M&M CAPÍTULO 86

 

CAPITULO 86

 

SERGIO

Nazir estaba cansado luego de un día de poco trabajo pero de mucho acompañar y controlar a su hermano, en el inútil intento de encontrar a Maximilian.  Su cansancio era más bien mental que físico, pero no por ello dejaba de estar exhausto.  Luego de dejar a Adamir en el hotel bajo el cuidado y vigilancia de Santiago, condujo a casa sin poder quitarse la idea de que  había cometido un serio error de cálculos al hacer lo que había hecho. No era común que él se equivocara ya que siempre pensaba fríamente las cosas antes de hacerlas… pero tal vez fue justamente eso, su mente fría, la que lo condujo a este error… o tal vez la suave presión que Sergio había ejercido sobre él.  Ahora necesitaba encontrar la forma de repararlo. No iba a ser fácil ya que, sin darse cuenta, se había metido en medio de las dos personas que más quería en el mundo. Cualquier solución iba a herir a uno de ellos. Suspiro cansado soltando el aire de una sola vez y golpeando el volante con la mano. Demonios! No lo había percibido a tiempo y eso lo enojaba. ¿Quién iba a imaginar que Adamir se volvería loco por ese chico? Aahhh… Estaba rendido. Controlar a Adamir y perseguir a un fantasma no era un día agradable teniendo tantos otros dilemas mayores que resolver.  En ese momento deseaba cenar y abrazar a Sergio en la cama mientras hacían algo tan simple como acariciarse y mirar una película en la televisión. Descansar su mente del desgaste que le producía la actitud de Adamir. Su hermano podía ser tan terco y exasperante.

Anochecía cuando ingresó a su casa. Todo estaba en silencio; no había música que Sergio acostumbraba escuchar ni el delicioso aroma de la cena ni nada.

-. Sergio? – llamó intrigado, quitándose la chaqueta y buscándolo por el ancho pasillo. De pronto frunció el ceño recordando donde podía encontrarlo. Antes de llegar al cuarto del fondo del corredor, Sergio salió a su encuentro. Venía agitado

-. Ya sabe… ya sabe!!! – besó a Nazir pero su mente y atención estaba puesta en otra parte.

Nazir inhaló profundamente. Adiós a sus planes de una noche tranquila. La alegría de Sergio lo alegraba y alteraba. Otra consecuencia de su acción mal pensada.

-. ¿Ya hablaste con él?- pregunto alzando una ceja

-. No – confesó Sergio bajando la mirada – Te estaba esperando.

Nazir cruzó su brazo tras la cintura de Sergio para retenerlo cerca y con la otra mano le alzó la barbilla

-. ¿Recuerdas lo que hablamos? – preguntó con severidad

Sergio resistió la mirada lo más que pudo pero se vio obligado a desviar sus ojos.

-. Si

-. Bien. Entonces ya sabes qué hacer

-. No… estoy muy seguro

La mirada reprobatoria de Nazir le recordó lo que habían hablado antes y el valor que había dicho que tendría para enfrentar lo que venía; le recordó que había rogado, suplicado y prometido hasta que Nazir había accedido para complacerlo.

-. ¿Necesitas que te lo recuerde?

-. No. – Sergio volvió a mirarlo, esta vez con más confianza – Si sé lo que tengo que hacer.

-. Es tuyo. Su destino depende de ti ahora – dijo Nazir suavizando al voz

Sergio alzó la barbilla con un nuevo sentimiento de desconocido orgullo

-. No es mío… ni de nadie. Ya sabes mi opinión sobre los esclavos. Pero si es cierto que ahora él depende de mí.

Nazir levantó la mano para acariciarle la mejilla. Sabía muy bien la opinión de Sergio pero también conocía sus miedos y le había explicado bien los riesgos asegurándose de que entendiera bien. Confiaba en Sergio casi tanto como en sí mismo.

-. Lo vas a hacer bien – dijo dándole un beso para expresarle su apoyo

Sergio suspiró y asintió moviendo rápido su cabeza. Dio media vuelta y camino hasta llegar a la puerta que conectaba la casa con el patio y con la construcción reciente que habían hecho edificar a toda prisa una semana atrás. Tomó aire una última vez y, decidido, abrió la puerta.

 

Maximilian caminaba inquieto en el cuarto. Cada ciertos minutos miraba la cámara en el techo como si fuera una persona que tuviera las respuestas que necesitaba. Ahora si todo estaba patas arriba y no entendía nada de nada. Seguía caminando… esperando.  No se extrañó cuando alguien golpeó la puerta del dormitorio para advertir su presencia y luego la abrió revelando a su “comprador”.

Sergio y Max se miraron de frente.

Max ya lo había adivinado pero no por eso su rostro dejó de revelar la sorpresa que sentía al ver a Sergio deslizarse dentro del cuarto.

Sergio había ensayado su mirada cientos de veces frente al espejo; no quería revelar el temor y nerviosismo que sentía pero tampoco deseaba ser frío… nada más lejos de sus deseos en esos momentos.

