Capítulo especial 1

5 AÑOS DESPUES.

Skylar llegó temprano esa tarde a su casa… estaba algo cansado… cuando trabajaba se concentraba tanto que olvidaba el tiempo y todo lo que lo rodeaba… no recordaba comer y las horas se convertían en minutos. Ponía pasión en su trabajo como en la mayoría de las cosas de su vida. Le gustaba tanto lo que hacía. A veces trabajaban juntos con Roberto en un mismo proyecto y aunque discutían por detalles técnicos, jamás llegaban al punto de enojarse en serio… la mayor parte de las veces uno terminaba cediendo ante los razonamientos lógicos del otro que imponía su punto de vista. Trabajar juntos para muchas parejas era agotador; para ellos resultaba estimulante. Ninguno de los dos necesitaba demostrarle nada al otro ni competir por notoriedad… sabían bien quienes eran y cuanto valían ellos y el otro… el amor sereno y real que sentían les había dado muchos pincelados de sabiduría que aplicaban a su vida diaria. Al terminar de discutir el proyecto, aún eran capaces de darse besos y mirarse como si en cualquier momento fueran a devorarse.

Roberto y él estaban trabajando en proyectos diferentes en este momento así es que hoy, Skylar no lo había visto más que en la mañana cuando despertaron y desayunaron juntos…

Llegar a su casa siempre tenía un efecto relajador instantáneo… Amaba con todo su ser el hogar que habían construido juntos con Roberto… recordaba las discusiones por cada detalle de la casa pero por Dios que había valido la pena!!… era su refugio y su lugar especial, hecho al gusto de ellos, y ubicado en medio del hermoso paisaje de la isla. Nunca terminaban de sentirse satisfechos y siempre estaban agregando detalles o cambiando decoración… su casa era el orgullo de ambos.

Su dormitorio, sin duda alguna, era el lugar más bonito de la casa. Grande, cómodo, construido en maderas nativas y grandes ventanales que aportaban mucha calidez. Muebles rústicos de colección, y un gigantesco edredón blanco sobre la cama. Este dormitorio se había convertido en una especie de santuario del amor que se profesaban. Atesoraba recuerdos en cada esquina de sus viajes y momentos importantes en forma de objetos de recuerdo, fotos o algún artículo de decoración especial… pero más que nada, en este dormitorio quedaban guardados todos y cada uno de los suspiros y gemidos de amor con que lo inundaban muchas noches de la semana.  La gruesa alfombra frente al ventanal mayor, con la chimenea detrás,  era su lugar favorito para desnudarse con calma y amarse entre risas y besos…  La Sra. Mirna lo sabía y siempre procuraba mantener la alfombra lo más limpia posible.

Sería absurdo decir que jamás habían peleado o se habían enojado en todo este tiempo, al contrario, se enfrascaban en buenas discusiones que los calentaban mientras cada uno defendía su punto de vista… pero habían aprendido a hacerlo sin ofenderse y sin perder de vista el objetivo específico de la discusión.

Al entrar al dormitorio se les olvidaba todo y solo recordaban cuanto les gustaba  amarse y lo felices que eran… siempre buscaban tocarse y desearse… hacer el amor de mil maneras, reírse juntos y sentirse bendecidos por ser felices.  Skylar lo apresaba entre sus piernas desnudas ofreciéndole su hermoso cuerpo y sus sentimientos… un hombre entregándose por entero a otro… Roberto jamás podía negarse porque exactamente ahí se encontraba en el mejor lugar del mundo… en Skylar, en su dormitorio, en su casa, en la isla. Su paraíso en la tierra.

El tiempo los había cambiado para bien. Skylar sabía exactamente qué y cómo lo quería Roberto dependiendo del humor del momento… a veces hacían el amor lentamente y se tomaban horas en acariciarse hasta saciarse el uno del otro… otras veces era algo rápido pero igualmente satisfactorio. Skylar ya no podía decir que tenía algo que enseñarle a Roberto… él se había vuelto tanto o más experto en materia de complacerlo.

Se dio una ducha rápida, se puso sus jeans gastado de siempre, una camisa celeste que no alcanzó a abotonar, descalza y con su pelo rubio largo aún chorreando agua se fue a sentar en la terraza. Los días de fin de otoño estaban inusualmente cálidos en esta zona. Aún había un agradable calor antes que el día terminara de morir.

