Capítulo 13

 

 

CAPITULO 13

 

Bruno conducía con calma, procurando estirar el tiempo que tenía con ella y sintiéndose victorioso porque había logrado que Carline subiera a su auto

-. ¿Quieres que te lleve para que puedas descansar?

Carlitos suspiró sabiendo hacia donde iba la pregunta. Bruno deseaba pasar tiempo con Carline. Creía haberse calmado lo suficiente con la sesión de fotos y estar demasiado cansado y hambriento para pelear… además, Carline era fuerte y podía con lo que fuera.

-. No. En realidad me hace bien distraerme luego del trabajo – sonrió como si Bruno fuera la mejor distracción del mundo

-. Qué bien. ¿Qué deseas hacer?

Comer… por favor… comida

-. Pues… hoy no he comido nada. ¿Podríamos comer algo? – respondió

-. Si. Hay un restaurant de comida francesa a la salida del pueblo – Bruno estaba encantado – Es muy bueno y discreto

Si. Había escuchado a Roger hablar de ese lugar. Era el restaurant más elegante y caro del pueblo, pero a la vez era pequeño, discreto y alejado.

-. Debe ser muy bueno pero prefiero algo más cerca y sencillo. No tengo mucho tiempo ¿Tal vez una cafetería en el centro?

Había una cafetería muy popular a una cuadra de la heladería y a esta hora, seguro estaría llena de clientela joven, posiblemente muchos de la misma escuela, que los verían juntos y esparcirían el rumor. Eso sí calzaba con los planes de Carline.  Bruno pensó un segundo

-. Hay una buena cafetería muy cerca.  Te llevaré allá.

Carlos saboreó el pequeño triunfo al ver que el vehículo se dirigía hacia donde él deseaba. Estacionaron y Bruno se apuró en ayudarla a bajar. Cada pequeño detalle sorprendía a Carlitos y lo hacía pensar en que Carline merecía todo eso y más. Había tanto que aprender.

Efectivamente, la cafetería estaba llena. Esperaron unos minutos aguantando el escrutinio de los clientes y muy pronto los llevaron hacia una mesa. Las personas los miraban con curiosidad mientras avanzaban y algunos comenzaron a murmurar sobre ellos. Carline enderezó su metro sesenta y cinco sobre los tacos, y caminó como había aprendido, luciendo la chaqueta de la señora Helena en un gesto de vanidad, sintiendo que era admirada.  Algunos chicos saludaron a Bruno pero él solo tenía ojos y tiempo para ella.

-. Estás muy hermosa hoy día – dijo Bruno hechizado por los movimientos de Carline, luego de tomar asiento y ordenar.

-. ¿Solo hoy día? – Carline hizo un adorable puchero

-. No! Quiero decir, ayer también y todos los días. Eres muy bonita

Bruno estiró la mano por sobre la mesa y en un movimiento tranquilo y seguro cogió la de Carline. Cielos!! Nuevamente lo tocaba de manera imprevista. Tenía que aprender que a Bruno le gustaba tocarlo porque cada roce inesperado lo hacía alterarse y solo podía pensar en el suave calor en contacto con su piel. Su reacción instintiva fue esconder su mano pero no… ese era Carlos. A Carline seguramente le encantaba ser tocada y a  Bruno no parecía importarle que todos los que allí estaban se dieran cuenta… Bien!! Eso era muy bueno para sus planes

-. Me encantas, Carline. No sé que me hiciste pero no puedo dejar de pensar en ti

Bruno le hablaba directamente y aunque era un idiota, Carlos sintió una extraña emoción… nunca antes alguien le había hablado bonito… era la primera vez que recibía halagos y carecía de experiencia… Se sintió capturado por la mirada intensa de los ojos grises y no pudo desviar sus ojos… No había tenido la oportunidad de ver claramente todo el rostro de Bruno y estudiarlo a gusto… la nariz marcadamente masculina, las cejas rubias perfiladas sobre el gris de sus ojos bordeados de espesas pestañas, los matices de su pelo…oh!  Bruno tenía pequeñas pecas!!!

-. Yo no te hice nada – respondió casi sofocándose y retirando su mano para dejar espacio a que pusieran el pedido en la mesa

-. Eres increíble. Trabajaste toda la tarde y pareces recién salida de una revista de moda

-. Así es mi profesión

-. Cuéntame de la sesión… – pidió Bruno

Hablar! Si. Buena idea. Carline comenzó a hablar… ciertamente no era Carlos el que estaba transformando una sesión de fotos en un cuento divertido e ingenioso que hacía sonreír a Bruno y a él mismo. Imitaba cómicamente al fotógrafo y retrataba el caos de los cambios de ropa y retoques de maquillaje como si todo fuera una película de humor. No tenía idea de dónde le venía esta gracia que le permitía contar su primera tarde de trabajo como si fuera algo habitual y gracioso. Lo cierto es que lo estaba pasando bien, la comida era muy simple pero estaba deliciosa y Bruno escuchaba embelesado sin tocar su plato.

