ganarlo – Deberíamos participar.

-. ¿Usted cree? – preguntó Carlitos sorprendido – Yo pensé que ahora…

-. Ahora más que nunca es conveniente. Si llegas a estar entre las finalistas será excelente publicidad para ti. Tu foto en muchos periódicos y revistas. Tendrás algo interesante que agregar a tu portafolio – dijo Joao

-. Tenemos que comenzar ahora mismo a prepararnos!! – dijo Leila  entusiasmada.

-. Está bien. Será lo que ustedes digan – aceptó Carlitos mansamente.

Joao no pudo evitar el estremecimiento que erizó su piel. La docilidad del chico, la forma en que bajaba los ojos y se sometía, era exquisita. Se conformaba con admirarlo. No era para él.

-. Tengo una idea! Viajaré con ustedes al concurso – anunció Joao – será una buena oportunidad para tomar fotos de Carline

Leila estaba encantada y Carlitos comenzaba a entusiasmarse ahora que Joao se unía a ellos. La final del concurso era unos días antes de la fiesta de graduación. Tenía tiempo para hacer ambas cosas antes de marcharse del pueblo.

 

 

Habían quedado de encontrarse a las 6 de la tarde en una plazoleta que quedaba cerca del estudio de fotografía. Carline se fue caminando desde el estudio. Joao y Leila se asombraron e intentaron preguntar cuando se dieron cuenta pero Carlitos respondió que Carline tenía un asunto que atender. Leila entendió de inmediato y le dedicó una furibunda mirada de reproche y Joao una interrogativa, pero Carline tomo el bolso que hacía juego con sus zapatos de taco alto y se despidió.  Eran casi las 6 cuando dejó el estudio. Debería apurarse… pero no iba a hacerlo. En primer lugar no le importaba que Bruno tuviera que esperar por ella y en segundo lugar, los tacos altos no le permitían caminar de prisa… le gustaba usarlos. Se sentía un poco más poderosa enfundada en zapatos hermosos y de taco, le conferían mayor altura y se volvía aun mas esbelta.  Se detuvo a admirarse frente a una vitrina. Le gusto la imagen que vio reflejada. Sonrió satisfecho y se echó el pelo hacia atrás.  Continuó avanzando sintiendo que algunas personas la seguían con la mirada, hombres principalmente. No se sintió intimidado como le habría sucedido tiempo atrás. Quizás era porque iba vestido de Carline o tal vez,  porque Joao le había explicado que tendría que acostumbrarse y aprender a manejarlo; cuando su rostro fuera conocido la gente la reconocería y sería difícil pasar desapercibido.  Ay Dios!! Cuando su rostro fuera conocido… ¿alguna vez sería verdad eso?. La plazoleta estaba a solo unos pasos. Carlitos se detuvo unos metros antes para mirar entre la gente. Intencionalmente había estado evitando pensar en el encuentro con Bruno pero ahora que ya faltaban segundos no podía seguir posponiéndolo. De pronto, el señor que iba delante de él se movió hacia un lado y Carlitos tuvo una vista completa de la plazoleta… y de Bruno.

Se veía magnífico.

Se había vestido con estudiada sencillez, jeans, un sweater crudo, gafas oscuras y pelo rubio despeinado al viento.

Carlitos fijó su mirada en él y retuvo un gemido en el que se mezclaban miedo, odio y admiración.  El arrepentimiento le llegó de golpe. El deseo de dar media vuelta y correr se apoderó de él por completo. Correr… correr muy rápido. Pero la mirada que había fijado en Bruno era tan intensa que hizo que él la sintiera y se diera vuelta. Carlitos pudo ver como el pecho de Bruno se ensanchaba en un suspiro de satisfacción, alivio y alegría y en sus labios se formaba el nombre de Carline

Demasiado tarde.