La Sra. Mirna se molestaba con ellos cuando no llegaban a almorzar, como había sucedido ese día, así es que, regañándolo un poco, con más cariño y preocupación que verdadero enfado, le sirvió una merienda ligera en la terraza y lo obligó a comer mientras se sentaba cerca suyo a vigilarlo y acompañarlo

-. No me voy a mover hasta que te comas todo Skylar

Skylar sonreía y comía mirándola divertido con sus preciosos ojos azules un poco burlones… le hablaba de lo que había hecho en el día sin dejar de comer… tenía hambre y adoraba las comidas que ella preparaba… Le causaba gracia y ternura la forma en que la mujer los protegía y cuidaba…

La Sra. Mirna era casi parte de su familia… delante de ella no tenían miedo de tocarse ni de expresarse su cariño… al contrario… era una especie de madre sustituta a la cual recurrían en busca de compañía y conversación…  Ella los entendía y mimaba… Mirna se había ganado a pulso un espacio en el corazón de ellos. Muchas veces los había sorprendido en situaciones algo “comprometedoras” pero, sin ningún ruido extraño, solo una leve sonrisa cómplice en su rostro, ella daba la media vuelta y desaparecía dejándolos seguir en lo que estaban.

Skylar terminó de comer, le agradeció y ella se llevó la bandeja… Cuando llegara Roberto, mas tarde, volvería a servirles la cena y se preocuparía de que ambos se alimentaran correctamente… ya bastante energía gastaban trabajando tanto en la empresa que tenían y en el sexo que tenían casi todas las noches… o las tardes… o a veces hasta después de almuerzo… Sonrió sola mientras llegaba hasta la cocina… Oh la juventud y el amor!!! benditos eran este par de chicos donde había ido a parar… se amaban tanto y eran tan buenos con ella.

Skylar levantó los pies desnudos dejándolos sobre la baranda de la terraza… sus ojos se perdían en el paisaje de canales e islas frente a él… en el intenso cielo azul con unas cuantas nubes algodonosas que se pintaban de rosado a esta hora del atardecer… miró la hora en el celular… Roberto no tardaría en llegar… suspiró un poco agitado… anticipando… sabía que era muy tonto sentirse así, pero bastaban unas cuantas horas separados para tener la sensación de echarlo de menos y necesitarlo… extrañaba su voz… sentir su presencia, verlo moverse cerca suyo, mirarse en forma cómplice sin necesidad de explicarse… siempre lo necesitaba para sentirse completo.  La locura de los primeros años juntos había cedido un poco, dejando paso a un amor maduro pero no por ello menos necesitado y apasionado.  Roberto y él se fundían de tal manera que solo juntos podían sentirse enteros.

Las amistades que habían hecho en la isla los entendían y aceptaban. Les gustaba visitarlos pues siempre eran bienvenidos en su casa e invariablemente encontraban un ambiente grato y acogedor. De a poco se habían ido acostumbrado a las breves caricias que Roberto y Skylar no podían evitar por fuerza de costumbre… un breve apretón de manos, un abrazo ligero… un beso muy pequeño…  después de todo, comparado con todas las extrañas y crudas historias de los personajes mitológicos que habitaban en la isla, lo de Skylar y Roberto carecía de importancia y hasta resultaba agradable.

Luego de 5 años, Skylar y Roberto sabían claramente quienes eran su buen grupo de amigos y al resto simplemente lo evitaban… eran demasiado insignificantes y no se metían con ellos. Nunca habían tenido un problema por ser quienes eran.  La vida estaba bien.

Habían pasado semanas separados, cuando alguno de los dos tenía que viajar lejos por alguna razón… Especialmente Roberto que participaba en algunas actividades políticas en la Isla y si… podía seguir su vida y funcionar como si todo estuviera perfecto… no perdía los horarios ni se quedaba echado en la cama afligidos, esperando su regreso… trabajaba con normalidad… solo que un poco más vacío… un poco menos feliz y bastante ansioso en espera de su regreso.

Ambos habían aprendido a disimular delante del resto de la gente la falta que sentían del otro… no se nombraban a cada rato ni se enviaban mensajitos de amor cada media hora… pero cada noche, cuando ya estaban solos, se llamaban por teléfono y podían hablar por horas y a veces aún más largo que eso… necesitaban escucharse, respirar al unísono aunque fuera a través de la línea del teléfono… decirse las dulzuras de enamorados que tranquilizaban sus corazones y les quitaban la ansiedad que los había carcomido lentamente durante el día… seguían necesitando tocarse, olerse, sentirse… pero al menos se escuchaban. A veces la conversación subía de tono y uno de los dos o ambos comenzaban a dar instrucciones que el otro seguía… un poco avergonzados pero demasiado excitados para detenerse… buscando la autosatisfacción… era insano hacerlo a través de un teléfono… pero cuando Roberto le ordenaba que se tocara desde el otro lado de la línea, Skylar obedecía ciego y divertido… echándolo de menos y deseando que fuera él, en carne y hueso, que estuviera a su lado, invadiéndolo con sus dedos y su cuerpo.