Carline terminó su comida ligera. Rechazó el postre con el dolor de su corazón

-. Ya tengo que irme – Carline se tenía que marchar. Como la cenicienta que desaparece para dejar al chico con ganas de verla…

Bruno pagó la cuenta y con absoluta naturalidad cogió la mano de Carline y avanzó con ella hacia la salida. Los murmullos y miradas no se hicieron esperar. Carlitos pensó que no importaba cuantas veces sucediera, él no estaba acostumbrado a ser tocado y cada vez se agitaba. Lo soltó al llegar al auto.

-. ¿Por qué estas en casa de esa señora? – pregunto Bruno camino de la casa de Leila

-. La conozco hace mucho tiempo. Prefiero su compañía a la soledad de un hotel

-. Es muy… estricta contigo

-. Leila me tiene cariño y me cuida.

“Ella es la madre que no tengo porque la mía se convirtió en una mujer asustadiza y llorosa que debo cuidar… fue porque mi padre la abandonó cuando supo que soy gay y ella eligió cuidarme… pero no pudo con el abandono y verlo a él con otra mujer y nuevos hijos…”

-. Si. Ya me di cuenta que te protege

Carline rió con sonidos cristalinos

-. Hey!  Además, hace poco cumplí los 18. No soy tan adulta… solo soy… – ¿qué era Carline?

Bruno la miró cautivado

-. ¿Sabes lo que eres?

Carline arqueó una ceja esperando a que continuara

-. Eres la chica más bella del mundo. Eres el milagro que tanto deseaba encontrar

Ahí estaba Bruno nuevamente hablando de Carline como si fuera mucho más que una chica que le gustaba.

-. ¿Por qué soy un milagro?

Bruno se tomó un momento antes de responder

-. Porque debió ser un milagro lo que te trajo a este pueblo y ahora estás aquí conmigo

Más halagos… ¿Alguna vez se cansaría de escucharlos?

-. ¿Cuántos días vas a quedarte en el pueblo?

Bruno estacionaba frente a la casa de Leila pero buscaba música en la radio y se acomodaba para seguir conversando, no dispuesto a dejarla partir tan rápido.

Carlos recordó que no tenía que ir a clases mañana; estaba suspendido de la escuela. También recordó al causante.

-. Bueno, es posible que me quede toda esta semana

Bruno soltó un suspiro de alivio

-. Esa es una muy buena noticia

-. Si. Hay unos trabajos extras…

-. ¿Podemos cenar juntos mañana?

Cielos! Esto era tan fácil… Bruno estaba fascinado con Carline y no se preocupaba de disimularlo.

-. No sé a qué hora termine – dijo Carline pensando que conquistarla no debería ser algo demasiado fácil. Había leído por ahí que lo fácil resulta aburrido y el deseaba que Bruno realmente enloqueciera por ella… él… Rayos!!!

-. No importa. Yo te espero. – respondió él de prisa

-. Déjame ver cómo va mi día mañana. Yo te llamo, si?

-. No

-. No?

-. Hoy no me llamaste. Ayer dijiste que lo harías

-. Es que… en serio estuve ocupada todo el día

-. Dame tu número – exigió Bruno moviéndose de su asiento y acercándose a Carline. ¿Qué estaba haciendo?

-. Yo.. eh… – Cielos! No tenía que ponerse nervioso. Carline sabía cómo manejar esto – Dame tu teléfono para grabarlo

Carline estiró la mano pidiéndole el celular y pensando en una barrera para detener el avance de Bruno… no contaba con que él tomaría su mano y la sostendría tiernamente para luego llevarsela a los labios y dejarle besos de mariposa…

Besos…

Sentía el roce húmedo y caliente de los labios de Bruno en su mano… subía por su brazo y erizaba su piel… sus hormonas enloquecían y el calor se expandía como un reguero por su cuerpo

Ni Carline podía con lo que estaba sintiendo…

Un suspiro, mezcla de vergonzoso gemido, se le escapó de la boca haciendo que Bruno posara sus ojos en los labios de Carline… Lo vio acercarse. Leyó sus intenciones pero estaba paralizado… lo único que pudo hacer fue respirar más de prisa y tragarse la vergüenza del gemido que había proferido. Rayos!!… iba a pasar y él no podía hacer nada para evitarlo. Bruno estaba tan cerca que sus torsos se tocaban transmitiéndose el calor.  Sus ojos se cerraron automáticamente cuando los labios de Bruno se posaron sobre los suyos. Labios suaves, cálidos y gentiles que lo besaban sin presionar ni exigir.

-. Estoy loco por ti, Carline – murmuró Bruno tiernamente en su oído dejándole nuevos besos en su mejilla

Oh Dios!!!