-. Hola Max – dijo con voz calmada, como había practicado

-. Yo… no entiendo nada…

Max era todo lo contrario a la tranquilidad; movía la cabeza en el centro del cuarto, completamente desconcertado, sin saber si tomar una actitud bélica, rebelde o alegrarse…

Sergio siguió avanzando pero se detuvo unos pasos antes de llegar, al notar que Max abría mucho los ojos y expresaba temor. No. no era así como quería que Max se sintiera… así es que Sergio sonrió y se dirigió a la cama para sentarse

-. Ven. Siéntate que voy a explicarte

Por supuesto, Max permaneció de pie

-. ¿Por qué estoy aquí? No… ¿Por qué estás tú aquí? Espera… ¿Dónde estoy?

Se le atropellaban las preguntas porque desde que probara la pizza hacia unos minutos atrás y descubriera que era la deliciosa e inconfundible pizza que preparaba Sergio, no entendía nada de nada

Sergio sonrió con ternura… como si el desconcierto  de Max le causara gracia. Pero luego, al mirarle la expresión de animalillo asustado y dispuesto a luchar por su vida, Sergio volvió a ponerse serio.

-. Estas en mi casa y la razón es porque Nazir quiso complacerme y decidió traerte hasta aquí –respondió lento pero seguro, mirando a Max directamente para infundir seguridad a lo que decía.  Había ensayado eso también. A menos que fuera imprescindible, él tendría mucho cuidado de no usar las palabras “comprar” “esclavo” ni “pertenecer” al hablar con Max.

Max entrecerró los ojos, frunció el ceño, entrecerró los ojos e hizo gestos que demostraban lo mucho que le estaba costando entender

-. ¿Nazir me trajo hasta aquí?.. pero… ¿y el comprador?.. había un hombre en la isla y en el yate…

-. Un enviado de Nazir – aclaró Sergio de inmediato sin dar detalles sobre el empleado de confianza de Nazir.

Las noticias eran demasiado para Max que, sin pensarlo, se dejó caer al otro extremo de la cama. Necesitaba sentarse para calmar su mente que funcionaba a toda velocidad.

-. Entonces… ¿Nazir me compró?? – había un pequeño dejo histérico en la pregunta de Max y las implicaciones que estaba imaginando

-. No en el sentido que estas pensando… noNi Nazir ni yo queremos tu compañía en un plano sexual. Nada de eso – eso debía quedar muy claro desde el principio y Sergio lo reforzó moviendo sus manos en un gesto definitivo.

Sergio estaba sufriendo al ver la confusión de Max y con su propio nerviosismo. Sin levantarse, movió su cuerpo hacía él en un gesto amistoso

-. ¿Recuerdas lo que hablamos antes de irte, cuando estuviste de visita en esta casa?

Max miraba desconfiado y pestañeaba pero si recordaba

-. Me acusaste de ser cómplice de lo que sucedía en la isla y de no hacer nada por ti. ¿Recuerdas eso? Me gritaste y te enojaste conmigo

Max apenas asintió

-. Me dolió mucho tu acusación porque yo te tengo cariño. Durante las semanas que compartimos te conocí y aprendí a quererte, me sentí muy bien contigo y no quiero que sigas sufriendo y pienses que no me importa porque la vedad Max, es que tú me importas mucho.

Max escuchaba y vigilaba con extrema atención cada palabra y gesto de Sergio. Su rostro solo revelaba asombro y era muy difícil leer lo que estaba pensando

-. ¿Nazir me compró para ti?… ¿como una mascota o qué??

El rostro de Sergio perdió toda dulzura e instintivamente su cuerpo se alejó de Max. Tuvo que recordar lo que habían hablado con Nazir sobre lo difícil que sería hacer que Max entendiera y aceptara.

-. No Max. No es así. Si quisiera una mascota compraría un perro – dijo algo alterado –  Nazir te trajo porque yo le pedí que te alejara de esa isla y de la vida que te esperaba si seguías allá. Tú dijiste que nadie hacia nada por ayudarte o defenderte… así es que te estoy demostrando lo contrario. Hice algo para cambiar tu destino

-. ¿Tú querías sacarme de la isla?

-. Si. Nazir aprovechó el momento en que Adamir estaba en el funeral y su empleado convenció al hombre aquel de venderte. El empleado de Nazir tenía orden de volver contigo como diera lugar, aunque fuera por la fuerza

Max sonrió para sí mismo

-. Y el maldito de Exequiel me vendió sin dudarlo… wooow… espera… ¿Entonces Adamir no sabe que estoy aquí? – por primera vez había un pequeño brillo de interés en Max

-. No. Él no sabe ni debe saberlo.

El rostro de Max era inexpresivo… imposible saber que pensaba

-. Nazir y tú me sacaron de la isla – más que una pregunta, eso era un comentario para sí mismo

-. Has estado en mi casa desde que tocaron tierra

-. ¿Y el yate??