Miró a la distancia como un bote pesquero se alejaba culebreando en el canal… le siguió el trayecto hasta que sus ojos se cerraron lentamente…

Unos 40 minutos después Roberto estacionó su vehículo en el patio de la casa. Los perros, una pareja de preciosos samoyedos que Skylar le había regalado hacía un poco más de un año atrás, se acercaron corriendo a saludarlo. Se tomó un momento para acariciarlos y luego entró a la casa buscándolo… también lo había echado de menos y tenía ganas de verlo.

-. Está en la terraza… se quedó dormido

La Sra. Mirna apareció a saludarlo… leyó en sus ojos las ganas de Roberto por ver a Skylar. Siempre era así.  Recibió las cosas que Roberto traía en sus manos y lo dejó libre y desocupado para ir a  buscarlo.

-Gracias Mirna

-. ¿Te llevo un jugo?

-. No… me lo voy a comer a él

Respondió él divertido con los ojos brillantes.

Roberto siempre era cariñoso con ella. Tenía verdadero aprecio por esta mujer que los había seguido hasta el sur y había transformado su vida para tener como único objetivo atenderlos y malcriarlos.  Le estampo un beso rápido en la mejilla y partió raudo en dirección a la terraza.

Lo vio desde la sala a través de los grandes ventanales… sonrió sin poder evitarlo… sus pasos se detuvieron y se tomó unos segundos para contemplarlo…  la vida era generosa con su Skylar… ya no tenía el aire descuidado de eterno adolescente sino que era un hombre estupendo, con un cuerpo marcado y firme…  parecía un modelo masculino de alguna revista de moda Europea…  sin embargo no era nada de eso… era su pareja, su esposo, su todo… y seguía siendo el más hermoso que hubiera conocido en su vida… además del más rebelde y desastrado… río al mirarlo dormir, Skylar no podía echarse a dormir en un sillón normal como todo el resto… él tenía que dormir medio cuerpo en el sillón y el resto sobre la baranda…

Se acercó  procurando no hacer ruido…  ladeó levemente la cabeza para mirarlo mejor… el pelo rubio y largo desordenado sobre el cojín del sofá… sus facciones… su cara en descanso… hermoso… la camisa abierta le permitía apreciar su torso, lo tocaba todas las noches… se dormían abrazados, con las manos de Roberto envolviendo eltorsodeSkylar pero aún así… aunque lo viera un mil de millón de veces seguiría emocionándose… perfecto… tan deseable. Se arrodillo a su lado… acarició el pelo húmedo y buscó sus labios para sentirlos, dejar un beso, robarle el aliento… sentirle el sabor.

Era increíble la forma en que Roberto se acercaba y lo tocaba… con delicadeza y cuidado, como si tuviera un objeto valioso entre sus manos… eran dos hombres… adultos, inteligente, profesionales, capaces y sumamente hábiles, ambos podían ser rudos si lo necesitaban… pero entre ellos… en la intimidad de su relación especial… se cuidaban y atesoraban con gentileza.

Skylar abrió despacio los ojos… sabía que Roberto estaba besándolo… lo sentía en su boca… queriendo abrirse paso… sabía que lo que sentía moviéndose suavemente en su pecho, era su mano.

-. Me estas acosando…- dijo sonriéndole con ternura y los ojos azules aun llenos de sueño

–  No, todavía no…

Sonrió de vuelta profundizando el beso… Skylar abrió su boca para recibirlo y levantó sus brazos para atraerlo… en su mano apresó el pelo de Roberto jugando con él entre sus dedos… como le gustaba tocarlo… sintió en la piel de su pecho el calor del cuerpo de Roberto.. Diablos!! Este hombre lo excitaba siempre… no necesitaba mucho más que tenerlo cerca para desearlo… su Roberto… las manos vagaban libres por su torso tocándolo con ternura, sin una gota de sexualidad declarada por el momento… solamente dulzura y cariño

-. Entonces acósame– pidió riendo y acomodándose mejor para seguir besándose

El sonido de un vehículo deteniéndose frente a su casa los distrajo del “acosamiento”. No tenían vecinos ni calles cerca de su casa así es que los ruidos eran fácilmente identificables.   Alguien cerraba la puerta de un vehículo y se dirigía a la entrada. Tenían visitas. Algo bastante común en la isla donde la vida social aún era de contacto y de piel.

Skylar se abrochó la camisa, acomodó su pelo y con un último beso en la boca esperaron a ver quien llegaba.

-. Mamá??!!

Marlene Schuster tenía por costumbre visitarlos un par de veces al año, siempre sola. Aunque en los últimos meses sus visitas se habían vuelto más seguidas. Marlene había estado con ellos solo hacía unas cuantas semanas atrás. Normalmente anunciaba su visita con tiempo suficiente para preparar todo. Nunca había llegado de improviso como ahora y eso hizo que ambos se preocuparan de inmediato.

