Miguel 2 Capítulo 80 – M2

CAPITULO 80

 

Una semana después de la muerte de Teddy Rojas, los hermanos Rojas sobrevivientes se mudaban  a una casa espaciosa, cerca de la universidad de Clemente; un lugar fácil de resguardar. Los chicos necesitarían protección por un largo tiempo. Todavía había quienes pensaban en ellos como traidores. Estuvieron una semana viviendo en la pequeña casa refugio, siendo atendido por el médico de la familia, pero fueron Gonzalo y Miguel quienes les ofrecieron barajar la posibilidad de mudarse a otro lugar más cómodo. Los chicos se miraron asombrados… preferían una casa o un departamento??… querían algo propio? Si! claro que sí querían!!…que tuviera jardín y un patio amplio… algo que se pareciera a la casa donde habían vivido cuando niños.. Ah! Y querían vivir en la misma ciudad con ellos. Aun quedaban recuerdos del temor y se sentían más seguros estando cerca bajo la protección de Gonzalo. Ninguno de los dos quería volver a la ciudad de su padre.

Clemente estaba bastante repuesto, físicamente; el daño emocional tardaría más tiempo en arreglarse sin embargo, el tener a Anselmo con él era la mejor medicina. Su hermano era un chico bueno y sensible, era el héroe que le había salvado la vida y Clemente estaba decido a devolverle la mano y a cambiar el futuro de ambos. Clemente lo miraba y se alegraba de haber podido cumplir su promesa. Anselmo habría tenido una vida de mierda si hubiera continuado al lado de su padre y hermanos… Un aguijonazo de culpa y dolor lo asalto al recordar que ninguno de ellos existía ya… entendía que no era su culpa… era la vida que ellos mismos habían elegido, llena de riesgos y extremos…pero eso no quitaba que se sintiera mal

-. ¿Cuándo vas a volver a clases? – preguntó Anselmo interrumpiendo su tristeza

-. Si estoy bien, volveré la próxima semana

-. ¿Y yo? ¿Cuándo puedo volver yo?

Entendía la ansiedad de Anselmo. El menor deseaba sociabilizar con gente de su edad y salir del encierro que vivía desde hacía meses… lo que complicaba a Clemente era tomar decisiones. Nunca había sido una persona independiente. Su padre había sido un hombre extremadamente controlador que había dispuesto de la vida de sus hijos a su gusto y no les había enseñado a ser responsables o a pensar por cuenta propia. Clemente estaba recibiendo preguntas que requería decisiones de su parte y no se sentía capaz de tomarlas.

Primero fue Gonzalo el día anterior.  había llegado  a Hhablar con los hermanos sobre el futuro de la familia Rojas haciéndole ver que ahora Clemente era el heredero mayor y le correspondía hacerse cargo…

-. No me interesa. No entiendo de negocios ni de armas ni el enredado juego que tienen entre ustedes y las familias.  Solo quiero vivir tranquilo.

Clemente sabía que este momento iba a llegar y le temía. No tenía claras muchas cosas en su vida pero si sabía con certeza que no quería tener nada que ver con lo que hacía su padre.

-. No es tan simple, Clemente. Tu padre tenía una organización que sigue funcionando y produciendo dinero. Si tú o Anselmo no se hacen cargo, entonces alguno de los segundos de a bordo lo hará y se quedará con todo lo que les pertenece a ti y a tu hermano. Para que ustedes puedan vivir tranquilos, hay que hacerse cargo de todo.

Por un breve instante, a Clemente le pareció estar escuchando a su padre… siempre les hablaba de lo que tenía y todo el esfuerzo que le había costado lograrlo, como esperaba heredárselo a sus hijos y que continuaran la tradición familiar y protegieran los intereses

Los hermanos se miraron. No les interesaba estar a cargo de todo pero tampoco les parecía justo que otra persona se quedara con lo de ellos…

-. ¿No podemos vender todo y terminarlo?- preguntó Anselmo

La pregunta causó la risa de Gonzalo

-. ¿Qué vas a vender, Anselmo? ¿Las casas de juego ilegal? ¿Los prostíbulos? ¿Los contactos que compran la mercancía humana que vendía tu padre? ¿La lealtad de los hombres que seguían a tu padre? ¿Los negocios que le sirven de fachada para lavar dinero? El tráfico ilegal..??

Los chicos lo miraron desolados… todo lo que nombraba Gonzalo los asustaba…

-. No se vende la familia – afirmó Gonzalo, serio.

