Capítulo Treinta y siete

Permanecieron en ese abrazo tan íntimo y necesario, por largos minutos

-. Discúlpame… yo… estoy bien –dijo Fernando pasando su mano para secar sus ojos oscuros, enrojecidos.

-. ¿Quieres contarme que pasó… por favor? – suplico Rai, con la mayor suavidad posible

Fernando asintió lentamente… como si le costara pensar y hablar del tema.

-. Cardones y Martínez compraron licor aun sabiendo que yo lo había prohibido. Los tres hombres se emborracharon y emitieron amenazas estando el comandante presente. Van a ser dados de baja… tres hombres de mi unidad

-. ¿Te preocupa lo que pase con ellos?

-. No – Fernando se volvió hacia los restos de brazas – Son escoria. No merecen llevar el uniforme

-. ¿Y esto… queda escrito en tu hoja de vida? – preguntó dándose cuenta que él omitía, intencionalmente, mencionar las amenazas en su contra

Fernando, pensativo, sostuvo la mano de Raimundo entre las suyas y fijó la mirada en ambas manos unidas

-. Mi hoja de vida… – el capitán volvió a suspiro pesadamente, casi con ahogo – Sí. El incidente quedará registrado. Ebrios en mi unidad… falta de control – la última frase expresada en tono irónico

-. Yo… lo lamento mucho. No es justo que tu carrera se manche por culpa de esos hombres.

La culpa se extendía por sus músculos, su mente y su corazón… comenzaba a pesar… como antes…   

El capitán se volvió hacia Rai y observó por largos segundos sus ojos de cielo… lentamente, su mirada y su actitud comenzaron a cambiar devolviendo, en parte, la energía a sus ojos

-. Tú no tienes nada que lamentar – dijo, acariciando su rostro

No le gustaba la forma en que Fernando lo dejaba fuera… cómo si él no tuviera parte en el asunto.

-. Lo lamento porque te perjudica – explicó enfático – Estás triste y preocupado

Fernando volcó toda su atención hacia Rai y su voz volvió a sonar entera

-. ¿Crees que estoy triste por esos desgraciados?

Rai abrió los ojos, confundido

-. ¿O por lo que va a quedar en mi hoja de vida?

Lo que siguió a continuación fue totalmente inesperado. Fernando se acercó y sostuvo la cara de Rai con ambas manos. Sin preguntarle, se aferró a sus labios y tomó posesión de su boca… sus labios le recordaban lo que sentía y cuanto lo deseaba… No había gentileza ni dulzura… Fernando lo besaba con ansiedad, con hambre y necesidad… era un beso de aquellos que le daba cuando exigía reafirmar su control

Con sus frentes unidas, Fernando volvió a hablar

-. No sé cómo explicarte lo que pasó…

Lo acercó, pegándolo a su pecho y rodeándolo con sus brazos

-. Con palabras, Fernando. Puedo entender lo que sea. Solo dime qué pasó

Lo liberó del abrazo, pero mantuvo el contacto… se llevó una mano a la cabeza y la movía inquieta por su frente… miraba hacia otro lado nuevamente. Su expresión era de angustia

-. Los golpeé. No pude… – suspiró profundamente antes de continuar – no pude controlarme

Rai sintió en su corazón el pesar que eso le ocasionaba a Fernando…

-. Hablaban de ti… de lo que querían hacerte.

Por fin la verdad comenzaba a salir a flote. Rai se preparó para escuchar cosas terribles

-. Yo… no pude detenerme… sentí mucha violencia… odio

-. ¿Qué fue lo que dijeron?

-. No voy a repetirlo… no quiero volver a pensar en eso nunca más

La brusquedad de su voz hizo que Rai esperara en silencio… ¿No iba a contarle? ¿Cómo iba a saber entonces?

Fernando emitió un largo suspiro… y se preparó para seguir hablando

-. Nunca había deseado la muerte de alguien

Rai lo miró con ojos grandes y no se atrevió a hablar…

-. Deseé matarlos… quise quitarles la vida con mis manos.