Sergio bajó la vista, levantó las cejas y sonrió algo afligido. Tanto Sergei como Heinrich habían aceptado ayudar a Nazir cuando se los pidió.

-. A Nazir no le gusta pedir favores pero ahora debe unos cuantos.

Max lo miraba boquiabierto, No había comprador… todo había sido un plan de Sergio y Nazir…. Adamir no sabía dónde estaba y de seguro iba a molestarse mucho cuando supiera.

-. ¿Qué dijo Adamir cuando supo que yo no estaba?

Sergio se mordisqueó el labio inferior, inquieto. Adamir era un tema del que no quería hablar

-. No sé que dijo ni me interesa hablar de eso. Ahora estas aquí conmigo. Adamir y la isla son el pasado y ya puedes olvidarlo.

Repentinamente Max clavó sus ojos en Sergio… como si estuviera viendo a través de él hacia un horizonte distinto. Estaba asimilando y comprendiendo la información recibida. Su respiración se aceleraba y su rostro cambiaba de expresión cada segundo pasando del asombro al miedo y de la incredulidad a la sonrisa. Entonces Max hizo lo mismo que Sergio había hecho antes; inclinó su cuerpo hacia Sergio hasta quedar muy cerca de él, con los ojos llenos de admiración y la insinuación de una sonrisa, pregunto

-. Entonces ¿Soy libre??

Había tanta ilusión y esperanza en la pregunta de Max, en sus ojos brillantes y su rostro de incipiente alegría.  Sergio sintió que su corazón tambaleaba y perdía coraje. Dios!! Cuánto le habría gustado que Nazir estuviera ahí con él ayudándolo porque él no era tan fuerte como aparentaba cuando se trataba de emociones. Pero él se había negado a hablar con Max y explicarle y eso era parte de las condiciones que Nazir había impuesto. Max no vería a Nazir hasta que estuviera todo arreglado porque, en caso de que ellos no llegaran a un acuerdo o Max se pudiera difícil, Nazir tendría que cumplir la parte más difícil de este trato. Sergio ni siquiera deseaba pensar en aquello.

Max esperaba ansioso.

Sergio respondió diplomáticamente pero con dulzura

-. Max, te traje a esta casa porque quiero ofrecerte la posibilidad de cambiar tu destino y que tengas una vida distinta. Aquí no serás un prisionero pero eres mi invitado. Podremos hacer muchas cosas juntos y tendrás algunas libertades que irán aumentando de a poco – Sergio se sintió orgulloso de haber sido capaz de hablar tranquilo y seguro.

Max retrocedió, a la defensiva

-. ¿Soy tu prisionero?

-. NO!! por supuesto que no. Eres mi invitado

Max retrocedió enderezando su espalda y endureciendo su expresión

-. ¿Pero no puedo salir de este cuarto ni hacer lo que quiera?

-. Si puedes. Ya no vas a vivir aquí. Te llevaré a la casa y tendrás un cuarto para ti solo. Compraremos lo que vayas necesitando como ropa u otras cosas. Vivirás en esta casa como mi invitado permanente y no te faltará nada. – Sergio le dijo con convencimiento. Deseaba tanto que Max le creyera y entendiera. Él solo tenía nobles intenciones con su joven amigo, muchos planes que deseaba compartir con él: estudios, hobbies… lo que Max quisiera podía ser posible. Quería ser parte de su vida, ofrecerle a Max cientos de opciones para una vida mejor.

-. Pero no puedo salir solo ni hacer lo que quiera – volvió a repetir Max con el rostro cada vez un poco más duro y escéptico

Sergio entendía que esta era la parte más importante de su conversación. Nazir se lo había advertido. Max tenía que estar de acuerdo en vivir escondido y protegido durante un tiempo que posiblemente sería largo, hasta que Nazir y él estuvieran convencidos de que Max no se escaparía o saldría corriendo a delatarlos y meterlos en problemas. Sergio confiaba en poder convencerlo y cambiarlo a fuerza de cariño y cuidados. Tenía el corazón lleno de ternura y amor por Max, un amor que solo podía calificar como un enorme deseo de paternidad.

-. No, no puedes por ahora – respondió con el corazón encogido de pena – Durante un tiempo vas a estar protegido en mi casa o saldrás acompañado, pero no será para siempre. – aclaró de prisa – Cuando demuestres que todo estará bien, dejaremos que obtengas más libertad – respondió Sergio eligiendo confesar la verdad. Eso era otra cosa que Sergio pensaba que Max merecía: honestidad hasta donde pudiera.

Max permanecía en actitud defensiva

-.  ¿Qué tengo que demostrar? – preguntó arisco, levantando la barbilla

-. Que podemos confiar en ti

Max primero fue todo silencio… luego, se puso de pié amenazante y rompió en una risa amarga y violenta

-. Ustedes me secuestran, violan, golpean y abusan pero soy yo el que tiene que demostrar que pueden confiar en mi??!! – estaba casi gritando e histérico – eso tiene mucha gracia!! – Max elevó las manos al cielo y miró a Sergio agresivamente.

