Capítulo 7

CAPITULO 7

 

Al día siguiente tenía lugar el segundo concurso.  Carlos pasó gran parte del día acompañando a su mamá hasta que Leila vino a buscarlo para transformarlo en Carline. Ella notó que el chico estaba extrañamente silencioso y calmado

-. ¿Estás nervioso, cariño? – preguntó Leila camino del concurso

-. No. Estoy bien – respondió tranquilo

-. Todo va a salir bien – dijo ella tocándole la mano. Carlos puso atención a la mano de Leila sobre la suya.

-. ¿Puede Carline pintarse las uñas? – dijo estirando su mano

Leila asintió y mientras esperaban el inicio del concurso, mató sus nervios arreglando las manos de Carline.

-. Las otras chicas me miran – comentó Carlitos fijándose en las otras modelos que competirían con ella. Un rostro en particular llamó su atención; era una estudiante de su escuela. Pero no se alteró.

-. Es envidia. Tú eres más bonita – respondió Leila restándole importancia.

 

La primera parte del concurso dio comienzo. Leila tenía que trabajar en un peinado especial y sorprendente para poder ganar el voto de los jueces. Le agradó que Carlitos estuviera cooperando tan dócil y entregado. Era primera vez que parecía estar a gusto en el sillón frente a los jueces.

El concurso anterior había sido en un pequeño auditorio donde apenas había público. Ahora estaban en un teatro grande, bien iluminado, y con bastante asistencia, pero Carlos no los había mirado. No quería ver a público ni pensar que entre ellos probablemente estaba Bruno y los idiotas. Habían dicho que vendrían a ver a Carline. Sentía algo helado que le erizaba la piel cada vez que lo pensaba.  Ya no era una sensación de rabia o lucha sino más bien de dolorosa aceptación.  Leila le había dicho ayer que “todo iba a estar bien” pero él sabía que no sería así a menos que hiciera algo drástico y le torciera el destino a su vida. Con la vergüenza e injusticia del día anterior, Carlos había tocado fondo y era prácticamente imposible que se levantara y volviera a la escuela o siguiera adelante peleando por la vida que quería tener. Todas las puertas se le cerraban y él no sabía cómo volver a abrirlas. Carlos era tonto y débil.

-. Gira hacia un lado – pidió Leila devolviéndolo a la realidad.

Girar… hacia un lado u otro. Eso era lo que tenía que hacer; girar y aprovechar el nuevo camino que se le ofrecía como oportunidad. Ya no tenía mucho más que perder.

-. Estoy quedando muy bien – Carlos había abierto los ojos y se miró al espejo. La magia de Leila estaba funcionando – Carline esta bella

Minutos después, Leila terminaba de aplicar productos en su pelo cuando sonó un fuerte timbre

“Ha terminado el tiempo” anunció una voz por los parlantes

Carlos miró fijamente sus ojos en el espejo: detrás del brillo y las largas pestañas estaban sus pupilas verdosas…

Se ha terminado el tiempo” repitió en su mente. “Ahora es el tiempo de Carline”

-. Tenemos un receso de 20 minutos. Vamos por un café – invitó Leila relajando sus hombros

-. Ve tú adelante. Yo… vuelvo pronto

Leila supuso que sería el baño y no preguntó más.

Carlos se miró una vez más al espejo, tan absorto en la imagen reflejada que no notaba ni escuchaba el movimiento a su alrededor. El vestido se ajustaba a su cuerpo resaltando seductoras curvas femeninas, las piernas torneadas terminaban en coquetas sandalias de taco, el peinado que enmarcaba su rostro era perfecto. Tal vez había nacido equivocadamente… quizás siempre debió ser la hermosa Carline del espejo, pensó con mucha pena.  Se veía muy bien excepto por la expresión de nerviosismo. Respiró profundamente. Alzó la barbilla y se acomodó el pelo como haría una mujer.

-. Bien Carline, veamos si sabes hacerlo mejor que yo – dijo como si se despidiera de sí mismo, antes de partir caminando hacia el saloncito del segundo piso.

Los escuchó hablar y reír antes de llegar a la puerta. Si guardaba la esperanza de que no aparecieran ya podía darla por perdida. Estaban ahí, detrás de esa pared esperando para conocerla… a Carline.