-. Pero papá tenía propiedades…

-. Eso es lo menos importante ahora. Hay mucho dinero en juego

Aquí fue donde Gonzalo se tomó una pausa para permitirles pensar antes de saborear lentamente la siguiente frase

– Si quieren, puedo ayudarlos

Gonzalo siguió atentamente la comunicación silenciosa entre los hermanos…

-. ¿Lo harías? En verdad… nosotros necesitamos proteger lo nuestro pero… no quiero ser jefe de nada ni de nadie…

Gonzalo inspiró llenando de aire sus pulmones… la leve tensión en sus hombros desapareció… se acomodó en el asiento y sonrió suavemente a los hermanos como si tomará en ese momento un decisión

-. Los ayudaré – anunció sin poder evitar que brotara el orgullo en su voz – No será fácil. La gente  leal a tu padre no me tiene mucha estima así es que ustedes tendrán que acompañarme y explicar su decisión.

-. Iremos contigo las veces que sea necesario

La expresión de Gonzalo era de completa satisfacción cuando volvió a hablar

-. Además… hay varias cosas que debemos aclarar sobre la forma de manejar los negocios de tu familia. Por ejemplo, el tráfico humano no me…

-. Espera!!!- lo interrumpió Clemente notoriamente alterado, levantando las manos y pidiéndole que callara

Gonzalo guardó silencio esperando que el joven se recompusiera para hablar

Clemente suspiró varias veces… no era fácil decir lo que quería…

-. Cuando Anselmo y yo éramos pequeños teníamos una familia completa… recuerdo bien a mi mamá.. era bonita y se preocupaba mucho de nosotros, los menores. Ella era alegre… cenábamos todos juntos y se quedaba con nosotros al acostarnos… nos leía cuentos. No teníamos una casa tan grande ni tanto dinero pero éramos felices. Después nos cambiamos de casa… no una sino varias veces. Mis padres discutían todo el tiempo… empezaron a aparecer los hombres que rodeaban siempre a mi padre… ya no lo veíamos nunca… no tenía tiempo para nosotros, su familia. En una de las mudanzas mi mamá desapareció…

-. ¿Cómo?… ¿cómo que desapareció? – interrumpió Gonzalo

La respuesta de Clemente vino acompañada de una sonrisa trágica

-. Papá dijo que los de la mudanza se habían olvidado de embalarla…

-. Clemente, ¿Qué pasó con tu madre?

-. Papá dijo que ya no era necesaria. Que ya éramos grande y no necesitábamos que nos mimaran… nunca más la volvimos a ver.

Gonzalo se mantuvo en silencio. Probablemente los chicos Rojas estaban pensando lo mismo que él. El bastardo de Rojas debió haberla hecho desaparecer… ¿de qué otra forma podría haber logrado mantenerla separada de sus hijos?…

-. Lo siento mucho

-. ¿Sabes por qué te cuento esto? – Clemente mantenía la mirada triste – Papá se olvidó de nosotros… de su propia familia… nos cambió por sus negocios y los prefirió antes que a sus propios hijos – ahora se había agitado y su voz subía de tono – éramos felices antes que se dedicara a… matar y robar… dejamos de importarle… nunca más volvió a ser nuestro padre… sus negocios lo absorbieron por completo…era lo único que le importaba!!!

Anselmo estaba conteniendo las lágrimas… El frágil estado emocional de Clemente a punto de romperse.

-. No me pidas que me importen sus negocios… no quiero saber nada de ellos. Iremos contigo porque entendemos que necesitas que los hombres nos vean a tu lado y te reconozcan como jefe, pero lo que quieras hacer con los negocios es cosa tuya.

-. Yo solo quiero volver al colegio y ver mis amigos. Soy bueno en matemáticas. Quiero ser ingeniero… – Anselmo, a su manera, estaba corroborando lo que le decía Clemente…

Gonzalo tuvo, por unos cuantos minutos, un conflicto emocional. Honestamente lo entristecía el sentido relato de Clemente sobre cómo había perdido a su familia y criado a sus hijos. Teddy Rojas había sido una bestia sin corazón y los chicos habían sufrido bastante. Entendía sus deseos de permanecer alejados de los negocios de su padre… por otra parte… sus ojos brillaban orgullosos… Dios!!! Estaba encantado…  Jefe de dos familias… el sueño que había descartado por amor la vez anterior se estaba materializando frente a él…

El jefe más poderoso… la unión de dos familias, aunque la segunda fuera la de Rojas.

Lo había pensado todo anticipándose a los hechos. En su mente había visualizado cien veces el camino y tenía claro que hacer y cómo hacerlo. Los chicos Rojas le estaban concediendo control total. Podría hacer cambios. Los negocios de Rojas no eran despreciables; los haría crecer, cambiaría muchas cosas… Sus propios negocios también eran ilegales pero el nivel de su ilegitimidad estaba lejos de la trata de blancas o la basura que negociaba Rojas.