A Sergio le dolía ver al chico herido y enojado. Dolía porque él entendía parte del dolor que llevaba Max por dentro y él, por su parte, llevaba días esperando poder abrazarlo y comenzar a intentar curar sus miles de heridas físicas y emocionales. Dios!! Quería tanto estrecharlo y decirle que todo iba a estar bien,  que sus intenciones eran buenas, que por favor no peleara ni se resistiera. Nada sería malo para él pero Nazir exigía pruebas de que era posible confiar en su silencio antes de otorgarle todos sus derechos. Nazir estaba arriesgando mucho al traer a un chico secuestrado y abusado a su casa, y más aún, a escondidas de su hermano

-. No te equivoques, Max. Estas aquí porque yo se lo pedí a Nazir. No quería que tu vida fuera la que te habían destinado. Yo, y solo yo, soy el responsable de ti ahora y yo no te he hecho ningún daño ni jamás te lo haría

-. ¿Cómo que no? tú callaste lo que sabes sobre esa isla!!!

-. Sabía muy poco y de no haberte conocido y comenzado a querer, no habría intervenido nunca. Pero te conocí y tus reproches me daban vueltas en la cabeza y entristecían cada día que los pensaba. Cuando Nazir dijo que Adamir había vuelto a castigarte no aguanté más y le rogué de todas las maneras posibles para que interviniera y te salvara.

Max miraba a Sergio hablar y podía leer la emoción tan grande que lo embargaba y casi podía creer en la honestidad de sus palabras… pero deseaba seguir estando enojado… no quería confiar en él porque siempre lo engañaban y terminaba todo mal… ya le había pasado tantas veces!!! Era tan peligroso dejar entrar a alguien a su corazón. No era libre. Lo que Sergio había hecho al comprarlo era solo cambiarlo de prisión!!! Nunca podría recuperar la libertad para andar por las calles a su antojo y hacer lo que se le diera la real gana. Su tiempo jamás sería suyo… todo era lo mismo… todos eran iguales… quería correr a su antojo y comer y dormir a su gusto, vestir lo que quisiera, hablar con cualquier persona y no cumplir horarios ni ordenes… quería que su maldito tiempo fuera solo suyo!!! Estaba harto de todos!!!

-. Max, déjame ayudarte. Dame una oportunidad de cambiar tu vida… Enséñame que necesitas para estar bien.

Sergio interpretó el silencio de Max como un momento de reflexión… pero de pronto, el rostro de Max se había vuelto de piedra y lo miraba con dureza

-. No quiero tu ayuda. Tú eres igual que los demás

Era tal y como le había dicho Nazir que sería y aún así, a pesar de haber sido advertido de la reacción de Max, a Sergio le dolía que no le creyera y lo mirara con odio.

-. No, Max. No es así. Dame la oportunidad de demostrártelo.

Pero Max ya había cerrado la puerta hacia su corazón y entendimiento, cruzando los brazos sobre el pecho en abierto rechazo y desviando la mirada hacia la pared. Sergio esperó unos minutos pero al ver que nada cambiaba, se puso de pie.

-. Volveré mañana para que hablemos con más calma. Mientras tanto, piensa en lo que te dije.

Abandonó de prisa la habitación sin volver a mirar atrás para que Max no viera los lagrimones que rodaban por sus mejillas y que se convirtieron en abierto llanto cuando llegó al patio. Sergio se tomó unos minutos para derramar todas las lágrimas de nervios y dolor antes de ir donde Nazir. Era solo el primer encuentro, pensó para calmarse. Aún tenía varios días antes del temido plazo que Nazir había fijado.

Nazir lo esperaba frente a la pantalla del monitor. Había visto y escuchado la conversación. Notó de inmediato los ojos rojos e hinchados de Sergio. Abrió sus brazos para recibirlo

-.  No llores. Te dije que sería así. Deja que lo piense. Es la reacción normal causada por la sorpresa.

Sergio se refugió en el abrazo de Nazir. Ya no lloraba pero necesitaba de él.

-. ¿En verdad crees eso?

-. Te lo dije antes de que sucediera. Deja que el chico lo piense unas horas y cambiará de idea

-. ¿Y si no lo hace?

Había mucho temor en la pregunta de Sergio. Sintió el cuerpo de Nazir endurecerse y solo por esa tensión supo la respuesta antes de escucharla.

-. Max no es estúpido. Va a entender.

 

 

MATÍAS

Era un día espléndido para navegar: el cielo estaba completamente despejado y soplaba una leve brisa. A las 9 de la mañana Clara despidió a Matías en el pequeño atracadero del pueblo. El yate del señor Santino no era muy grande pero tenía líneas curvas y elegantes, velas muy grandes que estaban desplegadas y se veían majestuosas surcando el océano.