Raimundo se sobresaltó al escucharlo…  intentó retroceder para míralo mejor, pero Fernando se había acercado y sostenía su rostro firmemente. Sus ojos oscuros volvían a brillar

-. Si no hubiera estado el comandante, creo que lo habría hecho

-. ¿Matarlos? – susurró Raimundo con un hilo de voz

-. Tú no estabas ahí… No los escuchaste. Te habían estado mirando durante semanas. Querían… dañarte

-. ¿Violarme?

El rostro de Fernando adquirió vida nuevamente… una expresión de fiereza desconocida.

-. A ti nadie te toca ni te daña, Raimundo. Nadie, más que yo.

Raimundo no supo cuál de todas las cosas que estaban pasando lo llevó a explotar en llanto… Súbitamente los roles volvían a la normalidad y era él quien se apoyaba en el pecho de Fernando y buscaba su abrazo y protección. Temblaba y no tenía claro si era por la amenaza recibida, por la pena de la hoja de vida o si lo asustaba más lo que Fernando le estaba contando con tanta vehemencia y crudeza

-. Sshhh, tranquilo, mi soldado

Ahora era el capitán quien lo calmaba a él… lo acariciaba con gentileza

-. Nunca voy a dejar que te pase algo malo

Rai lo escuchó aún sin salir de la sorpresa. Él no quería ni necesitaba su protección. No deseaba que Fernando quisiera matar a otra persona por él. ¡No! Había vivido siempre a la defensiva. Sabía cómo defenderse. Él anhelaba otras cosas de Fernando… No quería ser una carga que tuviera que proteger.

-. No quiero que te preocupes por mí. Yo puedo cuidarme solo

La respuesta de Raimundo ocasionó una sonrisa triste e incrédula en Fernando

-. Quiero hacerlo – dijo caminando hacia la cama y tirando de la mano de Rai – Voy a protegerte y cuidar de ti

Raimundo se acercó pensando en qué tan terrible había sido lo que aquellos hombres habían dicho para que Fernando estuviera reaccionando de manera tan extrema.  Dejaría pasar unos días y volvería a hablar del tema con él. Quería saber todo… por duro que fuera. Solo de esa manera sería capaz de ayudar y calmar al capitán

Fernando, sin preguntarle, lo comenzó a desvestir y se fue quitando su ropa, al mismo tiempo. El dormitorio estaba frío, así es que, en cuando estuvieron desnudos, se refugiaron bajo las mantas de la cama. A diferencia de todas las veces anteriores, Fernando lo envolvió en un abrazo estrecho y dulce y lo acomodó sobre su pecho… le besaba el pelo, las mejillas… Aparentemente, estaba más tranquilo…

. Quédate conmigo esta noche – dijo Fernando apagando la luz de la mesa de noche y envolviéndolo con sus piernas

-. ¿Cómo? ¿Qué pasa si alguien se da cuenta?

Sintió los dedos de Fernando sobre sus labios, callándolo

-. Es una orden, soldado – susurró el capitán, callándole la boca con sus labios

Esa noche, fue la primera vez que durmieron juntos en el campamento. Sus cuerpos tan unidos y enredados como solo dos amantes pueden dormir, hubo caricias… besos suaves… murmullos de palabras cariñosas y tranquilizadoras… un largo e interminable abrazo que duró toda la noche, en el cual se transmitieron lo importante que era lo que sentían el uno por el otro, pero no hubo sexo.

Al amanecer, antes que el campamento despertara, Raimundo se escabulló a su nuevo dormitorio.  Mientras se duchaba pensó que debería estar alegre: había pasado una noche especial con Fernando y los problemas parecían comenzar a solucionarse… sin embargo, el agua caía por su cuerpo y él estaba inmóvil mirando fijamente las baldosas del piso…

.