Soltó el aire despacio de sus pulmones, levantó la barbilla, estiró las piernas… satisfecho. Finalmente, y contra el pronóstico de su padre, si sería el Jefe más importante de todos. Iba a producir un serio desequilibrio en las familias y de seguro encontraría oposición… pero esta vez, él tenía la sartén por el mango y podía cocinar todo a su gusto. Era un gran día.

-. Me están entregando toda su confianza. No los defraudaré. Me encargaré de proteger sus intereses.

 

DANIEL

Daniel estudiaba atentamente su reflejo en el espejo. Había pasado una semana y los rasgos físicos de Ray Salazar, causados por efectos cosméticos, desaparecían de prisa.

Cuando llegó de vuelta su madre tuvo que mirarlo dos veces para reconocerlo

-. Pero ¿qué haces vestido así? Y por qué tu pelo esta rubio?… y estas más gordo… Daniel?.

-. Es una larga historia, mamá. Te la contaré luego

Ese mismo día vino la especialista y pasaron toda la tarde intentando devolver a Daniel su verdadera imagen. Era agradable volver a mirar su cuerpo delgado y sin postizos, su pelo castaño y sus ojos verdes, recuperar sus movimientos normales y hablar con su verdadera voz.

Era bueno volver a ser él mismo.

No era bueno estar lejos de Coque.

Estaba de vuelta en su dormitorio… su ropa, sus libros, sus aviones… Todo volvía a la normalidad…

Excepto que él no quería volver a lo normal.

No se sentía cómodo estando solo. Se había acostumbrado a estar con Coque todos los días y ahora lo echaba de menos como si le faltara un pedazo de si mismo… se preguntaba a cada instante como estaba y si María o alguien más se habría acordado de sus medicinas, de pasear con él y ponerle la música que le gusta, animarlo, escucharlo hablar, contarle historias, hacerlo sonreír y obligarlo a comer engañándolo dulcemente…

Miró una vez más el teléfono con creciente ansiedad… El teléfono de Coque estaba muerto… seguramente María se lo había quitado o le impedía usarlo.

Repitió entonces el ritual que venía haciendo cada anochecer. Tomó el celular y marcó el número de María. Ojalá se dignara a contestarle esta vez.

-. Hola

-. Buenas noches, Habla Daniel

-. Daniel. ¿Como estas?

La frialdad con que María repitió su nombre fue de inmediato una mala señal

-. Me gustaría hablar con Coque, por favor

-. Supongo que ya sabes que está de vuelta en casa

-. Si, escuché que había vuelto y quisiera…

-. Entonces también habrás escuchado del peligro que pasó y lo cerca que estuvo de ser asesinado

Daniel no pudo evitar una sonrisa… claro que lo sabía todo. Lo había protegido por instinto y lo volvería a hacer mil veces más…

-. Pero él está bien, ¿no es así?

-. Mi hermano está vivo pero dista mucho de estar bien. Creo conveniente advertirte que no voy a autorizar visitas para él en largo tiempo.

-. María… por favor. Coque necesita compañía y yo en verdad deseo verlo

-. La única compañía que tendrá por ahora será la de quienes lo cuidan. Lo lamento Daniel pero hago lo que es mejor para él

-. María!!.. Coque necesita saber que me preocupo por él… por favor

El silencio al otro lado de la línea alimentó sus esperanzas por unos segundos

-. No. Lo lamento pero no. Le diré que llamaste una vez más. Cuando él esté bien podrás verlo. Buenas noches, Daniel

¿Hasta que él esté bien?… ¿Qué sabia María de lo que significaba que Coque estuviera bien?…. Maldición!!! iba a encerrarlo bajo siete llaves en un cuarto vigilado donde lo único que pasaría sería que Coque se vendría abajo sin nadie que lo empujara a salir adelante… él lo había dejado bien!!!.. se había esforzado mucho para que Coque volviera a hablar, comer y sonreír… era tan injusto… Maldición!!!

La mesita de noche recibió la patada descontrolada de Daniel y la lámpara terminó cayendo al suelo con gran estruendo…

No era justo.. María no sabía lo que era bueno para Coque… es verdad que  necesitaba protección pero ella lo sobreprotegía en exceso ahogándolo e impidiéndole salir a flote… también necesitaba tiempo y cariño… paciencia y amor…  retrocedería si no tenía eso… nunca iba a mejorar si no hacía algo… mierdaaaaaaa!!