-. Desayunaremos dentro de poco – dijo Santino mirando a su hijo y a Tobías. Les había prometido un desayuno especial para comenzar la jornada. Hablaba para los tres pero no cruzaba sus ojos con Matías. No aún.  Los chicos estaban entusiasmados y obedecían sin dudar cualquier orden que recibían. Incluso Matías había terminado contagiándose con parte de la alegría de sus amigos. Pero se mantenía cuidadoso y atento cuando Santino estaba cerca.

-. Ah maldición! – dijo de pronto el señor Santino haciendo un gesto de molestia – tendremos que volver

-. ¿Qué pasó? – preguntaron los chicos al unísono.

-. Olvidé la comida – respondió Santino que ya había dado la vuelta rumbo al pueblo nuevamente. Solo se habían alejado unos cuantos minutos así es que muy pronto estaban cerca del muelle vacío.

-. Hijo, tú y Tobías vayan a buscar la caja que quedó preparada. Tu amigo me ayudará con las cuerdas mientras esperamos.

Un escalofrío recorrió la piel de Matías y su respirar se volvió entrecortado

-. Volveremos de inmediato!! – dijeron los chicos saltando a tierra y corriendo a cumplir el mandado.

El pequeño muelle estaba ubicado en un extremo aislado del pueblo. No había nadie cerca y el único sonido que se escuchaba era el golpeteo de las olas contra el casco del yate. Matías esperó sentado y en silencio. No se atrevía a volverse a mirar al señor Santino.  Cuando los chicos desaparecieron, Santino se acercó hasta él y tomó asiento.  Vestía informalmente aunque nunca usaba jeans. Con gestos lentos y estudiados, se quitó los lentes para limpiarlos, revelando sus ojos castaños de mirada penetrante que posaba sobre Matías. Su pelo oscuro estaba un poco más crecido de lo normal y el viento se lo despeinaba sobre los ojos dándole un aspecto más juvenil. Terminó de limpiar los lentes y se los volvió a poner, se pasó la mano por el pelo para ordenarlo. Reclinó su espalda y estiró las piernas hacia Matías sin llegar a tocarlo.  Sin decir una palabra, sacó un cigarro y lo encendió. Aspiró un par de veces antes de hablar.

-. ¿Quién eres? – preguntó calmado, mirando fijamente a Matías

-. Me llamo Matías – respondió él, respetuoso y asustado

-. Eso ya lo sé. Eres Matías, llegaste hace poco  al pueblo con Clara y ella es tu madre adoptiva.  Quiero saber el resto

Santino había estado investigando discretamente. Nadie en el pueblo sabía mucho de la nueva familia y él no quiso insistir demasiado para no despertar ninguna sospecha. Santino era un hombre respetado tanto por su puesto de agente del banco como por la seriedad y respeto que infundía. De sus actividades secretas muy poca gente estaba enterada y ninguno de ellos vivía en el pueblo.  Siempre había sabido que era un dominante, lo había sentido vibrar en su sangre desde la adolescencia, pero solo después de adulto había reunido el valor suficiente para atreverse a experimentar, movido por una cada vez más creciente insatisfacción en su vida no solo sexual sino en todos los ámbitos. Había llegado a la edad en que tenía una familia formada, su propia casa, un buen trabajo y nada le faltaba… excepto dejar salir a la bestia interior que mantenía atada desde siempre.  No fue difícil encontrar un club en la gran ciudad. Allí, en ese lugar, Santino descubrió que todo lo que consideraba pecado e inmoralidad era compartido con cientos de otras personas. Resultaba inaudito y fascinante poder conversar con otros dominantes y escucharlos hablar de lo que hacían como si fuera lo más normal del mundo… él había demorado años en aceptarse y finalmente lo había hecho creyendo ser un pecador inmoral. Se sintió aliviado y agradecido.  Aún no era demasiado tarde, quedaban en él rasgos de juventud y un cuerpo de buenos músculos que respondía a todas las necesidades y especialmente, al placer. Alargó su estadía en la ciudad, perdido en el ensueño de la fantasía descubierta. Las convirtió en visitas mensuales programadas y justificadas como trabajo. Nadie lo puso en duda. Fue probando de todo lo que encontró a mano, encantado y maravillado.  Se asombró de lo que era capaz de hacer y de hacia dónde decantaban sus preferencias. No se consideraba homosexual, sin embargo, los sumisos encadenados, escasamente vestidos, gimiendo y suplicando despertaban en él la más intensa lujuria: dominar a un hombre joven y poseer su cuerpo, controlando su mente y aplicando una cuota de dolor, era lo máximo a lo que aspiraba. Mujeres había tenido siempre a su alrededor, pero los chicos se volvían fascinantes para él ahora.  Santino poseía la cantidad justa de control que le permitía mantener una doble vida sin despertar sospechas. Podía mantener a su bestia interna controlada mientras trabajaba y estaba en el pueblo, y liberarla solo una vez al mes, cuando viajaba a la ciudad. Esto venía sucediendo desde hacía ya varios años y durante el camino había tenido algunos favoritos pero jamás se había encaprichado seriamente con nadie. Matías era la primera persona que conocía fuera del club y en su propio pueblo. Estaba desconcertado. No había dejado de pensar en él desde que lo conoció.  Por el momento, Matías le provocaba una curiosidad enorme.