Esperó congelado mirando como Bruno se acercaba. En un momento casi estalla en un grito histérico al recordar las manos que dañaban su cuerpo en la escuela, las de Bruno incluidas… sin embargo, la sonrisa confiada y hermosa de Bruno, quitándose las gafas para poder verla directamente, tuvo el efecto de actuar como un tranquilizante para Carlitos. Pensó tontamente en que Bruno se veía tan feliz…

-. Carline – susurró dulcemente envolviéndolo en un abrazo estrecho e íntimo, empapándose de su aroma y cercanía. Carlitos se sintió absorbido por el cuerpo grande y sólido de Bruno y por las emociones que emanaban de su gesto, como si una ola intensa de sensaciones lo hubiera golpeado, aturdiéndolo. Ni siquiera fue capaz de responder al saludo, mucho menos al abrazo. Luego de unos segundos, Bruno retrocedió para mirarla

-. Estoy tan feliz de verte. ¿Cómo estás? – preguntó al tiempo que resbalaba su mano por el brazo de Carline. Fue al llegar al final que notó la venda en los dedos de Carline

-. ¿Qué te pasó? ¿Estás herida?

Si antes se había quedado mudo por la efusividad de Bruno al saludarlo, ahora que le levantaba la mano con cariño y besaba sus dedos, Carlitos se sentía como un volcán lleno de presión a punto de hacer erupción… ¿Cómo se atrevía a preguntar por su mano? Maldito!! Sentía lástima por lo que él y sus amigos le habían hecho. Pero que se creía??? Rayos!! No podía contenerse… iba a echar todo a perder porque lo iba a mandar a la mierda… ¿Cómo?  Maldito..

-. Carline? – la voz tierna y preocupada de Bruno

La presión en Carlitos cedió en forma de lágrimas cayendo desbocadas de sus ojos. No había dicho una palabra pero Bruno se engañaba confundiendo lo que le sucedía, nuevamente creyendo solo lo que él deseaba ver.

-. No llores. Ya todo está bien. Tu mamá está mejorando y ya estamos juntos

Las lágrimas si eran una solución después de todo. Sentía la presión ceder y retomaba un poco del control de su persona

-. Lo siento. No pude contenerme. Ha sido muy difícil – dijo Carline permitiendo que Bruno volviera a abrazarla protectoramente y dejándolo creer lo que quisiera.

-. Te extrañé tanto – besos dulces como aleteos de mariposa en su mejilla. Besos que lo alteraban y suavizaban al mismo tiempo aunque intentaba evitarlo – tranquila, no llores. Dime que te pasó en la mano

Carlitos pudo calmarse luego del llanto.

-. Fue un accidente – explicó – unos chicos pasaron a empujarme y me caí fracturándome dos dedos – inventó Carlitos rápidamente

-. Pero que imbéciles!! ¿Cómo no darse cuenta? ¿Te duele mucho?

-. Fue un accidente – dijo Carline con frialdad. No quería seguir hablando de eso porque tenia miedo de explotar.

-. Pero mira como te dejaron!! Pobre mi hada mágica. Voy a compensarte por el dolor que te causaron esos idiotas… si tan solo hubiera estado allí para ti – Bruno sostenía su mano dañada con cuidado. Carlitos estaba abrumado por lo irreal de lo que sucedía. Miro a Bruno fijamente, casi de forma agresiva

-. ¿Qué hubieras hecho si hubieras estado allí? – tenía que preguntar… tenía que saber

-. Te habría protegido. No habría dejado que nadie te hiciera daño. Los hubiera golpeado y obligado a pedirte perdón

(Idiota!!! Eso era lo que yo te pedí a gritos!!!… te lo pedí y tú nunca me escuchaste!!! Yo te lo grité…)

-. Ya no llores, por favor.

Le costaba trabajo contener las lágrimas y las ganas de gritarle.

-. ¿Cuánto tiempo vas a quedarte?

Carline respondió luego de limpiarse las lágrimas y respirar varias veces hasta calmarse

-. Cinco días.

-. AAhhh Cinco días para estar juntos. Ahora si te presentaré a mis amigos y saldremos a cenar y te llevaré a bailar y..

-. Calma, calma. Tengo que trabajar también – estúpidamente, el entusiasmo de Bruno lo había hecho sonreír

-. Voy a robarte – Bruno cruzó los brazos por su cintura y le busco la boca en un inesperado beso de saludo, lleno de ternura – Voy a llevarte donde nadie pueda encontrarte  y guardarte solo para mi ¿qué te parece?

Carlitos se repuso del impacto del beso y elevó la comisura de los labios en una falsa sonrisa, batió las pestañas con estudiada coquetería

-. No puedes secuestrarme. Recuerda que tenemos que ir a tu fiesta de graduación.

 

 

 

 

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