La desesperación de Daniel lo hizo tomar el teléfono y llamar a un número que jamás pensó iba a marcar

-. Esteban, habla Daniel

-. Daniel –repitió su nombre de manera cortante

-. Necesito pedirte un favor

–  Te escucho – la tensión fue notoria en la voz de Esteban

-. Tengo que ver a Coque. Por favor. Tienes que ayudarme

El silencio al otro lado de la línea no pronosticaba nada bueno

-. No es conmigo con quien debes hablarlo

-. He intentado hablar con María todos los días pero no me deja verlo.

-. No hay nada que yo pueda hacer

-. Si. Si lo hay… dime si has visto a Coque hoy… puedo apostar a que esta triste y no habla… seguro que apenas come y se olvida de las medicinas… está apagado y callado… es así?.. dime, es así?

Esta vez el silencio de Esteban era prometedor

-. Va a retroceder todo lo que había progresado. Por favor no dejes que eso suceda. Tú también le tienes cariño a Coque… déjame seguir ayudándolo. Convence a María para que me permita verlo… por favor… te lo ruego.

El nuevo silencio lo alentaba. Significaba que Esteban estaba al menos pensándolo…

-. Tú sabes que yo le hice bien… por favor, Esteban… puedes cobrar a mi familia lo que quieras… Gonzalo accederá con gusto pero déjame verlo

-. Veré que puedo hacer – respondió Esteban cortando la comunicación.

Daniel permaneció mudo mirando el teléfono… se había jugado la última carta… No había más que hacer que confiar en el cariño que Esteban le tenía a Coque… que deseara hacer lo que fuera mejor para él.

Se quedó sentado en su cama con los hombros caídos, las manos colgando, el rostro agachado, el pie martilleando furiosamente contra el suelo y la vista fija en la alfombra

Tenía que ayudarlo…  tenía que verlo… ahora.  Dios!!.. lo amaba y no podía permitir que se deprimiera de nuevo

Sentía la angustia cosquillear por su cuerpo… pensamientos locos circulaban por su mente… la casa  de María era una fortaleza y no podría entrar a escondidas… esperar una llamada de Esteban.

Bajó a cenar con sus padres. Era el único que estaba en la casa con ellos; Lidia en el hospital y Gonzalo con Miguel ya no vivían allí. El celular cerca de él todo el tiempo… esperaba…

Subió de nuevo a su cuarto… no podía concentrarse en nada…

El teléfono sonó finalmente cerca de medianoche.

-. Mañana al mediodía – dijo Esteban omitiendo saludo o explicaciones innecesarias

-. Gracias – respondió Daniel sintiendo alivio —puedes cobrarle a Gonzalo…

-. Lo hago por él – interrumpió Esteban – Coque me importa mucho

-. Lo sé. Por eso te llamé a ti – se dio el lujo de responder Daniel.

Mañana… mañana al mediodía… por fin.

Se metió a la cama sabiendo que no iba a dormir tranquilo… pero al menos tenía una esperanza concreta en que pensar esa noche.

 

LIDIA

Lidia había sufrido bastante. Las quemaduras en su cuerpo eran dolorosas y sus tímpanos se habían dañado seriamente a causa de la explosión y fue necesario operarlos.  La molestia de sus oídos afectaba su equilibrio y le producía profundas nauseas cuando intentaba moverse, por eso la mantenían sedada y en una habitación silenciosa la mayor parte del tiempo. No tenía cuenta exacta de los días que habían pasado pero sabía que cada vez que abría los ojos, Andrei estaba cerca y pendiente de ella; él sostenía su mano y el mundo dejaba de girar para adquirir balance, fijaba la vista en sus ojos y todo parecía casi normal y bien…  Su increíble Andrei que no se había movido de su lado… apretó los labios fuertemente para evitar emocionarse luchando contra las ganas de moverse… estaba demasiado sensible y cualquier cosa la hacía llorar pero las molestias empeoraban si lloriqueaba. Andrei con su cariño y su ternura la emocionaba. No habían tenido tiempo de hablar a pesar de las largas horas silenciosas que compartían. Lidia no estaba en condiciones de hacerlo debido a los fuertes medicamentos y al embotellamiento constante que sentía en su cabeza. Necesitaba pensar con claridad antes de hablar con él. Sabía que ahora tendría que trabajar mucho para ganarse su  perdón y sobre todo, encontrar la manera de perdonarse a sí misma por haber sido tan torpe… Karina había muerto por su culpa… Si la hubiera dejado marchar al norte cuando Andrei se lo ordenó ahora estaría viva…  No quería pensar… sentía extraños zumbidos en su cabeza que aumentaban cuando comenzaba a estresarse.