-. ¿Qué desea saber? – preguntó Matías resignado a confesar lo que fuera

-. ¿Eres un sumiso? – los ojos de Santino lo taladraban

-. Si, señor. Y usted es un amo

Santino aspiró su cigarro para controlar el temblor que lo recorrió… un amo… era un dominante pero la palabra “amo” en boca de ese niño sonaba caliente, lujuriosa y perfecta. Demasiado bien para provenir de un chico que era amigo de su hijo

-. ¿Por qué estas en el colegio con mi hijo?

La pregunta descolocó a Matías que esperaba otro tipo de conversación. Levantó el rostro de golpe y se topó con la mirada intensa e imperturbable del padre de su amigo.

-. Estudio… en la escuela. No hago nada malo – Matías se justificaba sin entender de qué era culpable. Santino reconoció su error; no conocía sumisos fuera del club ni menos con el aspecto dulce e inocente de Matías

-. Es extraño – dijo desviando la mirada hacia el mar –  Nunca vi a un sumiso llevar una vida normal. Solo los he conocido en clubes. Mayores que tú y en sesiones esporádicas. ¿Qué edad tienes?

-. Catorce… señor – la palabra le nacía de lo más profundo. No podía terminar la frase sin agregar un “Señor” o “Amo”. Había sido bien entrenado.

-. ¿Cómo llegaste a ser sumiso?

-. Es una historia muy larga, señor – había en su respuesta una evidente reticencia a contar y Santino lo entendió

-. ¿Qué los trajo a este pueblo?

La pregunta resultaba violenta para Matías. El recuerdo de Santiago lo envolvió con su manto de tristeza y dolor.

-. Hubo un accidente y murió alguien que Clara y yo queríamos mucho. Ella decidió que era mejor cambiar de vida y que nos mudáramos a un pueblo tranquilo.

No era toda la verdad pero tampoco era mentira. Santino parecía satisfecho con la respuesta… o quizás más interesado en la siguiente pregunta

-. ¿Perteneces a un dominante?

Matías agachó la cabeza rápidamente. SI!!! Su corazón gritaba que siempre iba a pertenecerle a Santiago… en cuerpo, alma, corazón y todo… pero ya no estaba.

-. No, señor – respondió temblándole la voz. Era profundamente doloroso admitir en voz alta que el hombre que amaba ya no era su dueño sino solo un recuerdo.

Santino sufrió un leve cambio en su respiración que se agitó al escucharlo. Levantó el cigarro y lo aspiro larga y profundamente mientras miraba el horizonte detrás de Matías. Soltó el humo y se giró al escuchar las voces de los chicos que corrían de vuelta al yate. Se puso de pie y se detuvo justo frente a Matías

-. Eres hermoso – pronunció claramente, empuñando su mano que ansiaba tocar a Matías y demorándose unos segundos en reanudar la marcha y acercarse al encuentro de los chicos.

Mati se había quedado estático. Una ola de estremecimiento se le anudaba en el estómago.  El señor Santino no lo había tocado ni le había dicho nada especial que los pudiera unir o conectar, pero de algún modo, Matías sintió que él había extendido una capa de pertenencia sobre él.

 

MIKI

Cuando golpearon su puerta, temprano en la mañana, Miki estaba listo para iniciar el día, lavado, vestido y su cuarto en orden. Lanz le había dado la pauta de horarios y deberes la noche anterior y Miki pensaba cumplir todo al pie de la letra y no dar ningún motivo de problema. Aunque había sido su primera noche en aquella casa, se durmió cansado, su cuerpo y su mente agotados, luego de todo lo descubierto y del encuentro con su nuevo amo. Era extraño dormirse y despertar en un lugar completamente silencioso; tendría que aprender a guiarse por la luz que se colaba por su ventana y olvidarse de los sonidos.

-. Buen dia, Miki!

Rui estaba en su puerta. El chico era la personificación de la simpatía. Se dirigieron al comedor y desayunaron juntos. Tavo se les unió muy pronto. Casi terminaban cuando apareció Lanz con el rostro afligido y en despectivo silencio. A pesar de ello, se veía atractivo con su cuerpo delgado y elástico, bien vestido y el infaltable mechón rubio sobre sus ojos

-. Ven. Vamos a enseñarte el jardín – Rui tiró de su brazo. Miki no deseaba ser irrespetuoso con Lanz por lo que se sintió confundido pero la mirada fría de Lanz le confirmó que lo mejor era desaparecer de su vista.

El jardín era una extensión considerable de terreno lleno de flores, arbustos, senderos sellados y estatuas parecidas a las que había visto en el patio al llegar. Al fondo, una reja muy alta recordaba los límites de la libertad.