El día martes, durante la cena, el capitán informó al personal de la visita del general para el día sub siguiente. Su ánimo estaba un poco más regular, aunque seguía notándose menos enérgico que lo habitual. Impartió instrucciones respecto de los preparativos para la visita.

Raimundo se impresionó de la forma en que los hombres recibían la noticia; al parecer, muchos de ellos no habían visto a un general en su vida y que los visitara allí, en el fin del mundo, era muy significativo. Recordó las veces que su padre había invitado a cenar ministros, senadores, generales y otras personas de altos puestos, a su casa. Él había compartido la mesa con ellos sin que le impresionara en nada el cargo que tenían o lo importante que fueran. Para él, habían sido un tipo más, amigo de su padre, al que no había prestado especial atención. Ahora se daba cuenta que no entendía ni sabía nada en aquel entonces… En ese momento, sentado en el comedor que se vaciaba de prisa, Raimundo se quedó con la vista fija en las vetas de la mesa de madera, mientras comenzaba a sentir algo parecido a la vergüenza al pensar en aquellas cenas y en las múltiples ocasiones en que los había avergonzado. Recordaba a sus padres pidiéndole que se vistiera decente y se comportara en la mesa. ¿Y que había hecho él? Absolutamente lo contrario… irrespetuoso, arrogante, mal educado… un crío soberbio e insoportable.

Pasó un dedo siguiendo el dibujo de las vetas en la mesa, sin realmente verlas…

Había sido un absoluto irresponsable con su familia… siempre había querido atención y no supo cómo pedirla… El secreto que guardaba se había comido la posibilidad de ser un buen hijo.

Había herido a su madre de tantas diferentes maneras…

¿Por qué Abi seguía queriéndolo si él había sido una verdadera mierda con todos?

Su hermano… Ernesto… de pronto le pareció que no era el idiota pomposo que él creía, sino que era el hijo que sus padres se merecían… al igual que su hermana

Estaba a punto de cerrar los ojos y rendirse al dolor cuando escuchó el ruido de platos y vasos muy cerca. Movió la cabeza como si quisiera espantar el demonio de la pena que lo estaba rondando y vio a López que comenzaba la tarea de limpiar el comedor

-. Jarim ¿Tú ya has visto a un general de cerca? – preguntó Raimundo siguiéndolo a través de las mesas del comedor con la intención de ayudarle. Jarím se volvió bruscamente hacia él

-. Hoy sí tengo que hablar contigo – respondió con inesperada rudeza

Raimundo nunca antes lo había visto actuar tan enérgico

-. Si… claro. – respondió, sorprendido.

-. En cuanto termine de ordenar – gruñó López tomando la bandeja con platos y desapareciendo tras la puerta de la cocina.

Una hora más tarde, Sánchez se retiraba a dormir y Jarim guiaba a Raimundo hacia la parte más lejana del patio

-. ¿Qué te pasa? – preguntó Rai casi riendo, muy sorprendido de la actitud de López

-. ¿Qué te pasa a ti?

López devolvió la pregunta con los brazos cruzados y la mirada fija en él. Tenía una disposición claramente agresiva

-. A mí no me pasa nada – respondió Rai despreocupado, alzando los hombros y sin dejar de sonreír. Era tan raro ver a López con aspecto bélico que le causaba gracia.

– ¿Ah, sí?  Entonces dime ¿Dónde dormiste anoche?