-. Estas bien?

-. Claro – contesto en voz baja abriendo sus brazos para recibirlos.

Se acercaron a saludarla, gratamente sorprendidos pero a la vez intrigados. Skylar no tuvo que preguntarse mucho el motivo de la visita… Notó de inmediato los detalles que se le escapaban a Roberto… Marlene tenía los hombros un poco mas curvados y estaba más delgada… sus ojos un poco más tristes que en su visita anterior y la emoción había subido a ellos cuando abrazó a su hijo, como si fuera a quebrarse en cualquier segundo. La mujer contuvo las lágrimas para no llorar frente a Roberto, pero se dio cuenta que Skylar lo había notado y lo miró suplicante.

El no dijo nada, pero entendió que su suegra tenía problemas serios que intentaba disimular.

Cenaron en la terraza. Marlene les contó las últimas novedades de Erica. Se había casado y vivía en Alemania desde hacía unos años año. Estaba enamorada y la vida le sonreía. No deseaba hijos por ahora. Se ocuparía de ese tema más adelante.

-. ¿Y papá?

Siempre era un tema difícil aunque a Roberto parecía dolerle cada vez menos. Invariablemente, Skylar buscaba tocarlo y hacerle saber que estaba a su lado de alguna manera leve cuando se hablaba este tema.

Marlene respondió que estaba bien y pasó al siguiente tema sin desear extenderse hablando del campo o de lo que estaba sembrando o cosechando su padre ahora, ni de los perros ni nada que se relacionara con su vida en el campo que habitualmente les contaba con lujo de detalles

Nada de esto pasaba desapercibido para Skylar…  tampoco la falta de su strudel con el que siempre llegaba. Había salido de prisa esta vez…

Cuando la sobremesa terminó ya era muy tarde y se retiraron a sus respectivos cuartos.

Skylar cepillaba sus dientes frente al espejo… no podía quitarse de encima las lágrimas en los ojos de Marlene.

Un par de minutos después,  inventaba una excusa cualquiera para dejar solo a Roberto en el dormitorio

-. Vuelvo enseguida

Se acercó a la cama a darle un beso rápido y  desapareció sigiloso rumbo al cuarto de Marlene.

Golpeó la puerta suavemente para que Roberto no escuchara. Unos segundos después Marlene abrió. Parecía como si lo estuviera esperando. Se miraron y se entendieron sin hablarse… Skylar comprensivo y expectante… era imposible no ver los rastros de lágrimas en los ojos hinchados de la mujer… tenía algún problema que la estaba ahogando y por eso había llegado hasta su casa.

-. ¿Puedo pasar?

Marlene abrió la puerta, invitándolo.  Skylar cerró  tras él. Al parecer, esta conversación iba a ser privada y extensa.

-. ¿Cómo estás?

La mirada frontal de los ojos azules de Skylar desarmó a la mujer… no pudo mantener más su fachada de tranquilidad y las lágrimas comenzaron a caer de sus ojos.

-. Casi 30 años casada Skylar… y me sale con esto ahora…

Miró con desamparo al chico rubio que tanto le había costado aceptar y que ahora consideraba casi como otro hijo… tembló antes de comenzar a derramar lágrimas…

Skylar, con mucha paciencia y delicadeza, la fue calmando.

-. ¿Es por eso que estas aquí?

-. No tenía donde más ir… no puedo quedarme en mi casa… con ellos ahí

¿Ellos?… quería preguntar de inmediato a quienes se refería pero iba a escuchar al ritmo que Marlene deseara.   Skylar tenía ternura para una sola persona en su vida… Roberto era el único que lo había visto ser dulce, tierno, juguetón, niño chico… pero en ese momento, al ver tan quebrada a la mamá del hombre que amaba, todo lo dulce y suave que había en él, brotó de golpe para abrazarla y mecerla con cariño

-. Cuéntame…

Marlene respiró profundo. No aguantaba más. Necesitaba ayuda desesperadamente. No podía sola con lo que le pasaba. Había tratado de ocultárselo a sus hijos pero ya era tiempo de que todos supieran… todo iba a cambiar.

Acarició la mejilla de Skylar con mucha tristeza.  Era curioso que resultara ser él justamente la persona en quien se apoyaría en primer lugar… tanto que le había hecho la guerra para terminar queriéndolo como si fuera de su propia familia…. aunque quizás no era raro ni una coincidencia fortuita. Quizas inconscientemente lo había elegido para que la escuchara.   Skylar solo parecía frágil debido a su hermosura, pero tenía una gran fortaleza interior y sabía escuchar.

-. Es una historia larga…

Skylar se acomodó en la cama

-. Tengo todo el tiempo del mundo para ti

Marlene suspiró profundo y comenzó a contar…

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