-. Es muy bonito – dijo Miki educadamente. En verdad el jardín le parecía bonito pero no espectacular como los lugares que había conocido en su tierra natal donde las flores brotaban en burbujeantes colores cubriendo el suelo como si se tratara de un paisaje encantado.

Rui captó de inmediato el sonido educado en la voz de Miki y en su mente culpó a Lanz.

-. No dejes que Lanz te asuste. Él es el más antiguo pero no es nuestro dueño y el amo lo castiga igual que a nosotros. Hoy está peor que lo normal

-. ¿Por qué?

Rui avanzó unos cuantos pasos antes de responder

-. Es por Trevor. ¿Te diste cuenta que anoche estaba muy mal?

Miki asintió. No tenía punto de comparación pero había sido fácil ver que Trevor lloraba y se quejaba.

-. Como ya viste, Lanz y él se han vuelto muy cercanos desde que Trevor no es una amenaza.

-. Si. Yo entiendo eso – respondió Miki intrigado

-. Cada mes el amo le da una oportunidad a Trevor de levantarle el castigo pero…

Involuntariamente, la voz de Rui tembló

-. ¿Por qué no aprovecha?

-. No es tan fácil para él. Trevor es el más débil de nosotros. Si lo hubieras conocido antes me entendería mejor. Él era muy risueño y amable, siempre atento y dispuesto a servir… pero eso no era suficiente para el amo – Rui bajó la voz para continuar – Ya te dije que nunca debes hablar ni menos gritar… pero va a  haber momentos en que te será muy difícil aguantar… al amo le gusta probar cosas nuevas… – se notaba que Rui estaba teniendo dificultades para  contarle todo a Miki, sin embargo, el asiático seguía expectante cada palabra de Rui

-. El caso es que Trevor no aguantó y la segunda vez el amo lo castigó inyectándole esa cosa que lo deja como si fuera un zombi.

Los segundos de silencio que siguieron a la declaración de Rui dieron cuenta de lo que pasaba por la mente de los chicos… ninguno deseaba vivir esa experiencia.

-. -. El amo le ha dicho que se lo suspenderá cuando Trevor se atreva a pedirle su marca, ¿entiendes? la marca de fuego.

Miki continuó caminando en silencio. No era necesario preguntar nada ya que resultaba fácil entender.

-. Hoy es el día en que el amo le pregunta de nuevo a Trevor. Por eso no vino a desayunar y Lanz anda tan grave.

Miki pensó que ojalá eso explicara la mirada de frialdad de Lanz sobre él. No quería caerle mal. Lanz tenía la confianza del amo y él iba a hacer todo lo posible por agradarle. No tenía culpa de nada.

-. ¿Cuándo puede yo pedir la marca? – preguntó bajito

Rui se giró bruscamente a observarlo. Las cejas alzadas indicaban su asombro

-. Puedes pedirlo cuando quieras pero dudo que el amo lo considere siquiera antes de varios meses. Tienes que ganarte su atención y confianza… esa marca te da el derecho de entrar al resto de la casa y a su dormitorio.  Es un símbolo de que él confía en ti y eso va a tomar tiempo

Miki volvió a asentir… ¿dónde lo marcaría el amo?…. ¿qué parte de su cuerpo elegiría para quemar su carne?… era escalofriante pensarlo pero estaba dispuesto.

El canto de un pájaro posado en uno de los árboles del jardín los distrajo. Su sonido se escuchaba muy alto debido al silencio reinante. Se miraron y sonrieron… el canto del ave los hacía reír como si fuera algo muy novedoso… un rebelde en el jardín…

Ninguno se dio cuenta que Lanz se acercaba a ellos con paso rápido.

-. Tú – dijo apuntando a Miki. El chico se giró de prisa para enfrentarlo. Lanz tenía la mandíbula en tensión y estaba evidentemente alterado.

-. Sígueme – ordenó

-. ¿Dónde lo llevas? – preguntó Rui con evidente intención de protegerlo

Lanz desparramó un poco de odio sobre ellos con su mirada afilada, antes de responder

-. El amo desea verlo

-. ¿Ahora??!! – Rui estaba genuinamente sorprendido

-. Si. Ahora mismo… ¿quieres hacerlo esperar por ti? – preguntó dirigiéndose a Miki

-. No!!! Yo no…

-. Sígueme, entonces

Miki corrió detrás de Lanz.

-. La ropa – exigió el rubio deteniéndose frente al dormitorio de Miki

En un segundo, Miki se había despojado de todo y cubierto con la bata blanca.  No necesitó de Lanz para abrir la puerta del cuarto de juegos. Se adelantó a la mano de Lanz y él mismo se abrió camino dentro del cuarto donde Heinrich lo había llamado por segunda vez.

 

ADAMIR

Adamir estaba poniendo a prueba la paciencia de Santiago y su deseo, cada vez más creciente, de estrangularlo de una buena vez. Adamir había despertado con nuevas ideas sobre dónde buscar al comprador de Max

-. No puede ser el único Club BDSM de la ciudad. Tiene que haber más lugares donde se reúnan!!!