La sonrisa se le borró de inmediato de la cara sin que Rai tuviera tiempo de pensarlo. Fue como si un balde de agua congelada le hubiera caído por la espalda y lo congelara de manera instantánea. Dio un paso atrás y sintió los latidos de su corazón acelerarse… miraba a Jarim aturdido… Lo inesperado de la pregunta y la actitud presuntuosa de López le dijeron que su amigo ya sabía la respuesta a esa pregunta…

-. Responde ¿Dónde pasaste la noche? – insistió López, alzando la voz y acercándose a él

Esta vez le correspondió a Raimundo tomar a López del brazo y guiarlo bruscamente hacia la zona donde antes practicaban Parkour. Cruzaron el cerco y se internaron en el bosque hasta que Rai se sintió seguro de que nadie los escucharía.  Durante el corto camino, su estómago se había vuelto un nudo doloroso, se le había secado la garganta y realmente… no tenía idea que decir o que hacer.  Ni remotamente estaba preparado para lo que estaba pasando… su cabeza era un hervidero incontrolable… Se miraban frente a frente…  Jarim mantenía la actitud de desafío… Raimundo comenzó a respirar agitado… dio varios pasos hacia un lado y el otro mientras intentaba ordenar su mente…

-. Jarim…

Fue todo lo que pudo articular… ¿Dios!! ¿Cómo iba a explicarle y qué iba a explicar? No tenía idea de cuánto podía o no saber López… la respuesta… no podía dársela porque no solo estaba arriesgándose él, sino que comprometía gravemente a Fernando… ¡mierda! todo estaba horriblemente mal

-. ¿Por qué me lo preguntas? – atinó a decir

-. ¡Ay ya Lariarte! No te hagas el tonto conmigo. Te seguí anoche y vi dónde entraste

-. ¿Qué viste?

Ahora, el comportamiento de Raimundo también era agresivo… estaba asustado… asustado hasta los huesos

-. ¿Quieres que te lo diga? Bueno… te lo digo. Entraste a la cabaña del capitán

López le arrojó la información que Raimundo no deseaba escuchar. Su corazón latió más de prisa y su respirar estaba al borde de lo errático

-. Tenía que hablar con él – respondió con un gesto arrogante y la voz alterada– eso no tiene nada de malo

No había terminado de hablar cuando se dio cuenta que su defensa era ridícula frente a Jarim. Lo estaba mirando con total escepticismo y demasiada seguridad.

-. Debe haber sido algo muy importante para que te quedaras toda la noche hablando con él

Lo que siguió a continuación fue un dialogo sin palabras… Rai delató en su rostro que había sido sorprendido infraganti… reflejó el profundo miedo que sentía en sus ojos gris cielo… Jarim respondió con una mirada de autosuficiencia… “ya lo sé todo” parecía gritarle. Entonces Rai dejó caer los hombros y su cuerpo se deshizo de la pose agresiva para adoptar una de miedo… vencido… aplastado. Raimundo sintió que se entumecía y le flaqueaban las piernas. En ese momento, y frente a la persona menos esperada, se materializaban los temores enfermizos que habían dominado casi toda su vida. Se sintió descompuesto… buscó apoyo en un tronco caído. El penúltimo paso de este dialogo mudo fue el suspiro tembloroso de derrota que exhaló Raimundo, el movimiento de desesperación con que se llevó las manos al rostro acompañado del súbito brillo acuoso en sus ojos… fue ese simple pequeño gesto, de tan intenso dolor, el que desarmó la postura agresiva de Jarim López y le devolvió la mirada de siempre. Pasaron unos cuantos minutos de incómodo silencio en que ambos terminaban de medirse… Entonces, López se acercó a Raimundo y se apoyó en el mismo tronco. Aquel ligero movimiento de cercanía tuvo el efecto de calmar la mente de Raimundo… podía mirar al suelo nuevamente mientras apretaba y torcía sus labios en un gesto apremiante… se podía leer fácilmente lo atormentado que se sentía

-. ¿Qué pasa, Lariarte? – volvió a preguntar Jarim en un tono de voz pausado, completamente distinto al anterior

Raimundo demoró la respuesta … la demoró porque tenía atorado miedo, gritos y dolor en su garganta que le impedían hablar… no pudo emitir un sonido hasta que sintió que ya no daba más y tenía que abrir la boca y expulsar los ecos de su angustia y temor o no iba a poder respirar

-. El capitán estaba.. muy mal anoche… – balbuceo mirando detenidamente a López que se mantuvo en silencio, escuchando atentamente – Yo… no podía dejarlo solo.