Abrió los ojos despacio, La habitación siempre estaba en penumbras. Enfocó con cuidado la vista y recorrió la habitación del hospital buscándolo… sus ojos se detuvieron en la figura sentada cerca de la cama.  No era Andrei quien al acompañaba en ese momento. Si hubiera estado en condiciones, posiblemente habría levantado mucho sus cejas, abierto grandes los ojos y un sonido habría escapado de su boca… pero dadas las circunstancias y el dolor que todo ello implicaba, solo se limitó a mirar fijamente al ocupante del asiento en el cuarto sin hacer ningún otro gesto en su rostro

-. ¿Estás despierta? – Preguntó su padre muy despacio, preocupado, estirando su mano y cogiendo la de ella.

Lidia no salía de su asombro… ¿estaba viendo visiones?… ¿aún estaba dormida y soñando?… ¿era efecto de las medicinas? Porque… ¿Qué hacía su padre en su habitación del hospital?…

-. Andrei…- balbuceó insegura

Vio el rostro de su padre sonreír… se quedó mirándolo hipnotizada… No recordaba cuantos miles de años hacía que no veía la sonrisa de su padre… desde que era una niña y él la tomaba en brazos para levantarla en el aire…

-. ¿Papá?

-. Aquí estoy, hija

Lidia sintió el impulso de sentarse de prisa en la cama para despabilarse por completo. Quería comprobar que no estaba dormida… que no era un sueño

-. ¿Papá, que hace aquí? – se sentía atontada pero a pesar de todo, quería luchar contra el cansancio y despertar completamente… Su padre en el hospital… Ni siquiera cuando Daniel estuvo grave, su padre había ido a verlo en persona.

Don Jaime miró a Lidia con un tipo de expresión que ella no recordaba haberle visto antes…  quizás eran las huellas del infarto las que habían vuelto al viejo más humano… quizás era que ya no manejaba los negocios de la familia y eso le permitía mostrar otro lado diferente de su personalidad… no necesitaba ser siempre duro y firme, no tenía que mantener la fachada de Jefe…

Aún sosteniendo la mano de Lidia entre las suyas el viejo le hablo con suavidad

-. Mandé a ese noviecito tuyo fuera de la habitación. Me costó sacarlo, eh?… es porfiado. No quería dejarte.

¿Qué le estaba diciendo?… ¿Qué deseaba un momento a solas con ella?… ¿Qué había ido a verla en forma exclusiva?…

Lidia atesoró la cariñosa expresión de su padre… el hombre que la despreciaba por ser mujer y no le había permitido nunca participar de los negocios de la familia…

-. Tal vez me equivoqué con él…

-. ¿Qué dice, papá?

Tenía miedo de hablar y romper la magia del momento… todo parecía irreal… la habitación en penumbras, su sopor, la mano de su padre acariciándola… seguía dudando de que todo fuera real

-. Gonzalo y tú siempre creyeron en Andrei

Oh por Dios!!!  ¿Estaba su padre disculpándose por los años de ausencia de Andrei?… ¿por haberlo mantenido lejos? ¿por toda la pena que le había causado?… Lidia sintió el dolor regresar a su rostro cuando  sus músculos se tensaron al intentar contener la emoción. Su padre la miró y notó su sufrimiento… se preocupó.  Unas suaves palmadas en su mano le confirmaron a Lidia que todo era real… sentía los delicados golpes de la mano de su padre sobre la suya… tantos años esperando…

-. Eres una mujer fuerte, hija.  Yo vengo de otra época… las mujeres no eran parte de los negocios

El médico le había prohibido los gestos en su cara para evitar el dolor pero no había forma de controlar la boca de Lidia que se abrió de asombro… dejó de tratar de sentarse y se dejó caer tranquila contra el respaldo de la cama…  apretó la mano de su padre como única muestra de que estaba escuchando y entendía… no necesitaba decirle nada más… ya había comprendido lo que su padre le estaba diciendo en su manera tan particular…

Fueron varios minutos de silencio compartido… las manos unidas. Lidia sintió como dentro de ella se disolvían varias rocas duras de pena, frustración y dolor que cargaba consigo desde hacía muchos años…  Era bueno, muy bueno verlas disolverse y alivianarle la vida…

El médico que atendía a Lidia eligió ese momento para ingresar al cuarto seguido de una enfermera. Saludó  a Don Jaime con especial atención  y procedió a revisar el estado de Lidia.

-. ¿Cómo está mi hija?

-. Todo marcha bien, Don Jaime. En un par de días ya podrá irse a casa

Volvieron a quedar solos. Lidia miró con detención a su padre. Estaba viejo y se notaba que su salud estaba resentida… pero era su padre y ella seguía  necesitando de él como cuando era una niñita.