Santiago no tenía idea de que otros lugares podían existir y si era prudente buscar al comprador de Max en ellos.

-. Mejor esperemos a que venga Nazir – fue lo que se le ocurrió. Pero Adamir estaba decidido y comenzó una desenfrenada búsqueda en internet que no arrojó ningún resultado

-. Mierda!!! – gritó furioso golpeando el computador -¿Dónde está Nazir??

-. Va a llegar más tarde – respondió Santiago tratando de calmarlo – tenía trabajo en su ofi…

-. Vamos… – interrumpió Adamir diriguiendose a la puerta

-. Eh! Eh!!… ¿dónde vamos?? – Santiago se puso por delante

-. Muévete!! Vamos a preguntarle a Nazir. Él tiene que saber dónde más buscar

Santiago se hizo a un lado. La idea de buscar a Nazir lo aliviaba. El hermano mayor tenía cierta habilidad para controlar al menor y a Santiago le gustaba que fuera Nazir quien se encargara de él.

La oficina donde Nazir trabajaba estaba precedida por una sala amplia y bien decorada donde se encontraba su secretaria

-. Quiero ver a Nazir  – dijo Adamir por saludo

-. Buen día, don Adamir. Su hermano está ocupado con unas personas. ¿Puede esperarlo un momento?

La mujer tenía mucha experiencia y a pesar de que estaba preguntando, había una clara insinuación de “no interrumpir” en su voz mientras le indicaba los sillones a Santiago y Adamir. Luego de ofrecerles un café que ambos rechazaron, la mujer volvió a su puesto

-. Estamos perdiendo tiempo – se quejó Adamir sin preocuparse de hablar despacio y claramente impaciente

-. Desde hace rato – respondió Santiago sarcástico – ni siquiera deberías estar aquí sino atendiendo tus problemas

-. No voy a volver a la isla hasta que lo encuentre – respondió Adamir taimado

Santiago movió la cabeza, negando

-. Aún hay gente allá que necesita ayuda

-. Muy poca. El piloto trajo a casi todos y Joel está a cargo

Adamir no sentía que tenía que viajar. Se mantenía en contacto con el piloto y Joel y sabía lo que estaba pasando.  No es que los hubiera dejado abandonados a su suerte. Encontrar a Max era su prioridad y no se movería de la ciudad hasta hacerlo.

-. No es lo mismo – insistió Santiago – fue un maldito huracán

-. Los heridos están atendidos y lo que se cayó ya no hay modo de recuperarlo. Después que lo encuentre, volveremos y reconstruiremos todo – Adamir comenzaba a exaltarse. Lo enojaba que ni Santiago ni Nazir entendieran su necesidad de Max. – De paso te aviso que puedes volver conmigo.

Santiago sintió como si lo hubieran golpeado fuerte en el estómago.

-. No! No cuentes con eso, Adamir. Yo nunca voy a volver a pisar ese lugar.

Antes de que la discusión alcanzara un nivel peligroso, la puerta de la oficina de Nazir se abrió y varias personas salieron.  Adamir se puso de pie al mismo tiempo que la secretaria, pero ella fue más rápida y, con una sonrisa cortes, entró a la oficina de Nazir y cerró la puerta dejándolo afuera.  El gesto primero lo paralizó por la desfachatez de la mujer y luego lo enardeció. Sin dudarlo, abrió la puerta y se metió a la oficina de su hermano. Su enojo se disipó de inmediato al ver la gravedad con que Nazir y su secretaria hablaban

-. ¿Dónde están? – preguntó Nazir a la mujer y Adamir reconoció algo más serio que preocupación en su voz

-. Están esperando afuera – respondió la mujer

Solo entonces Adamir hizo un repaso mental de lo que había visto en la recepción. Cerca de ellos en los sillones, esperaban dos hombres a quienes no había prestado atención, enfrascado en sus propios problemas. recordó que uno era un tipo joven de pelo largo y oscuro que se mantenía cabizbajo, ocupado en su celular y el otro un tipo mayor de aspecto bastante corriente. Adamir ladeó la cabeza preguntándose quienes eran…

-. Deme un minuto y luego los hace pasar – dijo Nazir a la mujer. Ella los dejó solo. Nazir clavó los ojos en su hermano en una mirada extremadamente fría

-. ¿Qué pasa?- preguntó Adamir olvidando por un instante sus preocupaciones

-. ¿Viste a los dos hombres que esperan afuera? – dijo Nazir poniéndose de pie para alcanzar su chaqueta y ponérsela. Evidentemente estaba molesto

-. Si… bueno, no sé… no los miré. ¿Quiénes son? – preguntó con interés

Nazir se tomó el tiempo de acercarse a Adamir.

-. Uno es el capitán de la Policía de investigaciones de nuestra ciudad y el otro es un detective extranjero – dijo hablando entre dientes y conteniendo apenas la rabia – vienen a conversar conmigo  ¿Quieres acompañarnos?

 

 

 

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