-. ¿Es por lo del problema con el subteniente y los otros?

Raimundo asintió moviendo la cabeza.

-. ¿Por qué tú?

Raimundo apretaba sus labios, movía incesantemente el pulgar entre sus otros dedos… alargaba el tiempo… no solo estaba él en juego, sino que Fernando también. López lo apremiaba con su actitud

-. El capitán y yo somos cercanos – respondió temblando – él confía en mi

López levantó la mirada hacia adelante y al infinito… estaba analizando lo que escuchaba… asociando… sacando conclusiones

-. ¿Son amigos?

-. Algo así

-. Estuviste en su cabaña toda la noche. Te esperé mucho rato, pero no saliste

Fue el turno de López de bajar la vista y buscar una pequeña astilla en el tronco que comenzó a rasguñar…

-. Ya te dije… estaba muy triste

-. Entonces… ¿Es ahí donde vas cada vez que te pierdes? ¿cuando haces creer que estas practicando? – insistió López, aún confundido

-. A veces

-. ¿Tienes algo con el capitán? – esta vez la pregunta sonó aguda y alarmada

Rai había escuchado ese dicho de su padre muchas veces, pero nunca le había encontrado mucho sentido, hasta ese momento

“El que calla, otorga”

Y Raimundo se quedó callado

-. ¡Ay demonios! ¿El capitán y tu… son…? ¡ustedes…. dos…?

López no pudo terminar la frase. Había llegado a la única conclusión lógica que se podía obtener. Se enderezó de un salto y miró a Raimundo con una expresión de asombro total… la boca abierta y los ojos grandes como platos

-. ¿El capitán? – preguntó frunciendo el entrecejo. Quizás la pregunta de López fue más para sí mismo que para Rai

-. ¿Contigo?

Jarím retrocedió un paso, tropezó con una raíz, pero recuperó el equilibrio al instante. Lo que no recuperaba era la expresión de normalidad… seguía estupefacto.

Raimundo deseó poder salir corriendo de allí en ese mismo instante. La forma en que Jarim lo miraba… lastima, asombro, asco, desagrado… era lo que había querido evitar durante toda su vida… soportaba a duras penas… ¿Cómo escapaba sin dejar un desastre detrás de su huida?  ¡Dios! No podía. Tendría que aguantar y hacer un nudo con sus tripas, sus miedos y nervios.

-. ¡Oh diablos! Por eso lo del robo entonces… – Jarím, por imposible que pareciera, puso una expresión de mayor asombro – No era por robar… ¡era para hacerte un dormitorio a ti!!!

Luego de esa frase, Jarím sí que tenía expresión de desprecio hacia Raimundo

-. ¿De qué hablas? – preguntó Rai, desconcertado

-. Hablo del capitán robando en la bodega de alimentos. ¡Yo lo vi!!! ¡Estaba arriba del árbol y le vi el rostro claramente!! – López le gritaba la acusación, absolutamente seguro de la complicidad de Raimundo en el hecho… pero el rostro genuinamente enmudecido y atónito de Lariarte lo hicieron dudar

-. ¿Estás loco?? ¡Cómo se te ocurre que el capitán iba a robar!!!

No. No podía ser verdad. López estaba equivocado. Fernando jamás haría una cosa así… El capitán no robaría, ni siquiera por él… no… no lo haría… ¡NO!

-. Es verdad. Él no me vio pero yo sí a él.

Raimundo avanzó hasta quedar amenazantemente cerca de López

-. ¿Te das cuenta de lo que estás diciendo?

-. Yo lo vi – repitió López, dándose cuenta que Raimundo no tenía parte en ese hecho

Fue impresionante ver como la expresión de Raimundo se desdibujaba y se convertía en una mueca triste… desgarradora…

-. ¿Fernando robó los alimentos?