-. Mejórate pronto. Tu madre te necesita en casa y Gonzalo en el trabajo– dijo el viejo justo antes de marcharse, besándole con cuidado la frente.  Lidia lo siguió con la vista… ya no caminaba tan rápido ni tan erguido como antes… no tuvo que hacer ningún esfuerzo especial para que las lágrimas rodaran silenciosas por sus mejillas. Así la encontró Andrei cuando volvió con ella

-. Lidi!!.. ¿te duele algo?

-. No

-. ¿Es por la visita de tu padre? Me sorprendió,  no me dejó permanecer aquí. Me exigió que los dejara solos… ¿Te dijo algo desagradable?…

Lidia movió lentamente la cabeza negando y esbozando apenas una sonrisa.

-. No. Él fue… amable

-. ¿Amable?

Lidia sonrió y cerró los ojos… ¿cómo le explicaba a Andrei lo que acababa de pasar?… Los años de sufrimiento por sentirse despreciada por ser mujer, las miradas despectivas, los comentarios hirientes… su padre recién había terminado con ello y le había dejado claro que la esperaban y necesitaban…

-. Abrázame…- pidió casi rogando

Andrei no se hizo de rogar. Con cuidado se acercó hasta envolverla en un abrazo delicado

-. Lidi…

-. Estoy bien. Ya quiero salir de aquí

Andrei también respiró aliviado al escucharla. Lidia había estado no solo adolorida por las quemaduras, sino también deprimida y silenciosa a causa de la muerte de Karina y los guardias además del daño que significarían las cicatrices. Escucharla decir que estaba bien y quería irse era una buena noticia.

-. Falta poco Lidi. El doctor dice que solo unos días más 

Lidia mantenía sus brazos alrededor de Andrei. No quería soltarlo… ni ahora ni nunca más

-. Quiero que hablemos – le buscó los ojos. Como siempre, Andrei la recibió con una mirada limpia y sincera, llena de amor.

-. Hablaremos cuando salgas de aquí

Tampoco la soltaba.

 

JORGE

Veía a Ghiotto todos los días pero estaba aprendiendo  a disimular lo que sentía y a que su rostro no revelara emociones y permaneciera serio como el de Gonzalo o Andrei cuando lo deseaban.  Cada día adquiría nuevos conocimientos y los ponía en práctica rápidamente. Le gustaba su oficina cerca de la de Gonzalo con una secretaria en el escritorio justo afuera de su puerta.  Se había sentido intimidado al principio… ¿pará qué necesitaba él una secretaria? Luego de un par de días descubría todos los beneficios que la eficiencia de la mujer le brindaba. Incluidos entre aquellos beneficios estaba el hecho de que Ghiotto ya no podía aparecer inesperadamente en su lugar de trabajo. Ella tenía instrucciones precisas de anunciar a quien fuera antes de dejarlo pasar… excluidos Gonzalo y Andrei, obviamente.  Jorge tenía mucho que aprender y hacer. Estaba organizando lo que sucedía con el negocio para mantener un mejor control de todo y lo hacía de manera tal que la información careciera de sentido para quienes no entendían el negocio; siempre estaba el riesgo de que la información cayese en manos inapropiadas o por si la policía incautase sus equipos… así es que Jorge disimulaba todo haciéndolo parecer parte del negocio legal de la familia. Se apasionaba con esos desafíos a su ingenio. Era hábil y le gustaba demostrarlo. También lo entretenía salir a las calles y entender en los lugares mismos como funcionaban los negocios. Siempre que iba  a esos lugares tenía órdenes directas de Gonzalo que llevar a cabo y a veces incluía tomar decisiones que involucraban mucho dinero y la vida de personas. Podía hacerlo. Su mente era extremadamente lógica y estaba aprendiendo a controlar su lado emocional.

Cuando el trabajo terminaba, a veces a horas increíblemente tardías, Jorge llegaba a su departamento y aunque estaba solo, se sentía bien. Era muy joven y estaba logrando mucho.  Ya todos en la familia lo conocían y comenzaban a obedecer sus instrucciones sin preguntas ni miradas sospechosas.

Sin embargo, a pesar de todo lo que ocupaba su tiempo y cerebro, cuando tenía un momento de tranquilidad, se sorprendía a veces pensando en quien no debía.

“…solo una vez y por ayudarle a cumplir las órdenes del jefe”…

Se recordaba a sí mismo esa frase que le había dicho Ghiotto cada vez que comenzaba a pensar en él…

Imbécil!!…

Si. Se sentía solo

Si. Le gustaría tener un compañero

Si. Ghiotto le resultaba atractivo

Pero no. No era idiota. Lo había sorprendido con la guardia baja aquel día. No iba aponer sus ojos ni sus sentimientos en un tipo que se revolcaba con mujerzuelas y creía hacerle un favor al tener sexo con él. Ghiotto era un hombre retrógrado, frío, capaz de mucha crueldad… de abandonarlo sin decir nada después de casi violarlo y pretender que no había pasado nada al día siguiente.