Ya que más podría ser peor…

Tragó una gran bocanada de aire, se aseguró de estar listo, dibujó una sonrisa entre coqueta y nerviosa y giro el pomo de la puerta

-. Hola chicos – dijo empleando la voz completa y cantarina que ni siquiera sabía que tenía

Los cuatro esperaban sentados en los dos sillones del cuarto. Vestían diferente a la ropa casual de la escuela y parecían mayores. Saltaron como resortes al verla entrar, con los ojos muy abiertos la recorrieron de arriba abajo. Carlos agradeció la luz tenue del cuarto.

-. ¿Ustedes son los amigos de Carlos? – preguntó intencionalmente.

Los chicos se miraron confundidos… ¿Carlos? ¿Qué Carlos?…. AH!!! Carlos, el princeso

-. Si. Somos nosotros. Hola. Soy Jeffrey –  el aludido se adelantó canchero y sonriente y para asombro de Carlos le besó la mejilla. La sorpresa lo hizo retroceder instintivamente – Eres muy bonita. Seguro vas a ganar esta noche – dijo Jeffrey sin notarlo

Teo se presentó a continuación y luego Elías. Esta vez Carlos estaba preparado para recibir los besos y la cercanía.

-. Hola. Soy Bruno

Se le borró la sonrisa. No estaba preparado para esa voz ni esa mirada. Bruno se veía diferente

-. Carline – dijo Carlos y olvidando todo fue a extender la mano para saludar pero Bruno se acercó, posó su mano en el hombro y besó su mejilla de manera lenta, muy distinta a los otros chicos. Un exquisito aroma a colonia fresca y a piel le invadió los sentidos.

-. Es un placer conocerte, Carline

¿Era esta la razón de porqué las chicas lo perseguían como perras??… ¿Qué Hacía Bruno que cambiaba la voz y lo tocaba y miraba así?? El movimiento de las pestañas de Carline no fue pensado sino instintivo y natural indicando su desasosiego. Carlos estaba impresionado y se le olvidaba el dialogo que había ensayado y los movimientos y preguntas y….

-. ¿De dónde eres? – preguntó Bruno

Dios! eso sí lo recordaba

-. De la capital. Vine contratada a participar en el concurso en este pueblo

-. ¿Y te gusta nuestro pueblo? – preguntó Jeffrey

-. Bueno, no he podido ver mucho. Solo trabajo – dijo Carlos haciendo gestos con las manos y el rostro

-. Nos gustaría mucho enseñártelo? – dijo Teo

-. ¿Qué tal si nos acompañas a una fiesta luego del concurso? – invitó Jeffrey

-. Una chica tan linda como tú no puede solo trabajar – Agregó Elías

-. Vamos a divertirnos – insistió Jeffrey

-. Vamos a enseñarte como se divierte la gente aquí-

Se acercaban demasiado… Carlos empezó a sentir la presión de tenerlos encima… respiró agitado y pensó en lo que tenía que hacer… No era Carlos, era Carline y ella sabía manejar una situación así. Carline había enfrentado grupos de admiradores muchas veces, lo hacía desde niña porque siempre llamaba la atención. No se iba a amedrentar por un grupo de pueblerinos

-. Me gustaría mucho acompañarlos – dijo abriéndose paso con ambas manos por delante, empujándolos suavemente y avanzando hacia el centro de la habitación – pero el concurso aun no termina – hizo un gesto en que fingía lamentarlo – Debo terminar el trabajo para el cual me contrataron

-. Te esperaremos!

-. Si! No importa si termina tarde

Carlos los miró uno a uno… se le asemejaron a un grupo de perros hambrientos deseosos de hincarle el diente. Sintió una oleada de repulsión así es que desvió la vista rápidamente hacia la parte más oscura de la sala.  Bruno la observaba en silencio desde la oscuridad. ¿Qué estaba haciendo? ¿Acaso se había dado cuenta? ¿lo había reconocido? Dios!! tenía que terminar todo esto ya mismo. Había cumplido con conocerlos

-. Les agradezco la invitación, pero es imposible.– ensayó una sonrisa radiante acompañada de un movimiento de hombros y se sorprendió al recibir sonrisas bobas y atontadas de vuelta… Dios!! ¿Era todo así de fácil para las chicas bonitas???