Fue una pregunta expresada en un gemido lastimoso

-. ¿Fernando?  -repitió López no solo aturdido sino aplastado por la verdad que había descubierto. Lariarte llamaba al capitán por su nombre… No quería saberlo… ¿Quién lo había mandado a meterse donde no lo llaman?

Raimundo se llevó las manos a la boca en un inútil intento de calmar las lágrimas que comenzaban a fluir descontroladas de sus ojos… ¿su valeroso capitán había robado por él? ¡Por Dios! ¿En qué lo estaba convirtiendo?…

López se llevó las manos a la cabeza y se apretó las sienes haciendo una mueca que deformó su rostro. ¿Por qué demonios había preguntado?… él no quería saber nada ni tener problemas… solo deseaba deshacerse de lo que sabía, compartir la carga que sentía pesada y lo que había conseguido era un lastre mucho mayor

Jarim fue el primero en caer sentado al pie del tronco. Movía la cabeza de lado a lado… negaba… se rascaba la nuca… demasiado atontado como para intentar caminar de vuelta al campamento

Rai cayó sentado a su lado segundos más tarde… ni siquiera se preocupó de secarse las lágrimas… su cuerpo temblaba en pequeñas sacudidas… incapaz de moverse tampoco.

Pasaron varios minutos antes de que uno de ellos volviera a hablar

-. ¿El capitán y tú… tienen una relación?

Rai afirmó moviendo lentamente la cabeza

-. ¿Desde cuándo?

-. Un par de meses – respondió alzando los hombros

-. ¿Eres homosexual?

Tanto miedo que tenía a esa maldita pregunta… Nano se la había hecho días atrás… no le había dolido responderla porque… porque Nano era Nano y … con él no había problema. Pero López

-. Ya sabes la respuesta – rehuyó responder

-. Respóndeme – urgió López sin cambiar el tono de voz

-. Si. Lo soy

En ese momento se terminó el tiempo de energía y las luces del campamento fueron apagadas. Rai se estremeció. La oscuridad y el frío parecían un presagio de lo que sucedería porque acababa de revelar su secreto a viva voz.  Ninguno de los dos intentó moverse. Segundos interminables de silencio… solo el ruido de la vida nocturna en el bosque

-. No se te nota

Sin saber porque… quizás solamente por la acumulación de emociones extremas, Raimundo comenzó a reírse… ¿Qué tenía que notársele? ¿Tenía que ponerse labial rosado? ¿O mover las manos en gestos amanerados? ¿Quizás hablar de manera delicada? La leve risa se convirtió en carcajada y, segundos después, en un nuevo estallido de lágrimas

-. ¿Qué crees? ¿Debería pedir un uniforme rosado? ¿llorar cuando un oficial me grita? ¿O tal vez contarle a todo el mundo aquí que soy marica? – hablaba entre sollozos

-. No quise decir eso… Lariarte… cálmate, por favor

Inspiró y exhaló varias veces hasta tranquilizarse

-. Disculpa Jarim… es que… eres la primera persona que me escucha decirlo en voz alta. No es fácil para mí.

-. Pero ¿cómo? ¿Y el capitán?

-. Fernando lo adivinó… pudo leerlo mirándome solamente. Yo nunca se lo dije.

Los ojos de ambos se acostumbraban a la oscuridad y podían volver a mirarse y distinguir sus expresiones

-. Entonces… ¿no fuiste tú quien lo buscó?

-. No. No sé… él me buscó al principio y luego yo a él y… nos encontramos

-. El capitán tampoco parece…

-. Alto ahí. Por favor, no digas nada malo del capitán. Lo que tú sabes ahora no cambia quien es y es una excelente persona.

-. Pero… él robó en el almacén

-. Jarim, ¿Estás seguro de que fue su cara la que viste?

López había tenido tantas ganas de compartir el problema con alguien, quitarse el peso de encima…. Ahora no estaba tan seguro… El semblante de Raimundo expresaba tanta esperanza de que estuviera equivocado… se notaba cuanto le había dolido enterarse de aquello.