Ghiotto era la máquina perfecta para ejecutar órdenes pero no era la persona con quien compartir la felicidad de lo que estaba pasando en su vida… no era un tipo que fuera a entenderlo ni a preocuparse por él… no tenía sensibilidad ni nada de romanticismo… no estaba cortado a la medida que él necesitaba.

Tenía manos grandes y firmes que lo habían hecho sentir bien después de tanto tiempo de soledad y abstención… un cuerpo firme y sólido en el cual le habría gustado cobijarse luego del sexo… una personalidad dominante y exigente que lo había conquistado en solo unos cuantos segundos…

Si. Le había gustado la interacción con él. No podía negarlo.  La molestia física que sintió durante los dos días siguientes producto del sexo lo hizo sentir vivo y le recordó que existía vida fuera del trabajo…

Pero era totalmente imposible y lo tenía claro… tan claro como la indiferencia que veía en la mirada de Ghiotto cuando se dirigía a él…

Bien. Tenía muchas otras preocupaciones que atender. Ghiotto era uno más de los tantos hombres de confianza que trabajaban con la familia. Dejaría de ser importante a fuerza de indiferencia de parte de ambos. Ese era el juego que llevaban jugando desde hacía semanas y él se estaba volviendo un experto en jugarlo.

La nueva personalidad que florecía en él lo volvía más confiado y seguro. Ahora sí se sentía capaz de conquistar a alguien por su cuenta. Lo haría en cuanto tuviera tiempo y ganas.

Jorge estaba ese día en uno de los locales de la familia indicándole al administrador externo que a partir de esa fecha tendría que llevar los registros en un computador. Como había sucedido en todas partes, ninguno de los “administradores” se mostraba de buen humor al saber del estricto control que se ejercería sobre sus cuentas a partir de esa fecha. Es por eso que Jorge iba acompañado siempre de un par de hombres grandes y fuertes, conocidos por ser cercanos a Gonzalo; cuando fallaba el convencimiento no quedaba más que recurrir a la fuerza. Tenía la autorización de Gonzalo para hacerlo y la instrucción expresa de poner el sistema en funcionamiento lo antes posible.

El administrador de aquel día resultó particularmente agresivo y violento cuando Jorge le explicó lo que sucedería. Se fue de golpes contra Jorge sin medir las consecuencias que eso acarrearía. Ghiotto y su compañero neutralizaron la situación en cosa de segundos

-. Estas fuera del negocio – dijo Jorge poniéndose de pie, escupiendo y limpiándose la sangre que emanaba de un corte en el labio

-. Imposible! – gritó el hombre mientras era sostenido brutalmente por Ghiotto – llevo más de veinte años trabajando para Don Jaime. No me pueden desaparecer así nada más

-. Ya desapareciste – susurró Ghiotto amenazante al oído del hombre antes de aplicar un golpe que lo dejó inconsciente

Jorge miró al administrador desmayado en el suelo. Había firmado su sentencia al agredirlo. Era el primero.

-. Llévatelo de aquí-  pidió Ghiotto a su compañero. El hombre lo levantó como si fuera una pluma y se lo llevó cargando hasta uno de los vehículos, desapareciendo de inmediato

-. ¿Qué pasará con él? – la voz de Jorge aun no era firme

– El jefe decidirá su suerte – respondió Ghiotto mirándolo intensamente. Había mucho de diferente en el Jorge que tenía frente a él comparado con el chico de hacía unas semanas.

Jorge lo notó y se sintió incómodo. Recogió su computador con movimientos rápidos y precisos. No le gustaba estar a solas con Ghiotto… la indiferencia se volvía difícil cuando estaban solo ellos

-. Necesitará un par de puntos en el labio – dijo Ghiotto acercándose a él – lo llevaré donde el médico.

-. No. No quiero. Llévame a casa

-. Pero no va a dejar de sangrar y quedará una cicatriz muy fea

Sin saber cómo, Giotto estaba hablándole casi encima. Los ojos seguían fijos en él. Jorge hizo un gesto de molestia antes de volverse hacia Ghiotto, sin darse cuenta que estaba tan cerca,  y subir el tono de voz hasta casi gritar

-. No quiero ningún punto!!!