-. Me alegro de conocerlos chicos pero ya debo pedirles que se vayan. Tengo que bajar. – no estaba seguro de cuanto rato más podía mantener esta farsa

-. ¿Podemos volver a verte? – pregunto uno de ellos

-. Claro! Cualquier otro día – respondió vagamente con una luminosa sonrisa

Hubo sonidos de lamento y luego nuevos besos de despedida. Carlos estaba preocupado de Bruno que seguía enclavado en la parte oscura sin decir nada. Cuando los otros ya se iban, Bruno se acercó a Carline

-. Por favor no lo tomes a mal pero me gustaría volver a verte mañana

Carlos sonrió nervioso pensando si había escuchado bien y buscando que decir.

-. ¿Quieres verme mañana? – repitió algo confundido

-. Me encantaría conocerte. Podemos almorzar juntos y te mostraré el pueblo – dijo él, animado a persuadirla

¿Cómo es que nunca había imaginado que Bruno podía tener este aspecto seductor? Cielos! Se estaba distrayendo con su forma de mirarlo. Tenía que enfocarse

-. No… creo que pueda. Mi horario de trabajo es complicado

-. Entonces, un corto paseo en la tarde o lo que tú digas, Carline

Bruno le tomó la mano mientras hablaba. Carline fue capaz de quitarla, conmovida por el roce imprevisto.

-. Por favor – murmuró Bruno llevándose la mano a la boca para depositarle un suave beso -Tú no imaginas lo que significa para mi conocerte

Carlos estaba sobrepasado por lo que sucedía. ¿Qué podía significar para Bruno conocer a Carline? ¿Dónde estaba el idiota que él conocía? ¿Quién era este personaje seductor y caballero de mirada intensa que le besaba la mano y le decía frases hermosas?

-. ¿Qué me dices? – preguntó Bruno en vista del silencio en que Carlos se había refugiado

-. Bruno, verdad? – fingió que intentaba recordar el nombre – De acuerdo. Me has convencido – dijo soltando el aire en una risita – Me haré un tiempo entre mis actividades mañana para conocer este pueblo.

Bruno suspiró contento. Aun no le soltaba la mano por lo que él la retiró antes que comenzara a temblar

-. ¿Dime donde y a qué hora te paso a buscar? 

¿Qué demonios tenía Bruno en la sonrisa que le transformaba la cara y lo hacía parecer… guapo?

-. Estaré en la tienda de la señora Helena a las seis

¿De dónde demonios había salido eso con tanta naturalidad???

-. Perfecto! – Bruno estaba feliz –  Ahora volveré a mi asiento y te veré ganar

-. Eso espero

Por fin Bruno se retiraba. Necesitaba estar solo unos minutos

-. Carline, en verdad, estoy encantado de conocerte – dijo Bruno justo antes de desaparecer con una sonrisa que le cruzaba toda la cara

Carlos cerró la puerta y se dejó caer en una silla mirando al vacio. Por unos segundos no se movió y luego comenzó a reír… una risa nerviosa mezclada con gestos de incredulidad. Lo había logrado!!! No podía creer que fuera tan simple. Bruno quería salir con Carline y su interés en ella era evidente. Dios!! Tenía que prepararse mucho para el día siguiente.

El ruido del timbre le anunció que debía bajar de prisa. El concurso continuaba.

Durante todo el rato siguiente en que Leila trabajó en su aspecto lo único que Carlos podía pensar era que entre el público que lo observaba estaba Bruno pendiente de él… de ella, mirándolo con esos ojos grises y grandes que no habían sido agresivos ni desagradables como estaba acostumbrado a ver. Ahora podía imaginar porqué el idiota atraía a las chicas y ellas morían por él. Bueno, tendrían que hacer fila señoritas porque ahora Bruno estaba interesado en Carline y eso le abría un mundo de posibilidades. No iba a desaprovecharlas.

Desfiló frente al jurado con más gracia que la vez anterior. Carline estaba motivada sabiendo que era observada por el par de ojos grises entre el público. Cuando los jueces la declararon nuevamente ganadora ella sonrió satisfecha como si lo hubiera esperado y levantó la mano para saludar al público que la aplaudía con ganas. El carisma de Carline traspasaba la distancia y los espectadores estaban felices con su nuevo triunfo, tan inesperado para el pequeño pueblo. Carline miraba a todos sin ver a nadie y seguía moviendo la mano. Lo estaba saludando a él. Estaba demostrándole que Carline era una triunfadora.

 

 

 

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