-. Lo siento… en verdad, pero sí fue él.

Raimundo apoyó la cabeza en el tronco. Tenía una mueca de angustia nuevamente

-. Lo hizo por mi… yo pensé que había sido una casualidad. No creí que fuera capaz de…

-. Yo tampoco

-. Jarim… él es un buen oficial

Un breve instante de silencio mientras ambos intentaban asimilar lo que escuchaban

-. ¿Lo hizo por amor? ¿Están enamorados? – Jarim preguntó como si la idea del amor fuera una novedad que lo entusiasmara

¿Amor?… ¿enamorados?…

-. Yo solo puedo decirte que él es la mejor persona que conozco

-. Bueno… dejando de lado eso que vi, el capitán siempre ha sido un oficial ejemplar… por eso me resulta tan difícil de creer que tú y él… estén juntos

-. Yo no busqué que pasara ni él tampoco. Simplemente se dio… fueron muchas las cosas que fueron acercándonos de a poco… como si estuviera predestinado a pasar. Fue inevitable.

-. ¿Qué fue lo que pasó? ¿Qué fue inevitable?

-. ¿Quieres que te cuente?!

-. Si

-. No voy a hacerlo. Eso es privado

-. Es que… me gustan las historias de amor

Se habían relajado… volvían a ser los de antes, diferentes pero los mismos… difícil de explicar

-. Quizás algún día te cuente algo

El frio comenzaba a calar en sus huesos. Tenían que ponerse en movimiento… pero faltaba algo muy importante en aquella conversación

-. Jarim – llamó Raimundo tomándolo del brazo – no puedes contarle a nadie

-. Supongo que arruinaría la carrera del capitán y a ti te mandarían al siquiatra

Raimundo exhaló un resoplido y una nueva sonrisa triste

-. He estado yendo al siquiatra desde los doce años

-. ¿Y no te pudieron curar?

-. ¡No se cura, hombre! No es una enfermedad. Soy así porque así nací. No elegí serlo.

-. Aahhh… yo pensé que… bueno, no sé mucho del tema.

-. Ahora eres el único que sabe de mí, además del capitán

-. ¿En serio? ¿entonces significa que somos amigos de confianza?

-. Si. Pero los amigos de confianza se protegen

López no era tonto. Entendía lo que Raimundo le estaba pidiendo y sabía que tenía una carga mucho más grande ahora que la que había buscado compartir cuando inició la conversación. También sabía por fin, la razón que tuvo el capitán para robar en la bodega… amor… aahh … suspiro ¿alguien se enamoraría de él algún día? Una mujer, de preferencia.

-. No voy a decir nada

-. Gracias López. Eres un buen amigo

-. Te lo ganaste, Lariarte. Tú fuiste el que me tendió la mano en primer lugar, cuando me comenzaste a hablar y a enseñar parkour. Ya vez que nadie por aquí me hace mucho caso

-. No voy a dejar de enseñarte. Me caes bien

Iniciaban el camino de vuelta a oscuras

-. Oye… ¿Y cómo es el capitán?

-. ¡Callate! No voy a decirte nada

-. Pero somos amigos

Raimundo estiro la mano y golpeo la cabeza de López que caninaba delante de él

-. Auch…

-. Para que aprendas a no ser curioso

-. Es que… no sé nada de relaciones entre hombres

-. Ni necesitas saber tampoco

-. Pero ¿y si fuera interesante?

Habían llegado al cerco que delimitaba el campamento

-. No lo es – respondió Raimundo con seriedad y tristeza – siempre a escondidas, con temor a ser descubiertos, sin poder expresar lo que sientes, ni estar juntos o sonreírle… teniendo que fingir y aguantar todo el tiempo, asustado hasta de cometer la más pequeña indiscreción… soportando todo el peso de la culpa solo.