La sangre volvió a manar con más fuerza al gritar. Ghiotto tenía muchos años de experiencia en heridas y golpes como para saber que aquello requería de un médico para recuperar la normalidad… Jorge… demonios!! Jorge tenía una boca bonita y no quería pensar en cómo se vería con una fea cicatriz atravesándola…

-. Vamos – dijo quitándole el computador de las manos, empujándolo hacia fuera del local, sin recordar que era el otro quien daba las órdenes. Jorge a veces lo desesperaba con su actitud,  su indiferencia y, más que nada, con el recuerdo de lo que había pasado entre ellos.  Parecía un fantasma que se le aparecía a perturbarlo en sus sueños…  las había buscado y ninguna de ellas era capaz de provocarle lo mismo… ¿Por qué no le pasaba eso mismo con las mujeres?… Era molesto pensarlo todo el tiempo.    Jorge era un hombre tranquilo, testarudo, orgulloso y estaba cambiando rápidamente, aprendiendo a ser frío y controlado. Lo entendía. Era necesario para ser jefe. Pero él sabía más y a veces su deber era proteger al jefe de sí mismo. No iba a permitir que una cicatriz estropeara su rostro y su boca

Jorge protestó casi todo el camino amenazándolo con todo lo que pudo pero Ghiotto siguió conduciendo, indiferente, hasta estacionar frente a la casa del médico, abrir la puerta y bajarlo.

Jorge cerró los ojos apretándolos con fuerza cuando el médico acercó la aguja con anestesia a sus labios. Fueron necesarios tres puntos para cerrar el corte y un calmante para tranquilizarlo.

Horas más tarde abrió los ojos. Todo estaba oscuro. Con la suave luz del exterior pudo darse cuenta que era de noche y estaba solo en su propia cama en el departamento …  pero.. ¿cómo?…  no recordaba nada hasta que sintió dolor en el labio… Claro!! Golpes, sangre, puntos y calmantes… se llevó la mano al labio para comprobar la herida… se había dormido a causa del calmante y entonces… ¿Ghiotto lo había traído hasta su casa?… se levantó de la cama y en ese momento fue consciente de la falta de ropa en su cuerpo… Maldición!!!… no es que fuera una virgen pudorosa pero no le gustaba saber que alguien más lo había desnudado mientras estaba inconsciente… atravesó de prisa el cuarto en busca de su ropa en donde encontraría su teléfono para llamar y decirle… …

La lámpara pequeña de la sala estaba encendida. Ghiotto estaba dormido en el sofá de su sala

-. Pero!!!…- la palabra escapó en un jadeo atontado… sorprendido por partida doble… ¿Qué hacía Ghiotto en su sala? Y con qué derecho se veía tan bien al dormir… su rostro relajado sin los típicos gestos de enojo o brutalidad… parecía otra persona…

Tal vez era la costumbre de permanecer alerta en todo momento. Ghiotto apenas escuchó la palabra dicha por Jorge pero fue suficiente para que abriera los ojos y observara todo rápidamente… se detuvo sobre Jorge… Ladeó levemente la cabeza… lo había visto hacía unas horas atrás cuando lo trajo dormido y le quitó la ropa para meterlo en la cama… ahora estaba despierto, desnudo y lo miraba sorprendido desde la puerta de la sala.

4 comentarios en “Miguel 2 Capítulo 80 – M2

  1. Esto se va a poner bueno 7u7

    Si ya estaba enamorada de esta historia, ahora mi amor se multiplica por mil <3

    Dios!! Dani es tan tierno (de la manera mas madura y macha posible XD), ya se viene el "reencuentro"
    "Extrañare" a Ray :c

    Espero el siguiente capitulo 😀

    Nos leemos

    • Hola Alice San!

      Muchas gracias por tu comentario <3

      Daniel esta esperando reunirse con Coque y eso va a ser bonito. Ambos se necesitan.
      Aawww creo que yo tambien extrañaré a "Ray" era un personaje de un personaje muy lindo jajajajaaa.

      Queda poco de esta historia. Intentaré actualizar pronto.

      Saludos cariñosos,

      Nani.

    • Hola Alice San!

      Muchas gracias por tomarte el tiempo para dejarme un comentario.

      Daniel esta muy ansioso por ver a Coque. Ambos se necesitan y eso va a estar muy bonito. aawwww yo tambien extrañaré a Ray.. era un personaje de un personaje muy bonito (jajajajaa) Veremos que sucede con el destino de esos dos personajes, sobre todo de Coque.

      Queda poco de esta historia y después de tanto tiempo se siente raro pensar en dejarlos… vendrán otros personajes, supongo.

      Gracias!! <3 saludos cariñosos,

      Nani.

  2. Querida Nani

    Como siempre maravillada ante tu ingenio y esa maravillosa forma de escribir, me he enamorado mas de ser posible de Gonzalo, Dani y de cada uno de tus personajes, espero ver pronto la actualizacion…

    Saludos y un fuerte abrazo de una fiel admiradora

Deja un comentario