Lo había besado… Bruno lo había besado…

Era lo único en que Carlos podía pensar. Su mente se encontraba en shock emocional… había sentido los labios de Bruno delicadamente sobre los suyos y la sensación era espléndida. Le había calentado el cuerpo y derretido la voluntad… un beso… Así es que de eso se trataban los besos… con razón todos enloquecían

-. ¿Me das tu número, entonces? – pidió él

Bruno aun estaba muy cerca y sonreía con aire victorioso.   Rayos!!! ¿Qué estaba haciendo?  Ahora sí le estaba dando motivos para que mañana se jactara frente a sus amigos. La rabia volvió a apoderarse de Carlitos

-. Vas muy de prisa, Bruno. Quizás te llame mañana.  

Y sin darle opción a responder, Carline bajó del auto y se dirigió derecho a la puerta de Leila, rogando por mantener el aplomo y no caerse. Estaba aturdido por todo lo que había pasado. No miró atrás ni una sola vez. Escuchó el golpe de la puerta del auto y a Bruno llamando a Carline, pero siguió avanzando

-. Discúlpame. Carline, por favor

Bruno corrió hasta detenerse delante de ella

-. Tú no entiendes lo que significas para mí. Eres tan especial y… perdón,  Carline. Por favor no te enojes – hablaba de prisa y trataba de retenerla

-. Yo no soy una de tus admiradoras de la escuela, Bruno

Carlos había visto como las chicas se le ofrecían a Bruno

-. Lo sé… tú eres diferente. Eres única y por eso no pude resistirme. No volveré a hacerlo pero por favor perdóname

Carline se detuvi y guardo silencio, pensando. Carlos deseaba prolongar su sufrimiento y que siguiera rogando…

-. No puedes hacer lo que se te dé la gana conmigo

-. Lo sé… discúlpame… no estés enojada.

Sentía claro como el agua la batalla que se desarrollaba en su interior. Carlos estaba disfrutando el sufrimiento de Bruno… y eso que tan solo era el comienzo de todo lo que pensaba hacerle.  Sin embargo, Carline movía el pie inquieta y no resistía la mirada suplicante de ese par de ojos grises

-. Te llamaré mañana – dijo Carline, dándole a entender que estaba perdonado

Bruno estaba tan aliviado que la abrazó sin pensarlo. Carline sintió lo importante que “ella” era para Bruno pero una vez más el contacto físico lo pillaba desprevenido… el calor y firmeza del cuerpo de Bruno y sus brazos alrededor… aunque ahora había un componente diferente e inquietante… La mente de Carlitos rechazaba el abrazo pero el cuerpo de Carline estaba a gusto cobijada en ese espacio disfrutando del contacto… y estaba vestida de Carline, con el maquillaje puesto y los zapatos de taco… era Carline.

-. Bruno…- levantó los brazos y correspondió al abrazo. El gesto lo sorprendió a él mismo y a Bruno. Sus rostros a escasos centímetros

-. Carline…

Era tan estúpido que se hubiera enojado porque lo había besado si ahora estaban los dos ahí, abrazados y mirándose los labios… esperando y anhelando… Bruno leyó el mensaje tan claro como si se lo hubiera rogado. Mentiría si dijera que solo fue Bruno quien lo besó porque él también acercó su boca para encontrar los labios contrarios… deseaba más de lo que había sentido en el auto… solo que este segundo beso no era como el anterior… el roce que comenzó suave muy pronto se volvió exigente y pulsante… Bruno le separaba los labios con su lengua y la estrujaba entre sus brazos haciéndolo sentir pequeño y perdido… esto era un beso de verdad, uno que lo aturdía y le eclipsaba la voluntad… la lengua intrusa acariciaba la suya en un contacto húmedo y electrizante.  Se sentía desfallecer en los brazos de Bruno, envuelto en su aroma y calor… y.. Dios!! no!! su virilidad reaccionaba. Carlos sintió un golpe de calor debilitando sus piernas y llenando su miembro que luchaba por erguirse pero estaba aprisionado por la faja. Estaba en peligro. Tenía que detenerlo!  En una acción desesperada, Caline empujó a Bruno suave pero decididamente

Se quedaron mirando frente a frente…

-. Lo hice de nuevo… – se lamentó Bruno pensando en que todas las penas del infierno recaerían sobre su persona

Carlos respiraba agitado y el corazón golpeteaba locamente en el pecho. Le dolía la erección contenida y la incomodidad en sus testículos. Ese segundo beso había sido más de lo que podía controlar.  Imposible pensar con claridad si Bruno lo miraba de esa manera y sus hormonas se habían vuelto locas

-. Yo… Te veré mañana – balbuceó Carlitos

-. ¿No estás enojada? – preguntó Bruno esperanzado

-. No. Buenas noches

Carline caminó despacio la distancia necesaria para llegar a la puerta. La incómoda dureza entre sus piernas no le permitía moverse enérgicamente.

-. Eres impredecible pero me encantas!!! – gritó Bruno con la voz rebosante de felicidad, antes de subir al auto.

 

 

 

 

 

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