López le devolvió una mirada comprensiva

-. Créeme, no es interesante – repitió Raimundo

Cruzaron el cerco y en segundos estaban frente al espacio que llevaba a los dormitorios

-. ¿Vas a ir donde…?

Rai sonrió con tristeza y negó. Le gustaría mucho ir…lo deseaba con toda el alma, pero estaba demasiado alterado por lo sucedido y Fernando se daría cuenta. No quería contarle aún. Lo haría después de la visita del general que lo tenía tan preocupado.

-. Buenas noches, Jarim.

-. Buenas noches, Lariarte

-. Me llamo Raimundo

Lopez sonrió…

-. Buenas noches, Raimundo.

.

4 comentarios sobre “Capítulo Treinta y siete

  1. Ainsss lo que no haga el amor, yo estoy con el capitán, la violencia no es la solución, pero cuando te encuentras ante una situación así … somos humanos…
    Me da buenas vibraciones Jarim, no creo que los traicione, no? Además parece un buen amigo para Raimundo
    A ver qué tal la visita del general, igual pasa todo por alto ya que el Capitán es muy bueno, y realmente manchar su hoja de vida por culpa de otros…, igual hasta iba con idea de ascenderlo, a ver qué pasa!

    Muchas gracias por el capítulo y la historia ❤️ Un beso enorme y feliz Semana Santa

    Pd. Sin ánimo de ser Pesada que ya te lo habremos preguntado 200 veces, tienes planificado algo para las historias de Carline, M&M, Miguel… gracias 😘
    Es que enganchan tanto… 🥰

    1. Hola Rous!
      uchas Gracias. Feliz Semana Santa para ti también! Espero puedas descansar y reflexionar sobre las cosas buenas de la vida en tiempos tan difíciles. Siempre hay mucho por lo que agradecer.
      De acuerdo contigo en que a veces la única solución que parece posible es repartir unos buenos golpes, peeeeroooo.. el capitán esta en servicio y usando su uniforme.. osea, sencillamente no puede golpear a nadie a menos que esté en guerra, que no es el caso. Jarim.. espero que no. Yo creo que prima la amistad en este caso. Rai, sin saberlo, le entregó amistad que es más valiosa para López que cualquier otra cosa. El general… uf..el general… esperemos el capitulo siguiente para ver a que viene este señor a dar una vuelta por este lugar tan aislado.
      Jamas me molesta que me pregunten cuando lo hacen de manera educada: paso a explicarte mi «itinerario mental» para las historias
      1..- Terminar Raimundo
      2.- Terminar Carlitos
      y lo que sigue, dependerá exclusivamente de mi ánimo en el momento: escribir M&M, Miguel o La Confiserie es un poco complicado ya que son historias múltiples y requieren mucha mucha concentración que en este momento no tengo asi es que, si me siento mejor tal vez continúe con una de ella. Tampoco sé cual.
      Lo siento pero es todo lo que puedo informarte por ahora. Espero entiendas.

      Un abrazo muy cariñoso!!!

      1. Hola de nuevo,

        Tienes toda la razón y gracias, espero que tú también estés disfrutando, en la medida de lo posible, de la Semana Santa. La verdad que si para algo nos ha servido esta pandemia, yo creo que es para eso, para apreciar más más cosas buenas de la vida. No es para pensar siempre me podría ir peor, que al final no te consuela, sino en eso, en quedarse con las cosas buenas, como tus historias 🥰 #MomentoPeloteo (que te lo mereces)

        Siiii a ver como transcurre la historia, a mí como me gustan los personajes pues intento disculparlos, pero si coincido, no me puedo olvidar que es el ejército y seguramente algo le pase a nuestro capitán 🙈

        Gracias por la información sobre las historias, y te entiendo, si yo tuviese que escribir una historia nos haríamos viejos xd así que cuando puedas, es lógico que tengas que tener ánimo, concentración, inspiración, tiempo….

        Otro abrazo para ti 😜

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